Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 17/07/17

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LANGUIDECE, SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA.

Languidece, Señor, la luz del día
que alumbra la tarea de los hombres;
mantén, Señor, mi lámpara encendida,
claridad de mis días y mis noches.

Confío en ti, Señor, alcázar mío,
me guíen en la noche tus estrellas,
alejas con su luz mis enemigos,
yo sé que mientras duermo no me dejas.

Dichosos los que viven en tu casa
gozando de tu amor ya para siempre,
dichosos los que llevan la esperanza
de llegar a tu casa para verte.

Que sea de tu Día luz y prenda
este día en el trabajo ya vivido,
recibe amablemente mi tarea,
protégeme en la noche del camino.

Acoge, Padre nuestro, la alabanza
de nuestro sacrificio vespertino,
que todo de tu amor es don y gracia
en el Hijo Señor y el Santo Espíritu. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

Salmo 122 – EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

Ant 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 123 – NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE   St 4, 11-13a

No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano, o juzga a un hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si juzgas a la ley no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Uno es el legislador y juez: el que puede salvar o perder. Pero tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?

RESPONSORIO BREVE

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Cristo quiere que todos los hombres alcancen la salvación. Digámosle, pues, confiadamente:

Atrae, Señor, a todos hacia ti.

Te bendecimos, Señor, porque nos has redimido con tu preciosa sangre de la esclavitud del pecado;
haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Ayuda con tu gracia a nuestro obispo N. y a todos los obispos de la Iglesia,
para que con gozo y fervor sirvan a tu pueblo.

Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad logren encontrarla
y que, habiéndola encontrado, se esfuercen por difundirla entre sus hermanos.

Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas y a los que viven abandonados;
ayúdalos en sus necesidades para que experimenten tu solicitud hacia ellos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén celestial,
allí donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, serás todo en todos.

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Read Full Post »

Lectio: Lunes, 17 Julio, 2017
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 10,34-11,1
« No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual son los de su casa. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.
«Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.» Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
 
