Vísperas – Lunes IV de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CANTARÁN, LLORARÁN RAZAS Y HOMBRES

Cantarán, llorarán razas y hombres,
buscarán la esperanza en el dolor,
el secreto de vida es ya presente:
resucitó el Señor.

Dejarán de llorar los que lloraban,
brillará en su mirar la luz del sol,
ya la causa del hombre está ganada:
resucitó el Señor.

Volverán entre cánticos alegres
los que fueron llorando a su labor,
traerán en sus brazos la cosecha:
resucitó el Señor.

Cantarán a Dios Padre eternamente
la alabanza de gracias por su don,
en Jesús ha brillado su Amor santo:
resucitó el Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El que está en Cristo es una nueva creación. Aleluya.

Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que está en Cristo es una nueva creación. Aleluya.

Ant 2. Amemos a Dios porque él nos ha amado antes. Aleluya.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Amemos a Dios porque él nos ha amado antes. Aleluya.

Ant 3. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 8, 1b-3a

Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, que fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor. Aleluya.

PRECES

Llenos de gozo, oremos a Cristo, el Señor, que con su resurrección ha iluminado al mundo entero, y digámosle:

Cristo, vida nuestra, escúchanos.

Señor Jesús, que te hiciste compañero de camino de los discípulos que dudaban de ti,
acompaña también a tu Iglesia peregrina entre las dificultades e incertidumbres de esta vida.

No permitas que tus fieles sean tardos y necios para creer,
y aumenta su fe para que te proclamen vencedor de la muerte.

Mira, Señor, con bondad a cuantos no te reconocieron en su camino,
y manifiéstate a ellos para que te confiesen como salvador suyo.

Tú que por la cruz reconciliaste a todos los hombres, uniéndolos, en tu cuerpo,
concede la paz y la unidad a las naciones.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres el juez de vivos y muertos,
otorga a los difuntos que creyeron en ti la remisión de todas sus culpas.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado de la esclavitud del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 8 de mayo

Lectio: Lunes, 8 Mayo, 2017

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor.

2) LECTURA DEL EVANGELIO

Del Evangelio según Juan 10,11-18

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy nos trae la parábola del Buen Pastor que es la continuación del evangelio de ayer (domingo). Es difícil elegir entre uno y otro. Por ello, preferimos comentar brevemente los dos (Jn 10,1-18). El discurso sobre el Buen Pastor trae tres comparaciones enlazadas entre sí:

1ª comparación: Jesús habla del pastor y de los ladrones (Jn 10,1-5)

2ª comparación: Jesús es la puerta de las ovejas (Jn 10,6-10)

3ª comparación: Jesús es el Buen Pastor (Jn 10,11-18)

• Juan 10,1-5: 1ª comparación: entrar por la puerta y no por otro lugar. Jesús inicia el discurso con la comparación de la puerta: “Quien no entra por la puerta sino por cualquier otra parte es un ladrón y un salteador. Quien entra por la puerta es el pastor de las ovejas.” En aquel tiempo, los pastores cuidaban del rebaño durante el día. Cuando llegaba la noche, llevaban las ovejas a un gran redil o corral comunitario, bien protegido contra ladrones y lobos. Todos los pastores de una misma región llevaban allí su rebaño. Un portero o guardián se ocupaba de todas las ovejas durante la noche. Al día siguiente, pronto por la mañana, el pastor llegaba, batía palmadas contra la puerta del redil y el guardián abría. El pastor entraba y llamaba a las ovejas por su nombre. Las ovejas reconocían la voz de su pastor, se levantaban y salían detrás de él para pastear. Las ovejas de los otros pastores oían la voz, pero no se movían, porque era una voz extraña para ellas. De vez en cuando, aparecía el peligro del asalto. Los ladrones entraban por un atajo o derribaban la valla del redil, hecha de piedras amontonadas, para robar las ovejas. Ellos no entraban por la puerta, pues estaba allí el guardián que las custodiaba.

