Vísperas – Miércoles VI de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: NOS REÚNE DE NUEVO EL MISTERIO

Nos reúne de nuevo el misterio
del Señor que resurge a la vida,
con su luz ilumina a la Iglesia,
como el sol al nacer cada día.

Resucita también nuestras almas,
que tu muerte libró del castigo
y vencieron contigo al pecado
en las aguas del santo bautismo.

Transfigura los cuerpos mortales
que contemplan tu rostro glorioso,
bella imagen del Dios invisible
que ha querido habitar con nosotros.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro,
y a tu lado vivamos por siempre
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Aleluya.

Salmo 48 I – VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Aleluya.

Ant 2. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Salmo 48 II

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Ant 3. Tuyos son, Señor, el poder y la riqueza, la fuerza y la gloria. Aleluya.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tuyos son, Señor, el poder y la riqueza, la fuerza y la gloria. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo, y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

Señor Jesús, de cuyo costado abierto salió sangre y agua,
haz de la Iglesia tu esposa inmaculada.

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, al confesarte su amor, el cuidado de tus ovejas,
concede al papa Francisco un amor ardiente y un celo apostólico.

Tú que concediste una pesca abundante a los discípulos que pescaban en el mar,
envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

Tú que preparaste a la orilla del mar el pan y los peces para los discípulos,
no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, nuevo Adán, que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya,
para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Sintiéndonos verdaderos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, haz que tu pueblo viva siempre en la alegría al ver renovada la juventud de su espíritu, y que el gozo de haber recobrado la dignidad de la adopción divina le dé la firme esperanza de resucitar un día a la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 23 de mayo

Lectio: Martes, 23 Mayo, 2017
Tiempo de Pascua

1) Oración inicial
Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 16,5-11

Ahora me voy a aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.
 
3) Reflexión
• Juan 16,5-7: Tristeza de los discípulos. Jesús, a partir de la comunicación artificiosa de su separación, provoca que la tristeza que los discípulos guardaban en el corazón aflore en ellos: “Ahora voy a aquel que me ha enviado y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?”. Es evidente que separarse del estilo de vida aprendido junto a Jesús comporta para los discípulos un sufrimiento. Jesús insiste: “Es más, porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza” (v.6). San Agustín explica así este sentimiento de abandono que invadía a los discípulos: “Les daba miedo el pensamiento de perder la presencia visible de Jesús… Su afecto humano se entristecía al pensar que sus ojos no experimentarían más el consuelo de verlo” (Comentario al evangelio de Juan, XCIV, 4). Jesús intenta disipar esta tristeza, causada por la disminución de su presencia, al revelar la finalidad de su marcha. Es decir, que si él no parte, el Paráclito no vendrá a ellos; pero si él muere para retornar al Padre, lo podrá enviar a los discípulos. La partida y la separación son condición previa para la venida del Paráclito: “pues si no me voy, no vendrá a vosotros el Consolador…” (v.7).

