Vísperas – Miércoles V de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

Ant 2. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

Ant 3. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos. Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si permanecéis en mí y si mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y se os dará. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si permanecéis en mí y si mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y se os dará. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, y digámosle:

Cristo, que vives por siempre para interceder por los hombres, escucha nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de los que se han consagrado a tu servicio,
que sean para tu pueblo ejemplo de santidad.

Concede, Señor, el espíritu de justicia a los que gobiernan las naciones
y haz que trabajen en bien de la paz, para que todos podamos vivir según tu ley.

Concede la paz a nuestros días
y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan gozar de las riquezas de tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo salvador, que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y con tu resurrección has dado a los hombres una prenda de su inmortalidad,
concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que amas la inocencia y la restituyes a quien la ha perdido, dirige hacia ti los corazones de tus hijos, para que vivan siempre a la luz de la verdad los que han sido librados por ti de las tinieblas del error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 17 de mayo

Lectio: Miércoles, 17 Mayo, 2017

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido; atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 15,1-8

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he dicho. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

3) REFLEXIÓN

• Los capítulos del 15 al 17 del Evangelio de Juan nos presentan varias enseñanzas de Jesús, que el evangelista ha unido y colocado aquí en el contexto amistoso y fraterno del último encuentro de Jesús con sus discípulos:
Jn 15,1-17: Reflexiones entorno a la parábola de la vid
Jn 15,18 a 16,4a: Consejos sobre la manera de comportarse cuando se nos persigue
Jn 16,4b-15: Promesa sobre la venida del Espíritu Santo
Jn 16,16-33: Reflexiones sobre la despedida y el retorno de Jesús
Jn 17,1-26: El Testamento de Jesús en forma de oración

• Los Evangelios de hoy y de mañana presentan una parte de la reflexión de Jesús sobre la parábola de la vid. Para entender bien todo el alcance de esta parábola, es importante estudiar bien las palabras que Jesús usó. Y es igualmente importante observar de cerca una vid o una planta para ver cómo crece y cómo se enlazan tronco y ramos, y cómo el fruto nace del tronco y de los ramos.

• Juan 15,1-2: Jesús presenta la comparación de la vid. En el Antiguo Testamento, la imagen de la vid indicaba el pueblo de Israel (Is 5,1-2). El pueblo era como una vid que Dios plantó con mucho cariño en las costas de los montes de Palestina (Sal 80,9-12). Pero la vid no correspondió a lo que Dios esperaba. En vez de unos racimos de uva buena dio un fruto amargo que no servía para nada (Is 5,3-4). Jesús es la nueva vid, la vid verdadera. En una única frase el nos da toda la comparación. El dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”. La poda es dura, pero es necesaria. Purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos.

• Juan 15,3-6: Jesús explica y aplica la parábola. Los discípulos ya son puros. Ya fueron podados por la palabra que escucharon de Jesús. Hasta hoy, Dios hace la poda en nosotros por medio de su Palabra que nos llega por medio de la Biblia y de muchos otros medios. Jesús alarga la parábola y dice: “¡Yo soy la vid y vosotros los sarmientos!” No se trata de dos cosas distintas: de un lado la vid, de otro, los ramos. ¡No! No hay una vid sin ramos. Nosotros somos parte de Jesús. Jesús es el todo. Para que un ramo pueda producir frutos, debe estar unido a la vid. Sólo así consigue recibir la savia. “¡Sin mí, no podéis hacer nada!” Ramo que no produce fruto es cortado. Se seca y se le recoge para quemarlo. No sirve para nada ya, ni siquiera ¡para hacer leña!

• Juan 15,7-8: Permanecer en el amor. Nuestro modelo es aquello que Jesús mismo vive en su relación con el Padre. El dice:”Como el Padre me amó, yo también os he amado. ¡Permaneced en mi Amor!” Insiste en decir que debemos permanecer en él y que sus palabras deben permanecer en nosotros. Y llega a decir: “¡Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis!” Pues lo que el padre más quiere es que nos volvamos discípulos y discípulas de Jesús y así demos mucho fruto.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cuáles son las podas o momentos difíciles que he pasado en mi vida y que me ayudarán a crecer? ¿Cuáles son las podas o momentos difíciles que pasamos en nuestra comunidad y nos ayudaron a crecer?

