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Archive for 31 octubre 2017

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PATRIARCAS QUE FUISTEIS LA SEMILLA.

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a aquel que vive y reina entre vosotros. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y un júbilo eterno será su parte. Aleluya.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y un júbilo eterno será su parte. Aleluya.

Ant 2. Alégrate y salta de gozo, Jerusalén, ciudad de Dios, por los hijos de los justos, que serán congregados y al Señor de los justos bendecirán. Aleluya.

Salmo 147 – RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate y salta de gozo, Jerusalén, ciudad de Dios, por los hijos de los justos, que serán congregados y al Señor de los justos bendecirán. Aleluya.

Ant 3. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

V. Los justos se alegran en la presencia de Dios.
R. Los justos se alegran en la presencia de Dios.

V. Rebosando de alegría.
R. En la presencia de Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los justos se alegran en la presencia de Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles, la multitud de los profetas te enaltece, el ejército glorioso de los mártires te aclama; todos los santos y elegidos te ensalzan unánimes, Trinidad santa, único Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles, la multitud de los profetas te enaltece, el ejército glorioso de los mártires te aclama; todos los santos y elegidos te ensalzan unánimes, Trinidad santa, único Dios.

PRECES

Acudamos, alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle:

Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.

Dios nuestro, fuente y origen de toda sabiduría, que por tu Hijo Jesucristo has hecho de los apóstoles fundamento de la Iglesia,
concédenos ser totalmente fieles a la fe que ellos enseñaron.

Tú que otorgaste a los mártires fortaleza para dar testimonio de ti hasta derramar su sangre,
concede a todos los cristianos ser fieles testigos de tu Hijo.

Tú que concediste a las vírgenes el don insigne de imitar a Cristo en su virginidad,
haz que sepamos ver siempre su virginidad consagrada como un signo del reino futuro.

Tú que has manifestado en los santos tu presencia, tu grandeza y tu perfección,
haz que los fieles, al venerarlos, se sientan unidos a ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, Señor, a todos los difuntos gozar siempre de la compañía de María, de san José y de todos los santos,
y, por su intercesión, dales parte en la alegría de tu reino.

Con el gozo que nos da sabernos miembros de la gran familia de los santos, digamos al Padre de todos:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 31 Octubre, 2017
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 13,18-21

Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su huerto; creció hasta hacerse árbol y las aves del cielo anidaron en sus ramas.»
Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que todo fermentó.»
 
3) Reflexión
• El contexto. A lo largo del camino que lo conduce a Jerusalén, Jesús estaba rodeado por “miles” de personas (11,29) que se agolpaban en su entorno. El motivo de esta atracción de las multitudes es la Palabra de Jesús. En el cap. 12 aparece la sucesión alterna de los destinatarios de la Palabra: los discípulos (12,1-12), la multitud (vv.13-212), los discípulos (vv.22-53) la multitud (vv.54-59). Sin embargo, en Lc 13,1-35 el tema dominante es el escándalo de la muerte. En la primera parte se habla de la muerte de todos (vv.1-9), mientras que en la segunda se habla de la muerte de Jesús (vv.31-35) y de la muerte ahorrada a los pecadores para que puedan disponerse a la conversión. Pero al lado del tema dominante hay otro: la salvación ofrecida a los hombres. La curación de la mujer encorvada: una hija de Abraham a la que Satanás mantenía atada hacía dieciocho años, es liberada por Jesús. Además, en el corazón de este cap. 13, encontramos dos parábolas que forman una unidad temática: el reino de Dios comparado con el “grano de mostaza” y con la “levadura”.