• Juan 10,6-10: 2ª comparación: Jesús es la puerta. Los oyentes, los fariseos (Jn 9,40-41), no entendían lo que significaba “entrar por la puerta”. Jesús entonces concluye: “Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes son ladrones y malhechores”. ¿De quién está hablando Jesús en esta frase tan dura? Probablemente, se refería a los líderes religiosos que arrastraban a la gente detrás de sí y que, sin embargo, no respondían a las esperanzas de la gente. No estaban interesados en el bien del pueblo, pero sí en un su propio bolso y en sus intereses. Engañaban a la gente, y la dejaban sin un duro. Entrar por la puerta es lo mismo que actuar como actuaba Jesús. El criterio básico para discernir quién es pastor y quién es asaltante, es la defensa de la vida de las ovejas. Jesús pide al pueblo que no siga a las personas que se presentan como pastor, pero que no buscan la vida de la gente. Y aquí dice la frase que seguimos cantando hasta hoy: “He venido para que todos tengan vida, y ¡para que la tengan en abundancia!” ¡Este es el criterio!

• Juan 10,11-15: 3ª comparación: Jesús es el buen pastor. Jesús cambia la comparación. Antes, él era la puerta de las ovejas. Ahora es el pastor de las ovejas. Todo el mundo sabía lo que era un pastor y como vivía y trabajaba. Pero Jesús no es un pastor cualquiera, sino que es un ¡buen pastor! La imagen del buen pastor viene del AT. Diciendo que es el Buen Pastor, Jesús se presenta como aquel que viene a realizar las promesas de los profetas y las esperanzas del pueblo. Podemos leer, por ejemplo, la bellísima profecía de Ezequiel (Ez 34,11-16). Hay dos puntos en los que Jesús insiste: (a) En la defensa de la vida de las ovejas: el buen pastor da la vida por las ovejas. (b) En el mutuo reconocimiento entre pastor y ovejas: el Pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen el pastor. Jesús dice que en la gente hay una percepción para saber quién es el buen pastor. Era esto que los fariseos no aceptaban. Ellos despreciaban las ovejas y las llamaban ‘pueblo maldito e ignorante’ (Jn 7,49; 9,34). Pensaban tener la justa mirada para discernir las cosas de Dios. En realidad estaban ciegos. El discurso sobre el Buen Pastor enseña dos reglas para poder curar este tipo bastante frecuente de ceguera: (i) Prestar mucha atención a la reacción de las ovejas, pues ellas reconocen la voz del pastor. (ii) Prestar mucha atención a la actitud de aquel que se dice pastor para ver si le interesa verdaderamente la vida de las ovejas, sí o no, y si es capaz de dar la vida por las ovejas.

• Juan 10,16-18: La meta a la que Jesús quiere llegar: un solo rebaño y un solo pastor. Jesús abre el horizonte y dice que hay otras ovejas que no son de este redil. Y ellas no oyeron la voz de Jesús, pero cuando la oigan, se darán cuenta de que él es el pastor y le seguirán. Es la dimensión ecuménica universal.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Pastor-Pastoral. La pastoral en mi parroquia ¿imita la misión de Jesús – Pastor? Y en mi acción pastoral, ¿cuál es mi actitud? ¿Soy pastor como Jesús?

• ¿Has tenido ya la experiencia de haber sido engañado por un falso pastor? ¿Cómo procurar superarlo?

5) ORACIÓN FINAL

Como anhela la cierva los arroyos,
así te anhela mi ser, Dios mío.
Mi ser tiene sed de Dios,
del Dios vivo;
¿cuándo podré ir a ver
el rostro de Dios? (Sal 42,2-3)

El camino

Aunque esté lleno de baches y piedras
y tenga infinidad de curvas,
aunque vaya por colinas y valles
y sean frecuentes las pendientes,
aunque sea estrecho y sin césped,
unas veces polvoriento,
otras lleno de barrizales,
voy por él siguiendo tus huellas,
soñando utopías, buscando sombras,
anhelando metas, disfrutando la experiencia.
Y Tú, que vas por delante,
te me revelas y ofreces cada día
como Camino, Verdad y Vida.

                                             Ulibarri Fl.

Fe en la oscuridad

Palabra de Dios

Lc 2,48-50: Quedaron sorprendidos y no comprendieron.

Gén 22,1-13: Toma a tu hijo y ofrécelo en sacrificio.

