Vísperas – Jueves IV de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Salmo 143 I – ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Ant 2. Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Salmo 143 II

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Ant 3. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

PRECES

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y primicia de la humanidad resucitada, y aclamémoslo, suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

Señor Jesús, tú que, por tu propia sangre y por tu resurrección, penetraste en el santuario de Dios,
llévanos contigo al reino del Padre.

Tú que, por tu resurrección, robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste a anunciar el Evangelio al mundo,
haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.

Tú que, por tu resurrección, eres nuestra reconciliación y nuestra paz,
haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

Tú que, por tu resurrección, diste la salud, al tullido del templo,
mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por tu resurrección, fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,
haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios nuestro, que al restaurar la naturaleza humana le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes, mantén siempre tus inefables designios de amor hacia nosotros, y conserva en quienes hemos renacido por el bautismo los dones que de tu bondad hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 11 de mayo

Lectio: Jueves, 11 Mayo, 2017

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, que has restaurado la naturaleza humana elevándola sobre su condición original; no olvides tus inefables designios de amor y conserva en quienes han renacido por el bautismo los dones que tan generosamente han recibido. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 13,16-20

«En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. «Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. «Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe, me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a aquel que me ha enviado.»

3) REFLEXIÓN

• A partir de hoy, para tres semanas, todos los días, excepto las fiestas, el evangelio del día está sacado de la larga conversación de Jesús con los discípulos durante la Ultima Cena (Jn de 13 a 17). En estos cinco capítulos, que describen la despedida de Jesús, se percibe la presencia de los tres hilos de los que hablamos anteriormente y que tejen y componen el evangelio de Juan: la palabra de Jesús, la palabra de las comunidades y la palabra del evangelista que hizo la última redacción del Cuarto Evangelio. En estos cinco capítulos, los tres hilos están de tal manera entrelazados que el todo se presenta como una pieza única de rara belleza e inspiración, en la que es difícil distinguir lo que es del uno y lo que es del otro, pero en el cual todo es Palabra de Dios para nosotros.

• Estos cinco capítulos traen la conversación que Jesús tuvo con sus amigos, en vísperas de ser detenido y condenado a muerte. Era una conversación amistosa, que queda en la memoria del Discípulo Amado. Jesús, así parece, quería prolongar al máximo ese último encuentro, momento de mucha intimidad. Lo mismo acontece hoy. Hay conversación y conversación. Hay conversaciones superficiales en las que se gastan palabras y que revelan el vacío de las personas. Y hay conversaciones que van al fondo del corazón y quedan en la memoria. Todos nosotros, de vez en cuando, tenemos estos momentos de convivencia amistosa, que dilatan el corazón y se convierten en fuerza en la hora de las dificultades. Ayudan a tener confianza y a vencer el miedo.

• Los cinco versículos del Evangelio de hoy sacan dos conclusiones del lavatorio de los pies (Jn 13,1-15). Hablan (a) del servicio como característica principal de los seguidores de Jesús, y (b) de la a identidad de Jesús como revelación del Padre.

• Juan 13,16-17: No es más el siervo que su amo. Jesús acaba de lavar los pies a sus discípulos. Pedro se asusta y no quiere que Jesús le lave los pies. “Si no te lavo los pies, no podrás compartir conmigo” (Jn 13,8). Y basta lavar los pies; el resto no necesita ser lavado (Jn 13,10). El valor simbólico del gesto del lavatorio consistía en aceptar a Jesús que se entrega a sí mismo por los demás, y no aceptar a un mesías rey glorioso. Esta entrega de sí como siervo de todos es la llave para entender el gesto del lavatorio. Entender esto es la raíz de la felicidad de una persona: “Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís”. Pero había personas, también entre los discípulos, que no aceptaban a Jesús como Mesías Siervo. No querían ser siervos de otros. Probablemente, querían un mesías glorioso como Rey y Juez, según la ideología oficial. Jesús dice:”No me refiero a todos vosotros. Yo conozco a los que he elegido, pero tenía que cumplirse la Escritura: ¡El que come mi pan, ha alzado contra mi su talón!” Juan se refiere a Judas, cuya traición va a ser anunciada inmediatamente después (Jn 13,21-30).