• Juan 16,8-11: Misión del Paráclito. Jesús continúa describiendo la misión del Paráclito. El término “Paráclito” significa “abogado”, es decir, apoyo, asistente. Aquí el Paráclito viene indicado como el acusador en un proceso que se realiza ante Dios, en el cual el imputado es el mundo, culpable de condenar a Jesús: “demostrará la culpa del mundo referente al pecado, a la justicia y al juicio” (v.8). El texto de la CEI (1967) traduce: “él convencerá al mundo”; el verbo griego elègkein significa que investigará, interrogará, pondrá a prueba: sacará a la luz la realidad, ofrecerá la prueba de la culpabilidad.
El objeto de la demostración es el pecado: él ofrecerá al mundo la prueba del pecado que ha cometido en lo que se refiere a Jesús y se lo manifestará. ¿De qué pecado se trata? El de la incredulidad (Jn 5,44ss; 6,36; 8,21.24.26; 10,31ss). Además, el haber pensado el mundo que Jesús es un pecador (Jn 9,24; 18,30) resulta ser una culpa inexcusable (Jn 15,21ss).
En segundo lugar, “demostrará” la culpabilidad del mundo ”respecto a la justicia”. En el plano jurídico, la noción de justicia que más concuerda con el texto es la que conlleva una declaración de culpabilidad o de inocencia en un juicio. En nuestro contexto, es la única vez que en el evangelio de Juan aparece el término “justicia”, en otros lugares aparece el de “justo”. En Jn 16,8 la justicia está unida a cuanto Jesús ha afirmado de sí mismo, es decir, a la finalidad por la que va al Padre. Con esta exposición explica su glorificación: Jesús va al Padre, está a punto de eclipsarse, y por tanto, los discípulos no podrán verlo más; está a punto de entregarse y de sumergirse totalmente en la voluntad del Padre. La glorificación de Jesús confirma su filiación divina y la aprobación por parte del Padre de la misión llevada a cabo por Jesús. Por tanto, el Espíritu demostrará directamente la justicia de Cristo (Jn 14,26; 15,26) al proteger a los discípulos y a la comunidad eclesial.
El mundo, que pensaba haber juzgado a Jesús condenándolo, ahora es condenado por “el príncipe de este mundo”, porque es el responsable de su crucifixión (13,2.27). Jesús, muriendo en la cruz, ha sido levantado (12,31) y ha vencido a Satanás. Ahora el Espíritu testificará a todos el sentido de la muerte de Jesús, que coincide con la caída de Satanás (Jn 12,32; 14,30; 16,33)
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Tenemos el mismo miedo y preocupación de perder a Jesús que tenían los discípulos?

• ¿Te dejas conducir por el Espíritu Paráclito que te lleva a identificar con verdad el error del mundo, te ayuda a adherirte a Jesús y te conduce a conocer la verdad sobre tí mismo?
 
5) Oración final
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

por haber escuchado las palabras de mi boca.
En presencia de los ángeles tañeré en tu honor,
me postraré en dirección a tu santo Templo. (Sal 138,1-2)

Despedida en el monte

Has salido del Padre y vas al Padre.
¿Por qué decirte adiós?
Tú acabas volviendo siempre.
Te arrebata una nube
y nos mandas recado
de que ya estás a la puerta.
Te perdemos de vista
y no nos quitas los ojos de encima.

– No. Yo no dejo la tierra.
No. Yo no olvido a los hombres.
Aquí yo he dejado la guerra.
Arriba están vuestros nombres.
Y estamos en esta guerra tuya,
reclutados de las cinco partes del mundo
y enviados a las cinco partes del mundo.

Sabíamos que ninguna otra ausencia
iba a dejar un vacío mayor entre no
se atrevería a hacemos un encargo
más utópico que el tuyo.
Y, sin embargo, nadie como tú
nos prohibió tanto las lágrimas,
para que no nos vendiéramos
a las traiciones del corazón.
Desapareciste entre claros imperativos:
id, bautizad, enseñad, haced discípulos a las gentes.
Hasta nos prohibiste seguir mirando al cielo
para que la tierra no se nos fuera de las manos.
«Aquí vino y se fue.
Vino … nos marcó una tarea
y se fue. (. .. )
llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas
y se fue».

María, familiar y vecina

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Fue a visitar a su prima Isabel.

Jn 2, 1-12: Bodas en Caná de Galilea.

Texto antológico

“El apostolado en el medio social, es decir, el afán por llenar de espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que uno vive, es hasta tal punto deber y carga de los seglares que nunca podrá realizarse convenientemente por los demás. En este campo, los seglares pueden ejercer el apostolado del compañero con el compañero. Es aquí donde se complementa el testimonio de la vida con el testimonio de la palabra. En el campo del trabajo, de la profesión, del estudio, de la vecindad, del descanso o de la convivencia, son los seglares los más aptos para ayudar a sus hermanos” (AA 13).

“Siembren también la fe de Cristo entre sus compañeros de trabajo, obligación que tanto más urge cuanto que muchos hombres no pueden oír hablar del evangelio ni conocer a Cristo más que por sus vecinos seglares” (AG 21).

Reflexión

Las grandes cosas se realizan casi siempre en la pequeñez, en lo sencillo. Es la ley de la encarnación.