Heb 11,1 – 12,3: Los testigos de la fe.

Mt 14,22-33: ¿Por qué has dudado, hombre de poca fe)

Heb 13,1-3: Fijos los ojos en Jesús, pionero y consumador de la fe.

Texto antológico

“Con frecuencia nos inclinamos a pensar que la vida íntima que María, José y Jesús vivieron en su hogar de Nazaret fue una especie de existencia de ‘cuento de hadas’. ¡Qué fácil y qué idílica debió ser la vida en un hogar lleno de los sonidos de la voz del Niño Jesús, en un hogar que, cada vez que !a madre abrazaba con ternura a su propio hijo, estaba teniendo en sus brazos a la divinidad! Pero podemos estar seguros de que las cosas no fueron así. La realidad viva de la Sagrada Familia distaba mucho de ser un mundo de cuento de hadas. Tendemos a olvidar que toda la vida terrena de María transcurría bajo el velo de la fe: de una fe que ni veía ni comprendía, pero que seguía confiando en la Providencia divina. Tendemos a olvidar el peso abrumador de la vida de fe que vivió María: una vida de fe que la convirtió en la ‘Reina de los confesores’. Nos inclinamos a dotar a María -a María tal como vivió en la historia de una especie de visión intuitiva (en miniatura) de Dios, aunque nada se nos dice de ésta en la Escritura ni en la tradición, y aunque queda contradicha realmente por todos los relatos genuinos, y especialmente por los que leemos en el evangelio de Lucas. Por lo demás, no captamos la verdadera grandeza de la vida de María: su vida de fe.

María empleó toda su vida en la severa prueba de esta fe: no comprendiendo, sino creyendo con una fe que se iba acrecentando por medio de la meditación y por vivir en contacto íntimo con aquel Hijo que iba creciendo”.

Edward Schillebeecks

Reflexión

La tradición, la literatura clásica y la iconografía habitual nos presentan una imagen de María que lo sabía todo, que lo veía todo claro. Como si viviera anticipadamente en la esfera de la divinidad, con un conocimiento explícito previo que le ahorrara la oscuridad de la fe, las dudas, el desconcierto, el no entender.

La palabra de Dios, con la ayuda de la teología y las ciencias bíblicas, nos ha devuelto a Jesús como también creyente. Jesús tenía fe. Y no sabía, no entendía… La vida de Jesús tuvo que ser de un laborioso discernimiento en fe… María no fue caso aparte.

Creer no es saber, no es ver claro, sino fiarse, entregarse en oscuridad. Sin oscuridad no hay fe. Cuando se ve todo claro, cuando se sabe, ya no hace falta que creamos, porque lo vemos. Creer es caminar en medio de la oscuridad, sin otra luz que la de la propia entrega y confianza en Aquel a quien creemos. Todas las demás luces y certezas restan posibilidades a la fe.

Examen

  • ¿Cómo soportamos las dudas, las perplejidades, los desconciertos en la fe?
  • ¿Tenemos todavía la idea de que la fe nos va a evitar toda oscuridad?
  • ¿Mantenemos la fidelidad a pesar de la oscuridad?

Conversión

No medir nuestra fe por las dudas o las oscuridades, sino por la fidelidad a toda prueba.

Poner de verdad nuestra vida en las manos de Dios.

Invocación

  • Feliz tú, que has creído…
  • …ayúdanos a creer a pesar de las dificultades.

Oración

Dios, Padre nuestro: queremos entregamos a ti con una fe fuerte, inconmovible, serena y confiada, a pesar de la tentación y de la más dura oscuridad. De una fe así nos dio ejemplo tu Hijo, abandonado en la cruz, y María, su madre. Te damos gracias por su ejemplo y por tu gracia.

Cantos sugeridos

“Santa María del Amén”, de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.

“En el trabajo”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

Evangelii Gaudium – Francisco I

23. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión «esencialmente se configura como comunión misionera».[20] Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a «una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua y pueblo» (Ap 14,6).


[20] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 32: AAS 81 (1989), 451.