• Juan 13,18-20: Digo esto desde ahora, para que creáis que YO SOY. Fue en ocasión de la liberación de Egipto a los pies del Monte Sínai, que Dios reveló su nombre a Moisés: “¡Estoy con vosotros!” (Es 3,12), “Yo soy el que soy” (Ex 3,14), “Estoy” o “Yo soy” me mandó a vosotros” (Ex 3,14). El nombre Yahvé (Ex 3,15) expresa la certeza absoluta de la presencia libertadora de Dios junto con su pueblo. De muchas maneras y en muchas ocasiones Jesús usa esta misma expresión Yo soy o Soy yo (Jn 8,24; 8,28; 8,58; Jo 6,20; 18,5.8; Mc 14,62; Lc 22,70). Jesús es la presencia del rostro libertador de Dios en medio de nosotros.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• El siervo no es mayor que su señor. ¿Cómo hago de mi vida un servicio permanente a los otros?

• Jesús sabe convivir con las personas que no lo aceptaban. ¿Yo lo consigo?

5) ORACIÓN FINAL

Cantaré por siempre el amor de Yahvé,
anunciaré tu lealtad de edad en edad.
Dije: «Firme está por siempre el amor,
en ellos cimentada tu lealtad.» (Sal 89,2-3)

¡Cuánto tenemos que aprender de Ti!

Tú ofreces tu casa solariega a toda la gente que anda
a la intemperie por los caminos de la vida,
Tú eres amigo de acoger sin preguntar,
ofreciendo, primero, el calor de tu abrazo,
la ternura de tu amistad y las viandas de tu amor.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!
Tú has reservado un cuarto para cada uno,
respetando nuestro ser y nuestras manías,
apreciando nuestra voz y decisión,
provocando nuestra responsabilidad.
Tú guardas siempre el mejor sitio, el más tranquilo,
el mejor amueblado para el más pobre y pequeño,
para el más marcado por la vida.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!
Tú nos recuerdas cada día la infinidad de personas
que tenemos huérfanas de casa y pan,
huérfanas de presente y porvenir,
siendo que tu sueño primero fue
un hogar amplio, cálido y común
donde podamos vivir el gozo de la hermandad,
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!
Tú no te quedas parado.
Reclamas nuestra colaboración para esa tarea,
sublime y elemental, de dar a cada persona
un cuartito en esa casa grande,
tu casa solariega, que es la humanidad.
¡Cuánto tenemos que aprender de ti!

                                                                                 Ulibarri, FI.

María y José fueron refugiados

Palabra de Dios

Mt 2, 13-18: Herodes buscará al niño para matarlo.

Texto antológico

“¿Cómo se manifestará en la vida de María la espada anunciada por Simeón? Después de la presentación en el templo, donde la consagración del primogénito y el sacrificio de holocausto han tenido el sentido indicado por Simeón: excelente acción de gracias y despojo personal para permitir que se cumpla la misión del Siervo-sufriente, María y José no tardarán en sentir la impresión en su vida de los estigmas del sufrimiento. A la visita de los Magos, que les revela de nuevo la universalidad de la misión mesiánica de Jesús, sigue la huida a Egipto para sustraerse a la persecución de Herodes. Hasta la muerte del rey vivirán como refugiados en tierra extranjera. Y entonces tiene lugar la matanza de los inocentes, que costearán con su martirio la vida del Mesías niño. María debe padecer el dolor del destierro y, además, el dolor de todas las madres de Judea, que por ella sufren la cruel muerte de sus hijitos. Se repite la noche de Pascua: Jesús, el primogénito, está a salvo, cuando los demás niños de su edad son asesinados; sí, es el signo por excelencia de la liberación, pero el precio es tal que María ha sido duramente impresionada por este drama, del que se libra convirtiéndose en una desterrada, una refugiada.

A su regreso irán a Nazaret para esconderse en esa Galilea de los extranjeros, donde antaño María recibiera las promesas del ángel. Podemos imaginarnos que esta vida escondida no siempre estará exenta de temor, pues María y José saben que su hijo, el Mesías, ha de suscitar la oposición de los poderosos de este mundo a nada que manifieste su reinado mesiánico y.

