El pastor y el rebaño

A las casas se entra por la puerta. Quienes se introducen por las chimeneas o escalan la tapia para no ser vistos son intrusos, bandidos y ladrones; a las casas se entra por la puerta. Y al aprisco, también. La puerta del redil está confeccionada con un conjunto rudimentario de estacas y redes que hacen posible el acceso. Jesús hoy se ha puesto el atuendo de pastor, ha enumerado las funciones que éste realiza en bien de las ovejas y, no contento con todo ello, ha revelado un pluriempleo inesperado: nos ha afirmado que él es también la puerta del aprisco… Vamos a ver cómo se digiere todo esto.

El pasaje evangélico de hoy consta claramente de dos partes. Jesús quiere manifestarnos que él es el buen pastor y comienza por adoctrinarnos acerca de la función que un pastor desempeña en relación con su rebaño: En primer lugar, quiere dejar bien claro que el pastor entra por la puerta, y no por vericuetos extraños, como hacen los ladrones y salteadores. Cuando entra, las ovejas en seguida reconocen su voz. Él va llamándolas a cada una por su propio nombre. Las acompaña a salir del aprisco. Cuando ya han salido todas, se pone delante de ellas y les va abriendo paso. Y ellas le siguen, porque conocen su voz. En cambio, nunca siguen a un extraño porque su voz les resulta desconocida… A continuación, Jesús, viendo que no le entendían, aclaró abiertamente que el era la puerta del aprisco, y que quienes le precedieron tratando de arrogarse tal honor no eran sino ladrones y salteadores. Y siguió aclarando: “El ladrón, cuando llega, no hace más que robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos tengan vida, y la tengan abundante”.

Trasladando la enseñanza de Jesús a nuestro tiempo y a nuestro entorno, podemos afirmar que Dios ha entrado en nuestro aprisco, en nuestras vidas, con ropaje de pastor sencillo y que nosotros, si queremos pertenecer a su rebaño, habremos de afinar nuestro oído para reconocer inmediatamente su voz. Él nos va llamando a cada uno por nuestro propio nombre, señal de cortesía, de cercanía y afecto, y nos acompaña a salir del aprisco, es decir de nuestro egoísmo, de nuestras minucias, y nos va abriendo camino; y nosotros le seguimos porque su voz nos es familiar.

Pero cuidado. Él nos pone sobre aviso de quienes usurpan el honor de pastores que no son sino lobos en medio de corderos. Hoy en día, todos prometen felicidad: la publicidad, la incitación al consumo, las promesas de los políticos en tiempos de campaña, el cebo engañador de las rebajas… y no podemos- ser tan ciegos que nos dejemos engatusar por cielos imaginarios que nos ofrecen ni sumarnos a cualquier pancarta por halagüeña que se nos presente. También existen criterios ambientales desviados, ausencia de valores auténticos, actitudes desmadradas respecto a la sexualidad, mentalidades peregrinas acerca de la religión y de todo atisbo de espiritualidad, vacío interior sin horizontes…

Jesús concluye diciendo: “El ladrón, cuando llega, no hace más que robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos tengan vida, y la tengan abundante”. Con otras palabras: Seguir los pasos del Pastor nos conduce a la vida, a los pastos sabrosos, a la plenitud; en tanto que dejarse llevar por estos “falsos mesías”, falaces y embaucadores, nos aboca irremediablemente al fracaso y a la mediocridad… Ahora, eso sí, hemos de entrar por la puerta de la verdad y la vida, que se llama Jesús.

Pedro Mari Zalbide

II Vísperas – Domingo IV de Pascua

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: AL FIN SERÁ LA PAZ Y LA CORONA

Al fin será la paz y la corona,
los vítores, las palmas sacudidas,
y un aleluya inmenso como el cielo
para cantar la gloria del Mesías.

Será el estrecho abrazo de los hombres,
sin muerte, sin pecado, sin envidia;
será el amor perfecto del encuentro,
será como quien llora de alegría.

Porque hoy remonta el vuelo el sepultado
y va por el sendero de la vida
a saciarse de gozo junto al Padre
y a preparar la mesa de familia.

Se fue, pero volvía, se mostraba,
lo abrazaban, hablaba, compartía;
y escondido la Iglesia lo contempla,
lo adora más presente todavía.

Hundimos en sus ojos la mirada,
y ya es nuestra la historia que principia,
nuestros son los laureles de su frente,
aunque un día le dimos las espinas.

Que el tiempo y el espacio limitados
sumisos al Espíritu se rindan,
y dejen paso a Cristo omnipotente,
a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

Ant 2. En las tinieblas brilla una luz para el justo. Aleluya.

Salmo 111- FELICIDAD DEL JUSTO

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En las tinieblas brilla una luz para el justo. Aleluya.

Ant 3. Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 10, 12-14

Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado para siempre a la diestra de Dios, y espera el tiempo que falta «hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies». Así, con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección en la gloria a los que ha santificado.

RESPONSORIO BREVE

V. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
R. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

V. Y se ha aparecido a Simón.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mis ovejas atienden a mi voz, y yo, el Señor, las conozco a ellas. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mis ovejas atienden a mi voz, y yo, el Señor, las conozco a ellas. Aleluya.

PRECES

Oremos a Dios Padre, que resucitó a su Hijo Jesucristo y lo exaltó a su derecha, y digámosle:

Haz que participemos, Señor, de la gloria de Cristo.

Padre justo, que por la victoria de la cruz elevaste a Cristo sobre la tierra,
atrae hacia él a todos los hombres.

Por tu Hijo glorificado, envía, Señor, sobre tu Iglesia al Espíritu Santo,
a fin de que tu pueblo sea en medio del mundo signo de la unidad de los hombres.

