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Archive for 8/07/17

Los textos que acabamos de escuchar nos ofrecen, al menos, tres grandes enseñanzas:

a).-El talante, la lógica de Dios tan diferente a la nuestra. (1ª lectura, Zac. 9, 9-10) “Mira a tu rey sobre un burrito”

b).- El nuevo estilo de vida del que cree en la Resurrección. (2ª lect., Rom. 8, 9, 11-13) “Vivir en espíritu y muerto a las obras del cuerpo”.

c).- El ejemplo del mismo Jesús: (Mt. 11, 25-30) ser manso y humilde de corazón (3ª.Lect.)

HOMILÍA

El domingo pasado la liturgia nos invitaba a que “andemos en una vida nueva”.

La aceptación de la Resurrección de Jesús, como anticipo de la nuestra, nos encamina a un nuevo tipo de vida, muy diferente de la que resultaría de un simple parcheo más o menos superficial, o hasta profundo, de una vida materialista. Es un cambio radical, es una invitación a vivir de otra manera, a variar profundamente los criterios de actuación.

El rey anunciado por el profeta, el Mesías, Jesús, viene humilde, montado en un asno.

Y viene así para trastocar todos los valores entonces vigentes en la sociedad pagana. (Por desgracia siguen estándolo también ahora)

La soberbia, el poder, la fuerza de la violencia, son substituidos por la humildad, la sencillez, el perdón, la misericordia, la paz, la bondad, en una palabra.

Con tan “desconcertante actitudse propone Dios nada menos que hacer desaparecer los carros de guerra y establecer la paz. (1ª Lec.)

Contemplada con los ojos de la “sabiduría humana”, parece una empresa desproporcionada. Para acabar con la “mundanidad” nosotros pensaríamos organizar algo verdaderamente tremendo, fuerte, poderoso capaz de destrozar todo cuanto se le opusiera; algo suficientemente violento como para dominar a todos y a todo sin posibilidad de la menor resistencia.

Jesús no. Nos habla, nos propone todo lo contrario. No pide guerras sino esfuerzos para evitarlas, paciencia para enfrentar las divergencias con el otro, generosidad para luchar por sus empresas, humildad para reconocerle en sus valores, mansedumbre para convivir con los demás.

San Pablo nos lo decía en su carta: morir a las obras del cuerpo, de la mundanidad, del desorden para vivir según los cánones del espíritu”

Una vez más nos tropezamos con aquello de que, la lógica de Dios es muy distinta a la nuestra; es otra lógica que nada tiene que ver con la nuestra.

Es lo que Él se empeña en que entendamos. No pretende desconcertarnos sino que caigamos en la cuenta de que la nuestra es equivocada. Algo que a pesar de su evidencia no parece hacernos despertar de nuestro error. La lógica empleada hasta ahora no nos ha dado los resultados que parecía prometer. No vivimos un mundo feliz sino, más bien, todo lo contrario. Eso es lo que aparece constantemente en los periódicos y programas de televisión.

Para remediar nuestra ceguera, Jesús nos exhorta una y otra vez, manifestándonos así el amor que nos tiene, semejante al que todo padre tiene con sus hijos. Trata de enseñarnos el camino correcto.

Nos indica que a golpes, con violencia, no se arregla nada. La capacidad de razonar de la que nos ha dotado la evolución, dirigida por Dios, está para que resolvamos los problemas razonando. Es la facultad específica del ser humano. Su misión es la de que razonemos, que ofrezcamos razones en lugar de gritos e insultos, argumentos en lugar de amenazas y golpes.

Es preciso que oigamos a Dios. Él nos ama y lo que nos dice es por nuestro bien. La humanidad en su actual nivel de desarrollo está en lo que todavía podríamos considerar como su “rebelde juventud”. En tanto que “especie en evolución” nos encontramos en lo que en el desarrollo individual correspondería a la edad de la adolescencia. Con la mentalidad de un adolescente la sociedad, la humanidad, nos creemos dioses, que todo lo podemos, que nada debe limitar nuestros caprichos, que somos el ombligo del mundo. Es una enfermedad que se cura con el tiempo. El tiempo, según nos va permitiendo y exigiendo madurar, nos marca los límites de nuestra propia realidad. Pero a la humanidad no le ha llegado todavía ese tiempo; está todavía en la edad que en psicología Evolutiva se denomina de la “terquedad”, de la rebeldía. Como especie, la humanidad está en “la edad del pavo” en la que creemos saber todo sin atender a lo que nos dicen los mayores; esa edad en la que pretendemos enseñar a nuestros padres a tener hijos. La humanidad está viviendo una crisis de crecimiento que, como en cada uno de nosotros cuando se produjo, nos causó dolores articulares de estiramiento.

Esperemos que de la mano de la revelación, mediante las enseñanzas y ejemplos de Jesús, la humanidad, como especie todavía en evolución, despierte y comience a recorrer el verdadero camino de la madurez individual y social.

Dios viene en nuestra ayuda y nos recuerda una vez más que, -lo recoge San Pablo (2ª Lec.)- “Si vivimos conforme a los instintos animales, morimos, mientras que si vivimos conforme al espíritu, a la racionalidad, viviremos”.

Estamos padeciendo una extraña enfermedad: no sabemos sacar de nuestros errores consecuencia prácticas para el futuro. Nos pasa un poco lo que decía Jesús de los judíos y que recordaremos el próximo domingo, Dios mediante: “La mente de este pueblo está embotada, tienen tapados los oídos y los ojos cerrados, para no ver nada con sus ojos ni oír con sus oídos, ni entender con la mente ni convertirse a mí para que yo los cure”.

Jesús se nos ofrece como ejemplo y nos ofrece su receta: “Ser mansos, sencillos de corazón”. (3ª Lec.)

Las guerras, las grandes que afligen a la humanidad y las pequeñas, las domésticas, que perturban nuestra paz, las que tenemos con los que convivimos, por ejemplo en la familia, en el trabajo, en el centro de estudios, vecindad, grupo político, etc. etc. se alimentan sobre todo del amor propio resentido. La expresión: “eso no lo aguanto yo” es especialmente significativa.

Si fuéramos humildes, si no tuviéramos tanto amor propio, si no fuéramos tan dominadores de los demás, si no fuéramos tan soberbios, las cosas no nos afectarían tanto y nuestros deseos de venganza, de guerra sería menor; apenas daríamos importancia a la mayor parte de lo que ahora consideramos como agravios intolerables.

Aprendamos la lógica de Dios. Viviremos mucho más felices interiormente y con mucha más paz exteriormente. AMÉN.

Pedro Mari Zalbide

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I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE VIENE?

¿Quién es éste que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 8 Julio, 2017

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 9,14-17
Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: « ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»

3) Reflexión

• Mateo 9,14: La pregunta de los discípulos de Juan entorno a la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada por casi todas las religiones. Jesús mismo la practicó durante casi 40 días (Mt 4,2). Pero no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Les deja libertad. Por esto, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que se veían obligados a ayudar, quieren saber porqué Jesús no insiste en el ayuno. “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos y tus discípulos no ayunan?”
• Mateo 9,15: La respuesta de Jesús. Jesús responde con una comparación en forma de pregunta: “¿Pueden acaso los amigos del novio ponerse tristes, estar de luto, cuando el novio está con ellos?” Jesús asocia el ayuno con el luto, y él se considera el novio. Cuando el novio está con los amigos del novio, esto es, durante la fiesta de la boda, los amigos no necesitan ayunar. Durante el tiempo en que Jesús está con los discípulos, es la fiesta de la boda. No precisan ni pueden ayunar. Quizá un día el novio se vaya, entonces será un día de luto. En ese día, si quieren, pueden ayunar. Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que, si continúa por este camino de libertad, las autoridades querrán matarle.

• Mateo 9,16-17: Vino nuevo en ¡pellejos nuevos! En estos dos versículos, el evangelio de Mateo presenta dos frases de Jesús sobre el remiendo de vestido nuevo y sobre el vino nuevo en pellejo nuevo. Estas palabras arrojan luz sobre las discusiones y los conflictos de Jesús con las autoridades de la época. No se coloca remiendo de vestido nuevo en ropa vieja. Porque al lavarla, el remiendo tira del vestido y se produce un desgarrón peor. Nadie pone vino nuevo en pellejo viejo, porque el vino nuevo por la fermentación hace estallar el pellejo viejo. ¡Vino nuevo en pellejo nuevo! La religión defendida por las autoridades religiosas era como ropa vieja, como pellejo viejo. Tanto los discípulos de Juan como los fariseos, trataban de renovar la religión. En realidad, lo que hacían era poner remiendos y por ello corrían el peligro de comprometer y echar a perder la novedad y las costumbres antiguas. No es posible combinar lo nuevo que Jesús nos trae con las costumbres antiguas. ¡O el uno o el otro! El vino nuevo hace estallar el pellejo viejo. Hay que saber separar las cosas. Muy probablemente, Mateo repite estas palabras de Jesús para poder orientar a las comunidades de los años 80. Había un grupo de judíos cristianos que querían reducir la novedad de Jesús al judaísmo de antes de la llegada de Jesús. Jesús no está contra lo que es “viejo”. Lo que él no quiere es que lo viejo se imponga a lo nuevo, y así empieza a manifestarse. No es posible releer el Vaticano II con mentalidad pre-conciliar, como algunos tratan de hacer hoy.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son los conflictos entorno a las prácticas religiosas que hoy traen sufrimiento a las personas y son causa de mucha discusión y polémica? ¿Cuál es la imagen de Dios que está por detrás de todos estos preconceptos, normas y prohibiciones?
• ¿Cómo entender la frase de Jesús: “No colocar un remiendo nuevo en un vestido viejo?” ¿Qué mensaje saco de todo esto para mi comunidad, hoy?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza. (Sal 85,9)

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Un asno que desatar

Para el Señor nada es demasiado poco

No es que tuviera que contentarse con el asno, dado que no había otra opción, dado que no tenía nada mejor a su disposición.
Es que quiso expresamente el asno, una cabalgadura modesta, rechazando el caballo, del que no podían prescindir los príncipes guerreros y los conquistadores orgullosos.
La elección del asno adquiere un significado concreto. Indica una orientación de fondo: la adopción de un estilo de humildad y sencillez, el rechazo de todo triunfalismo, de todo exhibicionismo, de toda manía de grandeza, de toda muestra de poder.
Este rey, que es ciertamente victorioso, no tiene ningún empeño por imponerse, por asombrar, por aparecer como un dominador, ni mucho menos por asustar y atemorizar a la gente.
Jesús realizó plenamente la profecía de Zacarías. Revistió con absoluta naturalidad y convicción aquella imagen que, según nuestras medidas, le iría demasiado estrecha. Se encontró perfectamente a gusto montado en aquel asno.
Quizás seamos nosotros los que no hemos comprendido todavía que aquella opción, además de expresar un gusto particular del Señor, intentaba ofrecer una indicación concreta, una lección siempre válida.
Enseguida hemos procurado hacer que desaparezca el asno. Lo hemos quitado de la circulación. Como si fuera una vergüenza. Demasiado engorroso. «No idóneo» para la gloria de nuestro Rey. Quizás porque, cuando se trata de honrar al Señor, tenemos la presunción de establecer nosotros mismos lo que es «idóneo», sin tener nunca en cuenta sus preferencias, a pesar de que las manifestó varias veces de manera inequívoca.
Decimos muchas veces: «Para el Señor nada es demasiado», «por la causa de la fe nada es demasiado». Y la ambición, la vanidad, el ansia de competir en el plano del espectáculo nos sugieren ostentación, escenarios pomposos, medios clamorosos, técnicas de vanguardia. Pero el asno nos recuerda que para el Señor nada es demasiado poco…
La causa de la fe no progresa con lo que es «demasiado», sino con lo que es «poco».
El lujo de medios humanos es impedimento más que posibilidad. Jesús avanza, gana terreno en el mundo, silenciosamente, lentamente, discretamente. Quiere dominar «de mar a mar» sin forzar las cosas, sin exhibiciones grandiosas, sin batallas (tampoco publicitarias). Le va bien el ritmo lento del asno.
El asno significa también fatiga, paciencia, receptividad, obstinación, tareas ingratas, mortificaciones en serie.
A los hombres no se llega con la prisa. Las distancias no se superan con la velocidad supersónica.
La victoria de Cristo exige el precio de la tenacidad, de la entrega cotidiana, del sacrificio, del trabajo oscuro.
Su dominio es real cuando no es aparatoso. Su poder se establece sin recurrir al poder.
Sus conquistas son seguras cuando no se proclaman a los cuatro vientos.
El es el más fuerte porque no recurre a la fuerza.
La escena descrita por Zacarías y que Cristo interpretará fielmente en su entrada (muy poco «triunfal») en Jerusalén (pero no sólo en aquella ocasión) debería grabarse para siempre en la memoria histórica de la Iglesia.
El trotar callado del borrico por la tierra blanda puede ser, en esta época de ruido y de bullicio estrepitoso, una música muy bella. Capaz quizás de abrir algún corazón. Ciertamente más que esas flechas disparadas por el arco de la guerra (incluido ese arco en versión moderna que se llama altavoz, y del que tantas veces parten invectivas, condenaciones, denuncias, proclamas, desafíos…).
¡Presentémosle armas, es decir, hagámoslas desaparecer!
Si viniera hoy y tuviéramos que preparar su venida, quizás se nos ocurriera consultar el pasaje de Zacarías (primera lectura), al que se atuvo rigurosamente Cristo.
Quizás le haríamos la única declaración que le agrada a nuestro rey: la renuncia a todos los sueños de grandeza en clave terrena. Quizás nos acordaríamos de rendirle el homenaje de nuestra promesa de caminar por el mismo camino de pequeñez, de discreción, de modestia, de respeto a los demás.
Quizás lograríamos hacer un gesto que mostrase nuestra voluntad de paz, dejando a sus pies todas las armas que todavía tenemos (empezando naturalmente por la lengua), encendiendo a su paso hogueras que destruyesen el rencor, la malquerencia, el odio, la sospecha, las envidias, las ambiciones, las polémicas.
Quizás le manifestaríamos aquella decisión esencial, en la que insistía Pablo (segunda lectura): vivir según su Espíritu. Y combatir la única guerra que nos permite salir vencedores, con la cabeza bien alta, gracias al poder de la resurrección: la guerra contra el pecado. Pero lo malo es que probablemente no haríamos más que repetir los mismos gestos de siempre. Nos empeñaríamos en levantar escenarios colosales, adecuados a la circunstancia (desde nuestro punto de vista).
No sacaríamos el asno, ni siquiera el caballo. Hemos inventado algo mucho más espectacular (bien como escaparate, bien como medio de transporte).
No nos preocuparían los gastos y entonces, paradójicamente, nos saldría la cosa bastante barata. Siempre es más fácil organizar espectáculos exteriores que hacer algún ajuste interior.
Los decorados, aunque sean suntuosos, siempre salen más baratos que un poco de transparencia.
Es más fácil organizar una manifestación «inolvidable» que olvidar una ofensa.
Es más gratificante hacer cuentas y mencionar obras que lograr reprimir una palabra que humilla al adversario.
Es más cómodo jactarse de empresas gloriosas que pedir perdón. Apuesto cualquier cosa a que tendríamos incluso la desfachatez de hacerle desfilar entre dos pelotones de soldados en traje de gala, presentando solemnemente armas. Sin que se nos ocurriera pensar que quizás él prefiere que se le presenten armas de la única forma capaz de rendirle honores, es decir, quitándolas de la vista, destruyéndolas («romperá los arcos guerreros»).
No tengo ningún parentesco con el profeta Zacarías, pero tengo motivos para sospechar que quizás él nos pediría que fuésemos a desatar el asno fiel.
Si no eres capaz de jugar, no has entendido nada
Intentemos aclarar las cosas.
No es que a los sabios y los inteligentes les sea algo difícil entender; es que no entienden nada de nada.
Es que Dios les ha escondido algunas «cosas», se las ha quitado para que las encuentren otros.
Algunos quizás crean que son cosas difíciles de entender.
En realidad no son fáciles ni difíciles. Sencillamente, están escondidas.
Al ver que algunos individuos presumen de saberlo todo y que se engañan al pensar que la verdad debe obtener necesariamente su visto bueno y pagar un tributo obligado a su cerebro, el Padre, burlando sus controles tan rigurosos como ridículos, ha desvelado sus secretos, casi de contrabando, a los «pequeños»
Al constatar cómo esos sabiondos se toman terriblemente en serio, Dios se burla de ellos.
No existe ninguna explicación lógica para este comportamiento. Cristo reconoce: «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Como si dijera: así has querido divertirte; es que tienes ganas de jugar.
Dios no se deja conmover por las «cabezas pensantes» («cuando son solamente cabezas pensantes»). Se diría incluso que le gusta hacer que salten por los aires sus esfuerzos intelectuales, y Cristo, el Hijo bueno que practica la obediencia, está de acuerdo en esto con el Padre: «Te doy gracias, Padre…».
Dios se entrega únicamente a los «limpios de corazón». Naturalmente, también los sabios pueden llegar a entender «estas cosas».
Pero no lo conseguirán exhibiendo el certificado de «sabios y entendidos», sino haciéndose pequeños, humildes, intentando purificar e inflamar su corazón.
Será oportuno recordar, a este propósito, la severa advertencia que san Bernardo dirigía al docto y sutil Abelardo: «Un corazón frío no puede percibir en lo más mínimo un lenguaje de fuego».
Manteniéndose con altivez al margen, los llamados «entendidos» se quedan fuera de juego.
Naturalmente, no están obligados a abandonar sus libros ni sus estudios serios. Lo que han de hacer simplemente es aprender a jugar. Sin olvidarse de rezar.
Sin embargo, sería poco correcto sacar la conclusión de que los sabios comprenden menos que los demás.
Se trata, más bien, de convencerse de que para captar las realidades más secretas del mundo de Dios no se trata de realizar esfuerzos intelectuales, de acabar una carrera universitaria, sino de… algo distinto.
El misterio encuentra su colocación (y su manifestación) más segura en la pequeñez.
De todas formas, es difícil decir quiénes son esos pequeños, confidentes de Dios.
La pequeñez, desde un punto de vista evangélico, es sencillez, naturalidad, ausencia de complicaciones y pretensiones, espontaneidad, capacidad de asombro, disponibilidad para recibir, gratitud, y cosas por el estilo.
Personalmente, yo no me olvidaría de hablar del candor y de la ingenuidad.
Todas estas cosas no se aprenden en los pupitres de la escuela; no están escritas en textos oficiales.
Pero Cristo nunca dijo: «Estudiad y luego, cuando seáis mayores y estéis debidamente preparados, presentaos a mí …».
Nos ha hecho comprender que, mientras no seamos «pequeños», bastante pequeños, no hay nada que hacer.
Mientras no hayamos reducido al mínimo las dimensiones de nuestro orgullo y de nuestra presunción, no estaremos en disposición de «comprender» (o sea, literalmente, de recibir).
Lo que no podemos aprender de los demás
Hay dos materias, evidentemente fundamentales para él, que Jesús se ha reservado para sí.
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Hay virtudes que podemos aprender con otros maestros.
Pero la mansedumbre y la humildad de corazón son tan importantes en el programa de formación del cristiano, que Cristo quiere que las aprendamos de él, maestro y modelo al mismo tiempo.
Por eso, si queremos saber qué es la humildad, qué significa ser sencillos, tenemos que escucharle y verle a él. Y hacer que nos repita continuamente la lección.
Es inútil hacerse ilusiones (aunque hoy no faltan por desgracia indicaciones en este sentido): la mansedumbre y la humildad no son materias facultativas, no están superadas ni mucho menos, no han pasado de moda en medio de las situaciones que hoy nos toca arrostrar. Hay algunos, en el campo cristiano, que quisieran quitarlas del «plan de estudios» -o mejor, del plan de «vida»-, haciendo este razonamiento capcioso: en un mundo como el de hoy, donde prevalecen los violentos, los orgullosos, los astutos, no hay que dejarse aplastar, hay que hacerse valer, no hay que acobardarse.
Si no nos imponemos, si no infundimos respeto, acabarán prevaleciendo las fuerzas del mal.
Pero el hecho es que Cristo había ya definido, de manera realista, la sociedad en donde habrían de actuar sus apóstoles como un mundo de «lobos». Y no les dijo: puesto que tenéis que enfrentaros con lobos, actuad como ellos, no queráis ser menos que ellos, haced también vosotros de lobos, morded antes de que os muerdan.
Sino que les dijo: «Os mando como ovejas en medio de lobos».
Observando ciertos comportamientos, tengo la impresión de que algunos han entendido mal estas palabras. Y las han traducido en el lenguaje corriente, con cierta desfachatez y libertad, de esta manera: «Os mando como lobos disfrazados de ovejas». Y a veces algunos se olvidan incluso del disfraz.
Quizás haya que poner en escena, junto a las ovejas, también al borrico.
… Que siempre está disponible (aunque me parece que no ha sido muy utilizado desde aquel día).
¿A quién se le habría ocurrido que la zoología puede ser una rama de la teología?
¿Y que, para superar ciertos exámenes, es necesario pasar… por el establo?

