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Archive for 11/11/17

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant 2. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 19-21

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aunque el esposo tarde, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aunque el esposo tarde, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 11 Noviembre, 2017
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 16,9-15
«Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.» Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: «Vosotros sois los que os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta unas palabras de Jesús alrededor del uso de los bienes. Son palabras y frases sueltas, de las que no conocemos el contexto exacto en el que fueron pronunciadas. Lucas las coloca aquí para formar una pequeña unidad alrededor del uso correcto de los bienes de esta vida y para ayudar a entender mejor el sentido de la parábola del administrador deshonesto (Lc 16,1-8).
• Lucas 16,9: Usar bien el dinero injusto “Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas”. Otros traducen “riqueza inicua”. Para Lucas, el dinero no es algo neutral, es injusto, es inicuo. En el Antiguo Testamento, la palabra más antigua para indicar al pobre (ani) significa empobrecido. Viene del verbo ana, oprimir, rebajar. Esta afirmación, evoca la parábola del administrador deshonesto, cuya riqueza era inicua, injusta. Aquí se hace patente el contexto de las comunidades del tiempo de Lucas, esto es, de los años 80 después de Cristo. Inicialmente, las comunidades cristianas surgieron entre los pobres (cf. 1Cor 1,26; Gál 2,10). Poco tiempo después fueron entrando personas más ricas. La entrada de los ricos trajo consigo problemas que están evidenciados en los consejos dados en la carta de Santiago (Sant 2,1-6;5,1-6), en la carta de Pablo a los Corintios (1Cor 11,20-21) y en evangelio de Lucas (Lc 6,24). Estos problemas se fueron agravando al final del siglo primero, como atesta el Apocalipsis en su carta a la comunidad de (Ap 3,17-18). Las frases de Jesús que Lucas conserva son una ayuda para aclarar y resolver este problema.
• Lucas 16,10-12: Ser fiel en lo pequeño y en lo grande. “El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?” Esta frase aclara la parábola del administrador deshonesto. El no fue fiel. Por esto fue sacado de la administración. Esta palabra de Jesús trae también una sugerencia de cómo realizar el consejo de hacerse amigos con dinero injusto. Hoy ocurre algo similar. Hay personas que dicen palabras muy lindas sobre la liberación, pero que en casa oprimen a la mujer y a los hijos. Son infieles en las cosas pequeñas. La liberación en lo macro empieza en lo micro, en el pequeño mundo de la familia, de la relación diaria entre las personas.
• Lucas 16,13: No podéis servir a Dios y al dinero. Jesús es muy claro en su afirmación: “. “Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.” Cada uno, cada una tendrá que optar. Tendrá que preguntarse: “¿A quién, qué pongo en el primer lugar en mi vida: a Dios o al dinero?” En lugar de la palabra dinero cada cual puede colocar otra palabra: coche, empleo, prestigio, bienes, casa, imagen, De esta opción dependerá la comprensión de los consejos que siguen sobre la Providencia Divina (Mt 6,25-34). No se trata de una opción hecha sólo con la cabeza, sino de una opción bien concreta de la vida que abarca también actitudes.
• Lucas 16,14-15: Crítica a los fariseos que aman el dinero. “Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: “«Vosotros sois los que os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.”. En otra ocasión Jesús menciona el amor de algunos fariseos al dinero: “… mientras devoran las casas de las viudas y simulan largas oraciones…” (Mt 23,14: Lc 20,47; Mc 12,40). Ellos se dejaban llevar por la sabiduría del mundo, de quien Pablo dice: “Y si no, mirad, hermanos vuestra vocación; pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes. Y lo plebeyo del mundo, el desecho, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es” (1Cor 1,26-28). A algunos fariseos les gustaba el dinero, como hoy a algunos sacerdotes les gusta el dinero. Vale para ellos la advertencia de Jesús y de Pablo.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Tú y el dinero? ¿Por qué optas?
• ¿Fiel en lo pequeño? ¿Cómo hablas del evangelio y cómo vives el evangelio?
 
5) Oración final
¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé,
que encuentra placer en todos sus mandatos!
Su estirpe arraigará con fuerza en el país,
la raza de los rectos será bendita. (Sal 112,1-2)

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1. Situación

Sólo con los años se llega a la sabiduría. Lo cual quiere decir que saber vivir no se aprende en los libros. Supone actitudes y, al final, cuando se llega a cierto «saber estar», la sensación es de don. ¿Por qué unos descubren el secreto de saber vivir y otros no?

