Recursos – Domingo VI de Pascua

Al ritmo de la Vida
La alegría de… SENTIRSE AMADO

1. Sentido del día

Es verdad que “obras son amores y no buenas razones”. Pero el amor es siempre una respuesta a un amor primero. O tal vez una realidad envolvente donde amante y amado se reconvierten permanentemente en amado y amante: «el amor –dice san Ignacio de Loyola- consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado de lo que tiene o de lo que tiene y puede, y así por el contrario, el amado al amante» (EE.EE. 231). «Al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré» (Jn 14,21).

La Constitución dogmática Dei Verbum lo dice preciosamente en el capítulo I: «Dios invisible habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (DV 2). La alegría de la Pascua, en Jesús resucitado, consiste precisamente en esta experiencia del amor recíproco, en la que la frase de Juan de que «Él nos amó primero» (1Jn 4,10) no tiene sentido cronológico sino espiritual: podemos amar porque hemos sido amados. Y el amor, según Dios, acaba incluso consistiendo en ese “cenar juntos” que Dios promete a quien le abre la puerta cuando llama (Ap 3,20).

2. El “aleluya” del panel

La alegría es un sentimiento de plenitud que nace de sentir que, al menos por un momento, la vida se ha realizado en todo su sentido, sobre todo comunitario. Por eso, desde la experiencia de la Pascua, el “aleluya”·, sobre todo cantado, es el grito de la comunidad y el “hilo conductor” de nuestras celebraciones, en esos dos momentos que subrayamos:

1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2ª lectura,

2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la quinta nota del domingo: en este caso (domingo 6º de Pascua), la nota que subrayará la palabra “AMADO”

3. Una oración:
Tú te has acercado,
has soplado sobre los rescoldos de mi corazón,
y luz, calor, fuego y vida
han surgido gratis
inundando todo mi ser.
Derribaré cuanto se interponga entre nosotros:
mis miedos, mis apegos, mis trampas,
mis seguridades, mis murallas,
mis pecados, mis conciertos,
mi insensatez…
y hasta mis pensamientos sobre Ti.
Te dejaré entrar
hasta las alcobas más íntimas.
No te retendré en el umbral.
Despojado de todo,
excepto de mi deseo de Ti,
te esperaré despierto,

parado,
desnudo,
limpio,
enamorado …

Sólo quiero la brisa de tu presencia
y el abrazo de tu amor.

Florentino Ulibarri