Vísperas – Miércoles VI de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Salmo 61 – DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Ant 2. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Salmo 66 – QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Ant 3. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos. Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Espíritu me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Espíritu me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, y digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús, resucitándolo de entre los muertos,
convierte nuestros corazones, para que vivamos la nueva vida de tu Hijo resucitado.

Tú que nos has devuelto al Pastor y guardián de nuestras vidas, cuando éramos ovejas descarriadas,
consérvanos en fidelidad a tu Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
revela a los hijos de este pueblo el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
y no permitas que vivan en la soledad los que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamaste a ti a Esteban, el cual confesó que Jesús estaba a tu derecha,
recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó el mismo Jesús:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, que, así como ahora celebramos en la fe la gloriosa resurrección de tu Hijo Jesucristo, así también merezcamos regocijarnos con todos los santos, cuando vuelva él triunfalmente al fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 24 de mayo

Lectio: Miércoles, 24 Mayo, 2017
Tiempo de Pascua
 
1) Oración inicial
Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 16,12-15
Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros.
 
3) Reflexión
• En estas semanas del tiempo pascual, los evangelios diarios están sacados, casi todos, de los capítulos de 12 a 17 de Juan. Esto revela algo respecto del origen y del destino de estos capítulos. Reflejan no sólo lo que acontece antes de la pasión y de la muerte de Jesús, pero también y sobre todo la vivencia de la fe de las primeras comunidades después de la resurrección. Reflejan la fe pascual que las animaba.
• Juan 16,12: Mucho tengo todavía que deciros. El evangelio de hoy comienza con esta frase: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello”. En estas palabras de Jesús afloran dos cosas: el ambiente de despedida que marcaba la última cena, y la preocupación de Jesús, el hermano mayor, con sus hermanos más jóvenes que en breve se quedarán sin su presencia. Quedaba muy poco tiempo. En breve, Jesús sería detenido. La obra iniciada estaba aún incompleta. Los discípulos apenas estaban al comienzo del aprendizaje. Tres años es muy poco para cambiar de vida y comenzar a vivir desde otra imagen de Dios. La formación de ellos no se había terminado. Faltaba mucho, y Jesús tenía todavía muchas cosas que enseñar y transmitir. Pero él conoce a sus discípulos. Ellos no son de los más inteligentes. No soportarían conocer ya todas las implicaciones y consecuencias del discipulado. Quedarían desanimados, no serían capaces de soportarlo.
• Juan 16,13-15: El Espíritu Santo dará su ayuda. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros”. Esta afirmación refleja la experiencia de las primeras comunidades. En la medida en que iban imitando a Jesús, tratando de interpretar y aplicar su Palabra en diversas circunstancias de sus vidas, experimentaban la presencia y la luz del Espíritu. Y esto acontece hoy en las comunidades que tratan de encarnar la palabra de Jesús en sus vidas. La raíz de esta experiencia son las palabras de Jesús: “Todo lo que tiene el Padre es mío, también. Por eso os he dicho recibirá de lo mío y os lo explicará todo”.
• La acción del Espíritu Santo en el Evangelio de Juan. Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gen 1,1), así el Espíritu desciende sobre Jesús “como una paloma venida del cielo” (Jn 1,32). ¡Es el comienzo de una nueva creación! Jesús habla las palabras de Dios y nos comunica el Espíritu sin medida (Jn 3,34). Sus palabras son Espíritu y Vida (Jn 6,63). Cuando Jesús se despidió, dijo que iba a enviar a otro consolador, a otro defensor, para que se quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14,16-17). A través da su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros, a través del bautismo, todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1,33). Cuando apareció a los apóstolos, sopló sobre ellos y dijo: “¡Recibid el Espíritu Santo!” (Jn 20,22). El Espíritu es como agua que brota de dentro de las personas que creen en Jesús (Jn 7,37-39; 4,14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: “A quienes vosotros perdonaréis los pecados serán perdonados; y a quienes no liberéis de sus pecados, quedarán atados” (Jn 20,23). El Espíritu que Jesús nos comunica tiene acción múltipla: consuela y defiende (Jn 14,16), comunica la verdad (Jn 14,17; 16,13); hace recordar lo que Jesús enseñó (Jn 14,26); dará testimonio de Jesús (Jn 15,26); manifiesta la gloria de Jesús (Jn 16,14); desenmascara el mundo (Jn 16,8). El Espíritu nos es dado para que podamos entender el significado pleno de las palabras de Jesús (Jn 14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4,23-24). Aquí se realiza la libertad de Espíritu de la que habla San Pablo: “Donde hay el Espíritu del Señor, ahí hay libertad”, (2Cor 3,17).
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Cómo vivo mi adhesión a Jesús: solo o en comunidad?
• Mi participación en la comunidad ¿me llevó alguna vez a experimentar la luz y la fuerza del Espíritu Santo?
 