La respuesta viene dada sólo a posteriori, después de años. Mientras tanto, la vida está llena de sorpresas, apenas responde a las expectativas que de ella nos hacemos; hemos de desaprender muchas cosas que nos enseñaron; hemos de arriesgar; no podemos asegurar el acertar…

¿Tiene algo que ver la experiencia de Dios con esta cuestión central? Algunos creyentes aprenden a vivir desde su racionalidad y reducen lo religioso a zonas particulares (lo espiritual trascendente: el culto, problemas del más allá, interioridad de la conciencia, búsqueda de unión con Dios…). Pero la fe no da recetas ni soluciones. La sabiduría de la vida atañe a la totalidad de la existencia, y uno es más sabio cuanto dispone de menos esquemas. Lo cual se aprende sólo en confrontación con el misterio de la existencia.

2. Contemplación

Lo que se dice de la sabiduría en la primera lectura suele decirse de Dios en otros textos de la Biblia; por ejemplo, coincide con lo que expresa el salmo responsorial. ¿Es Dios, en definitiva, la sabiduría? Desde luego. Pero aquí no se dice eso en un sentido filosófico, como un atributo esencial de la divinidad, sino como la experiencia de la aventura radical del saber vivir. Saber vivir es descubrir la vida en su profundidad misteriosa. Pues bien, eso tiene que ver con Dios, de tal modo que, con los años, va estableciéndose la correlación entre vida y Dios.

Más: Si la fe madura, Dios en persona viene a ser la fuente del vivir. De esto nos habla el Evangelio de hoy, la parábola de las vírgenes sensatas y necias, que esperan al Esposo.

¿Qué simboliza la lámpara encendida, en la que nunca falta el aceite?

3. Reflexión

La respuesta a la pregunta anterior: El amor. La sabiduría de la vida es el amor. En el Antiguo Testamento se dice que es el temor de Dios, es decir, el conocimiento vivencia] de Dios en cuanto Dios, correlativo al conocimiento del hombre en cuanto hombre. En el Nuevo Testamento ese conocimiento es el amor revelado en Jesucristo.

Amar es hacer de la vida deseo de Alguien. ¡Es tan distinto vivir de cosas, de tareas, de ideas, o vivir amando! ¡Es tan distinto percibir a Dios como idea, símbolo de una causa, la superconciencia moral, la omnipotencia providente o Alguien viviente, el Esposo que viene!

Pero si el amor fuese sólo deseo, terminaría por destruirse a sí mismo, pues sería apropiación. ¡Hay tan poca distancia entre el deseo y la fantasía, entre el deseo y la dependencia posesiva, entre el deseo y la autocomplacencia!

Por eso el deseo de la presencia del Amado ha de ser probado, purificado, transformado en amor de fe mediante la obediencia amorosa que espera. Las vírgenes necias de la parábola se dejaron el aceite porque su amor era ansioso, impaciente, posesivo. Las vírgenes sensatas saben que el amor se hace en la paciencia del cada día, en dejarle al Esposo que venga cuando quiera, en preferir Su voluntad a la realización de sus deseos.

4. Praxis

Si eres joven adulto, ¿cuáles son los valores que guían tu vida, en torno a los que estás aprendiendo a vivir? Distingue entre valores-ideas y valores-vivencias. No es lo mismo valorar mentalmente el amor e implicarse personalmente, de tal modo que sientas el vértigo de ser desposeído de ti.

Si eres maduro, ¿tienes la impresión de haber aprendido a vivir o, por el contrario, de no haber acertado en lo importante? Para un creyente, no es posible cambiar el pasado, pero siempre es posible releerlo, retornarlo, darle un nuevo sentido, y replantear el futuro.

Un buen signo de sabiduría: que la vida te ha despojado de esquemas y expectativas, pero que todo te ha llevado a lo esencial, al Amor, un amor simplificado, en que el deseo se nutre de obediencia y fidelidad humilde.

Javier Garrido

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Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

La síntesis de las lecturas de hoy es muy clara y sencilla:

Si se está atento [3ª lect. (Mt. 25, 1-13 )] se puede alcanzar la sabiduría [1ª lect. (Sab. 6,12-16] que nos llevará al encuentro con Dios [2ª lect. (1ª Tes. 4, 13-18)]

Dentro de nuestro empeño en encontrar valores que orienten nuestra vida de personas y de personas creyentes, hoy los textos de la Sagrada Escritura nos invitan a entrar en el meollo mismo del ser humano en orden a sabernos posicionar como tales en el desordenado mundo que nos circunda.

La comprensión de la grandeza del mensaje transmitido por Dios está garantizada en la primera de las lecturas.

En el libro de la Sabiduría (1ª lect) se dice: “Se deja encontrar por quienes la buscan”

Al ser una proposición con carácter universal, es también una oferta para todos y cada uno de nosotros. Su verificación es notoria puesto que muchísima gente, algunas de las cuales veneramos hoy como santos públicamente conocidos y reconocidos, han vivido sabiamente y hoy los propone solemnemente la Iglesia como ejemplos a imitar. También en nuestro derredor, en la vida diaria, encontramos personas que viven honesta mente su vida. Hombres y mujeres que viven con la sabiduría de Dios, incluso muchos, sin saberlo porque no son “creyentes”

El mal hace mucho ruido y causa tanto dolor que le convierte en algo muy sensible en el mundo, a veces, excesivamente aireado por la prensa sensacionalista. Pero eso no quiere decir que solo se dé el mal en el mundo. El bien existe pero con su carácter discreto pasa desapercibido, muchas veces incluso tapado por el ruido ensordecedor del mal.