• El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Esta semilla es muy común en Palestina, de modo particular junto al lago de Galilea. Es conocida por su singular pequeñez. En Lc 17,6 Jesús usa esta imagen para expresar su esperanza de que sus discípulos tengan un mínimo de fe: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza…”. Esta parábola tan sencilla compara dos momentos de la historia de la semilla: cuando es enterrada (los inicios modestos) y cuando se hace un árbol (el milagro final). Por tanto, la función del relato es explicar el crecimiento extraordinario de una semilla que se entierra en el propio jardín, a lo que sigue un crecimiento asombroso al hacerse un árbol. Al igual que esta semilla, el Reino de Dios tiene también su historia: el Reino de Dios es la semilla enterrada en el jardín, lugar que en el Nuevo Testamento indica el lugar de la agonía y de la sepultura de Jesús (Jn 18,1.26; 19.41); sigue después el momento del crecimiento en el que llega a ser un árbol abierto a todos.
• El Reino de Dios es semejante a la levadura. La levadura se esconde en tres medidas de harina. En la cultura hebrea, la levadura era considerada un factor de corrupción, hasta el punto que se eliminaba en las casas para no contaminar la fiesta de Pascua, que justamente empezaba la semana de los ázimos. El uso de este elemento negativo para describir el Reino de Dios era un motivo de perturbación para los oídos de los judíos. Pero el lector percibe su fuerza convincente: es suficiente meter una pequeña cantidad de levadura en tres medidas de harina para conseguir una gran cantidad de pasta. Jesús anuncia que esta levadura, escondida o desaparecida en las tres medidas de harina, después de un tiempo, hace crecer la masa.
• Efectos del texto en el lector. ¿Qué nos dicen a nosotros estas dos parábolas? El Reino de Dios, comparado por Jesús a una semilla que se convierte en árbol, nos acerca a la historia de Dios como la historia de su Palabra: está escondida en la historia humana y va creciendo; Lucas piensa en la Palabra de Jesús (el reino de Dios está en medio de vosotros) que ya está creciendo pero que todavía no se ha convertido en árbol. Jesús y el Espíritu Santo están dando soporte a este crecimiento de la palabra. La imagen de la levadura completa el cuadro de la semilla. La levadura es el Evangelio que actúa en el mundo, en la comunidad eclesial y en cada creyente.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Eres consciente de que el Reino de Dios está presente en medio de nosotros y que crece de manera misteriosa difundiéndose en la historia de cada hombre, en la Iglesia?

• El Reino es una realidad humilde, escondida, pobre y silenciosa, mezclado con las luchas y placeres de la vida. ¿Has aprendido en las dos parábolas que sólo verás el reino en ti si adoptas una actitud de servicio humilde y de escucha silenciosa?
 
5) Oración final
¡Dichosos los que temen a Yahvé

y recorren todos sus caminos!
Del trabajo de tus manos comerás,
¡dichoso tú, que todo te irá bien! (Sal 128,1-2)

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Nos presentamos ante ti, Padre, como comunidad de hermanos, iguales en dignidad, diversos en el servicio. Y de esta manera te presentamos hoy nuestras peticiones:

• Por el papa, por los obispos y cardenales, por los sacerdotes y diáconos, por todos quienes han recibido el sacramento de la ordenación sacerdotal. Que vivan su ministerio desde la honradez, la sencillez, la pobreza, la limpieza de corazón y el servicio desinteresado a todas las comunidades.

• Por la Curia de Roma y todas las Curias episcopales. Que, atentos a la llamada del papa Francisco, redoblen sus esfuerzos para la necesaria reforma de la Iglesia y no pongan trabas a todo lo iniciado en estos años.

• Por todos los agentes de pastoral, que realicen su ministerio con verdadera ilusión y entrega, sin desfallecer ante las di cultades de la sociedad en la que vivimos.

• Por todos los laicos, para que reavivemos el sentido del “sacerdocio común” en toda su dignidad, responsabilidad y participación, sin dejarnos amilanar por un clericalismo que todavía permanece en muchas de nuestras iglesias y comunidades.

• Que nos vivamos todos, en la Iglesia, como iguales, hermanos todos sin prevalencia de unos sobre otros, hijos de un único Dios, Padre de todos.

Escucha, Padre, nuestra oración de hoy. Ayúdanos a ser verdadera iglesia, comunidad de hermanos, testimonio ante el mundo de una nueva sociedad.

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La realidad concreta del ministerio consagrado.