5) Oración final
Sólo su nombre es sublime,
su majestad sobre el cielo y la tierra.
Él realza el vigor de su pueblo,
orgullo de todos sus fieles. (Sal 148,13-14)

Me voy pero volveré

Esta semana os ofreceré la oración tomada del Salmo 46, correspondiente al domingo de la Ascensión del Señor. El elegir esta opción, se debe a los muchos correos que he recibido diciéndome que, repitiese lo de optar por algún salmo, como referente, para la oración.

Estamos ante una festividad admirada y querida para todos nosotros, el próximo domingo, celebraremos el día de la Ascensión. Es una fecha que nos invita a subir alto, a acompañar a Jesús hasta el monte, como lo hicieron los discípulos el día que Él ascendió al Cielo. Y, sobre todo, a subir en compañía de la Madre.

Tampoco vamos a olvidar que estamos empezando el mes de Mayo, mes dedicado a María. Ella fue la primera en subir al monte y a su lado queremos subir, también nosotros.

Por tanto, empezamos nuestra oración, como se hacen las cosas importantes de la vida: En el nombre del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo.

Estamos reunidos ante el Señor. Sentimos una gran alegría de llegar a su presencia. Y la fuerza de ese deseo da vitalidad a nuestra existencia. Además la necesidad de encontrarnos con Él, ya es para todos, nuestra mejor oración.

Por eso, aclamaremos, alabaremos, adoraremos, daremos gracias… al Señor, Rey del mundo.

Tenemos, un nuevo día por delante, para hacerlo; pero:

• ¿Para qué lo vamos a emplear?

• ¿Para estar triste, preocupado, temerosos?

• ¿Para quejarnos de los demás?

• ¿Para enfadarnos con ellos?

• ¿Para criticar, para hacer daño, para recordar problemas pasados?

• ¿O para sentirnos hijos de Dios?

En nuestras manos está la manera de vivirlo. Por eso quiero, desde aquí invitaros a subir al monte, cada día, con Jesús. A escuchar de sus labios ¡No estéis tristes! Me voy pero volveré.

EL SEÑOR SIGUE CONTANDO CON NOSOTROS

Cuantas veces, nos sentimos cansados de luchar; nos gustaría dejarlo todo y vivir una vida cómoda y vacía que no nos exigiese demasiado, pero no podemos engañarnos: el Señor ha contando con cada uno de nosotros.

No podemos seguir haciendo las cosas porque no nos queda más remedio. Tenemos que concienciarnos de que estamos vivos y de que, gracias a nuestra generosidad, muchos podrán seguir viviendo.

Aunque no nos hayamos dado cuenta Tú y yo y cada ser humano es una persona importante para Dios. En su corazón está escrito nuestro nombre, el tuyo en concreto. Para Él tienes un rostro, ante sus ojos eres un privilegiado. Por eso hoy es un día de agradecimiento, de gozo. Un día, para gritar de júbilo, y tocar para nuestro Dios.

Que alegría desborda el corazón, cuando nuestra oración se vuelve canto ante el Señor, y cada uno desde su situación particular es capaz de: alabar, bendecir y glorificar al Dios de la vida, al Señor del universo, al dueño de la historia.

Contemplemos el pasaje de la Ascensión. Jesús vuelve a subir al monte para despedirse de los suyos. Su misión sobre la tierra ha terminado. Y quiere volver al Padre para preparar sitio a todos los que ama.

Le sigue una gran comitiva. En cabeza van los apóstoles y entre ellos alguien muy especial. La Madre. Ella siempre mezclada con los seres humanos. Siempre huyendo de privilegios, pasando desapercibida; aunque sin saberlo brille con luz propia ante el mundo.

Desde allí la primera recomendación “no estéis tristes”. Me voy, pero no os dejo solos. Os amo demasiado para que esto tenga un final. Cuando llegue os mandaré mi espíritu y en Él estaré siempre con vosotros. Es verdad que no me veréis con los ojos, pero os aseguro que me sentiréis con el corazón.

