Vísperas – Martes VII de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VEN, ESPÍRITU DIVINO.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La paz sea con vosotros; soy yo, no tengáis miedo. Aleluya.

Salmo 124 – EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La paz sea con vosotros; soy yo, no tengáis miedo. Aleluya.

Ant 2. Espere Israel en el Señor. Aleluya.

Salmo 130 – COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE DIOS

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Espere Israel en el Señor. Aleluya.

Ant 3. Tema al Señor la tierra entera, porque él lo dijo y existió. Aleluya.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tema al Señor la tierra entera, porque él lo dijo y existió. Aleluya.

LECTURA BREVE   Rm 8, 26-27

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues no sabemos pedir como conviene; y el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras. Y aquel que escudriña los corazones sabe cuáles son los deseos del Espíritu y que su intercesión en favor de los fieles es según el querer de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

V. Os lo enseñará todo.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Recibiréis la fortaleza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros; y seréis mis testigos hasta los últimos confines de la tierra. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Recibiréis la fortaleza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros; y seréis mis testigos hasta los últimos confines de la tierra. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que nos ha hecho partícipes del Espíritu, y supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor Jesús.

Derrama, Señor, sobre la Iglesia el Espíritu Santo que procede del Padre,
para que la purifique, la fortalezca y la acreciente a través del mundo.

Llena de tu Espíritu a los que dirigen los destinos de los pueblos,
para que sean servidores del bien común.

Envía tu Espíritu, que es el padre de los pobres,
para que su fuerza ayude a los necesitados.

Te rogamos, Señor, por todos los ministros de tu Iglesia:
que vivan con fidelidad la vocación a que fueron llamados.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede la plenitud de la redención a las almas y a los cuerpos de nuestros difuntos,
tú que por tu pasión, resurrección y ascensión has realizado la salvación de la carne y del espíritu.

Sintiéndonos verdaderos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y misericordioso, te pedimos que nos envíes al Espíritu Santo para que habite en nosotros y nos transforme en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina (30 de mayo)

Lectio: Martes, 30 Mayo, 2017

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

Te pedimos, Dios de poder y misericordia, que envíes tu Espíritu Santo, para que, haciendo morada en nosotros, nos convierta en templos de su gloria. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Juan 17,1-11a

Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo.

Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.

3) REFLEXIÓN

• En los evangelios de hoy, de mañana y de pasado mañana, vamos a meditar las palabras que Jesús dirigió al Padre en el momento de la despedida. Juan conserva estas palabras y las coloca como pronunciadas por Jesús durante el último encuentro de Jesús con sus discípulos. Es el Testamento de Jesús en forma de plegaria, también llamada Oración Sacerdotal (Jn 7,1-26).

• El capítulo 17 del evangelio de Juan es el final de una larga reflexión de Jesús, iniciada en el capítulo 15, sobre su misión en el mundo. Las comunidades guardarán estas reflexiones para poder entender mejor el momento difícil que atraviesan: tribulación, abandono, dudas, persecución. La larga reflexión termina con la oración de Jesús para las comunidades. En ella afloran los sentimientos y las preocupaciones que, según el evangelista, estaban en Jesús en el momento de salir de este mundo para el Padre. Ahora Jesús está ante el Padre con estos sentimientos y con esta preocupación, intercediendo por nosotros. Por esto, la Oración Sacerdotal es también el Testamento de Jesús. Mucha gente, en el momento de despedirse por siempre, deja algún mensaje. Todo el mundo guarda palabras importantes del padre y de la madre, sobre todo cuando son de los últimos momentos de la vida. Conservar estas palabras es como guardar a las personas. Es una forma de añoranza.

• El capítulo 17 es un texto diferente. Es más de amistad que de razonamientos. Para captar bien todo su sentido, no basta la reflexión de la cabeza, de la razón. Este texto debe ser meditado y acogido también en el corazón. Por esto, no hay que preocuparse si no se entiende todo de inmediato. El texto exige toda una vida para meditarlo y profundizarlo. Un texto así, hay que leerlo, meditarlo, pensarlo, leerlo de nuevo, repetirlo, rumiarlo, como se hace con un caramelo en la boca, un caramelo que gusta. Uno le da vueltas y vueltas en la boca, hasta terminarlo del todo. Por esto, cierra los ojos, haz silencio dentro de ti y escucha a Jesús que te está hablando a ti, transmitiéndote en el Testamento su mayor preocupación, su última voluntad. Trata de descubrir cuál es el punto en que Jesús insiste más y que considera el más importante.

