Vísperas – San Juan Bautista

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA (SOLEMNIDAD).

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PROFETA DE SOLEDADES

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades.

Desde el vientre escogido
fuiste tú el pregonero,
para anunciar al mundo
la presencia del Verbo.

El desierto encendido
fue tu ardiente maestro,
para allanar montañas
y encender los senderos.

Cuerpo de duro roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de camello.

No fuiste, Juan, la caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de acero.

En el Jordán lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los almendros.

En tu figura hirsuta
se esperanzó tu pueblo:
para una raza nueva
abriste cielos nuevos.

Sacudiste el azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu lucero.

Por fin, en un banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el desierto.

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Apareció un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Salmo 14 – ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Apareció un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Ant 2. Juan vino como testigo para declarar en favor de la verdad.

Salmo 111- FELICIDAD DEL JUSTO

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Juan vino como testigo para declarar en favor de la verdad.

Ant 3. Juan era la lámpara que arde y que ilumina.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Juan era la lámpara que arde y que ilumina.

LECTURA BREVE   Hch 13, 23-25

Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un Salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: «No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado.»

RESPONSORIO BREVE

V. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
R. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

V. El que viene después de mí ya existía antes que yo.
R. Enderezad sus sendas.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El niño que nos ha nacido es más que un profeta; es aquel de quien dice el Salvador: «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista».

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El niño que nos ha nacido es más que un profeta; es aquel de quien dice el Salvador: «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista».

PRECES

Oremos confiados al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle:

Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.

Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo,
danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.

Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios,
concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerlo.

Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera,
enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.

Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia,
concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo
y colócalos en el reino de la luz y de la paz.

Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que suscitaste a san Juan Bautista, para que le preparara a Cristo un pueblo bien dispuesto, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y guíanos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina (24 de junio)

Lectio: Sábado, 24 Junio, 2017

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 6,24-34

«Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero. «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy nos ayuda a revisar la relación con los bienes materiales y trata dos asuntos de distinto peso: nuestra relación con el dinero (Mt 6,24) y nuestra relación con la Providencia Divina (Mt 6,25-34). Los consejos dados por Jesús suscitan diversas preguntas de difícil respuesta. Por ejemplo, ¿cómo entender hoy la afirmación: «No puedes servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24)? ¿Cómo entender la recomendación de no preocuparnos con la comida, la bebida y la ropa (Mt 6,25)?

• Mateo 6,24: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Cada cual tendrá que elegir. Tendrá que preguntarse: “¿Quién ocupa el primer lugar en mi vida: Dios o el dinero?” De esto dependerá la comprensión de los consejos que siguen sobre la Providencia Divina (Mt 6,25-34). No se trata de una opción hecha sólo con la cabeza, sino de una opción de vida bien concreta que envuelve las actitudes.

• Mateo 6,25: Jesús critica la excesiva preocupación con la comida y el vestido. Esta crítica de Jesús provoca hasta hoy mucho espanto entre la gente, pues la gran preocupación que tiene un padre, una madre de familia es la comida y el vestido para los hijos. El motivo de la crítica es que la vida vale más que la comida y el cuerpo vale más que la ropa. Para aclarar su crítica, Jesús cuenta dos parábolas: de los pajaritos y de las flores.

• Mateo 6,26-27: La parábola de los pajaritos: la vida vale más que la comida. Jesús manda mirar a los pajaritos. No siembran, no almacenan, y sin embargo tienen siempre algo que comer, porque el Padre celestial los alimenta: “¿No valéis vosotros más que ellos?” Lo que Jesús critica es cuando la preocupación por la comida ocupa todo el horizonte de la vida de las personas, sin dejar espacio para experimentar y saborear la gratuidad de la fraternidad y de la pertenencia al Padre. Por eso, el sistema neoliberal es criminal porque obliga a la gran mayoría de las personas a vivir 24 horas al día preocupándose por la comida y por la ropa, y produce en otra pequeña minoría rica el ansia de comprar y consumir hasta el punto de no dejar espacio para otra cosa. Jesús dice que la vida vale más de los bienes de consumo. El sistema neoliberal impide la vivencia del Reino.

• Mateo 6,28-30: La parábola de los lirios: el cuerpo vale más que el vestido. Jesús manda mirar las flores, los lirios del campo. ¡Con qué elegancia y belleza Dios los viste! “Si Dios los veste así, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?Jesús insiste en las cosas de la naturaleza, para que viendo las flores y el campo, la gente recuerde la misión que tenemos: luchar por el Reino y crear una convivencia que pueda garantizar comida y vestido para todos.

