Si me amáis, guardaréis mis mandamientos

Estamos dentro de este marco de la Pascua de Resurrección, en el 6o Domingo de Pascua ya. El clima de la resurrección se respira continuamente y la palabra de Dios, la palabra de Jesús nos exige alegría, pero reflexión. Escuchemos con atención el texto de Juan, capítulo 14, versículo 15 al 21, donde Jesús se sigue desahogando con estas preciosas palabras:

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Jn 14, 15-21

Hoy continuamos en la misma escena que el domingo anterior. Jesús está en el Cenáculo, se está despidiendo de sus discípulos y se está desahogando, como decíamos el domingo anterior. Y continúa ese discurso que narrábamos ya en el otro domingo: les anima, les da una promesa espléndida, no los quiere dejar desamparados, les envía el Espíritu Santo, se lo promete. Jesús, en su ausencia, les muestra su amor guardando sus mandamientos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, los cuales se cifran en un solo precepto. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros”.

Y después les dice que les va a enviar el Espíritu, el Paráclito de verdad, porque a Él, a Dios nadie le ha visto jamás, pero Él está con su Padre y Él se quiere dar a conocer en el Espíritu, el Espíritu de verdad, el alma de la Iglesia, la presencia de Jesús, que es el que transforma nuestra vida, nuestra realidad, el que nos ayuda a superarnos, el que nos ayuda a pasar la tentación, el sufrimiento, el que nos conforta, el que nos hace vivir gozosos, el que nos hace estar en la alegría, el que nos hace tener los frutos de su Espíritu, que son la caridad, la paz, la paciencia, la mansedumbre, la templanza. Es el Dador de vida. Él nos muestra el camino y nos dice cómo es “dador de vida”, cómo es la fuerza que nos alienta y que nos ayuda. Y quiere que lo hagamos con las obras, lo tenemos que demostrar con las obras.

Hoy Jesús nos pide en esa confidencia que si le amamos guardemos los mandamientos. Él sabe que es difícil también, Él sabe que nos mantenemos débilmente en la fidelidad, pero sabe también que nuestro camino es bueno, satisfactorio, si estamos con Él y que nos ayuda por medio de su Espíritu, que no nos deja abandonados, que nos señala cómo tenemos que hacer. Aunque no lo veamos, Él está siempre, su presencia está, su fuerza está.

Por lo tanto, querido amigo, tenemos que cuestionarnos hoy nuestro modo de vivir, tenemos que ver si es coherente con la vida de Jesús, si su palabra se cumple, si guardamos sus mandamientos, si nos llenamos de esperanza, si nos llenamos de paz. Él nos da la buena noticia, pero quiere que seamos testigos, quiere que demos testimonio donde estemos. Él es la razón de nuestra esperanza, Él nos promete la paz, la vida, la alegría, pero es necesario practicar sus mandamientos. Si así no lo hacemos, nunca podremos tener su Espíritu y su fuerza. Sabe que a corto plazo volveremos a Él, cuando nos veamos mal, cuando nos sintamos abandonados, cuando sintamos dificultades, pero Él nunca, nunca nos va a dejar, su presencia está siempre ahí.

Querido amigo, reflexionemos sobre todos los textos de hoy, sobre todo lo que Él nos dice: “Si me amas, guarda mis mandamientos. Yo te daré el Espíritu. El mundo no te lo va a dar, pero Yo sí. Nunca te voy a dejar. Me verás, me encontrarás si aceptas y si amas lo que Yo te digo”. Querido amigo, vamos a pedirle a Jesús hoy que nos olvidemos de nuestros desamores, de nuestras faltas de cariño, de nuestra no-entrega, de nuestro no tener el Espíritu suyo, que aceptemos y guardemos lo que Él nos dice. Y le damos gracias por este anuncio, por estas confidencias a ti y a mí, personas débiles e infieles, pero que nos quiere tanto, que nos ama tanto.