Homilía Domingo V de Pascua

Tiempo pascual. Cirio pascual encendido, símbolo de Jesucristo resucitado y vivo en medio de nosotros. Tres lecturas del Nuevo Testamento. Con la resurrección de Jesucristo han empezado los tiempos nuevos. El Antiguo Testamento ha preparado, pero ha quedado superado. Como en nosotros, cuando se da el verdadero encuentro con Jesucristo, sea la edad que sea, quedan superadas muchas cosas, muchas actitudes, incluso maneras de ser y de vivir distintas, otras inquietudes, otros valores.

La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos habla de la primitiva Iglesia. Con realismo, no oculta las dificultades, pero también nos dice cómo se va organizando y sus logros: la Palabra de Dios iba cundiendo y crecía mucho el número de discípulos. En cuanto a organización aparecen los distintos ministerios, distintas funciones, pero formando todos un sacerdocio sagrado. Y todo ello, como nos dice la primera lectura, para acercarse al Señor, la piedra angular y el que cree en ella no quedará defraudado. Y, como dice el evangelio, para acercarse al que es camino, verdad y vida.

También hoy la Iglesia, nuestra parroquia (colegio, templo, iglesia…) en concreto, tiene una organización, hay en ella diversos ministerios, hay muchos laicos que colaboran, para que también la Palabra de Dios siga cundiendo y aumente el número de discípulos, de seguidores de Jesús, camino, vedad y vida. Sería un día muy bueno para que cada parroquia pudiera presentar las distintas actividades que se realizan y quiénes son los responsables de las mismas. Aquí se sugieren, genéricamente, algunas de ellas.

En estos días se están teniendo (o se han tenido) las Primeras Comuniones. Durante dos-tres años, estos niños y niñas han tenido su catequesis semanal, en las que han participado un número importante de catequistas (distintos ministerios también). Han preparado las primeras confesiones. Para nosotros, los sacerdotes, no sabéis lo que supone poder escuchar: “es la primera vez que me con eso… Te pido que me perdones en nombre del Señor”. Nuevos discípulos, nuevos seguidores de Jesús, un poco más mayores y más conscientes que cuando fueron bautizados en la fe de sus padres.

Los padres, la familia también es un ministerio de esa iglesia doméstica, como parte importante de la iglesia parroquial y de la Iglesia universal. Los padres, con su palabra, pero sobre todo con su vida, han ido trasmitiendo la fe a sus hijos, les han hecho amigos de Jesús, les han mostrado sus valores evangélicos en los distintos acontecimientos de la vida. Un día, por la Con rmación, a la que también se les prepara en la parroquia, “recibirán la plenitud del Espíritu Santo, se acercarán al altar del Señor, participarán en la mesa de su sacrificio y lo invocarán como Padre en medio de la Iglesia” (del ritual del bautismo).

Podríamos hablar también de los distintos grupos de vida cristiana que hay en la parroquia: de jóvenes, de matrimonios, de mayores, de mujeres, etc…., en los que están involucrados laicos comprometidos que colaboran organizan, animan. Son también distintos ministerios, distintas funciones, que hoy, como en aquella primitiva Iglesia, hacen que siga cundiendo la Palabra de Dios y que crezca el número de discípulos.

Y no podemos olvidarnos de Caritas. La atención que se presta a los más necesitados de la parroquia, gracias a la generosidad y al voluntariado de muchos. Es la respuesta que daban también los primeros cristianos, como escuchábamos en la lectura de los Hechos de los Apóstoles. No querían desatender a los más vulnerables de la comunidad y les encargan de esta tarea de la caridad a “personas de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría”.

Podíamos continuar. Es una alegría experimentar que la Palabra de Dios que hemos proclamado hoy se cumple entre nosotros. Resuena en nuestros oídos y en nuestro corazón aquella palabra de Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Y las que hemos escuchado en el evangelio de hoy: «Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores.»

Hacer las obras de Jesús es señal de que para nosotros es camino, verdad y vida. Como nos decía el domingo pasado, él va delante de nosotros para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Y es, desde esta abundancia, desde donde nosotros podemos dar vida a otros. Vida espiritual y vida material, a través de los distintos ministerios y funciones que cada uno tenemos en la iglesia doméstica familiar y en la iglesia parroquial.

