Vísperas – Jueves V de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cambiaste mi luto en gozo. Aleluya.

Salmo 29 – ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cambiaste mi luto en gozo. Aleluya.

Ant 2. Hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya.

Salmo 31 – ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto
un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya.

Ant 3. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Esto os lo he dicho para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo quede colmado. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Esto os lo he dicho para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo quede colmado. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, resucitado de entre los muertos como primicia de los que se han dormido, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.

Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
visítanos con tu amor y sálvanos.

Tú que experimentaste los dolores de la cruz y ahora estás lleno de gloria,
levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.

Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
libra a los prisioneros y oprimidos y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, cuya gracia nos transforma de culpables en justos, de infelices en dichosos, no dejes de favorecernos con la acción de tu gracia y con tus dones, y concédenos a los que hemos alcanzado ya la justificación por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 18 de mayo

Lectio: Jueves, 18 Mayo, 2017

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 15,9-11

Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.”

3) REFLEXIÓN

• La reflexión sobre la parábola de la vid comprende los versículos de 1 a 17. Ayer meditamos los versículos de 1 a 8. Hoy meditamos los versículos de 9 a 11. Pasado mañana, el evangelio del día salta los versículos de 12 a 17 y empieza desde el versículo 18, que habla de otro tema. Por esto, incluimos hoy un breve comentario de los versículos de 12 a 17, pues en estos versículos despunta la flor y es aquí donde la parábola de la vid muestra toda su belleza.

• El evangelio de hoy es de apenas tres versículos, que dan continuidad al evangelio de ayer y arrojan más luz para aplicar la comparación de la vid a la vida de las comunidades. La comunidad es como una vid. Pasa por momentos difíciles. Es el momento de la poda, momento necesario para que produzca más fruto.

• Juan 15,9-11: Permanecer en el amor, fuente de la perfecta alegría. Jesús permanece en el amor del Padre observando los mandamientos que de él recibió. Nosotros permanecemos en el amor de Jesús observando los mandamientos que él nos dejó. Y debemos observarlos del mismo modo que él observó los mandamientos del Padre: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Y en esta unión de amor del Padre y de Jesús está la fuente de la verdadera alegría: “Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado”.

• Juan 15,12-13: Amar a los hermanos como él nos amó. El mandamiento de Jesús es uno solo: “¡amarnos unos a otros como él nos amó!” (Jn 15,12). Jesús supera el Antiguo Testamento. El criterio antiguo era: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 18,19). El nuevo criterio es: “Amaros unos a otros como yo os he amado”. Aquí Jesús dice la frase: “¡No hay amor más grande de aquel que da la vida para sus hermanos!”

• Juan 15,14-15 Amigos y no siervos. “Seréis mis amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”, a saber, la práctica del amor hasta el don total de sí. En seguida, Jesús coloca un ideal altísimo para la vida de los discípulos y de las discípulas. Y les dice: ” No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Jesús no tenía secretos para sus discípulos y sus discípulas. Todo lo que ha oído del Padre nos lo cuenta. Es éste el ideal bonito de la vida en comunidad: llegamos a la total transparencia, al punto de no tener secretos entre nosotros y de podernos confiar totalmente el uno en el otro, de podernos compartir la experiencia que tenemos de Dios y de la vida y, así, enriquecernos mutuamente. Los primeros cristianos conseguirán realizar este ideal durante algunos años. Ellos “eran un solo corazón y una sola alma” (He 4,32; 1,14; 2,42.46).

• Juan 15,16-17: Fue Jesús quien nos eligió. No fuimos nosotros quienes elegimos a Jesús. Fue él quien nos encontró, nos llamó y nos dio la misión de ir y de dar fruto, fruto que permanezca. Nosotros necesitamos de él, pero también él quiere precisar de nosotros y de nuestro trabajo para poder continuar haciendo hoy lo que él hizo para el pueblo de Galilea. La última recomendación: “¡Esto os mando: que os améis unos a otros!”

