Vísperas – Miércoles IV de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La noche será clara como el día. Aleluya.

Salmo 138, 1-18. 23-24 – I TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE DIOS.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La noche será clara como el día. Aleluya.

Ant 2. Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí. Aleluya.

Salmo 138 II

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has formado portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí. Aleluya.

Ant 3. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos. Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, y digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús, resucitándolo de entre los muertos,
convierte nuestros corazones, para que vivamos la nueva vida de tu Hijo resucitado.

Tú que nos has devuelto al Pastor y guardián de nuestras vidas, cuando éramos ovejas descarriadas,
consérvanos en fidelidad a tu Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
revela a los hijos de este pueblo el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
y no permitas que vivan en la soledad los que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamaste a ti a Esteban, el cual confesó que Jesús estaba a tu derecha,
recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó el mismo Jesús:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, vida de los creyentes, gloria de los humildes, felicidad de los justos, atiende benignamente a nuestras súplicas y haz que quienes deseamos ardientemente el cumplimiento de tus promesas seamos siempre colmados por la abundancia de tus beneficios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 10 de mayo

Lectio: Miércoles, 10 Mayo, 2017
Tiempo de Pascua
 
1) Oración inicial
Señor, tú que eres la vida de los fieles, la gloria de los humildes y la felicidad de los santos, escucha nuestras súplicas y sacia con la abundancia de tus dones a los que tienen sed de tus promesas. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 12,44-50
Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae la parte final del Libro de las Señales, en la cual el evangelista hace un balance. Muchos creen en Jesús y tienen el valor de manifestar su fe públicamente. Otros discípulos creyeron, pero no tuvieron el valor de manifestar públicamente su fe. Tenían miedo a ser expulsados de la sinagoga. Y muchos no creyeron: “Después de tantas señales que había hecho delante de ellos, no creyeron en él. Así se cumplió la palabra dicha por el profeta Isaías: “Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién descubriste los secretos de nuestra salvación?” (Jn 12,37-38). Después de esta constatación general, Juan vuelve a tomar algunos temas centrales de su evangelio:
• Juan 12,44-45: Creer en Jesús es creer en aquel que le ha enviado. Esta frase es un resumen del evangelio de Juan. Es un tema que aparece y reaparece de muchas maneras. Jesús está tan unido al Padre, que ya no habla en su nombre, sino que siempre habla en nombre del Padre. Quien ve a Jesús, ve al Padre. Si se quiere conocer a Dios, hay que mirar a Jesús. ¡Dios es Jesús!
• Juan 12,46: Jesús es la luz que vino al mundo. Aquí Juan retoma lo que había dicho en el prólogo: “El verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9). “La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no pudieron vencerla” (Jn 1,5). Aquí él repite: “Yo vine al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mí no siga en las tinieblas”. Jesús es una respuesta vital a los grandes interrogantes que mueven e inspiran la búsqueda del ser humano. Es una luz que aclara el horizonte. Hace descubrir el lado luminoso de la oscuridad de la fe.
• Juan 12,47-48: No vine para juzgar al mundo. Llegando al final de una etapa, surge la pregunta: “¿Cómo va a ser el juicio? En estos dos versículos el evangelista aclara el tema del juicio. El juicio no se hace con amenazas de maldiciones. Jesús dice: Yo no condeno quien oye mis palabras y no obedece a mis palabras, porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvar al mundo. Quien me rechaza y no acepta mis palabras, ya tiene su juez: la palabra que yo hablé será su juez en el último día. El juicio consiste en la manera en que la persona se define ante la verdad y ante su propia conciencia.
• Juan 13,49-50: Lo que digo, lo digo según el Padre me dice. Las últimas palabras del Libro de las Señales son un resumen de todo que Jesús dice y hace hasta ahora. El reafirma lo que afirmaba desde el comienzo: “Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.» Jesús es el reflejo fiel del Padre. Por esto mismo, no ofrece prueba ni argumento a los que le provocan para que se legitime y presente sus credenciales. Es el Padre quien lo legitima a través de las obras que él hace. Y diciendo obras, no se refiere sólo a los grandes milagros, sino a todo lo que él dice y hace, hasta en las más mínimas cosas. Jesús, él mismo, es Señal del Padre. El es el milagro ambulante, la transparencia total. El ya no se pertenece, sino que es enteramente propiedad del Padre. Las credenciales de un embajador no vienen de él, sino que vienen de aquel que le presenta. Vienen del Padre.
 
