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Archive for 1/10/17

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?

¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Ts 2, 13-14

Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No todo el que me diga: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No todo el que me diga: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial. Aleluya.

PRECES

Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que manifiestas tu poder de una manera admirable sobre todo cuando perdonas y ejerces tu misericordia, infunde constantemente tu gracia en nosotros, para que, tendiendo hacia lo que nos prometes, consigamos los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Estamos [con] este domingo escuchando las parábolas de la viña, donde Jesús nos dice todo tipo de actitudes que tenemos que tener ante el trabajo del Reino. Y hoy nos da otra lección, otra parábola con el mismo tema, con el tema de la viña, como el domingo pasado, y nos lo hace a través de un padre que envía a sus dos hijos y vemos la respuesta de cada uno. Escuchemos con atención el Evangelio de Mateo, capítulo 21, versículo 28-32:

“¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». Él le contestó: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor». Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. Contestaron: “El primero”. Jesús les dijo: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis”.

Mt 21, 28-32

Como decíamos, en estas tres parábolas Jesús nos habla de actitudes, de formas de llamada, y vemos cómo nos llama a trabajar en su viña, en el campo del mundo, donde Él nos ha colocado; pero hoy nos habla de rechazo también. Y vemos dos tipos, dos grupos: un padre que llama a sus dos hijos a trabajar. Uno le da la negativa y le dice que no quiere ir a su viña, —“no quiero”—, y luego recapacita y va; y otro le dice: “Voy, señor”, y no fue. Y Él nos hace la comparación de dos grupos: el grupo de los dirigentes religiosos, de su pueblo Israel, como dice ahí el texto, que dicen “sí” a Dios pero no van, no dicen “sí” a Jesús; y sin embargo los pecadores, los publicanos, las prostitutas, parece que dicen “no”, pero después actúan y van.

Y en estos dos tipos de pueblo estamos reflejados cada uno de nosotros, querido amigo. Muchas veces Jesús nos llama y siempre nos está llamando y le decimos “sí”, pero después no hacemos nada; y otras veces le decimos “no” y vamos. A Dios le duelen estas actitudes y a Dios le duele que actuemos así ante su invitación a trabajar en el Reino. Nos quedamos con simples palabras pero después nuestras obras no son ejemplares, nos fiamos de la opinión de la gente, corregimos nuestros errores pero conforme a lo que los demás dicen… Y a Dios le duele esto porque abusamos de su bondad, porque no acogemos su llamada, porque no vamos a su viña con alegría y entusiasmo.

El Evangelio de hoy nos dice cómo tenemos que responder. Es una exigencia de nuestra forma de hacer: el decir “sí” pero con todas las consecuencias, el decir “sí” pero conscientes de la responsabilidad del trabajo del Señor, del trabajo que Él quiere que hagamos. Tenemos que ser responsables del trabajo y del regalo que Dios nos da. ¿Cómo vamos de responsabilidad? Dos posibilidades tenemos, como estos dos hijos. El Padre, Jesús, nos llama… y le duele. “Voy, Señor”, pero no, no vamos. “No voy”, y luego vamos.

Y, querido amigo, me pregunto y te pregunto: ¿a qué retrato de los dos hijos nos parecemos nosotros? Quizás al segundo. Creemos estar al lado de Dios, creemos que hacemos su voluntad, pero ante cualquier conflicto vamos detrás de nuestros deseos y caprichos. Podemos decir, como dice el texto de Mateo, “sí” con la boca, “no” con la conducta. Y nos parecemos a aquellos que dicen y no hacen. Tenemos que pedirle mucho responsabilidad del trabajo. Jesús nos deja libres, pero nos entrega el regalo del trabajo y depende de nosotros si somos capaces de actuar, si somos capaces de ser fuertes en el trabajo. Nos enseña que Dios nos ama siempre y nos invita siempre a unirnos a su amor, a decir “sí” y tendremos nuestra recompensa, pero no por la recompensa, sino por el amor que Él nos tiene.

Reflexionemos, querido amigo, con esta parábola, cómo es nuestra responsabilidad, cómo es nuestro trabajo, qué hacemos en el Reino, cómo actuamos en cada momento. Le tenemos que pedir que comprenda nuestra debilidad, pero que nos ayude, que nos dé esa confianza, pero que tenga paciencia. Le vamos a pedir no ser incoherentes con nuestra vida, cumplir lo que Dios nos dice, pero con todas las consecuencias. Reflexionemos [sobre] nuestra responsabilidad, nuestras faltas de inconstancia, de incoherencia; cómo es nuestra vida, qué tipo de hijo soy, cómo respondo a mi Padre que me está llamando continuamente a trabajar.