INTRODUCIÉNDONOS EN EL SALMO

Varios autores, de los que han escrito sobre este salmo, coinciden en que todo él, aclama a Dios como rey universal; parece oírse en él, el eco de una gran victoria: Dios nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones. Posiblemente, este texto es un himno litúrgico para la entronización del arca después de una procesión litúrgica -Dios asciende entre aclamaciones- o bien un canto para alguna de las fiestas reales en que el pueblo aclama a su Señor, bajo la figura del monarca.

Nosotros con este canto aclamamos a Cristo resucitado, en la hora misma de su resurrección. El Señor sube a la derecha del Padre, y a nosotros nos ha escogido como su heredad. Su triunfo es, pues, nuestro triunfo e incluso la victoria de toda la humanidad, porque fue «por nosotros los hombres y por nuestra salvación que «subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre». Por ello, no sólo la Iglesia, sino incluso todos los pueblos deben batir palmas y aclamar a Dios con gritos de júbilo.

Este salmo tiene un puesto privilegiado en la liturgia de la Ascensión del Señor. Por medio de él, la Iglesia celebra el triunfo de Cristo al fin de su vida mortal y su entrada solemne en el Cielo, después de haber conquistado para nosotros la Tierra Prometida. El salmo, pues, nos ayuda a asistir al momento culminante de la Pascua del Señor Resucitado, a su entronización y glorificación.

“Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Seño res sublime y terrible,

emperador de toda la tierra”

Cuando se plasmaron los salmos, no podían imaginarse que pudieran conectar, tan plenamente con los acontecimientos del evangelio.

Este salmo que es un canto de alegría y alabanza, encaja perfectamente con lo que más tarde pasaría al Ascender Jesús al cielo.

Todos tocarían palmas, cantarían… la manera de actuar de Jesús les sobrepasaba, lo veían sublime, emperador de toda la tierra.

Y Jesús, como en los grandes acontecimientos de su vida, vuelve a elegir la montaña. Posiblemente, nos estañe un poco, pero observamos que:

– En la montaña multiplica el pan para que llegue a todos.

– En la montaña muestra su gloria el día de la transfiguración.

– En la montaña entrega la vida por amor a la humanidad.

– En la montaña nos enseña a perdonar, a acoger, a suplicar.

– En la montaña nos entrega a María por madre.

Y ahora vuelve a subir a la montaña para despedirse de los suyos. ¡Debe de tener para Jesús un significado muy especial la montaña!

El monte significa superación, ascenso, escalar, abrir caminos… Y Jesús sabe muy bien que, el ser humano, es el continuador de la creación; es un productor de la tierra, un caminante en busca de Dios que es la perfección plena.

Fíjate si lo sabría bien que Él ya había dicho “ser perfectos como vuestro padre celestial es perfecto” ¿Acaso Jesús al decir esto ignoraba lo precario de la condición humana? Al contrario, Jesús conocía mejor que nadie la precariedad. Él había querido sentirla en su carne haciéndose hombre como nosotros… y sin embargo se atreve a decirnos que seamos perfectos.

Él sabía bien que cuando hablaba de perfección, se refería a la superación, al progreso, a la madurez… a dar pasos adelante para alcanzar nuevas metas, a desarrollar los dones recibidos para compartirlos con los demás, a esforzarnos por llegar a Él, única plenitud.

Pero nosotros vivimos inmersos en una gran competitividad. Hemos confundido nuestra superación con superar a los demás en cualquier sitio donde nos encontremos: en la familia, entre amigos, entre vecinos, en la Iglesia. Y este clima de competitividad nos lleva a permanecer recelosos, frustrados, expectantes… En lugar de ir hacia los demás estamos a la defensiva de ellos.

No dejemos que, el día de la Ascensión, sea para nosotros un día cualquiera. Tomémonos un rato para revisar nuestra vida. Démonos cuenta de nuestros logros. Pero también tengamos presentes nuestros fracasos, nuestras discordias, nuestras enemistades, nuestros orgullos, nuestras divisiones… tomemos conciencia de todo lo que esto nos hace sufrir, de qué manera oprime nuestro corazón; y no sigamos parado, demos un salto, subamos al monte con Jesús. Él tiene muchas cosas que decirnos a cada uno personalmente. Él es el Rey del mundo, el Señor del universo, el Libertador de todos los seres humanos. Por tanto, no dejemos ni un instante de aclamar, glorificar y ensalzar a, nuestro Dios, Emperador de toda la tierra.

