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Archive for 1/01/18

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. (SOLEMNIDAD)

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REINA DEL LIBRO DE LA VIEJA ALIANZA

Reina del libro de la vieja alianza:
tu nombre es el versículo primero
de consuelo, promesa y esperanza.

Doncella que en tu vientre a Dios tendrías:
se estremece de júbilo tu nombre
en los labios quemados de Isaías.

Reina del libro nuevo de la vida:
reinas desde el silencio en cada página,
oh reina silenciosa y escondida,

y es tu presencia la del tallo leve
que, al reventar el lirio, se recata
debajo de los pétalos de nieve.

Reina del claro mes de los renuevos,
de la infancia del mundo y de la tierra,
y de la luz y de los nidos nuevos,

y Reina nuestra; Reina de las manos,
con sangre y con estrellas, de tu Hijo,
con flores y dolor, de sus hermanos.

Los ángeles te aclaman soberana,
pero mil veces más eres, Señora,
sangre y dolor de nuestra raza humana. Amén.

SALMODIA

Ant 1. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos hace participar de su divinidad.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos hace participar de su divinidad.

Ant 2. Cuando naciste inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro.

Ant 3. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada; Madre de Dios, intercede por nosotros.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada; Madre de Dios, intercede por nosotros.

LECTURA BREVE   Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

V. Y puso su morada entre nosotros.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichoso el seno que te llevó, oh Cristo, y el pecho que te alimentó, oh Señor y Salvador del mundo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el seno que te llevó, oh Cristo, y el pecho que te alimentó, oh Señor y Salvador del mundo. Aleluya.

PRECES

Bendigamos a Cristo, el «Dios-con-nosotros» a quien María concibió y dio a luz, y supliquémosle, diciendo:

Hijo de la Virgen María, escúchanos.

Tú que diste a María el gozo de la maternidad,
concede a todos los padres y madres de familia poder alegrarse en sus hijos.

Rey pacífico, cuyo reino es justicia y paz,
haz que busquemos siempre lo que lleve a la paz.

Tú que viniste para hacer del género humano el pueblo de Dios,
haz que todas las naciones alcancen la concordia mutua y vivan como una sola familia.

Tú que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares,
haz que las familias vean crecer su unidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste nacer en el tiempo,
concede a los difuntos nacer a tu eternidad.

Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que por la maternidad virginal de María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la intercesión de la Virgen Madre, de quien hemos recibido al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Lunes, 1 Enero, 2018

Visita de los Pastores a Jesús y a su Madre
Los marginados son preferidos por Dios
Lucas 2,16-21

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El motivo que mueve a José y a María a llegarse a Belén fue un censo impuesto por el emperador de Roma (Lc 2,17). Periódicamente, las autoridades romanas decretaban estos censos en las diversas regiones del inmenso imperio. Se trataba de controlar a la población y saber cuántas personas debían pagar los impuestos. Los ricos pagaban los impuestos sobre los terrenos y bienes que poseían. Los pobres por el número de hijos que tenían. A veces el impuesto total superaba el 50% del rédito de la persona.
En el evangelio de Lucas notamos una diferencia significativa entre el nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. Juan nace en su casa, en su tierra, en medio de sus parientes y vecinos y es acogido por todos. (Lc 1,57-58). Jesús nace desconocido, fuera del ambiente familiar y de los vecinos, fuera de su tierra. “ No había puesto para ellos en el mesón”. Debió ser dejado en un pesebre (Lc 2,7).
Intentemos colocar y comentar nuestro texto (Lc 2,16-21) en el amplio contexto de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). Durante la lectura tratemos de estar atento a lo que sigue: ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en este texto?