Nazaret: Dios mismo escondido en la pequeñez de una familia, en la oscuridad de un caserío olvidado y miserable, en la cotidianeidad de unos quehaceres domésticos, en las relaciones familiares con un vecindario inadvertido…

María: velando anónimamente el crecimiento de Jesús, haciendo posible calladamente el advenimiento del reino, haciendo presente el misterio, llevando ocultamente a Dios a su prima, haciendo el bien a sus amigos de Caná. Dios hecho familia y vecindad en la familia de María.

Examen

  • ¿Valoramos la vida sencilla? ¿Sabemos ver en ella, con fe, la hondura de nuestras responsabilidades divinas?
  • ¿Somos portadores de Dios hacia los amigos, conocidos, familiares… sin espectáculos, calladamente, con paciencia y constancia?
  • ¿A qué amigos, familiares, vecinos… puedo llevarles a Jesús? ¿Cómo? ¿Qué pasos voy a dar?
  • Revisar nuestra vida, sencilla, doméstica, intima. ¿Qué presencia de Dios dejo que la habite?

Conversión

Tomar decisiones para tratar de convertir la vida familiar, de relaciones de vecindario, de amistad…, en un primer ámbito de compromiso por realizar el reino de Dios, de “impregnación de las estructuras temporales con el espíritu de las bienaventuranzas”. * Trata de vivir con más amor tus relaciones humanas, con más humanidad. * Abre los ojos, da un repaso: ¿qué necesidades ajenas, próximas a mí, no he descubierto en familiares, parientes, amigos, vecinos, compañeros, conocidos?

Invocación

  • María, madre de Jesús, madre de todos los seres humanos…
  • …ayúdanos a llevar a Jesús a toda la familia humana.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en María de Nazaret nos has dado un ejemplo de vida familiar, sencilla, oculta, solidaria. Haz que nuestra vida cotidiana, sencilla y humildemente, introduzca también la presencia de Jesús en medio del pueblo.

Cantos sugeridos

“En el trabajo”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

“Hija del pueblo”, de A. Taulé, en Dios te salve, María.

Evangelii Gaudium – Francisco I

38. Es importante sacar las consecuencias pastorales de la enseñanza conciliar, que recoge una antigua convicción de la Iglesia. Ante todo hay que decir que en el anuncio del Evangelio es necesario que haya una adecuada proporción. Ésta se advierte en la frecuencia con la cual se mencionan algunos temas y en los acentos que se ponen en la predicación. Por ejemplo, si un párroco a lo largo de un año litúrgico habla diez veces sobre la templanza y sólo dos o tres veces sobre la caridad o la justicia, se produce una desproporción donde las que se ensombrecen son precisamente aquellas virtudes que deberían estar más presentes en la predicación y en la catequesis. Lo mismo sucede cuando se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios.

Misa de la familia – Domingo de la Ascensión del Señor

1. MONICIÓN DE ENTRADA

¡Bienvenidos a este gran día! ¡Bienvenidos en este Día del Señor! Hoy, por si no lo recordamos, es la fiesta de la ASCENSIÓN DE JESÚS A LOS CIELOS.

Hoy, aquel hombre que nació Niño en Belén; Aquel que curó a enfermos y acompañó a los tristes; Aquel que curó heridas y que subió a la cruz; Aquel que, al tercer día resucitó… ¡HOY SUBE A LOS CIELOS!

Esta fiesta es una fiesta de gran alegría. Jesús, al entrar en el cielo, deja una puerta abierta por la que, nosotros también, entraremos a formar parte de esa otra gran fiesta y alegría eternas que existen junto a Dios.

Os invitamos a celebrar con un solo corazón y una sola alma este momento.

Jesús, que tanto ha hecho por nosotros, nos acompañará desde el cielo para que no olvidemos de ir por los caminos que El nos ha marcado.

