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Archive for 6/11/17

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LANGUIDECE, SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA.

Languidece, Señor, la luz del día
que alumbra la tarea de los hombres;
mantén, Señor, mi lámpara encendida,
claridad de mis días y mis noches.

Confío en ti, Señor, alcázar mío,
me guíen en la noche tus estrellas,
alejas con su luz mis enemigos,
yo sé que mientras duermo no me dejas.

Dichosos los que viven en tu casa
gozando de tu amor ya para siempre,
dichosos los que llevan la esperanza
de llegar a tu casa para verte.

Que sea de tu Día luz y prenda
este día en el trabajo ya vivido,
recibe amablemente mi tarea,
protégeme en la noche del camino.

Acoge, Padre nuestro, la alabanza
de nuestro sacrificio vespertino,
que todo de tu amor es don y gracia
en el Hijo Señor y el Santo Espíritu. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

Salmo 122 – EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

Ant 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 123 – NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE   St 4, 11-13a

No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano, o juzga a un hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si juzgas a la ley no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Uno es el legislador y juez: el que puede salvar o perder. Pero tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?

RESPONSORIO BREVE

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Cristo quiere que todos los hombres alcancen la salvación. Digámosle, pues, confiadamente:

Atrae, Señor, a todos hacia ti.

Te bendecimos, Señor, porque nos has redimido con tu preciosa sangre de la esclavitud del pecado;
haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Ayuda con tu gracia a nuestro obispo N. y a todos los obispos de la Iglesia,
para que con gozo y fervor sirvan a tu pueblo.

Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad logren encontrarla
y que, habiéndola encontrado, se esfuercen por difundirla entre sus hermanos.

Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas y a los que viven abandonados;
ayúdalos en sus necesidades para que experimenten tu solicitud hacia ellos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén celestial,
allí donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, serás todo en todos.

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Lunes, 6 Noviembre, 2017

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 14,12-14
Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy continúa la enseñanza que Jesús estaba dando alrededor de diversos asuntos, todos ellos enlazados con la mesa y la comida: sana durante una comida (Lc 14,1-6); un consejo para no ocupar los primeros puestos (Lc 14,7-12); un consejo para invitar a los excluidos (Lc 14,12-14). Esta organización de las palabras de Jesús alrededor de una determinada palabra, como mesa o comida, ayuda a percibir el método usado por los primeros cristianos para guardar en la memoria las palabras de Jesús.
• Lucas 14,12: Convite interesado. Jesús está comiendo en casa de un fariseo que le había invitado (Lc 14,1). La invitación a comer constituye el asunto de la enseñanza del evangelio de hoy. Hay diversos tipos de invitación: invitaciones interesadas en beneficio propio e invitaciones desinteresadas en beneficio de otros. Jesús dice: “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa”. La costumbre normal de la gente era ésta: para almorzar o cenar invitaban a amigos, hermanos y parientes. Pero nadie se sentaba alrededor de la mesa con personas desconocidas. ¡Comían sólo con gente conocida! Esta era una costumbre entre los judíos y sigue siendo una costumbre que usamos hasta hoy. Jesús piensa de forma distinta y manda invitar de forma desinteresada como nadie solía hacer.
• Lucas 14,13-14: Invitación desinteresada. Jesús dice: “Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos”. Jesús manda romper el círculo cerrado y pide que invitemos a los excluidos: a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. No era la costumbre y nadie hace esto, ni siquiera hoy. Pero Jesús insiste: “¡Convida a esas personas!” ¿Por que? Porqué en la invitación desinteresada, dirigida a personas excluidas y marginadas, existe una fuente de felicidad: “y serás dichoso, porque no te pueden corresponder”. ¡Felicidad extraña, diferente! Tú serás feliz porque ellos no pueden corresponderte. Es la felicidad que nace del hecho de haber hecho un gesto de total gratuidad. Un gesto de amor que quiere el bien del otro y para el otro, sin esperar nada en cambio. Es la felicidad de aquel que haces las cosas gratuitamente, sin querer ninguna retribución. Jesús dice que esta felicidad es semilla de la felicidad que Dios dará en la resurrección. Resurrección no sólo al final de la historia, sino ya desde ahora. Actuar así es ya una resurrección.
Es el Reino que acontece ya. El consejo que Jesús nos da en el evangelio de hoy evoca el envío de los setenta y dos discípulos para la misión de anuncia el Reino (Lc 10,1-9). Entre las diversas recomendaciones dadas en aquella ocasión como señales de la presencia del Reino, están (a) la comunión alrededor de la mesa (b) la acogida de los excluidos: En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: El Reino de Dios está cerca de vosotros. (Lc 10,8-9) Aquí, en estas recomendaciones, Jesús manda transgredir aquellas normas de pureza legal que impedían la convivencia fraterna.

