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Archive for 2/07/17

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DIOS DE LA LUZ, PRESENCIA ARDIENTE.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Ant 2. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Salmo 113 A – ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Co 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Quien quiera conservar su vida la perderá, quien por mi causa la perdiere la encontrará.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Quien quiera conservar su vida la perderá, quien por mi causa la perdiere la encontrará.

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga, a los que han muerto, una resurrección gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Hospitalidad

1.- Lo que os voy a decir, mis queridos jóvenes lectores, seguramente no os toca a vosotros oírlo, si sois jóvenes en el sentido biológico de la palabra. Sé que gente que no lo son leen estos mensajes homilías y además, ahora que sois libres para soñar y proponeros proyectos sin impedimentos, podéis recapacitar y comprometeros ante vosotros mismos y ante Dios, cual deberá ser vuestra manera de proceder adulta.

La gente de hoy en día adoran a su domicilio. Incorporan adelantos técnicos y conservan limpios y ordenados sus antiguos tesoros. El domicilio es un encanto. Se sienten satisfechos cuando lo enseñan. Ahora bien, temen siempre que el advenedizo se mueva por él. Ensucian el pavimento y desordenan los muebles y adornos, dicen. Si se trata de un recién llegado que no se va a marchar de inmediato, es mejor que salgan fuera a comer, que duerma fuera, que hoteles no faltan. ¡Qué diferente su pensar respecto al de esta familia cananea de Sunan! 

2.- Cuando pasa el profeta es invitado a comer y cómo sus visitas abundan cada vez más y no tienen un lugar para que descanse y viva con suficiente paz e independencia, en la terraza le prepararán un habitáculo dotado con lo suficiente para que repose y viva, de acuerdo con su misión y vocación profética. Los pisos son pequeños, no hay lugar para foráneos. Preparar comida es complicado y hace días que no se ha ido al supermercado, más vale salir a comer de menú a uno de tantos sitios cercanos. Algunos domicilios se parecen a la cáscara de un cangrejo ermitaño. Hay sitio justo para el animalito, que nadie pretenda introducirse.

3.- Las comunas que tan de moda estuvieron hace un tiempo van en declive. El ser humano tiende a proteger y cultivar una cierta intimidad con quien o quienes ama con predilección. Si se ha abandonado la cueva, se edifica una casa. Si no es posible hacerlo, se levanta una haima. Hay que crear un clima, rodearse de los suyos y de lo suyo. Protegerse.

4.- Hay hábitos que precisan gran y detallada intimidad. Se diferencian mediante tabiques o cortinas los espacios. Hay un lugar singular y predilecto: el comedor. Esta estancia no es un simple comedero. Alimentarse es necesidad vital. Pero el humano ve algo más en ello y gusta compartir, estar acompañado, mientras lo hace. Acompañado, pero no ahogado por el ruido, música o gritos del entorno. El Apocalipsis dice: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. (Ap 3,20). Que la casa sea acogedora para el huésped, supone y fomenta que el corazón también lo sea.

5.- ¡Se han ido de casa! Lamentan ciertos padres, refiriéndose a un hijo. O, la casa es su simple dormitorio, el más barato, es lo único que buscan. Ni para estudiar están en casa. ¿Por qué se han alejado de nuestras costumbres? ¿por qué huyen de las prácticas religiosas que vieron desde pequeños? ¿por qué si alguien viene con ellos son gente extraña que no paran ni un momento? Os lamentáis. Tal vez sea porque en vuestra casa no dejasteis entrar a Dios. Incluso desde una dimensión puramente social, las visitas, los encuentros, las tertulias, educan a los hijos a estar abiertos a realidades foráneas. Cuando uno repasa biografías de grandes personajes, lee con frecuencia que, cuando eran niños, por su casa iban los amigos de alguno de los conyugues, los compañeros de empresa o de facultad y de todos ellos aprendieron.

6.- Vuelvo a la Palabra de Dios. En la Carta a los Hebreos se dice: No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles. Porque la cananea de la primera lectura de la misa de hoy, acogió al profeta Eliseo, recibió por su intersección lo que más deseaba; la fertilidad. La lectura evangélica es de máxima actualidad. Trata de la tan sobada cuestión de los valores. Sin duda todo el mundo los tiene. Tal vez sean sus mayores desvelos e ilusiones, gastos y signos de amor o admiración, sean un gato, un perrito o un club de fútbol. A eso va el Señor, a que cada uno tenga una escala de valores, conocida, estructurada, respetada.

