Vísperas – Jueves VI de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo está constituido por Dios juez de vivos y muertos. Aleluya.

Salmo 71 I – PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo está constituido por Dios juez de vivos y muertos. Aleluya.

Ant 2. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

Ant 3. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en gozo, y nadie os quitará vuestra alegría. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en gozo, y nadie os quitará vuestra alegría. Aleluya.

PRECES

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y primicia de la humanidad resucitada, y aclamémoslo, suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

Señor Jesús, tú que, por tu propia sangre y por tu resurrección, penetraste en el santuario de Dios,
llévanos contigo al reino del Padre.

Tú que, por tu resurrección, robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste a anunciar el Evangelio al mundo,
haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.

Tú que, por tu resurrección, eres nuestra reconciliación y nuestra paz,
haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

Tú que, por tu resurrección, diste la salud, al tullido del templo,
mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por tu resurrección, fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,
haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que has otorgado a tu pueblo el don de la redención, concédenos vivir eternamente la alegría de la resurrección de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 25 de mayo

Lectio: Jueves, 25 Mayo, 2017
Tiempo de Pascua

1) Oración inicial
Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por Jesucristo nuestro Señor.

 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 16,16-20

«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.» Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: `Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y `Me voy al Padre’?» Y decían: «¿Qué es ese `poco’? No sabemos lo que quiere decir.» Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho:
`Dentro de poco no me veréis
y dentro de otro poco me volveréis a ver?’
En verdad, en verdad os digo
que lloraréis y os lamentaréis,
y el mundo se alegrará.
Estaréis tristes,
pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. »
 
3) Reflexión
• Juan 16,16: Ausencia y presencia. Jesús dice un «poco» (mikròn), es decir, un tiempo muy breve, como un “instante”. Por encima de los múltiples matices, se quiere enfatizar la brevedad del tiempo. Si el tiempo que Jesús ha pasado junto a los suyos como verbo encarnado ha sido muy breve, igualmente será breve el tiempo que separará su partida y su retorno. No habrá cambio en la situación interior de sus discípulos porque no cambia su relación con Jesús: hay una cercanía permanente. Por eso, la visión de Jesús no sufrirá interrupción, sino que tendrá como característica la comunión de vida con él (Jn 14,19). Es interesante el uso repetido del verbo “ver” en el v.16: “Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver”. La expresión “un poco y no me veréis” recuerda el modo en que los discípulos ven en el Jesús histórico al Hijo de Dios; la otra expresión “un poco y me volveréis a ver” remite a la experiencia del Cristo resucitado. Parece que Jesús quiere decir a sus discípulos que por brevísimo tiempo permanecerán aún en la condición de verlo, de reconocerlo en su carne visible, pero, después, lo contemplarán con una visión diferente porque se les mostrará transformado, transfigurado.

• Juan 16,17-19: La incomprensión de los discípulos. Mientras tanto, algunos discípulos no consiguen comprender qué significa esta ausencia de Jesús, es decir, su ida al Padre. Experimentan algún desconcierto ante las palabras de Jesús, y lo expresan con cuatro interrogantes, unidos en una misma expresión: “¿Qué es eso que nos dice?”. El lector ha oído otras veces los interrogantes de Pedro, de Felipe, de Tomás, de Judas -no el Iscariote- y ahora los de los discípulos que piden explicaciones. Los discípulos no acaban de entender de qué habla. No comprenden cómo Jesús, si se va al Padre, puede ser visto de nuevo por ellos (vv.16-19). Mas el interrogante parece concentrarse en aquel “poco”, que para el lector parece ser un tiempo larguísimo que no se acaba nunca, sobre todo cuando se está en la angustia y en la tristeza. De hecho, no pasa el tiempo de la tristeza. Se espera una respuesta por parte de Jesús, pero el evangelista retoma antes la pregunta: ¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?” (v.19).
• Juan 16,20: La respuesta de Jesús. De hecho, Jesús no responde a la pregunta que le hacen: “¿qué quiere decir ese dentro de poco?”, pero los invita a la confianza. Es verdad que los discípulos serán probados, sufrirán mucho, se hallarán solos ante una situación hostil, abandonados a un mundo que disfruta con la muerte de Jesús, pero Jesús asegura que su tristeza se convertirá en gozo. A la tristeza se contrapone un tiempo en el que todo se invertirá. El inciso adversativo “pero vuestra tristeza se convertirá en gozo” subraya este cambio de perspectiva. Para el lector es evidente que la expresión “un poco”, “dentro de un tiempo breve” corresponde a aquel instante o momento en que la situación será cambiada, pero hasta entonces todo sabe a tristeza y a prueba.
En definitiva, los discípulos reciben de Jesús una promesa de felicidad y de gozo; en virtud de aquel instante que invierte la situación difícil a la que “los suyos”, la comunidad eclesial, están sometidos, ellos entrarán en la realidad de un mundo iluminado por la resurrección.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Estoy convencido de que pasará el tiempo de la prueba y Él volverá a estar conmigo?