2. PENITENCIAL

2.1. Jesús se va al cielo pero no se desentiende de nosotros. ¿Por qué no pensamos un poco más en aquellos que nos rodean? SEÑOR, TEN PIEDAD

2.2. Jesús, en la Ascensión, nos enseña el camino que conduce al Padre. Para ello hemos de vivir como Dios quiere. ¿Por qué damos más importancia a los “señores” del mundo que al mismo Dios? CRISTO, TEN PIEDAD

2.3. Jesús, en el día de la Ascensión, es el gran triunfador. ¿Trabajamos nosotros para que, un día, podamos alcanzar esa gloria que nos espera en el cielo? SEÑOR, TEN PIEDAD

(En el momento del Gloria, un grupo de chicos/as, juntando sus manos van rodeando y danzando en torno al altar. Ha de ser un Gloria popular)

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que se van a leer en este día, parece que nos están diciendo: ¡ahora os toca a vosotros! Y es que, la Ascensión del Señor nos invita a mirar al cielo para alcanzar la sabiduría, la confianza y la alegría del Señor: quiere que compartamos este Misterio con El. ¿Seremos capaces? Que nos sintamos hijos de Dios. Y que la Buena Noticia que Cristo nos ha traído, sea un motivo para creer y esperar en ese cielo al que estamos llamados.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Por la Iglesia que pregona y anuncia a Cristo muerto, resucitado y hoy ascendido a los cielos. Para que sea un recinto de paz, de justicia, un lugar donde los hombres descubran la presencia de Dios. Roguemos al Señor.

4.2. Decimos que Dios es amor. ¿Pero amamos a los demás? ¿Sirve de algo decir “Dios es amor” si, luego, no nos ven que damos y ofrecemos cariño? Para que nos tomemos en serio las palabras de Jesús. Roguemos al Señor.

4.3. Los grandes deportistas, cuando ganan, suben al podium, al estrado del triunfo. Jesús no solamente salió triunfador sobre la muerte, además, hoy es colocado junto a Dios por lo bien que hizo todo y, sobre todo, por cumplir el plan de Dios. Que El nos ayude a nosotros. Roguemos al Señor.

4.4. El Señor se va pero no se olvida de nosotros. Le pidamos que nos envíe pronto su Espíritu Santo. Que no nos deje huérfanos. Le necesitamos para seguir amando y descubriendo el rostro de Dios Padre. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

5.1. Con esta ESCALERA queremos representar el Misterio de la Ascensión de Cristo. El Señor se va desde la tierra hacia el cielo. Es un gran misterio. Pero debemos de utilizar la escalera de la fe para comprenderlo y para abrir bien los ojos ante cosas que, sin verlas, están delante o detrás de nosotros.

5.2. Con este LADRILLO, ARENA Y PALETA, queremos decirle al Señor que ahora nos toca a nosotros. Que nos ayude a seguir construyendo su Reino. A trabajar por su Iglesia. Que contamos con El para que, el Evangelio, sea llevado y conocido en muchos lugares de nuestro planeta.

5.3. Sin la Eucaristía, nuestra vida cristiana, sería muy floja. Que Jesús, desde el cielo, venga todos los días, todos los domingos hasta este altar y, así, sea el alimento que engorde nuestras almas para que un día podamos gozar con El en el cielo.

6. ORACIÓN FINAL

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por haberte hecho Niño en Belén

Por ser como uno de nosotros

Por hablar nuestro mismo idioma

Por comprendernos y amarnos

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por consolarnos en las penas

Por andar por nuestros caminos

Por haber bajado desde el cielo

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por curar a tantos enfermos

Por los milagros que has realizado

Por llorar con nosotros

Por alegrarte en nuestras fiestas

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por multiplicar el pan y el pescado

Por dar de comer al hambriento

Por hablarnos de Dios

Por enseñarnos a rezar

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por dejarnos la Eucaristía

Por enseñarnos a perdonar

Por indicarnos el camino hacia Dios

Por llamarnos “bienaventurados”

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por subir a la cruz por nosotros

Por derramar tu sangre por nosotros

Por morir en la cruz

Por ser obediente hasta la muerte

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por resucitar y resucitarnos a todos

Por resucitar y darnos vida eterna

Por resucitar y vencer a la muerte

¡GRACIAS, SEÑOR!

Por marcharte al cielo y esperarnos a todos

Por subir al cielo y enseñarnos el camino

Por ascender a Dios y no olvidarnos

Por entrar en el cielo y guardarnos un sitio

¡GRACIAS, SEÑOR, POR TU ASCENSION!