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Lucas 2,8-9: Los pastores en el campo, los primeros invitados
Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Noticia se hace a los pastores
Lucas 2,13-14: La alabanza de los ángeles
Lucas 2,15-18: Los pastores van a Belén y cuentan la visión de los ángeles
Lucas 2,19-20: Comportamiento de María y de los pastores ante los hechos
Lucas 2, 21: La circuncisión del pequeño Jesús
Lucas 2,21: La circuncisión del pequeño Gesù

c) Texto:

8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.9 Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: Lucas 2,16-2111os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:
14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»
15 Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» 16 Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; 18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué es lo que más te ha gustado en este texto? ¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en el texto?
c) ¿De qué modo el texto enseña que el pequeño es el más grande en el cielo y el más pobre en la tierra?
d) ¿Cuáles son las conductas de María y de los pastores ante el Misterio de Dios que se les revela?
e) ¿Cuál es el mensaje que Lucas quiere comunicarnos por medio de estos detalles?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto de entonces y de hoy

El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. ¡Gran sorpresa!
El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo! ¿Te lo puedes creer?

b) Comentario del texto:

Lucas 2,8-9: Los primeros invitados
Los pastores eran personas marginadas, poco apreciadas. Vivían junto con los animales, separados del resto de la humanidad. A causa del contacto permanente con los animales eran considerados impuros. Nunca, nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido. Pero precisamente a estos pastores aparece el Ángel del Señor para transmitirle la gran noticia del nacimiento de Jesús. Ante la aparición de los ángeles ellos se llenan de temor.

Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Nueva
La primera palabra del ángel es: ¡No temáis! La segunda es: ¡Gozo para todo el pueblo! La tercera es: ¡Hoy! Para enseguida dar tres nombres como queriéndonos indicar quien es Jesús: ¡Salvador, Cristo y Señor! ¡Salvador es aquél que libera a todos de todo lo que les ata! A los gobernantes de aquel tiempo les gustaba usar el título de Salvador. Ellos mismos se atribuían el título de Soter = Salvador). Cristo significa ungido o mesías. En el Viejo Testamento éste era el título que se le daba a los reyes y a los profetas. Era también el título del futuro Mesías que cumpliría las promesas de Dios con respecto al pueblo. Esto significa que el recién nacido, que yace en un pesebre, viene a realizar la esperanza del pueblo. ¡Señor era el nombre que se daba a Dios mismo! Aquí tenemos los tres títulos más grandes que se pueda imaginar. A partir de este anuncio del nacimiento de Jesús Salvador Cristo Señor, imagínate alguno con una categoría más elevada. El ángel te dice: “¡Atención! Te doy esta señal de reconocimiento: encontrarás a un niño en un pesebre, en medio de los pobres!” ¿Tú lo creerías? ¡El modo como Dios obra es diverso del nuestro!

Lucas 2,13-14: Alabanza de los ángeles: Gloria a Dios en lo más alto del cielo, Paz en la tierra a los hombres en quienes Él se complace
Una multitud de ángeles aparece y desciende del cielo. Es el cielo el que se plega sobre la tierra. Las dos frases del versículo resumen el proyecto de Dios, su plan. La primera dice qué sucede en el mundo de arriba: Gloria Dios en lo más alto del cielo. La segunda dice lo que sucederá en el mundo de aquí abajo: ¡Paz en la tierra a los hombres que Él ama! Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra. Y sería ésta la mayor gloria de Dios que vive en lo más alto.

Lucas 2, 15-18: Los pastores van hasta Belén y cuentan la visión de los ángeles
La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). La palabra del ángel a los pastores es el acontecimiento del nacimiento de Jesús.

Lucas 2,19-20: Conducta de María y de los pastores ante los hechos, ante la palabra
Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras(acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios: (i) Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. (ii) María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón. Meditar las cosas significa rumiarlas e iluminarlas con la luz de la Palabra de Dios, para así llegar a entender mejor todo el significado para la vida.