Max Thurian

Reflexión

La familia de Jesús no fue precisamente una familia bien colocada, de alta posición, sin contratiempos, de alta cuna, con una vida sin sobresaltos. La cueva de Belén. El exilio en Egipto. Jesús mismo en su vida adulta tuvo que esconderse, evitar sus apariciones en público en determinadas épocas, esconderse de los que sabía le perseguían, acogerse al ocultamiento protector de los amigos…

Los egoísmos humanos, la persecución de la verdad, la imposición de los dominadores, la carestía de la vida… han provocado a lo largo de la historia un interminable desfile de exilios, deportaciones, persecuciones ideológicas, campos de refugiados, colonias de emigrantes, etc.

María, José, Jesús no fueron extraños a todo esto. Y hoy, en un mundo con tantos millones de refugiados, exiliados, perseguidos, emigrantes forzosos…, no podemos dejar de pensar en ello. Porque en ellos también hoy Jesús sigue huyendo, emigrando, refugiándose, exiliándose…

Examen

  • ¿Qué nos dice la situación de nuestro mundo con los millones de personas exiliadas, deportadas, emigradas?…
  • ¿Actuamos consecuentemente como personas sensibles y solidarias con todos estos dolores humanos?
  • ¿Somos de alguna manera, a nuestra pequeña escala, provocadores de exilio y de huida para los demás?

Conversión

  • Apoyar iniciativas de solidaridad correspondientes.
  • Tratar de extender una mentalidad de tolerancia, de lucha por la justicia, de defensa de los derechos humanos…
  • Hacer algo por acoger a los marginados, por dar cabida e integración a los que la sociedad rechaza.
  • Luchar contra la intransigencia, la intolerancia y las persecuciones contra la Iglesia y en la Iglesia misma.

Invocación

  • María, mujer y madre perseguida…
  • …haznos solidarios con todos los perseguidos.

Oración

Padre: Jesús, tu hijo, se hizo enteramente uno de nosotros. Compartió nuestras angustias y penalidades, excepto el pecado. Ayúdanos a compartir también nosotros el dolor de nuestros hermanos, para vencerlo y superarlo, para conseguir un mundo de solidaridad y fraternidad, haciendo así eficaz la salvación que Jesús nos trajo.

Cantos sugeridos

“Madre del pueblo”, de E. V. Mateu, en Madre del pueblo.

“Dolorosa”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Ruega por nosotros”, cantiga popular, en María de Nazaret.

Evangelii Gaudium – Francisco I

26. Pablo VI invitó a ampliar el llamado a la renovación, para expresar con fuerza que no se dirige sólo a los individuos aislados, sino a la Iglesia entera. Recordemos este memorable texto que no ha perdido su fuerza interpelante: «La Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio […] De esta iluminada y operante conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia —tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada (cf. Ef 5,27)— y el rostro real que hoy la Iglesia presenta […] Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior, frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí»[23].

El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo: «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad»[24].

Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo.


[23] Pablo VI, Carta enc. Ecclesiam suam (6 agosto 1964), 3: AAS 56 (1964), 611-612.

[24] Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo, 6.

Conocer a Cristo es la única forma humana de conocer a Dios

1.- Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. En el evangelio de San Juan se nos dice más de una vez que a Dios no le ha visto nadie, excepto aquel que vive con el Padre, Cristo Jesús. El mismo Cristo nos dice hoy en el evangelio: si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Y lo que decimos del conocer, lo decimos también del ser: el que tiene el espíritu de Cristo tiene el espíritu de Dios. Por tanto, nuestra tarea mientras vivimos en este mundo es conocer a Cristo y vivir según el espíritu de Cristo. Si hacemos esto, conocemos a Dios y vivimos en Dios. No se trata sólo de conocer la vida humana del Cristo histórico, sino de identificarnos con el espíritu de Cristo, de intentar vivir como él vivió, intentar imitar y seguir su estilo de vida. En la vida puede haber muchos caminos para llegar a un sitio determinado, pero el camino recto y más corto siempre es uno sólo. Pues bien, para nosotros, los cristianos, el camino recto y más corto para llegar a Dios es Cristo Jesús. Para esto no necesitamos saber mucha teología, ni ser personas muy cultas, nos basta con amar a Cristo con toda nuestra alma, vida y corazón. No han conocido y amado a Dios más los ricos y sabios que los pobres, sencillos y humildes. Las verdades y ciencias humanas no siempre acercan a Dios; es el amor a Dios lo que de verdad nos acerca a Dios. Y el que ama a Dios, ama al prójimo en Dios. Hagamos, pues, de Cristo, del espíritu de Cristo, nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. No son los políticos, ni los economistas, ni los científicos, los que más nos van a ayudar a conocer a Dios y a vivir en Dios, es conocer, amar a Cristo y vivir según su espíritu lo que de verdad nos acerca a Dios y nos hace vivir en Dios. Cristo está en el Padre y el Padre está en Cristo. Si nosotros vivimos en Cristo, vivimos en Dios.