• «Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo”. ¿Qué efecto tienen en los aconteceres de tu vida estas palabras de Jesús? ¿Cómo vives tus situaciones de tristeza y de angustia?
 
5) Oración final
Los confines de la tierra han visto

la salvación de nuestro Dios.
¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,3-4)

Misteriosa ascensión

Asciende Jesús abriendo camino
pero es el camino por el que descendió.
Queda así el camino abierto
para ir y venir a Dios.
Por él se desciende y asciende,
no se sabe, se vive en amor.

Subir al cielo no es separación o lejanía,
es hondura y comunión.
Subir al cielo es entrar en dimensión nueva,
puede ser orando, puede ser sufriendo,
puede ser sirviendo, siempre ha de ser amando.

Cuando el samaritano desciende para levantar al herido,
está ascendiendo, es un modelo de ascensión amorosa,
en la vía de la misericordia.
Cuando Jesús se abaja para lavar los pies de los discípulos,
asciende y hace subir, por la autovía del servicio.
Cuando cae en tierra, en Getsemaní,
asciende penetrando en el corazón del dolor.
en el Tabor se transfigura,
asciende por el camino de la oración.
Todos son saltos cualitativos.
El récord del salto de altura
lo tiene Jesucristo,
cuando subió a la cruz.

Feliz porque has creído

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Feliz porque has creído.

Heb 11; 12,1-5: Fijos los ojos en Jesús, que inicia y consuma nuestra fe.

Texto antológico

“María aparece como la primera que, en el nuevo orden de Cristo, cumple el auténtico movimiento de la fe. Zacarías había sido escéptico, y había pedido una señal, después de su visión en el templo: ‘Y ¿qué me asegurará de ello?, porque soy un anciano y mi esposa tiene muchos años’ (Lc 1,18). A pesar de la visión y de la palabra evangélica, Zacarías duda, en tanto que María acepta con toda confianza, proponiendo sólo la pregunta del ‘cómo’, mas sin pedir una señal. La similitud entre estas dos anunciaciones revela mucho y bien la pureza de la fe de María. Zacarías enmudecerá, por su incredulidad: ‘¡Bien! Vas a quedarte mudo y en el silencio, hasta el día en que esto se cumpla, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo’ (Lc 1,20). Isabel, la esposa de Zacarías, que ha sido el testigo directo de la mudez de su incrédulo esposo, reconoce con más admiración, a causa de esto, la resoluta fe de María: “Bienaventurada la que ha creído’… (Lc 1,45). Zacarías pertenece aún al Antiguo Testamento, de corazón reacio a la fe, objeto de un milagro divino que se cumple pese a su poca fe. María es, en verdad, la primera cristiana, la verdadera creyente que, predestinada por la gracia divina, entra en su plan por la total ofrenda de su ser, por la obediencia alegre y la apacible confianza en la palabra de Dios. Dios no obra a pesar de María y su pobreza, sino en ella y con ella, dándole por una gracia la posibilidad de unirse y de asentir con una fe pura a la verdad de la Buena Nueva.

En esto María es la bienaventurada creyente (que ha creído), la primera cristiana, la madre de los creyentes, en el sentido por el cual es llamado ‘padre de los creyentes’ Abraham. Este inauguró la Antigua Alianza por un acto de fe que no puede menos de compararse con el de María en el albor de la Alianza Nueva”.

Max Thurian

Reflexión

María es ante todo una creyente, una discípula de Jesús su hijo, la primera creyente. Por eso María es modelo para nosotros. No es una “diosa”, es una mujer. Es de nuestra raza. Es miembro de la Iglesia. Es una creyente, como nosotros, que nos sirve de modelo.

Que ella sea también madre de Dios no niega todo esto, sino que lo complementa, fundamenta y enriquece.