Vamos a darle gracias por esto, vamos a pedirle que nos ayude a cumplir lo que Él nos dice. ¿Y [qué] es lo que Él nos dice? El amor, la fe, la alegría. Todo esto tenemos que aprender y llenar nuestra vida para ser felices con Él. Es el camino del amor, es la felicidad de estar con Él, es la felicidad de sentirnos queridas por el Señor y dador de nuestra vida. Recojámonos en plena oración, atendamos a nuestra vida interior y ver si languidece, se atrofia o realmente estamos escuchando esa voz del Espíritu que nos dice: “Os doy un mandamiento nuevo. Si lo guardas, vivirás mi amor”.

Se lo vamos a pedir a la Virgen con toda intensidad, que nos ayude ella a cumplir, a vivir esto que Él nos dice y este mensaje de amor que nos quiere dar, para que no nos sintamos solos en el camino, para que no nos llenemos de tristeza y nos llenemos de paz, de alegría y de esperanza, que son los dones de la Resurrección.

¡Gracias, Jesús! ¡Gracias, Jesús, por todo! ¡Que así sea!

Francisca Sierra Gómez

I Vísperas – Domingo VI de Pascua

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REVESTIDOS DE BLANCAS VESTIDURAS

Revestidos de blancas vestiduras,
vayamos al banquete del Cordero
y, terminado el cruce del mar Rojo
alcemos nuestro canto al rey eterno.

La caridad de Dios es quien nos brinda
y quien nos da a beber su sangre propia,
y el Amor sacerdote es quien se ofrece
y quien los miembros de su cuerpo inmola.

Las puertas salpicadas con tal sangre
hacen temblar al ángel vengativo,
y el mar deja pasar a los hebreos
y sumerge después a los egipcios.

Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua,
ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima:
el ázimo purísimo y sincero
destinado a las almas sin mancilla.

Oh verdadera víctima del cielo,
que tiene a los infiernos sometidos,
ya rotas las cadenas de la muerte,
y el premio de la vida recibido.

Vencedor del averno subyugado,
el Redentor despliega sus trofeos
y, sujetando al rey de las tinieblas,
abre de par en par el alto cielo.

Para que seas, oh Jesús, la eterna
dicha pascual de nuestras almas limpias,
líbranos de la muerte del pecado
a los que renacimos a la vida.

Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo,
que de los muertos ha resucitado,
así como también al sacratísimo
Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya.

Ant 2. El Señor, libre de las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, libre de las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya.

Ant 3. Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado que esté con vosotros para siempre. Aleluya

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado que esté con vosotros para siempre. Aleluya

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitando de entre los muertos destruyó la muerte y nos dio nueva vida, y digámosle:

Tú que vives eternamente, escúchanos, Señor.

Tu que eres la piedra rechazada por los arquitectos, pero convertida en piedra angular,
conviértenos a nosotros en piedras vivas de tu Iglesia.

Tú que eres el testigo fiel y el primogénito de entre los muertos,
haz que tu Iglesia sea también siempre testimonio ante el mundo.

Tú que eres el único esposo de la Iglesia, nacida de tu costado,
haz que todos nosotros seamos signos de tus bodas con la Iglesia.

Tú que eres el primero y el último, el que estabas muerto y ahora vives por los siglos de los siglos,
concede a todos los bautizados perseverar fieles hasta la muerte, a fin de recibir la corona de la victoria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tu que eres la lámpara que ilumina la ciudad santa de Dios,
alumbra con tu claridad a nuestros hermanos difuntos.

Sintiéndonos verdaderos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor ferviente estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 20 de mayo

Lectio:  Sábado, 20 Mayo, 2017
Tiempo de Pascua
1) Oración inicial
Señor, Dios todopoderoso, que por las aguas del bautismo nos has engendrado a la vida eterna; ya que has querido hacernos capaces de la vida inmortal, no nos niegues ahora tu ayuda para conseguir los bienes eternos. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 15,18-21
Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
 