• Mateo 6,31-32: No ser como los paganos. Jesús retoma la crítica contra una excesiva preocupación por la comida, la bebida y el vestido. Y concluye: “¡Son los paganos que se preocupan con todo esto!” Debe de haber una diferencia en la vida de los que tienen fe en Jesús y de los que no la tienen. Los que tienen fe en Jesús comparten con él la experiencia de gratuidad de Dios como Padre, Abba. Esta experiencia de paternidad tiene que revolucionar la convivencia. Tiene que engendrar una vida comunitaria que sea fraterna, semilla de una nueva sociedad.

• Mateo 6,33-34: El Reino en primer lugar. Jesús apunta dos criterios: “Buscar primero el Reino” y “No preocuparse por el día de mañana”. Buscar en primer lugar el Reino y su justicia significa tratar de hacer la voluntad de Dios y permitir a Dios que reine en nuestra vida. La búsqueda de Dios se traduce concretamente en búsqueda de una convivencia fraterna y justa. Donde hay esta preocupación por el Reino, nace una vida comunitaria donde todos viven como hermanos y hermanas y nadie pasará más necesidad. Allí no habrá más preocupación con el día de mañana, esto es, no habrá más preocupación en acumular.

Buscar primero el Reino de Dios y su justicia. El Reino de Dios tiene que ser el centro de todas nuestras preocupaciones. El Reino pide una convivencia, donde no haya acumulación, y donde haya compartir, para que todos tengan lo necesario para vivir. El Reino es la nueva convivencia fraterna, en la que cada persona se siente responsable del otro. Esta manera de ver el Reino ayuda a entender mejor las parábolas de los pajaritos y de las flores, pues para Jesús la Providencia Divina pasa por la organización fraterna. Preocuparse por el Reino y su justicia es lo mismo que preocuparse por aceptar a Dios como Padre y ser hermanos y hermanas de otros. Ante el creciente empobrecimiento causado por el neoliberalismo económico, la salida concreta que el evangelio nos presenta y que los pobres encontrarán para su supervivencia es la solidaridad y la organización.

• Una lama afilada en la mano de un niño puede ser una arma mortal. Una lama afilada en la mano de una persona agarrada con cuerdas es arma que salva. Así son las palabras de Jesús sobre la Providencia Divina. Sería anti-evangélico decir a un padre de familia sin empleo, pobre, con ocho hijos y mujer enferma: «¡No ande preocupado con lo que va a comer y a beber! ¿Por qué preocuparse del vestido y de la salud?» (Mt 6,25.28). Esto lo podemos decir cuando, al imitar a Dios como Jesús, nos organizamos entre nosotros para poder compartir, garantizando a los hermanos la sobrevivencia. De lo contrario seríamos como los tres amigos de Job, para defender a Dios, contaban mentiras sobre la vida humana (Job 13,7). Sería como “disponer de un huérfano y traicionar a un amigo” (Job 6,27). En boca del sistema de los ricos, estas palabras pueden ser armas mortales contra los pobres. En boca del pobre, pueden ser una salida real y concreta para una convivencia mejor, más justa y más fraterna.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cómo entiendo y vivo la confianza en la Providencia Divina?

• Como cristianos tenemos la misión de dar una expresión concreta a aquello que nos anima por dentro. ¿Cuál es la expresión que estamos dando a nuestra confianza en la Divina Providencia?

5) ORACIÓN FINAL

Mi lengua proclama tu promesa,
pues justos son tus mandamientos.
Acuda tu mano en mi socorro,
pues he elegido tus ordenanzas. (Sal 119,172-173)

El miedo, mal compañero

Debido a los sucesos que ocurren casi diariamente se le plantea a la sociedad, sobre todo a la occidental, si prefiere la libertad o la seguridad. El ciudadano de la calle ante, por ejemplo, los recientes atentados, reclama seguridad a sus dirigentes. Éstos le prometen a base de pagar un precio: que algunos derechos humanos se recorten. Parece que esta partida, que esta apuesta la están ganando los partidarios de la seguridad. Es decir, puestos a escoger entre la libertad y la seguridad, el ciudadano medio, influido por el miedo, prefiere la seguridad.