7.- REFLEXIÓN DE DESPEDIDA

Su Ascensión es una llamada a mirar hacia lo alto, una invitación a no olvidar la tierra de cada día. La Ascensión de Cristo es un “te lo has merecido” por haber sido Hombre y Dios, Dios y Hombre. Su ascensión es una huella que cristo deja para que nosotros, un día, la sigamos de cerca y podamos vivir en el cielo.

Música – Domingo de la Ascensión

“ID Y HACED DISCÍPULOS DE TODOS LOS PUEBLOS”

“Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo” (O. Colecta)

Ambientación musical: “Gloria” de la Misa Criolla.

La Ascensión del Señor conlleva la promesa del Espíritu Santo, “recibiréis fuerza para ser mis testigos…”, que convertirá a los discípulos en testigos de la salvación hasta los con nes del mundo, y hará presente al Resucitado en medio de su Iglesia haciéndola comunidad de vida y salvación.

La Ascensión del Señor al cielo no es el fin de su presencia en la tierra, sino el comienzo de una nueva forma de estar en el mundo, a través de sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Canto de entrada: ”Gloria y honor a Ti”, coral S. XVI. CLN A-8; MD 4-1. “Juntos cantando la alegría” CLN 410; MD 67.

Salmo responsorial: ”Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompeta”; o bien, Salmo 46 de F. Palazón, en Salmos al Creador.

Oración de los Fieles: “Acuérdate, Señor, de tu Iglesia”

Santo: CLN I 13 (Misa VIII “De Angelis”).

Rito de la paz: “La paz” de A. Alcalde. CD Paz a Vosotros.

Comunión: ”Cerca de ti, Señor” CLN 702; “Amaos unos a otros”, “Bendigamos a Dios” (popular) CLN 707.

Canto final: “Cantad a Dios” (popular escandinava) CLN 619.

Antonio Alcalde Fernández

Recursos – Domingo de la Ascensión

Al ritmo de la Vida
La alegría de… LA MISIÓN

1. Sentido del día

«Iglesia en salida» es la primera palabra que el papa Francisco… La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (EG 20 y 21). La Iglesia –decía el papa Pablo VI «existe para evangelizar» (EN 14). La alegría de la Pascua lleva consigo, indisolublemente, el sentido de la “misión” que nace, precisamente del cumplimiento de la iniciativa del Padre, que “envió” a su Hijo, no para juzgar al mundo, sino para salvarlo” (Jn 3,16-17). Y, del mismo modo que el Hijo fue “enviado”, así el Hijo nos envía a nosotros una vez realizada su “misión” en el mundo. Ahora, con la Ascensión, es el tiempo de la Iglesia, que prosigue en la historia la “misión” de Jesucristo. Pero la misión no es el cumplimiento de un deber, de una ética sino el fruto de la alegría profunda de quien se vive con una nueva Vida. La misión y el envío son inseparables de la experiencia de la resurrección.

2. El “aleluya” del panel

El “aleluya”, que va marcando el hilo de todo nuestro tiempo pascual, es el grito que debe anunciarse a los cuatro vientos, porque el evangelio es, esencialmente, la “Buena Noticia” para el mundo y es, por tanto, una alegría comunicativa, tal como lo resaltamos en nuestra celebración eucarística, en los dos momentos ya señalados:

  1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2ª lectura,
  2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la sexta nota del domingo: en este caso (la Ascensión), la nota que subrayará la palabra “MISIÓN”

3. Una oración:

¡A-le- lu- – -ya!

Haced discípulos míos, no maestros;
haced personas, no esclavos;

haced caminantes, no gente asentada;
haced servidores, no jefes.
Haced hermanos.

Haced creyentes, no gente creída;
haced buscadores de verdad, no amos de certezas;
haced creadores, no plagistas;
haced ciudadanos, no extranjeros.
Haced hermanos.

Haced poetas, no pragmáticos;
haced gente de sueños y memoria,
no de títulos, arcas y mapas;
haced personas arriesgadas, no espectadores.
Haced hermanos.

