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Archive for 19/08/17

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant 2. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 19-21

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos; a ella los traeré y en ella los alegraré.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos; a ella los traeré y en ella los alegraré.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde el amor de tu nombre en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 19 Agosto, 2017

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 19,13-15
Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.» Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

3) Reflexión

• El Evangelio es bien breve. Apenas tres versículos. Describe cómo Jesús acoge a los niños.
• Mateo 19,13: La actitud de los discípulos ante los niños. Llevaron a los niños ante Jesús, para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos reñían a las madres. ¿Por qué? Probablemente, de acuerdo con las normas severas de las leyes de la impureza, los niños pequeños en las condiciones en las que vivían, eran considerados impuros. Si hubiesen tocado a Jesús, Jesús hubiera quedado impuro. Por esto, era importante evitar que llegasen cerca y le tocaran. Pues ya había acontecido una vez, cuando un leproso tocó a Jesús. Jesús, quedó impuro y no podía entrar en la ciudad. Tenía que estar en lugares desiertos (Mc 1,4-45)
• Mateo 19,14-15: La actitud de Jesús: acoge y defiende la vida de los niños. Jesús reprende a los discípulos diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. A Jesús no le importa transgredir las normas que impedían la fraternidad y la acogida que había que reservar a los pequeños. La nueva experiencia de Dios como Padre marcó la vida de Jesús y le dio una mirada nueva para percibir y valorar la relación entre las personas. Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los excluidos y asume su defensa. Impresiona cuando se junta todo lo que la Biblia informa sobre las actitudes de Jesús en defensa de la vida de los niños, de los pequeños:
a) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, ¡yo te agradezco!” (Mt 11,25-26) Jesús reconoce que los pequeños entienden del Reino más que los doctores!
b) Defender el derecho a gritar. Cuando Jesús, al entrar en el Templo, derribó las mesas de los mercaderes, eran los niños los que gritaban: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticados por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, Jesús los defiende y en su defensa invoca las Escrituras (Mt 21,16).
c) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, recibe a Jesús (Mc 9, 37). “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25,40).
d) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra los que causan escándalo a los pequeños, esto es, son el motivo por el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para éstos, mejor sería que le cuelguen una piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar (Lc 17,1-2; Mt 18,5-7). Jesús condena el sistema, tanto político como religioso, que es el motivo por el cual la gente humilde, los niños, pierden su fe en Dios.
e) Volverse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin eso, no es posible entrar en el Reino (Lc 9,46-48). ¡Coloca a los niños como profesores de adultos! Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.
f) Acoger y tocar. (El evangelio de hoy). Las madres con niños se acercan a Jesús para pedir la bendición. Los apóstoles reaccionan y los alejan. Jesús corrige a los adultos y acoge a las madres con los niños. Los toca y les da un abrazo. “¡Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15). Dentro de las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños, todos ellos vivían prácticamente, en un estado de impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Jesús no se incomoda.
g) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que acoge, cura y resucita: la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer Cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naim (Lc 7,14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público(Jo 4,50), el niño de los cinco panes y de los dos peces (Jn 6,9).

4) Para la relación personal

• Niños: ¿Qué has aprendido de los niños a lo largo de tu vida? ¿Qué han aprendido los niños de ti sobre Dios y sobre la vida?
• ¿Qué imagen de Dios irradio para los niños? ¿La de un Dios severo, bondadoso, distante o ausente?

5) Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

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Jesús nos llama a todos

1.- Hay en la definición litúrgica de la misa de cada domingo una enorme sabiduría y una gran sentido profético que, desde luego, nos sirve especialmente a nosotros hoy, en este domingo de agosto, igual que ya servía a los primeros fieles cristianos cuando leían con admiración y sorpresa a Isaías. La profecía es un asunto corriente y está en los textos sagrados y muchas veces en los hechos cotidianos. No hemos de considerarla como algo lejano o esotérico. Es una realidad constante. Y así la excesiva xenofobia de los líderes judíos de tiempo de Jesús no tenía sentido alguno. El profeta Isaías ya enseñaba el camino que después llevaría la expansión prodigiosa de la Palabra de Dios ante el anuncio que Jesús hizo de la Buena Nueva. La cuestión de afinidad con Dios no es la raza, ni la nacionalidad, es el cumplimiento de su voluntad y lo que lo hacen son pueblo elegido. De ahí surge la idea fundamental de la catequesis de este domingo: la salvación es para todos, para todos los pueblos de todas las épocas.