Lucas 2,21: La circuncisión y el Nombre de Jesús
De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (cf Gén 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (cf Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). ¡El nombre completo es Jesús Cristo Emmanuel!

c) Ampliando informaciones:

María en el evangelio de Lucas

i) La función de los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas:

Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados. Lucas los escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Viejo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores. Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Viejo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas. Las comunidades venidas del paganismo nacerán de las comunidades de los judíos convertidos. Pero ellos eran diferentes. El Nuevo Testamento no correspondía a lo que el Viejo Testamento imaginaba y esperaba. Era “la señal de contradicción” (Lc 2,34), causaba tensión y era fuente de muchos dolores. En la conducta de María, Lucas presenta un modelo de cómo las comunidades podían reaccionar y perseverar en el Nuevo.

ii) La clave de lectura:

En estos dos capítulos Lucas presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. La clave nos viene dada en aquel episodio en la que una mujer del pueblo elogia a la madre de Jesús. Jesús modifica el elogio y dice : “Dichosos aquéllos que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,27-28) Aquí está la grandeza de María. Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace en los dos títulos de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Lucas, que hablan de María, la madre de Jesús.

iii) Aplicando la clave a los textos:

1. Lucas 1,26-38:
La Anunciación: “¡Hágase en mí según tu palabra!
Saber abrirse, de modo que la Palabra de Dios sea acogida y se encarne.

2. Lucas 1,39-45
La Visitación: ¡Dichosa la que ha creído!”
Saber reconocer la Palabra de Dios en los hechos de la vida

3. Lucas 1,46-56:
El Magnificat: “¡El Señor ha hecho cosas grandes en mí!”
Un canto subversivo de resistencia y esperanza

4. Lucas 2,1-20:
El Nacimiento: “Ella conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”
No había puesto para ellos. Los marginados acogen la Palabra

5. Lucas 2,21-32:
La Presentación: ¡Mis ojos han visto tu salvación!”
Los muchos años purifican los ojos

6. Lucas 2,33-38:
Simeón y Ana: “Una espada te traspasará el alma”
Ser cristianos quiere decir ser señales de contradicción

7. Lucas 2,39-52:
A los doce años: “¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”
¡Ellos no entendieron lo que les decía!

iv) Los contrastes que más resaltan en nuestro texto:

1. En las tinieblas de la noche brilla una luz (2,8-9)
2. El mundo arriba, el cielo parece envolver a nuestro mundo aquí abajo (2,13)
3. La grandeza de Dios se manifiesta en la pequeñez de un niño (2,7)
4. La gloria de Dios se hace presente en un pesebre, junto a animales (2,16)
5. El miedo provocado por la repentina aparición del ángel se convierte en alegría (2,9-10)
6. Las personas marginadas de todo son las primeras invitadas (2,8)
7. Los pastores reconocen a Dios presente en un niño (2,20)

6. Rezar con el Salmo 23 (22)

“¡El Señor es mi pastor!”

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.

Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.
Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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NOTA PREVIA

Este domingo está plenamente en la órbita de las celebraciones de Navidad-Epifania. Lo que ante todo debe aún subrayarse es la manifestación de JC. Y esta manifestación adulta de JC puede compensar la presentación predominantemente centrada en la infancia (las fiestas de Navidad-Epifanía hablan de la infancia de JC y son también fiestas en las cuales nuestros niños ocupan un primer lugar). La predicación hoy, complemento del ciclo navideño y pocos días después de la Epifanía, debería ser una seria presentación del hecho de que la misión de JC y nuestro seguirle, no son sólo “cosas de niños” sino una tarea -una lucha- plenamente adultas, plenamente conscientes y responsables.

TRASFONDO BÍBLICO: Los tres ciclos dominicales repiten hoy las dos primeras lecturas y varían el evangelio. Las dos primeras lecturas indican que no se trata fundamentalmente de celebrar el bautismo de J. (y menos el nuestro) sino de la manifestación de Dios que autentica la persona y la misión de JC. Todo lo que el pueblo de Dios esperaba (1.lectura) y todo lo que J. hizo y la Iglesia cree y anuncia (2. lectura) está incluido en la proclamación del Jordán: J. es el hombre lleno del Espíritu de Dios que podrá manifestar y comunicar al Padre, al Dios del amor (ya que él es el Hijo, el amado, “en quien he puesto mi amor “=” el que es el predilecto”).

La escena del bautismo nos es presentada por Lc con evidente intención del paralelismo con la que él mismo describirá como acontecimiento inicial de la Iglesia (Pentecostés). De ahí que Lc atribuya a Juan la profecía de que “el os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Se trata, por tanto, de subrayar el inicio de la misión profética de JC, que después continuará en la Iglesia de sus discípulos.