El motivo de su bienaventuranza, de su felicidad, es, como dice Isabel, su fe. Y por eso es alabada. María entra en esa amplia muchedumbre de testigos de la fe de la que habla la carta a los hebreos. Abraham es el padre de los creyentes del Antiguo Testamento. María encabeza la lista de los creyentes del Nuevo Testamento. Y Jesús sigue siendo el que lo hace posible todo: el iniciador y consumador de nuestra fe.

Examen

  • ¿Cómo contemplamos a María: alejándola de nosotros o considerándola verdaderamente nuestra?
  • ¿Contemplamos de vez en cuando, en la oración, la amplia muchedumbre de testigos que nos preceden en la historia de nuestra fe?
  • ¿Vemos a María realmente como un ejemplo de fe comprometida?
  • ¿Tenemos “los ojos puestos en Jesús”, iniciador y consumador de nuestra fe?

Conversión

  • Aprovechar la ocasión y hacer una revisión de nuestra vida de fe.
  • Revisar nuestras ideas sobre María y ponerla en su sitio, como madre de los creyentes.
  • Revisar comunitariamente cómo va la vida de fe de nuestra comunidad cristiana.

Invocación

  • Madre de los creyentes…
  • …feliz porque has creído.

Oración

Dios, Padre nuestro, que nos has dado en María un ejemplo de mujer creyente, discípula de Jesús, tu Hijo, Señor nuestro. Concédenos caminar en fe, como ella en el seguimiento de Jesús.

Cantos sugeridos

“Madre del Salvador”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Magnificat”, de F. Palazón, en Madre de los creyentes.

Evangelii Gaudium – Francisco I

IV. La misión que se encarna en los límites humanos

40. La Iglesia, que es discípula misionera, necesita crecer en su interpretación de la Palabra revelada y en su comprensión de la verdad. La tarea de los exégetas y de los teólogos ayuda a «madurar el juicio de la Iglesia»[42]. De otro modo también lo hacen las demás ciencias. Refiriéndose a las ciencias sociales, por ejemplo, Juan Pablo II ha dicho que la Iglesia presta atención a sus aportes «para sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempeñar su misión de Magisterio»[43]. Además, en el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad. Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra. A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio[44].


[42] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina Revelación, 12.

[43] Motu proprio Socialium scientiarum (1 enero 1994): AAS 86 (1994), 209.

[44] Santo Tomás de Aquino remarcaba que la multiplicidad y la variedad «proviene de la intención del primer agente», quien quiso que «lo que faltaba a cada cosa para representar la bondad divina, fuera suplido por las otras», porque su bondad «no podría representarse convenientemente por una sola criatura» (Summa Theologiae I, q. 47, art. 1). Por eso nosotros necesitamos captar la variedad de las cosas en sus múltiples relaciones (cf. Summa Theologiae I, q. 47, art. 2, ad 1; q. 47, art. 3). Por razones análogas, necesitamos escucharnos unos a otros y complementarnos en nuestra captación parcial de la realidad y del Evangelio.

¡Su suerte, la nuestra!

Cuarenta días atrás celebrábamos aquel día santo en el que –Cristo- saltó de la muerte a la vida y, con El, todos nosotros. Fueron horas de vigor en nuestra fe, de ganas por seguir adelante, de renovación en nuestra existencia bautismal y… de optar por Aquel que, subiendo del sepulcro, nos enviaba a dar razón y testimonio de su presencia.

1.- Hoy, con esta solemnidad de la Ascensión, caemos en la cuenta de que –al fin y al cabo- lo que esperaba a Jesús al final de su paso por la tierra era el abrazo con el Padre. De alguna manera se cierra el contacto visual y físico entre el Señor y los discípulos y comienza la etapa del Espíritu Santo, la llamada a la madurez eclesial y la invitación a no perder la esperanza: el Espíritu marchará junto a nosotros recordándonos lo qué tenemos que hacer, dónde y cómo. 

Es duro ver partir a un buen amigo. Y, en la Ascensión del Señor, a buen seguro que los ojos de los apóstoles se humedecieron ante tal prodigio con sabor agridulce: el Señor, nuestro amigo y Señor, se nos va. ¿Qué vamos hacer? ¿Quién nos dará el pan multiplicado? ¿Quién nos saciará en la hora del hambre? ¿Quién calmará nuestras tormentas? ¿Quién pondrá paz cuando, por las ideas, nos distanciemos del evangelio? 

