El camino cristiano

1. El «camino» se forma por las pisadas repetidas de quienes van de un lugar de partida a otro, que es final de etapa. «Se hace camino al andar». Al atravesar el desierto, donde no hay sendas sino costumbres, el pueblo de Dios recorre «los caminos de Dios» (Sal 25,10). En las Escrituras, caminar es comportarse, conducirse, hacer la voluntad del Señor. La imagen del camino expresa que la vida tiene un sentido.

2. Dios camina delante o en medio de su pueblo. Consiguientemente, el pueblo debe caminar con Dios. Por eso se dice como deseo cristiano: «vaya usted con Dios». En san Juan, «camino» es un concepto subordinado a un término relativo —«verdad»— que nos lleva a un concepto absoluto: «vida». Jesús es el camino que lleva a la verdad y a la vida, o el camino vivo y verdadero que conduce al Padre. Es la encarnación de la verdad, de la luz y de la vida. Por eso, sólo él puede afirmar: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Por la muerte y la resurrección, Jesús camina hacia el Padre y prepara un lugar a sus discípulos, a los que más tarde volverá a buscar.

3. Cristiano es el creyente que recorre el camino de Jesús: vive de la verdad, y la verdad lo conduce a la vida. Lo contrario de la verdad es la mentira, y lo contrario de la vida es la muerte. Al camino verdadero se opone el camino mentiroso. Junto a «los caminos de Dios» están «las sendas del mal». El Nuevo Testamento señala «dos caminos» (Sal 1,6; Prov 4,18-19). Jesús nos muestra que el camino hacia el Padre es el de la práctica de la caridad.
 

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿En qué caminos nos movemos?

¿Cómo podemos hallar el camino del Señor?

Casiano Floristán