Es preciso tener también en cuenta la importancia que la primera comunidad cristiana daba a este hecho del bautismo de J. como inicio de la realización eficaz de su misión (véase la 2. lectura: el resumen característico de la predicación de Pedro = el esquema fundamental de los sinópticos = el esquema básico de la primera predicación cristiana).

EL BAUTISMO DE JESÚS Y NUESTRO BAUTISMO: Un peligro fácil de la predicación de hoy sería el de abandonar el tema y el hecho del bautismo de JC para dedicarse a hablar catequéticamente de nuestro bautismo. Peligro porque -como decíamos antes- se omitirá una importante complementación del ciclo Navidad-Epifanía que es a la vez introducción para los domingos de durante el año que vamos a comenzar (JC, el hombre lleno del Espíritu que nos revela el amor del Padre), y peligro también porque podría identificarse excesivamente el bautismo de Juan con el bautismo de la Iglesia. El bautismo de la Iglesia es más asimilable al hecho de Pentecostés que no al hecho del Jordán.

Con todo, ello no significa que no quepa una posibilidad de relacionar uno y otro. No tanto en sus aspectos objetivos como en los subjetivos (aunque unos y otros estén siempre vinculados). Me explico: la narración del bautismo de J. permite adivinar en este hecho una toma de conciencia del hombre Jesús de la misión que el Padre le encomienda. Toma de conciencia en la cual indudablemente influye la predicación de Juan y la espera mesiánica de los “pobres de Israel”. Y que se manifestará progresivamente (Transfiguración, Pasión con la afirmación ante el Sanedrín). Como dicen los evangelios: Jesús “crece” ante Dios y ante los hombres.

También nuestro bautismo-confirmación tiene un aspecto de toma de conciencia (que no necesariamente coincide cronológicamente con el momento del sacramento: también puede crecer después) del amor gratuito de Dios, de la donación del Espíritu, que nos impulsa a realizar una misión también mesiánica de vivir y comunicar el amor de Dios, continuando el camino de JC. En el bautismo de niños realizado en la Iglesia, es ésta quien lo afirma y reconoce; puede bautizar al niño porque el don del amor de Dios no está condicionado al reconocimiento del niño, aunque el bautismo (y la confirmación, dos realidades íntimamente vinculadas, casi como dos momentos del mismo sacramento) no conseguirá su plena realidad hasta que el niño no lo asuma por la fe. Es un camino que empieza por la iniciativa de Dios, pero la actuación del hombre debe ser respuesta coherente con este amor de Dios.

ESQUEMA POSIBLE: 1) Debería comenzarse subrayando la vinculación de esta fiesta con lo que hemos celebrado en los días de Navidad-Epifanía. Aquel niño es un hombre que viene a revelar y realizar la voluntad del Dios que nos ama. Por eso es el ungido con el Espíritu de Dios. Durante todos los domingos del año escucharemos su Palabra para seguir su camino. 2) Porque su camino sigue en nosotros. También nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios para manifestar y realizar el amor de Dios. Es lo que significó nuestro bautismo-confirmación. ¿Cómo seguimos este camino? ¿Cómo lo vivimos? 3) La primera y segunda lectura ofrecen amplias posibilidades de concretar qué significa continuar el camino de JC. Se nos habla de “traer el derecho a la naciones”, de liberación de los oprimidos (últimos versículos de la 1. lectura), sin quebrar la caña cascada ni apagar el pábilo vacilante. Y Pedro nos define la tarea de JC como un pasar “haciendo el bien” y liberando “a los oprimidos” por cualquier mal. Nótese también cómo (y es una nueva conexión con la fiesta de Epifanía) ambas lecturas acentúan el carácter universal, abierto a todos, de la manifestación de Dios en JC (y, por tanto, en la Iglesia).

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¡Qué hermosura de poema! Un texto tan grandioso –“Quiero creer”- que la Liturgia de las Horas lo ha colocado en los laudes del Martes de la Semana II; pero bien podía estar colocado en Cuaresma por sus muchas alusiones cuaresmales. Su autor, Gerardo Diego, de la Generación del 27, (Santander, 1896-Madrid, 1987), gran poeta y ferviente católico.