3) Reflexión
• En el mes de mayo del año pasado, la V Conferencia de los Obispos de América Latina, que tuvo lugar en Aparecida del Norte, Brasil, elaboró un documento muy importante sobre el tema: “Discípulos y Misioneros/as de Jesucristo, para que en El nuestros pueblos tengan vida”. El Sermón de la Misión del Capítulo 10 del Evangelio de San Mateo, que estamos meditando en estos días, ofrece muchas luces para poder realizar la misión de discípulos y misioneros de Jesucristo. El evangelio de hoy presenta la parte final de este Sermón de la Misión.
• Mateo 10,34-36: No he venido a traer la paz, sino la espada. Jesús habla siempre de paz (Mt 5,9; Mc 9,50; Lc 1,79; 10,5; 19,38; 24,36; Jn 14,27; 16,33; 20,21.26). Entonces cómo entender la frase del evangelio de hoy que parece decir lo contrario: ” No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. ”? Esta afirmación no significa que Jesús estuviera a favor de la división y de la espada. ¡No! Jesús no quiere la espada (Jn 18,11) ni la división. Lo que el quiere es la unión de todos en la verdad (cf. Jn 17,17-23). En aquel tiempo, el anuncio de la verdad que indicaba que Jesús de Nazaret era el Mesías se volvió motivo de mucha división entre los judíos. Dentro de la familia o comunidad, unos estaban a favor y otros radicalmente en contra. En este sentido la Buena Nueva de Jesús era realmente una fuerte división, una “señal de contradicción” (Lc 2,34) o, como decía Jesús, él traía la espada. Así se entiende la otra advertencia: “Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual son los de su casa.
Era lo que estaba aconteciendo, de hecho, en las familias y en las comunidades: mucha división, mucha discusión, como consecuencia del anuncio de la Buena Nueva entre los judíos de aquella época, unos aceptando, otros negando. Hasta hoy es así. Muchas veces, allí donde la Iglesia se renueva, el llamado de la Buena Nueva se vuelve una “señal de contradicción” y de división. Personas que durante años vivieron acomodadas en la rutina de su vida cristiana, no quieren ser incomodadas por las “innovaciones” del Vaticano II. Incomodadas por los cambios, usan toda su inteligencia para encontrar argumentos en defensa de sus opiniones y para condenar los cambios como contrarios a los que pensaban ser la verdadera fe.
• Mateo 10,37: Quien ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí.        Lucas presenta esta misma frase, pero mucho más exigente. Dice literalmente: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.” (Lc 14,26). ¿Cómo combinar esta afirmación de Jesús con aquella otra en la que manda observar el cuarto mandamiento: amar y honorar al padre y a la madre? (Mc 7,10-12; Mt 19,19). Dos observaciones: (a) El criterio básico en el que Jesús insiste es éste: la Buena Nueva de Dios ha de ser el valor supremo de nuestra vida. No puede haber en la vida un valor más alto. (b) La situación económica y social en la época de Jesús era tal que las familias eran obligadas a encerrarse en sí misma. No tenían condiciones para mantener las obligaciones de convivencia comunitaria como, por ejemplo, el compartir, la hospitalidad, la comunión alrededor de la mesa y la acogida a los excluidos. Ese repliegue individualista sobre ellas mismas, causado por la coyuntura nacional e internacional, provocaba las siguientes distorsiones: (i) Imposibilitaba la vida en la comunidad. (ii) Reducía el mandamiento “honora el padre y la madre” exclusivamente a la pequeña familia nuclear y no alargaba a la gran familia de la comunidad. (iii) Impedía la manifestación plena de la Bondad de Dios, pues si Dios es Padre/Madre, nosotros somos hermanos y hermanas unos de otros. Y esta verdad ha de encontrar su expresión en la vida en comunidad. Una comunidad viva y fraterna es el espejo del rostro de Dios. Convivencia humana sin comunidad es como un espejo rajado que desfigura el rostro de Dios. En este contexto, lo que Jesús pide “odiar al padre y a la madre” significaba que los discípulos y las discípulas debían superar la cerrazón individualista de la pequeña familia sobre si misma y alargarla a la dimensión de la comunidad. Jesús mismo practicó lo que enseñó a los otros. Su familia quería llamarlo para que volviera, y así la familia se encerraba en sí misma. Cuando le dijeron: “Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan”, él respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?. Y mirando a las personas a su alrededor dice: “Aquí están mi madre y mis hermanos. Quien hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc 3,32-35). ¡Alargó la familia! Y éste era y sigue siendo hasta hoy el único camino para que la pequeña familia pueda conservar y transmitir los valores en los que cree.
• Mateo 10,38-39: Las exigencias de la misión de los discípulos. En estos dos versículos, Jesús da dos consejos importantes y exigentes: (a) Tomar la cruz y seguir a Jesús: Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Para percibir todo el alcance de este primer consejo, es conveniente tener presente el testimonio de San Pablo: “Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.” (Gal 6,14). Cargar la cruz supone, hasta hoy, la ruptura radical con el sistema inicuo vigente en el mundo. (b) Tener el valor de dar la vida: El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Sólo se siente realizado en la vida aquel que fue y es capaz de darse enteramente a los demás. Pierde la vida aquel que quiere conservarla sólo para sí. Este segundo consejo es la confirmación de la experiencia humana más profunda: la fuente de vida está en el don de la propia vida. Dando se recibe. Si el grano de trigo no muere, ..… (Jn 12,24).
• Mateo 10,40: La identificación del discípulo con Jesús y con el propio Dios. Esta experiencia tan humana de don y de entrega recibe aquí una aclaración, una profundización. “Quien os recibe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe a aquel que me ha enviado”. En el don total de sí el discípulo se identifica con Jesús; allí se realiza su encuentro con Dios, y allí Dios se deja encontrar por aquel que le busca.
• Mateo 10,41-42: La recompensa del profeta, del justo y del discípulo. Para concluir el Sermón de la Misión sigue una frase sobre la recompensa: “Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.
«Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»
En esta frase existe una secuencia muy significativa: al profeta se le reconoce por su misión como enviado de Dios. El justo es reconocido por su comportamiento, por su manera perfecta de observar la ley de Dios. El discípulo no es reconocido por ninguna calidad o misión especial, sino sencillamente por su condición social de gente pequeña. El Reino no está hecho de cosas grandes. Es como un edificio muy grande que se construye con ladrillos pequeños. Quien desprecia al ladrillo, nunca tendrá el edificio. Hasta un vaso de agua sirve de ladrillo en la construcción del Reino.
• Mateo 11,1: El final del Sermón de la Misión. Fin del Sermón de la Misión. Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Ahora Jesús se va para practicar aquello que enseñó. Y es lo que veremos en los próximos días meditando los capítulos 11 y 12 del evangelio de Mateo.
 