2.- Maravilla, sin duda, la extraordinaria conversación entre Jesús de Nazaret y la mujer cananea. Jesús, sin duda, ya sabía que iba a decir ella, pero quiere como en otros muchos casos, ejemplos y momentos producidos en su vida pública que la persona que tiene enfrente se manifieste. Y así, Jesús y la mujer cananea parece que tienen un enfrentamiento dialéctico. El Señor parece que no acepta la petición de la mujer y pone límites a su misión, pero es solo un planteamiento para que ella luche y se exprese en profundidad, con todo su corazón. Y en efecto, si los perrillos se comen las migajas que caen de las mesas de sus amos, ¿cómo no van a tener sitio en ellas los hijos de Dios?, pero hacía falta que eso se manifestara ante toda la multitud para que se produjera la enseñanza que Cristo deseaba. Y como en el caso de lo que dijo Isaías muchos años antes se descubre la universalidad del mensaje cristiano, que como decíamos antes es para todos y de todas las épocas.

3.- San Pablo nos ha dicho que finalmente sus hermanos de raza de salvaran por gracia de los gentiles, por los trabajos de los extranjeros seguidores del Evangelio. Y sobre ello podríamos plantear dos consideraciones de importancia. Hay autores de importancia –y entre ellos el teólogo Romano Guardini— que señalan que la dirección del trabajo salvador de Jesús pudo cambiar ante la resistencia del pueblo judío o de una parte de ello. Guardini afirma que Jesús de Nazaret inició su misión pensando que se podría llegar a la felicidad completa narrada por Isaías y en la que las lanzas se convertían en podaderas y el león y el cabrito pastaban juntos. Pero el Enemigo, el Malo, se interpuso y hubo que cambiar los planes. Por eso, podría suponerse que Jesús quiso, en principio, dejar su mensaje solo al Pueblo de Israel y que luego este, también como decía el profeta, expandiera la salvación de Dios a todos.

4.- La otra consideración es el uso consciente de la paradoja por parte de Jesús. Es como si quisiera que esa disyuntiva trajese mejor la verdad a las almas de quienes le escuchaban. ¿No es cierto que supo desde mucho antes de producirse que la hemorroisa iba a curarse al tocar su manto? ¿No dejó gritar un poco más de la cuenta al ciego que le esperaba a la vera del camino? ¿Estaba verdaderamente dormido mientras la tempestad arreciaba contra la barca de los apóstoles? ¿No hace lo mismo con nosotros, en nuestra vida de ahora, en lo que nos ocurre cada día? ¿No está esperando que, mediante la paradoja, nosotros nos demos cuenta de que Él sigue a nuestro lado? Y sería bueno que no olvidemos una cosa principal. Las enseñanzas contenidas en la Palabra de Dios tienen, por supuesto, un destino comunitario, dirigida a toda la Asamblea del Pueblo de Dios, pero también son una llamada personal e individual a todos y cada uno de nosotros. Y así, hoy, podríamos pensar que las enseñanzas que Jesús nos ofrece en esta Eucaristía son solo para un grupito elegido, mientras que nos está diciendo que salgamos a evangelizar, a que nuestra base de conocimiento de la doctrina cristiana sea el principio de la conversión de todos los que están a nuestro alrededor y alejados de Cristo. Y es una llamada personal que el Señor nos hace.

Ángel Gómez Escorial

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Erre que erre

El inolvidable actor cómico Paco Martínez Soria protagonizó una película, que así se titulaba, personalizando la constancia, la tozudez y la machaconería, hasta lograr lo que pretendía el citado personaje. Se trataba de un error bancario, debido al cual, en la libreta de sus ahorros, el saldo aparecía con una peseta menos. Fue a exigir su peseta y, por esas complicaciones de la burocracia, le volvieron loco de ventanilla en ventanilla. Él comprendía que la cantidad que solicitaba era mínima, pero no hacía sino reclamar lo suyo. Después de tanto trajín, al fin consiguió que le abonaran en la libreta de sus ahorros la exigua cantidad.

Hoy Jesús se dirigía a la zona de Tiro y Sidón y le ha salido al paso una mujer cananea suplicándole que cure a su hija, poseída por un demonio que le causa unos dolores espantosos. Jesús hacía como que no la oía, pero ella insistía. El Nazareno le ponía pegas e inconvenientes. Pero ella seguir insistiendo. Al fin, consiguió ganarse al Maestro: “Muy grande es tu fe, mujer. Que se haga como deseas” Y añade el evangelista: “Y su hija quedó curada en aquel mismo instante”.