Que la posesión de la Sabiduría sea una oferta universal no quiere decir que no exija esfuerzo por nuestra parte.

Es el consejo-advertencia que nos hacía Jesús en el Evangelio (3ª lect) “Estad en guardia y preparados” para que no se pase la oportunidad de encontrarla.

Estarlo es de una importancia suprema puesto que nos sitúa en la línea del definitivo descubrimiento de nuestra realidad personal.

El descubrimiento de nuestra condición de persona abocada a la eterna existencia en el misterio de Dios es vertebral en la organización de nuestra vida y el aprovechamiento y orientación de las expectativas que ella nos ofrezca. Es algo que afecta a la comprensión de la persona como tal. ¿Qué soy yo? ¿Quién soy yo, de verdad?

Según la Revelación nuestra vida se entiende y explica desde una decisión amorosa de Dios que nos invita a vivirla aquí de tal manera que nos hagamos dignos de vivirla luego eternamente junto a Él.

Es la gran noticia que nos transmitía San Pablo en la segunda lectura: “Si creemos que Jesús ha muerto y ha resucitado nos reunirá con Él y estaremos siempre con Él”

La grandiosidad de esta afirmación no hemos de entenderla como que aporta algo maravilloso que se “añade” a la condición de hombre, sino como una nueva concepción del hombre mismo; algo que embebe todo cuando uno es y hace: somos “algo divino”, una “realidad” que “objetiviza”, que convierte en realidad concreta el proyecto amoroso creador de Dios. Cada persona es el proyecto creador de Dios realizado individualmente.

Esto cambia totalmente la visión del hombre. De ser algo efímero, pasa a ser un paréntesis entre el amor de Dios creador y el amor de Dios acogedor.

No somos una nada entre dos ceros, la nada de antes de nacer y la nada después de morir, que decía la filosofía existencialista atea, sino todo lo contrario, un resultado de la acción amorosa creadora y receptora de Dios. Los cristianos sabemos que antes de nacer somos un proyecto en la mente de Dios y después de morir uno que descansa eternamente en el pecho de Dios.

Podríamos decir que el hombre es un deseo de Dios realizado en carne. Como carne sentimos las limitaciones propias de ese material; como “intento” de Dios somos “un- algo- abierto- a- regresar- a- Dios.

El hombre no es una burbuja de aire aparecida por azar de la simple combinación de materia resultado de un cúmulo de probabilidades, sino la realización concreta de un proyecto de Dios, destinado a regresar a su fuente mediante una decisión consciente y libre.

Como “criatura de Dios” somos una más de las innumerables que integran el cosmos, pero con la peculiarísima y extraordinaria capacidad de sabernos creados y orientados por Dios hacia Él. Cuando Nietzsche afirmó que el hombre actual es una flecha lanzada desde el mono hacia el superhombre tuvo una intuición genial al descubrir que el hombre no es una realidad definitivamente hecha. Se equivocó al considerar el punto de partida y de llegada. El hombre es un ser proyectado por Dios camino de su definitiva “plenificación” en Dios, tras su carrera temporal en el mundo.

La aportación de la Revelación a la comprensión más profunda de la realidad humana es un verdadero regalo de Dios que debemos aprovechar hasta las últimas consecuencias.

Escuchemos la exhortación de Jesús: estemos atentos para que no perdamos la gran oportunidad de comprender nuestra vida como una gran expectativa hacia Dios. AMÉN.

Pedro Sáez

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207. Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos.

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Se nos apagan las lámparas

Desde hace algunos años se viene designando así la paradójica situación de hombres y mujeres que se confiesan creyentes, pero en los que la fe ya no es una fuerza que influya en sus vidas. Cristianos de fe tan lánguida, esperanza tan apagada y vida tan pagana como la de muchos contemporáneos que ya no se dicen creyentes.

Son personas que viven en un estado intermedio entre el cristianismo tradicional que conocieron de niños y la descristianización general que respiran hoy en su entorno. Se confiesan cristianos, pero su vida cotidiana se nutre de fuentes, convicciones e impulsos muy alejados del espíritu de Cristo.

Mal cuidada y peor alimentada, la fe va perdiendo fuerza en ellos, mientras la incredulidad se va extendiendo en sus conciencias de manera casi imperceptible, pero cada vez más firme.