3) Reflexión
• Juan 15,18-19: El odio del mundo.”Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros”. El cristiano que sigue a Jesús está llamado a vivir al revés de la sociedad. En un mundo organizado desde intereses egoístas de personas y grupos, quien procura vivir e irradiar el amor será crucificado. Este fue el destino de Jesús. Por esto, cuando un cristiano o una cristiana es muy elogiado/a por los poderes de este mundo y es exaltado/a como modelo para todos por los medios de comunicación, conviene desconfiar siempre un poco. “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo”. Fue la elección de Jesús lo que nos separó. Y basándonos en esta elección o vocación gratuita de Jesús tenemos la fuerza para aguantar la persecución y la calumnia y podremos tener la alegría en medio de las dificultades.
• Juan 15,20: El siervo no es más que su señor. “El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán”. Jesús había insistido en este punto en el lavatorio de los pies (Jn 13,16) y en el discurso de la Misión (Mt 10,24-25). Y esta identificación con Jesús, a lo largo de los siglos, dio mucha fuerza a las personas para seguir su camino y fue fuente de experiencia mística para muchos santos y santas mártires.
• Juan 15,21: Persecución por causa de Jesús. “Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.” La insistencia repetida de los evangelios en recordar las palabras de Jesús que pueden ayudar a las comunidades a entender el porqué de las crisis y de las persecuciones, es una señal evidente de que nuestros hermanos y hermanas de las primeras comunidades no tuvieron una vida fácil. Desde la persecución de Nerón en el 64 después de Cristo hasta el final del siglo primero, vivieron en el temor de ser perseguidos, acusados, encarcelados y de morir en cualquier momento. La fuerza que los sostenía era la certeza de que Jesús estaba en medio de ellos.
 
4) Para la reflexión personal
• Jesús se dirige a mí y me dice: Si fueras del mundo, el mundo amaría lo suyo. ¿Cómo aplico esto a mi vida?
• Dentro de mí hay dos tendencias: el mundo y el evangelio. ¿Cuál de las dos domina?
 
5) Oración final
Pues bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

Domingo VI de Pascua

Para que las celebraciones Eucarísticas, las Misas que todos los domingos celebramos, puedan ejercer sobre nosotros toda su benéfica influencia espiritual es imprescindible que tengamos una idea clara de qué es lo que venimos hacer en ellas.

En síntesis podríamos decir que venimos para conocer el mensaje de Jesús, (lecturas y homilía), revisar nuestros comportamientos ordinarios a la luz de ese mensaje, (Examen), pedir perdón por nuestros fallos en la medida en que los tengamos (peticiones de perdón) y comprometernos a aplicar de ahora en adelante las enseñanzas de Jesús. (consagración en la que sellamos nuestra Alianza con Dios)

Siguiendo este esquema nos acercamos a una Eucaristía tan importante como la del día de hoy, en la que los textos insisten en la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

En la primera parte: escucha de la palabra de Dios tenemos tres grandes e importantes enseñanzas.

1ª GRAN ENSEÑANZA.

No cualquier actitud es apta para recibir el Espíritu Santo.

Dice Jesús que el “mundo” no puede recibir el Espíritu porque no lo conoce. Esto podría “arreglarse” dándoselo a conocer, pero la “cosa” es mucho más grave: el mundo no solo no conoce al Espíritu, es que, da la severa impresión, de que no le interesa lo más mínimo conocerlo.

Una primera razón de esa falta de interés sería que el Espíritu prometido es “La Verdad” y al mundo actual le importa muy poco la verdad. Es un mundo intelectualmente muy influido por el sofisma, por la mentira, por el “aparentar”. Antes se hablaba de la importancia de SER, poco a poco se fue cambiando por la del TENER. Hemos dado un paso más en arenas movedizas: ahora cuenta el “APARENTAR”, el “PARECER”. Hoy privan las fachadas aunque no tengan nada por dentro.

Buena parte de la culpa de esa desviación la tienen los medios de comunicación que “nos saturan indiscriminadamente de datos, todos al mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales” (E.G. nº. 64)

A esta superficialidad intelectual, que nos hace movernos en el relativismo, se une una segunda razón que impide el deseo de conocer a Dios: La mentalidad “Exitista y privativista” (E.G. nº 209) Es una mentalidad dominadora que conduce a un individualismo enfermizo incapaz de contemplar y actuar con respeto al gran valor que es la persona, incapacitando a quien la padece para toda apertura a un humanismo cristiano (E.G. nº 68) en el que pudiera andar a sus anchas el amor, perfecta manifestación del Espíritu de Dios.