2.-En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro ordinario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: no nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, escoged a siete de vosotros… y los encargaremos de esta tarea. En primer lugar, es bueno reconocer que ninguna comunidad humana es perfecta: la perfección es algo a lo que debemos aspirar siempre, precisamente porque nunca la poseemos del todo, mientras vivimos en esta vida. La Iglesia, nuestra Iglesia, es una Iglesia que siempre necesita reformas. Por eso, no debemos extrañarnos de los Papas, obispos y demás fieles, que intentan hacer cada día hacer una Iglesia mejor. Esto lo debemos aplicar también a cada uno de nosotros mismos: necesitamos vivir cada día con espíritu de conversión, tratando siempre de ser un poco mejores. Otra idea digna de ser tenida en cuenta en este texto de los Hechos es la forma que los apóstoles emplearon para solucionar esta imperfección, eligiendo a los siete diáconos. Fue una forma católica y democrática, convocando al grupo y exponiéndoles su opinión. Una opinión que fue aceptada unánimemente por toda la comunidad cristiana. A esto debe aspirar también hoy nuestra Iglesia.

3.- También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. Un cristiano es piedra viva del templo del Espíritu cuando vive y actúa con el Espíritu de Cristo. Cristo es la piedra viva que desecharon los constructores, pero que Dios Padre escogió como piedra angular. Si nosotros vivimos en Cristo, participamos automáticamente del templo del Espíritu de Cristo. Y no olvidemos que el Espíritu de Cristo es espíritu de amor, humildad y verdad.

Gabriel González del Estal 

Yo soy el camino, la verdad y la vida

«No estéis angustiados. Confiad en Dios, confiad también en mí. En la casa de mi Padre hay sitio para todos; si no fuera así, os lo habría dicho; voy a prepararos un sitio. Cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros; ya sabéis el camino para ir adonde yo voy». Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?».

Jesús le dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre. Y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dijo: «Señor, mués- tranos al Padre y nos basta». Jesús le dijo: «Llevo tanto tiem- po con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi propia cuenta; el Padre, que está en mí, es el que realiza sus propias obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Creedlo al menos por las obras mismas».

Juan 14, 1-12

 

Comentario del Evangelio

El camino, la verdad y la vida. Tres cosas muy importantes en nuestras vidas. Hoy vamos a fijarnos en la verdad. Muchas personas piensan que no hay nada que sea verdad de la buena. Que todas las cosas pueden ser verdad o no dependiendo de como se miren las cosas.

Para los cristianos hay cosas que son siempre verdad, y nosotros creemos en ellas. Hay cosas que están bien sin más, y hay otras cosas que están mal. Esto no nos tiene que llevar a alejarnos de las personas que no piensan así, o a sentirnos que siempre tenemos razón, sino a compartir esta verdad con otras personas. Jesús es la verdad, en él no hay nada de mentira. Para nosotros, esto no depende de que lo piensen la mayoría de las personas. No lo olvidemos.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe algo que tu creas que es Verdad de la buena, que no es discutible que sea mentira.

• ¿Qué quiere decir que Jesús es la Verdad? ¿Qué debemos hacer los cristianos con la Verdad que es Jesús?

• Escribe un compromiso que te ayude a vivir siempre en la Verdad que es Jesús.

 

Oración

Hoy, Señor Jesús,
me ofreces otra definición tuya:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Tú eres Él…., o sea el auténtico,

el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.

Tú, Señor Jesús, nos dices que mirándote a Ti
estamos descubriendo al Padre

Tú eres la imagen de Dios Padre.

Señor Jesús,
gracias por facilitarme las cosas.

Gracias por hacerte Camino, Verdad y Vida.
Señor Jesús, ayúdame a conocerte para seguirte
y así conocer a Dios Padre

y poder cooperar contigo para realizar en el mundo
el Proyecto de Dios Padre.