Ante estas interpelaciones, aquellos entusiastas del apostolado, se responderían a sí mismos: el Señor se va pero, pronto, marcharemos también con El nosotros. Su suerte, la del cielo, será la nuestra; y por la puerta que El deje abierta, entraremos nosotros. 

2.- Los sentidos, de aquellos discípulos, se quedaron contemplando aquel suceso pero, pronto, se dieron cuenta de que los pies los tenían en la tierra. Que estaban obligados a llevar al mundo lo que, Jesús, en tres años escasos les había transmitido: el amor de Dios. 

En ese cometido, también nos encontramos nosotros. Con toda la Iglesia seguimos proclamando el Reino de Cristo (el que podemos construir ya en nuestro entorno) pero que culminará y se visualizará en todo su esplendor al final de los tiempos. No podemos detenernos en este empeño. Aunque nos parezca mentira, hay sed de Dios, ganas por conocerlo y amarlo. Mirando al cielo (exclusivamente) no se nos da garantía de seguir anunciando todo el legado que Jesús nos dejó mientras estuvo con nosotros. Fiándonos solamente de nuestras fuerzas, de las seducciones del mundo tampoco es que sea un seguro de vida para conseguir una humanidad sin odio ni rencor, sin injusticias ni maldades. Como siempre, en el término medio, oración/acción, encontraremos la clave para servir a Dios (como el merece) y para no olvidar las contrariedades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo (obligados estamos desde el mandamiento del amor).

3.- Dejemos marchar al Señor al cielo. Crezcamos ahora con aquello que Él nos confió como vitamina eterna (la eucaristía); como presencia y seguridad (su Palabra); como aliento en nuestro caminar (su Espíritu Santo). 

Un bebé, cuando ha de caminar por sí mismo, llora, tiene miedo, vértigo…va buscando los brazos de sus padres o los de aquellos que le rodean. Luego, al tiempo, comprende que el mundo es otra cosa cuando lo descubre por propia experiencia. Que también por nuestros propios senderos, podamos avanzar sin olvidar que –Jesús primero- los recorrió antes que nosotros.

¡Vete, Señor, al cielo! ¡Deja huella para que un día tus amigos podamos también encontrarlo!

 

4.- ¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!

¿Por qué desapareces tan inesperadamente
sabiendo que nos dejas huérfanos, Señor?
¿Quién pronunciará las palabras certeras
cuando, a nuestro lado, venza la confusión o la mentira?
¿Quién proporcionará el pan multiplicado
cuando el hombre, además de tu presencia,
nos exija el sustento de cada día?
¿Quién calmará los dolores de los enfermos?
¿Quién resucitará a los que, de improviso,
han muerto y estaban llamados a la vida?

¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!

Te vas al cielo y, mirando a nuestro alrededor,
sentimos que nos va a faltar tu mano,
que tus huellas se difuminarán
como el agua del mar elimina las de la arena

¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!

Proclamar tu mensaje
cuando , los oídos de los más cercanos,
están dispuestos para todo…menos para Ti
Llevar tu Palabra
cuando, los que saben leer entre líneas,
prefieren voces sin compromiso ni verdad
reclaman señales con sabor a tierra
y no pregones con promesas de eternidad

¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!

Vivir, según Tú viviste
Amar, como Tú amaste
Orar, como Tú rezaste
Perdonar, como Tú perdonaste
Sentir a Dios Padre
como Tú, Señor, sólo lo hiciste

¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!

Te vas al cielo, al encuentro con el Padre
sabiendo que, aún con muchas debilidades,
intentaremos sostener tu obra aquí iniciada
¡Vete, Señor! ¡Pero no nos abandones!
Vete, Señor, y ojala pronto vuelvas
a culminar Reino que no acaba aquí en esta tierra.
Amén

Javier Leoz

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

Evangelio del domingo

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Mateo 28, 16-20

Comentario del Evangelio

Hay veces que el Evangelio del domingo es muy corto, pero no por eso es menos importante. Hoy tenemos una frase de Jesús que resume de forma muy breve la misión de los cristianos en el mundo: “Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos…”.
La fe cristiana no es para unos pocos, no es para los más listos, para las mejores personas, para los que han tenido más oportunidades en la vida. La fe cristiana es para todos, para todas las personas en cualquier lugar del mundo, en culaquier situación de su vida. No hay nadie a quien no le debamos tratar de contagiar lo maravillosa que es la fe para nosotros.