Concurre todavía una tercera razón: Gran parte de la humanidad va por la vida unas veces tan excesivamente entretenida y otras tan obsesivamente preocupada por las cosas e intereses materiales, que apenas le quedan ganas y tiempo para pensar en abrirse a la acción del Espíritu, no obstante padecer una tremenda soledad y vacío espiritual. Hay tan poca calma, tan escaso sosiego y, por otra parte, tanto ruido que resulta bastante difícil poder escuchar los llamados del Espíritu.

Da la impresión, y parece que ya se la daba a Jesús, de que gran parte de la humanidad no está todavía preparada para recibir el Espíritu.

2ª GRAN ENSEÑANZA.

Hay un criterio para saber si se es o no apto para recibirlo.

El criterio definitivo para saber si nosotros estamos dispuestos a recibir el Espíritu de Dios es analizar nuestra vida para descubrir si guardamos o no los preceptos de Jesús. ”Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”

Este es un tema que ha salido en muchas ocasiones y por eso podemos pasar sobre él sin dedicarle más tiempo que el de llamarnos la atención sobre su valor y recordar la advertencia de Jesús: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre”. (Mt. 7,21)

3ª GRAN ENSEÑANZA.

La voluntad de Dios es que todos puedan y quieran recibirlo.

No obstante todo lo anterior SÍ es posible hoy en día y en medio de todas esas dificultades, recibir el Espíritu Santo y hay mucha gente que lo desea y se esfuerza en ello.

Por parte de Jesús la oferta es clara y tajante “El que conoce mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y ME MANIFESTARÉ A ÉL”(Jn. 14, 21)

Un poco más abajo, (Jn. 14,23) continúa: “si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él”

Esta es claramente la voluntad de salvífica de Dios. Jesús lo dejo muy claro cuando insistió que: Él no vino a condenar al mundo sino a que el mundo se salve por Él, (Jn. 3, 17), no vino para apagar la mecha que aún humea (Mt.12,20), no vino para castigar al hijo pródigo, (Lc. 15,11ss) ni a la oveja perdida, ni a nadie que quisiera acercarse a Él. Vino como el buen pastor que recoge a las ovejas, las pone sobre sus hombros y las trae al redil (Jn. 10, 11ss), VINO PARA LOS ENFERMOS, para salvarlos, (Lc. 5,32) porque los sanos no necesitan médico.

La infinita misericordia de Dios es algo patente a lo largo de toda la Revelación. Lo ha señalado muy precisamente el Papa Francisco: En el núcleo fundamental del Evangelio “lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado “ (E.G. nº 36)

Dios no nos ha de fallar. Queda “lo nuestro”: los puntos segundo, tercero y cuarto. ¿Nos arrepentimos de las veces que no le hemos dejado actuar libremente? ¿Nos comprometemos a SÍ dejarle actuar de ahora en adelante? ¿En qué y dónde le vamos a dejar actuar?

Lo que le contestemos será el “verdadero contenido” de ese pacto de la Nueva y eterna Alianza que es la Eucaristía que estamos celebrando.

Pedro Sáez

Hija de Sión, Madre de la esperanza

Palabra de Dios

Zac 9, 9-10: Alégrate, hija de Sión.

Sof 3, 14-18: Alégrate, hija de Sión; no temas.

Lc 1, 26-38: Alégrate, María; no temas.

1 Pe 3, 13-17: Dispuestos a dar razón de vuestra esperanza.

Rom 8, 18-27: Las criaturas gimen en dolores de parto.

1 Pe 1, 3-9: Hemos sido engendrados para una esperanza viva.

Texto antológico

“Así fue saludada María: ‘Alégrate, colmada de gracia; el Señor está contigo’. Fue saludada como siendo la hija de Sión, símbolo de Israel, a quien fue anunciado el rescate, la venida del Mesías: el Señor está contigo. No se trata, pues, de un saludo vulgar y corriente, sino más bien de una invitación al gozo mesiánico dirigido a la hija de Sión: ‘Alégrate vehementemente’ (en hebreo, ranni’; en griego, chaire sphodra).