Cuando el evangelista Mateo escribió su evangelio, las comunidades a las cuales dirigía el texto vivían perseguidas, angustiadas. ¿Cómo vivir en estas circunstancias tan difíciles?. Nada mejor que recordar en la vida de Jesús alguna situación similar. Porque Jesús vivió momentos de una gran acogida, pero también de enfrentamiento y de acoso. Por eso, cuando Jesús les advierte: “No temáis”, como lo hace en el evangelio de hoy, sabía de qué hablaba. Sabía que en el ser humano es más fuerte el miedo que la valentía.Nada menos que tres veces repite “no temáis”, “no tengáis miedo” en el breve texto evangélico que se nos ofrece hoy.

Ciertamente que el miedo en algunas ocasiones es bueno, nos evita fallos, errores, caídas, tropiezos. Pero, en general, necesitamos insistir más en el “no temáis” que en el “temáis” Este, el miedo, suele ser mal consejero y hoy tenemos miedo a demasiadas cosas. A veces uno piensa si hay personas que tienen como objetivo, como tarea, conseguir que la gente tenga miedo.

Sospecho que muchos cristianos mantienen oculta vergonzosamente su condición de creyentes. Como les sucedió a los apóstoles en la noche del jueves al viernes santo y durante la jornada del viernes. Durante esas horas le negaron a Jesús casi todos sus seguidores.. Son muchos los miedos que acosan al ciudadano actual: miedo a perder el nivel de vida, el puesto de trabajo, miedo al futuro, a la soledad, a la vejez, hay miedos que afectan a grupos muy concretos, por ejemplo los cristianos ortodoxos en Egipto, miedo a que pierda nuestro deportista favorito, miedo a los cambios de esta sociedad débil, light, llamada curiosamente líquida por su falta de definición, miedo a los atentados, a la muerte, al fracaso, a la enfermedad, a perder un amigo o al amigo.

Cierto que en momentos determinados el miedo evita que caigamos en errores. Pero Jesús nos exhorta a la valentía, a la confianza, al buen ánimo, porque el miedo nos aleja de nuestro camino, nos induce a mentir. El miedo “se halla siempre dispuesto a ver las cosas más feas de lo que son”. Una dosis oportuna de miedo nos libra de actuar en la vida como bravucones, como fanfarrones. Incluso diría que nos humaniza un poco.

Si un día no muy lejano se habló mucho de la Nueva Evangelización y de la iniciativa El Atrio de los Gentiles, se habló. ¿Qué se ha hecho? ¿Se habla hoy?. ¿La sal se ha vuelto sosa y la luz se ha escondido debajo del celemín o se ha apagado?. No tengáis miedo nos dice Jesús.

Josetxu Canibe

Pidamos al Sagrado Corazón, por las obras de apostolado

I

PEDIMOS hoy por todos los trabajos encaminados a difundir en nuestra sociedad la influencia de la Iglesia Católica y de sus instituciones contra la acción disolvente y demoledora de tantos que con diversos y numerosos medios pugnan por descatolizar el mundo. Pertenecen al concepto general de obra de Apostolado todos los ministerios eclesiásticos; pero de un modo muy particular se distinguen con este nombre las obras que ejercen bajo la dirección de la Iglesia los mismos laicos. Las sociedades de caridad, las escuelas y talleres, los periódicos y libros cristianos, las Academias de Juventud católica y asociaciones de católicos y todas las que con este o con aquel nombre, se proponen la reparación de los estragos de nuestros tiempos, la moralización del pueblo, la protección del pobre, o simplemente el ejercicio práctico y sin respeto humano de la Religión; todo eso que constituye hoy con diversidad de organización y de medios, pero con maravillosa unidad de pensamiento, el gran cuerpo de ejército de Apostolado seglar.

Oremos, pues, hoy por esta imperiosa necesidad de los tiempos presentes. Oremos por esos hermanos nuestros que luchan incansablemente en estos campos de acción. Oremos para que Dios sostenga sus fuerzas, aumente su fe, dé alcance a sus palabras, los libre de la vacilación y del desaliento de los contratiempos, los corone de consuelos acá y de gloria en el cielo en premio de sus combates.

¡Oh Sagrado Corazón! Tú eres el jefe de esa espiritual y generosa milicia, Tú el Nombre de su escudo y el lema de su bandera. Hazlos contigo un solo corazón y una sola alma, valerosos, dignos del todo de la santa causa que defienden y de la celestial recompensa que esperan.