Esta es nuestra gran tarea en nuestras vidas como cristianos: tratar de contagiar a los demás lo bueno que es ser creyente. Las personas no van a ser creyentes porque nosotros lo queramos, eso es algo que cada persona puede descubrir. Pero nosotros podemos ayudar, siempre pode- mos preparar el camino para que las personas se encuentren con Jesús sabiendo ya que para muchas personas este encuentro ha sido lo mejor que les ha pasado en la vida.

Y por último, Jesús nos vuelve a recordar que el siempre va a estar con nosotros, que sepamos que no estamos nunca sólos. Él camina con nosotros.

 

Para hacer vida el Evangelio

  • Piensa en una persona que conozcas y que sea una persona que trata de contagiar la fe a otras personas de forma natural, con su forma de ser.
  • ¿Debemos los cristianos contagiar nuestra fe a los demás? ¿Por qué?
  • Piensa en alguien que conozcas que creas que puedas hablarle de lo bueno que es para ti ser creyente.

 

Oración

Yo te pido, Señor Jesús, que mandes operarios a tu mies.
Ya sé que a todos los que te seguimos
nos vuelves a decir aquellas palabras tuyas:
“Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca:
Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos,
expulsad demonios.
Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla
en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias,
ni bastón; porque el obrero merece su salario.”
Ayúdanos, Señor Jesús,
a llevar adelante tarea tan enorme
y a la vez tan apasionante.
Gracias. Señor Jesús,
porque te has fiado de nosotros.

Yo estoy con vosotros todos los días

Señor Jesús,
has llegado a la meta,
has regresado a la casa del Padre y curiosamente ahora Tú nos dices que no te vas sino que te quedas.

Gracias, Señor Jesús, por tu nueva presencia.

Es fenomenal lo que Tú nos dices:
“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”
Esto da coraje y ánimo para vivir

y para llevar adelante tu misión.

Y ¿por que te quedas?
¿Por qué te empeñas
en prolongar tu presencia entre nosotros?

Pienso que en primer lugar debe ser porque nos amas,
porque te sientes cercano a todos
los humanos,
porque tu encarnación no fue un juego o una exhibición
sino un compromiso que permanece.
En segundo lugar pienso, Señor Jesús, que, a lo mejor, te quedas

porque ves que necesitamos tu presencia, porque nos ves débiles.
Tal vez también porque que la misión que nos has encomendado es enorme:
Id y haced discípulos e todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre

y del Hijo y del Espíritu Santo;
y enseñándoles a guardar
todo lo que os he mandado”.

Solos es una aventura demasiado grande; con tu presencia, con tu ayuda
algo de bueno es posible que hagamos.

Ciertamente el encargo nos sobrepasa, es difícil.
¿Cómo anunciarte, cómo proclamar
tu Evangelio,
cómo hacer discípulos tuyos?
¡Qué complicado lo vemos muchas veces en nuestros días!
¡Cuánto trabajo, aparentemente inútil! ¡Qué facilidad tenemos para desanimarnos!

Este mundo del futuro, este mundo de la ciencia y de la cultura, este mundo de la juventud, ese mundo del trabajo, ese mun- do de los pobres… ¿cómo evangelizarlo? Señor Jesús,
danos luz y sobre todo coraje para seguir tus pasos y sugiérenos iniciativas
y compromisos
que den testimonio de tu Persona
y de tu Evangelio para el mundo de hoy.

Hoy miro mi mundo y nuestra Iglesia
y veo personas que han escuchado
tu mandato y que son apóstoles tuyos
y de tu Evangelio en su mundo de trabajo, en sus distintos ambientes.

Gracias, Señor Jesús, por todos ellos.
Quisiéramos que fuesen más.
Quisiéramos que no se sintieran solos, sino acompañados

Hoy miro mi mundo y nuestras comunidades y me parece ver que faltan muchos, muchos apóstoles,
Veo que se repite aquello que Tú decías:
“La mies es mucha y los operarios pocos, pedid al dueño de la mies que mande ope- rarios a su mies”.

Yo te pido, Señor Jesús, que mandes operarios a tu mies.
Ya sé que a todos los que te seguimos nos vuelves a decir aquellas palabras tuyas:

“Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca:
Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.

Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias,
ni bastón; porque el obrero merece su salario.”

Ayúdanos, Señor Jesús,
a llevar adelante tarea tan enorme y a la vez tan apasionante.

Gracias. Señor Jesús, porque te has fiado de nosotros.