Esto aparece manifiesto al comparar el relato de la anunciación con la profecía de Sofonías (3, 14-17), teniendo cuidado en señalar los evidentes puntos de contacto entre los dos textos.

El texto original hebreo del relato de san Lucas nos hubiera mostrado, sin duda, la evidencia de los contactos literarios entre el anuncio mesiánico de Sofonías a la hija de Sión y la anunciación del ángel a María. Además, el texto griego mismo los deja ver. Por ahora nos basta con hacer notar, una vez más, la indudable relación entre la hija de Sión, que personifica al pueblo de Dios, y María. La Virgen, madre del Mesías, es la manifestación personal del pueblo de Israel, hija de Sión, que esperaba, en los dolores de la historia, el alegre parto de su esperanza y de su liberación, prometida por el Señor. María, hija de Sión, es la ‘encarnación’ de Israel.

San Lucas ha visto en la Virgen María a la hija de Sión del Antiguo Testamento, a la hija de Sión escatológico, la ‘encarnación’ del ‘resto’ fiel de Israel, quien, en su pobreza y santidad, esperaba la alegría de la venida de Dios en su Mesías.

María, hija de Sión, va a ser la madre del Mesías, y en el momento de su concepción virginal, Yavé vendrá a morar en su seno, como en el arca de la alianza. Hija de Sión, Madre del Mesías, Morada de Dios, tales son los títulos que pueden darse a María, contemplándola en la perspectiva del Antiguo Testamento que san Lucas ha querido subrayar”.

Max Thurian

Reflexión

El texto de Le 1,28-37 es más que un improvisado saludo de un arcángel ocurrente. Es la fe de la primitiva comunidad cristiana expresada por medio del evangelista, fe que ve en María el cumplimiento de las promesas mesiánicas y liberadoras del Antiguo Testamento.

María, prestando su fe y su esperanza como pista de aterrizaje de Dios en Jesús, personifica la fe y la esperanza de Israel. Es, para la fe del Nuevo Testamento, la nueva y definitiva hija de Sión, el resumen y la cristalización de todas las esperanzas mesiánicas en el Dios liberador.

María, nueva hija de Sión, es el símbolo de una esperanza activa, que ofrece a sí misma, que se compromete por el advenimiento del reino, que no falla aun a pesar de las dificultades y oscuridades, que sintoniza y resume la esperanza colectiva de todo un pueblo, de todos los hombres y pueblos que esperan en el Dios liberador. Una esperanza cristocéntrica: ¡Ven, Señor Jesús!, que apunta al reino: “Venga a nosotros tu reino”.

Examen

  • ¿Cómo andamos de esperanza? Hacernos un chequeo sobre la esperanza. Frente a la marcha del mundo, la evolución de la Iglesia, el caminar de la sociedad, el itinerario de nuestra familia…
  • ¿En qué cosas, hechos, personas, movimientos históricos se fundamentan mis esperanzas? ¿Tengo alguna esperanza desprovista de todo fundamento, arraigada sólo en Dios? ¿Quién puede estar dependiendo de mí -aun sin saberlo yo- para mantener viva su esperanza? ¿Me siento responsable, solidario en la esperanza?
  • ¿Sabemos mantener la esperanza en formas como la perplejidad, el desconcierto, la crítica, la involución, los fracasos, las deserciones?

Conversión

  • Tomar decisiones para hacer un chequeo a nuestra esperanza.
  • Provocar una forma realista para compartir comunitariamente las esperanzas concretas que nos animan en la comunidad cristiana.
  • Sostener a quien cerca de mí está desesperanzado.
  • Sentirnos solidarios de todos los hombres y pueblos que esperan la liberación.

Invocación

  • María, hija de Sión, aurora del reino, esperanza del pueblo de Dios…
  • …anima nuestra esperanza en la liberación total.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en María hiciste aparecer las primeras luces de la liberación anunciada, esperada ardientemente por la hija de Sión. Renueva hoy en el pueblo de Dios una apasionada esperanza. Haz que vivamos pendientes de la autora de la liberación que estás haciendo llegar con tu reino.