EN SILENCIO ANTE EL SEÑOR

En ese momento, especial, donde la oración llega a nuestro fondo; vamos a decirle al Señor, como susurrando:

– A ti, Señor, abro hoy mi ser; mis ganas de vivir y mi entusiasmo.

– En tus manos pongo mi entrega, mi esfuerzo, mis miedos y también mis

ilusiones.

– Hacia ti quiero dirigir mis pasos, porque mi vida busca en ti: la luz y el calor.

– Quiero que, tú seas la referencia de mi caminar. El guía de mi sendero.

– Quiero que tus manos moldeen mi arcilla.

– Que tus ojos penetren mi mirada.

– Y tu ternera y bondad impregnen mi corazón.

Julia Merodio

Mujer del sí

Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Hágase en mí según tu palabra.

2 Cor 1, 18-22: En él no hubo más que sí.

Texto antológico

“María es la ‘Virgen oyente’ que acoge con fe la palabra de Dios; fe que para ella fue premisa y camino hacia la maternidad divina, porque, como intuyó san Agustín, ‘la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo’; en efecto, cuando recibió del ángel la respuesta a su duda (cf Lc 1,34-37) ‘ella, llena de fe y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno’, dijo: ‘he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38); fe que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Señor (Lc 1,45); fe con la que ella, protagonista y testigo singular de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (cf Lc 2,19.5 l). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la Sagrada Escritura, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.

Ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llevó y tanto menos por el ambiente sociocultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios (cf Lc 1,38); porque acogió la palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio; porque, es decir, fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Ya lo insinuó claramente Jesús: María es más bienaventurada por haber escuchado la palabra de Dios y haberla puesto en práctica que por haber sido madre física de Jesús.

Decir “sí”. escuchar, acoger y cumplir la palabra de Dios es lo que da la talla de un verdadero creyente. El sí de María en la anunciación no es más que la síntesis del sí que pronunció dilatadamente a lo largo de toda su vida.

Nuestra verdadera devoción debe pasar por una auténtica imitación de lo que María tiene de más bienaventurada. Imitarla es prolongar su sí en nuestra vida: “Hágase en mí según tu palabra”.

Examen

  • ¿Es nuestra vida un sí para Dios? ¿Qué zonas tenemos reservadas al no en nuestras profundidades?
  • ¿Estoy atento para escuchar las propuestas que Dios me hace a través de sus desconocidos mensajeros?
  • ¿Qué sí me es más difícil de pronunciar?
  • ¿Es nuestra comunidad cristiana un lugar que nos ayuda a escuchar mejor la palabra de Dios y a cumplirla más eficazmente?

Conversión

  • Tomar decisiones para desterrar toda sombra de no en nuestra vida.
  • Apoyar que en la comunidad cristiana escuchemos atentamente la palabra de Dios.
  • Ser también para los hermanos de mi comunidad cristiana mensajero de Dios, ayudándoles, desde mi fe, a descubrir las exigencias de Dios sobre sus vidas.

Invocación

  • Madre de Jesús, madre del sí…
  • …que se cumpla en nosotros la palabra del Señor.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús nos has pronunciado tu “sí” definitivo. En él has sido todo un sí. Ayúdanos a responder también nosotros como María: “Que se haga en nosotros según tu palabra”.

Cantos sugeridos

“Alégrate, hija de Sión”, de M. González, en La gloria de Jerusalén.

“Santa María del Amén”, de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.

Evangelii Gaudium – Francisco I

39. Así como la organicidad entre las virtudes impide excluir alguna de ellas del ideal cristiano, ninguna verdad es negada. No hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio. Es más, cada verdad se comprende mejor si se la pone en relación con la armoniosa totalidad del mensaje cristiano, y en ese contexto todas las verdades tienen su importancia y se iluminan unas a otras. Cuando la predicación es fiel al Evangelio, se manifiesta con claridad la centralidad de algunas verdades y queda claro que la predicación moral cristiana no es una ética estoica, es más que una ascesis, no es una mera filosofía práctica ni un catálogo de pecados y errores. El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer! Todas las virtudes están al servicio de esta respuesta de amor. Si esa invitación no brilla con fuerza y atractivo, el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo de naipes, y allí está nuestro peor peligro. Porque no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener «olor a Evangelio».