Acción de gracias desde lo profundo del corazón y una pregunta final, que cada uno debemos hacernos hoy: ¿Cuál es mi misión, mi ministerio, tenga la edad que tenga, dentro de esta Iglesia? Porque «también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacri cios espirituales que Dios acepta por Jesucristo» (segunda lectura).

Terminamos escuchando estas palabras alentadoras de la carta de San Pedro: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa». Elegidos, consagrados, adquiridos por Dios, para entrar en su luz maravillosa, que nos ilumina en el camino de nuestra vida para que nosotros también, a través de distintas funciones y ministerios en la Iglesia, podamos iluminar a otros. Que así sea.

Rafael Mateos Poggio, S.J.

Jn 14, 1-12 (Evangelio Domingo V de Pascua)

Durante la cena de Jesús con sus discípulos antes de la Pasión, además del gesto del lavatorio de los pies, destacan las palabras de Jesús a modo de despedida: los “discursos del adiós”. El primero de éstos (14,1-31; la delimitación es discutida) se centra en la partida de Jesús de este mundo y su regreso definitivo, anunciando el envío del Espíritu santo Paráclito, que permanecerá junto a los discípulos hasta el fin de los tiempos.

Los primeros versículos (2-4) están dominados por la dialéctica “ir – volver”: es el camino que Jesús va a realizar con la consumación en la cruz. Su muerte se entiende como la salida de este mundo para llegar a la gloria definitiva junto al Padre; es la entrada en una nueva realidad junto a Dios. Jesús termina así su existencia histórica junto a los discípulos.

La ida de Jesús al Padre se completa con el regreso junto a los discípulos como vía de acceso de éstos a la gloria de Dios («volveré y os llevaré conmigo»). La cruz (“ir” de este mundo) adquiere así un valor salvífico: a través de ella Jesús regala la vida plena y de nitiva a quienes le siguen. Este camino de “ida” no pone fin al seguimiento; su “vuelta” anuncia una nueva relación con Jesús y con Dios Padre.

La incomprensión de Tomás introduce una nueva explicación (lo mismo sucederá a continuación en el caso de Felipe). La imagen del camino da lugar a una declaración solemne: «yo soy el camino y la verdad y la vida». El “camino” del discípulo es el propio Jesús, única vía de acceso al Padre: «nadie va al Padre, sino por mí»; es la “verdad”, la revelación de nitiva de la realidad divina: el rostro misericordioso del Padre; es la “vida” que Dios regala al mundo a través de su entrega en la cruz.

A partir de esta auto-revelación cambia el vocabulario centrándose en verbos de “conocimiento”: «conocer – ver – creer». Jesús es el único y definitivo mediador entre Dios y el hombre: conocer a Jesús es conocer al Padre; ver a Jesús es ver al Padre. La encarnación es la manifestación de Dios que se da a conocer a la humanidad. Dios se ha hecho presente en el mundo en la realidad histórica de Jesús; por eso su destino es mostrar al mundo el rostro de Dios. Esta realidad solo puede ser comprendida por la fe.

La petición de Felipe facilita profundizar en esta enseñanza. Jesús se identifica completamente con el Padre, fruto de la relación de intimidad que existe entre ellos. El fundamento de la pretensión salvífica de Jesús se apoya en esta experiencia. Dios puede ser visto en Jesús porque «el Padre y yo somos uno». Esta identificación entre el Padre y el Hijo se manifiesta en la misión que éste ha recibido: sus palabras y sus obras son las del Padre; Jesús da a conocer el rostro de Dios a través de su vida terrena.

El acceso a esta experiencia solo se puede producir en la fe: fe en el Hijo y fe en el Padre; confianza absoluta de que en Jesús se ha dado a conocer el Padre. Esta realidad vincula fe y obras en la experiencia creyente: quien cree realizará las obras de Jesús en las que se seguirá manifestando el rostro de Dios; la revelación divina llevada a su plenitud en Cristo se prolonga en las acciones de los discípulos, en el obrar de las comunidades.