4) Para la reflexión personal

• Invitación interesada e invitación desinteresada: ¿cuál de las dos acontece más en mi vida?
• Si tu hicieses sólo invitaciones desinteresadas, ¿esto te traería dificultades? ¿Cuáles?

5) Oración final

Mi corazón, Yahvé, no es engreído,
ni son mis ojos altaneros.
No doy vía libre a la grandeza,
ni a prodigios que me superan.
No, me mantengo en paz y silencio,
como niño en el regazo materno.
¡Mi deseo no supera al de un niño! (Sal 131,1-2)

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Con esta serie de catequesis intento ofrecer unas reflexiones sobre la misericordia y los derechos de la infancia en la catequesis. El gesto de pasar por las puertas de la misericordia puede ser un símbolo catequético que ayude a crecer en la buena disposición hacia la ternura cristiana, como respuesta a esa llamada que hacen a nuestras puertas esos otros niños del mundo que sufren las consecuencias de encontrarse con todas las puertas cerradas.

Abriendo puertas a los derechos de la infancia

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Pastoral de la ciudad

Hace doce meses comencé una serie de fotografías. La idea era traer a 10 personas y contar sus historias. Dar vida a las portadas, traer la vida de la gente y haceros partícipes de ellas. Para este último número os traigo a una persona a la que no conozco personalmente, aunque os manifiesto que me encantaría, se trata de Ze Carrión, artista urbano que llena las calles de Madrid, y cada vez más presente en otras ciudades, con imágenes que llevan a la reflexión. Sus temas: el hambre, los menores, la anorexia, los inmigrantes, la utilización de la mujer como objeto,… Llama la atención que en algunas de sus obras se representan crucificados y vírgenes.

Si buscamos en internet, de él se nos dice que es un “artista multidisciplinar insaciable, urbano y guerrillero. Licenciado en Bellas Artes, ha realizado intervenciones en todos los países europeos. Un obrero del aerosol y la plástica. Incansable trabajador, su obra desprende espíritu reivindicativo y luchador, reflejan- do sus terrores e inquietudes. Está en el punto inter- medio entre el graffiti y el arte urbano, materiales y formas típicamente utilizados en graffiti, pero con un concepto de lo pictórico casi academicista. En ocasiones, al ver su obra no se sabe dónde acaba el artista y dónde empieza el arte.” Como digo no le conozco, no sé si es cristiano ni si es practicante, sé que es profesor en el colegio concertado “San Gabriel” en Carabanchel, y sé que sus imágenes están llenas de humanidad y de divinidad a la vez. Por eso traigo su obra para cerrar esta serie, porque creo que esta

es una de las claves para una pastoral de la ciudad. Los tiempos han cambiado y la forma de expresión también. En la antigüedad las esculturas, las vidrieras y las pinturas que llenaban las iglesias eran auténticas catequesis para aquellos que no sabían leer. Las paredes de las iglesias hablaban desde la belleza de la belleza de Dios. Estoy convencido que debemos inundar las calles de la ciudad como apoyo al resto de acciones que hacemos. Las palabras de las homilías, por sí solas, no valen; nuestros jóvenes se mueven por la imagen y, si queremos llegar a ellos, tenemos que utilizar su lenguaje, es una clave fundamental para la comunicación.

La intervención artística que cubre la revista de este mes nos muestra a dos crucificados, un hombre y una mujer unidos entre sí por las manos, que se entrelazan. Quiero creer que el varón es Jesús, al menos así lo interpreto yo. El sufrimiento de Cristo en la cruz se une al sufrimiento de tanta gente en el mundo, es un sufrimiento compartido. A la vez, la imagen de Cristo tiene a una mujer que besa a aquel que lo ha dado todo, hasta la vida, por sus hermanos. Podremos criticar las formas (“eso de pintar en las paredes no está del todo bien”, dirán algunos), podremos criticar el estilo, los colores…; pero lo que no le podemos reprochar a Ze Carrión es que sus imágenes nos dejen indiferentes: tienen un lenguaje explícito y, por lo menos a mí, me ayudan a rezar en medio de una ciudad plagada de gris y sufrimiento. Ojalá haya más como él que sigan poniendo color a la ciudad.