Haced profetas, no cortesanos;
haced gente inquieta, no satisfecha;
haced personas libres, no leguleyas;
haced gente evangélica, no agorera.
Haced hermanos.

Haced sembradores, no coleccionistas;
haced artistas, no soldados;

haced testigos, no inquisidores;
haced amigos de camino, no enemigos.
Haced hermanos.

Haced personas de encuentro,
con entrañas y ternura,

con promesas y esperanzas,
con presencia y paciencia,
con misión y envío.
Haced hermanos.

Haced discípulos míos;
dadles todo lo que os he dado;
descargad vuestras espaldas y sentíos hermanos.

Florentino Ulibarri

Oración de los fieles (Domingo de la Ascensión)

Desde la bendición y envío de Jesucristo, que sube a los cielos, te rogamos Padre que nos ayudes a ser testigos libres de tu verdad y tu libertad:

DANOS, SEÑOR, LA FUERZA DE TU AMOR

  • Por la Iglesia y todos los que la dirigen, para que no se dejen llevar del miedo que paraliza y, confiando en Dios, que siempre cumple sus promesas y va a estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, sepa ser Iglesia de la esperanza y del riesgo comprometido, llegando a todos los que más la necesitan. Oremos.
  • Por la sociedad en la que vivimos, por todos los que la gobiernan, para que no nos dejemos llevar por una mirada pesimista y condenatoria de la realidad actual. Para que sepamos ver todos los signos de esperanza, las posibilidades reales de transformación y mejora, y nos comprometamos con lo realmente viable sabiendo que la historia está en nuestras manos. Oremos.
  • Para que, liberados de una vivencia de lo material y del bienestar como único horizonte de la vida, sepamos abrirnos a lo trascendente y valoremos los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo, en la apertura a todos los hermanos. Oremos.
  • Para que, animados por esta esta de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, no nos conformemos con los límites que provocan sufrimiento en nuestro mundo, y nos comprometamos en la esperanza de que es posible un mundo mejor y más humano, lleno de igualdad y fraternidad. Oremos.
  • Por todos los que compartieron su vida con nosotros, los que nos quisieron y quisimos, para que, ascendidos y gloriosos con Cristo, gocen de la vida eterna. Oremos.

  • Por todos los que, en la Iglesia y en el mundo, trabajan por la dignidad de los más pequeños y débiles de los humanos, para que no decaigan en su esfuerzo y compromiso por favorecer su ascensión en dignidad y amor. Oremos

Señor, tú que has ascendido entre aclamaciones y al son de trompetas, escucha nuestras oraciones y llévanos junto a ti, con el Padre y el Espíritu, al Reino de los Cielos.

Comentario al evangelio (23 de mayo)

Atendemos, como ayer, otro episodio en los procesos que vivió Pablo por el anuncio del Evangelio. Esta vez, desde la cárcel, a pesar de los azotes y los insultos no dejará de dar testimonio de su fe. Todos los que estuvieron con él pudieron experimentar la presencia del Dios de Jesús, no sólo al sentir fortaleza, sino favoreciendo la liberación de los que estaban presos y la conversión del carcelero junto a toda su familia.

El Evangelio de Juan continúa presentando uno de los discursos esenciales de Jesús a sus discípulos. Ya próximo el momento de su Pasión, Jesús mismo anuncia la presencia de un defensor para la vida de sus seguidores (el Espíritu Santo). La mención de este “defensor” es una clara invitación a la madurez de los discípulos que no han de temer a las pruebas ni a sus adversarios.

El cristiano convencido de la presencia de Dios en el mundo no ha de tener miedo de denunciar las consecuencias del pecado individual y estructural. Sólo siguiendo el ejemplo de entrega y donación de la vida, como Jesús, se podrá nuevamente proclamar en esta Pascua que el “príncipe de este mundo” y todo su proyecto de maldad y destrucción ha sido derrotado. Es necesario buscar así la conversión y el cambio en los más posibles.

Citamos oportunamente el pensamiento del beato Mons. Romero de El Salvador asesinado “por odio a la fe”: “La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el Reino de Dios en esta tierra”. (Homilía del 24 de julio de 1977).  

Fredy Cabrera, cmf