Medítese unos minutos.

II

¡Qué glorioso es ese ejército creyente que, de uno a otro confín del mundo lucha sin descanso por el nombre de Cristo, mezclado, aunque no confundido, con ese otro ejército de error y corrupción que sigue la bandera del enemigo! ¡Qué grandes combates se libran a todas horas entre los de uno y otro bando por medio del ejercicio de la caridad, de la pluma, de las palabras, del franco y esforzado ejemplo! ¡Qué grato ha de ser a Dios ver alrededor de la Iglesia esos hombres y mujeres que de toda edad, de todo sexo, de toda condición, que trabajan en estas magníficas obras católicas!

Roguemos al Sagrado Corazón que nuestros corazones latan todos con los divinos latidos del Co- razón de Jesús! Que no nos mueva otro deseo que el de su mayor gloria y la salvación de las almas! Que no nos engañe el fuego vano de erradas doctrinas que tienden a disminuir la santa intransigencia del dogma católico!

Oh Corazón de Jesús! ¡Que vengamos a templar nuestras almas en Ti, fragua de amor infinito; que las saquemos de allí enrojecidas en el fuego de tu celo y de tu ardentísima caridad! Fuego viniste a traer a la tierra; ¿qué quieres Tú, sino que sin cesar se avive? Avívalo, Señor, primeramente en nues- tros corazones que ya son tuyos, y sírvete luego de ellos para las grandiosas empresas de tu santa Religión.

Medítese, y pídase la gracia particular.

Evangelii Gaudium – Francisco I

70. También es cierto que a veces el acento, más que en el impulso de la piedad cristiana, se coloca en formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan. Hay cierto cristianismo de devociones, propio de una vivencia individual y sentimental de la fe, que en realidad no responde a una auténtica «piedad popular». Algunos promueven estas expresiones sin preocuparse por la promoción social y la formación de los fieles, y en ciertos casos lo hacen para obtener beneficios económicos o algún poder sobre los demás. Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe. Algunas causas de esta ruptura son: la falta de espacios de diálogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo desenfrenado que alienta el mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres, la ausencia de una acogida cordial en nuestras instituciones, y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural.

No tengáis miedo

1.- El miedo es lo peor. Y casi siempre responde a cuestiones poco objetivas. Jesús lo dice. Y fue enorme el impacto de esa frase: “No tengáis miedo” con la San Juan Pablo II, inició su fecundo pontificado y la siguió repitiéndola hasta su muerte. El miedo no es cristiano. Y en el mensaje de Jesucristo sobre la ausencia de temor hacia quienes matan el cuerpo y la importancia de perseverar en la vida del alma, está el misterio profundo que lleva a los mártires a morir con alegría. Es posible que hoy nos parezca un poco lejano y obsoleto el tema de martirio, pero se sigue repitiendo y, por ejemplo, África y Asia son escenarios habituales de martirio, de mártires, que no tuvieron miedo a perder la vida para preservar el alma. La cercanía de Jesús quita los miedos y hay que llevar este mensaje a los demás, pues vivimos en un mundo lleno de temores un tanto irracionales. La vida cristiana es un buen antídoto contra los miedos. El hombre de fe está constantemente examinando su conciencia, intentando valorar con honradez sus actuaciones. Y ello añade objetividad y evita autoengaño. Tal vez sea ese el descubrimiento de algún converso: la objetividad que añade el seguimiento de Jesús a nuestras vidas.

2.- Dice Jesús: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea». Todo se descubre. Y es así. No debemos ocultar nada, ni mantener demasiadas reservas y mucho menos construirnos «dobles vidas». Y es que el mantenimiento de la mentira produce grandes tragedias. Debemos ser más cuidadosos con la generalizada costumbre de mentir. A veces parecen disculpas oportunas, pero contienen un trasfondo muy negativo. También aludimos en el mismo texto al misterio de los mártires, a la alegría de entregar la vida por no dejar de dar testimonio de Jesús, el Redentor.