• El Símbolo de la Vid en la Biblia. El pueblo de la Biblia cultivaba viñas y producía un buen vino. La recogida de la uva era una fiesta, con cantos y danzas. Fue de allí que tuvo origen el canto de la viña, usado por el profeta Isaías. El compara el pueblo de Israel con una viña (Is 5,1-7; 27,2-5; Sal 80,9-19). Antes de él, el profeta Oseas ya había comparado a Israel con una viña exuberante que cuanto más frutos producía, más multiplicaba sus idolatrías (Os 10,1). Este tema fue también utilizado por Jeremías, que comparó Israel a una viña bastarda (Jer 2,21), de la que iban a ser arrancados los ramos (Jer 5,10; 6,9). Jeremías usa estos símbolos porque él mismo tuvo una viña que fue pisada y devastada por los invasores (Jer 12,10). Durante el cautiverio de Babilonia, Ezequiel usó el símbolo de la vid para denunciar la infidelidad del pueblo de Israel. Contó tres parábolas sobre la vid: a) La vid quemada que ya no sirve para nada (Ez 15,1-8); b) La vid falsa plantada y protegida por dos aguas, símbolos de los reyes de Babilonia y de Egipto, enemigos de Israel (Ez 17,1-10). c). La vid destruida por el viento oriental, imagen del cautiverio de Babilonia (Ez 19,10-14). La comparación de la vid fue usada por Jesús en varias parábolas: los trabajadores de la viña (Mt 21,1-16); los dos hijos que deben trabajar en la viña (Mt 21,33-32); los que alquilaron una viña, no pagaron el dueño, espantaron a sus siervos y mataron a su hijo (Mt 21,33-45); la higuera estéril plantada en la viña (Lc 13,6-9); la vid y los sarmientos (Jn 15,1-17).

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Somos amigos y no siervos. ¿Cómo vivo esto en mi relación con las personas?

• Amar como Jesús nos amó. ¿Cómo crece en mí este ideal de amor?

5) ORACIÓN FINAL

Cantad a Yahvé, bendecid su nombre!

Anunciad su salvación día a día,

contad su gloria a las naciones,

sus maravillas a todos los pueblos. (Sal 96,2-3)

El hogar de María

Quiero, Virgen María,
un hogar cálido como el tuyo
para que Dios no pase de largo.
Quiero, Virgen María,
un hogar sin puertas como el tuyo,
para que el Ángel entre sin dificultades.
Quiero, Virgen María,
un hogar sin techo,
para que, aún durmiendo,
pueda contemplar la inmensidad del cielo.
Quiero, Virgen María,
un hogar sencillo y con maderos
para que, ni la vida ni los problemas,
me alejen del espíritu de aquel esposo carpintero.
Quiero, Virgen María,
un hogar con veleta apuntando hacia Dios
un hogar con pozo de agua fresca
un hogar con alma sencilla
un hogar donde, cuando Jesús entre,
encuentre siempre la mesa puesta y el corazón dispuesto.
Quiero, Virgen María,
un hogar con paredes blancas y corazones fuertes
un hogar con fuego vivo y sábanas blancas
un hogar, donde el Evangelio,
sea escuchado, seguido y proclamado.
Así, Virgen María,
quiero que sea mi hogar.
Amén
Ave María

J.Leoz

Flor del Reino de Dios

Palabra de Dios

Is 11, 1-9: La utopía del Reino. El lobo vivirá con el cordero.

Lc 10, 3-9: Decidles: “Ha llegado a vosotros el reino de Dios”.

Texto antológico

“Cristo no comenzó predicándose a sí mismo, sino al reino de Dios. ¿Qué es lo que significa el reino de Dios, que, indiscutiblemente, constituye el centro de su mensaje? Para los oyentes de Jesús significaba algo muy distinto de lo que significa para los oídos del creyente moderno, para quien el reino de Dios es la otra vida, el cielo, lo que hay después de la muerte. El reino de Dios -que aparece ciento veintidós veces en los evangelios, y de ellas, noventa en los labios de Jesús- significaba para los oyentes de Jesús la verificación de una esperanza, al fin del mundo, de superación de todas las alienaciones humanas, de destrucción de todo mal físico o moral, del pecado, del odio, de la división, del dolor y de la muerte. El reino de Dios sería la manifestación de la soberanía y el señorío de Dios sobre este mundo siniestro, dominado por las fuerzas satánicas en lucha contra las fuerzas del bien; el término con el que poder expresar que Dios es el sentido último de este mundo, que él no tardará en intervenir para sanar toda la creación en sus fundamentos, instaurando el nuevo cielo y la nueva tierra. Esta utopía, que constituye el anhelo de todos los pueblos, es objeto de la predicación de Jesús, el cual promete que ya no será utopía, sino una realidad que habrá de ser introducida por Dios. Por eso, al predicar por primera vez en la sinagoga de Galilea y leer el pasaje de Isaías 61, 1ss (‘El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’), dice: ‘Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy’ (Lc 4,18-19.21)”.