4) Para una relación personal
• Juan hace un balance de la actividad reveladora de Jesús. Si yo hiciera un balance de mi vida, ¿qué habría de positivo en mí?
• ¿Hay algo en mí que me condena?
 
5) Oración final
¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,
que todos los pueblos te den gracias!
Que se alegren y exulten las naciones,
pues juzgas al mundo con justicia,
con equidad juzgas a los pueblos,
gobiernas las naciones de la tierra. (Sal 67,4-5)

No perdáis la calma

Siempre nos invitas, Jesús, al sosiego,
a la serenidad, a dejar de agitarnos.
Tú tienes esa maravillosa capacidad
de calmarnos de nuestras prisas.
Nosotros corremos, vamos y venimos,
llenamos la agenda, hacemos mil planes,
nos inventamos continuas actividades…
¡Tenemos miedo! Vivimos nerviosos,
impacientes, desconfiados, preocupados.
Y tú nos dices: No estéis agitados;
fiaos de Dios y fiaos de mí.

Tú estás con nosotros, te sentimos por dentro
en el momento en que te buscamos.
Nos sales al encuentro por todos los rincones
para marcarnos el camino,
para indicarnos la manera de conseguir esa Vida
que tú eres… porque nosotros,
a veces, vivimos en un sin vivir.
Tú nos llevas de la mano porque
eres el camino, la verdad y la VIDA.
Tu salvación es un regalo para nosotros.
Nos has preparado un sitio en la casa del Padre,
donde hay muchas moradas,
como hay muchas formas distintas de estar en este mundo.

Nosotros queremos vivir a tu estilo,
en el trabajo, en la familia o en la calle,
queremos también ir preparando la morada
para todos los hermanos,
y no descansaremos hasta que todo el mundo viva bien,
hasta que la justicia reine en toda la tierra y entonces ésta será tu reino.
Tú eres nuestra única verdad, Señor, aunque gastamos
horas y horas de charla para demostrar que tenemos razón,
todo lo anterior se vuelve pequeño cuando nos ponemos en tu presencia
y sentimos que eres nuestra única verdad,
lo que da auténtico sentido a nuestra existencia,
lo que calma nuestros desasosiegos y ansiedades, deseos y sueños.
Contigo nada nos turba, nada tememos y tu confianza nos envuelve.

María, pobre

Palabra de Dios

Lc 2, 1-7: No hubo para ellos sitio en la posada.

Flp 2, 5-8: Tened la actitud de Cristo Jesús, que tomó la condición de esclavo.

Texto antológico

“La cueva no tenía más higiene
que el viento de la noche.
Dios tuvo un vecindario
de pobres amhaares.
-Vallecas o Belén. Belén o Harlem.
Belén o las favelas…-
Tú tenías apenas las dos manos
para alternar con ellas el pesebre.
Las ricas caravanas llegaban siempre a punto.
Vosotros llegaríais con las puertas cerradas.
No hubo piso en Belén;
ni hubo piso en Egipto,
y no hay piso en Madrid para vosotros.
José estará de paro forzoso muchos días.
Después tendrá, por fin,
unas chapuzas de esperanza en madera.
(Quizá abrirá zanjas, sin subsidios).
Hebreos sospechosos en un barrio de Egipto acorralado,
viviréis al contado de la suerte como viven las aves.
El Nilo gastará, día tras día,
la piel y la hermosura de tus manos anónimas,
sangre del rey David venida a menos.
Y el Niño crecerá sin más escuelas
que la lección del sol y tu palabra.
Vecina del pecado y la vergüenza,
con el Verbo hecho carne
que habita entre nosotros,
tú has instalado a Dios en el suburbio humano…”

Pedro Casaldáliga

Reflexión

Se impone una reflexión sencilla: Jesús y María fueron pobres, y eso significa algo.