La palabra de Dios de este Domingo continúa ofreciendo las mismas claves de las últimas semanas: el hecho de vivir en medio del mundo implica el riesgo de ser atrapados por las amenazas de ese mundo. Sin embargo, en este domingo, la Palabra desciende y se concreta en el ministerio consagrado, en el sacerdocio y en el ministerio evangelizador. (Es bueno comenzar por la conversión del corazón del que predica la Palabra). En los textos aparecen claras denuncias sobre el ejercicio del sacerdocio del Antiguo Testamento y se da un paso más, ofreciendo propuestas de cómo vivir el sacerdocio del Nuevo Testamento siguiendo el estilo marcado por Jesucristo “Sumo y Eterno Sacerdote”. Es una buena ocasión para re exionar tanto sobre la esencia misma del ministerio consagrado como sobre la de cualquier ministerio evangelizador en las comunidades. No es algo que solo concierne al presbítero o pastor, sino a toda la comunidad, pues el sacerdote, surge de la comunidad, vive en la comunidad, se ofrece a Dios en la comunidad y se consagra a ella, haciendo del don recibido una tarea evangelizadora. El sacerdote vive inmerso en la misma sociedad plural y se ve amenazado por las mismas trampas.

Si queremos encontrar una radiografía de las debilidades en las que hoy vive en el sacerdocio podemos encontrarla en diversos textos del Papa Francisco, quien no ha escatimado palabras duras señalándolas, siguiendo el estilo contundente que vemos utilizan Malaquías o el mismo Jesucristo en el evangelio. Francisco ha lamentado y acusado, señalando con el dedo las lacras del sacerdocio hoy: el clericalismo como casta separada y aislada del mundo; el carrerismo en el clero; los abusos sexuales a menores; la escasa madurez afectiva que lleva a consecuencias desastrosas; el apego al dinero; el ministerio vivido como actividad funcionarial; el rigorismo legalista; el peligro de banalización en las celebraciones sacramentales; el ritualismo riguroso; la escasa predisposición a la oración; la lejanía de los pobres; el olvido de las periferias. En los textos del Papa se puede encontrar el mejor mapa de la realidad sacerdotal que hay que renovar a diario.

Las propuestas de la Palabra de Dios para renovar el “don recibido por la imposición de manos”.

En Pablo encontramos, de nuevo, algunas propuestas para recuperar la ilusión y el ardor sacerdotal, avivando así la gracia del ministerio recibido y acogido como “amor primero”. Son propuestas que pueden servir, tanto para los sacerdotes, como para los agentes de pastoral que trabajan en las comunidades cristianas en diversas responsabilidades pastorales (catequistas, animadores de liturgia, grupos de oración, equipos de caridad y desarrollo humano). Son palabras que pueden ayudarnos a todos a vivir una comunidad evangelizadora en la que el presbítero pueda sentirse acogido, corregido, alentado y ayudado, de forma que realice su servicio, junto al resto de la pequeña comunidad, núcleo dinamizador de evangelización. Son propuestas para hacer que el ministerio, vivido en la comunidad, pueda servir como alternativa a los caminos que hoy destruyen las entrañas de la Humanidad, arrancando de ellas las razones para vivir y lanzándolas a un espiral de odio y exclusión.

Convendría estar atentos y ofrecer algunas de estas propuestas que hoy encontramos en los textos de la Escritura que se proclaman este domingo:

a) Servir con delicadeza y dulzura debe de ser una clave de situarse en medio de las gentes, acostumbradas a formas violentas, soeces, ofensivas y superficiales. Son éstas dos cualidades con las que el agente evangelizador, empezando por el ministro consagrado, ha de presentarse en medio del mundo hoy, pues suelen servir para abrir muchas mazmorras en las que, desesperados, han sido arrojados muchos hermanos.

b) La fuerza del testimonio personal del pastor. Pablo lo explica poniéndose él mismo como ejemplo y recordándoles, a los cristianos a los que les escribe, cómo él, no solo les entregó el Evangelio, sino la “vida entera”. Un momento oportuno para re exionar sobre la profundidad de nuestros “tiempos” dedicados al ministerio, como “una cosa más que hacer por estar anotada en la agenda”, o por el contrario, como una entrega que “con gura por entero la agenda”.