• Juan 17,1-3: ¡Ha llegado la hora! “Padre, ¡ha llegado la hora!” Es la hora largamente esperada (Jn 2,4; 7,30; 8,20; 12,23.27; 13,1; 16,32). Es el momento de la glorificación que se hará a través de la pasión, muerte y resurrección. Es el momento de la glorificación, que se hará mediante la pasión, la muerte y la resurrección. Al llegar al final de su misión, Jesús mira hacia atrás y hace una revisión. En esta plegaria, él va a expresar el sentimiento más íntimo de su corazón y el descubrimiento más profundo de su alma: la presencia del Padre en su vida.

• Juan 17,4-8: ¡Padre, reconocerán que vengo de Ti! Al volver a ver su vida, Jesús se ve a si mismo como la manifestación del Padre para los amigos que el Padre le dio. Jesús no vivió para sí. Vivió para que todos pudiesen tener un atisbo de bondad y de amor que está encerrado en el Nombre de Dios que es Abba, Padre.

• Juan 17,9-11a: Todo lo mío es tuyo, todo lo tuyo es mío. En el momento de dejar el mundo, Jesús expone al Padre su preocupación y reza por los amigos que él deja atrás. Ellos continúan en el mundo, pero no son del mundo. Son de Jesús, son de Dios, son señales de Dios y de Jesús en este mundo. Jesús se preocupa de las personas que quedan, y reza por ellas.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cuáles son las palabras de las personas queridas que tu guardas con cariño y que orientan tu vida? En caso de que te fueras, ¿qué mensaje dejarías para tu familia y para la comunidad?

• ¿Cuál es la frase del Testamento de Jesús que más me tocó? ¿Por qué?

5) ORACIÓN FINAL

¡Bendito sea el Señor, día tras día!
Él se encarga de nuestra salvación. Pausa.
Nuestro Dios es un Dios salvador,
el Señor Yahvé libera de la muerte. (Sal 68,20-21)

Un faro en el desierto

Un grupo de amigos que se pusieron a construir un faro en medio del desierto.

Todos se burlaban de ellos y los llamaban locos. ¿Para qué un faro en medio del desierto? Pero ellos no hacían caso y seguían, su labor.

Un día por fin acabaron el faro. En la noche sin luna y sin estrellas el espléndido rayo empezó a girar en las tinieblas del aire, como si la vía láctea se hubiera convertido en carrusel.

Y sucedió que en el momento que el faro comenzó a dar su luz, surgió de pronto en el desierto un mar, y hubo en el mar buques trasatlánticos, submarinos y ballenas, puertos con mercaderes de Venecia, piratas de barba roja, holandeses errantes, y sirenas. Todos se asombraron mucho; todos menos los constructores del faro. Ellos sabían que si alguien enciende una luz en medio de la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán muchas maravillas.

Enciende la luz de Dios en tu corazón y entonces te saldrá luz por los ojos y no verás más que cosas bonitas y gente buena.

Madre de todos los cristianos

Palabra de Dios

Jn 19, 25-27: Ahí tienes a tu hijo.

He 1, 14; 2, 44-47: María oraba con la comunidad cristiana. Esta tenía un solo corazón y una sola alma.

Jn 17, 20-23: Que sean uno, como tú y yo somos uno.

Texto antológico

“Por su carácter eclesial, en el culto a la Virgen se reflejan las preocupaciones de la Iglesia misma, entre las cuales sobresale en nuestros días el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos. La piedad hacia la madre del Señor se hace así sensible a las inquietudes y a las finalidades del movimiento ecuménico, es decir, adquiere ella misma una impronta ecuménico. Y esto por varios motivos.

En primer lugar, porque los fieles católicos se unen a los hermanos de las Iglesias ortodoxas, entre las cuales la devoción a la Virgen reviste formas de alto lirismo y de profunda doctrina al venerar con particular amor a la gloriosa Theotocos y al aclamarla ‘Esperanza de los cristianos’; se unen a los anglicanos, cuyos teólogos clásicos pusieron ya de relieve la sólida base escriturística del culto a la madre de nuestro Señor, y cuyos teólogos contemporáneos subrayan mayormente la importancia del puesto que ocupa María en la vida cristiana; se unen también a los hermanos de las Iglesias de la Reforma, dentro de las cuales florece vigorosamente el amor por las Sagradas Escrituras, glorificando a Dios con las mismas palabras de la Virgen (cf Lc 1,46-55).