7.- Mis queridos jóvenes lectores, el Maestro reconoce que aceptar los suyos y serles fiel, es duro. A este proceder le llama tomar su cruz y seguirle. Menciona, con alarde la generosidad y la acogida. Vuelta al contenido de la historia de la cananea y el profeta. Si queréis tomaros la medida de vuestra generosidad, examinad simplemente primero los gastos, semanales o mensuales, después lo que habéis dado o regalado mientras tanto. A mayor gasto, le corresponde mayor generosidad.

Pedrojosé Ynaraja

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Dios es buen pagador

El pasaje evangélico de hoy consta de dos partes. En la primera, Jesús afirma categóricamente: “El que no está dispuesto a tomar su cruz por seguirme, no es digno de mí”. Y en la segunda, hace hincapié en que toda buena acción que realicemos tendrá su recompensa: “El que dé un vaso de agua fresca al más insignificante de mis discípulos por ser discípulo mío, os aseguro que no quedará sin recompensa”.

Tomar la cruz y seguir a Jesús es siempre dificultoso, y la tentación que tenemos los humanos suele ser evadirnos de lo difícil y apoltronarnos en el sofá de la comodidad. Sin embargo, Jesús quiere que le sigamos con todas las consecuencias haciendo así de “corredentores” con él…

Se me ocurre que podríamos distinguir en la vida dos clases de cruces: aquellas que nos vienen sin responsabilidad por nuestra parte (salud, enfermedades, desarreglos meteorológicos…), y otras que son consecuencia de nuestra mala gestión (debidas a conductas desviadas, o desidia…; en fin, porque no hemos tomado la vida en serio). En el primer caso, no tenemos más remedio que afrontar las cosas como vienen, y actuar con una fortaleza a veces heroica, y con la esperanza de que algún día se solucionen. Y en el segundo caso, no nos queda otra solución que poner manos a la obra para corregir lo defectuoso y enderezar lo que esté torcido…

Ahora bien, no olvidemos la condición previa que Jesús nos exige para tomar la cruz y seguirle: que renunciemos a nosotros mismos. Ello equivale a decir que hemos de desprendernos de nuestros egoísmos, caprichos y veleidades. que hemos de liberarnos de las ataduras que ahogan nuestra libertad, revestirnos de una buena dosis de generosidad, y pensar más en las necesidades del prójimo que en nuestro propio confort.

En la segunda parte del relato evangélico, a modo de incentivo, Jesús manifiesta que toda obra buena tendrá su recompensa. Los apóstoles, en más de una ocasión, preguntaron al Maestro acerca de cuál sería la recompensa que habrían de recibir a los que le habían seguido dejándolo todo. Y él les decía que estuviesen tranquilos, que su Padre era buen pagador. De ello dio buena cuenta Jesús cuando llegó el momento de repartir la paga a los trabajadores de la viña, pagando la cantidad convenida a los de la primera hora y abonando idéntica cantidad a los últimos contratados… Jesús retrata la generosidad del Padre utilizando una expresión tan corriente como clarificadora: “El que dé un vaso de agua fresca al más insignificante de mis discípulos, os aseguro que no quedará sin recompensa”.

Generalmente, cuando se habla de proporcionar a alguien “un vaso de agua fresca”, se da por supuesto que nos referimos a alguna persona que tiene la boca reseca y que es víctima de una sed espantosa… En el evangelio, “tener sed” posee una relevancia especial, profunda, que supera la mera urgencia fisiológica. Jesús pidió de beber a la samaritana en el pozo de Jacob porque tenía sed, no de agua, sino de ganar a una mujer desorientada y traerla al buen camino; y la mujer, a su vez, tenía sed de felicidad, del “agua viva” que le ofrecería luego el Maestro.

Y Jesús, cuando se hallaba cosido a la cruz y exclamó: “tengo sed”, por supuesto que tenía la boca reseca, pero, más allá del agobio físico, tenia sed de nosotros, de ganarnos para su causa…

Y, puestos a ampliar el campo de “la sed”, hemos de pensar que se trata de un término que, en lenguaje coloquial, se utiliza para significar“ausencia de algo necesario para vivir”. Y ello nos interpela y nos hace volver la mirada hacia el prójimo: la enorme cantidad de pobrezas que contemplamos en este complicado mundo, todas esas personas que “tienen sed” de vivir, de comer, de que desaparezcan las injusticias, de que alguien les sonría… Si colaboramos, según nuestras posibilidades, a la solución de estas angustias, un día escucharemos de labios de Dios: “Tuve sed y me disteis de beber”.

Pedro Mari Zaldibe

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Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la herencia. A los pocos días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a un país lejano y allí gastó toda su fortuna llevando una mala vida.

Cuando se lo había gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de un hombre del país, que le mandó a sus tierras a cuidar cerdos. Gustosamente hubiera llenado su estómago con las algarrobas que comían los cerdos pero nadie se las daba.

Entonces, reflexionando, dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino y fue a casa de su padre.

Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió. Fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos.

El hijo comenzó a decir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Pero el padre dijo a sus criados: «Traed enseguida el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. Tomad el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la ida, se había perdido y ha sido encontrado.»

Y se pusieron todos a festejarlo.

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Sí al desafío de una espiritualidad misionera

78. Hoy se puede advertir en muchos agentes pastorales, incluso en personas consagradas, una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad. Al mismo tiempo, la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora. Así, pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidady una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí.

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Lectio: Domingo, 2 Julio, 2017

Renunciar a todo para poder seguir a Jesús
“¡Quien ama a su padre y a su madre más que a mí
no es digno de mí!”
Mateo 10, 37-42

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

b) Una división del texto para ayudar a la lectura:

Mateo 10,37: El amor hacia Jesús debe superar el amor al padre y a la madre y a los hijos
Mateo 10,38: La cruz forma parte del seguimiento de Jesús
Mateo 10,39: Saber perder la vida para poderla poseer
Mateo 10,40-41: Jesús se identifica con el misionero y con el discípulo
Mateo 10, 37-42Mateo 10,42: El menor gesto hecho al menor de los pequeños obtiene recompensa

b) Clave de lectura

En la 13ª dominica del tiempo ordinario meditamos la parte final del Discurso sobre la Misión (Mt 10,1-42). Este discurso contiene frases y consejos de Jesús que enseñan a desarrollar la misión del anuncio de la Buena Noticia de Dios. Jesús no engaña y señala con claridad la dificultad que comporta la misión. Durante la lectura conviene prestar atención a lo que sigue: “¿Cuál es la exigencia fundamental de Jesús para los que van a la misión?”

c) El Texto:

37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.39El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
40 «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. 41 «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. 42 «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es la parte que más ha llamado tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las recomendaciones que este texto nos trae? ¿Cuáles son sus exigencias fundamentales?
c) Jesús dice: “Quien ama a su padre y a su madre más que a mí no es digno de mí”. ¿Cómo entender esta afirmación?
d) ¿Qué dice el texto sobre la misión que debemos desarrollar como discípulos de Jesús?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto en el que aparece nuestro texto en el evangelio de Mateo:

El evangelio de Mateo organiza las palabras y los gestos de Jesús en torno a cinco grandes discursos: (i) Mateo de 5 a 7: El Discurso de la Montaña describe la puerta de entrada en el Reino. (ii) Mateo 10: El Discurso de la Misión describe cómo los seguidores de Jesús deben anunciar la Buena Noticia del Reino y cuáles son las dificultades que la misión conlleva. (iii) Mateo 13: el Discurso de las Parábolas, por medio de comparaciones sacadas de la vida de cada día, revela la presencia del Reino en la vida de la gente. (iv) Mateo 18: el Discurso de la Comunidad describe cómo deben vivir los cristianos juntos, de modo que la Comunidad sea una revelación del Reino. (v) Mateo 24 y 25: el Discurso Escatológico describe la venida futura del Reino de Dios. Por medio de este recurso literario, Mateo imita los cinco libros del Pentateuco y así nos presenta la Buena Noticia del Reino como la Nueva Ley de Dios.

En el Discurso de la Misión (Mt 10,1-42), el evangelista reúne frases y recomendaciones de Jesús para iluminar la situación difícil en la que se encuentran los judíos-cristianos hacia la segunda mitad del primer siglo. Quiere animarlos a no desistir, a pesar de las muchas y graves dificultades que encuentran en anunciar la Buena Noticia a los hermanos de su misma raza. Es precisamente en este período, los años 80, cuando los judíos se están recuperando del desastre de la destrucción de Jerusalén, sucedida en el año 70, y comienzan a reorganizarse en la región de la Siria y la Galilea. Crece la tensión entre la “Sinagoga” y la “Iglesia”. Esta tensión, fuente de muchos sufrimientos y persecuciones, sirve de fondo al Discurso de la Misión y, por tanto, del evangelio de este domingo 13º del tiempo ordinario.

b) Comentario del texto:

Mateo 10,37: El amor a Jesús debe superar al amor a los padres y a los hijos
Jesús dice: “Quien ama a su padre y a su madre más que a mí no es digno de mí, quien ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”. Esta misma afirmación se encuentra en el evangelio de Lucas con mucha más fuerza: “Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas y hasta la propia vida no puede ser mi discípulo. (Lc 14,26) ¿Será que Jesús quiere desintegrar la vida familiar? No puede ser, porque en otra circunstancia insiste en la observancia del cuarto mandamiento que obliga a amar al padre y a la madre (Mc 1,8-13; 10,17-19). Él mismo obedeció a sus padres (Lc 2,51). Parecen dos afirmaciones contradictorias. Una cosa es cierta: Jesús no se contradice. Presentaremos también una interpretación para indicar que las dos afirmaciones son verdaderas, sin excluirse mutuamente.

Mateo 10,38: La cruz forma parte del seguimiento de Jesús
Jesús dice: “Quien no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí”. En el Evangelio de Marcos, Jesús dice: “Quien quiera seguirme que tome su cruz y me siga” (Mc 8,34). En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el Imperio romano infligía a los bandidos y a los maleantes. Tomar la cruz y llevarla en pos de Jesús era lo mismo que aceptar ser marginados del sistema injusto del Imperio. La cruz de Jesús es la consecuencia del compromiso libremente asumido de revelar la Buena Noticia que Dios es Padre y que por tanto todas las personas deben ser aceptadas y tratadas como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio revolucionario, Jesús fue perseguido y no temió dar su vida. No hay prueba de amor más grande que dar la vida por el propio hermano.

Mateo 10,39: Saber perder la vida para poderla poseer
Este modo de hablar era muy común entre los primeros cristianos, porque expresaba lo que ellos estaban viviendo. Por ejemplo, Pablo para poder ser fiel a Jesús y ganarse la vida, debió perder todo lo que tenía, una carrera, la estima de la gente, sufrió persecuciones. Lo mismo sucedió a muchos cristianos. Los cristianos por ser tales eran perseguidos. Pablo dice: “Estoy crucificado con Cristo”. “Quiero experimentar su cruz y su muerte, para poder también experimentar su resurrección”. “Estoy crucificado para el mundo y el mundo para mí”. Es la paradoja del Evangelio: Lo último es lo primero, quien pierde vence, quien todo lo da todo conserva, quien muere vive. Gana la vida quien tiene el coraje de perderla. Es una lógica diversa de la lógica del sistema neoliberal que hoy gobierna al mundo.

Mateo 10,41-42: Jesús se identifica con el misionero y con el discípulo
Para el misionero y para el discípulo es muy importante saber que no quedará solo. Si es fiel a su misión tendrá la certeza de que Jesús se identifica con él y a través de Jesús el Padre se revela a aquéllos a quienes el misionero y el discípulo anuncian la Buena Noticia. Y así como Jesús reflejaba en Él el rostro del Padre, así el discípulo debe o debería ser espejo donde la gente pueda ver algo del amor de Jesús.

Mateo 10,42: El mínimo gesto a favor de los pequeños revela la presencia del Padre
Para cambiar el mundo y la convivencia humana no bastan las decisiones políticas de los grandes, ni siquiera las instrucciones de los Concilios y de los obispos. Es necesario un cambio en la vida de las personas, en las relaciones interpersonales y comunitarias, de otra forma no cambiará nada. Por esto Jesús da importancia a los pequeños gestos en el compartir: ¡un vaso de agua dada a un pobre!

c) Profundizando: ¡Amar al padre y a la madre, odiar al padre y a la madre!

Una de las cosas en la que Jesús insiste más, con los que quieren seguirlo, es la de abandonar el padre, la madre, los hijos, las hermanas, la casa, la tierra, abandonar todo por amor a Él y al Evangelio (Lc 18,29; Mt 19,29; Mc 10,29). Incluso ordena “odiar al padre, la madre, la mujer, los hijos, las hermanas, los hermanos. De otra forma no se puede ser discípulos míos” (Lc 14,28). Y estas exigencias no son sólo para algunos, sino para todos los que quieran seguirlo (Lc 14,25-26.33) ¿Cómo entender estas afirmaciones que parecen desmantelar todo y despedazar cualquier vínculo de la vida familiar? No es posible imaginar que Jesús pudiese exigir a todos los hombres y a todas las mujeres de Galilea abandonar sus familias, sus tierras y sus aldeas para seguirlo. Y esto no sucede sino con el pequeño grupo de seguidores. Entonces ¿cuál es el significado de esta exigencia?

La exigencia de abandonar la familia aunque colocada dentro del contexto social de la época, revela otro significado, mucho más fundamental y más actual. La invasión de la Palestina en el año 64 antes de Cristo, con la imposición del tributo, una política pro Roma del gobierno de Herodes (35 al 3 antes de Cristo) y de su hijo Herodes Antipas (3 antes a 37 después de Cristo) llevó a un empobrecimiento progresivo y a una paralización continua del trabajo. Mediante la política de Herodes, apoyada por el Imperio romano, la ideología del helenismo penetra en la convivencia de cada día, aumentando el individualismo. La pequeña familia, obligada por la necesidad, comienza a cerrarse en sí misma y no consigue a poner en práctica la ley. Además la práctica de la pureza legal llevaba a despreciar y a excluir a las personas y a las familias que vivían en la impureza legal. El contexto económico, social, político y religioso favorecía, por tanto, el cierre de las familias sobre sí y debilitaba el clan. La preocupación por los problemas de la propia familia impedía a las personas unirse en comunidad. Impedía al clan realizar el objetivo para lo que había sido creado, ofrecer una verdadera y propia protección a las familias y a las personas, conservar la identidad, defender la tierra, impedir la exclusión y acoger a los excluídos y a los pobres, y así revelar el rostro de Dios. Por tanto, a fin de que el Reino pudiese manifestarse, de nuevo, en la convivencia, era necesario romper este vínculo vicioso. Las personas debían superar los estrechos límites de la pequeña familia para abrirse a la gran familia, abrirse a la Comunidad. Y éste es el contexto que sirve de fondo a la palabras pronunciadas por Jesús.

Jesús mismo da el ejemplo. Cuando su familia intentó apoderarse de Él, reacciona y dice: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y mirando alrededor dijo: “¡ He ahí mi madre, mis hermanos! Cualquiera que hace la voluntad de mi Padre, éste es mi hermano, mi hermana, mi madre” (Mc 3,33-35). Amplió la familia. Creó la Comunidad. Las personas que a Él le atraía y llamaba eran los pobres, los marginados (Lc 4,18; Mt 11,25). Él pedía la misma cosa a todos aquéllos que querían seguirlo. Los excluídos, los marginados debían ser acogidos, de nuevo, en la convivencia, y así sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Éste era el camino para conseguir el objetivo de la Ley que decía “Entre vosotros no haya pobres” (Dt 15,4).

Jesús intenta cambiar el proceso de desintegración del clan, de la comunidad. Como los grandes profetas del pasado, trata de consolidar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. Vuelve a tomar el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor al prójimo. Por esto pide a quien quiera ser su discípulo abandonar al padre, la madre, la mujer, el hermano la hermana, la casa, todo. ¡Deben perder la vida para poderla poseer!Él se hace el garante: “En verdad, en verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos por mi causa y por causa del evangelio, que no reciba ahora en el presente cien veces más en casa y hermanos y hermanas y madres, hijos y campos, junto a persecuciones, y en el futuro la vida eterna” (Mc 10,29-30) Verdaderamente, quien tiene la valentía de romper el estrecho círculo de su familia, encontrará de nuevo, en el clan, en la comunidad, cien veces todo cuanto ha abandonado: ¡hermano, hermana, madre, hijo, tierra! Jesús hace lo que la gente esperaba en los tiempos mesiánicos: reconducir el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos a los padres, reconstruir el clan, rehacer el tejido social.

6. Salmo 19,8-15

La ley de Yahvé es perfecta

La ley de Yahvé es perfecta,
hace revivir;
el dictamen de Yahvé es veraz,
instruye al ingenuo.
Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos.
El temor de Yahvé es puro,
estable por siempre;
los juicios del Señor veraces,
justos todos ellos,
apetecibles más que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo de panales.

Por eso tu siervo se empapa en ellos,
guardarlos trae gran ganancia;
Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
Guarda a tu siervo también del orgullo,
no sea que me domine;
entonces seré irreprochable,
libre de delito grave.

Acepta con agrado mis palabras,
el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahvé,
Roca mía, mi redentor.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Este evangelio, que es el final del discurso de Jesús a sus apóstoles sobre la misión a la que los envía, es uno de los textos más revolucionarios y más complicados de entender que hay en el Nuevo Testamento. Porque plantea uno de los problemas más complicados a los que se tuvo que enfrentar la Iglesia naciente: el problema de la familia. Un problema de enorme actualidad en la Iglesia y en la teología. Los evangelios enseñan el amor que se ha de tener a la familia (Mt 15, 3-6; Mc 7, 8-13). Pero también encontramos hechos y dichos de Jesús que, al menos en principio, indican lo contrario. Jesús, cuando se fue a recibir el bautismo de Juan y se dedicó a anunciar el Reino de Dios, lo primero que hizo fue abandonar su familia, su casa y su pueblo, para vivir como profeta por los caminos y aldeas de Galilea.Quizá por eso, las relaciones de Jesús con su familia fueron complicadas: sus parientes decían que estaba loco (Mc 3, 21) y cuando fue a su pueblo (Nazaret) por primera vez, Jesús se dio cuenta de que su familia “lo despreciaba” (Mc 6, 4) y vio que sus paisanos “no creían” en él (Mc 6, 6; cf. Jn 7, 5). En todo caso, es seguro que Jesús anteponía la comunidad de discípulos a su madre y hermanos (Mc, 31-35; Mt 12, 46-49; Lc 8, 19-21). Pero, sobre todo, lo más fuerte es la enseñanza de Jesús cuando afirma que él “no ha venido a traer paz, sino espadas”, hasta “enemistar al hombre con su padre, a la hija con la madre…” (Mt 10, 14; Lc 12,49-53). Es más, Jesús llega a decir que hay que “odiar”, “aborrecer”, a los parientes ante la decisión de seguirle a él (Mt 10, 37; Lc 9, 59 s). ¿Hay que tomar todo esto tal como suena? ¿Estamos ante un lenguaje extraño que no ha de tomarse demasiado en serio?

Todo esto se complica más aún, si tenemos en cuenta la doctrina sobre la familia que hay en las enseñanzas del apóstol Pablo, sobre todo en las cartas de su influencia posteriores a él. Concretamente en Col 3, 18-4, 1 y Ef 5, 22-6, 9. Pablo recoge la normativa del Derecho Romano y de la sociedad de Imperio y la aplica a los cristianos. Ya, desde la Ley de las XII Tablas, la unidad que interesaba al Derecho era la institución familiar. Pero el Derecho no se ocupaba de lo que ocurría dentro de la familia. Lo que interesaba, no era el amor, sino el poder del padre de familia (el pater-familias) y la propiedad. El término “economía” viene de la unión de dos palabras griegas: “oikos” (casa) y “nómos”(norma, ley). La economía es, ante todo, “la norma de la casa”, la rectora de la familia. Con toda razón, la sociología actual enseña que la familia tradicional era, sobre todo, una “unidad económica”. Además, era una unidad que no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer. Lo que se cuidaba era el dominio, la posesión y la capacidad de decisión del padre sobre la esposa, los hijos y, si los había, sobre los sirvientes y esclavos.Por lo demás, Pablo rechazó con firmeza la homosexualidad (Rm 1, 26-27), un problema que ni se menciona en los evangelios. Pero sabemos que las ideas y costumbres han ido evolucionando con el paso del tiempo. La desigualdad económica entre el hombre y la mujer es una de las causas más determinantes de la violencia brutal (y con frecuencia criminal) que destroza las familias y les cuesta la vida a tantas mujeres. Una economía que no es igual para todos en la familia, puede (y suele) dañar y hasta destrozar todo posible amor.

La teología del matrimonio y la familia, que manejan muchos predicadores, no solo se ha quedado atrasada, sino que además (y por eso) no responde ni a lo que demanda hoy la gente. Ni a lo que enseña el Evangelio. Jesús dice: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado” (Mt 10, 40). Lo primero en la vida no es mantener el modelo de “familia patriarcal” de la Antigüedad. Lo primero en la vida es “recibir al otro/a”. Porque, en el otro/a, a quien recibimos es a Jesús. Y en Jesús, al Padre. Recibir a alguien es vivir “la relación pura”, que se basa en la comunicación, de manera que lo esencial es entender el punto de vista del otro. Cuando esto se vive a fondo y de verdad, entonces (y solo entonces) la relación humana alcanza su mayor hondura, hace posible la convivencia, y en ella encontramos a Jesús y al Padre del cielo.

José María Castillo

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