3.- El fragmento del Evangelio de Mateo que leemos hoy es de una profundidad enorme. E incide también en la necesidad –es una obligación– de dar testimonio de Jesús sin paliativos. Si le negamos, Él nos negará ante el Padre. Esa negación es terrible, puede suponer la condenación por toda la eternidad. Y todo se interrelaciona. La confianza en Dios quita el temor. Ese temor impide que ocultemos nuestra auténtica realidad –humana y espiritual– ante los hombres y ante Dios. La comparación con los gorriones avisa de la superioridad del hombre frente al resto de la creación, pero también indica su enorme responsabilidad. Jesús quiere ser mediador ante el Padre a favor nuestro. Pero hemos de dar el testimonio preciso y oportuno. Parafraseando a San Pablo diríamos que «no podemos dejar de predicar el nombre de Jesús y el de su Santa Iglesia.

4.- Hemos hablado antes de la liberación que se consigue en el seguimiento de Jesús. La objetividad llega por el discernimiento y examen de nuestras conductas. San Pablo confirma que la doble liberación –del pecado y de la muerte– es el gran don del nuevo Adán, de Jesucristo: es la gracia santificante que nos otorga Jesús. Y en Libro de Jeremías se profetiza sobre los sufrimientos de Cristo y sobre, asimismo, el apoyo de Dios Padre en ese camino de Redención. Y como a Jesús, la fuerza del Padre nos hará vencer en nuestros trabajos, en el reconocimiento del Poder de Dios y la manifestación del amor por los hermanos.

Y hoy domingo, cuando volvamos a casa, debemos volver a releer los textos que hemos escuchados, porque son fuente de enseñanza. Y sobre todo el Evangelio de Mateo que nos da señalización indeleble para nuestro camino verdadero.

Ángel Gómez Escorial

Seguimiento, negación y cruz

1. Hoy hablamos más de seguimiento que de imitación, ya que no se trata de copiar materialmente a Jesús, sino de captar su persona, su palabra y su obra para traducirlas al momento presente. El seguimiento de Cristo es la base fundamental de la vida religiosa y de toda vida cristiana.

2. El Nuevo Testamento habla constantemente del seguimiento de Jesús que deben practicar sus discípulos; un seguimiento que incluye la donación total de la persona. Jesús invita a sus discípulos a seguirle hasta la muerte y la resurrección. Dicho de otra manera: la adhesión a Cristo es un acto personal que entraña una decisión pública, ya que atañe a la construcción del reino. Los evangelios sinópticos relatan los primeros seguimientos del Jesús histórico; Juan y Pablo describen el seguimiento del Cristo resucitado. En el fondo, lo que caracteriza al seguimiento es la praxis, el compromiso profundo y total, ya que lo característico del seguimiento está en la vida.

3. En el marco del itinerario de Jesús hacia Jerusalén, el seguimiento es la clave del discipulado. Siempre van unidos seguimiento, negación y cruz. Pero la negación y la cruz no tienen un sentido negativo. Negarse no es cerrarse, sino todo lo contrario: vencer al propio yo para abrirse a los demás. La cruz tampoco tiene sentido en sí misma; no es más que el precio que conlleva la entrega. Recordemos que la cruz era suplicio cruel y afrenta vergonzosa. Por consiguiente, la negación y la cruz —en cuanto actos positivos vitales— son criterios de discernimiento. De este modo, el discípulo se identifica con el Señor.

4. La opción personal por Cristo exige renunciar, entre otras cosas, a la familia y a uno mismo (en el sentido de que no hay que absolutizar ni divinizar nada que no sea Dios). Esa opción se basa en el amor a Dios y al prójimo —el mandamiento nuevo—, teniendo en cuenta que en el trabajo por el reino hay profetas y místicos que responden con una entrega radical, «justos» o «militantes» que hacen de su vida un servicio, y sencillos «ayudantes» que hacen lo que buenamente pueden…

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Quiénes son hoy los seguidores de Jesús?

¿Por qué nos cuesta tanto seguir a Jesús?

Casiano Floristán

Domingo XII de Tiempo Ordinario

En el Evangelio de Mateo, este texto tan breve forma parte de lo que se llama el “discurso evangélico”. Jesús envía a sus discípulos en misión, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros y poder para curar toda clase de enfermedades. Les advierte al mismo tiempo que los envía como ovejas en medio de lobos y que habrá quienes los reciban y quienes los rechacen. No es mayor el discípulo que el maestro, les sigue diciendo. Harán con el discípulo, lo que han hecho con el maestro. “No tengáis pues miedo de los hombres…”y es entonces cuando viene la recomendación que acabamos de escuchar.