«Creo; ayuda mi poca fe» (Mc 9,24)

El panorama de crisis, debilitamiento de la fe y el crecimiento de la indiferencia ante Dios, no es cerrado. Dios está ahí, aunque sea escondido. Quien, a pesar de la oscuridad y la duda, quiere creer, ante Dios, es ya creyente, pidiéndole que filtre en «sus secas pupilas dos gotas frescas de fe». Quien busca sinceramente a Dios, se ve envuelto más de una vez por la oscuridad, la duda o la inseguridad. Pero, si sigue buscando, es porque hay en él un deseo de Dios y un deseo de creer que no queda destruido por la duda, el cansancio o el propio pecado. Lo que se nos pide es creer, desde lo íntimo, en Jesús y en su Buena Noticia.

Entrevistas personales con Jesús.

Son muchas las entrevistas, diálogos, encuentros personales con Jesús que aparecen en los evangelios. Estas entrevistas o diálogos abren los ojos de la fe.

En el diálogo con la mujer samaritana, Jesús da el agua a quien la busca. El camino de la fe nos dará una alegre seguridad y la serenidad de una vida limpia. Él quiso estar sediento de la fe de aquella mujer para encender en ella el fuego del amor divino. ¡Qué curiosa entrevista! Empieza un diálogo que conducirá a la mujer a la fe y que la renovará totalmente. Encontrará en Cristo el agua de la verdadera vida. Jesús conduce a la samaritana de sus afanes, y de la búsqueda equivocada de la felicidad al centro de sí misma. Poco a poco alcanzará la mirada de la mujer al que da la plenitud. Como la mujer samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (ver Jn 4,14).

En el diálogo con el ciego de nacimiento, éste le pregunta: «“¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?”. Jesús le dice: “Lo estás viendo; es el que habla contigo”. El ciego respondió: “Creo, Señor”. Y se postró ante Él» (Jn 9, 36-37). «Creo, Señor». Dos palabras. Sólo dos. Son, en realidad, el sentido de toda una vida. Aceptación del mundo nuevo, de la nueva visión, de los verdaderos valores que colocan al hombre en su verdadera dimensión trascendente. Sólo Cristo es la luz.

El diálogo entre Jesús y las hermanas de Lázaro es franco y con ado. Tienen tanta confianza en Jesús, que el acto de fe les sale casi connaturalmente. La confesión de María es admirable y la hacemos nuestra: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Marta parece un poco más reticente. La respuesta de Jesús es tajante con su réplica: «Si crees, verás la gloria de Dios». Con los discípulos, las dos hermanas y los que lloran a Lázaro, abrimos los ojos del alma y reconocemos a Jesús como el Cristo, el Señor de la Vida. Nace la fe (Jn 11, 27ss).

Tocar el corazón

«Tocar con el corazón, he aquí en qué cosiste el creer. En efecto, también aquella mujer que tocó la orla lo tocó con el corazón, porque creyó. Además, Él sintió a la que lo tocaba y no sentía a la multitud que lo apretujaba. «Alguien me ha tocado», dice el Señor. Me tocó, creyó en mí. Y los discípulos, al no entender lo que signi caba ese me tocó, le dijeron: «La multitud te apretuja y dices: ¿Quién me ha tocado?» ¿No sé yo lo que digo con estas palabras: Alguien me ha tocado? La multitud apretuja, la fe toca» (cf. Mc 5, 25-41).

¡La fe! Sólo la fe! «Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con una fe como ésta» (Mt 8, 10). «¡Oh mujer, qué grande es tu fe. Que te suceda como quieres. Y desde aquel momento su hija quedó curada» (Mt 15, 28) En la curación del muchacho epiléptico, el padre pide a Jesús: «Si puedes hacer algo, apiádate de nosotros y ayúdanos. Jesús le dijo: ¡Si puedes…! Todo es posible para el que cree». Entonces el padre del muchacho exclamó: «Yo creo, ayúdame a creer más» (Mc 9, 22. 23). Al ciego Bartimeo le dice: «Anda, tu fe te ha curado. Inmediatamente recobró la vista y seguía a Jesús en el camino» (Mc 10, 52).