En el evangelio no es difícil encontrar alusiones a la oración de petición y a la constancia en el saber pedir: “Orad sin descanso”, “Pedid y recibiréis”… A veces, sin pretenderlo, hemos caído en el error de descalificar este tipo de oración, tildándolo de egoísta e interesado. Sin embargo, Jesús insiste en que pidamos al Padre aquello que necesitamos y va a contribuir a nuestro bien y el de los demás. Son incontables las curaciones que, en su vida pública, realizó a petición del demandante, y siempre como premio a su buena disposición: “Tu fe te ha curada”. “Es grande tu fe”…

La oración de petición, para ser aceptable, requiere una serie de connotaciones. Ha de ser:

Confiada. Todo buen edificio precisa de unos cimientos sólidos y duraderos. Y lo que sostiene de manera firme nuestras peticiones es precisamente nuestra confianza en Dios, aunque, en ocasiones, nos cueste aceptar su voluntad.

Supeditada a lo que Dios disponga. Los humanos no siempre sabemos si lo que pedimos es beneficioso o inconveniente. Nos sucede lo que a los niños; que piden a su madre un cuchillo o unas tijeras para jugar, y ella se lo niega cariñosamente con un beso y una explicación: que se puede cortar o lastimar alguna parte de su cuerpo.

Abierta al prójimo. No interesada ni egoísta, sino con una amplitud de miras que rebase las fronteras de nuestro interés personal. El mundo nos reclama. Los informativos de los medios de comunicación nos ofrecen puntualmente el estado lamentable por el que está pasando nuestra sociedad mundial: guerras, muertes indiscriminadas… Como si la vida humana fuese una colilla de cigarro, desechable y sin valor alguno.

Colaboradora. Como reza el refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Un cristiano no puede limitarse a pedir y luego cruzarse de brazos como diciendo “Ya está”. Existen voluntariados, asociaciones benéficas, colaboradores de cualquier tipo en lo poco o mucho que puede hacer cada uno.

Animada por la fe. Esa fe que, según Jesús, es capaz de mover montañas. Cuando uno pide desde la fe, constata fácilmente que Dios se ablanda y responde siempre con generosidad. En cambio, cuando titubea o se deja llevar por el miedo, se hunde como Pedro caminando sobre el agua, sobre la dificultad.

Constante. La oración de petición no puede ser esporádica, pasajera, ocasional, sino que debe convertirse en la atmósfera habitual del cristiano. En muchos órdenes de la vida, las cosas se consiguen a base de repetir muchas veces la súplica, a tiempo y a destiempo, sin descanso, machaconamente; de la misma manera, a Dios le gusta que le “demos la pelmada”. Es por lo que nuestra oración de petición debe ser constante, machacona, erre que erre. Es decir, tenaz… Como el personaje que reclamaba la exigua cantidad de una peseta.

Pedro Mari Zalbide

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Con la oración, Dios, hace que se haga más grande nuestro deseo de anhelar y buscar lo que pretendemos. Metidos de lleno en este tiempo veraniego, puede que el evangelio de este día – la madre que pide insistentemente a Jesús- no nos sugiera nada o muy poco. Pero, la oración (insistente y persistente) es como la brisa a orilla del mar: sin darnos cuenta, sin percatarnos el sol hace de las suyas y broncea nuestro rostro.

1. Cada domingo, la Palabra de Dios va operando en lo más hondo de nuestras entrañas. Puede que, en más de una ocasión, nuestra presencia obedezca más a una obligación que a una necesidad, a un mandamiento más que a un encuentro añorado y apetecido semanalmente. El interior de cada uno, como la tierra misma, se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

¡Ya quisiéramos la fe de la mujer cananea! Sabía que, Jesús, podía colmar con creces sus expectativas. Era consciente que, detrás de una oración confiada y continuada, se encontraba la clave de la solución a sus problemas. La grandeza de esta mujer no fue su oportuno encuentro con Jesús. La suerte de esta mujer es que su fe era nítida, inquebrantable, confiada, transparente, lúcida y sencilla. No se dejó vencer ni por el cansancio ni, mucho menos, por el recelo o recelo de los discípulos.

2. A muchos de nosotros, en la coyuntura que nos toca vivir, puede que estemos tan acostumbrados a la acción/respuesta que no demos espacio a que las cosas reposen y se encaucen. Dicho de otra manera; no podemos pretender que nuestra oración alcance la respuesta deseada en el mismo instante en que la realizamos.

–La fe cuando es sólida y verdadera se convierte en una poderosa arma capaz de vencer todo obstáculo.

–La fe cuando es confiada, sabe esperar contra toda esperanza

–La fe cuando es insistente, se convierte en un método que nos hace pacientes y no desesperar.

Todos, incluidos los que venimos domingo tras domingo a la eucaristía, necesitamos un poco del corazón de la cananea. Un corazón sea capaz de contemplar la presencia de Jesús. De intuir que, en la Palabra que se escucha y en el pan que se come, podemos alcanzar la salud espiritual y material para nuestro existir.