En segundo lugar, porque la piedad hacia la madre de Cristo y de los cristianos es para los católicos ocasión natural y frecuente para pedirle que interceda ante su hijo por la unión de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. Más aún, porque es voluntad de la Iglesia católica que en dicho culto, sin que por ello sea atenuado su carácter singular, se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los demás hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia católica y se haga desaparecer toda manifestación cultual contraria a la recta práctica católica”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Es el mismo Pablo VI quien nos recuerda que en el culto mariano se han de reflejar las preocupaciones de la Iglesia, entre las que sobresale la del ecumenismo. Muchas comunidades cristianas no tienen tal preocupación, ni en el culto mariano ni fuera de él…

Aunque pueda tener un sentido correcto aquello de que de María nunquam satis (nunca se podrá decir suficiente), también es cierto que en el culto mariano se han producido exageraciones, supersticiones, vana credulidad, falta de coherencia y compromiso… y otras cosas que perturban las relaciones entre las confesiones cristianas, según dice Pablo VI en la Marialis cultus.

Una comunidad cristiana consecuente y responsable ha de tener en cuenta esos aspectos. Ha de examinar hasta qué punto su espiritualidad mariana debe verse afectada por esa preocupación ecuménico.

Hace falta volver al evangelio y a la palabra de Dios, ser rigurosos en la fundamentación de toda espiritualidad, actuales en su aplicación, coherentes y comprometidos en evitar toda alienación o evasión…

Y hace falta, sobre todo, tener una visión amplia, ecuménico. Saber y creer que no tenemos la exclusiva de la Verdad completa, ni el monopolio de la salvación. Aceptar en la fe que el Espíritu de Jesús está vivo y actúa eficazmente en muchos hombres, grupos y pueblos. Y vivir en una práctica coherente con estas convicciones ecuménicas. Colaborar fraternalmente con todos los que luchan realmente por el Reino, sea cual fuere su bandera.

Examen

  • ¿Qué correctivos impondría la preocupación ecuménico a nuestra devoción mariana, tanto como comunidad cristiana cuanto como personas individuales?
  • ¿Podemos estar siendo piedras de escándalo para los hermanos separados?
  • ¿Qué preocupación ecuménico vivimos en nuestra comunidad cristiana?
  • ¿Tenemos actitudes de sincera cooperación fraterna?

Conversión

  • Orar por la unión de los cristianos. Reflejar en nuestra vida la preocupación ecuménico.
  • Apoyar las iniciativas ecuménicas que se tomen cerca de nosotros. Tomar decisiones para aproximar las comunidades cristianas.
  • Encontrar una actitud correcta, respetuosa y adecuada ante el proselitismo de las “sectas”.

Invocación

  • María, madre de todos los seres humanos…
  • …ayúdanos a crear la unidad del mundo para que llegue el reino.

Oración

Dios, Padre nuestro, que sufres al ver dividido al pueblo de Dios en diversas confesiones cristianas. Haz que llegue pronto el día en que nos unamos todos los seguidores de Jesús en una sola gran comunidad, para que seamos fermento de unidad entre todos los hombres de buena voluntad.

Cantos sugeridos

“Santa María del Amén”, de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.

“Alégrate, hija de Sión”, de M. González, en La gloria de Jerusalén.

Evangelii Gaudium – Francisco I

45. Vemos así que la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias. Procura siempre comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible. Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace «débil con los débiles […] todo para todos» (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.

Misa de la familia

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días a todos. ¡Sed bienvenidos en esta Pascua de Pentecostés a la Eucaristía!

La Pascua, a los 50 días, finaliza. Hoy, el Espíritu Santo, viene sobre nosotros y nos llena de vida y coraje. Nunca como hoy, Jesús, necesita de personas, de hombres y de mujeres, de jóvenes y de niños dispuestos a ser sembradores de su amor y de su Palabra, de su justicia y de su paz. ¿Seremos capaces? ¿Podremos ser continuadores de su gran obra?

Hoy es el día de la iglesia; miramos a María y, con Ella, estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos para que, como Iglesia y en Iglesia, manifestemos y vivamos profundamente nuestra fe en Jesucristo. Iniciamos esta celebración.

Nota: la procesión de entrada puede ir precedida de una antorcha encendida (o incluso de siete lámparas rojas) con un cartel anunciando: ¡ESPIRITU SANTO VEN!