• Lo que mantiene viva una planta, capaz de dar frutos, es la savia que la atraviesa. ¿Cuál es la savia que está presente en nuestra comunidad y la mantiene viva, capaz de dar frutos?

5) ORACIÓN FINAL

¡Cantad a Yahvé un nuevo canto,
canta a Yahvé, tierra entera,
cantad a Yahvé, bendecid su nombre! (Sal 96,1-2)

Yo soy el camino, la verdad y la vida

Yo soy el Camino

Acércate a mí, Jesús, que me he perdido;
soy torpe, me engañan como a un niño.
Acércate a mí, Jesús, y ayúdame,
fortalece mi debilidad
con tu Espíritu y con tu Pan.

Y vienes con una cruz, Oh Dios Cireneo!
¿Cómo puedo yo quejarme?
Ayúdame, Señor, para que yo pueda ayudarte,
acércame a ti,
para que pueda acercarme a mis hermanos,

 

Yo soy la Verdad

Eres, Jesús, Verdad espléndida.
Yo voy mendigando verdades,
en los libros y tertulias, siempre insatisfecho,
en la historia de los hombres, de los pueblos,
sus trabajos y creencias, en la tierra y en el cielo,
siempre insatisfecho.

Y miro el resplandor de la verdad en el Calvario,
tu Verdad crucificada,
Verdad paciente y humilde,
pero precisa y viva, Verdad gratificante.
Miro deslumbrado en tu rostro la Verdad,
y pido ser yo un reflejo de tu luz,

 

Yo soy la Vida

Vida desbordante, Jesús,
Fuente de Vida, que naciste en las entrañas del Padre,
y te ofreces al sediento que te busca;
agua viva que riegas y fecundas las tierras,
nuestros desiertos; son muchos,
mientras, los que mueren de sed
o por beber aguas infectadas.

Sáciame, Jesús, con el agua viva de tu amor,
y haz de mí limpio canal de esa agua
que tu huerto necesita.

Madre de corazón responsable

Palabra de Dios

Lc 2, 51-52: María daba vueltas a todas estas cosas meditándolas en su corazón.

Lc 22, 39-46: Orad para no caer en la tentación.

Texto antológico

“La lectura de las Sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Espíritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contemporáneo, llevará a descubrir cómo María puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. De este modo, por poner algún ejemplo, la mujer contemporánea, deseosa de participar con poder de decisión en las elecciones de la comunidad, contemplará con íntima alegría a María, que, puesta a diálogo con Dios, da su consentimiento activo y responsable no a la solución de un problema contingente, sino a la ‘obra de los siglos’, como se ha llamado justamente a la Encarnación del Verbo; se dará cuenta de que la opción del estado virginal por parte de María, que en el designio de Dios la disponía al misterio de la Encarnación, no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios; comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinta de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus, tronos a los poderosos del mundo (cf Lc 1,51-53); reconocerá en María, que ‘sobresale entre los humildes y los pobres del Señor’, una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf Mt 2,13-23): situaciones todas éstas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad, y no se le presentará María como una madre celosamente replegada sobre su propio Hijo divino, sino como mujer que con su acción favoreció la fe de la comunidad apostólica en Cristo (cf Jn 2,1-12) y cuya función maternal se dilató, asumiendo sobre el Calvario dimensiones universales. Son ejemplos. Sin embargo, aparece claro en ellos cómo la figura de la Virgen no defrauda esperanza alguna profunda de los hombres de nuestro tiempo y les ofrece el modelo perfecto del discípulo del Señor: artífice de la ciudad terrena y temporal, pero peregrino diligente hacía la celeste y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero, sobre todo, testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

María vivió con Jesús en Nazaret, haciendo compañía a Dios, como ama de casa responsable, madre viuda en una sociedad machista. Era un papel difícil. Pero “respondió” bien a la tarea que se le había encomendado. La cercanía de Jesús no le sirvió para excusarse y evadirse, sino para sumergirse más y más en las responsabilidades diarias.

Y en su corazón, nos dice el evangelio, contemplaba todas las cosas miradas desde la preocupación del crecimiento de Jesús, a la luz de la aproximación del Reino, barajando todas las cosas contemplativamente en su corazón.

Su contemplación no fue idealista, evadida, salida de la historia. Meditaba “todas estas cosas”, es decir, la vida diaria, los acontecimientos, las acciones de Dios ocultas en la trama oscura de la vida cotidiana, que son -para quien sabe verdaderas gestas de Dios en la historia a favor de su pueblo.

La oración, la contemplación de María era una oración personal, desde la profundidad personal, desde. el corazón. Y era una oración también “por el Reino”, suspirando y deseando su advenimiento, discerniendo trabajosamente los signos de su llegada en la sencillez de cada día.

Examen

  • ¿”Respondemos” a Dios? ¿Somos responsables ante él?
  • ¿Oramos, contemplamos, “damos vueltas a estas cosas en nuestro corazón”?
  • ¿Oramos, como María, a partir de la historia real, o nos sirve la oración para evadirnos de la historia?
  • ¿Anhelamos, suspiramos por el reino de Dios?
  • ¿Es nuestra oración una oración por el Reino?

Conversión

  • Dedicar más tiempo a nuestra oración personal, si no es suficiente el que le dedicamos.
  • Revisar nuestra oración. Hacerla más encarnada y más contemplativo, más a partir de la historia y más en la perspectiva del Reino.
  • Convertir en oración nuestras acciones y preocupaciones humanas, sociales, políticas, materiales… por el Reino y verificar nuestra oración en compromisos concretos.

Invocación

  • Madre de Jesús, madre de corazón responsable…
  • …haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en María nos has dado un ejemplo de corazón contemplativo y responsable, hondo en profundidad personal, ancho en compromiso con la historia. Haz nuestro corazón semejante al suyo: grande y fuerte para amar, agradecido al contemplar, encarnado para luchar.

Cantos sugeridos

“Pienso en ti”, de E. V. Mateu, en Madre del pueblo.

“Ruega por nosotros”, de G. Ferrero, en María de Nazaret.

Evangelii Gaudium – Francisco I

32. Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar «una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva»[35]. Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden «desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta»[36]. Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal[37]. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.


[35] Carta enc. Ut unum sint (25 mayo 1995), 95: AAS 87 (1995), 977-978.

[36] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 23.

[37] Cf. Juan Pablo II, Motu proprio Apostolos suos (21 mayo 1998): AAS 90 (1998), 641-658.

Comentario Domingo VI de Pascua

Jn 14, 15-21

«15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;

16y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.

18No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. 19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20Aquel día vosotros comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.

21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

 

CONTEXTO

Seguimos en el escenario en el que Jesús ha celebrado la última cena con sus discípulos, lugar de su revelación, de su gloria, de su enseñanza y de su amor. Después de Jn 13,1- 30, que relata los gestos, las palabras, los sentimientos de Jesús y de los suyos durante la cena pascual, con 13,31 entramos en las palabras del último gran discurso de Jesús, que terminará con la oración sacerdotal del capítulo 17. Estamos, pues, en los comienzos: en 14,1-14 Jesús se había presentado, ofreciéndose como camino al Padre; ahora, en el texto de hoy, Jesús introduce la promesa del envío del Espíritu Santo, como Consolador, como presencia cierta, pero también la promesa de su venida en lo íntimo de los discípulos. La oposición presente en nuestro texto entre el grupo de discípulos y el mundo será el tema principal de la siguiente sección: la pregunta de Judas (14,22) y la respuesta de Jesús (14,23-31).

 

 

TEXTO

El evangelio de hoy tiene una clara estructura: está enmarcado en una inclusión formada por “amar” y “guardar mis mandamientos” en el versículo inicial (v. 15) y final (v. 21). La sección central tiene dos partes: una centrada en el Espíritu paraclíto (vv. 16-17); otra centrada en la vuelta del Señor (vv. 18-20). Las palabras-guía de todo el texto son “Padre” y “vosotros”. También sobresale la presencia trinitaria de Dios: Padre-Hijo-Espíritu, tan del gusto joaneo, y el tema de la intimidad de la comunidad creyente (“vosotros”) con la Trinidad, cifrada en los verbos recibir, ver, conocer, comprender, estar…; distintas “modalidades” de la vida creyente en profunda relación con Dios.

 

ELEMENTOS INTERESANTES

• Jesús, ante todo, dice que amarle conlleva observar (“guardar”) sus mandamientos. Si no hay observancia, no hay amor. Esto nos hace pensar en nuestra vida ética, en nuestro comportamiento debido: ¿Es conforme a los mandamientos de Jesús? ¿Cuáles son éstos? ¿Los tenemos puestos en el orden adecuado?

• Primera “promesa” de Jesús: el don del Espíritu Santo por parte del Padre. Ese Espíritu está presentado con dos características: es “el Consolador” y es “el Espíritu de la verdad”, a quien el mundo no ve ni conoce, pero los discípulos sí, porque mora junto a ellos y está dentro de ellos. ¿Sentimos que ese Espíritu “habita” y acompaña nuestra vida? ¿Experimentamos el consuelo de Dios, su asistencia, y lo transmitimos a los demás? ¿Somos personas que viven desde la Verdad y con Verdad?

• Segunda “promesa” de Jesús: su venida, su regreso; los discípulos lo verán y vivirán, porque Él es la resurrección y la vida. ¿Experimentamos, en este tiempo de Pascua, la presencia de Jesús, viva y vivificadora, en nuestra vida? ¿En qué se manifiesta?

• Jesús pronuncia con insistencia un pronombre “vosotros”, sus discípulos de entonces y de hoy. Es un texto muy interpelante, para ofrecernos una relación directa con “el Padre”, con el que mantiene una íntima vinculación de amor, a la que estamos invitados. El Padre es presentado por Jesús como Él que da. El dar es aquí la característica principal de Dios; nos da al Hijo, nos da al Espíritu, nos da su amor. Este amor suyo nos hace pasar de la muerte a la vida, de la tristeza del pecado al gozo de la comunión con Él, de la soledad del odio, a la comunión de amor con los hermanos. La cuestión es comprobar si esta realidad gozosa de Dios la vivimos y la transmitimos así en este tiempo de Resurrección.

 

Oración para disponer el corazón

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú estás con tu Padre y estás con nosotros cada vez que “nos reunimos en tu nombre”, concédenos:

  • vivir siempre de las Palabras que dirigiste a los tuyos en la última cena,
  • y permanecer siempre pidiendo y esperando tu Espíritu que nos haga amarte a ti, amar a tu Padre, y cumplir tu mandamiento
    de amar a nuestros hermanos los seres humanos.
 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo VI de Pascua

VI domingo de Pascua
mayo 21, 2017

Lecturas: Hechos 8: 5-8.14-17; Salmo 65; 1Pedro 3, 15-18; Juan 14, 15-21

Jesús promete enviar el Espíritu Santo

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Reflexión

Jesús promete no dejarnos solos y enviarnos el Su Espíritu. A la misma vez nos invita hacer lo que El hizo: amar y servir.
¿Qué puedes tu hacer tu por otros para demostrar que amas mucho a Jesús?
¿Se han sentido alguna vez solos y triste? ¿Cuándo se sienten más contentos cuando tienen muchas cosas o cuando se sienten que los quieren y los protegen? ¿Cuándo son egoístas o cuando comparten? Jesús no nos deja solos, nos invita a hacer como El: compartir y querernos unos a otros como él nos enseñó. Compartir

Actividad

Llevar al grupo unas tarjetas en blanco. Pedirles que escriban en ellas algo con que ha contribuido para que haya un mundo mejor con su testimonio de vida. Compartir con todos lo que cada uno escribió. Pensar lo que van hacer esta semana para ayudar en su casa y en su escuela. Presentar las tarjetas en el altar del grupo y terminar con una oración.

Oración

Señor, tú nos envías tu Espíritu de amor para que no nos sintamos solos y huérfanos. Permite que siempre tengamos los oídos y el corazón abiertos y los brazos extendidos para servir a nuestros hermanos con mucho amor y comprensión. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo VI de Pascua

Como en otras ocasiones, Jesús habla con sus amigos y los prepara para su partida diciéndoles cómo deben vivir para mantener su amistad con Él, una vez que no esté físicamente con ellos. Y les advierte: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. Cristo agrega que para ello contarán con la ayuda de “el Espíritu de la verdad”. Seguramente en ese momento, más de uno de los allí presente empezaron a hacer una lista de todo lo que Jesús en ese tiempo les había enseñado con sus palabras y con su ejemplo, para tratar de cumplirlo.

¿Cuáles son esos mandamientos que hemos de cumplir para demostrar nuestro amor por Jesús? Por supuesto que son los 10 mandamientos que desde el Antiguo Testamento la Biblia nos revela. Cristo viene a insistir en ellos y los resumen en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

¡Parece fácil! Pero ¿qué es amar? Casi siempre pensamos que amar es “sentir bonito”. Pero el amor auténtico, al que Cristo se refiere, va mucho más allá de eso. Amar para Cristo es querer el bien del otro y estar dispuesto a todo por lograrlo.

Cuando en todo lo que hacemos estamos pensando en cómo hacerle un bien al que está cerca de nosotros y estamos dispuestos incluso a sacrificarnos por lograrlo, ¡estamos amando! Cuando ponemos como meta de todo lo que hacemos el bien de los demás, ¡estamos amando!

Cuando vivimos amando, ¡estamos amando a Jesús!, porque con nuestra vida lo estamos glorificando y con nuestros hechos le agradecemos todos los bienes con los que nos bendice.

Y como no siempre será fácil vivir amando como Cristo nos pide, contamos con la ayuda del Espíritu Santo. Por eso, si queremos ser amigos de Jesús, ¡pidamos todos los días en nuestras oraciones que el Espíritu Santo llene nuestros corazones!

Comentario al evangelio (17 de mayo)

Iniciamos nuestra meditación con las palabras del Evangelio: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que quieran y lo obtendrán”, en referencia a la vid y los sarmientos. Podríamos pensar que esta fue la convicción del apóstol Pablo a la hora abrir las puertas del cristianismo a la gentilidad (así se reconocía a los pueblos o individuos de origen no judío), favoreciendo el encuentro con el Dios de Jesús, evitándoles tener que seguir con una práctica meramente judía (la circuncisión) para pertenecer a la comunidad creyente.

En el anuncio del Reino de Dios, proclamado por Jesús, no prevalecía sino la conversión del corazón, posibilitando el amor a Dios y al prójimo. San Pablo llegó a tener la claridad que lo verdaderamente importante era “la circuncisión” del corazón (Rm 2, 29), entendido como un proceso de conversión interior, más allá de los signos externos. Algo necesario hoy en día para todos en la Iglesia (clero, vida consagrada y fieles), será caminar hacia una profunda conversión pastoral que nos humanice.

Alcanzar la suficiente madurez humana y cristiana que nos comprometa con las causas justas; las que tienen que ver con la defensa de la vida y la integridad de la creación. Para San Pablo no fue fácil llegar a esta convicción ni tampoco lo es para nuestras comunidades cristianas. Se ha de pasar por un proceso de escucha atenta de la voz de Dios y un discernimiento comunitario profundo.

Si realmente los creyentes somos “sarmientos”, estamos llamados a ser reflejo de esa vid que busca en nosotros frutos de compasión y misericordia. Aunque la poda es necesaria para el crecimiento y desarrollo de toda planta, no olvidemos que en el caso de nuestra vida cristiana, se ha de ir podando, sobre todo, aquello que impide la cercanía y la proximidad del Reino de Dios entre nosotros. 

Fredy Cabrera, cmf