A. Pronzato

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  • Es necesario reconocer, al finalizar este retiro, que a lo largo de nuestra vida hemos sentido el soplo de la gracia de Dios. Pero durante estos tres días fue necesario hacerles experimentar un momento de Gratuidad por la respuesta al llamado que cada uno recibió del Señor respondiéndole a Él con muchas ganas y sacrificio.
  • Durante estos tres días de completo abandono a las manos de Dios han descubierto la presencia de Dios desde sus primeros latidos en el vientre de sus madres hasta este día…
  • Pero antes de regresar a nuestros hogares y luego de experimentar en nosotros la grandeza de Dios… es necesario evaluar nuestro retiro.
  • Desde el comienzo de nuestro retiro te invitamos a abandonarte en Dios ¿Fue difícil abandonarse y disponerse plenamente en las manos de Dios?
  • ¿Cómo pueden evaluar este retiro de gratuidad… han vivido algo similar, sintieron que el mismo Señor agradece de su trabajo vivido a lo largo de este año?
  • ¿Que rescatan de este retiro?
  • Antes emprender nuestro rumbo a nuestras casas es necesario finalizar a la orilla del ALTAR agradeciendo al Señor por la oportunidad que nos regaló este día donde vivimos íntimamente en las manos de nuestro Padre Celestial.

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No al pesimismo estéril

84. La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña. A cincuenta años del Concilio Vaticano II, aunque nos duelan las miserias de nuestra época y estemos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor confianza en el Espíritu ni menor generosidad. En ese sentido, podemos volver a escuchar las palabras del beato Juan XXIII en aquella admirable jornada del 11 de octubre de 1962: «Llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina […] Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia»[65].