Reflexionemos seriamente en este encuentro y junto a la Virgen y junto a Él prometámosle ser fieles, ser responsables, responder a lo que Él nos da, decir “sí” con todas las consecuencias, amar con todas las consecuencias, trabajar con todas las consecuencias; porque los publicanos y las prostitutas son los que llevan el estilo de vida. Nuestros orgullos, nuestros juicios, nuestras formas imposibles hacen extremadamente difícil que cumplamos la voluntad de Dios. Quedémonos reflexionando mucho sobre este texto de Jesús, que a través de este Padre nos dice cómo tenemos que actuar y lo que le duele de nuestras actitudes.

Reflexionemos con amor y quedémonos en silencio viendo cómo es nuestra vida. Y le pedimos fuerza para no ser como este hijo que dice “sí” y luego no hace nada. Que nuestra vida sea responsable con obras, coherente, constante y sin estridencias. El amor es así: entrega todo con todas las consecuencias.

¡Que así sea, mi querido amigo!

Francisca Sierra Gómez

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Para Dios no quedan los hombres divididos en dos categorías: los buenos y los malos. Para Él, todos son sus hijos. Todos son pecadores, en camino, siempre capaces de caer de nuevo. Pero también llamados a una nueva conversión, y por ello capaces siempre de una nueva conversión.

En la sociedad en que Jesús vivía, no eran los “pecadores” simplemente personas que hubieran cometido alguna falta grave. Constituían una clase social. De hecho eran proscritos. Quienquiera que, por una u otra razón se hubiera desviado de la ley y de las costumbres de la clase media (clase que estaba constituida por personas instruidas y virtuosas, por los escribas y fariseos) era tratado como alguien que perteneciera a una clase inferior. Los pecadores pertenecía, por consiguiente, a una clase social bien definida, clase a la que pertenecían asimismo los pobres en el sentido más amplio de la expresión.

Esta clase comprendía a cuantos ejercían una profesión inmoral o impura: las prostitutas, los recaudadores de impuestos y los usureros. Formaban parte de la misma asimismo quienes no pagaban el diezmo a los sacerdotes y quienes eran negligentes en lo referente al reposo sabático y a las prescripciones de pureza ritual. Tan complejas eran las leyes y las costumbres en esta materia que las personas que no tenían instrucción eran incapaces de comprender lo que de ellas se podía esperar. Los ignorantes eran inevitablemente personas sin ley e inmorales y eran consideradas por los fariseos como pecadores.

A ello hay que añadir que era casi imposible el salir de esa situación. En teoría se daba para la prostituta la posibilidad de quedar purificada, pero ello había de hacerse a través de un proceso sumamente elaborado de penitencia, de purificaciones y de expiación. Pero esto costaba mucho dinero, y claro está, no podía ella utilizar con esa finalidad el dinero que ganaba con su oficio…Cosa parecida sucedía con los recaudadores de impuestos. Se les exigía que restituyeran a todas las personas a las que hubieran defraudado, cuanto les habían cogido, más un quinto. La persona sin instrucción tenía que pasar por una largo proceso de instrucción antes de que se la pudiera considerar ”purificada”. En concreto, el ser pecador constituía el destino de determinadas personas Algunas de ellas se veían condenadas a esta situación inferior por obra del destino o por el mismo Dios.. En este sentido, los pecadores eran prisioneros. Se les negaba toda clase de responsabilidad en una sociedad sumamente preocupada por las clases.

¿Qué hace Jesús? Se mezcla con los pecadores y de esta manera les devuelve su respetabilidad. Se esfuerza por mezclarse socialmente con los recaudadores de impuestos y con las prostitutas. Come con ellos. Y una vez que ellos/ellas manifiestan la menor apertura sincera del corazón. les dice que sus pecados les han sido perdonados. La expresión griega que se utiliza para “perdonar” significa “restablecer”, “relajar”, “liberar”. Perdonar a alguien equivale a liberarlo del dominio de la vida pasada. Cuando es Dios quien perdona, ignora el pasado de la persona a la que perdona y suprime las consecuencias tanto presentes como futuras de las transgresiones del pasado.

Los gestos de amistad de Jesús para con esas personas manifiestan con toda claridad qué tenía en el espíritu y en el corazón. Ignoraba su pasado. Consideraba a esas personas como personas que no tenían ya deuda alguna con Dios y que por consiguiente no merecían ya verse rechazadas o castigadas. Estaban sencillamente perdonadas.