c) Vivir el “tiempo” de Dios. Es importante repasar nuestros “tiempos”. Pablo no escatima horas, sino que predica “día y noche; a tiempo y a destiempo”, sin horarios, más allá de los planes, en los márgenes de la o cialidad de la agenda. Se trata de vivir un estilo nuevo y una nueva forma de entender el tiempo hasta el punto de llegar a “destrozar” el “tiempo del reloj” para ofrecer un “tiempo en plenitud”, frente a un tiempo “cosificado” que solo se valora desde las claves mercantilistas propias del “funcionariado”.

d) Responsable presentación del Mensaje, no del Mensajero. Hay que cuidarse del “protagonismo” de quien solo ha de ser instrumento y medio, pero no fin y objetivo. “A nadie llaméis Padre…a nadie llaméis Maestro….Solo Dios es el Padre y el Maestro”. Por desgracia, en muchas ocasiones “los personalismos del mensajero” acaban por minar la frescura y libertad del “mensaje” que como Buena Noticia ha de llegar al corazón de quienes escuchan.

e) Oración desde la sencillez y el silencio. Hay un antídoto contra esta plaga de “personalismo” y con- tra un estilo “egoísta” de vivir el ministerio consagrado o el ministerio eclesial, en sus más diversas capas, desde el sacerdote hasta el laico. Es la oración expresada y elevada al Padre desde el silencio y desde la sencillez, tal y como nos indica el salmo. Una reposada oración con este salmo pudiera aconsejarse para la semana. “Señor, mi corazón no es ambicioso ni altanero…”

Juan Rubio Fernández

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194. Es un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermenéutica eclesial tiene derecho a relativizarlo. La reflexión de la Iglesia sobre estos textos no debería oscurecer o debilitar su sentido exhortativo, sino más bien ayudar a asumirlos con valentía y fervor. ¿Para qué complicar lo que es tan simple? Los aparatos conceptuales están para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella. Esto vale sobre todo para las exhortaciones bíblicas que invitan con tanta contundencia al amor fraterno, al servicio humilde y generoso, a la justicia, a la misericordia con el pobre. Jesús nos enseñó este camino de reconocimiento del otro con sus palabras y con sus gestos. ¿Para qué oscurecer lo que es tan claro? No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen»[161].


[161] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Libertatis nuntius (6 agosto 1984), XI, 18: AAS 76 (1984), 907-908.

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Las controversias que Jesús ha mantenido con los dirigentes del pueblo terminan con el rechazo frontal a sus enseñanzas y a sus pretensiones mesiánicas. Su respuesta a este rechazo es un duro discurso contra ellos. Dirigido a la gente y a los discípulos, seguramente en presencia de los líderes del pueblo, es una fuerte crítica a las actitudes y manera de vivir de sus adversarios. Está centrado en los maestros de la ley y los fariseos en conjunto, representando ellos a todos los líderes del pueblo.

La primera parte de este discurso es una denuncia de la hipocresía que viven los maestros de la ley y los fariseos en contraposición con el estilo de vida nueva inaugurado por Jesús. Un primer bloque de palabras se dirige a la gente en general, mientras que el segundo va dirigido expresamente a los discípulos. En el trasfondo hay una seria advertencia a las comunidades para no caer en las mismas actitudes que ahora se critican.

Jesús reconoce la autoridad de los maestros de la ley y los fariseos en el estudio e interpretación de la ley: «están sentados en la cátedra de Moisés». Por eso indica a la gente que deben obedecerles y hacer lo que ellos enseñan. Resulta extraño este reconocimiento después de que en otros momentos les ha llamado «ciegos y guías de ciegos» y ha prevenido frente a «la levadura de los fariseos», es decir, sus enseñanzas. No obstante, las palabras que dice a continuación van a reforzar las denuncias que ya había hecho.

El objeto de la crítica es su hipocresía, «no hacer lo que dicen». No son un modelo, un ejemplo de vida en sus acciones. Su doctrina es conforme a la ley, pero su vida no cumple la voluntad de Dios. Y, además, obligan a la gente a que se esfuercen en cumplirla. No son modelo de conducta; aunque sean conocedores de la ley y los profetas: «no hagáis lo que ellos hacen».