Óscar de la Fuente de la Fuente

1Pe 2, 4-9 (2ª lectura Domingo V de Pascua)

En nuestro recorrido pascual por la primera carta de Pedro, llegamos a este pasaje del capítulo 2 (un poco anterior al que escuchábamos el domingo pasado), que constituye una reflexión sobre la Iglesia. Esta reflexión se construye a partir del contraste con diversas realidades del Antiguo Testamento, mencionadas implícita o explícitamente.

El texto comienza hablando de Cristo como «piedra viva rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa para Dios». Se alude aquí a Sal 118, 22 (el pasaje del Antiguo Testamento más veces mencionado en el Nuevo) y a Is 28,16 (ambos se citarán literalmente unos versículos más adelante), pero, al añadir el adjetivo «viva», se está subrayando la condición sucristo. Acercándonos a él, piedra viva, los cristianos nos convertimos también en «piedras vivas», partícipes de los frutos de su resurrección.

Los creyentes, como piedras vivas, estamos llamados a participar en la construcción de una «casa espiritual» («casa» era una palabra habitual en el judaísmo para referirse al templo de Jerusalén) para un «sacerdocio santo» (recuérdese que el término «sacerdocio» en el Nuevo Testamento alude siempre o bien al sacerdocio de Cristo o bien, como aquí, al sacerdocio común de los bautizados, no al ministerio ordenado), con el fin de «ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo».

Como puede verse, en este párrafo el autor ha presentado la nueva realidad de la Iglesia, que se va configurando en las diversas comunidades cristianas extendidas por la cuenca oriental del Mediterráneo, comparándola con la antigua alianza a través de una serie de antítesis: templo de Jerusalén / «casa espiritual» de piedras vivas, sacerdocio levítico / «sacerdocio santo» de los bautizados, sacrificios cultuales judíos / «sacrificios espirituales agradables a Dios».

En los versículos siguientes se acude al argumento de la Escritura, haciendo confluir tres pasajes diferentes del Antiguo Testamento. Jesucristo es la «piedra angular, elegida y preciosa» (Is 28,16), fundamento seguro para los que creen en él, pero para los que no creen es «la piedra que rechazaron los constructores» (Sal 118,22), convertida en «piedra de choque y roca de estrellarse» (Is 8,14), con la que «ellos» (probablemente hay que entender: los judíos que no han aceptado el mensaje de Jesús) «chocan al despreciar la palabra».

En el versículo 9 se aplica a la Iglesia, a modo de conclusión, otra serie de alusiones bíblicas (Is 43,20s y Ex 19,5s): «… sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios». El nuevo «pueblo elegido» recibe su unidad no de un vínculo racial, como el Israel de la antigua alianza, sino de su pertenencia a Cristo, la piedra viva. Y la misión de este nuevo pueblo de Dios es anunciar a la humanidad «las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa» (cf. Col 1,12-13), irradiar al mundo la luz del Resucitado.

José Luis Vázquez Pérez, S.J.

Hech 6, 1-7 (1ª lectura Domingo V de Pascua)

Este episodio sobre la organización de la comunidad concluye la primera parte del libro de Hch 1,1-6,7 que presenta el testimonio primigenio vinculado a los apóstoles en Jerusalén. Antes de proseguir con la misión, extendiéndose primero a Judea y Samaría (Hch 6,8-9,31) y de ahí progresivamente, hasta los con nes de la tierra (9,32-28,31), se fijan los criterios y la estructura de la nueva comunidad surgida y consolidada tras la Resurrección y Pentecostés. En la base del relato se entremezclan dos tradiciones distintas con apoyo histórico: por una parte, la puesta en marcha del encargo diaconal, como servicio y ministerio asistencial, en el contexto de situaciones de precariedad dentro de las comunidades primitivas. Y por otra parte, el surgimiento de una dirección propia dentro del grupo llamado de los helenistas (creyentes de origen judío, pero de la diáspora israelita).

La narración introduce un toque de realismo en la idílica comunidad primitiva tal y como se había presentado hasta este momento. De forma abrupta, y hasta cierto punto literariamente de forma sorpresiva e incoherente, aparecen problemas dentro de la comunidad, en concreto: la existencia de dos grupos con distanciamiento entre ellos (los de lengua griega y los de lengua hebrea, aunque lógicamente las diferencias abarcaban más allá de lo lingüístico a toda una visión cultural y en parte religiosa) y la desatención de las viudas, en una comunidad presentada hasta ahora como ideal en la que se compartían los bienes. Se anticipa ya la división o las dificultades con distintas comprensiones dentro del movimiento de Jesús (que se hará más visible en la polémica sobre “apertura a los gentiles” Hch 15,1-33).

