María, mujer nueva

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Bendita tú eres entre todas las mujeres.

Gén 3, 14-16: El linaje de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente.

Ef 4, 17-24: Despojaos del ser humano viejo y revestíos del ser humano nuevo.

2 Cor 5, 17ss: El que está en Cristo es nueva creación.

Texto antológico

«En el culto a la Virgen merecen también atenta consideración las adquisiciones seguras y comprobadas de las ciencias humanas; esto ayudará, efectivamente, a eliminar una de las causas de la inquietud que se advierte en el campo del culto a la madre del Señor, es decir, la diversidad entre algunas cosas de su contenido y las actuales concepciones antropológicas y la realidad psicosociológica, profundamente cambiada, en que viven y actúan los hombres de nuestro tiempo. Se observa, en efecto, que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico, donde las leyes y la evolución de las costumbres tienden justamente a reconocerle la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar; bien sea en el campo político, donde ella ha conquistado en muchos países un poder de intervención en la sociedad igual al hombre; bien sea en el campo social, donde desarrolla su actividad en los más distintos sectores operativos, dejando cada día más el estrecho ambiente del hogar; lo mismo que en el campo cultural, donde se le ofrecen nuevas posibilidades de investigación científica y de éxito intelectual.

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, como prenda y garantía de que en una simple creatura -es decir, en ella- se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre. Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensación de su limitación y asaltado por aspiraciones sin confín, turbado en el ánimo y dividido en el corazón, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comunión, presa de sentimientos de náuseas y hastío, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte».

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Dios ha sembrado su Palabra en todos los hombres y en todos los pueblos, y por eso éstos han acariciado en sus sueños colectivos los anhelos utópicos del corazón humano. La utopía de un Hombre Nuevo y un Mundo Nuevo figura, con nombres y lenguajes diferentes, en el catálogo de utopías de todos los pueblos. San Pablo compartiría esa designación con otros muchos hombres, pueblos y movimientos de la historia.

Los cristianos creemos que Dios nos ha revelado en Jesús no sólo a sí mismo, sino también a nosotros mismos. En Jesús no sólo nos ha dicho quién es él, sino quiénes somos verdaderamente nosotros, quiénes podemos llegar a ser, qué participación y qué potencialidades divinas tenemos en nosotros mismos. Jesús no es sólo la revelación de Dios, sino la revelación del Hombre Nuevo y del Mundo Nuevo.

Y no se trata de una revelación para satisfacer la posible curiosidad de la inteligencia humana, Dios nos revela el futuro, la clave de la historia, el imperativo del ser, la meta del único camino válido. El Hombre Nuevo es la llegada convergente de todos los caminos de la historia. Es la palabra de Dios en los diferentes lenguajes de las utopías de todos los pueblos.

La lucha por el Hombre Nuevo y por el Mundo Nuevo definen el compromiso, el quehacer cristiano en la historia. Una lucha que hay que realizar tanto en los corazones individuales, en la intimidad, en el interior…, como en las estructuras sociales, la sociedad global.

En María, la madre de Jesús, como primera creyente y más cercana seguidora de Jesús, vemos los cristianos la realización más lograda del Hombre Nuevo, que es Jesús. María es una cristiana, una Mujer Nueva.

Examen

  • ¿Valoramos la presencia de la palabra de Dios que se da en los diferentes pueblos y sus utopías? ¿O creemos que los cristianos tenemos la exclusiva y el monopolio de la salvación?
  • ¿Cuánto hay en nosotros de hombres viejos todavía?
  • ¿Estamos haciendo algo por el Mundo Nuevo, por la transformación social, o todo lo fiamos al cambio interior de los corazones?
  • ¿Tratamos de convertir nuestro corazón, o todo lo fiamos al cambio social de las estructuras?
  • ¿Qué presencia tienen en nuestra vida personal y comunitaria las dimensiones utópicas? ¿Acaso todo se reduce a lo que se pesa, se mide, se cuenta y se ingresa en el banco?

Conversión

Meditar Ef 4,17-24 y tratar de asimilar las actitudes del Hombre Nuevo.

Renovar nuestra voluntad radical de entregarnos al proyecto del evangelio: el Hombre Nuevo.

Desechar la levadura vieja de las actitudes paganas que aún se dan en nuestra vida.

Invocación

  • María, Mujer Nueva, madre de Jesús…
  • …Haznos cada día más semejantes a tu hijo, el Ser Humano Nuevo.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús, el hijo de María, nos has revelado tu proyecto original y escatológico sobre el mundo y sobre el hombre: un Hombre Nuevo para un Mundo Nuevo, confirmando e iluminando así los buenos deseos utópicos de todos los pueblos. Haz que, uniendo nuestro esfuerzo al de todos los hombres de buena voluntad, consigamos construir con tu favor un Hombre Nuevo en un Mundo Nuevo.

Cantos sugeridos

«Los cielos y la tierra», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

«María es esa mujer», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

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