Jesús proclama, y no solamente por las palabras del Evangelio de hoy, sino también por su actitud general, que quienquiera que diga “no” a Dios puede por Su gracia transformar ese “No” en un “Sí”. Y que una persona que en este momento – o pensando en hacerlo – dice “Sí”, no tiene de qué enorgullecerse, ya que ese “Sí” es más frágil cuanto más soberbio.

A. Veilleux

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Hechos que no palabras

Que las palabras no sirven de nada si no vienen refrendadas por los hechos, es lección que mamé desde niño con mi primer “pelargón”. Se asemejan a esas hojas que, en otoño, se desprenden de las ramas de los árboles para emprender un viaje desganado, indolente, aburrido, sin rumbo, siendo recibidas finalmente por el suelo. Ya el refrán recogió el mensaje: “Obras son amores, que no buenas razones”. Y las pancartas reivindicativas que se pasean a diario por nuestras calles reclaman con fuerza: “¡Cansados de palabras, queremos hechos!”.

Creo no descubrir nada nuevo si afirmo que, en una familia cualquiera, no todos los hijos son iguales. Lo comprobamos, una vez más, en la parábola del evangelio de hoy. Un padre que tenía dos hijos le dijo al primero: “Hijo, hoy tienes que ir a trabajar a la viña”. Le respondió el muchacho: “No quiero ir”, pero más tarde cambió de idea y fue. El mismo requerimiento le hizo al otro hijo. Éste le contestó: “Sí, padre iré”. Pero no fue… Y Jesús alabó la conducta del primero porque fue quien cumplió deseo de su padre.

A lo largo de la vida, en muchas instituciones, parroquias, grupos, colectividades de todo género, constatamos que hay personas que, cuando se solicita algún voluntario para cualquier cometido, enseguida levantan la mano, se ofrecen y se comprometen; lo de que “se comprometen” es un decir, porque me refiero a aquellos que luego se escaquean, no pueden, tienen alguna consulta médica, algún familiar delicado de salud, o sencillamente habían concertado hora con el dentista... Existen otros, por el contrario, que quizá no levanten la mano alegremente, sino que quieren pensárselo con seriedad y cordura y que, una vez reflexionada la cuestión, responden afirmativamente a la llamada. Estos son los que agradan a Dios porque la evidencia de los hechos es siempre superior al oropel fantasioso de las palabras.

A continuación, Jesús explicó la parábola con la sentencia más desconcertante que jamás había escuchado el gentío que le seguía: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán en el reino de Dios antes que vosotros”. Y lo razonó: “Porque vino Juan mostrándoos el camino de salvación, y no le creísteis; en cambio, sí creyeron los publicanos y las prostitutas. Y vosotros, ni aun viendo esto, quisisteis cambiar de actitud y creerle”… Esta preferencia que el Maestro otorga a los publicanos y las prostitutas no debe entenderse como un elogio al enriquecimiento injusto o al comercio del sexo, sino que pretende ensalzar la actitud dócil y receptiva de la gente sencilla y marginada. Él vino al mundo a redimir al pobre y liberarlo de cualquier esclavitud, a sanar enfermos y a. devolver la alegría a quienes la perdieron, o nunca la conocieron. Y a modo de ejemplo, como más representativos de la pobreza y la esclavitud, citó a los pecadores, eligiendo los dos prototipos más espectaculares de la condición de pecador: los publicanos y las prostitutas. Al fin y al cabo, estos, y estas, fueron quienes mejor comprendieron el mensaje de Jesús: que no se trata de utilizar palabrerías estériles, sino de predicar con los hechos, que son los que mejor evidencian que se ha captado el recado de Jesús.

 Pedro Mari Zalbide

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164. Hemos redescubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o «kerygma», que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte». Cuando a este primer anuncio se le llama «primero», eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos[126]. Por ello, también «el sacerdote, como la Iglesia, debe crecer en la conciencia de su permanente necesidad de ser evangelizado»[127].


[126] Cf. Propositio 9.

[127] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 26: AAS 84 (1992), 698.