2. PENITENCIAL

a) Viene el Espíritu Santo y nos encuentra con los corazones blindados. Cerrados a los demás y bloqueados para las cosas de Dios. Señor ten piedad (Se puede ofrecer un candado o unas cadenas)

b) Viene el Espíritu Santo y nos encuentra divididos. Que nos inunde su fuerza para que busquemos los caminos de la reconciliación. Cristo ten piedad (Se puede presentar una hoja con palabras como: guerra, violencia, terrorismo, idiomas…)

c) Viene el Espíritu Santo y nos encuentra fríos, apáticos. Que su presencia ilumine los caminos de nuestro vivir para que no perdamos de vista al Señor. Señor ten piedad (Se puede presentar un farol con una vela)

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Sin la fuerza del Espíritu Santo, los apóstoles y nosotros mismos, estaríamos llamados al fracaso. La voz del Señor, su voluntad, es derramada en esta fiesta de Pentecostés. Abramos los oídos para que, las lecturas que vamos a escuchar, nos ayuden a vivir en unidad y a dar testimonio de todo lo que hemos escuchado, actualizado y celebrado en la Pascua.

4. PETICIONES

a) Por la Iglesia. Por el Papa Francisco. Para que se deje llevar por la voz del Espíritu Santo y no tenga miedo a renovarse en aquello que es necesario para cumplir mejor su misión. Roguemos al Señor.

b) Por todos los niños y niñas que reciben la comunión en estos días; por los jóvenes que se acercan al sacramento de la confirmación. Para que el Señor les fortalezca en su fe. Roguemos al Señor.

c) Por todos los gobiernos. Para que superen las divisiones y crezca en ellos el deseo de servir con generosidad a todos los habitantes de la tierra. Roguemos al Señor.

d) Por todos los grupos de nuestra parroquia; para que sientan la presencia del Espíritu Santo que les envía a evangelizar y a dar testimonio de la fe. Roguemos al Señor.

e) Por todos los católicos. Para que amemos más a nuestra iglesia. Para que la defendamos. Para que estemos contentos de pertenecer a ella. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

a) Con estas llamas de fuego representamos los siete dones del espíritu: que vengan sobre nosotros para que podamos vivir con alegría nuestra fe. (Se presentan unas pequeñas llamas recortadas en rojo, y con los dones del Espíritu impresos)

b) Con esta cesta llena de frutos queremos representar la presencia del Espíritu en nuestra iglesia; todos los grupos que la componemos y, sobre todo, la gran fuerza que supone para nosotros su testimonio y su labor.

c) Finalmente, con el pan y el vino, traemos a tu altar –Señor- nuestro deseo de ser fuertes en la fe y en el amor. Que tu Espíritu lo transforme en Cuerpo y Sangre del Señor.

6. ORACIÓN

Por tu presencia en nuestra vida

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por tu soplo en nuestra fe

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por tu aliento en nuestras dudas

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por tu empuje en nuestro caminar

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por empujar a nuestra Iglesia

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por hacer fecundo nuestro apostolado

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por traernos la frescura de Dios

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por hacerte presente en el altar

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por encaminarnos hacia el Padre

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por aumentar nuestra fe

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por promover tantas cosas buenas

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por habitar en nuestros corazones

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Por rescatarnos de nuestra desesperanza

GRACIAS ESPÍRITU SANTO

Recursos – Domingo de Pentecostés

Al ritmo de la Vida
La alegría del ESPÍRITU

1. Sentido del día

Dice el papa Francisco que «la Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas abiertas (EG 46)… La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. … (EG 47). La Iglesia es –debería ser- una casa siempre alegre. Porque lo contrario de la alegría es el miedo. Y el miedo es lo que hizo a los apóstoles encerrarse en casa y atrancar las puertas. Lo contrario del miedo es el Espíritu que hoy celebramos en Pentecostés. Porque Jesús de Nazaret ya no es sólo aquel Jesús de su vida mortal, sino ese Jesús transformado ahora en una persona abierta por los cuatro costados de todo su ser, plenitud de un Espíritu que habita en todos los rincones de la tierra: los rincones humanos, pues no hay lengua, cultura, raza, sexo, religión que escape a esta universalidad (Gál 3,28). Y esta universalidad del Espíritu abarca igualmente a todos los seres del universo: «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas ores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS 100).

 2.- El “aleluya” del panel
La alegría de la Pascua nace igualmente de esta presencia del resucitado en todo lo creado que nos lleva a una relación contemplativa de toda realidad: “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (LS 84). Por eso, todo en nuestra vida debería ser un “aleluya”, como expresión de acción de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de gracias y de alegría permanente. Nada es “profano” porque todo es, en definitiva, “sacramento”. El “aleluya” adquiere, pues, un sentido de globosidad que nosotros destacamos haciendo hincapié especialmente en dos -o varios- momentos de la celebración:
  1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2ª lectura,
  2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la séptima nota del domingo (en este caso, Pentecostés), con la nota que subrayará la palabra “ESPÍRITU”.
3.- Una oración
El Espíritu de Dios llena la tierra,
el Espíritu de Dios colma los mares;
el Espíritu de Dios inunda el cielo,
el Espíritu de Dios puebla las calles,
el Espíritu de Dios están en nosotros
con su fuerza y con su amor inagotables.
Dios está en el monte,
Dios está en el valle,
Dios está en el vuelo
que hay en cada ave.
Dios está en la luz,
Dios está en el aire.
Dios está en la piel,
Dios está en la carne.
Dios está en el alma,
porque el alma sabe
que Dios es amigo
y que Dios es padre.

El Espíritu de Dios está en los niños,
el Espíritu de Dios está en las madres,
el Espíritu de Dios está en los pobres
porque sólo la pobreza te hace grande.

El Espíritu de Dios está en aquellos
que en espíritu y verdad saben amarle.

El Espíritu de Dios está en aquellos
que reclaman la justicia con coraje.
El Espíritu de Dios vive en la gente
que ve signos del Señor por todas partes.
El Espíritu de Dios habita en todos
los que creen en su amor y en su mensaje.

(J.A. Espinosa, “Al Señor del nuevo siglo”. Como canción, puede encontrarse en: https://www.youtube. com/watch?v=0AxLNndyxH0)

Música – Domingo de Pentecostés

«DIVERSIDAD DE DONES Y UN SOLO SEÑOR»

«Oh Espíritu, desciende,
orando está la Iglesia que te espera;
visítanos y enciende,

como la vez primera,
los corazones en la misma hoguera»

(B. Velado, Himno litúrgico)

Ambientación musical. “Ésta es la hora en que rompe el Espíritu…”. CD Quiero creer (Ed. San Pablo).

La hora del Espíritu ha llegado a nuestros corazones. La fuerza del Señor nos invade. El Aliento de vida transforma nuestro desierto en mil vergeles. Llama de amor viva: danos el lenguaje de la entrega, danos el don de la comunicación y la humildad. Haznos comunidad de amor; haznos Iglesia abierta a todos. Irrumpe con tu viento impetuoso en nuestras casas, proyectos e instituciones. ¡Asombrosa Presencia! que fermentas los mostos de amor y de esperanza, y nos abrazas uno a uno con tu presencia nombrando nuestros nombres “tatuados en tus manos”.

Entrada: “Renueva entre nosotros, oh Señor”. CD: “Espíritu Santo, guíanos” (SP) “Envía, Señor, tu Espíritu” CLN 254; MD 373.

Canto del Gloria: CLN C 6.

Salmo responsorial: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla…”; o bien, “Oh Señor, envía tu Espíritu” de L. Deiss CLN 252; MD 372.

Secuencia: Un buen declamador podía recitarnos, con unción, la secuencia; o bien escucharla, en gregoriano, procurando que la asamblea tenga el texto castellano mientras se canta.

Santo: CLN I 5 (C. Halffter).

Embolismo: CLN M 3.

Rito de la paz: “La paz” de A. Alcalde en Paz a Vosotros (SP).

Comunión: “Hombres nuevos” CLN 718; MD 59. “Reúne, Señor, a tu Iglesia” MD 189. “Bendigamos al Señor” (=El Espíritu de Dios hoy está sobre mí”) de Pedro Pelayo

Como antífona nal podemos cantar “Reina de los Apóstoles” en el CD María en los tiempos litúrgicos. Y durante la salida del templo, como fin de las estas pascuales, sonará el Aleluya de G. F. Haëndel.

Antonio Alcalde Fernández

Oración de los fieles (Domingo de Pentecostés)

Señor, en la festividad de tu Espíritu, ábrenos nuestra mente y nuestro corazón para que sepamos desear y pedir desde El y su gracia.

ABRE NUESTROS CORAZONES A TU ESPÍRITU

• Nuestro mundo siente el frío del miedo y del temor, necesita el fuego de tu gracia, el valor de tu Espíritu, la con anza de tu amor. Concede a tu Iglesia, ser lugar de libertad y verdad, de gracia y de amor, que venza a los miedos y se entregue en la construcción de tu reino movida por la acción del Espíritu Santo. Oremos.