Cantos sugeridos

“Santa María de la Esperanza”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Cántico de María”, de A. Mejía, en La asamblea que canta.

Evangelii Gaudium – Francisco I

35. Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia. Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante.

El Espíritu defensor

1. Según el evangelio de Juan, «Paráclito» significa defensor, protector o intercesor. En un contexto jurídico, significa abogado que defiende o ayuda a un acusado. El Espíritu es el Abogado Defensor de Jesús: da testimonio, reconoce su palabra y lo glorifica. También es el Abogado de sus discípulos: les recuerda las palabras de Jesús, hace presente en ellos al Señor, les hace valientes en el mundo y los defiende en la persecución. Tiene, pues, una doble función de defensa: por Cristo ante el Padre y por Cristo ante los discípulos.Sin Defensor nos que damos huérfanos o desamparados, a merced de los poderosos. Con la ayuda del Defensor se mantiene vivo el mensaje de Jesús y se edifica la comunidad en el mundo.

2. Jesús anuncia en la última cena la venida del Defensor. Cuando él haya partido, volverá en las apariciones pascuales (en las eucaristías) y en los últimos tiempos (en la Parusía). Estará presente en los discípulos, pero será opaco al sistema de «este mundo», incompatible con el Espíritu.

3. Las funciones del Defensor son varias: la primera es la de «enseñar» todo lo que ha dicho Jesús: es «Espíritu de la verdad». Por consiguiente, recordará la verdad. En segundo lugar, el Defensor será testigo de Jesús frente al mundo; este testimonio se manifestará en la predicación apostólica y en los signos cristianos. En tercer lugar, el Defensor será el «acusador del mundo» en materia de pecado, de justicia y de juicio. El mundo será convencido de pecado; se hará justicia a Cristo, y será condenado el Príncipe de este mundo.
 

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Tenemos experiencia del Espíritu de Dios? ¿Cuándo nos dirigimos a Él?

Casiano Floristán

Estar junto a…

Como todos los domingos después de pascua, seguimos leyendo el evangelio de Juan. Esta vez los textos nos preparan para celebrar pronto la fiesta de Pentecostés.

El otro Paráclito

Juan nos trae largos discursos de despedida de Jesús antes de su pasión y muerte. En el pasaje de hoy se nos habla de la venida del Espíritu, aquél que debe continuar la tarea. El Señor lo llama «el otro Defensor» (Jn 14, 16); con lo cual se califica implícitamente a sí mismo de ese modo. Defensor significa «estar junto a», ser el abogado (el que intercede por)Eso es Jesús, alguien que está cerca de sus amigos, que los representa y defiende. Defensor llama también Juan a Jesucristo en una de sus cartas (1 Jn 2, 1).

El Espíritu prolonga la tarea del Hijo, a eso viene para: «que esté siempre con vosotros» (v. 16), lo conocemos porque vive con nosotros (v. 17). Al tema de la cercanía y el acompañamiento se añade otro: se trata del «Espíritu de la verdad» (v. 17). Gracias a él reconocemos que Dios es Padre y es Vida. Es lo contrario al «padre de la mentira», aquel que impide que nos comportemos con la libertad de los hijos y que es «homicida desde el principio» (Jn 8, 44). Jesús y el Espíritu están con la comunidad cristiana y la llevan a la comunión con el Padre (Jn 14, 21) y a «la verdad completa» (Jn 16, 13). Verdad que se hace, que se pone en práctica, como el mismo Juan nos lo recuerda (3, 21).

Dar razón de nuestra esperanza

Estar junto al hermano es lo que nos pide el Señor. Recibir el Espíritu (Hech 8, 15-17) debe hacer que nos convirtamos en «defensores», en acompañantes y abogados, en personas que están junto a aquellos que nos necesitan. Estamos llamados no a imponer nuestras ideas, sino a servir a los demás. Esto supone vivir y compartir con los otros; si Jesús no nos deja huérfanos (Jn 14, 18), tampoco nosotros debemos abandonar a los que requieren de nosotros. Esto es dar verdadero «culto al Señor» (1 Pe 3, 15).