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Lectio: Domingo, 1 Octubre, 2017

La parábola de los dos hijos
¡Desobediencia obediente y obediencia desobediente!
Mateo 21,28-32

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

Jesús narra un hecho muy frecuente en la vida de familia. Un hijo dice a su padre: “¡Voy!”, pero luego no va. Otro hijo le dice: “¡No voy!”, pero luego va. Jesús pide a sus oyentes que presten atención y que den su parecer. Por esto, durante la lectura, prestamos atención para descubrir el punto exacto sobre el cuál quiere Jesús reclamar nuestra atención.

Mateo 21,28-32

b) Una división del texto para ayudar a la lectura:

Mat 21, 28-31ª :
La comparación en sí misma
Mat 21, 31b-32: La aplicación de la comparación

c) El texto:

28-31a: «Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.' Y él respondió:No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» -«El primero»- le dicen.
31b-32: Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la reflexión personal.

a) ¿Qué punto de esta historia de los dos hijos ha llamado más tu atención?¿Por qué?
b) ¿Quiénes son los oyentes a los que Jesús se dirige? ¿Cuál es el motivo que lo ha llevado a proponer esta parábola?
c) ¿Cuál es el punto central que Jesús subraya en la conducta de los dos hijos?
d) ¿Qué tipo de obediencia recomienda Jesús a través de esta parábola?
e) ¿En qué consiste exactamente la precedencia de las prostitutas y de los publicanos respecto a los sacerdotes y a los ancianos?
f) Y yo ¿dónde me coloco? ¿ Entre las prostitutas o entre los sacerdotes y ancianos?

5. Una clave de lectura

para aquéllos que quieran profundizar más en el tema.

a) El contexto en el cual el evangelio de Mateo conserva estas palabras de Jesús (Mateo: capítulos 18-23):

* El contexto del evangelio de Mateo en el cual se encuentra esta parábola es el de la tensión y el del peligro. Después del Discurso de la Comunidad (Mt 18, 1-35), Jesús se aleja de la Galilea, atraviesa el Jordán e inicia su último viaje hacia Jerusalén (Mt 19,1). Mucho antes Él había dicho que debía andar a Jerusalén para ser apresado y muerto y después resucitar (Mt 16, 21; 17, 22-23). Pues ahora ha llegado el momento de subir hasta la Capital y afrontar la prisión y la muerte (Mt 20, 17-19).

* Habiendo llegado a Jerusalén, Jesús se convierte en motivo de conflicto. Por un lado el pueblo que lo acoge con júbilo (Mt 21, 1-11). Hasta los niños lo acogen cuando, en un gesto profético, expulsa a los vendedores del templo y cura a ciegos y cojos (Mt 21, 12-15) Por el otro lado los sacerdotes y doctores que lo critican. Piden ellos que mande a los niños que cierren su boca (Mt 21, 15-16) La situación es tan tensa, que Jesús debe pasar la noche fuera de la ciudad (Mt 21, 17; cfr Jn 11, 53-54). Mas al día siguiente, muy de mañana, regresa y sobre la calle que lleva al templo maldice a una higuera, símbolo de la ciudad de Jerusalén: árbol sin fruto, sólo con hojas (Mt 21, 18-22). Después entra en el templo y comienza a enseñar al pueblo.

* Mientras está hablando al pueblo llegan las autoridades para discutir con Él y Jesús les hace frente uno por uno (Mt 21, 33; 22, 45): los sumos sacerdotes y los ancianos (Mt 21, 23), los fariseos (Mt 21, 45; 22, 41), los discípulos de los fariseos y de los herodianos (Mt 22, 16), los saduceos (Mt 22, 23), los doctores de la ley (Mt 22, 35). Finalmente Jesús hace una larga y durísima denuncia contra los escribas y fariseos (Mt 23, 1-36) y una breve y trágica acusación contra Jerusalén, la ciudad que no se convierte (Mt 23, 37-39). Es en este contexto cargado de tensión y peligroso, cuando Jesús pronuncia la parábola de los dos hijos que estamos meditando.

b) Comentario de las palabras de Jesús conservadas por Mateo:

Mateo 21, 28-30 Un ejemplo tomado de la vida familiar

* ¿Qué os parece? La pregunta es provocativa. Jesús pide a sus oyentes que presten atención y den una respuesta. En el contexto en el que se encuentra la parábola, los oyentes invitados a decir su opinión son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 21, 23). Son los mismos que, por miedo del pueblo, no han querido responder a la pregunta sobre el origen del bautismo de Juan el Bautista: si venía del cielo o de la tierra (Mt 21, 24-27). Los mismos que después buscarán un modo de apresarlo (Mt 21, 45-46).