Caigamos explícitamente en la cuenta de que Jesús y María fueron pobres. Pertenecieron a la clase social de los pobres. No fueron ricos. No estuvieron entre los grupos dominantes, adinerados, cultos, privilegiados, admirados y prestigiados. Nazaret no era sino un miserable caserío. José no era terrateniente ni tenía un puesto envidiable en la escala social. Y la vida que llevaba la familia de Jesús era una vida de pobres.

Y en aquella sociedad, como en todas, la pobreza no era una simple fatalidad inevitable. Había también entonces estructuras económicas que producen empobrecidos, la clase de los pobres.

Hay quienes prescinden de estos datos. En su espiritualidad, sacan a Jesús y a María de su condición social concreta. Tienen miedo a tocar estos temas. Tienen interés por minusvalorarlos. Quieren hacerlos insignificantes, no significativos.

Pero fue Dios mismo quien los hizo significativos en su encarnación. Los hizo palabra de Dios. Dios nos habla en todo ello. No dejemos de analizar, estudiar, escuchar esta Palabra.

Examen

  • ¿Escamoteamos el tema de la pobreza en nuestra representación de Jesús, de María, en nuestra espiritualidad, en nuestra ética cristiana?
  • ¿Qué postura tenemos frente a la pobreza? ¿O no tenemos ninguna postura reconocida? ¿La confrontamos con la del evangelio?
  • ¿Somos de los que hacemos insignificante la pobreza que Dios escogió para su encarnación?
  • ¿Qué nos dice la pobreza de Jesús y de María frente a nuestro nivel de vida?
  • ¿Qué postura, mentalidad o ideología se esconde detrás de nuestras visiones de la pobreza?

Conversión

  • Valorar la pobreza.
  • Abrir los ojos críticamente al tema de la pobreza, sus causas, sus estructuras.
  • Escuchar lo que nos dice Dios en la pobreza de Jesús y de María.
  • Escuchar el grito de Dios en las mayorías empobrecidas de nuestro planeta.

Invocación

  • Madre de Jesús, pobre entre los pobres…
  • …haznos seguir a Jesús pobre.

Oración

Padre: tu hijo se ha hecho hombre no de un modo abstracto, sino concretamente en la pobreza y en la clase de los pobres, y María fue quien le ofreció esa posibilidad. Haz que al seguir a Jesús no escamoteemos esta palabra mayor que él nos dirige desde el misterio de su encarnación.

Cantos sugeridos

“Madre de los pobres”, de C. Gabaráin, en María siempre.

“El reino de los pobres”, de G. Ferrero, en Madre de todos.

Evangelii Gaudium – Francisco I

Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar

24. La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar». La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.

Comentario Domingo V de Pascua

Jn 14, 1-12

«1‘No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no ¿os habría dicho que me voy a prepararos un sitio? 3Y cuando vaya y os prepare un sitio, volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy también vosotros estéis 4y adonde yo voy, ya sabéis el camino’.

5Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?’. 6Le dice Jesús: ‘Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, también a mi Padre conoceríais. Y ahora ya lo conocéis y lo habéis visto’.

8Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta. 9Le dice Jesús: ‘¿Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? 10¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que yo os digo no lo hablo por mí mismo, sino que el Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed por las obras.