Es sorprendente cuantas veces nos encontramos con esta recomendación en el Evangelio. “No tengáis miedo…no temáis”, muy en especial a lo largo de las apariciones del Señor tras la Resurrección, pero ya con anterioridad, como hemos podido ver en el texto de hoy que hemos escuchado. Es una reacción completamente normal el tener miedo del peligro. Somos seres vivos, por lo que es completamente normal el tener miedo de la muerte y de lo que puede provocarla, muy en especial si nos encontramos en plena salud. ¿Cuál es la base que fundamente el que no podamos no tener miedo?

Simplemente que estamos en manos de Dios y que cuanto pueda sucedernos tiene un sentido y una finalidad en sus planes dirigidos por el amor. A quien me confiese en presencia de los hombres, dice Jesús, yo le confesaré en el cielo en presencia de mi Padre.

Antes de ser una manera de morir es el martirio una forma de vida. Ser mártir es ser testigo. Y somos testigos ante todo por nuestra forma de vida. En la iglesia llamamos de ordinario “mártires” a quienes han vivido tan fielmente el Evangelio que lo han vivido hasta el punto de aceptar la muerte para ser fieles al mismo hasta el final. Su testimonio y su martirio han consistido en su manera de vivir antes de consistir en su manera de morir.

Todos somos llamados a ello. De vez en cuando nos ofrece Dios ejemplos en la vida de personas cuya fidelidad de todos los días, totalmente normal, ha aparecido como auténtica por su libre aceptación de una muerte violenta. Al fue el caso de nuestros siete hermanos de Nuestra Señora del Atlas, en Argelia. No eran héroes, y ni siquiera trataron de serlo. Eran monjes ordinarios y vivieron una vida monástica muy ordinaria. Pero permanecieron en esa fidelidad, incluso cuando cambió la situación y se hizo extraordinaria.

Su comunidad había sido fundada en una época en que había una población cristiana numerosa en Argelia. Cuando quedó reducida a casi nada esta población, tras la guerra de la independencia y la marcha de la mayor parte de la población francesa, mantuvieron los monjes su presencia contemplativa cristiana en un contexto casi enteramente musulmán. Lo largo de los años establecieron una relación de amistad, de fraternidad y de mutuo respeto con la población local – sus hermanos y sus amigos musulmanes – y permanecieron fieles a esa amistad cuando quedó el país envuelto en una espiral de violencia. Y ahora se hallan enterrados en el país que han amado, entre aquéllos que han amado,, en el cementerio de la comunidad que amaban – fieles hasta el fin a todos esos amores.

El martirio no tiene a fin de cuentas nada de extraordinario, sino que es la fidelidad a los compromisos fundamentales, incluso cuando han quedado radicalmente modificadas las situaciones. En su última crónica. En noviembre del 1995, escribían ellos mismos a sus familias y a sus amigos: “Esta decisión (la de permanecer en Argelia) había sido preparada por las renuncias anteriores de cada uno (a la familia, a la comunidad de origen, al país…). Y la muerte brutal – de uno de nosotros, o de todos a la vez – no sería más que la consecuencia de esta elección de vida en seguimiento de Cristo”.

Cuando en la noche del 27 de Marzo del 1996 abandonaban su Monasterio, a los ojos de cuantos han podido verlos, seguían a un grupo de terroristas fuertemente armados. De hecho, estaban siguiendo a Cristo.

Es más que probable que ninguno de entre nosotros se vea confrontado con una situación semejante. Pero todos somos llamados a la misma fidelidad, suceda lo que suceda, de mayor o menor importancia. Y por lo que a nosotros se refiere, nuestros hermanos del Atlas, lo mismo que tantos otros – laicos y religiosos, Cristianos y Musulmanes – de Argelia, siguen constituyendo un ejemplo y una interpelación.

A. VEIILEUX

No hay comparación entre vosotros y los gorriones

El mayor problema de muchas personas es que han recibido el regalo de la vida pero desconocen las instrucciones para su buen funcionamiento.

Su problema se hace todavía más agudo en una sociedad que ofrece “un manual de instrucciones», en muchos casos, absolutamente disparatado.

Algo así como si, al estrenar coche, se nos entregaran para su uso y mantenimiento instrucciones tan absurdas como éstas:

“Para alimentar el motor, échesele agua».

«En caso de mal funcionamiento en el carburador, limpie bien los ceniceros y alfombras».

«Para obtener un frenado más seguro, encienda la calefacción”.