* Un hombre tenía dos hijos. Jesús narra el caso de un padre de familia que dice al primer hijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. El joven respondió: “Voy”, pero luego no fue. El padre dice la misma cosa al segundo hijo. Este responde: “No voy”, pero luego fue. Los oyentes, también ellos padres de familia, debían conocer este hecho por experiencia propia.

* ¿Cuál de los dos hijos ha hecho la voluntad del padre? Aquí Jesús termina la parábola aclarando la pregunta inicial. La respuesta de los sacerdotes y de los ancianos surge rápida: ¡El segundo! La respuesta brota pronto porque se trataba de una situación familiar bien conocida y evidente, vivida por ellos mismos en su propia familia y, muy probablemente, practicada por todos ellos (y también por nosotros) cuando eran jóvenes. Así, en la realidad, la repuesta era un juicio, no sobre los dos hijos de la parábola, sino sobre ellos. Respondiendo el segundo, ellos daban un juicio sobre sus propias conductas. Porque, en el pasado, muchas veces habían dicho al padre: “No voy”, pero bajo la presión del ambiente o del remordimiento, terminaban por hacer lo que el padre pedía. En la repuesta ellos se muestran como si fuesen hijos obedientes.

* Ahora, y en esto consiste exactamente la función o “la trampa” de la parábola: llevar a los oyentes a sentirse comprometidos en la historia, para que, usando como criterio la propia experiencia de vida, hagan un juicio de valor frente a la historia narrada en la parábola. Este juicio funcionará enseguida como clave para aplicar la parábola a la realidad. El mismo procedimiento didáctico se verifica en las parábolas de la viña (Mt 21,41-46) y la de los dos deudores (Lc 7, 40-46).

Mateo 21, 31-32: La aplicación de la parábola

* En verdad os digo que las prostitutas y los publicanos os preceden en el Reino de Dios. Usando como clave la respuesta dada por los mismos sacerdotes y ancianos, Jesús aplica la parábola al silencio pecaminoso de sus oyentes de frente al mensaje de Juan Bautista. La respuesta que habían dado se convierte en la sentencia de su misma condena. En línea con esta sentencia los publicanos y las prostitutas son aquéllos, que inicialmente, habían dicho no al padre y que luego habían terminado por hacer la voluntad del padre, porque habían recibido y aceptado el mensaje de Juan Bautista, como proveniente de Dios. Mientras ellos, los sacerdotes y ancianos, son aquéllos, que inicialmente habían dicho al padre, pero no habían hecho lo que el padre quería, porque no quisieron acptar el mensaje de Juan Bautista, ni siquiera delante de tanta gente que lo aceptaba como mensajero de Dios.

* Así, por medio de la parábola, Jesús lo cambia todo: aquéllos que eran considerados transgresores de la ley y condenados por esto, eran en verdad los que habían obedecido a Dios e intentaban recorrer el camino de la justicia, mientras los que se consideraban obedientes a la ley de Dios, eran en verdad los que desobedecían a Dios.

* El motivo de este juicio tan severo por parte de Jesús está en el hecho de que las autoridades religiosas, sacerdotes y ancianos, no querían creer que Juan Bautista hubiese venido de parte de Dios. Los publicanos y las prostitutas, por el contrario, lo habían creído. Esto significa que para Jesús la mirada contemplativa – o sea, la capacidad de reconocer la presencia activa de Dios en las personas y en las cosas de la vida – no estaba en los sacerdotes y mucho menos en los jefes, sino en las personas despreciadas como pecadores e impuros. Se puede entender por qué estas autoridades decidieron prender y matar a Jesús, de hecho, “oyendo esta parábola entendieron que Jesús hablaba de ellos” (Mt 21, 45-46).

* Quien quisiese aplicar esta parábola hoy, provocaría, probablemente, la misma rabia que Jesús provocó con su conclusión. Hoy sucede lo mismo. Prostitutas, pecadores, pobres, ignorantes, mujeres, niños, laicos, laicas, obreros, indios, negros, presos, homosexuales, enfermos del sida, drogados, divorciados, sacerdotes casados, herejes, ateos, trabajadoras, madres jóvenes, parados, analfabetos, enfermos, es decir, todas las categorías de personas que son por lo general marginadas, como no perteneciente al círculo religioso, estas personas, muchas veces, tienen una mirada más atenta para percibir el camino de la justicia, que la que conseguimos los que vivimos todo el día en la iglesia y formamos parte de la jerarquía religiosa. Por el hecho de que una persona pertenece a una jerarquía religiosa, no por esto posee la mirada pura que permite percibir las cosas de Dios en la vida.

Iluminando las palabras de Jesús

* Una nueva manera de enseñar al pueblo y de hablar de Dios.
Jesús no era una persona que había estudiado (Jn 7, 15). No había frecuentado, como el apóstol Pablo ( Act 23, 3) la escuela superior de Jerusalén. El provenía del interior, de Nazaret, un pequeño pueblo de la Galilea. Ahora, llegando a Jerusalén, sin pedir permiso a las autoridades, este carpintero de Galilea, había comenzado a enseñar al pueblo ¡en la plaza del templo! Decía cosas nuevas. ¡Hablaba de un modo diverso, divino! El pueblo estaba impresionado por el modo de enseñar de Jesús: “Una nueva doctrina. Enseñada con autoridad. Diferente de los escribas” (Mc 1,22-27). Enseñar era lo que más hacía Jesús, era su costumbre. Muchas veces los evangelistas dicen que Jesús enseñaba. Aunque no siempre dicen el contenido de la enseñanza, no es por que no tuviese interés el contenido, sino porque el contenido aparece no sólo en sus palabras, sino en sus gestos y en la misma manera de comportarse con el pueblo. El contenido nunca está desligado de la persona que lo comunica. La bondad y el amor que aparecen en sus gestos y en su manera de estar con los otros son parte del contenido.

* La enseñanza por medio de parábolas
Jesús acostumbraba a enseñar por medio de parábolas. Tenía una capacidad extraordinaria de encontrar comparaciones para explicar las cosas de Dios, que no son tan evidentes, a través de cosas sencillas y evidentes de la vida que el pueblo conocía y experimentaba en su lucha cotidiana por sobrevivir. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida y estar dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios.
Por lo general no explica las parábolas, sino que dice: “¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!” O sea: “¡Está bien, habéis oído Ahora tratar de entender!”. Por ejemplo, el agricultor que escucha la parábola de la semilla, dice: “La simiente arrojada en el terreno, yo sé qué cosa es. Pero Jesús ha dicho que esto tiene que ver con el Reino de Dios. ¿Qué querrá decir?” Y por aquí se puede imaginar las largas discusiones y conversaciones del pueblo. Una vez un obispo preguntó en la comunidad: “Jesús dice que debemos ser como sal ¿Para qué sirve la sal?” Discutieron y al final la comunidad encontró más de diez usos de la sal. De aquí aplicaron todo a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó!
En algunas parábolas suceden cosas que por lo regular no suceden en la vida. Por ejemplo, ¿cuándo se ha visto que un pastor de cien ovejas abandone las noventa y nueve para buscar la única que se ha perdido? (Lc 15,4). ¿Cuándo se ha visto que un padre reciba con una fiesta al hijo disoluto, sin decir siquiera una palabra de recriminación? (Lc 15,20-24) ¿Dónde se ha visto que un samaritano sea mejor que un levita o un sacerdote? (Lc 10,29-37) Así, la parábola empuja a pensar. Lleva a la persona a comprometerse en la historia y a reflexionar sobre sí misma a partir de la propia experiencia de vida y confrotarla con Dios. Hace que nuestra experiencia nos lleve a descubrir que Dios está presente en la cotidianidad de nuestra vida. La parábola es una forma participativa de enseñar, de educar. No de una vez, sino por partes. No hace saber, pero nos inclina a descubrir. La parábola cambia los ojos, convierte a la persona en contemplativa, descubridora de la realidad. ¡Aquí está la novedad de la enseñanza de las parábolas de Jesús, a diferencia de los doctores que enseñaban que Dios se manifestaba sólo en la observancia de la ley. Para Jesús, “el Reino de Dios” no es fruto de la observancia. ¡El Reino de Dios está en medio de vosotros! (Lc 17, 21)

6. Salmo 121

La mirada contemplativa descubre la presencia de Dios en la vida

Alzo mis ojos a los montes,
¿de dónde vendrá mi auxilio?
Mi auxilio viene de Yahvé,
que hizo el cielo y la tierra.
¡No deja a tu pie resbalar!
¡No duerme tu guardián!
No duerme ni dormita
el guardián de Israel.
Es tu guardián Yahvé,
Yahvé tu sombra a tu diestra.
De día el sol no te herirá,
tampoco la luna de noche.
Yahvé te guarda del mal,
él guarda tu vida.
Yahvé guarda tus entradas y salidas,
desde ahora para siempre.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén

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