Domingo V de Pascua

1. Situación

Estos domingos de Pascua vamos profundizando en nuestro ser Iglesia desde perspectivas distintas. En cuanto nos apropiamos el don de ser la comunidad convocada por Dios y dejamos de poner nuestra mirada en Jesús, lo estropeamos todo.

Pero el Señor cuenta con nuestra fragilidad y pecado. Por eso existen los sacramentos, especialmente la Palabra y la Eucaristía, para renovar permanentemente la vida de la Iglesia.

2. Contemplación

La lectura de los Hechos nos habla de las tensiones internas entre los cristianos de Jerusalén (¡para que no idealicemos el cristianismo primitivo!), y nos hace comprender la riqueza de servicios de la comunidad: el servicio de la Palabra y la oración y el servicio de la comunión de bienes. Anotemos estas dos dimensiones, para que no reduzcamos la vida de la Iglesia a realidades puramente espirituales o a sólo la promoción de la justicia. El Reino implica al hombre integral. Otra cosa es el modo de realizar ambos servicios, por ejemplo, si actualmente debe ser la parroquia la que organice la solidaridad con los pobres o los cristianos hemos de luchar, más bien, en colaboración con otros movimientos aconfesionales.

El Evangelio, de los discursos de la Cena, nos adentra en lo más íntimo de la vida de la Iglesia, en la fuente de donde brotan el servicio de la Justicia y el servicio de la Palabra y de la Eucaristía misma: nuestra comunión con Jesús, camino, verdad y vida.

Cada una de las frases de Jesús adquiere una densidad especial, iluminada por el Misterio Pascual.

– Cómo Jesús es nuestra mediación absoluta.

– Cómo en el camino que Jesús ha recorrido, desde su encarnación hasta su resurrección, se nos ha revelado el Padre.

– Cómo Jesús es la fuente permanente de nuestra misión hoy, en continuidad con la suya.

– Cómo con Jesús lo tenemos todo.

– Cómo Jesús es el anhelo más ardiente de nuestro corazón. «El Espíritu y la Esposa dicen: Ven, Señor Jesús» (Ap 22).

3. Reflexión

Cuando uno alimenta su fe en la Palabra y la Eucaristía, como vamos haciendo cada domingo, al principio se siente incómodo, sobre todo si es persona realista y su experiencia espiritual se ha concentrado en la vida ordinaria, no en las prácticas religiosas. Le suele parecer que lo escuchado en la Palabra y celebrado en la Eucaristía o bien tiene poco que ver con sus problemas concretos, o bien supone un nivel espiritual que le sobrepasa.

Estas páginas quieren ayudar a situar la Palabra en la dinámica espiritual de la vida ordinaria, porque es ahí, no en los momentos especiales de oración o de culto cristiano, donde se realiza la vocación cristiana. Pero no quisieran privar al cristiano de uno de los descubrimientos más gozosos de su fe: cómo, poco a poco, la Palabra y la Eucaristía van configurando con dinamismo propio toda su vida, porque le van sumergiendo, casi sin darse cuenta, en la vida teologal.

Al principio, a fin de no hacer de la Revelación una ideología, necesitamos confrontar la Palabra-Eucaristía con la vida. Más tarde va descubriéndose un realismo más hondo: cierta simplificación interior, la experiencia del «permanecer en Jesús» (tan repetido en los discursos de la Cena de Juan), la presencia amorosa de Dios en todo, la actitud constante de entrega a la voluntad de Dios, las entrañas de misericordia con el prójimo…

Es la obra del Espíritu Santo que nos lleva al conocimiento de «lo largo, lo ancho, lo alto y lo profundo del amor de Cristo que supera todo conocimiento» (Ef 3).

El Espíritu Santo nos lo enseña de muchos modos. Uno de ellos, fundamental, es al contacto con la Palabra y la Eucaristía. Pero no para centrarnos ahora en las prácticas religiosas, dejando la vida ordinaria, sino, a la inversa, para descubrir la profundidad de la vida ordinaria cuando se vive en comunión con Jesús, camino, verdad y vida.

4. Praxis

– Dedicar algún tiempo a leer despacio, a «dejarse hacer» por los discursos de la Cena, tan significativos en el conjunto de la Sagrada Escritura.