Tres motivos ilustran esta crítica: «cargan pesados fardos sobre la espalda de la gente», su interpretación de la ley es dura y difícil de sobrellevar y cumplir, y ellos no hacen nada por ayudar a soportar este peso. Contrasta con las palabras de Jesús que ofrece un «yugo llevadero y una carga ligera» e invita a acercarse a él y «encontrar alivio y descanso». El segundo motivo es que «hacen las cosas para que los vean los hombres». Sus actitudes no son sinceras, buscan su propio bien y no hacen las cosas en favor de los demás. Por último, buscan en todo su prestigio y reconocimiento, ser llamados «maestro», utilizando esta autoridad en beneficio y ventaja personal.

El segundo momento comienza con un enfático “vosotros” dirigido a los discípulos. Se trata de tres advertencias que apuntan al estilo de vida nueva predicado por Jesús. En ellas se re ejan serias llamadas de atención a los “líderes” y responsables de las comunidades. Son tres advertencias en negativo: «no os dejéis llamar maestro – padre – guía», con tres razones que las justifican: «uno solo es vuestro maestro – uno solo es vuestro padre del cielo – uno solo es el guía: Cristo Jesús». Somos hijos del mismo Padre y todos somos hermanos.

Este nuevo estilo de vida, en contraste con el de los maestros de la ley y los fariseos, tiene una norma fundamental: servir. Es el elemento diferenciador de la comunidad cristiana, vivir al servicio del otro, de la humanidad, de los pobres y olvidados. Así lo enseñó y lo vivió Jesús, el Maestro y Señor. Por eso, «el que se ensalce será humillado y el que se humilla será ensalzado».

Óscar de la Fuente de la Fuente

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Escuchamos hoy en la segunda lectura dos pasajes del capítulo 2 de 1 Tesalonicenses (los versículos intermedios han sido escamoteados en la versión litúrgica). En el primero de ellos (versículos 7b-9), podríamos decir que el apóstol habla «con el corazón en la mano»: es uno de esos momentos, frecuentes en su correspondencia, en los que expresa sus sentimientos (negativos o, como en este caso, positivos) de modo muy claro y directo.

Evocando los comienzos de la Iglesia en Tesalónica, bastante recientes cuando se escribe esta carta, y su propia actitud como evangelizador, Pablo acude a una comparación de contenido intensamente afectivo, como es la imagen maternal: «Nos portamos con delicadeza entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos». Continúa en la misma línea en la frase siguiente: «Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor».

La construcción de la comunidad de Tesalónica ha sido posible, pues, gracias a la creación de lazos humanos fuertes entre evangelizador y evangelizados. Pero Pablo recuerda también el coste de ese amor entregado: «Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas: trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el evangelio de Dios». Gracias a los Hechos de los apóstoles conocemos algo más de esos «esfuerzos y fatigas»: parece ser que los judíos de Tesalónica pusieron bastantes obstáculos al anuncio del evangelio en la ciudad (Hch 17, 5-9).

La declarada intención de «no ser gravosos a nadie» concuerda con lo que sabemos por otros textos neotestamentarios. El apóstol trabajaba con sus manos para ganarse el sustento (Hch 18,3; 1 Cor 4,12) y, aun reconociendo el derecho de los misioneros a su subsistencia, tenía a gala no pedir nunca ayuda económica a las comunidades que iba fundando (1 Cor 9,15-18; 2 Cor 11,7-9; 2 Tes 3,7-9), si bien aceptó la que le ofrecieron espontáneamente sus queridos lipenses.

Los versículos suprimidos (10-12) abundan en consideraciones semejantes, cambiando ahora la imagen materna por la paterna («… lo mismo que un padre con sus hijos, nosotros os exhortábamos a cada uno…»). Tras esto, el versículo 13, con el que concluye la lectura de hoy, es una expresión de agradecimiento: «Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar porque, al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes».

Hay aquí una afirmación fuerte del valor de la predicación evangélica (no solo palabra humana, sino palabra de Dios) y de su fuerza transformadora en el co- razón de los creyentes.

Acogida de la palabra y amor fraterno parecen ser, para Pablo, las señas de identidad de toda comunidad cristiana.

José Luis Vázquez Pérez, S.J.

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