Conserva en la fe de su bautismo a la nueva prole renacida del agua y del Espíritu Santo,
para que alcance la vida eterna.

Por tu Hijo glorificado, ayuda, Señor, a los que sufren, da la libertad a los presos, la salud a los enfermos
y la abundancia de tus bienes a todos los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A nuestros hermanos difuntos, a quienes mientras vivían en este mundo diste el cuerpo y la sangre de tu Hijo glorioso,
concédeles la gloria de la resurrección en el último día.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, te pedimos que nos lleves a gozar de las alegrías celestiales, para que así llegue también el humilde rebaño hasta donde penetró su victorioso Pastor. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Domingo, Día del Señor

La Palestina del tiempo de Jesús era un país en el que la ganadería y la agricultura eran dos realidades importantes. Se comprende la frecuencia con que el NT utiliza la imagen del pastor de ganado menor para explicar cómo deben comportarse los sacerdotes y los dirigentes religiosos en general (Mt 18, 12; 25, 32; Hech 20, 28-29; 1 Pe 5, 2-4; Mc 14, 27; Heb 13, 20). Sobre todo, para entender el alcance del capítulo 10 de Juan, hay que tener presente que Jesús dirige esta dura diatriba, no solo contra los “pastores de Israel” (los líderes religiosos), sino más en concreto contra los fariseos con quienes se ha enfrentado al curar al ciego de nacimiento (Jn 9, 19-41).

El oficio de pastor no era tarea de pobres, sino más bien uno de los “oficios despreciados” en Israel. La mayoría de ellos eran tramposos y ladrones. Por eso estaba prohibido comprarles lana, leche o cabritos. En estas condiciones, Jesús hace la gran denuncia pública contra los “pastores religiosos” de aquel pueblo, a los que acusa de “extraños”, (Jn 10, 5), de “ladrones” y “salteadores” (Jn 10, 8). Dado que esta acusación se refiere a los fariseos, resulta notable que Jesús califique con tanta dureza la conducta moral de los pastores más observantes de los rituales religiosos. ¿Por qué esta denuncia? Porque los ritos son acciones que, debido al rigor en la observancia de las normas, se constituyen en un fin en sí. De ahí que lo primario en el comportamiento del ritual religioso es el rito mismo, y no la conducta moral.

Esto es lo que explica lo más profundo que Jesús denuncia en su acusación contra los pastores a los que, en verdad, no les importa el rebaño, y al que no conocen, ni son conocidos por sus ovejas. Pero sobre todo son ladrones y salteadores. La preocupación central de estos hombres es cumplir las normas, observar los ritos, ser vistos como hombres ejemplares. El problema es que hacen compatible esa preocupación central con “vidas ocultas” y “sentimientos inconfesables” que son propios de auténticos bandidos. Jesús viene a decir, con esta acusación, que quienes más daño hacen a la Iglesia son los “pastores” de la Iglesia. A los que ya San Pablo enumera entre los responsables de la comunidad cristiana (Ef 4, 11).

José María Castillo

El domingo de las ovejas

De puntillas

Se le define ordinariamente como el «domingo del buen Pastor». ¿Y si, por el contrario, fuese sobre todo el domingo de las ovejas? Todos están de acuerdo en reconocer que Cristo es el verdadero Pastor, lo contrario del mercenario, ya que dio su vida por sus ovejas, porque es su único guía seguro, que se pone delante de ellas abriéndoles el camino.

Pero hemos de convencernos, más bien, de que lo más importante de todo son las ovejas.

Que no forman un rebaño… de borregos, muchos y todos iguales. Que no constituyen una masa de mano de obra.

Que no deben ser explotadas de ninguna forma, ni para el prestigio propio, ni para el propio consuelo.

Que deben ser conocidas y llamadas por su nombre y amadas una a una.

La forma con que Cristo habla del redil casi evoca la imagen del templo.

Y en el centro, esta vez, no está la presencia de Dios, sino la presencia del hombre. Una realidad sagrada que respetar.

El redil no es el lugar de encierro o el dormitorio de las ovejas. Es el lugar del encuentro, del reconocimiento.

Jesús, además de definirse como «Buen Pastor», se sitúa como la única puerta de entrada en el redil. Quien se ocupe de las ovejas debe «pasar» obligatoriamente por él, dejar en aquella puerta toda su vanidad, sus ambiciones de hacer carrera, su cartera, sus pretensiones de poder, sus cálculos oportunistas, su orgullo de saber.

Hay que dejar en aquella puerta el bastón y el código. El pastor sólo va armado con su voz.

El que no entra por la puerta que es Cristo, es decir, el que no adopta su mismo estilo, ése es «ladrón y bandido», aunque hable en nombre de Cristo.

Sí, por la puerta de acceso al redil sólo se entra de puntillas. Sería oportuno, en las ceremonias de la ordenación, añadir un rito especial invitando perentoriamente al futuro ministro de la comunidad a quitarse los zapatos, «porque el lugar que pisas es sagrado» (Ex 3, 6).

Con la punta de la lengua

Pero sobre todo se entra con «la punta de la lengua». La catequesis fundamental es la de la voz.

Más que doctrina, las ovejas tienen que recibir de su pastor una vocación, es decir, deben sentirse llamadas por su nombre.

«Las ovejas escuchan su voz; él llama a las suyas por su nombre y las saca fuera del redil»

Muchos pastores se quejan, con acento lastimero, de que su rebaño no les escucha.

En algunos casos, ¿no será porque las personas no han logrado oír la voz de su pastor?

¿O por qué el pastor emite una voz que, en vez de hacerlo reconocer, lo esconde?

El mercenario, el funcionario, «invisible» por haberse disfrazado de celoso o atareado pastor, se traiciona, se descubre por un detalle minúsculo: la voz.

Al contrario, es también la voz la que hace «visible» al verdadero pastor.

El tono, el timbre de la voz, la pasión, la convicción, explican también el fenómeno que se verificó con ocasión del sermón de Pedro (primera lectura): «Estas palabras les traspasaron el corazón».

Entonces es natural que salte la pregunta:

-¿Qué tenemos que hacer?

Demasiados predicadores, por el contrario, pretenden imponer enseguida a sus oyentes lo que tienen que hacer. Sin preocuparse antes de abrir un portillo en su corazón.

La lista de «las cosas por hacer» puede causar fastidio o indiferencia, si la palabra no ha provocado antes una herida, si no ha removido los entresijos del alma, si no ha suscitado un deseo acuciante.

No basta proclamar a gritos que Cristo ha sido constituido Señor. Resulta decisivo el «modo» con que se hace esta afirmación.

Es importante que de las palabras del pastor se pueda intuir qué es lo que provoca ese hecho en su vida.
 

El oficio en vez del amor

Hoy puede haber una doble deformación de la figura del pastor, respecto al modelo original.

La primera es la de la «compostura», la de la fría profesionalidad. Algunos profesionales de rostros apagados, de sonrisas heladas, de apretones de mano que son una invitación a mantener las distancias, de gestos calculados, de palabras pesadas, de miradas apagadas (porque anda por medio la pantalla de las páginas de un código), de bocas que mastican fórmulas, de manos sentenciosas, de cabezas solemnes, de pasos acompasados, de actitudes esterotipadas, no cuadran ciertamente con la figura del pastor en que todos pensamos al leer las palabras de Cristo.

No tienen la fuerza de un momento de debilidad, de abandono. Parece que se avergüenzan de poseer un corazón, de dejar filtrar un sentimiento.

No consiguen prescindir, al menos por un momento, de su papel, dejando libre a la persona atrapada dentro del personaje, a la humanidad aprisionada en aquella amargura oficial.

Sólo producen palabras contadas, previsibles, que se sienten obligados a decir.

«Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí».

Pero, para hacerse conocer, Cristo no vaciló en llorar, en manifestar cariño, en dejarse conmover (es decir, «acoger en las entrañas») por todo tipo de miseria, en pedir y en dar amistad, en manifestar sus propios gustos (¡incluido el perfume!), en pedir aliento en el momento de la angustia.

El buen pastor puso sobre la mesa (podríamos decir) todo su amor. Y siempre a la mesa, hizo partícipes a los discípulos de sus secretos, llegando a las confidencias más íntimas.

Algunos pastores, por el contrario, se lamentan de que no son comprendidos. Pero no se arriesgan a darse a conocer de veras, a abandonar el refugio tranquilizante de su función, a quitarse la careta de la seriedad y de la rigidez (el despojo más necesario, la pobreza más obligatoria).

Ciertamente, el pastor está revestido de autoridad.

Pero más que reivindicar la autoridad (que a veces se confunde con el poder) que viene del Pastor, hay que reivindicar (¡y manifestar!) el amor y la delicadeza y la capacidad de entrega que vienen de ese mismo Pastor.

Uno no se hace amar porque tenga autoridad. Tiene autoridad sólo en la medida en que es capaz de «amar como él amó».

La función, ciertamente, está garantizada por el código.

…Pero se trata de otro código. Del que llevó a Cristo a morir en la cruz.

Dar cosas en lugar de darse

La otra deformación es la del afán.

Pastores que trabajan mucho (demasiado), que se agitan, que siempre están atareados.

Totalmente metidos en sus obras, en sus actividades, en sus iniciativas, en la organización, acaban por no preocuparse ya de las personas.

Dan cosas. Pero de esta manera se dispensan de darse a sí mismos. Estar siempre corriendo no significa necesariamente guiar el rebaño.

Como tampoco desgañitarse quiere decir saber hablar a las ovejas (se las trastorna en vez de orientarlas).

No tener nunca tiempo no significa necesariamente gastarse por los demás.

Recuerdo la confesión sangrante de un misionero de Tanzania: «He realizado en mi misión una serie considerable de obras a costa de enormes sacrificios. Puedo asegurar que no he ahorrado esfuerzo alguno. Sin embargo… El otro día, en la inauguración oficial de mi última construcción, que fui levantando ladrillo a ladrillo, una mujer me echó en cara una amarga verdad:

– Has hecho mucho por nosotros, hemos de reconocerlo, en todos estos años. Pero, mira, no necesitamos tus cosas. ¡Te necesitamos a ti! ¡Y tú no estás nunca!

Me quedé aturdido. Luego, tuve que admitir que tenía razón. A fuerza de multiplicar las iniciativas, de trabajar como un condenado sin respiro, no me daba cuenta de que terminaba paradójicamente por negarme, por privar a la gente del regalo esencial que esperaban de mí… y al que tenían pleno derecho».

¿Voto de paciencia?

Entre las recomendaciones de Pedro, contenidas en la segunda lectura, me limito a subrayar una palabra: paciencia.

Precisamente en la jornada de las vocaciones, me gustaría parafrasearla así:

«A esto habéis sido llamados»: a la paciencia.

No existe vocación, si no hay vocación a la paciencia.

Un examen severo al que debería someterse todo candidato es el de la paciencia.

Creo incluso que podría añadirse un voto, o al menos una promesa solemne: el voto de paciencia.

La paciencia no debe residir solamente en la boca de los viejos que, después de haber perdido los sueños por el camino, los han sustituido por la paciencia (que en este caso no sería más que resignación cansina).

No. La paciencia sirve precisamente para no dejar que mueran los sueños.

Son los jóvenes los que deben equiparse de paciencia, para que sirva de cobertura a sus ideales más atrevidos.

Sin una buena dosis de paciencia deja uno de trabajar tras el primer fracaso, se pone uno a lamer sus heridas gimoteando tras el primer incidente, se hace uno ridículamente la víctima tras el primer rechazo o la primera incomprensión, se desinfla uno ante el menor obstáculo, ante la dificultad más modesta.

El rebaño camina, va creciendo, a la medida de la paciencia del pastor.

Y también, para el sacramento de la reconciliación, sólo se consigue «traspasar el corazón» de alguien (por seguir usando la expresión de los Hechos) cuando uno se muestra «ministro de la paciencia de Cristo».

Hay que decirlo con toda claridad y honradez. La misión no se resuelve en una serie brillante de éxitos, de empresas coronadas infaliblemente por resultados satisfactorios y apreciados «desde arriba» (que, por otro lado, siempre se quedan un poco cortos…).

Es más bien un prolongado ejercicio de paciencia, una serie interminable de paciencias.

La pasión, cuanto mayor y más devoradora sea, tanto más debe ir acompañada de la paciencia.

Todos nosotros, además de haber sido curados por las llagas de Cristo (como recuerda también Pedro en la segunda lectura), somos fruto de su paciencia infatigable.

Repitámoslo en toda ocasión, evitando peligrosos equívocos. Es inútil comenzar, si uno no está dispuesto a re-comenzar.

Siempre hay que comenzar de nuevo, desde el principio, después de los inevitables fallos, errores, desengaños.

Las cosas que se cree que «han acabado mal» no acaban realmente mal si alguien, a pesar de todo, se empeña en comenzar de nuevo como si fuera la primera vez.

«Cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas…».

Quizás un modo concreto de imitar la pasión del «Pastor y Guardián de vuestras almas» sea el de amenazar… paciencia, siempre que nuestros sueños y proyectos sufran los ultrajes de una realidad hostil.

A. Pronzato

María, en camino

Palabra de Dios

Lc 2, 51-52: Jesús crecía en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Mc 3, 20-21.31-35: Sus parientes decían que no estaba en sus cabales.

Texto antológico

“Es ‘posible que para muchos la perfección excepcional de esta mujer ‘llena de gracia’, santa desde el principio, etc., reste mérito y ejemplaridad a su figura: ella tuvo unos particulares privilegios que nosotros no tenemos. Presentar a María como ‘hecha’ desde el principio es una simplificación que no se dio en la vida de Cristo. Como todos los creyentes, no tuvo más remedio que estar bien atenta a los ‘signos de los tiempos’ y a las sorpresas del futuro. Tampoco ella conoció la densidad de su ‘hora’ hasta que no llegó. Su vida fue un caminar de fe en fe y de gracia en gracia. María pasó por diversos grados de desarrollo, ‘aún inconsciente de la grandeza que incluso en aquel estado era ya suya… María es para ella misma un misterio de profundidad inexpresada, que la hacía tender constantemente hacia nuevas metas’ (cf E. SCHILLEBEECKX, María, Madre de la Redención, Madrid 1971, 90-91). Como muy bien dice Karl Rahner: ‘Considerando las cosas desde el exterior, ella ha vivido una vida realmente mediana, oculta, trabajosa, en lo ordinario de la existencia penosa de cualquier pobre mujer de un pobre rincón cualquiera de un pequeño país, alejada de la grande historia, de la grande civilización y de la política. Ha conocido la búsqueda y la angustia, nunca lo supo todo, lloró, debió preguntarse y ponérselo todo en cuestión, como los demás hombres, etapa tras etapa, a lo largo de toda su existencia. Tuvo que preguntarle a su Hijo: ‘Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados’. Se dice de ella por dos veces que no comprendió lo que se le decía (Lc 2,33 y 50). Tuvo que acoger muchas cosas en el silencio de su corazón para que más tarde todo esto fructificara en una penetración e intuición claras (Lc 2,19 y 5 1).

Gilberto Canal

“Lo que tiene la máxima importancia es esa realidad espiritual, procedente de la completa sumisión de María, en la fe, a todo el misterio concreto de Cristo, y procedente de su intuición que fue madurando gradualmente, la cual, aunque no explícitamente, se hallaba ya presente en forma positiva desde el comienzo mismo, y eventualmente hizo irrupción con asombrosa claridad. En todo caso, yo creo que sería fundamentalmente erróneo poner mayor énfasis en la naturaleza explícita y en un conocimiento anticipado de que disfrutara la fe de María, que no en el mérito religioso -mucho mayor- de una fe que se sacrifique a sí misma, de una fe que no calcula de antemano, sino que -más bien- concede crédito para enormes cantidades, y que acepta acontecimientos futuros, todavía desconocidos, que parecerían estar en contradicción con la idea del Mesías ‘rey’, tal como se contenía en el mensaje del ángel”.

Edward Schillebeeckx

Reflexión

La tradición piadosa nos ha presentado a María como “hecha” y perfecta desde el principio. Se llegó a decir que “plenamente consciente desde el primer instante de su ser natural”…

A Jesús mismo, que era Dios y Hombre, no le fue ahorrada esa ley humana del crecimiento, el dinamismo de la evolución personal, la ardua labor del discernimiento constante, el análisis de los signos de los tiempos y del lugar, la escucha atenta y esforzado de la voz de Dios a través de los acontecimientos, la ineludible encarnación humana en la historia. La vida de María, como la de Jesús, tuvo que ser una trabajosa búsqueda de la voluntad del Padre, un crecimiento gradual en conciencia…

No somos seres “hechos” completos y perfectos desde el principio. Somos historia. Y Dios quiere que aceptemos tanto sus posibilidades como sus limitaciones. El las aceptó cuando se hizo hombre e historia en Jesús. Y no se las ahorró a María, su madre. Asumamos en fe el estilo y la pedagogía de Dios.

La comunidad cristiana también está en la historia y es historia. Y necesita un discernimiento continuo, una conversión permanente (Vaticano II, UR 6), un crecimiento sin estancamiento’ sin inmovilismos, sin retrocesos ni involuciones.

Examen

  • Seguimos creciendo, o ¿hace tiempo que estamos estancados?
  • ¿Vivimos en discernimiento constante, en alerta continua? ¿Seguimos convirtiéndonos o pensamos que ya estamos convertidos del todo?
  • ¿Aceptamos en fe la paciencia de Dios y la pedagogía de Dios o quisiéramos que las cosas fueran de otra forma, a nuestro gusto?
  • ¿Vivimos en formación permanente?
  • ¿Observamos los signos de los tiempos y los signos de los lugares?

Conversión

  • Tomar decisiones para seguir creciendo, madurando, aumentando nuestra fidelidad, prosiguiendo nuestra formación permanente.
  • Tomar decisiones para luchar contra todo estancamiento, retroceso o involución en la comunidad cristiana, en la Iglesia, en la sociedad civil e internacional.

Invocación

  • Madre de Jesús, siempre en camino y en crecimiento…
  • …ven con nosotros al caminar.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús y en María nos muestras tu llamada a seguir tu voluntad, a estar siempre en camino, ayúdanos a vivir en conversión permanente sin detenemos nunca en nuestro camino hacia ti.

Cantos sugeridos

“Santa María de la Esperanza”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Reina del mundo”, de G. Ferrero, en Madre de todos.

Evangelii Gaudium – Francisco I

22. La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.

Lectio Divina – 7 de mayo

Lectio: Domingo, 7 Mayo, 2017

Jesús, Buen Pastor
¡He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia!
Juan 10,1-10

1. ORACIÓN INICIAL

 Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. LECTURA

a) Clave de lectura:

El evangelio de este domingo nos pone delante la figura tan familiar del Buen Pastor. Hablando de las ovejas del redil de Dios, Jesús usa diversas imágenes para describir la conducta de aquéllos que se ocupan del rebaño. El texto de la liturgia se extiende desde el versículo 1 al 10. En el comentario añadimos a continuación los versículos del 11 al 18, porque contienen la imagen del “Buen Pastor” que ayuda a entender mejor el sentido de los versículos del 1 al 10. Durante su lectura, trata de poner atención a las diversas imágenes o semejanzas que usa Jesús para presentarse a nosotros como el verdadero Pastor.

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

El texto contiene tres semejanzas ligadas entre sí:
Juan 10,1-5: La semejanza entre el salteador y el pastor
Juan 10,6-10: La semejanza de la puerta de las ovejas
Juan 10,11-18: La semejanza del buen pastor

c) El Texto:

1 «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.4Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Juan 10,1-106 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. 10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»

3. UN MOMENTO DE SILENCIO ORANTE

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. ALGUNAS PREGUNTAS

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué parte del texto me ha llamado más la atención?¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las imágenes que Jesús se aplica a sí mismo?¿Cómo se las aplica y qué significan?
c) ¿Cuántas veces, en el texto, Jesús usa la palabra vida y qué dice sobre la vida?
d) Pastor-Pastoral. ¿Será que nuestra acción pastoral continúa la misión de Jesús Pastor?
e) ¿Cómo volver límpida nuestra mirada para poder ver al verdadero Jesús de los evangelios?

5. PARA AQUÉLLOS QUE DESEAN PROFUNDIZAR EN EL TEMA

a) El contexto en el que fue escrito el Evangelio de Juan:

He aquí otro ejemplo de cómo fue escrito y confeccionado el evangelio de Juan. Las palabras de Jesús sobre el Pastor (Jn 10,1-18) es como un ladrillo colocado en una pared casi terminada. Inmediatamente antes, en Juan 9,40-41, Jesús hablaba de la ceguera de los fariseos. Inmediatamente después, en Juan 10,19-21, vemos la conclusión de la discusión sobre la ceguera. Y así las palabras sobre el Buen Pastor nos enseña cómo hacer para quitar de los ojos la ceguera. Con este ladrillo la pared queda más fuerte y más bella.

Juan 10,1-5: La semejanza entre el salteador y el pastor
Jesús comienza su discurso con la semejanza de la puerta: “En verdad, en verdad os digo: quien no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”. Para entender esta semejanza, debemos recordar cuanto sigue. En aquel tiempo, los pastores se ocupaban del rebaño durante el día. Cuando llegaba la noche, llevaban las ovejas a un gran redil o recinto comunitario, bien protegido contra salteadores y lobos. Todos los pastores de una misma región llevaban allí sus rebaños. Había un guardián que se ocupaba del redil toda la noche. Por la mañana venía el pastor, tocaba las palmas de las manos sobre la puerta y el guardián abría. El pastor se acercaba y llamaba a sus ovejas por su nombre. Las ovejas reconocían la voz del pastor, se levantaban y salían detrás de él a pastar. Las ovejas de los otros pastores oían la voz, pero se quedaban donde estaban, porque para ellas no era conocida la voz. Todos los días había peligros de asaltos. Los ladrones entraban por una hendidura, quitando las piedras del muro que rodeaba, para robar las ovejas. No entraban por la puerta, porque allí estaba el guardián vigilando.

Juan 10, 6-10: La semejanza de la puerta de las ovejas
Aquéllos que escuchaban, los fariseos, (Jn 9,40-41), no entendían lo que significaba “entrar por la puerta”. Entonces Jesús lo explica: “¡Yo soy la puerta!” Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores”. ¿De quién está hablando Jesús con esta frase tan dura? Probablemente, por su manera de hablar de los salteadores, se refería a los jefes religiosos que arrastraban a la gente detrás de ellos, pero no respondían a las esperanzas de la gente. No estaban interesados en el bien del pueblo, sino más bien en su propio dinero y en sus intereses. Engañaban a la gente y la abandonaban a su suerte. El criterio fundamental para discernir entre el pastor y el salteador es la defensa de la vida de las ovejas. Jesús dice: “¡Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia!” Entrar por la puerta significa imitar la conducta de Jesús en defensa de la vida de las ovejas. Jesús pide a la gente tomar la iniciativa de no seguir a quien se presenta como si fuese pastor, pero que no está interesado en la vida de la gente.

Juan 10,11-15: La semejanza del Buen Pastor
Jesús cambia la semejanza. Antes Él era la puerta, ahora es el pastor. Todos sabían cómo era un pastor y cómo vivía y trabajaba. Pero Jesús no es un pastor cualquiera, es ¡el buenpastor! La imagen del buen pastor viene del Antiguo Testamento. Diciendo que es el Buen Pastor, Jesús se presenta como aquél que viene a cumplir las promesas de los profetas y las esperanzas del pueblo. Hay dos puntos en los que insiste: (a) En la defensa de la vida de las ovejas: el buen pastor da su vida. (b) En el mutuo entendimiento entre el pastor y las ovejas: El Pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen al pastor.
Y el falso pastor, que quiere vencer su ceguera, debe confrontar su propia opinión con la opinión de la gente. Esto era lo que no hacían los fariseos. Ellos despreciaban a las ovejas y las llamaban gente maldita e ignorante (Jn 7,49; 9,34). Al contrario, Jesús dice que la gente tiene una percepción infalible para saber quién es el buen pastor, porque reconoce la voz del pastor (Jn 10,4). “Ellas me conocen” (Jn 10,14). Los fariseos pensaban que poseían la certeza en discernir las cosas de Dios. Pero en realidad eran ciegos.

El discurso sobre el Buen Pastor encierra dos importantes reglas para quitar la ceguera farisaica de nuestros ojos: (a) Los pastores están muy atentos a la reacción de las ovejas, porque reconocen la voz del pastor. (b) Las ovejas deben prestar mucha atención a la conducta de aquéllos que se dicen pastores para verificar si verdaderamente les interesa la vida de las ovejas, sí o no, o si son capaces de dar la vida por las ovejas. ¿Y los pastores de hoy?

Juan 10,16-18: La meta a la que Jesús quiere llegar: un solo rebaño y un solo pastor
Jesús abre el horizonte y dice que tiene otras ovejas que no son de este redil. Y ellas no oyen la voz de Jesús, pero cuando la oigan, se darán cuenta que Él es el pastor y lo seguirán. Aquí aparece el comportamiento ecuménico de las comunidades del “Discípulo Amado”.

b) Ampliando el tema:

i) La imagen del Pastor en la Biblia:

En Palestina la supervivencia del pueblo dependía en gran parte de la posesión de cabras y ovejas. La imagen del pastor que guía a sus ovejas para que pasten era conocida de todos, como hoy todos conocemos la imagen del conductor del autobús o del maquinista. Era normal usar la imagen del pastor para indicar la función de quien gobernaba y conducía el pueblo. Los profetas criticaban a los reyes porque eran pastores que no se preocupaban de su grey y no la conducía a pastar (Jer. 2,8; 10,21; 23,1-12). Esta crítica sobre los malos pastores creció en tal medida que, por culpa de los reyes, el pueblo se vio arrastrado hacia la esclavitud (Ez 34,1-10; Zac 11,4-17).

Ante la frustración sufrida por la falta de guía por parte de los malos pastores, crecía el deseo o la esperanza de tener, un día, un pastor que fuese verdaderamente bueno y sincero y que imitase a Dios en el modo de conducir al pueblo. Nace así el salmo “¡El Señor es mi pastor, nada me puede faltar! (Sal 23,1-6; Jer 48,15). Los profetas esperan que en el futuro, Dios mismo sea el Pastor que guíe a su rebaño (Is 40,11; Ez 34,11-16). Y espera que a partir de esto el pueblo sepa reconocer la voz de su pastor: “¡Escuchad hoy su voz!” (Sal 95,7). Esperan que Dios venga en calidad de Juez que juzgue a las ovejas del rebaño (Ez 34,17). Nace el deseo y la esperanza de que un día Dios suscite buenos pastores y que el Mesías sea un pastor para el pueblo de Dios. (Jer 3,15; 23,4)

Jesús cambia esta esperanza en realidad y se presenta como el Buen Pastor, delante de los salteadoras que robaban al pueblo. Él se presenta como un Juez que, al final, juzgará como un pastor que separa las ovejas de las cabras (Mt 25,31-46). En Jesús se cumple la profecía de Zacaría, según el cuál el buen pastor será perseguido por los malos pastores, incomodados por la denuncia que Él hace: Hiere al pastor y se dispersará el rebaño” (Zac 13,7). Y finalmente Jesús lo es todo: ¡es la puerta, es el Pastor, es el cordero!.

ii) La comunidad del Discípulo Amado: abierta, tolerante y ecuménica:

Las comunidades que están detrás del evangelio de Juan estaban formadas por diversos grupos. Había en ellas judíos de mentalidad abierta, con un talante crítico hacia el Templo de Jerusalén (Jn 2,13-22) y la ley (Jn 7,49-50). También había samaritanos (Jn 4,1-42) y paganos (Jn 12,20) que se convirtieron, ambos con los mismos orígenes históricos y sus costumbres culturales muy diversas de las de los judíos. Aun estando formadas por grupos humanos tan diferentes, las comunidades de Juan entendieron el seguimiento de Jesús como una vida de amor concreto y solidario. Respetando las recíprocas diferencias, sabían darse cuenta de los problemas de la convivencia entre paganos y judíos, que azotaban a otras comunidades de la época (Act 15,5). Retados por la realidad del propio tiempo, las comunidades trataban de profundizar en su fe en Jesús, enviado del Padre que quiere que todos sean hermanos (Jn 15,12-14.17) y que afirma: “¡ En la casa de mi Padre hay muchas moradas!” (Jn 14,2) . Esta profundización facilitaba el diálogo con otros grupos. Y por consiguiente eran comunidades abiertas tolerantes y ecuménicas (Jn 10, 16).

6. SALMO 23 (22)

Yahvé es mi pastor

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.

Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.
Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

7. ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Domingo IV de Pascua

Pedro, en el sermón a los judíos, de la mano del profeta Joel (1ª lec.) les dice: “Tenga, pues, todo Israel la certeza de que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado”

En su primera carta (2ª lec.) propone a Jesús como el “Pastor y guardián de vuestras vidas”

En el Evangelio (3ª lec.) escuchamos a Jesús ofrecerse como la puerta por la que entrar al Reino de Dios.

En otra ocasión se había presentado como el Buen Pastor. Esta nueva oferta de como “Puerta por la que entrar” quiere subrayar que el seguimiento a Él como Pastor, no debe entenderse como “seguimiento borreguil” consistente en ir físicamente detrás de Él, sino como algo activo que supone pasar por Jesús, identificarse con Él, ser como fue Él. (Pedro, 2ª lec).

¿Cómo ha respondido la humanidad a ese ofrecimiento? De muy diversas maneras.

A lo largo de la vida de Jesús muchos se acercaron a Él con muy diferentes pretensiones o expectativas.

A unos les pudo la curiosidad espiritual. Se acercan a Jesús de noche, con un cierto miedo, pero con un sincero propósito de entender a Jesús. Nicodemo es la figura típica de esta actitud. Le convence la doctrina y la persona de Jesús pero tiene miedo a enfrentarse con su ambiente. En su favor hemos de recordar que superó ese miedo y en un momento supremo se acercó al gobernador para pedir el cuerpo de Jesús y enterrarlo.

Otros se acercan con curiosidad, pero parece que nada más. Han oído que Lázaro, un muerto, ahora está vivo y quieren verlo. El encuentro con Jesús es debido solo a la curiosidad, “a ver que se ve”. Son toda esa gente que no se compromete del todo con Jesús pero en torno a Él encuentran un cierto folklore atrayente como las fiestas patronales, algunas procesiones y cosas parecidas. Les gusta lo que ven y como se lo pasan, pero no mucho más.

Algunos contemplan a Jesús con codicia, a ver qué sacan. A Judas no le interesaba Jesús sino la oportunidad que le brindaba para estar cerca de la bolsa en las que realizar sus sisas. Son los que se valen de la religión para trepar, para abrirse paso en la vida.

También los hay que se acercan a Jesús con prepotencia, como Pilato. Sabes que puedo salvarte o condenarte… sabes que puedo aceptarte o no, y que si no me interesa lo que consigo de ti puedo echarte de mi vida.

Es un peligro que acecha sobre todo a quienes convierten toda su religiosidad en oración de petición. Dios “vale” mientras se consigue lo que se le pide. Si esto no ocurre, la decepción levanta un montón de dudas de fe y tentaciones de abandonarla.

No faltan quienes lo hacen con ánimo de divertirse. Herodes. Cree que Jesús ha venido para entretener a la gente con juegos de magia. Entre los menos peligrosos de esta actitud están los que convierten la oración en una especie de magia que abre todas las puertas. Rezan para que les toque la lotería, para echarse novia, para aprobar un examen, para lo que sea, con tal de sentirse seguros con la fuerza de la magia. No han entendido que la magia de Jesús consintió en hacer la voluntad del Padre siéndole fiel hasta la muerte y muerte de cruz. Y que esa es la única magia válida en el cristianismo.

Finalmente se encuentran los fariseos y sumos sacerdotes. Se le acercan con odio porque les está desenmascarando; les pone en evidencia. Son los exterminadores de Jesús y su proyecto. Sobre estos ha hablado expresamente el papa en el ángelus del día conmemorativo del primer mártir San Esteban. (26/12/16)

“El mundo odia a los cristianos por la misma razón por la cual ha odiado a Jesús, porque Él ha traído la luz de Dios y el mundo prefiere las tinieblas para esconder sus obras malignas” El papa es consciente de que Jesús ha venido a desenmascarar muchas cosas, muchas actitudes, muchos negocios sucios. Por eso se ha convertido en un peligro, como lo fue para su tiempo.

Son, más o menos, las actitudes negativas que se manifestaron, y siguen manifestándose, ante el Jesús de aquellos y de estos tiempos.

Hoy, domingo IV del tiempo Pascual, podemos fingir que Jesús resucitado se presenta delante de nosotros y nos pregunta ¿Vosotros qué? ¿Qué vais hacer?

Nos encontramos en la misma situación de aquella gente que oída la predicación de San Pedro, le preguntan sobre lo que deben hacer.

¿Qué vamos hacer nosotros? O mejor, ¿Qué voy hacer yo?

Intencionadamente hemos dejado para este momento las actitudes positivas ante Jesús. Tenemos, por ejemplo, la de aquella mujer que, consciente del amor que Jesús le profesa, le lava los pies y se los besa. Una persona entusiasmada con Jesús. Luego le seguiría fielmente hasta el Gólgota, es decir, hasta el fin.

Es también la de tantos y tantos que tras el encuentro con Jesús quedaron profundamente transformados.

Capítulo aparte merecerían María, la madre de Jesús, los apóstoles y las buenas mujeres que se reunían, recordaban, rumiaban lo visto y oído a Jesús y en actitud reverente esperaban la manifestación del Espíritu que Jesús les había prometido.