Comentario Domingo de la Ascensión

Oración

Señor y Hermano nuestro Jesús,
por haberte rebajado hasta la muerte por nosotros, tu Padre te exaltó y te dio su misma gloria y poder junto a Sí:

  • tú destino es nuestro destino, tu gloria será nuestra gloria,
  •  haz que, creyendo en Ti, vivamos siempre en la esperanza en medio de todos los aprietos de la vida,
  • y si tú quieres, seamos testigos tuyos en el mundo, comunicando a los hombres y mujeres de hoy todo lo que nos aportas de vida, de perdón, de confianza.

 

Mt 28, 16-20

««16Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Y al verlo, le adoraron, pero algunos dudaron.

18Y, acercándose, Jesús les habló diciendo: ‘Me ha sido dado toda autoridad (exousia) en el cielo y en la tierra. 19Así pues, id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

 

CONTEXTO

Este evangelio es el punto final del evangelio de Mateo. El evangelio, que había comenzado bien enraizado en el pueblo de Israel (cf. la genealogía de Jesús: Mt 1,1-17) termina con una apertura universal para que la salvación de Dios, mediante el seguimiento de Jesús, abrace a todos los pueblos de la tierra. Sin embargo, la promesa de que en Jesús está Dios-con-nosotros (Mt 1,23), continúa vigente para todo este tiempo: Yo estoy con vosotros (Mt 28,20). Final extraordinariamente solemne y majestuoso que, no obstante, no cae en fáciles triunfalismos: la mención de los Once (no Doce) y de la duda de algunos discípulos evita una interpretación ‘gloriosa’. Por lo demás, el texto queda abierto, de modo que la orden de Jesús se mantiene activada para todo tiempo y todo discípulo.

 

 

TEXTO

Tiene dos partes: una pequeña introducción narrativa (vv. 16-17) y una parte discursiva, las últimas palabras de Jesús (vv. 18-20). En la introducción narrativa sobresalen tres elementos: la mención a los Once hace recordar que ya no eran ‘los Doce’, es decir, la herida provocada por la traición de Judas permanece abierta en el recuerdo del evangelista; la mención del monte de Galilea es una referencia al monte en el que Jesús pronunció su primer discurso, el Sermón de la Montaña, con toda su significatividad como ‘nuevo Moisés’ que trae una Alianza nueva; la mención a la duda nos indica que la resurrección de Jesús no sofoca las dificultades para verle presente en la vida de cada día y nos hace ser conscientes de la fragilidad de nuestra fe. En la parte discursiva destacan otros tres elementos: la autoridad sobresaliente de Jesús, que la ha recibido de Dios; el cuidado juego del adjetivo todo, presente en cada frase del discurso de Jesús, como señalando que la totalidad de la existencia y la misión está habitada por la fuerza misteriosa de Dios Trinitario; la presencia específica de Jesús, que acompaña cada momento de nuestra vida: él es el Dios-con-nosotros que se nos había prometido al comienzo del evangelio.

 

ELEMENTOS INTERESANTES

• Ir al monte que Jesús nos indica: ¿cuáles son los lugares en que experimentas los encuentros con Jesús? ¿hasta qué punto estás dispuesto a ‘moverte’ para encontrar a Jesús?

• Adoraron y dudaron: ¿En qué cosas sigues más a Jesús, más le crees, más le obedeces? ¿En qué otras cosas dudas, evitas el compromiso, prefieres mirar para otro lado?

• ¿Toda la autoridad de Jesús te hace tenerle como guía fundante de tu vida, de tus opciones, de tus planteamientos políticos, sociales, familiares, laborales…?

• El único imperativo en las palabras de Jesús es “haced discípulos”: ¿cómo lo haces realidad en tu vida cristiana? ¿a qué te sientes enviado? ¿en qué eres misionero?

• ‘Yo estoy con vosotros todos los días’: ¿experimentas esto? ¿qué produce en ti? ¿a qué te mueve? ¿en qué se manifiesta?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: La Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor
28 de mayo, 2017

Lecturas: Hechos 1, 1-11; Salmo 46; Efesios 1, 17-23; Mateo 28, 16-20

El encargo de Jesús a los discípulos

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 16-20)

Reflexión

Después de morir y resucitar, Jesús les encarga una misión a sus amigos, los Apóstoles. Les pide que lleven a todos, lo que él les ha enseñado y los bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

¿Cómo entiendes que Jesús dice que estará siempre con ellos, pero en seguida sube al cielo?