¡La fe! ¡Sólo la fe! Es la gran preocupación de los Santos Padres y de toda la Iglesia. Es el tema preferente de San Ambrosio: «De modo que, cuando la profunda oscuridad de la noche cubra por completo el día, la fe ignore el ocaso y la noche resplandezca de fe» (Deus creator omnium, estrofa 5.a). «Sea Cristo nuestro Alimento, sea nuestra bebida la fe; libemos con gozo la sobria efusión del Espíritu. Transcurra este día en el gozo: sea el pudor la alborada, el mediodía la fe y nuestra alma ignore la sombra del crepúsculo» (Splendor paternae gloria, estrofas 6-7).

¡La fe! ¡Sólo la fe! La fe nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a acoger su Palabra para ser sus discípulos. Hoy es muy necesario un compromiso eclesial para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe como una experiencia de gozo y de gracia. Con palabras de san Agustín, la fe sólo crece y se fortalece creyendo; es decir, los creyentes «se fortalecen creyendo» Como sabemos, su vida fue una búsqueda continua de la belleza de la fe hasta que su corazón encontró descanso en Dios. «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti»

«¿A quién acudiremos cuando la fe va herida». «¿Quién curará nuestra herida?». «¿Quién limpiará nuestras lágrimas?». «¿A quién vamos a acudir, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 69).

¡Guardadnos en la fe y en la unidad, vosotros, que ya estáis desde el principio en comunión con Cristo y con el Padre!

¿A quién acudiremos
cuando la fe va herida
sino a vosotros, testigos vigilantes,
que anunciáis con palabra poderosa
lo que era en el principio,
lo que vieron de cerca vuestros ojos
y lo que vuestras manos
tocaron y palparon del Verbo de la vida?6

El texto para meditar

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,

y, limpio de culpa vieja,
sin verlos te pude ver.
Quiero creer.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire el,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
Quiero creer.

Limpia mis ojos cansados,
deslumbrados del cimbel,
lastra de plomo mis párpados
y oscurécemelos bien.
Quiero creer.

Ya todo es sombra y olvido
y abandono de mi ser.
Ponme la venda en los ojos.
Ponme tus manos también.
Quiero creer.

Tú que pusiste en las ores rocío,
y debajo miel,

filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.
Quiero creer.

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver

creo en Ti y quiero creer.

Antonio Alcalde Fernández

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258. A partir de algunos temas sociales, importantes en orden al futuro de la humanidad, procuré explicitar una vez más la ineludible dimensión social del anuncio del Evangelio, para alentar a todos los cristianos a manifestarla siempre en sus palabras, actitudes y acciones.

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Existir, vivir la vida, es preguntarnos cómo la vivimos, hacia dónde vamos y qué queremos o qué buscamos en ella.

En nuestra sociedad contemporánea también es posible instalarnos en la rutina, la monotonía de cada día, su anonimato individualista, “mediocre y ambiguo” en valores, aunque a veces nos sobresalte algún acontecimiento inesperado que señala nuestras contradicciones y los espejismos de nuestro bienestar o la inseguridad en la que vivimos.

El evangelio siempre nos propone alternativas y opciones posibles y nuevas, abiertas, para que nos acostumbremos a vivir con horizontes amplios y abiertos, sin fronteras, siempre en camino.

Jesús “pasó su vida haciendo el bien”, es el recuerdo de las personas que convivieron con él y transmitieron a otras personas como motivo y razón de vivir “la existencia” con sentido y destino.

De la misma manera celebramos las estas de tantos santos y santas, con nombre reconocido o anónimas, a lo largo de la historia, que, como Jesús, trabajaron por la misma causa en nuestra humanidad.

El bautismo para el servicio y la misión

El bautismo de Jesús es bautismo para el servicio y la misión de acuerdo con la gura del Siervo de Dios del profeta Isaías (Is 53). Como su forma de “ser Mesías” (no de cualquier manera).