12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y hará mayores aún, que yo voy al Padre’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

 

CONTEXTO

La escena se desarrolla en un contexto alarmante y duro: Jesús anuncia primero la traición de Judas (Jn 13,21-30) y luego la negación de Pedro (13,38). Jesús pronuncia estás palabras de consuelo, pese a que está conmovido por la realidad dolorosa de la traición y negación de los suyos. Además, a la traición y la negación, se añade la incomprensión: a Jesús no le comprende ni Tomás ni Felipe. Sin embargo, en medio de ese ambiente desolador, Jesús plantea a los discípulos todo un reto: “Creed en Dios, creed en mí”. Aunque todo les parezca oscuro e incierto a los discípulos, Jesús les ofrece un doble apoyo en el Padre y en Él. En ese contexto de despedida, donde se registra la traición, la negación, la incomprensión y el abandono, Jesús no rompe la vinculación con sus discípulos. El texto con el que Jesús responde a Felipe continúa hasta el v. 21. Después intervendrá el otro Judas y la respuesta de Jesús ocupará todo el resto del capítulo 14, que termina con un “levantaos, vámonos de aquí” (14,31).

 

 

TEXTO

Aunque el texto del evangelio no forma propiamente una perícopa, sí lo podemos estructurar en 4 partes: la parte central (vv. 5-11) está enmarcada por una introducción y una conclusión. La introducción presenta el tema principal del evangelio: creer en Dios Padre y en Jesús (vv. 1-4); en ella aparece dos veces “yo/me voy” (vv. 2.4), que hace inclusión con el “yo voy” del v. 12. Este versículo 12 forma la “conclusión” del texto. Estamos en el discurso de despedida de Jesús y ese “irse” hace de marco al núcleo textual. Dicho núcleo central (vv. 5-11) puede dividirse, a su vez, en dos partes: la intervención de Tomás y respuesta de Jesús (vv. 5-7), en clave de incomprensión (“ya sabéis” dice Jesús; “no sabemos” dice Tomás); y la intervención de Felipe y respuesta de Jesús (vv. 8-11), en la misma clave de incomprensión (“conocer”/“no conocer”).

 

ELEMENTOS INTERESANTES

• La actitud discipular fundante: la fe. En este contexto, como en general en el NT, fe es confianza radical en Jesús y en Dios Padre. Jesús indica con claridad su don y su tarea: preparar un sitio en la casa del Padre para llevar a cada discípulo y a todos ellos a dichas estancias. No nos deja de la mano; al revés, estamos en las suyas. ¿Es nuestra fe en Jesús y en Dios un entregarnos confiadamente a ellos?

• Estas afirmaciones de Jesús son tanto más sorprendentes cuanto que apenas ha anunciado la traición de Judas, la negación de Pedro; apenas vamos a comprobar la incomprensión de Tomás y Felipe…; pero es a ese grupo de discípulos precisamente al que se les promete la vida en comunidad con Dios. La bondad de Jesús sobrepasa cualquier límite ¿la nuestra?

• La ignorancia de Tomás (“No sabemos a dónde vas”) permite a Jesús realizar otra afirmación extraordinaria, del gusto del evangelista Juan (los dichos “Yo-soy”, que ya aparecían el domingo pasado: “Yo soy la puerta”): “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Esta clara identidad nos habla de la grandeza de Jesús, que aparece con el “nombre” de Dios en el AT (“Yo soy el que soy”). El que sabe lo que es tiene fuerza para afrontar la vida: Jesús nos enseña que la fuerza está en saber lo que uno es. Cuanto más nos acercamos a Jesús, más se configura nuestra propia identidad y mejor nos capacita para vivir cabalmente.

• La ignorancia de Felipe (“Muéstranos al Padre”) permite a Jesús aclarar su íntima relación con el Padre. El secreto de la fuerza y la audacia de Jesús es su comunión con el Padre: “estar en el Padre”, “decir las palabras del Padre”, “hacer las obras del Padre”. En su ser, decir y hacer Jesús es reflejo nítido del Padre. ¿Cómo hacer nuestra esta experiencia de Jesús con el Padre?