4) Para la reflexión personal
• Perder la vida para poderla ganar. ¿Has tenido alguna experiencia de sentirte recompensado/a por una entrega gratuita de ti a los demás?
• Aquel que os recibe a vosotros a mí me recibe, y aquel que me recibe a mí, recibe a aquel que me ha enviado. Detente y piensa en lo que Jesús dice aquí: él y Dios mismo se identifican contigo.
 
5) Oración final
Señior, dichosos los que moran en tu casa
y pueden alabarte siempre;
dichoso el que saca de ti fuerzas
cuando piensa en las subidas. (Sal 84,5-6)

Read Full Post »

En una clase de 30 alumnos, hicieron una lluvia de ideas para enumerar en qué ocasiones de nuestra vida ordinaria se nos podría aplicar lo de “Contigo, más”. Se preguntaron: ”¿Haciendo qué, subiría el buen ambiente y la buena convivencia entre nosotros?”. Y se llenó la pizarra con las respuestas de toda la clase, y se votaron después las sugerencias que más gustaban a la gente, y salió una lista de 15 sugerencias a las que llamaron “Pequeñas cosas de cada día”. Aquí está la lista. Sin duda que en vacaciones esta lista va a tener sitios y tiempo de aplicación.

¡Contigo, más ambiente este verano! ¡Contigo, mejor clima en la familia este verano!

PEQUEÑAS COSAS DE CADA DÍA

1.- Ponerme en la piel del prójimo.
2.- Por principio, pensar bien.
3.- No despreciar a nadie.
4.- No hablar mal de las personas
5.- Aprobar lo bueno de los otros
6.- Controlar la envidia.
7.- Animar.
8.- Pedir consejo. Es hacerlos importantes.
9.- Ser agradecido, dar las gracias.
10.- Pedir perdón. Perdonar
11.- Dominar el mal humor.
12.- Dar algún abrazo.
13.- De primeras, decir sí al que pide ayuda.
14.- Saber decir no a las invitaciones al mal.
15.- Saber escuchar a los demás

Puedes solicitar la imagen en color a chusperivera@gmail.com

Read Full Post »

La marcha

“La marcha”, de María Victoria Atencia, sugiere la milagrosa coincidencia de gente que, sin haber sido convocada, dejaron atrás su hogar y su rutina, y partieron unánimes por el camino que les señalaba su corazón…
bblanco

LA MARCHA

Éramos gentes hechas al don de mansedumbre
y a la vaga memoria de un camino a algún sitio.
Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante-.
Pero todos, a un tiempo y en silencio, dejamos
el cobijo usual, el encendido fuego que al fin se
bblanco15extinguiría,
las herramientas dóciles al uso por las manos,
el cereal crecido, las palabras a medio, el agua
bblanco15derramándose.
No hubo señal alguna. Nos pusimos en pie.
No volvimos el rostro. Emprendimos la marcha.

Read Full Post »

No a la mundanidad espiritual

93. La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. Es lo que el Señor reprochaba a los fariseos: «¿Cómo es posible que creáis, vosotros que os glorificáis unos a otros y no os preocupáis por la gloria que sólo viene de Dios?» (Jn 5,44). Es un modo sutil de buscar «sus propios intereses y no los de Cristo Jesús» (Flp 2,21). Toma muchas formas, de acuerdo con el tipo de personas y con los estamentos en los que se enquista. Por estar relacionada con el cuidado de la apariencia, no siempre se conecta con pecados públicos, y por fuera todo parece correcto. Pero, si invadiera la Iglesia, «sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral»[71].