Cristianos de rostro irreconocible, su estado está bien descrito en esas jóvenes de la parábola evangélica que dejan que se apaguen sus lámparas antes de que llegue el esposo.

¿Es posible reavivar de nuevo esa fe antes de que sea demasiado tarde? ¿Es posible que vuelva a iluminar la vida de quien se va deslizando poco a poco hacia la incredulidad total?

Antes que nada, es necesario reconocer la propia incoherencia y reaccionar. No es sano vivir en la contradicción sin plantearla explícitamente y resolverla. Hay que pasar del «cristianismo por nacimiento» al «cristianismo por elección». ¿Cómo va a ser uno creyente en una sociedad laica y plural, si no es por decisión consciente y libre?

Pero es necesario, además, cuidar la fe, conocerla cada vez mejor, cultivarla. Un cristiano ha de preocuparse de leer personalmente el evangelio e interesarse por el estudio de la persona de Cristo y su mensaje. Difícilmente se sostendrá hoy «la fe del carbonero» en una sociedad donde el cristianismo está expuesto a un examen cada vez más crítico.

Pero, lo más decisivo es, sin duda, alimentar la experiencia religiosa. La fe consiste básicamente en fundamentar nuestra existencia, no en nosotros mismos sino en Dios.Cuando falta esta entrega confiada a Dios, la fe queda reducida a un añadido artificial y engañoso.

¿Cómo puede decirse creyente un hombre que no invoca a Dios ni se para nunca a escucharlo vivo en su interior? ¿Cómo puede crecer la esperanza de un cristiano que no celebra nunca el domingo ni se alimenta jamás de la Eucaristía? El cristiano sólo crece cuando acierta a alimentar «la lámpara» de su fe.

José Antonio Pagola

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Un saber con sabor

Las parábolas de los últimos capítulos de Mateo agudizan el discernimiento que Dios opera en la historia. El don de la vida definitiva en Jesús juzga nuestra existencia.

Señor, Señor

La parábola alude al modo como se realizaban las bodas en tiempo de Jesús. En un momento dado llegaba el novio, entraba con todos los invitados y comenzaba la fiesta. El evangelio de Mateo, impregnado siempre de experiencia eclesial, nos presenta a la comunidad cristiana en las diez jóvenes que esperan al novio. En ella hay personas necias y personas prudentes (cf. v. 1-4). Mateo hace ver en varias ocasiones las diferencias e incluso las divisiones que se dan dentro de la Iglesia. El retraso del novio revelará la situación. Al comienzo todas tuvieron la misma actitud: se durmieron (cf. v. 5). El hecho como tal no es censurado en este pasaje. No está ahí su acento. Lo que cuenta es que unas se proveyeron de aceite, las otras no. Por consiguiente se hallaron en condiciones distintas cuando el novio hizo su aparición (cf. v. 8-9).

El novio es aquí una alegoría que nos remite al Señor. Su llegada es un juicio que separa las aguas. Quienes escucharon su mensaje y lo pusieron por obra participarán en el Reino: «Las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas» (v. 10). A las que no hicieron del evangelio la norma de su vida, o tal vez, más exactamente a quienes sólo lo aceptaron formalmente, el Señor les dirá: «No os conozco» (v. 12). El sentido de la frase es el rechazo a aquellos que pretenden ser lo que no son. «Señor, Señor, ábrenos» (v. 11), decían quienes no supieron vivir como auténticos seguidores de Jesús. Esa expresión nos recuerda lo que se decía en Mt 7, 21: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos». A estos creyentes de la boca para afuera también se les dirá: «Nunca os he conocido. Alejaos de mí» (7, 23).

Estar vigilantes

El pasaje termina con una llamada a la vigilancia, a la atención a las exigencias evangélicas (cf. v. 13). Lo que alimenta la vigilancia es la esperanza. Pablo nos recuerda que el fundamento de esa esperanza es la convicción de que Jesús resucitó. Una vida prisionera de la muerte lleva a la tristeza (cf. 1 Tes 4, 13). La esperanza nos hace saltar por encima de esa barrera, la fe en la resurrección es la afirmación de una vida que no conoce límites temporales e históricos. «Morir en Jesús» (v. 14) es dar, como él, la vida por amor. A quienes lo hacen, Dios los llevará consigo (cf. v. 14). La vida eterna comienza desde ahora, pues de no ser así no sería eterna, pero ella es ante todo un don del Señor.

La Biblia nos invita a un saber con sabor, a un conocimiento gustoso de Dios. Eso es la sabiduría. Ella está marcada por el amor (cf. Sab 6, 18), por eso nos «conduce al Reino» (v. 20). La sabiduría nos ayudará a hacer el discernimiento que nos pedía el pasaje de Mateo; ella no nos permitirá decirnos discípulos de Jesús si no ponemos en práctica su mensaje.

Gustavo Gutiérrez

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