Leonardo Boff

Reflexión

Hace años, en nuestra formación cristiana, se nos habló poco del reino de Dios. Más lo llamaban reino de los cielos, y ello hacía que lo confundiéramos con el cielo, sin más.

La cristología bíblica nos redescubre el reino de Dios como tema mayor de Jesús. El dato históricamente más cierto que tenemos de Jesús es que su predicación y su vida toda giró en torno a este anuncio: el reino de Dios está viniendo.

Jesús fue verdaderamente un hombre con un ideal, con una causa: el reino de Dios. Esta fue la causa con la que soñó, de la que predicó obsesivamente, por la que se arriesgó, le persiguieron, lo capturaron, lo condenaron y lo ejecutaron.

El reino de Dios es la transfiguración, la transformación de este mundo introducido plenamente en el orden de la voluntad de Dios. No es otro mundo, sino este mismo, pero totalmente transformado, habitado por Dios como Señor y Padre, y trasladado definitivamente más allá del tiempo…

Redescubierto el Reino como el centro de la vida, la palabra y los hechos de Jesús, todo hay que redimensionarlo desde esa perspectiva del reino. Ser cristiano consistirá en vivir y luchar por la causa de Jesús.

La gloria de María también brilla con nueva luz dentro de esta perspectiva: ella es como una realización anticipada, una concentración del Reino en apretada síntesis, una fiesta para los ojos de la fe, una flor del reino de Dios. Flor fecunda que nos traerá en su seno al anunciador y realizador definitivo del reino.

Examen

  • ¿Hemos hecho nuestro, personalmente el redescubrimiento cristológico de la perspectiva del reino de Dios? ¿Lo hemos estudia suficientemente? ¿Hemos meditado en debidamente? ¿Preferimos quedamos anclados en la espiritualidad en la que fuimos educados?
  • ¿Vivimos y luchamos por el reino de Dios?
  • ¿Es el centro de nuestras ilusiones y esfuerzos el advenimiento del reino? ¿Suspiramos en nuestro corazón por ello?
  • ¿Está enmarcada nuestra lucha personal y de nuestra comunidad cristiana en la luc por el reino?

Conversión

  • Tomar medidas oportunas para que los p que nos círculos en los que nos movemos cada uno, en lo que de nosotros depende, se vaya configurando con el proyecto de Dios, reino.
  • Leer el evangelio y meditar las palabras hechos de Jesús sobre el reino de Dios.
  • Tratar de colaborar con espíritu amplio ecuménico con todos los grupos, movimientos e iniciativas que luchan por un mundo mejor, más justo y más en paz, más cerca reino.

Invocación

  • María, madre de Jesús, fiel discípula del Señor…
  • …ayúdanos a vivir y luchar por su reino.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en María, la madre de Jesús, has hecho florecer anticipadamente una muestra de lo que es tu voluntad sobre el mundo y sobre la historia, ¡el reino! Haz que, animados e iluminados por la belleza de esa flor, fructifiquemos también nosotros en frutos del reino.

Cantos sugeridos

“Reina del mundo”, de G. Ferrero, en Madre de todos.

“El reino de los pobres”, de G. Ferrero, en Madre de todos.

Evangelii Gaudium – Francisco I

33. La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía. Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos. Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos y especialmente con la guía de los obispos, en un sabio y realista discernimiento pastoral.

Dar razón de nuestra esperanza

1.- Llamados a anunciar el evangelio a todos. Felipe, ya nombrado diácono-servidor de la comunidad, va a predicar a Samaria. Anuncia a los samaritanos que Jesús es el Mesías que ellos también esperaban. Su palabra va acompañada de la acción, la misma acción de Jesús: saca los espíritus malignos y da la salud a los inválidos. El resultado de la predicaci6n de Felipe es la alegría, tema típico de Lucas. Es la alegría propia de los últimos tiempos, del momento en que Dios interviene decisivamente en la historia humana. Ante el resultado de la predicación de Felipe, los apóstoles envían a unos representantes a confirmar en la fe a aquellos que han hecho caso de Felipe y han sido bautizados en el nombre de Jesús. En este caso, la imposición de manos comporta recibir el don del Espíritu. Las manos, junto con la palabra, son uno de los medios más expresivos del lenguaje del hombre. El gesto de poner las manos sobre la cabeza significa transmitirle a otro algo que pertenece o está relacionado con la propia personalidad del que lo impone. Es el gesto de quien desea introducir algo en la totalidad de la persona de otro. En este texto se trata del Espíritu de Jesús, verdadera fuerza por la que Dios actúa en la historia humana. El sacramento de la confirmación hoy compromete al que lo recibe a mantener a Cristo vivo y operante en nuestro mundo. 