En cierta ocasión un espeleólogo descendió a unas cavernas con sus alumnos. Uno de éstos, admirado por las diversas formas de las rocas, preguntó: ¿Cómo es posible esta belleza? Y, el espeleólogo, dirigiéndose a él le contestó: sólo el paso de los años y la suave persistencia del agua han hecho posible este milagro.

Constancia, hábito, petición, acción de gracias, súplica, confianza es el agua con la que vamos golpeando, no a Dios, sino a nuestro mismo interior para moldearlo y darle la forma que Dios, cuando quiera y como quiera, dará.

3.- ¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi vida:
creer sin desfallecer
Un deseo para mi gente:
que te quieran como yo te quiero
Un deseo para mis enemigos:
que podamos darnos la mano

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?
Un deseo para mi cuerpo,
que sea fuerte y con mi voz
y mi garganta, con mi corazón y mis manos
con mis pies y todo mi ser…
te pueda seguir dando gloria.

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?
Un deseo para mi alma,
que el maligno no habite en ella
Un deseo para mis días,
que no busque lo que no me corresponda
Un deseo para mi Iglesia,
que nunca se canse de mirar hacia Ti
Un deseo para mis ojos,
que sepan descubrirte en todo y sobre todo

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?
Un deseo para mi pobre oración,
que sea sincera y no interesada
Un deseo para mi caridad,
que sea grande y no una farsa
Un deseo para mi esperanza,
que espere y nunca te deje de lado
¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Javier Leoz

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121. Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos. En cualquier caso, todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros. Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: «No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera […] y me lanzo a lo que está por delante» (Flp 3,12-13).

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1.- Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Una vez más, para entender en su intención más profunda este texto evangélico, según San Mateo, debemos conocer el contexto del texto. Jesús acaba de tener una dura discusión con los escribas y fariseos “que habían venido de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos, pues no se lavan las manos cuando comen?” Jesús les responde que son ellos los han anulado la Palabra de Dios en nombre de sus tradiciones. Para terminar diciendo a sus discípulos: “Dejadlos, son guías ciegos”. Después de esto viene el episodio de la mujer cananea. El relato evangélico está construido con mucha intención teológica. Ante la súplica de la mujer cananea, no judía, Jesús se hace el duro ante sus discípulos: “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel… No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Es lo que hubiera respondido el más ortodoxo de los fariseos. Pero la mujer no judía no se arredra, porque sabe muy bien que ante un profeta de Dios las tradiciones judías no tienen nunca la última palabra. “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Jesús ha conseguido lo que quería: dejar claro a sus discípulos que la fe debe romper las barreras étnicas y religiosas que habían impuesto los escribas y fariseos. “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. Seguro que los discípulos quedaron admirados y contentos, porque su Maestro había curado a la mujer por la que ellos habían intercedido. También nosotros, discípulos y seguidores de Jesús, estamos contentos y le estamos agradecidos porque, con su acción, Jesús nos demostró que la fe no es patrimonio exclusivo de ningún pueblo, ni de ninguna religión; la fe es patrimonio de la humanidad.

2.- A los extranjeros… los traeré a mi monte santo. El tercer Isaías es ya un profeta del posexilio y sabe que la voluntad de Yahveh es hacer de todos los pueblos y naciones un solo pueblo, un pueblo de su propiedad. Ni por el hecho de ser extranjeros están apartados de Dios, ni por el simple hecho de ser judíos son bendecidos por Dios. Dios bendice a quienes guardan el derecho y practican la justicia. Ante Dios nadie es extranjero, igualmente que nadie es de Dios por el simple hecho de ser judío. Los que se conviertan al Señor deben guardar su alianza, así podrán alegrarse “en mi casa de oración”. Eso debe ser también para nosotros el templo, nuestros templos, casas de oración donde podemos alegrarnos “hablando con Dios como quien habla con un amigo”.

3.- Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos. La teología de San Pablo repite esta idea muchas veces: todos éramos pecadores y Cristo vino a pagar nuestro rescate, el rescate de todos, judíos y gentiles. Todos formamos en Cristo un solo cuerpo, del que debemos sentirnos todos miembros responsables. Si un miembro sufre, es todo el cuerpo el que sufre. Todos somos responsables y corresponsables los unos de los otros. Un cristiano debe sentirse hermano de todos, sin distinción de razas, ni lenguas, hombre o mujer, esclavo o libre. Porque todos somos hijos de un mismo Dios, todos somos hermanos en Cristo y por Cristo.

Gabriel González del Estal

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