Feliz porque has creído

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Feliz porque has creído.

Heb 11; 12,1-5: Fijos los ojos en Jesús, que inicia y consuma nuestra fe.

Texto antológico

«María aparece como la primera que, en el nuevo orden de Cristo, cumple el auténtico movimiento de la fe. Zacarías había sido escéptico, y había pedido una señal, después de su visión en el templo: ‘Y ¿qué me asegurará de ello?, porque soy un anciano y mi esposa tiene muchos años’ (Lc 1,18). A pesar de la visión y de la palabra evangélica, Zacarías duda, en tanto que María acepta con toda confianza, proponiendo sólo la pregunta del ‘cómo’, mas sin pedir una señal. La similitud entre estas dos anunciaciones revela mucho y bien la pureza de la fe de María. Zacarías enmudecerá, por su incredulidad: ‘¡Bien! Vas a quedarte mudo y en el silencio, hasta el día en que esto se cumpla, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo’ (Lc 1,20). Isabel, la esposa de Zacarías, que ha sido el testigo directo de la mudez de su incrédulo esposo, reconoce con más admiración, a causa de esto, la resoluta fe de María: «Bienaventurada la que ha creído’… (Lc 1,45). Zacarías pertenece aún al Antiguo Testamento, de corazón reacio a la fe, objeto de un milagro divino que se cumple pese a su poca fe. María es, en verdad, la primera cristiana, la verdadera creyente que, predestinada por la gracia divina, entra en su plan por la total ofrenda de su ser, por la obediencia alegre y la apacible confianza en la palabra de Dios. Dios no obra a pesar de María y su pobreza, sino en ella y con ella, dándole por una gracia la posibilidad de unirse y de asentir con una fe pura a la verdad de la Buena Nueva.

En esto María es la bienaventurada creyente (que ha creído), la primera cristiana, la madre de los creyentes, en el sentido por el cual es llamado ‘padre de los creyentes’ Abraham. Este inauguró la Antigua Alianza por un acto de fe que no puede menos de compararse con el de María en el albor de la Alianza Nueva».

Max Thurian

Reflexión

María es ante todo una creyente, una discípula de Jesús su hijo, la primera creyente. Por eso María es modelo para nosotros. No es una «diosa», es una mujer. Es de nuestra raza. Es miembro de la Iglesia. Es una creyente, como nosotros, que nos sirve de modelo.

Que ella sea también madre de Dios no niega todo esto, sino que lo complementa, fundamenta y enriquece.

El motivo de su bienaventuranza, de su felicidad, es, como dice Isabel, su fe. Y por eso es alabada. María entra en esa amplia muchedumbre de testigos de la fe de la que habla la carta a los hebreos. Abraham es el padre de los creyentes del Antiguo Testamento. María encabeza la lista de los creyentes del Nuevo Testamento. Y Jesús sigue siendo el que lo hace posible todo: el iniciador y consumador de nuestra fe.

Examen

  • ¿Cómo contemplamos a María: alejándola de nosotros o considerándola verdaderamente nuestra?
  • ¿Contemplamos de vez en cuando, en la oración, la amplia muchedumbre de testigos que nos preceden en la historia de nuestra fe?
  • ¿Vemos a María realmente como un ejemplo de fe comprometida?
  • ¿Tenemos «los ojos puestos en Jesús», iniciador y consumador de nuestra fe?

Conversión

  • Aprovechar la ocasión y hacer una revisión de nuestra vida de fe.
  • Revisar nuestras ideas sobre María y ponerla en su sitio, como madre de los creyentes.
  • Revisar comunitariamente cómo va la vida de fe de nuestra comunidad cristiana.

Invocación

  • Madre de los creyentes…
  • …feliz porque has creído.

Oración

Dios, Padre nuestro, que nos has dado en María un ejemplo de mujer creyente, discípula de Jesús, tu Hijo, Señor nuestro. Concédenos caminar en fe, como ella en el seguimiento de Jesús.

Cantos sugeridos

«Madre del Salvador», de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

«Magnificat», de F. Palazón, en Madre de los creyentes.

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