[71] H. de Lubac, Méditation sur l’Église, Paris 1968, 231.

Read Full Post »

Las parábolas

Como el domingo pasado, el evangelio nos propone una serie de nuevas parábolas de mano del evangelista Mateo. Las parábolas no son únicamente unos cuentos sencillos puestos a la altura de la comprensión de la gente campesina de los tiempos de Jesús. Son eso, evidentemente, pero son mucho más pues encierran una pedagogía muy especial mediante la que Jesús, sorprendiendo a la gente con un nal inesperado y provocador, nos interpela para que nos preguntemos si el Dios en el que creemos es el Dios de Jesús, el verdadero “Abbá”, como Jesús le llamaba. Según Jesús, ¿Dios es un amo injusto, un padre ingenuo, un pastor iluso…? ¿Es Dios quien tiene que cambiar o soy yo quien tiene que cambiar el corazón? Las parábolas de Jesús sólo se entienden desde la conversión del corazón. Por eso hay mucha gente, nosotros los primeros, que oímos sin entender… o procuramos darle la vuelta a las cosas para poderlas entender sin cambiar el corazón…

¡Hay cizaña!

¡Cómo no! Realmente hay mucha “cizaña” en el mundo… Basta con echar una ojeada al conjunto, abrir el periódico, poner la televisión, mirar al compañero, contemplar la familia… Ése no es el problema ni la cuestión. Todos nosotros y todos los días no podemos dejar de ver la “cizaña” que nos rodea. No podemos dejar de ver la realidad, de juzgarla, de hacernos una opinión, de valorar las cosas… y las personas. Hay que juzgar y valorar en una entrevista de trabajo; hay que conocer de qué pie cojea la gente, los amigos, los compañeros de trabajo, los que componen mi familia, que son más que mi pareja y mis hijos…; es imposible estar ciego con los vecinos, con la gente de la calle, en la tienda, en el autobús, en todas partes…

¿Qué debo hacer con la cizaña?

Cortarla y quemarla. Es lo que razonablemente toca hacer, para poner las cosas en orden y para que no crezca más el mal en el mundo. Pero aquí viene Jesús y nos provoca: ¡déjala crecer…! ¿Entonces? ¿Hay que cruzarse de brazos y dejar que las cosas sigan tan mal como están? Cuando un brazo se gangrena hay que cortarlo, ¿no? Pues Dios dice que no. Dice que… no lo hagas tú, porque tu corazón te puede engañar, porque tú no eres Dios: te puedes equivocar, te puedes precipitar en el juicio, puede que no dejes crecer a la persona y le niegas esa oportunidad que necesita, no ves más que las apariencias…

Porque Dios es tu Dios y tu “juez”, y él te mira –y nos mira- de un modo diferente. Y lo que Jesús nos dice es que seamos “como Dios”… Como dice el libro de la Sabiduría (1a lectura), el poder de Dios le hace perdonar a todos y reprime los ímpetus de los no lo conocen; Dios juzga con moderación, gobierna con indulgencia, y de este modo nos enseña a nosotros.: «el justo debe ser humano»…

Mi cizaña

La cizaña está por todas partes. También en mi corazón. Y Dios no te arranca el corazón: perdona siempre para que puedas arrepentirte e intentar cambiar. Confía en ti y espera que crezcas y madures,  que abras los ojos y descubras lo que no quieres ver: tu cizaña. La de tu xenofobia inconfesada, la de tus rencores personales que se mantienen en el tiempo aunque los hayas olvidado, la de tu larvada envidia y tus celos, la de tu orgullo que te pone por encima de los demás.

Dios mira al mundo y no lo destruye. No destruye a los Hitler, ni a los creadores de la bomba atómica, ni a los que inician una guerra, ni a los corruptos, ni a los maltratadores incluso cuando llegan al asesinato, ni a los violadores y pederastas, ni a los malos o locos gobernantes, ni a los mafiosos de las pateras o de la trata de personas, ni a quienes edifican muros y alambradas… Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y llueve sobre justos e injustos…, todos tienen derecho al mismo sol y la misma lluvia. No se debe cortar la cizaña y hay que esperar el momento oportuno, que será el tiempo de la siega. Dios es el único juez.

