Recursos – Domingo de Pentecostés

Al ritmo de la Vida
La alegría del ESPÍRITU

1. Sentido del día

Dice el papa Francisco que «la Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas abiertas (EG 46)… La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. … (EG 47). La Iglesia es –debería ser- una casa siempre alegre. Porque lo contrario de la alegría es el miedo. Y el miedo es lo que hizo a los apóstoles encerrarse en casa y atrancar las puertas. Lo contrario del miedo es el Espíritu que hoy celebramos en Pentecostés. Porque Jesús de Nazaret ya no es sólo aquel Jesús de su vida mortal, sino ese Jesús transformado ahora en una persona abierta por los cuatro costados de todo su ser, plenitud de un Espíritu que habita en todos los rincones de la tierra: los rincones humanos, pues no hay lengua, cultura, raza, sexo, religión que escape a esta universalidad (Gál 3,28). Y esta universalidad del Espíritu abarca igualmente a todos los seres del universo: «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas ores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS 100).

 2.- El «aleluya» del panel
La alegría de la Pascua nace igualmente de esta presencia del resucitado en todo lo creado que nos lleva a una relación contemplativa de toda realidad: «Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios» (LS 84). Por eso, todo en nuestra vida debería ser un “aleluya”, como expresión de acción de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de gracias y de alegría permanente. Nada es “profano” porque todo es, en definitiva, “sacramento”. El «aleluya» adquiere, pues, un sentido de globosidad que nosotros destacamos haciendo hincapié especialmente en dos -o varios- momentos de la celebración:
  1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2ª lectura,
  2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la séptima nota del domingo (en este caso, Pentecostés), con la nota que subrayará la palabra «ESPÍRITU».
3.- Una oración
El Espíritu de Dios llena la tierra,
el Espíritu de Dios colma los mares;
el Espíritu de Dios inunda el cielo,
el Espíritu de Dios puebla las calles,
el Espíritu de Dios están en nosotros
con su fuerza y con su amor inagotables.
Dios está en el monte,
Dios está en el valle,
Dios está en el vuelo
que hay en cada ave.
Dios está en la luz,
Dios está en el aire.
Dios está en la piel,
Dios está en la carne.
Dios está en el alma,
porque el alma sabe
que Dios es amigo
y que Dios es padre.

El Espíritu de Dios está en los niños,
el Espíritu de Dios está en las madres,
el Espíritu de Dios está en los pobres
porque sólo la pobreza te hace grande.

El Espíritu de Dios está en aquellos
que en espíritu y verdad saben amarle.

El Espíritu de Dios está en aquellos
que reclaman la justicia con coraje.
El Espíritu de Dios vive en la gente
que ve signos del Señor por todas partes.
El Espíritu de Dios habita en todos
los que creen en su amor y en su mensaje.

(J.A. Espinosa, “Al Señor del nuevo siglo”. Como canción, puede encontrarse en: https://www.youtube. com/watch?v=0AxLNndyxH0)

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