[65] Discurso en la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II (11 octubre 1962), 4, 2-4: AAS 54 (1962), 789

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Situación

Retomemos la reflexión de estos domingos. Somos llamados a ser testigos de Dios en este mundo secularizado; el Evangelio, tomado en serio, empuja a la radicalidad; yo, personalmente, estoy implicado en esta aventura; mi vida no tiene sentido si la acomodo a un orden seguro de obligaciones a cumplir. Pero mi vida es como la de todo el mundo; no puedo optar por nada radical; tengo unas responsabilidades que exigen una fidelidad necesariamente rutinaria…

¿No será que me estoy metiendo en un callejón sin salida, precisamente por querer ser un cristiano de verdad? Ponerse metas tan altas, vivir de la Palabra de Dios, ¿no termina por atrapar al hombre en la desmesura, sacándolo de la realidad?

¿Tendré que irme a un convento o al Tercer Mundo? Sin embargo, he conocido a frailes y monjas y a misioneros, y he constatado que lo extraordinario, a primera vista, no produce necesariamente radicalidad cristiana.

Contemplación

El Evangelio de hoy nos coloca de cabeza en el corazón mismo de la Revelación y de la lógica del Reino. El contexto en que Jesús lo dijo es claro: frente a la sabiduría de los poseedores de la Palabra o de la perfección, la sabiduría de los cargados con la existencia, gente sencilla, los pequeños, que descubren agradecidos el corazón de Dios, infinitamente misericordioso, manso y humilde.

¿Necesitas todavía una respuesta a tu pregunta: quién puede ser discípulo de Jesús?

El texto del profeta plasma la figura de Jesús-Mesías pacífico, que vence la violencia con las armas de su amor indefenso. La entrada en Jerusalén, el día de Ramos, realizó la profecía de Zacarías.

El salmo nos ayuda a personalizar este espíritu, tan ajeno a nuestros esquemas y tendencias espontáneas. Nuestro Dios, creador y rey del universo, es Abbá, «el Señor bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas, que sostiene a los que van a caer y endereza a los que que se doblan».

Reflexión

¿Quién puede ser discípulo de Jesús? ¿Puede uno serlo ahí, en la vida ordinaria, anónima, entrelazada con tantas pequeñas obligaciones, con urgencias que nada tienen que ver, a primera vista, con el Reino?

La paradoja está en que tú, el agobiado por las preocupaciones, puedes serlo; y con todo, no depende de ti, es revelación del Padre.
¡El secreto del Reino es tan simple, que por eso resulta difícil e increíble! ¿Para quiénes? Para los que quieren dominar la existencia, sean poderosos socialmente o sean poderosos moralmente o sean poderosos espiritualmente.

Tan simple como ser agradecido. Pero nuestra suficiencia no cierra a Dios y al prójimo. A veces pensamos en hacer actos heroicos de amor, cuando el amor se realiza cabalmente en las pequeñas e innumerables obligaciones que nos pesan. ¡Si supiésemos dar la vuelta a nuestras actitudes! Aquello que nos oculta el Reino es, casi siempre, lo que nos revela lo esencial: el amor de Dios encarnado en la condición humana.

Praxis

Intentar esta semana descubrir con ojos nuevos cómo en lo pequeño de tu vida, cargada de menudencias y limitaciones, se revela el Padre que se complace en los pequeños, y Jesús, que te llama a descansar en El.

Comienza por no soñar en una vida distinta, por asumir tu realidad limitada. ¿No ves que el Mesías Jesús realizó el Reino entre los pequeños y enseñando a vivir lo humano, hasta el punto de que para El era más importante atender a un herido que celebrar el culto en Jerusalén?

No tengas miedo a ser pequeño con Dios, a descansar en El tus agobios. ¡Somos tan ridículos que pretendemos ser importantes con Dios! ¡Con lo dulce que es dejarse querer y acariciar por su misericordia infinita! El te enseñará a ser manso contigo mismo, a no crisparte cuando no se realizan tus deseos, a comprender que las relaciones sociales necesitan, sobre todo, ese plus de ternura y comprensión que cada día es más escaso, a ser fuerte sin violencia, a no escandalizarte del pecado ajeno ni del propio, a guardar el amor cada día como un tesoro frágil y precioso…

Javier Garrido

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