@jotallorente

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200. Puesto que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria.

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En tono de boda

Jesús ya ha hablado acerca del final de los tiempos. Ha puesto imágenes como «el banquete de bodas», «la casa de mi padre, con muchas moradas», etc. Sin embargo, esta parábola que presenta Mateo no da razones, modos o argumentos de lo que será ese momento nal. Más bien nos da una persona, el esposo, el hijo de Dios que se ha desposado con su iglesia, y que vendrá por ella, con la misma fidelidad con la que selló su compromiso. Al mismo tiempo, deja ver con claridad que, para que se lleve a cabo la celebración, se necesita que también la esposa se presente (Cf. Ap 22, 17), que dé una respuesta. El Dios que Jesús nos muestra siempre nos deja un espacio de libertad para poder actuar. Nos concede un tiempo para darle nuestro propio sí.

Una boda alegra siempre el corazón, y la celebración de las nupcias en Palestina son algo especiales. Se distinguen de las nuestras, de occidente, por varios motivos. Por ejemplo, los novios viven su semana de festejos como si éstos fueran “príncipe” y “princesa”. Para ellos representa la semana más dichosa de la vida. No se van de luna de miel, sino que se quedan a festejar durante varios días con los amigos más íntimos. Por ello, el cortejo nupcial tiene que estar preparado para salir a la calle a cualquier hora, a recibir al novio, cuando se le ocurra llegar. Incluso se considera una de las mayores suertes encontrarse con el cortejo nupcial descansando y que el novio llegue inesperadamente. De ahí que Jesús tomara esta rica imagen para acercarnos al festejo del encuentro de nitivo con Dios. Nos espera una gran esta que hay que preparar.

El futuro que avisa la muerte

Es cierto que nos agobia pensar en el tema de la muerte, sobre todo cuando es la propia. La evasión y el miedo nos llevan a considerarla siempre en la casa de enfrente. Nadie está lo suficientemente preparado para ello. Pero el futuro y la inminencia de la muerte se asoman a la par en el horizonte del hombre. Jesús nos hace mirar en esa dirección con una clave totalmente nueva, desprovista de fatalidad y aniquilación. A la luz de la fe, la muerte es una puerta que se abre y no un punto final, y eso lo cambia todo.

De este modo, se deja ver el estado transitorio de esta vida, donde uno no se puede quedar agarrado con las dos manos en ella. Todo lo que se realiza aquí es provisorio, por más que el ambiente, en general, sugiera cierta absolutización al goce del momento. Se trata de mirar hacia el futuro, pero con los pies bien puestos en la tierra. Es decir, ir dando los pasos necesarios para ese encuentro definitivo. Abriéndonos a los pequeños encuentros que se tienen con los que nos rodean. La vida que se cierra al otro se vacía. Tal negación le hace distraerse en cosas que no le llenan. Le voltea la mirada hacia sí mismo y le enajenan. Las mismas autorrealizaciones, tan mencionadas en la actualidad, si no toman en cuenta el valor relacional, que está inscrito en lo más hondo de la naturaleza humana, le generan éxito y perfección, pero no fecundidad de vida. La atención y la disposición que pide la parábola se encuentran en este plano.

Demasiado tarde

Qué duras son las palabras que avisan un “¡Lo siento! ¡Ya es demasiado tarde!”. Qué desesperación, angustia y frustración produce ese momento. El que ha ocasionado una herida en sus seres queridos y va dejando pasar el tiempo, creyendo que algún día llegará una solución, puede que al final encuentre esta inesperada respuesta. Aparecen, también, los remordimientos cuando el toque de difuntos nos avisa de nuestra tardanza. O cuando se quiere responder a una relación que siempre nos había buscado por mucho tiempo y que, cuando decidimos concederle un sí, ésta ya no está. Hay ciertas cosas en la vida que no se pueden obtener de último minuto. Del mismo modo, se advierte lo fácil que es el dejar las cosas para tan tarde que ya no nos podemos preparar para encontrarnos con Dios.

Cabe señalar, también, que no se puede recibir prestada una relación con Dios. Cada cual debe poseerla por sí mismo. Algunos así lo entienden y por eso esperan encender su lámpara cuando llegue el esposo, con ando en que alguien, si les falta el aceite, les prestará del suyo. Esperan a que alguien les resuelva la vida. Creen que la vida cristiana es solo un bien morir.