• Hay muchas puertas cerradas, muchas fronteras excluyentes, descartes económicos y sociales, rupturas ideológicas, desigualdades humanas. Necesitamos el empuje de lo digno y de lo humano, de lo que está pensando desde la dignidad de las personas. Te rogamos que tu Espíritu se adentre en todos los que son responsables de decisiones políticas y económicas y conduzca las voluntades para que se avance en justicia, igualdad y respeto mutuo entre todos los pueblos. Oremos.

• Una iglesia encerrada, que no sirve, no sirve para nada. Te rogamos Señor, que en este momento de vida y de gracia, sepamos recibir todas las llamadas que el Espíritu está haciendo a nuestra Iglesia para salir de sus miedos, temores, actitudes conservadoras y paralizantes. Que, tocados por su gracia, sepamos vivir en el espíritu de la misión y la novedad, del encuentro, de la acogida y de la misericordia. Que, en comunidad, sepamos abrirnos y construir una iglesia confiada al Espíritu. Oremos.

• Miramos a nuestros jóvenes que se abren a la madurez de la vida, cuando construyen y con guran su personalidad. Ábrelos a tu Espíritu para que aspiren a crecer en gracia y sabiduría, que con valentía y coraje sean proféticos en su corazón y comprometidos en su acción. Que los cristianos adultos sepamos apostar por ellos y dar la vida para que lleguen a un protagonismo y una autono- mía fecunda y verdadera. Oremos.

• Ponemos en tus manos Señor a todos nuestros Obispos y los sacerdotes, para que, abiertos a tu Espíritu, en comunión apostólica, sirvan en la Iglesia como ministros de la unidad y el amor. Que, tocados por tu Espíritu, sepan animar a sus comunidades diocesanas y parroquiales en claves de corresponsabilidad y misión, abiertas al mundo. Oremos.

Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo resucitado, nuestro Señor

Comentario al evangelio (30 de mayo)

Va terminando el tiempo de Pascua y con su fin, dejaremos también de leer en la liturgia el libro de los Hechos de los Apóstoles. Hemos ido conociendo la vida de aquella primera iglesia y la lectura diaria nos ha ido centrando en la misión de Pablo, en sus viajes misioneros por el Mediterráneo. Hoy toca un texto que merece especialmente nuestra atención. 

      Pablo está en Mileto y siente que está ya de despedida. No va a hacer muchos viajes misioneros más. El siguiente lo hará como prisionero. Irá de Jerusalén a Roma. Por ahora, se quiere despedir de la comunidad de Efeso. Por lo poco que sabemos de lo que encontramos en las cartas de Pablo y en el libro de los Hechos, Pablo había pasado dos largos años en Efeso predicando el Evangelio y acompañando a aquella comunidad. Para un misionero que haya viajado tanto como Pablo, dos años es mucho tiempo. Da para crear lazos de amistad profunda. Y parece que efectivamente así fue. 

      Ya es sugerente leer el texto que hoy nos presenta la liturgia. Pablo siente que ha cumplido con su misión y que puede dejar a esa comunidad, ya adulta, que siga haciendo su propio camino. Es tiempo para él de confiarse al Espíritu y poner su vida en las manos de Dios. Hasta la entrega final. 

      Quizá la parte más bonita sea la que no recoge la lectura de hoy. Terminado el discurso, Pablo “se puso de rodillas y oró junto con ellos. Todos, llorando, abrazaron y besaron a Pablo. Se sentían muy tristes porque les había dicho que no volverían a verle. Luego le acompañaron hasta el barco”. Dada la austeridad del lenguaje de los Hechos en general, podemos imaginar lo que fue aquella despedida. Había mucho cariño, mucha amistad, mucha vida compartida. Aquella era una comunidad de vida, de verdad. Los lazos de la fe habían terminado creando una relación bien profunda. 

      Ojalá nuestras comunidades fuesen capaces de crear estos lazos. Ojalá nuestra fe rompiese las barreras que a veces nos separan, nos ayudase a superar todo tipo de reticencias de unos frente a otros y nos descubriesen la profunda fraternidad que nos una en el ser hijos de Dios. Ojalá los misioneros sepan comunicar la fe, como la infundió la predicación de Pablo en aquella comunidad de Efeso. Ojalá el Espíritu de Jesús ilumine a los misioneros y a los que los escuchan para que la Palabra se extienda y llegue a todos los corazones.

Fernando Torres, cmf