2.- Dar razón de nuestra esperanza. El Salmo 65 es una invitación a contemplar las maravillas de Dios, a admirarse por ellas y dar gracias. Recuerda la maravilla fundamental del éxodo, pero recuerda sobre todo que Dios continúa actuando sin negar nunca su amor a quien se dirige a Él. Pedro en su carta nos exhorta a estar siempre dispuestos para dar razón de nuestra esperanza a cuantos pregunten por ella. Estamos en deuda con todos y a todos debemos una respuesta. Pues somos responsables de la esperanza del mundo y sus testigos, sus mártires. Pero ¿qué debemos entender por “dar razón de nuestra esperanza”? Desde luego, no es lo mismo que dar razones para que los otros esperen lo que nosotros mismos no esperamos. Dar razón de la esperanza es mostrar que esperamos con paciencia en situaciones desesperadas y en la misma muerte. El que quiera dar razón de la esperanza, lo ha de hacer siempre con mansedumbre, pues la agresividad no puede ser nunca señal de la esperanza, sino del miedo. Se ha de hacer con respeto, con todo el respeto que merecen los que preguntan y, sobre todo, con el respeto que debemos al Evangelio. Esto nos obliga a decirlo todo y a practicarlo todo, sin mutilar el evangelio, ni avergonzarse de él.

3.- Jesús no nos deja solos. Antes incluso de su muerte, Jesús anuncia que deben estar preparados para recibir de El su presencia y su ayuda de otra manera. El mensaje de Jesús en este tiempo pascual es claro: “Vosotros -les dice- viviréis, porque yo sigo viviendo”. ¿Qué significa esto? Que la muerte de Jesús es la entrega de su vida y el que da la vida la gana para él y para los que le aman, que Jesús en su muerte da la vida por sus discípulos y a sus discípulos. La hora de su despedida es la hora de su entrega: en adelante, privados de la presencia física del maestro, los discípulos reciben la herencia del Espíritu Santo y el regalo inapreciable de la nueva presencia de Jesús resucitado. Según el evangelista Juan, Dios pide al hombre dos actitudes fundamentales: fe y amor. Esta respuesta del hombre al Evangelio comprende ya la plenitud de la nueva ley. Una fe vivida en el amor y un amor operante por la obediencia buscada a la Palabra del Señor constituyen aquella comunión de vida con Jesús que se presupone para que se cumplan las promesas que él hace a sus discípulos. Numerosos santos han subrayado en sus escritos este aspecto: “Ama y haz lo que quieras”, nos dice San Agustín. Jesús no nos deja solo en la tarea de anuncia la Buena Noticia de su amor. Nos envía el Espíritu Santo para fortalecernos. La palabra “paráclito” es un término jurídico para designar al abogado defensor. Con su ayuda es posible vivir desde el amor y mantener nuestra esperanza.

José María Martín OSA

Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y está en vosotros».

«No os dejaré abandonados; volveré a estar con vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis, porque yo vivo y vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, vosotros en mí y yo en vosotros. El que conoce mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Juan 14, 1-12

 

Comentario del Evangelio

Para ser cristiano no hace falta ser muy inteligente, ni el mejor de todos, ni muy habilidoso. Para ser cristiano es muy importante que hagamos las cosas por amor. En este pasaje del Evangelio Jesús nos vuelve a recordar que Él nos amas, que Dios su Padre nos ama con locura y que siempre va a estar con nosotros.

El amor de Dios por nosotros es infinito, y nosotros debemos amarle a Él. Y debemos mostrar este amor con los demás. El amor a nuestros hermanos, a nuestros amigos, a nuestros compañeros es algo fundamental en nuestra vida.

Si todas las personas hicieran todas las cosas por amor, el mundo sería muchísimo mejor. Por eso nuestra misión en el mundo es hacer las cosas siempre por amor, y contagiar esta idea a los demás, y contagiarla con amor…

Dios nunca nos va a dejar sólos. Y, de la misma manera, nosotros no podemos dejar sólos a los demás. Tenemos una misión en el mundo, amigos…

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe algo que hayas hecho en tu vida por amor (con los amigos, con la familia, los compañeros de clase, etc…).

• ¿Cómo demostramos los cristianos el amor por los demás?

• Haz esta semana algo que sea realmente por amor…

 

Oración

Señor Jesús,
gracias por el don inmenso de tu Espíritu Santo,
de nuestro defensor.

Gracias por todos los dones que Él nos da
a cada uno de nosotros
y a nuestras respectivas comunidades.
Gracias por tu insistencia

en esa predilección tuya: amaos.
Este es tu Mandamiento,
esta es la manera como Tú quieres que vivamos
Gracias, Señor Jesús,

por tantas personas que me enseñan amar,
por tantas personas que aman de verdad.
Como esta mujer que me decía

que hoy a medio día a su vecina enferma
le había preparado una sopa y ayer no se qué…
Haz, Señor Jesús,

que abra mis ojos a tantos gestos de estima
que se dan en nuestro mundo.

Yo pediré al Padre que os dé otro Defensor

Buena falta, Señor Jesús,
les hacía a tus discípulos esta promesa:
“le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Ciertamente la situación que se les avecinaba, en aquel primer Jueves Santo,
pocas horas antes de que te prendieran
y decidieran tu muerte… era angustiosa.
En aquellos momentos es fácil que los Apóstoles vivieran una sensación muy similar a la orfandad.

Sin Ti, aquel grupo de seguidores tuyos, quedaría huérfano.
Por eso Tú les dices:
“No os dejaré huérfanos”.
Tu resurrección y la venida del Espíritu Santo suplirán ampliamente tu presencia física

Era durante la comida de despedida,
ya la tormenta se avecinaba,
tus enemigos, Señor Jesús,
lo tenían todo decidido,
y Judas había pactado con ellos tu traición. Posiblemente tus discípulos intuirían el peligro que se cernía sobre ellos y sobre Ti.
Y si a lo mejor estaban ausentes
a las circunstancias dramáticas de momento Tú te adelantas a lo que dentro de poco vivirán. Por eso les prometes que pedirás a Dios Padre que les mande un defensor: el Espíritu Santo.

En esas estamos también nosotros.
Los peligros no se han terminado.
Cada época tiene los suyos.
Hoy, también nosotros,
tenemos necesidad de tu Defensor, Señor Jesús, para que nos estimule a dar razón de nuestra fe como dice San Pedro:
“estad siempre dispuestos para dar razón
de vuestra esperanza”.

Necesitamos de tu defensor para perdonar y trabajar por un mundo más justo,
para estar junto al desvalido,
para vivir para Dios y para los demás, para trabajar por la unidad,
para ponerte siempre
en el centro de nuestras vidas,
para que nos ilumine
en el conocimiento de tu Palabra,
para que nos empuje a ser testigos tuyos en nuestro mundo.

Y sobre todo necesitamos de tu Espíritu para que podamos llevar a la práctica tus Mandamientos:
Amar a Dios Padre y amarnos
“los unos a los otros como yo os he amado”. Tú, Señor Jesús, quieres obras, hechos… por eso dices:
“el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre y yo también lo amaré”

A Ti, Señor Jesús, lo que te importa,
lo que valoras son las obras, los hechos como nos dices en la parábola del juicio final: “Venid, benditos de mi Padre,
recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer…”

Señor Jesús,
gracias por el don inmenso de tu Espíritu Santo, de nuestro defensor.
Gracias por todos los dones que Él nos da
a cada uno de nosotros
y a nuestras respectivas comunidades. Gracias por tu insistencia
en esa predilección tuya: amaos.
Este es tu Mandamiento,
esta es la manera como Tú quieres que vivamos Gracias, Señor Jesús,
por tantas personas que me enseñan amar, por tantas personas que aman de verdad. Como esta mujer que me decía
que hoy a medio día a su vecina enferma
le había preparado una sopa y ayer no se qué…

Haz, Señor Jesús,
que abra mis ojos a tantos gestos de estima que se dan en nuestro mundo

Perdón, Señor Jesús,
porque para muchos amar les resulta difícil casi imposible.
Así me lo decía Ana en el centro penitenciario: “desde que estoy aquí me he hecha dura; antes compartía, era solidaria…
ahora no puedo…
he visto demasiada miseria humana”.

Señor Jesús
ayúdanos a amar de verdad.
Gracias a Dios,
por muchos inconvenientes que se presenten, ese es el mejor camino
que podamos tomar: Amar siempre.

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo VI de Pascua

● Estamos en tiempo de Pascua.

● Pascua es el tiempo en el que los discípulos de Jesús hacían memoria de todo lo más importante que Jesús les había dicho.

● Sin lugar a dudas el amor entra de lleno en las prioridades de Jesús y por tanto lo que ante todo hemos de recordar de Jesús: “Amaos como yo os he amado…”

● El texto comienza y finaliza haciendo referencia al amor.

● El amor, la caridad, es el centro de la actuación de Jesús, es su mandamiento: amar a Dios y amar a los demás como Él nos ha amado.

● Dice Jesús “si me amáis guardad mis mandamientos”, “al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”

● ¿Cuáles son los mandamientos de Jesús?: amar a Dios y a las personas; amar como Jesús nos ha querido.

● Guardar equivale a cumplir. No se trata de conservar los mandamientos intactos, bien custodiados o de llevarlos escritos en la frente o en otro sitio como hacían los judíos sino de llevarlos a la práctica.

● Jesús, mientras ha estado con sus discípulos, ha sido su defensor, ahora que se va les promete otro defensor: el Espíritu Santo, el Paráclito que será quien les conducirá, que será el abogado, el defensor .

● En el difícil proceso de la vida tenemos todos un abogado es el Espíritu Santo.

● Ciertamente, como Jesús les dijo: “no os dejaré solos”. Jesús no les dejó solos. Él quiere continuar para siempre entre los suyos, pero de otra forma.

● Nuestra misión es dejarnos conducir por el Espíritu Santo.

● Cada vez que celebramos la Eucaristía antes de que el sacerdote diga las palabras de la consagración le pedimos a Dios que envíe el Espíritu Santo sobre el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

● El Espíritu tiene una importancia excepcional para los discípulos, para las primeras comunidades. Él es quien hace surgir en el interior de la comunidad los múltiples carismas. Él es quien la conduce: Así San Pablo, en su carta a los corintios, les dice: “hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo, diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Dios obra todo en todos. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe en el mismo Espíritu; a otro carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro poder de milagros; a otro, profecía; a otro discernimiento de espíritu; a otro diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad”. (1 Cor 12, 4-11)

● Si hasta ahora ha sido Jesús quien ha conducido a los discípulos, ahora, que ha llegado el tiempo de dejar este mundo, Él les promete que les enviará el Espíritu para que continúe su obra.

● Jesús les dice: “no os dejaré huérfanos, volveré”, haciendo referencia a su Resurrección.

● Todos deberíamos dar más espacio en nuestras vidas a la acción del Espíritu. Todos deberíamos confiar más en la acción del Espíritu en cada uno de nosotros y en la Iglesia.

Comentario al evangelio (18 de mayo)

Una de las lecciones de vida cristiana que olvidamos con frecuencia es la que nos dicta el Evangelio de hoy: “estar alegres y vivir plenamente felices”.

Muchos cristianos se pierden viviendo su fe desde el mero cumplimiento de lo que está mandado; preceptos y prohibiciones que poco o nada aportan a la realización personal y que conducen a marginar o rechazar a muchos. Se pierde la novedad del Evangelio que anunció Jesús.  Podríamos preguntarnos: ¿acaso nuestras prácticas religiosas son espacios para crecer y madurar en el amor al prójimo? Si esto no es así, podríamos sentarnos en comunidad a discernir ¿qué podríamos hacer para cambiar o mejorar? Algo de estos cambios, en el proceso evangelizador de las primeras comunidades cristianas, nos presenta el libro de Hechos de los Apóstoles que leemos en estos días.

A raíz de la controversia provocada por los cristianos de tendencia judaizante que, apegados a la Ley de Moisés, pedían a los gentiles la circuncisión y el cumplimiento de todo lo contenido en la Ley. En respuesta a estas situaciones, guiados por el Espíritu y por el discernimiento comunitario, descubren que la única exigencia es la de vivir como Jesús, haciendo el bien. Concluyeron que para ser cristiano no se necesita cumplir numerosos requisitos, solamente una cosa es importante: tener el corazón abierto a Dios y al prójimo. En esto realmente podríamos jugarnos el título de “cristianos”. Porque la vida de un cristiano sólo puede ser entendida en la entrega y en el servicio humilde a los demás.

El mensaje de Jesús es para todos aquellos que, venciendo su egoísmo, entregan su vida sin esperar nada a cambio. He aquí el secreto de una vida plenamente feliz, que no vive de alegrías superfluas o individuales sino de aquellas que surgen en el amor compartido.

Fredy Cabrera, cmf