– Hacerme consciente, en algunos momentos de mi vida ordinaria, del don que es vivir en comunión con Jesús, mi fuente íntima de ser y actuar.

Javier Garrido

I Vísperas – Domingo V de Pascua

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REVESTIDOS DE BLANCAS VESTIDURAS

Revestidos de blancas vestiduras,
vayamos al banquete del Cordero
y, terminado el cruce del mar Rojo
alcemos nuestro canto al rey eterno.

La caridad de Dios es quien nos brinda
y quien nos da a beber su sangre propia,
y el Amor sacerdote es quien se ofrece
y quien los miembros de su cuerpo inmola.

Las puertas salpicadas con tal sangre
hacen temblar al ángel vengativo,
y el mar deja pasar a los hebreos
y sumerge después a los egipcios.

Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua,
ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima:
el ázimo purísimo y sincero
destinado a las almas sin mancilla.

Oh verdadera víctima del cielo,
que tiene a los infiernos sometidos,
ya rotas las cadenas de la muerte,
y el premio de la vida recibido.

Vencedor del averno subyugado,
el Redentor despliega sus trofeos
y, sujetando al rey de las tinieblas,
abre de par en par el alto cielo.

Para que seas, oh Jesús, la eterna
dicha pascual de nuestras almas limpias,
líbranos de la muerte del pecado
a los que renacimos a la vida.

Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo,
que de los muertos ha resucitado,
así como también al sacratísimo
Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Salmo 140, 1-9 – ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Ant 2. Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Salmo 141 – ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Ant 3. El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer; y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer; y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Aleluya

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Aleluya

PRECES

Oremos a Cristo, vida y resurrección de todos los hombres, y digámosle con fe:

Hijo de Dios vivo, protege a tu pueblo.

Te rogamos, Señor, por tu Iglesia extendida por todo el mundo:
santifícala y haz que cumpla su misión de llevar tu reino a todos los hombres.

Te pedimos por los que sufren hambre y por los que están tristes, por los enfermos, los oprimidos y los desterrados:
dales, Señor, ayuda y consuelo.

Te pedimos por los que se han apartado de ti por el error o por el pecado:
que obtengan la gracia de tu perdón y el don de una vida nueva.

Salvador del mundo, tú que fuiste crucificado, resucitaste y has de venir a juzgar al mundo,
ten piedad de nosotros, pecadores.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te rogamos, Señor, por los que viven en el mundo
y por los que han salido ya de él, con la esperanza de la resurrección.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 13 de mayo

Lectio: Sábado, 13 Mayo, 2017

1) ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, concédenos vivir siempre en plenitud el misterio pascual, para que, renacidos en el bautismo, demos fruto abundante de vida cristiana y alcancemos, finalmente, las alegrías eternas. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 14,7-14

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

3) REFLEXIÓN

• Juan 14,7: Conocer a Jesús es conocer al Padre. El texto del evangelio de hoy es una continuación del de ayer. Tomás había preguntado: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?” Jesús respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Y añadió: “Si me conocéis a mí, conoceréis también al Padre. Desde ahora lo conocéis y lo habéis visto”. Esta es la primera frase del evangelio de hoy. Jesús habla siempre del Padre, pues todo lo que hablaba y hacía era transparencia de la vida del Padre. Esta referencia constante al Padre provoca la pregunta de Felipe.

• Juan 14,8-11: Felipe pregunta: “¡Muéstranos al Padre y nos basta!” Era el deseo de los discípulos, el deseo de mucha gente en las comunidades del Discípulo Amado y es el deseo de muchos de nosotros hoy: ¿cómo hace la gente para ver al Padre del que Jesús habla tanto? La respuesta de Jesús es muy bonita y vale hasta hoy: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me conoces, Felipe? ¡El que me ha visto a mí ha visto al Padre!” La gente no debe pensar que Dios está lejos de nosotros, como alguien distante y desconocido. Quien quiere saber cómo es y quién es Dios, basta que le mire a Jesús. El lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida. “¡El Padre está en mí y yo estoy en el Padre!” A través de su obediencia, Jesús está totalmente identificado con el Padre. En cada momento hacía lo que el Padre mostraba que había que hacer (Jn 5,30; 8,28-29.38). Por esto, en Jesús, ¡todo es revelación del Padre! Y las señales o las obras de Jesús ¡son obras del Padre! Como dice la gente: “¡Este hijo le ha cortado la cara a su padre!” Por esto, en Jesús y por Jesús, Dios está en medio de nosotros.

• Juan 14,12-14: Promesa de Jesús. Jesús hace una promesa para decir que la intimidad que él tiene con el Padre no es un privilegio que sólo le pertenece a él, sino que es posible para todos aquellos que creen en él. Nosotros también, a través de Jesús, podemos llegar a hacer cosas bonitas para los demás como Jesús hacía para la gente de su tiempo. El va a interceder por nosotros. Todo lo que la gente le pide, él lo va a pedir al Padre y lo va a conseguir, con tal que sea para servir. Jesús es nuestro defensor. El se va, pero no nos deja sin defensa. Promete que va a pedir al Padre que envíe a otro defensor o consolador, el Espíritu Santo. Jesús llega a decir que precisa irse ahora, porque, de lo contrario, el Espíritu Santo no podrá venir (Jn 16,7). Es el Espíritu Santo el que realizará las cosas de Jesús en nosotros, si actuamos en nombre de Jesús y observamos el gran mandamiento de la práctica del amor.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Conocer a Jesús es conocer al Padre. En la Biblia “conocer a una persona” no es una compensación intelectual, sino que implica también una profunda experiencia de la presencia de esta persona en la vida. ¿Conozco a Jesús?

• ¿Conozco al Padre?

5) ORACIÓN FINAL

Los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios.
¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,3-4)

Domingo V de Pascua

La pequeña comunidad de seguidores de Jesús va creciendo. Son muchos los que se unen a ella incluso del grupo sacerdotal judío. Ese agrandamiento es, al mismo tiempo que signo de la vitalidad de aquel pequeño grupo, causa de la aparición de nuevos problemas y situaciones a las que hacer frente. Por ejemplo: es preciso atender a las necesidades materiales de la comunidad. Unos cuantos hombres buenos son encargados de ello: los diáconos (1ªlec)

Esta solución nos orienta sobre los comportamientos a seguir ante los nuevos desafíos que se le presentan a la Iglesia.

La Iglesia actual no un “fosil”, residuo de aquello que inició Jesús. NO. Es, y deberá serlo siempre, un organismo vivo con capacidad de ir desarrollando todas sus virtualidades en orden a seguir iluminando evangélicamente la historia de la humanidad.

Jesús comparó muchas veces el Reino de Dios con una semilla que va creciendo con el tiempo.

La Iglesia, la Comunidad creyente, debe ir resolviendo en consonancia con su naturaleza, los nuevos problemas al ritmo con el que van haciendo su aparición.

Los Apóstoles saben exactamente cuál es su misión: Evangelizar. No pueden abandonarla para atender otros campos. Por eso “inventan” un recurso que al mismo tiempo sea conforme con la naturaleza de su propia misión y con la de la necesidad surgida: instituyen el diaconado como grupo de creyentes que se ponen a disposición de la comunidad para esas nuevas necesidades.

Hoy la Iglesia, animada por la virtualidad de aquel mismo y único Espíritu, sigue manteniendo grupos, o creando otros nuevos, con los que atender las diferentes demandas.

Nuestra Parroquia cuenta con un buen plantel de personas que se dedican a ir dando respuesta a las diferentes necesidades: grupo de caritas, de atención a los enfermos, de asistencia a los cultos, de catequesis, de confirmación, de publicaciones, de administración, etc. etc. Gente generosa que con su cooperación mantienen viva nuestra parroquia, esa pequeña célula de la Iglesia universal.

Los que ya lo hacéis, sabed que estáis en la buena línea. Si alguno más puede cooperar sepa que haciéndolo, contribuirá al enriquecimiento de la Iglesia.

San Pedro (2ª lec) remacha esta idea dinámica de la Iglesia, al compararla con un organismo vivo. La Iglesia no es un edificio construido con piedras inertes sino por piedras vivas. Es así como debemos sentirnos todos los cristianos. Vamos construyendo un edificio espiritual en el que queremos que quepa toda la humanidad. Un paraguas gigantesco bajo el que pueda cobijarse todo el que sienta hambre de Dios.

Otra idea fundamental que siempre hemos de tener ante la vista es la de que somos un edificio construido sobre una piedra muy concreta, muy precisa, piedra angular sobre la que descansa todo: Jesús de Nazaret.

Efectivamente. No podemos olvidar que el grupo de seguidores de Jesús es eso: un grupo de seguidores de Jesús. Quiere esto decir que toda nuestra razón de ser, toda nuestra acción y toda nuestra finalidad es injertarnos en Cristo para constituir la gran vid cuyo labrador es el Padre.

Nada de lo que nosotros hagamos o digamos puede estar fuera de la inspiración cristiana. No somos trabajadores de una empresa propia, sino de la de Dios.

Esto nos garantiza uno de los puntos fundamentales anunciado por los textos sagrados y que nos ha transmitido el Evangelista San Juan: LA GRAN ESPERANZA (3ª lec)

No estéis angustiados. Confiad en Dios, confiad también en mí. “En la casa de mi Padre hay sitio para todos; si no fuera así, os lo habría dicho; voy a prepararos un sitio… Cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros”

Esperanza triunfal que da definitivo destino a la aventura humana, y al mismo tiempo, robustece los ánimos para superar las dificultades que brotan no solamente de nuestra propia debilidad sino también de los poderes mundanos que siguen siendo hostiles a Jesús.

Estos dos últimos domingos hemos recordado posturas enfrentadas, o poco correctas con Jesús, que repercuten de modo desfavorable sobre nosotros.

No deberíamos concluir esta pequeña reflexión sin considerar las veces en las que esos enfrentamientos, críticas, etc. puedan ser debidos a nuestra propia debilidad, a nuestros propios defectos. La autocrítica es absolutamente necesaria si queremos librarnos de esas hierbas malas que siempre aparecen en el campo, por cuidadoso que sea el hortelano. Sobre esto ya hablamos ampliamente, cuando reflexionamos sobre la exhortación papal: “La Alegría del Evangelio”, pero no está de más recordar que nunca debemos ser nosotros causa de que se menosprecie el Evangelio de Jesús.

Las lecturas de hoy deben animarnos a ello, a la autocrítica, para que realmente seamos piedras vivas que fundamentadas en Cristo vayamos construyendo en el mundo ese gran templo del Reino de Dios. AMÉN.

Pedro Sáez

Profetisa de los pobres

Palabra de Dios

Lc 1, 46-53: Destronó a los poderosos y levantó esperanza de los pobres. a los humillados.

Lc 6, 20-26: Bienaventuranzas y malaventuranzas.

Mt 11, 25-26: Te doy gracias, Padre, porque has revelado esto a los sencillos.

“Miriam, mujer libre -por no alienada por ningún varón ni por ningún tipo de presiones de ningún sistema, ni erótico, ni pedagógico, ni político-, juega todo lo que tiene por la liberación: ‘Derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes; llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías’ (Lc 1,52-53). En su sentido etimológico estricto, poner abajo lo que está arriba’ se decía en latín subvertere: ‘subvertir’. En estas frases del Magnificat, Miriam se muestra maestra de subversión, de crítica profético, definiendo por adelantao la función de su Hijo, de la Iglesia y la vocación cristiana hasta la parusía.

Esa Virgen liberadora ha sido, sin embargo, totalizada por sistemas políticos, pedagógicos y eróticos, que la quieren identificar con el pecado, con la opresión, para transformarla en ‘Madre de la resignación’. ¡Nada más lejano a la postura de Miriam de Nazaret, la madre del crucificado por rebelar al pueblo’!”.

Enrique Dussel

“El Magnificat es espejo del alma de María. En ese poema logra su culminación la espiritualidad de los pobres de Yavé y el profetismo de la Antigua Alianza. Es el cántico que anuncia el nuevo evangelio de Cristo, es el preludio del Sermón de la Montaña. Allí María se nos manifiesta vacía de sí misma y poniendo toda su confianza en la misericordia del Padre. En el Magnificat se manifiesta como modelo para quienes no aceptan pasivamente las circunstancias adversas de la vida personal y social ni son víctimas de la C alienación’, como hoy se dice, sino que proclaman con ella que Dios es ‘vengador de los humildes’ y, si es el caso, ‘depone del trono a los soberbios”‘.

Juan Pablo II

Reflexión

Jesús fue considerado por el pueblo, ante todo, como un profeta. Tomó los orígenes de su mensaje de las palabras de los profetas y fue el nuevo y definitivo profeta.

Como tal, anunció el reino de Dios y denunció todo lo que se opone a ese reinado de Dios. No fue neutral, evasivo o descomprometido. Estuvo siempre claramente definido en favor de la justicia, de la igualdad, de los pobres. Y por eso lo mataron.

El cristianismo cayó posteriormente en manos del pensamiento platónico e idealista, y se hizo de él una lectura sólo espiritualista, perdiendo toda referencia a los datos concretos del Jesús histórico. El hambre y sed de justicia se tradujo por hambre y sed de santidad. Los pobres del evangelio fueron leídos solamente como humildes y desprendidos de corazón, etc.

Cuando hoy la Iglesia quiere recuperar la densidad profético y comprometida del Jesús del evangelio, algunos cristianos se aferran a una lectura espiritualista, más cómoda y evasiva, y acusan asustados con fantasmas ajenos al evangelio.

Pero antes de cualquier otra consideración, los discípulos de Jesús debemos volver al evangelio y descubrir y recuperar su opción profético y su opción por los pobres. María lo hizo anticipadamente en su canto liberador. Nosotros no podemos escamotear la lección.

Examen

¿Tenemos miedo a comprometernos por la justicia, la igualdad, la superación de las clases sociales? ¿Decimos para justificamos que eso no tiene nada que ver con el evangelio? ¿Llegamos a decir o pensar inconscientemente que Dios queda indiferente ante la injusticia, la desigualdad o la explotación del hombre por el hombre?

  • ¿Cómo entendemos las palabras de María en su Magnificat, de una forma sólo “espiritual”? ¿Qué significado concreto le damos?
  • ¿Somos partidarios de la “subversión” de que habla María en su canto, o pensamos que hoy no tiene ya sentido?
  • ¿En qué hechos se puede ver concretamente que participamos de la función profético de Cristo y que hoy también nosotros estamos proféticamente definidos en favor de la justicia y del amor?

Conversión

  • Tratar de estudiar (en grupo o individualmente) las ineludibles exigencias de justicia que brotan del seguimiento de Jesús.
  • Corregir nuestra actitud en aquellas situaciones o circunstancias en las que no estamos siendo verdaderos testigos del profeta Jesús.
  • Tomar decisiones concretas para analizar la influencia que ejerce nuestra situación económica en nuestra forma de pensar respecto a la pobreza y los pobres.
  • Tratar de eliminar de nuestra cabeza las descalificaciones fáciles que hacemos en la Iglesia a los que se comprometen radicalmente por la justicia.

Invocación

  • María, madre de Jesús, profetisa de los pobres…
  • …haz que se cumpla hoy, de nuevo, tu profecía.

Oración

Padre: tú no eres neutral ni puedes ver impasible la injusticia del mundo, las luchas fratricidas de tus hijos. Por eso nos has manifestado en Jesús tu proyecto de justicia, amor, fraternidad, el reino de Dios, y quieres que demos la vida por esa causa, como la dieron Jesús y María, su madre. Da a tu Iglesia el sentido profético de María, su compromiso claro y decidido por los pobres en la esperanza del reino.

Cantos sugeridos

“Cántico de María”, de A. Mejía, en La asamblea que canta.

“Canto de María Virgen”, de E. V. Mateu, en Madre del pueblo.

Evangelii Gaudium – Francisco I

28. La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas»[26]. Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración[27]. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización[28]. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.


[26] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 26: AAS 81 (1989), 438.

[27] Cf. Propositio 26.

[28] Cf. Propositio 44.

El camino cristiano

1. El «camino» se forma por las pisadas repetidas de quienes van de un lugar de partida a otro, que es final de etapa. «Se hace camino al andar». Al atravesar el desierto, donde no hay sendas sino costumbres, el pueblo de Dios recorre «los caminos de Dios» (Sal 25,10). En las Escrituras, caminar es comportarse, conducirse, hacer la voluntad del Señor. La imagen del camino expresa que la vida tiene un sentido.

2. Dios camina delante o en medio de su pueblo. Consiguientemente, el pueblo debe caminar con Dios. Por eso se dice como deseo cristiano: «vaya usted con Dios». En san Juan, «camino» es un concepto subordinado a un término relativo —«verdad»— que nos lleva a un concepto absoluto: «vida». Jesús es el camino que lleva a la verdad y a la vida, o el camino vivo y verdadero que conduce al Padre. Es la encarnación de la verdad, de la luz y de la vida. Por eso, sólo él puede afirmar: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Por la muerte y la resurrección, Jesús camina hacia el Padre y prepara un lugar a sus discípulos, a los que más tarde volverá a buscar.

3. Cristiano es el creyente que recorre el camino de Jesús: vive de la verdad, y la verdad lo conduce a la vida. Lo contrario de la verdad es la mentira, y lo contrario de la vida es la muerte. Al camino verdadero se opone el camino mentiroso. Junto a «los caminos de Dios» están «las sendas del mal». El Nuevo Testamento señala «dos caminos» (Sal 1,6; Prov 4,18-19). Jesús nos muestra que el camino hacia el Padre es el de la práctica de la caridad.
 

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿En qué caminos nos movemos?

¿Cómo podemos hallar el camino del Señor?

Casiano Floristán

Yo soy la vida

Dar la vida es un servicio, una diaconía. Así lo entendió desde siempre la comunidad cristiana.

El camino hacia el Padre

En los versículos finales del capítulo once de Juan comienza el relato de la marcha de Jesús hacia Jerusalén. Allí encontrará la muerte, el Señor lo sabe, esa conciencia intranquiliza a los discípulos. Jesús les pide que ahonden su fe en esa hora de prueba, la adhesión a él es adhesión a Dios (14, 1). Los seguidores de Jesús son una familia, vivirán en la casa del Padre (v. 2). Lo garantiza el Señor (v. 3), él les había indicado el camino, pero no es fácil entender su enseñanza (v. 4). Tomás no está seguro, su pregunta arranca a Jesús una respuesta breve que constituye una profunda revelación de sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (v. 6). Por Jesús vamos al Padre, su vida y su mensaje nos dicen que el camino es la práctica del amor a Dios y a los hermanos. Es una senda que representa una exigencia cotidiana. Estar con Jesús es estar junto al Padre.

La verdad, el contenido de su mensaje, debe ser aceptada y como dice el propio Juan puesta en obra, de esa manera se va hacia la luz, otro gran tema joánico (3, 21); aquellos que rechazan el testimonio de Jesús, «piedra viva» (1 Pe 2, 4) sobre la que debemos construir nuestra existencia cristiana, viven en la mentira. El sentido último de su testimonio es la vida, ella viene del Padre que nos ama y nos hace sus hijos (Jn 1). Dar vida en una situación de hambre, dolor y soledad es poner en práctica la verdad que nos revela Jesús y emprender el camino hacia el Padre.

Un Dios cercano

Jesús nos anuncia un Dios cercano. Lo conocemos conociéndolo a él, viendo a Jesús vemos al Padre que lo envió (v. 7). Felipe (¿cuánto de él hay en nosotros?) no lo ha comprendido. Jesús responde reafirmando su profunda unidad con el Padre, sus obras lo revelan (v. 11). Las obras deben también ser expresión de nuestra fe: creer en Jesús es hacer las obras que él hace (v. 12). Así formaremos parte del linaje de Dios (1 Pe 4, 9).

Así lo entendió la primera comunidad cristiana. Testigos de los gestos de amor de Jesús por todos y en especial por los más postergados, nombran colaboradores de los discípulos, los diáconos, para asistir a los necesitados (Hech 6, 1-6). La diaconía, el servicio, es una dimensión fundamental de la Iglesia. La diaconía hoy consiste en la solidaridad hacia aquellos que el presente sistema económico excluye y lanza a una mayor pobreza; hacia quienes, debido a su insignificancia social (enfermos, ancianos) encuentran puertas y corazones cerrados. Pero la diaconía consiste también en alzar la voz y denunciar esa situación. Aunque esto incomode a algunos.

Gustavo Gutiérrez

Una lluvia de valentía

Jesús nos ha dado varias autodefiniciones para explicarnos quien es Él:“Yo soy el pan de vida”; “yo soy la luz del mundo”; “la puerta de las ovejas”; “el buen pastor”; “la resurrección y la vida”; “la vid verdadera”,… Son algunas de las imágenes o comparaciones de las cuales se sirvió Jesús para darse a conocer. Metáforas, símiles que no sé si entrañan la suficiente fuerza como para darnos una idea briosa de Jesús. Para éste domingo nos reserva la imagen más radical “Yo soy el camino la verdad y la vida”, si bien la rutina de la vida nos ha robado la capacidad de impactar.

El diálogo que recoge el evangelio de hoy se desarrolla durante la larga sobremesa que siguió a la Última cena. Jesús se despide de los suyos, de sus amigos, los apóstoles. Se respira un ambiente cargado de tristeza, de inseguridad, de emoción. Hasta entonces Él les había defendido, orientado, se habían sentido protegidos. Los minutos o quizás las horas dedicadas a la sobremesa supusieron un canto a la amistad, a la fidelidad, incluso a la ternura y a la responsabilidad. Del ramillete de sentimientos, que anidaban en los comensales, me detengo en dos afirmaciones: “No perdáis la calma y creed en Dios y creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no, os lo habría dicho y me voy a prepararos sitio. Después, volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros”. Aparece aquí el amor por sus amigos y colaboradores. “No os dejaré huérfanos”. Posiblemente muchos añadiríamos algunos otros motivos menos espirituales para mantener la seguridad, por ejemplo riqueza material…

En un momento de la conversación con Felipe, uno de los apóstoles, Jesús siente que no le conoce. ”Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces, Felipe?” Nosotros, los cristianos del siglo XXI no somos copiadores de Jesús entre otras razones porque las circunstancias nuestras y las de Jesús son distintas. Somos seguidores. Es decir, asumimos las palabras, el mensaje de Jesús, los valores de Jesús, el estilo de Jesús. Esto sería lo aceptable, lo deseable. Pero es fácil que en nuestro vivir se filtre la filosofía burguesa; y Mounier describió al burgués como un tipo de hombre totalmente vacío de toda locura, de todo misterio, del sentido del ser, del sentido del amor, del sufrimiento y de la alegría.

T. Radcliffe, religioso dominico, uno de los maestros espirituales más influyentes de nuestro tiempo, en uno de los capítulos de su libro titulado“¿Qué sentido tiene ser cristiano?” aborda el sentimiento del miedo. A éste religioso dominico, profesor, que cuidó a enfermos del Sida, le debo las ideas que aparecen en las líneas siguientes: No podemos ser testigos convincentes del evangelio a no ser que estemos poseídos por una valentía inexplicable. Los primeros siglos de la era cristiana fueron momentos de angustia e incertidumbre general. Se ha llegado a sugerir que el Imperio Romano se convirtió gracias al coraje que mostraron los mártires.

El coraje es una virtud que ejerce un gran atractivo, a diferencia de otras virtudes cristianas como la templanza. Nosotros a comienzos del siglo XXI vivimos tiempos de angustia. Si bien en muchos aspectos de la vida disfrutamos de una mayor seguridad que en cualquier otra época. Al menos en Occidente estamos muy protegidos contra las enfermedades, la violencia, la pobreza. Sin embargo tenemos miedo. ¿Cómo aprenderemos a ser valientes? ¿Y de qué clases de remedios estamos realmente necesitados? No precisamente de quienes llevan explosivos adosados al cuerpo dispuestos a explosionar matando a personas inocentes. “No perdáis la calma”. Nuestra sociedad necesita una fuerte dosis de valentía. La Iglesia no se la ofrece con la suficiente rotundidad aunque contemos con creyentes como Monseñor Romero y otros.

¿Cómo seguir y practicar el consejo de Jesús: “No tengáis miedo”?. “¿No perdáis la calma?

Josetxu Canibe

¿Qué es el cristianismo?

Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos.

Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse «iglesias», es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús.

En otras partes, al cristianismo lo llamaban «el camino». Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un «camino nuevo y vivo» para enfrentarse a la vida. El camino «inaugurado» por Jesús y que hay que recorrer «con los ojos fijos en él».

No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio.

Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.

En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús:

«Yo soy el camino, la verdad y la vida».

Este es el punto de arranque del cristianismo. Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.

Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir.

Indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas.

Solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos.

Intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos.

Olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos.

Fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.

José Antonio Pagola