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo de la Ascensión

● La Ascensión es el triunfo de Jesús, el punto de llegada y a la vez el punto de partida, el comienzo de la acción misionera de la Iglesia, de la continuación de la obra de Jesús en el mundo. Es el momento de tomar el testigo que nos ofrece Jesús.

● La cruz no fue el final de la vida de Jesús sino la Ascensión.

● Pocas cosas dice Jesús en este cambio de tercio, pero todas ellas importantísimas para aquellos seguidores suyos y para sus seguidores de ahora, para nosotros.

● En este relato observamos tres momentos:

* La presentación de Jesús en Galilea donde se habían ido los discípulos y el reconocimiento como Señor que le profesan. Jesús resucitado es el Señor de cielo y tierra por eso sus discípulos humildemente se postran ante Él. No obstante la duda persiste, la duda permanece, como permanece muchas veces también en nosotros. La fe de los Apóstoles todavía es imperfecta. No nos hemos de extrañar de ello. Nuestra fe no está exenta de dudas. Es Jesús quien toma la iniciativa, Él va por delante.

* Un mandamiento: La misión que Jesús les confía a sus discípulos: “Id y haced discípulos e todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” . La misión de la Iglesia tiene una perspectiva universal, no tiene límites temporales ni geográficos, pero ello no quiere decir que ha de realizarla obligando, más bien su tarea es la de proponer. La fe no se impone, sino que se propone. Como primer paso está el hacer discípulos, el anunciar con gestos y palabras. Según la “Evangeli Nuntiandi nº 41 y 42 “Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana”…“el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan…” a ello añade también a continuación unas palabras de San Pablo “Pero ¿cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán sin haber oído de Él? ¿Y cómo oirán si nadie les predica?… Por tanto testimonio y anuncio, para llegar después al sacramento que es la meta, al bautismo que nos configura con Cristo Resucitado. Bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hoy Jesús repite, confía la misma misión. La Iglesia, los seguidores de Jesús no pueden dejar de ser misioneros. ¿Cómo podemos serlo ahora? ¿Nuestra Iglesia ahora es misionera? ¿Somos misioneros?. No podemos replegarnos sobre nosotros mismos, no podemos encerrarnos en nuestras sacristías. Jesús de nuevo nos está diciendo: “Id y haced discípulos…”

* La presencia de Jesús “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo ”Así termina el Evangelio de Mateo. Jesús resucitado continúa siendo el “Emmanuel” el Dios con nosotros. Para poder realizar el encargo de Jesús Él ha querido acompañarnos, quedarse con nosotros, no estamos solos. Curiosamente en ese momento de la Ascensión Jesús no nos dice que se va sino que insiste en que se queda. Si hoy lo vemos glorificado a la derecha del Padre, al mismo tiempo hemos de verlo presente en medio de nosotros: en los sacramentos, el la asamblea, en su Palabra, en sus ministros, en los pobres.

Comentario al evangelio (25 de mayo)

No olvidemos que hay una urgencia de profetas en el mundo de hoy. Hombres y mujeres que nos iluminen el camino y nos hagan ver nuestros errores. Mirando atentamente a nuestro alrededor descubrimos, que la violencia se recrudece a escala mundial y, que los jefes de las naciones velan por intereses meramente económicos y egoístas.

A pesar de lo positivo de la globalización, algo nos adormece y no permite que luchemos por lo fundamental: “la vida” y la “casa común”. Como bien decía Mahatma Gandhi: “no me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos”. Recordemos que los cristianos, por el bautismo, estamos llamamos a ejercer el profetismo, aunque éste nos cueste la vida.

En la primera lectura, San Pablo predicando en Corinto experimentó el rechazo a su mensaje. Pero no dejó de hacerles ver que la indiferencia es sinónimo de complicidad. Hoy muchos vivimos simplemente como espectadores de nuestra auto-destrucción, lo cual nos hace cómplices. De repente, nos falta hacernos más responsables y así luchar, con mayor determinación, por las grandes causas de la humanidad (la vida, la paz, el agua, la tierra, la salud, la soberanía, la libertad, etc.).

En el Evangelio de hoy, Jesús nos asegura: “ustedes llorarán y se lamentarán mientras el mundo se divierte, estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo”. Una Iglesia profética, siguiendo el ejemplo de Jesús, llora con el que llora, sufre con el que sufre y muere para dar vida…mientras el mundo se divierte. De lo contrario, desdiría de su misión en el mundo.

Fredy Cabrera, cmf.