Si me conocierais a mí conoceríais al Padre

Hoy, Señor Jesús,
me ofreces otra definición tuya:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Tú eres Él…., o sea el auténtico,
el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.

No hace falta que busque más,
en Ti está la respuesta,
en Ti está lo que necesito.
Como decía un buen sacerdote: “ningún estudio, ninguna ciencia,
ha de ser preferida al conocimiento
de Jesucristo… las otras ciencias son accesorias y circunstanciales”.

Cristo lo es todo.
¡Qué bien lo decía San Pablo:
“ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles,
ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro… podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro”.
(Rm 8,35-39)
“No quiero saber nada más que a Jesucristo,
y a Jesucristo, crucificado”. (1 Cor 2,2)

Todo camino conduce a alguna parte, lleva algún sitio: a una fuente,
a una propiedad, a un pueblo…
Tú Camino, Señor Jesús,
¿a dónde va? ¿a dónde me conduce?

Tú eres el Camino para llegar al Padre:

“nadie va al Padre, sino por mí”.

Tú eres el Camino para conocer,
para llegar al Padre.
Tú eres el Camino para conocer el proyecto de Dios Padre

En mi pueblo veo que en los montes serpentean caminos que conducen
a propiedades privadas,
a fuentes y a pueblos del alrededor, etc.

La mayoría de los caminos se están perdiendo porque no están transitados.
Ahora todos vamos en coche
y los agricultores van a sus campos
con el tractor.
Muchos de los caminos antiguos
se están perdiendo
pero aparecen otros caminos, las carreteras.

Tal vez ahora deberíamos de decir
que Jesús es la carretera que nos conduce
a Dios Padre,
al Proyecto que Dios tiene para el mundo,
al Reino de Dios.
Jesús es una carretera amplia, bien asfaltada y señalizada.

O a lo mejor sea justa la imagen
de Jesús Camino,
pero un camino, por desgracia, poco transitado y por lo tanto casi perdido, lleno de matorrales. Jesús es un camino que en muchos casos está algo oculto.
A nosotros nos toca desbrozarlo, y hacerlo transitable, para que se convierta
en carretera bien visible.

El hecho es que Jesús nos dice:

“Quien me ha visto a mí ha visto al Padre” “Lo que yo digo no lo hablo por cuenta propia…” “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”.

En el mundo hay culturas y personas que se preguntan: ¿Cómo es Dios? Nosotros tenemos una respuesta: Jesús es la imagen de Dios.

Tú, Señor Jesús, nos dices que mirándote a Ti estamos descubriendo al Padre
Tú eres la imagen de Dios Padre.

También nosotros mirando a las personas, en ocasiones, descubrimos en ellas
a sus padres.

Consecuentemente si queremos dirigirnos
a Dios Padre, te tenemos a Ti que nos conduces a Dios Padre.
En la medida en que te conocemos, conocemos a Dios Padre y su Proyecto sobre el mundo.
Tú, Señor Jesús,
nos estás diciendo que te miremos
para asemejarnos a Ti,
como nos decías el Jueves Santo
al lavar los pies de los Apóstoles….
”Si yo que soy el Señor y Maestro os he lavado los pies…
también debéis hacerlo vosotros”…
O también: “os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros
como yo os he amado”.

Señor Jesús,
gracias por facilitarme las cosas. Gracias por hacerte Camino, Verdad y Vida.

Señor Jesús, ayúdame a conocerte para seguirte y así conocer a Dios Padre y poder cooperar contigo para realizar en el mundo el Proyecto de Dios Padre

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo V de Pascua

● Este texto Juan lo sitúa en el contexto de la Cena de despedida que Jesús organizó para sus Apóstoles.

● Cabe pensar que seguramente los discípulos, después de los anuncios que Jesús les hace de su Pasión, tomaron conciencia de la situación en que vivían y el miedo se apoderaría de ellos. Tienen motivos para acobardarse, la situación no es para nada alentadora.

● Jesús, conocedor de los corazones de las personas, sabe leer en los suyos la fuerte inquietud que los embarga, por eso les dirige una palabra de consuelo: “No perdáis la calma”.

● Jesús quiere que sus Apóstoles vivan en paz. Los acontecimientos con los que van a convivir serán muy fuertes y Jesús prevé que van a necesitar de su paz: “Que no tiemble vuestro corazón, creed en Dios y creed en mi”.