La confluencia de ambas tradiciones aparece al denunciar la causa de disensión entre ambos grupos en la falta de atención a las viudas (como caso paradigmático de colectivo vulnerable). Pero en la fusión aparentemente descuidada de ambas tradiciones, la solución propuesta tampoco es del todo congruente, pues en la elección de los siete “diáconos” para el servicio caritativo –de la administración y atención de las viudas– se nombran a personajes como Esteban y Felipe que posteriormente en el libro de Hch encontraremos que se dedican a dar testimonio, es decir al servicio de la palabra (en concreto el próximo domingo leeremos la “predicación de Felipe”). Bajo lo que parece ser un problema de organización, el autor de Hch presenta un problema de mayor calado: ¿puede una comunidad cristiana ser tal desatendiendo a los que pasan necesidad? ¿Puede una comunidad cristiana “servir a la palabra” y “desatender a las viudas”? De ambas cosas se dice que es servicio (diakonía): servicio de la Palabra (v.4), servicio de las mesas (v.2).

Pensar que el crecimiento de la comunidad y el desarrollo de la misión carecerán de problemas y desórdenes parece ficticio, lo cual sigue siendo válido para nuestros días. Sin renunciar a ese ideal de la comunidad hay que contar con las “disfunciones” del grupo humano que tiene que llevar adelante la misión, sin descuidar ninguna de sus dimensiones. Este pasaje ya nos alerta que los problemas vendrán, las incongruencias o incoherencias están o estarán presentes, y no solo literariamente; la cuestión es cómo buscarles salida. El texto pone en la pista para encontrar solución a los problemas y las tensiones que puedan surgir: desde la clave del servicio, sea el que sea el ministerio o encargo que se asuma.

José Javier Pardo Izal, S.J.

Comentario al evangelio (8 de mayo)

Las dos lecturas, que nos propone la liturgia de hoy, terminan casi de la misma manera: siendo un canto a la vida. No podía ser de otra manera mejor al comienzo de semana, dado el tiempo pascual que estamos celebrando. El evangelio pone en labios de Jesús, lo que ha sido la experiencia de los primeros discípulos. En Jesús ellos han experimentado la vida en abundancia que se les ha acercado y se les ha hecho presente. Si ha ocurrido así, es porque, como dice Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. Es la misma experiencia que han gustado otros discípulos después de ellos. Según la lectura de los Hechos de los Apóstoles, “también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida”.

¡Qué gozo! ¡Qué alegría! Que allí donde está Dios y su enviado Jesús, el crucificado resucitado, allí se está venciendo permanentemente la muerte y está floreciendo, en eterna primavera, la vida de los hombres y la vida en plenitud… ¡Qué maravilla y qué fuente de esperanza para los discípulos! Dónde están los ídolos, está la muerte; dónde está Dios y el verdadero Pastor de las ovejas, está la vida.

Ésta es la experiencia de los discípulos de todos los tiempos. ¡Ojalá sea también un criterio para discernir dónde está Dios y dónde no está! Porque, si donde está Dios, está la vida, venciendo a la muerte, también donde está la vida, aunque sea de manera incipiente, allí está Dios, así como allí donde está la muerte, allí no está Dios. Hay que ser creyentes en el Dios vivo y dador de vida. Y hay que apostar por la vida de los hombres, preferentemente por la de aquellos que la tienen más amenazada, frente al imperio de la muerte, si se quiere dar culto al Dios Vivo en el seguimiento del Pastor de las ovejas. El culto que da gloria a Dios es aquel que procura, por todos los medios, que el hombre viva.

Al leer los textos de hoy, se me ha venido a la memoria el texto del Deuteronomio: “Te pongo delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jahvé tu Dios, escuchando su voz, apegándote a Él, pues en eso está tu vida” (Deut 30, 19-20).

José Vico Peinado cmf