¡Espabílate!

La muerte es solo una puerta abierta a la gran esta de bodas, y va a llegar. Lo que hacemos de ordinario, en lo que estamos metidos, no pueden dejar de lado a los demás, como si no existieran. Hasta los mismos proyectos pastorales, que no consideran el buen trato y la relación cercana, quedan infecundos. Tampoco conviene dejar correr tanto el tiempo, sobre todo cuando éste se ocupa como una excusa para ir por lo que realmente amamos, aunque esto requiera, de nuestra parte, cierta oferta de humildad y sencillez para los otros. Nadie puede recorrer nuestro propio camino. Es nuestra decisión volverlo a retomar. ¿Cuánto queda de aceite en la alcuza?

Artemio Domínguez Ruiz

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Después del enfrentamiento con los líderes del pueblo, Jesús abandona las inmediaciones del Templo y se dirige al Monte de los olivos. Allí,  en compañía de los discípulos, contemplando el edificio del Templo y todo lo que le rodeaba, pronuncia el quinto y último de los grandes discursos que jalonan el evangelio de Mateo: el “discurso escatológico”. Construido sobre la base de Marcos 13, anuncia la venida definitiva del Hijo del hombre para el juicio final y lo que esto significa para el hombre.

El anuncio de la llegada inminente del final de los tiempos y la instauración de nitiva del Reinado de Dios provocó en las primeras generaciones cristianas una cierta “relajación” en su vivencia del evangelio porque, ¿para qué preocuparse de otras cosas si el juicio final y la venida del Hijo del hombre estaban al caer? Sin embargo, su retraso provocó la necesidad de explicar bien el sentido de las palabras de Jesús y las exigencias que de ellas se derivaban. El Reino llegará, es una realidad incontestable, pero ante la incertidumbre del momento es necesario prepararse bien.

La parábola de las diez jóvenes, cinco sensatas y cinco necias, forma parte de un conjunto de tres parábolas que invitan a la vigilancia y al comportamiento correcto ante lo imprevisible de la venida de nitiva del Hijo del hombre: la parábola del criado el y sensato, la de las jóvenes sensatas y las necias, y la parábola de los talentos.

La segunda de estas parábolas, la de las diez jóvenes, se desarrolla en dos escenas precedidas de una introducción que centra la narración. La presentación de las diez jóvenes, cinco sensatas y cinco necias, pone en la pista de que el desenlace de la historia va a ser diferente para unas y otras. En esta descripción aparece el primer dato relevante: la venida del novio, al que esperan, se retrasa. Lo que parecía inminente cuando preparaban sus lámparas aún no llega. Lo relevante no es que a causa del cansancio se duerman y no estén vigilantes, sino el hecho de cómo han preparado sus lámparas para la espera del novio, cuando este tarda en llegar.

La primera escena tiene lugar cuando, en medio de la noche, se anuncia de repente la llegada del novio. Las jóvenes se disponen a esperarlo, pero no todas están bien preparadas: cinco de ellas no han llevado aceite su ciente y sus lámparas comienzan a apagarse. No han sido previsoras. Las otras cinco, que se habían provisto de aceite su ciente, no pueden darles de lo suyo porque no habría para todas. Es mejor que vayan a la ciudad a comprar más.

Mientras éstas han marchado, se desarrolla la segunda escena: el novio llega y las jóvenes que lo esperaban, porque habían preparado sus lámparas con su ciente aceite, entran al banquete de boda. Cuando vuelven las otras cinco encuentran la puerta cerrada y se quedan fuera. En la petición que hacen vuelven a resonar palabras que ya se han escuchado: «No todo el que me dice: “¡Señor, señor!”, entrará en el Reino de los cielos».

La sentencia conclusiva pone de relieve el sentido de la parábola: es necesario estar preparados para acoger la venida de nitiva del Hijo del hombre. Se trata de una espera activa, dispuestos a hacer la voluntad del Padre. Dios no niega su oferta a tomar parte en el banquete del Reino, pero lo importante es, como recuerda Mateo, la respuesta que da el hombre a esta invitación. Estar preparado y vigilante significa vivir, poner en práctica lo que Jesús ha enseñado: «escuchar la palabra de Dios y cumplirla».

Óscar de la Fuente de la Fuente

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