● Así también lo dice el salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quien temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar? (Sal 26, 1).

● Estas palabras que de nuevo nos las dice Jesús a nosotros: “que vuestros corazones no tiemblen…”.

● A pesar de que las cosas no van como debieran, a pesar de la violencia, a pesar de las diferencias abismales entre ricos y pobres, a pesar de constatar que vivimos en un mundo que tiene tanto por mejorar, a pesar de una Iglesia, de unos seguidores que a veces se parecen, nos parecemos poco al Maestro… Jesús nos dice que no tengamos miedo. Con ello no quiere decir que hemos de pasar, de desentendernos de los problemas.

● Jesús confía en Dios Padre y quiere que también confiemos en Él.

● Acojamos estas Palabras que se nos interpelan a nosotros en la situación concreta en la que cada uno de nosotros estamos viviendo: mundo cambiante, mundo plural, opiniones enfrentadas, minusvaloración de todo lo religioso, pocas vocaciones, falta de apóstoles…

● De nuevo Jesús, hablando de SÍ mismo, nos ofrece unos términos que definen su persona: Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

● Afirmación rotunda. Jesús es el Camino para ir al Padre, Jesús es la Verdad de Dios Padre, Jesús es la Vida de Dios Padre. No hay que perder el tiempo yendo en busca de otros caminos o verdades.

● Lo que hace falta es que le sigamos, que nos tomemos en serio lo que Jesús nos está diciendo.

● ¿Qué conclusiones prácticas para nuestras vidas y para la vida de nuestra asociación y comunidades habría que sacar de lo que Jesús nos está diciendo hoy?

● Vivimos en un mundo en el que domina la ciencia, la técnica, la eficacia y para este mundo Jesús continúa siendo el Camino, la Verdad y la Vida.

● ¿Cómo lo puede ser con toda la eficacia, con toda la técnica y con toda la ciencia del mundo?

● Por medio de unas preguntas y respuestas el evangelista nos ofrece el pensamiento de Jesús sobre su persona, su identidad, sobre el Padre del que Jesús es la mejor imagen “quien me ha visto a mi ha visto al Padre… yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”.

Comentario al evangelio – 11 de mayo

Juan es el único evangelista que no narra explícitamente lo que normalmente se llama “institución de la eucaristía”. En su lugar, y en el marco de la última cena, trae a colación el lavatorio de los pies de los discípulos. ¿No será que aquí hay una faceta de la eucaristía que  Juan recalca de manera especial? Habrá que preguntarle a los especialistas en temas bíblicos. De todos modos, como quiera que sea, en este día la Iglesia nos propone profundizar en una parte del texto, que viene proclamado en la eucaristía. El texto completo se proclamó el día de Jueves Santo -día del amor fraterno- en la liturgia de la Cena del Señor.

El Señor nos ha elegido para ser enviados. ¿Enviados a qué y cómo? Ciertamente hemos sido elegidos para ser testigos del Resucitado. Para proclamar a los cuatro vientos que el Crucificado es el Resucitado y, por tanto, que el dolor y la muerte no tienen la última palabra de la historia. Que la tragedia no es el destino de la humanidad, en su conjunto, ni de cada uno de los hombres, en particular. Que se puede y es necesario bajar de la cruz a quienes penden de ella, sean individuos o pueblos enteros. ¡Toda una tarea!

Pero una tarea de amor servicial y desinteresado.  De amor gratuito, reflejo del amor del Padre, tal y como se ha hecho presente en Jesús por el Espíritu. Quienes han sido elegidos considerarán como una tentación, de la que hay que huir con todas las fuerzas, la búsqueda de los primeros puestos de honor o de poder. Huirán de las escaladas tanto como de las estrategias políticas perversas para subir maquiavélicamente hasta las cúspides. Su forma de vivir tendrá mucho que ver con el abajamiento y muy poco que ver con la soberbia y la pprepotencia. Tendrá todo que ver con el servicio a los últimos y más excluídos, a quienes levantará de la basura para convertirlos en príncipes de su pueblo.

Dice Jesús: “el que recibe a mi enviado, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. ¿Sería mucho pedir que el elegido para ser enviado acogiera el testimonio de Jesús y se configurase con él para no hacer de su elección una traición?

José Vico Peinado cmf