¿Y entre tanto?

Hay que combatir el mal a base de bien, no a base de bombas… Los cristianos tenemos que aprender todavía el arte divino de la no violencia activa «porque no sabemos pedir lo que nos conviene» (2ª lectura). La resistencia al mal, no la agresividad que multiplica la violencia. El dominio de sí y no la cobardía. El diálogo sobre la confrontación. La objeción de conciencia, la resistencia civil, la resiliencia. Quizás todas esas cosas juntas es lo que podríamos llamar la tolerancia que puede ser todo menos indiferencia o insensibilidad. «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal a fuerza de bien» (Rom 12, 21), porque Dios es así (1ª lectura).

Ángel Luis Gutiérrez de la Serna

Read Full Post »

Tres nuevas parábolas del Reino continúan el Discurso parabólico: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza, y la levadura. Las tres están introducidas por la expresión: «El Reino de los cielos es semejante a…». La primera, la más larga de las tres, recoge también la imagen de la siembra; las siguientes están construidas en paralelo, aunque con acentos diferentes. Como en el caso del sembrador, la del trigo y la cizaña también va acompañada de una explicación que Jesús dirige a los discípulos en privado. De nuevo encontramos, probablemente, una actualización de la parábola a la situación que está viviendo la comunidad de Mateo.

La experiencia de que tras sembrar un campo con buena semilla nacieran en medio también malas hierbas (la cizaña) era habitual. Lo extraño en la parábola es la reacción del señor de la casa: en lugar de tratar de acabar con la cizaña antes de que ahogue y contamine toda la cosecha de trigo, decide dejar que crezcan juntas y separarlas cuando esté maduro el fruto: entonces la cizaña será arrojada al fuego. Esta actuación insólita da la clave de interpretación de la parábola.

Las semillas del Reino que Dios ha esparcido en el mundo conviven en la historia con las semillas del mal. El hombre está llamado a dar buen fruto, aunque no siempre es así. Como el dueño de la casa en la parábola, Dios tiene paciencia con todos y regala una y otra vez la oportunidad para que madure un buen fruto. Es la misericordia de Dios que «hace llover sobre justos y pecadores», que espera con paciencia porque el Reino de los cielos va adelante y su desarrollo es imparable.

La explicación ofrece otra orientación a la parábola. Ya no está centrada en la paciente misericordia de Dios, sino en la perspectiva escatológica del juicio final, y por eso el elemento central será la cizaña y la condena por no haber dado buen fruto. Comienza con una interpretación de cada uno de los elementos que han aparecido en la narración. A través de ellos se va perfilando el carácter escatológico de la parábola, utilizando imágenes y lenguaje típicos de la apocalíptica.

Los hijos del mal, la cizaña, recibirán el castigo eterno consecuencia de sus obras, de no ajustar su vida a la voluntad de Dios, apartándose de caminar según el Reino y su justicia. La parábola se convierte en una exhortación a los discípulos y a las comunidades a mantenerse en el seguimiento y a vivir según el estilo del Evangelio.

Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura están construidas en paralelo con un mensaje complementario. En ambas resalta el contraste entre la pequeñez e insignificancia (un grano de mostaza y una pizca de levadura) y el resultado final (una gran planta, como un árbol, y una enorme cantidad de masa fermentada). El grano de mostaza que produce un gran árbol es la imagen del Reino de los cielos que crece de modo imparable y, poco a poco, se va haciendo realidad con una gran fuerza transformadora.

Con la levadura, más que en el crecimiento, se fija en la acción oculta que realiza. Una mujer mezcla la levadura con la masa y de un modo imperceptible va haciendo que todo fermente y da un resultado sorprendente. Así es el Reino de los cielos: no se nota su llegada, pero es una fuerza callada que va dando fruto y camina hacia su plenitud. Así ha de ser el discípulo, oculto en la masa, transformando la realidad desde su interior, calladamente, pero haciendo imparable el crecimiento del Reino.

Óscar de la Fuente de la Fuente

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: