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Archive for 3/07/17

SANTO TOMÁS, apóstol (FIESTA).

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: COLUMNAS DE LA IGLESIA, PIEDRAS VIVAS.

¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.

De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
no temáis, pecadores, que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dijo Tomás: «Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Respondióle Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dijo Tomás: «Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Respondióle Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Ant 2. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

Ant 3. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino fiel. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino fiel. Aleluya.

LECTURA BREVE   Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Introduje mis dedos en el lugar de los clavos, puse mi mano en su costado, y exclamé: «¡Señor mío y Dios mío!» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Introduje mis dedos en el lugar de los clavos, puse mi mano en su costado, y exclamé: «¡Señor mío y Dios mío!» Aleluya.

PRECES

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, celebrar con alegría la fiesta de santo Tomás; que la intercesión de este apóstol, que reconoció y confesó a Cristo como a su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así, creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Lunes, 3 Julio, 2017

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 8,18-22

Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: « Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

3) REFLEXIÓN

• Desde la 10ª Semana del Tiempo Ordinario hasta la 12ª Semana, durante tres semanas, meditamos los capítulos de 5 a 8 del evangelio de Mateo. Dando secuencia a la meditación del capítulo 8, el evangelio de hoy presenta las condiciones del seguimiento de Jesús. Jesús decide ir para otra orilla del lago y una persona le pide seguirle (Mt 8,18-22).

• Mateo 8,18: Jesús manda pasar a la otra orilla del lago. Jesús había acogido y curado a todos los enfermos que la gente le había traído (Mt 8,16). Mucha gente se juntó a su alrededor. Viendo esa multitud, Jesús decidió ir para la otra orilla del lago. En el evangelio de Marcos, de donde Mateo saca gran parte de sus informaciones, el contexto es diferente. Jesús acababa de terminar el discurso de las parábolas (Mc 4,3-34) y dijo: “¡Vamos para el otro lado!” (Mc 4,35), y en el barco de donde había hecho el discurso (cf. Mc 4,1-2), los discípulos lo llevan a otro lado. De tan cansado que estaba, Jesús se durmió en la popa sobre el cojín. (Mc 4,38).

• Mateo 8,19: Un doctor de Ley quiere seguir a Jesús. En el momento en que Jesús decide atravesar el lago, un doctor de ley se acerca y dice: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.”Un texto paralelo de Lucas (Lc 9,57-62) trata el mismo asunto, pero de una forma algo distinta. Según Lucas, Jesús había decidido ir para Jerusalén donde iba ser condenado a muerte. Tomando rumbo hacia Jerusalén, entra en el territorio de Samaría (Lc 9,51-52), donde tres personas piden seguirle (Lc 9,57.59.61). En Mateo, que escribe para judíos convertidos, la persona que quiere seguir a Jesús es un doctor de la ley. Mateo acentúa el que es una autoridad de los judíos la que reconoce el valor de Jesús y que pide ser discípulo. En Lucas, que escribe para paganos convertidos, las personas que quieren seguir a Jesús son samaritanos. Lucas acentúa una apertura ecuménica de Jesús que acepta también a no judíos como discípulos.

• Mateo 8,20: La respuesta de Jesús al doctor de la Ley. La respuesta de Jesús es idéntica tanto en Mateo como en Lucas, y es una respuesta muy exigente que no deja dudas: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.” Quien quiere ser discípulo de Jesús tiene que saber lo que hace. Tiene que examinar las exigencias y calcular bien, antes de tomar una decisión (cf. Lc 14,28-32). “Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33).

• Mateo 8,21: Un discípulo pide poder enterrar a su padre que ha fallecido. Alguien que era discípulo pide permiso para poder enterrar a su padre: “Señor. Déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Con otras palabras, pide a Jesús que remita a más tarde la travesía del lago, para después del entierro de Jesús. Enterrar a los padres era un deber sagrado de los hijos (cf Tb 4,3-4).

• Mateo 8,22: La respuesta de Jesús. De nuevo, la respuesta de Jesús es muy exigente. Jesús no aplaza su viaje para el otro lado del lago y dice a su discípulo: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”. Cuando Elías llamó a Eliseo, dejó que Eliseo volviera a casa para despedirse de sus padres (1Reyes 19,20). Jesús es mucho más exigente. Para entender todo el alcance de la respuesta de Jesús conviene recordar que la expresión Deja que los muertos sepulten a sus muertos era un proverbio popular usado por la gente para significar que no hay que gastar energía en cosas que no tienen futuro y que no tienen nada que ver con la vida. Un proverbio así no puede tomarse al pie de la letra. Debe mirarse el objetivo con qué fue usado. Así que, aquí en nuestro caso, por medio del proverbio, Jesús acentúa la exigencia radical de la vida nueva a la que llama a las personas y que exige abandonarlo todo para poder seguir a Jesús. Describe las exigencias del seguimiento de Jesús.