Con su entrega Cristo nos dio la vida. Ese don del Señor debe hacernos respetar y acoger al prójimo, con sus necesidades, sus sufrimientos, sus proyectos, su vida. Todo ello configura la «buena conducta en Cristo»a que nos llama Pedro (3, 16). No podemos, por ello, aceptar que nadie se erija en dueño de las vidas de otros. El derecho a la vida es el primero de los derechos de la persona humana.

Estar junto al hermano, cualquiera que él sea, nos pondrá en condiciones de dar razón de nuestra esperanza (v. 15) en la presencia del Espíritu en medio de nosotros.

Gustavo Gutiérrez

Palabras de despedida

A veces el amor aconseja, exige la ausencia, alejarse de los suyos. Un ejemplo claro es el de muchos emigrantes que se marchan a otros países precisamente porque aman a los suyos. Pues lo normal es que la persona, que ama, desea el encuentro, la cercanía, la proximidad. Más aún, inventan motivos para estar juntos.

En el corto evangelio de hoy Jesús insiste tanto en la presencia, en el estar con sus amigos que casi, casi parece obsesionado. Conviene recordar que el texto evangélico forma parte del discurso, de las palabras de despedida pronunciadas después de la Última Cena. Les dice: “No os dejaré huérfanos. Volveré; que esté siempre con vosotros y vosotros conmigo”. Para hacer realidad esto instituyó, entre otras formulas, los sacramentos: el más claro es el de la Eucaristía y están los misterios de la Resurrección y de la Ascensión a los cielos. No cabe duda que en la Eucaristía se da una presencia intensa del creyente con Jesús y el cielo es precisamente estar con Él. Sin embargo, tengo la sensación de que sufrimos una cierta orfandad, especialmente cuando nos sentimos inseguros. No en vano vivimos en una sociedad a la que se le aplican adjetivos como agresiva, desigual, liquida (nada fiable).

Manifiesta Jesús “estar siempre con vosotros”. Habla del amor permanente. No vale, por tanto, el amor fugaz, el amor intermitente, de usar y tirar, ahora si, luego no. Avisa también que el amor no es solo palabras: “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Sale al paso “del amor rosa”, del solo “mirarse el uno al otro”. Una pregunta oportuna ¿El amor es un valor escaso o abundante? ¿Cómo relacionar esto con la afirmación del apóstol Juan: “Quién no ama no conoce a Dios?”

En la segunda lectura San Pedro aconseja a sus cristianos: “Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”.

Para dar razón de nuestra esperanza, como nos sugiere el apóstol Pedro, hay que tenerla. De lo contrario es una tarea imposible. El Papa Francisco decía recientemente, como acostumbra, cosas sencillas e interesantes. “La esperanza es un “don” de Jesús, la esperanza es Jesús mismo. Esperanza no es la de quien consigue ver” el vaso medio lleno”: eso es sencillamente optimismo y el optimismo es una virtud humana que depende de muchas cosas. La esperanza es una virtud de segunda clase. La virtud humilde si se la compara con la fe y la caridad.

Según el catecismo, la esperanza consiste en confiar con certeza en las promesas de salvación que Dios nos ha hecho. Está fundada en la seguridad que tenemos de que Dios nos ama. Claro está que para quién confía plenamente en Dios, no hay futuro incierto. Uno de los ejemplos más gráficos de lo que es la esperanza lo encontramos en Job, que a pesar de todas las desventuras siguió creyendo en Dios. Todo lo anterior supone que no somos analfabetos espirituales. Sin esperanza la vida es áspera por eso aunque sea una virtud de segunda clase le viene bien a nuestro mundo.

Que demos amablemente razón de nuestra esperanza, porque la vivimos y que acojamos con buen animo el consejo de un místico del siglo XIV: “Si estás en éxtasis y tu hermano necesita un vaso de agua, deja tu éxtasis y ve a llevarle el vaso de agua”.

Josetxu Canibe

No estamos huérfanos

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una presencia nueva que los envolverá y les hará vivir, pues los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos, mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama… yo también lo amaré y me revelaré a él».

¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él?

¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor?

¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar?

¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús?

¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

José Antonio Pagola