Jesús ha dado mucho amor y ahora quiere que sus amigos le ayuden en la misión de contar a todos lo bueno que es Dios, no solo con palabras sino con nuestras actuaciones.

¿Cómo vamos anunciar con nuestras acciones lo bueno que es Dios?

Actividad

Motivara a los niños que escriban una carta imaginaria a Jesús donde le expresen lo que piensan hacer para anunciar la noticia del amor de Dios a todos sus amigos. Compartir

Oración
Señor ayúdame a cumplir con la misión que tú me has entregado. Tú nos envías anunciar el amor de Dios a todos y la salvación que viene de ti. Danos tu luz y tu sabiduría para reconocer en cada momento del día el modo en que podemos ser tus testigos con nuestras acciones de a, amor y servicio a todos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de la Ascensión

40 días después de que Cristo muere en la cruz y de haberse aparecido en varias ocasiones a sus amigos, Jesús sube al cielo. Momento que hoy recordamos y que se denomina “La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo”. Esta será la última vez que Cristo sea visto en este mundo, antes de su segunda venida prometida. Mientras tanto, nos recuerda que permanecerá con nosotros y nos deja una gran misión: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

¿Por qué hemos de llevar las enseñanzas de Cristo a todo el mundo?

Él mismo nos dice que le ha “sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Por lo tanto, es Rey de todo el universo, no sólo de algunas naciones. Y por otra parte, sus enseñanzas son tan importantes porque nos acercan al cielo, es decir, a nuestra salvación.

Cuando hemos seguido las enseñanzas de Cristo en nuestra vida, saboreamos la paz, la alegría y la esperanza que esto nos produce. Es como dar una probadita del cielo, aquí en la tierra.

Entonces ¿por qué no llevar este mensaje de salvación de Cristo a todo el mundo? ¡Pongamos nuestro granito de arena para que más personas conozcan y quieran seguir a Cristo! ¡Imagina! ¿cuántas vidas pueden cambiar con sólo vernos vivir en lucha por ser mejores cristianos?

Recordemos que: aunque no lo vemos, Cristo sigue aquí, junto a nosotros, para apoyarnos en esta lucha diaria por vivir amando. Al verme a mí y a mi familia, ¿habremos inspirado a otros a seguir a Cristo?

Comentario al evangelio (24 de mayo)

¡Queridos compañeros y compañeras de camino!, saludos pascuales y fraternos. A lo largo de nuestro peregrinar, en la vida, estamos invitados a tomar decisiones. Y una de ellas es la decisión de vivir como personas de fe. El que vive de la fe sabe que está llamado a descubrir a Dios en todo lo creado.

Actualmente esta dimensión de lo divino se ha ido perdiendo, llevándonos a ser testigos del irrespeto por la vida y del abuso hacia toda la creación. Recordemos que el tiempo pascual nos hace testigos y defensores de la vida amenazada. San Pablo en su predicación a los habitantes de Atenas, citando un pensamiento griego les recuerda: “en él vivimos, y nos movemos y existimos”. Si esto es verdad, Dios sería para nosotros como el agua, líquido vital, sin el cual no subsistiríamos.

Hoy más que nunca se hace urgente que todos, no importando la religión que profesemos, recuperemos el valor “sagrado” de toda forma de vida. Parafraseando pudiéramos decir: “en este sagrado mundo vivimos, nos movemos y existimos”, pero dejaremos de hacerlo si no actuamos en su defensa. Lo sagrado, entendido como aquello donde Dios se manifiesta y donde Dios está, debiera despertarnos de la inhumanidad e indiferencia en la que hemos caído. Dios nos pide a gritos que lo descubramos en el hermano y en la creación que está siendo explotada por intereses egoístas.

El Evangelio de Juan, preparándonos para la próxima fiesta de Pentecostés, nos habla del “Espíritu” como fuente de sabiduría que nos guía a “la verdad”. Pidamos a Dios, ese Espíritu de Vida, que nos haga valientes defensores de la vida para que nunca nos resignemos y paremos nuestra auto-destrucción. Atendamos a las sabias palabras de la activista Berta Cáceres, asesinada por la defensa de los recursos naturales en Honduras:

“¡Despertemos! ¡Despertemos, humanidad! Ya no hay tiempo”.  

Fredy Cabrera, cmf.