Fue la postura, el comportamiento que les dio la fuerza necesaria para no claudicar de sus creencias, para ser fieles a Jesús, para merecer la eterna gloria junto al Padre.

Es la gran opción que se abre también ante nosotros. Nos preguntábamos ¿Que vamos hacer? ¿Que tenemos que hacer? ESO EXACTAMENTE.

Hay una variante de esa postura adecuada, que merece una pequeña consideración, porque puede “afectarnos” a muchos de nosotros. Es la del voluntarioso Pedro.

Escuchada la traición de Judas, Pedro, voluntarioso como siempre, promete a Jesús que él morirá si es preciso. Jesús le recuerda la fragilidad humana pero Pedro, más gallito aún, le rectifica: aunque todos, yo, no.

Lo que pasó luego es de todos conocido. Se asustó, le negó y terminó llorando su osadía.

No pretendamos quemar etapas ni utilizar atajos en el camino de nuestra santificación. Generosidad para con Jesús, SÍ, toda, pero sin riesgos imprudentes, sin alardes de prepotencia.
Aprendamos la lección y no quememos nuestra pólvora en salvas inútiles o temerarias.

Sigamos los caminos de los que le fueron fieles: leamos el Evangelio, meditemos sobre lo que él nos dice, pidamos el Espíritu y salgamos a la vida a contagiar una esperanza, nacida del encuentro con Jesús Resucitado, convertido en nuestra puerta para la casa del Padre. AMÉN.

Pedro Sáez

Puertas abiertas

Una Cáritas parroquial organizó una “Jornada de Puertas Abiertas” para que quien lo deseara pudiera conocer la función que realiza, las personas que la integran, el lugar en el que llevan a cabo su tarea. Se habían dado cuenta que la gente colaboraba económicamente con Cáritas parroquial, pero la gran mayoría desconocía todos esos pormenores, puesto que no se prestaba atención a la información mensual que se daba. En general, hablar de una jornada de puertas abiertas se refiere a permitir el acceso libre del público a un lugar durante un período de tiempo para que puedan ver y conocer en persona lo que se hace, quiénes lo hacen, etc.

Este cuarto domingo de Pascua es conocido como el Domingo del Buen Pastor; sin embargo, en el fragmento del Evangelio correspondiente al presente ciclo A, Jesús no habla de sí mismo como el Buen Pastor, sino que se refiere a sí mismo como “puerta”.

Una puerta es un vano abierto en una pared, muro, verja, etc, que permite pasar por él de una parte a otra; y también es el armazón de madera, hierro u otro material que se pone en dicho vano para impedir o permitir el paso. Y en lenguaje coloquial se suele utilizar la imagen de la puerta: así, hablamos de que algo es “a puerta cerrada” para indicar que es secreto, o que alguien está “a las puertas de la muerte” para indicar que está agonizando, o que a alguien “se le han cerrado todas las puertas” indicando que se ha quedado sin recursos, o que sale “por la puerta grande” para indicar que ha triunfado, o “dar con la puerta en las narices” para indicar rechazo…

Jesús, con su Resurrección, ha abierto el horizonte de la vida humana hasta el infinito. Utilizando la comparación de las ovejas, podemos decir que la muerte hacía que las personas estuviéramos como encerrados en un aprisco, sin posibilidad de escapar de nuestro destino.

Pero Jesús dice de sí mismo: Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir. En el muro de la muerte, que encierra la vida humana, Jesús abre un vano. Él mismo es ese vano, esa puerta que permite pasar desde este mundo hacia la vida eterna.

La Resurrección de Jesús marca el inicio de una “Jornada de Puertas Abiertas” que no está limitada a un día o a un tiempo determinado, sino que está siempre disponible para que todo el que quiera pueda “entrar y salir”, para que con total libertad quien lo desee pueda conocer y acceder al Reino de Dios; y Jesús Resucitado es quien nos da ese conocimiento y acceso.

De ahí que también debemos hacernos la pregunta que hicieron a Pedro y hemos escuchado en la 1a lectura: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? ¿Qué tenemos que hacer para disfrutar de esa “Jornada de Puertas Abiertas”, qué tenemos que hacer para pasar de este mundo a la vida eterna, superando el muro de la muerte?

La respuesta de Pedro es válida para nosotros: Convertíos y bautizaos. Seguramente hemos recibido el Bautismo hace tiempo, pero no so- mos conscientes de lo que significa y lo que implica. Y del mismo modo, la conversión no es algo sólo para el tiempo de Cuaresma: siempre estamos en proceso de conversión a Jesucristo, (como decíamos también en el II domingo de Pascua). De ahí que este domingo del Buen Pastor nos recuerda que, para entrar y salir por la puerta que es Cristo, necesitamos tener presente lo que significa haber recibido el Bautismo, y mantenernos en proceso continuo de conversión, de crecimiento y maduración en la fe para adquirir un mayor y mejor conocimiento del Reino de Dios.

He participado alguna vez en una “Jornada de Puertas Abiertas”? ¿Qué supuso para mí? ¿Entiendo la comparación que utiliza Jesús, creo que es Él la Puerta hacia el Reino de Dios? ¿Sé lo que tengo que hacer para pasar de este mundo a la vida eterna? ¿Qué significa para mí haber recibido el Bautismo? ¿En qué aspectos sigo necesitando conversión?

Aunque en la vida se nos cierren todas las puer- tas, siempre vamos a tener abierta la Puerta que es Cristo. Hagamos lo que Él nos pide para “salir por la puerta grande”, porque Él ha venido para que tengamos vida y la tengamos abundante, ya desde ahora y un día eternamente en su Reino.

Nueva relación con Jesús

En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir” a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.

José Antonio Pagola