Seguir a Jesús. Como los rabinos de la época, Jesús reúne a discípulos y discípulas. Todos ellos “siguen a Jesús“. Seguir era el término que se usaba para indicar la relación entre el discípulo y el maestro. Para los primeros cristianos, Seguir a Jesússignificaba tres cosas muy importantes, enlazadas entre sí:

a) Imitar el ejemplo del Maestro: Jesús era el modelo que había que imitar y re-crear en la vida del discípulo y de la discípula (Jo 13,13-15). La convivencia diaria permitía un confronto constante. En la “escuela de Jesús” se enseñaba sólo una única materia: el Reino, y este Reino se reconocía en la vida y en la práctica de Jesús.

b) Participar del destino del Maestro: Quien seguía a Jesús debía comprometerse con él a “estar con él en sus en sus pruebas” (Lc 22,28), inclusive en las persecuciones (Mt 10,24-25) y en la cruz (Lc 14,27). Tenía que estar dispuesto a morir con él (Jn 11,16).

c) Tener la vida de Jesús dentro de sí: Después de Pascua, a la luz de la resurrección, el seguimiento asume esta tercera dimensión: “Vivo, más no vivo yo, es Cristo que vive en mí” (Gl 2,20). Se trata de la dimensión mística del seguimiento, fruto de la acción del Espíritu. Los cristianos tratan de rehacer en sus vidas el camino que Jesús había recorrido, muriendo en defensa de la vida y resucitado por el poder de Dios (Fil 3,10-11).

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Ser discípulo, discípula, de Jesús. Seguir a Jesús. ¿Cómo estoy viviendo el seguimiento de Jesús?

• Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo tienen nido; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Cómo vivir hoy esta exigencia de Jesús?

5) ORACIÓN FINAL

Los que lo miran quedarán radiantes,
no habrá sonrojo en sus semblantes.
Si grita el pobre, Yahvé lo escucha,
y lo salva de todas sus angustias. (Sal 34,6-7)

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Fences

Título original: Fences
Intérpretes: Denzel Washington, Viola Davis, Stephen Henderson, Jovan Adepo.
Género: denuncia social. Director: Denzel Washington. Producción: USA 2016

Adaptación de una obra de teatro sobre la vida llena de dificultades de una familia afroamericana a mitad del pasado siglo. Troy tiene cincuenta y dos años, trabaja de peón en un camión municipal de basura, y arrastra… una gran frustración. Fue un gran jugador de baseball en su juventud, pero en la liga de los negros, pues no se permitían entonces personas de color en las competiciones principales. Su máxima ilusión ahora es pasar de recogedor de bolsas a conductor del camión, pero ese puesto lo ocupan solo blancos.

Vive con su esposa Rose en al arrabal «negro» de la ciudad. La desvencijada casa que habitan tiene un pequeño terreno en rededor y la mujer está empeñada en que Troy construya un cierre de madera. La construcción de esa valla (a ella alude el título del film) no les va a dar más relevancia social, porque la discriminación que padecen no se remedia con una cerca.

Han coincidido en cartelera Loving, Moonlight, El nacimiento de una nación y Fences. Pintan un panorama sombrío por no decir tétrico sobre la democracia americana de la que alardearon como si fuera el mejor sistema político posible. Un sistema que trataba y trata a las personas de color, latinas o mestizas como seres inferiores, indignas de rozarse siquiera con los blancos hasta en el mismísimo retrete. Recuérdese que los derechos civiles para esta parte de la población se ganaron a finales de los sesenta y la década de los setenta, y al precio de mucha sangre derramada.

La película es así testimonio de una segregación que fomentaron y toleraron los ciudadanos de un país que oficialmente se declara creyente en Dios y cristiano en su inmensa mayoría. Algunos hasta invocaron la Biblia para justificar semejante aberración.

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Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la herencia. A los pocos días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a un país lejano y allí gastó toda su fortuna llevando una mala vida.

EL HIJO MENOR SE MARCHA

La herencia es un bien por el cual no hemos trabajado; un don cuyo valor desconocemos. Tener una herencia es ser propietario de algo que no hemos ganado; nos pone en el riesgo de malgastar esa herencia. Podemos preguntarnos entonces: ¿Qué cosas recibimos sin merecimiento propio ni conquista? ¿Cuánto valen esas cosas? A veces hay que perder la herencia para correr el velo de la ignorancia.

Dios es tu Padre que te ama infinitamente. Vivir en la casa del Padre, es vivir al lado de Dios, amándolo, cumpliendo sus mandamientos, haciendo su voluntad.

Sin embargo, Dios te hizo LIBRE y tú puedes escoger marcharte a buscar una vida según tú, más fácil, más divertida, sin reglas, sin límites, pensando que ahí serás feliz. El país lejano es el mundo en el que se ignora todo lo que en casa se considera sagrado. Dejar la casa, es escoger vivir el PECADO. Piensa detenidamente… hay veces que tú actúas como el hijo menor: te sientes libre porque haces lo que quieres, esté bien o mal. Cada vez que te marches, piensa en el dolor que esta elección tuya traerá al corazón del Padre.

Las preguntas que nos invitan a analizar:

  • ¿A qué se debió esta situación?
  • ¿Qué consecuencias tuvo?
  • ¿Qué consecuencias trae para tu vida?
  • ¿Conoces otros hechos similares?
  • ¿A qué nos desafía?

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79. La cultura mediática y algunos ambientes intelectuales a veces transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia y un cierto desencanto. Como consecuencia, aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones. Se produce entonces un círculo vicioso, porque así no son felices con lo que son y con lo que hacen, no se sienten identificados con su misión evangelizadora, y esto debilita la entrega. Terminan ahogando su alegría misionera en una especie de obsesión por ser como todos y por tener lo que poseen los demás. Así, las tareas evangelizadoras se vuelven forzadas y se dedican a ellas pocos esfuerzos y un tiempo muy limitado.

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La gente quiere ser feliz. Todos queremos ser felices. Está en nuestros genes. Pero no es fácil ser feliz. Pocas personas reconocen que son felices. Y esto por una razón: cuando decimos que queremos ser felices, nos estamos refiriendo a lo que la sabiduría popular suele considerar como el camino de la felicidad: salud, dinero y amor. Y esto vale para la sabiduría popular. Pero no cuadra del todo con los valores del evangelio.

En nuestra sociedad, solemos poner la felicidad en conseguir estos tres objetivos: una vida sana, sin enfermedades; tener una cuenta corriente saneada o al menos un puesto de trabajo estable; y dar y recibir afecto y cariño. Y esto está muy bien. Pero se queda corto. Para Jesús en el evangelio, y por tanto para los que nos reunimos a celebrar la eucaristía, la mesa compartida, la felicidad va más allá de estas tres cosas.

Fijaros que estas tres cosas en las que la gente pone la felicidad: salud, dinero y amor, son situaciones que se re eren al “tener”: tengo salud, tengo dinero, tengo amor.

Pero la sabiduría del evangelio pone su fuerza en el “ser”, en el sentido más profundo de la vida. Se puede tener buena salud, y no ser feliz. Y a la inversa, hay gente que tiene muy mala salud y es feliz. 

Y lo mismo podemos decir del dinero y del amor. Lo importante no es lo que se “tiene” sino lo que se “es”. Es muy diferente “tener” que “ser”. Porque lo que “se tiene” suele ser un añadido que viene de fuera, mientras que “lo que se es” viene de dentro, del corazón, de los niveles más profundos del ser humano.

Acudamos al texto del evangelio. A partir del capítulo 11 del evangelio de San Mateo, Jesús ya no se dirige a los íntimos, a los discípulos que envía al mundo a difundir su mensaje. Ahora se dirige a todos. Dice el evangelio que «partió para enseñar y predicar en sus ciudades» (Mt. 11,1). Es decir, lo que Jesús predica como su buena noticia no es solo para los elegidos sino para todos los seres humanos. Se abre así la sesión IV del evangelio de Mateo a la que los expertos denominan “El misterio del Reino de Dios”. Y el fragmento que se ha proclamado pertenece al nal del capítulo 11. En él, Jesús se dirige cariñosamente a la gente que le escucha. Y da gracias al Dios su Padre porque son los sencillos los que le han entendido y no los poderosos, los escribas y los fariseos.

Tal vez sea que la gente sencilla es capaz de entender cosas que los muy estudiosos no logran entender a pesar de su sabiduría humana. Porque Jesús predica el Reino de Dios. Pero nunca de ne qué es el Reino de Dios. Y es que su predicación es oriental y no se para en conceptos sino en la vida. Por eso suele predicar: “El Reino de Dios se parece… “. Jesús habla siempre con comparaciones, con metáforas, con narraciones breves.

De alguna manera, Jesús quiere que intentemos poner el mundo del revés. En su tiempo, una persona religiosa era aquella que cumplía escrupulosamente las normas religiosas, las leyes que el mismo pueblo judío se había puesto a sí mismo para ser un el israelita. Los escribas y los fariseos, con los que Jesús tuvo frecuentes enfrentamientos, eran los defensores de este tipo de religión de cumplimiento de  normas. Precisamente en el texto del evangelio que sigue al que hoy hemos proclamado se re ere a las espigas arracadas en sábado. El sábado es el día sagrado para los judíos. Y todavía hoy son muy escrupulosos con el cumplimiento del sábado, día en el que no se puede trabajar en nada. Y precisamente un sábado “vino a pasar Jesús por los sembrados. Sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y comérselas”. Los fariseos se escandalizan de que lo hagan en sábado. Y Jesús les muestra que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado. Esto es el mundo del revés.

Para Jesús el centro de todo es el ser humano. Y las cosas son en función del ser humano. Y reprende a los fariseos con una cita del profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Es decir, el bien del otro, es más importante que todas las normas y leyes de la religión del Templo.

Para los escribas y fariseos, la religión del Templo, la religión basada en el culto (los sacri cios de animales que se hacían a Dios) y el cumplimiento de las alambicadas leyes y normas del judaísmo constituía el fundamento de la verdadera religión. Sin embargo, Jesús pone el mundo al revés. Lo que entiende por el Reino es un modo diferente de “ser”, de vivirse, de organizar lo que es importante de la propia vida. Al predicar “el Reino está cerca” no quiere decir que vaya a cambiar el régimen político. Lo que quiere comunicar es que otro mundo es posible. Que entre todos podemos lograr un planeta más habitable, más humano, más solidario y respetuoso, más justo y fraternal. En este proyecto común nos sentimos felices. Y en esa tarea es donde encontraremos la felicidad.

Leandro Sequeiros San Román, S.J.

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La oración de alabanza y acción de gracias que proclama Jesús en el texto que escuchamos este domingo es un buen reflejo de su sensibilidad y experiencia creyente. Después de unas duras palabras dirigidas contra las ciudades que no han querido aceptar su mensaje, vuelve los ojos a Dios para glorificar su nombre. A pesar del rechazo experimentado por parte de sus vecinos, la revelación del Reino de los cielos es acogida por muchos.

Construida en forma de antítesis, la ala- banza establece un contraste entre aquellos a quienes «se les han ocultado estas cosas» y a los que el Padre se las ha dado a conocer. Los «sabios y prudentes» eran los conocedores de las Escrituras y de la Ley, y, por eso, eles cumplidores. La gente les tenía por tales y ellos mismos se consideraban así. Desde su sabiduría despreciaban al pueblo, ignorante de la ley y pecador. Pero ellos, paradójicamente, no son capaces de conocer la revelación de Dios.

Frente a ellos, a los pequeños se les han dado a conocer las cosas de Dios. El campo semántico es muy rico: pequeño es el niño, el lactante, el débil, ignorante, inculto, sencillo, simple… Pequeño es el que no cuenta, el excluido. A estos es a quienes Dios ha querido «mostrar los secretos del Reino» que solo el Hijo conoce por la íntima relación que vive con el Padre. «Estas cosas» son la revelación del rostro de Dios que se mani esta en el misterio de Jesús, sus obras y palabras, su acción salví ca en medio de la humanidad.

La antítesis sabios/prudentes – pequeños refuerza el segundo término de la misma: «se lo has revelado a los pequeños». Por eso, la acción de gracias y alabanza que pronuncia Jesús no es porque Dios haya ocultado «estas cosas» a los sabios, sino porque ha optado por dárselas a conocer a los pequeños; y estos han acogido su revelación.

Si la primera parte de la oración ha tenido a Dios como sujeto que oculta o revela «estas cosas», ahora es Jesús quien entra en acción. Cinco veces utiliza el pronombre mí y una utiliza yo. Una construcción concéntrica enmarca la autorrevelación de Jesús: «Soy manso y humilde de corazón».

La raíz hebrea presenta la mansedumbre como lo opuesto a la presunción, a quien se siente orgulloso de sí mismo, quien se manifiesta ante Dios y ante los hombres con soberbia y violencia; es la arrogancia de quien cree no tener necesidad ni de Dios ni del otro. Mansedumbre unida a «humilde de corazón» indica el sometimiento a Dios y la relación misericordiosa con el hombre. Jesús es «manso y humilde corazón» porque se somete obediente a la soberanía de Dios, buscando cumplir su voluntad, su justicia, y, así, es misericordioso y compasivo con los hombres.

A través de tres imperativos invita al seguimiento: «venid a mí – cargad con mi yugo – aprended de mí». Jesús, «manso y humilde de corazón», es el único camino para conocer al Padre; cargar su yugo es acoger su estilo de vida, su destino de entrega; aprender de él es hacer vida sus actitudes, su servicio al Reino. Ser discípulo es dejarse transformar por dentro, entrar en comunión con el Hijo, como éste lo está con el Padre; es acoger el yugo, la carga de la entrega a los demás.

«La carga es llevadera y el yugo ligero» cuando se hace por amor al hermano; la cruz no pesa cuando se lleva por delidad al Padre.

Óscar de la Fuente de la Fuente

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