 

Oración para disponer el corazón

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy el pan de vida”: Sacia nuestra hambre y sed de vida y vida en plenitud.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy la luz del mundo”: Disipa las tinieblas de nuestro pecado, que tu luz nos envuelva,
nos llene y nos transforme la vida.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy la puerta”: Sé para nosotros la puerta permanente que nos permita entrar en la casa del Padre.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy el buen pastor y doy la vida por mis ovejas”: Enséñanos a entregar nuestra vida por el bien de los hermanos, con generosidad y alegría.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy la resurrección y la vida”:Visita nuestras tumbas e inúndalas de los rayos luminosos de tu vida. Capacítanos para abandonar cualquier situación de muerte que niegue tu vida en nosotros.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy el camino, la verdad y la vida”: Frente a tantas propuestas y caminos, ayúdanos a permanecer en Ti, y a caminar con entusiasmo hacia el Padre.

Maestro Divino, tú has dicho: “Yo Soy la vid verdadera, quien permanece en mí, dará mucho fruto”: Ayúdanos a permanecer en ti, para encontrar cada día nuestra identidad más profunda y vivir según ella.

Maestro Divino, que en ti descansemos y encontremos serenidad, paz y plenitud en medio de las dificultades de cada día. Amén.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo V de Pascua

5º domingo de Pascua
14 mayo 2017

Lecturas: Hechos 6, 1-7; Salmo 32; 1 Pedro 2, 4-9; Juan 14, 1-12

Jesús, el camino al Padre

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: “Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen”. Pero el funcionario del rey insistió: “Señor, ven antes de que mi muchachito muera”. Jesús le contestó: “Vete, tu hijo ya está sano”.

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él le preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: “Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre”. El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.

Éste fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea. (Juan 14, 1-12)

Reflexión

A pesar de las dificultades y sombras del camino, sabemos que Dios camina con nosotros.
¿Hay algo que les preocupa que quieran contarle a Jesús? ¿Alguna vez te sientes confundido y no sabes qué hacer? ¿Cómo te sientes al escuchar las palabras de Jesús?
¿Han salido de viaje con sus padres? ¿Qué preparativos han hecho? ¿Piensan en las cosas que deben llevar? Alguna vez han salido sin saber dónde irían? Cuando Jesús dice que Él es el camino hacia Dios, ¿Qué piensan que sería necesario preparar para este viaje? Compartir

Actividad

Preparar unas tarjetas con los títulos que se identifican a Jesús.

  1. Yo soy el pan de vida—Juan 6, 28-40
  2. Yo soy la luz del mundo—Juan 8,8-19
  3. Yo soy la puerta por donde deben entrar las ovejas -Juan 10, 7-16
  4. Yo soy el camino, la verdad y la vida -Juan 11,17-28
  5. Y o soy la vid—Juan 15, 1-17

Llevar otras tarjetas en blanco
Reunir en círculo al grupo. Colocar las tarjetas con el mensaje bíblico de una forma visible para que todos la puedan leer.

Formar cinco grupos donde cada uno escoge el titulo más significativo para cada quien. Ya en los distintos grupos leer el pasaje bíblico y dejar que el mensaje le llegue al corazón.

Escribir en la tarjeta en blanco un título que lo identifique para realizar su misión como cristiano. Ejemplo:

“Yo soy evangelizador de niños. “En un círculo todos juntos comparten porque escogieron ese título. Unir las manos y terminar con una oración

Oración
Señor, a veces la vida se nos hace difícil y no sabemos qué camino seguir. Gracias por tu promesa de caminar con nosotros, guiándonos y siendo tú mismo el camino de amor, de perdón, de apoyo mutuo, de esperanza y de alegría. Confiamos en ti porque nos llevas a un lugar seguro. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo V de Pascua

Cristo habla con sus amigos. Sabe que les preocupan muchas cosas y que vendrán momentos de prueba en los que la desesperación les puede arrebatar su fe y con ella, su paz. Por eso les pide creer en Él. Les comunica que Él los llevará a “la casa de su Padre”, a través de cumplir su palabra, pues él es “el camino, la verdad y la vida”. Al verlo a él, ya están viendo al Padre: su amor, su bondad, su solidaridad con los que sufren, con los pobres, con los enfermos… ¡así es el Padre! Y es el Padre mismo quien actúa en Jesucristo.