Sin embargo, son convicciones y pautas de conducta tan habituales y comunes que seguirlas nos parece lo más sensato y juicioso, sin advertir que son precisamente la fuente más importante de muchas de nuestras desdichas, frustraciones y miedos.

¿Cómo dudar, por ejemplo, de esa convicción tan arraigada en nosotros y que constantemente dirige nuestra conducta con esta consigna: “Si no tienes éxito, no vales»?

Creemos que para lograr la estima y aprobación de los demás e, incluso, la nuestra propia, hemos de lograr el éxito en todo lo que emprendemos.

Programados de manera tan equivocada, ya no podemos sentirnos bien si no lo logramos. Nos torturamos a nosotros mismos siempre que fracasamos en algo. Cualquier contratiempo nos llena de irritación y nos deprime.

Creemos que, para valer, hemos de poseer cosas, dominar personas, acumular éxitos. Y si son otros los que lo logran, una envidia secreta y casi inconsciente llena de tristeza nuestra vida entera.

No nos damos cuenta de que, buscando nuestra dignidad fuera de nosotros mismos y desconectados de la fuente auténtica del ser, nuestro vivir diario queda cada vez más amenazado.

Vivimos ciegos, sin valorar el inmenso regalo de la vida que palpita en nosotros. Sin sospechar lo que valemos ni disfrutar de lo que somos, sin necesidad de que le añadamos éxito o logro a nuestro ser.

Lo que en nosotros vale es esa vida que brota de Dios y hacia Dios se dirige. Lo que somos ante ese Padre que cuida y alienta con su amor todo nuestro ser.

Esa es la convicción de Jesús:

«No tengáis miedo… Tenéis un Padre…

Vosotros valéis mucho más que los gorriones que El cuida”.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio (24 de junio)

      ¡Hoy estamos de fiesta! El nacimiento de un niño es siempre un motivo de fiesta. Es la vida que despierta, que empieza, que se desenvuelve y despliega en toda su fuerza. Tiene su gracia que celebremos tanto el nacimiento de un niño porque en realidad un niño es más una promesa que una realidad. Es la indefensión absoluta. Su vida es precaria y está amenazada por mil peligros. Tiene que pasar mucho tiempo y muchos cuidados, hasta que se pueda decir que algo de esa promesa se ha convertido en realidad. Por el camino se ha podido desviar mil veces de su senda. Y la vida se ha podido, se puede siempre, malograr. 

      Pero eso no se piensa en el momento del nacimiento. Ese momento es de gran alegría. Las familias se reúnen y el gozo estalla. En todas las culturas, en todos los países. Es como si el nacimiento de un niño nos diese la sensación de que tenemos un poco más de futuro para nosotros mismos. Ese futuro, siempre incierto, se ilumina con la nueva vida recién nacida, que nos asegura de que la vida es más fuerte que la nada y el vacío al que a veces nos parece que estamos abocados. 

      Hoy estamos de fiesta porque celebramos el nacimiento de Juan, el hijo de Zacarías, el viejo sacerdote, y de Isabel, su también anciana mujer. De donde ya parecía que no era posible que brotase la vida, ha surgido el milagro. ¡Un niño nos ha nacido! Por eso la alegría de los vecinos y de todos los que conocieron la noticia. 

      Y surge la pregunta. Es la misma que surge ante cualquier niño: ¿Qué va a ser de este niño? Lo que no sabían aquellas buenas gentes es que aquel niño, su vida y misión iba a estar en el umbral de una nueva era. Con aquel niño comenzaba el amanecer de un nuevo mundo marcado por la presencia salvadora de Dios. La luz del día que entonces empezaba iba a ser tan fuerte que, posiblemente, ni siquiera Juan, el niño ya hecho mayor, iba a entender en plenitud la novedad de ese nuevo amanecer que se iba a materializar en Jesús, el hijo de María, la prima de su madre. 

      Sería bueno que hoy viviésemos la fiesta de la nueva vida que comienza, que revivamos en nuestros corazones el espíritu de aquellas gentes. Y que, en medio de la alegría, nos preguntemos de nuevo: ¿Qué va a ser de este niño? Y tomemos conciencia del nuevo mundo que está ya aquí presente en medio de nosotros. Donde la muerte, el odio, la venganza, la ira y la injusticia, están ya vencidas y la luz del amor, de la misericordia, de la justicia, del perdón y la reconciliación brilla sobre nuestros corazones.

Fernando Torres