Mujer del sí

Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Hágase en mí según tu palabra.

2 Cor 1, 18-22: En él no hubo más que sí.

Texto antológico

«María es la ‘Virgen oyente’ que acoge con fe la palabra de Dios; fe que para ella fue premisa y camino hacia la maternidad divina, porque, como intuyó san Agustín, ‘la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo’; en efecto, cuando recibió del ángel la respuesta a su duda (cf Lc 1,34-37) ‘ella, llena de fe y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno’, dijo: ‘he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38); fe que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Señor (Lc 1,45); fe con la que ella, protagonista y testigo singular de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (cf Lc 2,19.5 l). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la Sagrada Escritura, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.

Ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llevó y tanto menos por el ambiente sociocultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios (cf Lc 1,38); porque acogió la palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio; porque, es decir, fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente».

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Ya lo insinuó claramente Jesús: María es más bienaventurada por haber escuchado la palabra de Dios y haberla puesto en práctica que por haber sido madre física de Jesús.

Decir «sí». escuchar, acoger y cumplir la palabra de Dios es lo que da la talla de un verdadero creyente. El sí de María en la anunciación no es más que la síntesis del sí que pronunció dilatadamente a lo largo de toda su vida.

Nuestra verdadera devoción debe pasar por una auténtica imitación de lo que María tiene de más bienaventurada. Imitarla es prolongar su sí en nuestra vida: «Hágase en mí según tu palabra».

Examen

  • ¿Es nuestra vida un sí para Dios? ¿Qué zonas tenemos reservadas al no en nuestras profundidades?
  • ¿Estoy atento para escuchar las propuestas que Dios me hace a través de sus desconocidos mensajeros?
  • ¿Qué sí me es más difícil de pronunciar?
  • ¿Es nuestra comunidad cristiana un lugar que nos ayuda a escuchar mejor la palabra de Dios y a cumplirla más eficazmente?

Conversión

  • Tomar decisiones para desterrar toda sombra de no en nuestra vida.
  • Apoyar que en la comunidad cristiana escuchemos atentamente la palabra de Dios.
  • Ser también para los hermanos de mi comunidad cristiana mensajero de Dios, ayudándoles, desde mi fe, a descubrir las exigencias de Dios sobre sus vidas.

Invocación

  • Madre de Jesús, madre del sí…
  • …que se cumpla en nosotros la palabra del Señor.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús nos has pronunciado tu «sí» definitivo. En él has sido todo un sí. Ayúdanos a responder también nosotros como María: «Que se haga en nosotros según tu palabra».

Cantos sugeridos

«Alégrate, hija de Sión», de M. González, en La gloria de Jerusalén.

«Santa María del Amén», de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.