A veces nosotros también quisiéramos ver a Dios y recuperar nuestra paz. Nos olvidamos que a Dios lo encontramos en todas las personas que nos rodean. Si en ellos logramos ver a Cristo, nuestro trato será diferente; sabremos sentir su dolor, sus carencias y responder a ellas con nuestra ayuda y solidaridad.

Así, sin darnos cuenta, al darnos a los demás estaremos llenándonos de una paz inmensa. Y lo mejor: en nuestra conducta otros verán a Dios. Todo esto lo lograremos con ayuda de Jesús, quien nos alimenta para amar a través de su palabra y de los sacramentos. Por eso Jesús hoy nos recuerda: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

¡Reconozcamos a Cristo en todos los que nos rodean y hagamos que otros lo descubran en nuestra conducta!

De la gente que me rodea, ¿en quiénes me cuesta más trabajo ver a Jesucristo?

Comentario al evangelio – 10 de mayo

Hoy, cuando he leído el evangelio, me he sentido profundamente interpelado. Dice Jesús que no ha venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. Y yo muchas veces, en nombre propio y en el de Jesús, me vuelvo intolerante y hago las veces de juez de todos. ¡Cuanto me gustaría cambiar mis actitudes de intolerancia geniuda y adusta por actitudes de benignidad y de misericordia! ¡Cuanto me gustaría apropiarme del talante de quien sabe excusar la intención, cuando no puede justificar las obras! En otros términos: ¡Cuanto me gustaría ganar en bondad de corazón, siendo instrumento de salvación, de paz y de reconciliación! Ya sé que no se trata de ser un bonachón de manga ancha. Pero entre la aceptación del todo vale y la cara de vinagre, de quien se considera gendarme de la ortodoxia, hay muchas zonas válidas e igualmente equidistantes. En ellas se expresa el cariño, la ternura y el amor al otro y la dedicación a hacerle feliz.

De todas maneras, me gustaría que estas actitudes no fueran sólo mías. No tengo vocación para ser un mirlo blanco. Más bien, tengo vocación comunitaria. Y sé que la comunidad no es sólo para gozarla, sino también para crearla. En este sentido, me gustaría también contribuir a que mi comunidad humana y cristiana no fuera un saco de cuernos, sino un lugar hogareño de comprensión y de ayuda mutua. Quisiera posibilitar que el mundo en que vivo no fuera inhóspito campo de batallas, sino patria acogedora para quienes hemos sido llamados a vivir en él. Sueño en que superada la sospecha, en todos los ámbitos, las relaciones humanas -individuales, regionales, nacionales e internacionales, interculturales e interreligiosas- se puedan vivir desde la escucha activa del otro y en la confianza mutua. Que no se vuelva a repetir esa insolidaridad que se expresa con aquello de que los problemas de los demás son sus problemas. Sueño con gestar una estructura eclesial, política, económica y social más samaritana, ocupada en atender  a quienes han caído en manos de ladrones y en sanear los caminos de la presencia de los ladrones.

Me han dicho que éste es un planteamiento utópico. Probablemente. A mí no me importa que sea utópico, con tal de que haya en él una pizca de realismo para que no entre en el saco de las quimeras imposibles; y, también con tal de que pueda convertirse en posible camino de salvación para el mundo. En mis avances y retrocesos, en mis caídas y levantadas estoy dispuesto a recorrerlo. ¿Os animáis a venir?

José Vico Peinado cmf