Se trata de un cambio de paradigma, de modelo, en la imagen del Mesías: “de poder, dominio (eficacia)” -la imagen de Mesías que Israel esperaba- a la imagen de “servicio y misión” proféticas para la humanidad (o la del “cordero de Dios que carga con el pecado de la humanidad”): “yo estoy entre vosotros como quien sirve” (Lc 22, 27)

La elección de Jesús (“Tu eres mi Hijo querido…”) cambia las relaciones de la antigua Alianza entre Dios y nuestra humanidad por la “buena noticia”, nueva Alianza, que es la propia persona de Jesús para toda la humanidad, “su Hijo el amado” (v. 11).

Jesús acepta la vocación y la misión de “servir” a la voluntad del Padre, su proyecto de humanidad, “como siervo”, “sirviendo desde abajo, desde la humillación, víctima él mismo también de la inhumanidad”. Así es como se hace “signo de salvación y de liberación” para las personas que le rodean y le conocen: los que le quieren escuchar, los hambrientos, los leprosos, los ciegos, los pecadores, los perdedores de la historia…

“Él os bautizará con Espíritu Santo” (v 8)

Nuestro bautismo, como cristianos no es sólo “bautismo de agua para perdonar los pecados” (como el de Juan) sino “en el nombre de Jesús” y “con Espíritu Santo”.

Un sacramento eclesial y comunitario que se acepta en libertad como opción de vida. No se impone ni se fuerza. Se acoge, se recibe y se acepta.

La diferencia con el “bautismo de agua” del Bautista está en que los discípulos de Jesús bautizarán “con Espíritu Santo”, que siempre es “una vida nueva”, “renacer de nuevo”, “cambio, conversión y comprensión de unos horizontes personales nuevos en nuestras relaciones con Dios (“Padre”, ́Abba), de las relaciones con los demás como “hijos” y como hermanos (fraternidad), y de trabajo por el reinado de Dios.

El primero y principal: “que Dios siempre ama a cada persona” (sea cual sea su circunstancia; sin condiciones) y, dentro de ese amor, está el perdón de los pecados, el crecimiento en libertad y en dignidad, la búsqueda de la justicia, la paz.

Y el segundo, que esa experiencia personal del amor y del perdón personal que hemos recibido de Dios, esa “vida nueva”, se convierte en tarea y compromiso para extender el reinado de Dios en nuestro mundo sobrepasado por los odios, las injusticias, las desigualdades. Compromisos de “bautizados” que, además, en el caso de nuestra liturgia ritual del Bautismo, queda reforzado expresamente con la confesión de nuestra fe y en las “renuncias”, en sus dos formulaciones, a rmativas o negativas.

La fe supone ese proceso continuo de desarrollo como persona, dentro y al servicio de la comunidad. Es decir, la fe, como la Palabra de Dios, es “lámpara para mis pasos” de cada día (Salmo 118, v. 105). También es “signo” de “entrada a la comunidad cristiana”, pertenencia a la Iglesia.

La fe es “dinámica” (mueve, conmueve y remueve); es necesario cultivarla, como la amistad. No se con esa sólo con las palabras; “se dice” (se con esa) con formas y estilos de vida.

El bautismo no sólo supone “conocimiento teórico” de la fe (“saber en qué nos bautizamos”; catecismo) sino el compromiso de comunicar a los demás la alegría del amor de Dios presente en Jesucristo y nuestra colaboración en la construcción de su reinado en la historia.

Miguel Ángel Tocino Mangas, sj

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La presentación de Juan Bautista como profeta y precursor del Mesías prometido finaliza con las palabras que resumen su predicación, en las que sitúa cuál es su función en referencia a él: viene aquel a quien no es digno de desatarle la correa de las sandalias; es más fuerte porque la presencia del Espíritu está con él. Juan es testigo, siempre inferior a él. El bautismo realizado por Juan, «yo os bautizo con agua», llamada a la conversión, prepara el bautismo con Espíritu Santo realizado por el Mesías. La diferencia de los dos bautismos destaca la autoridad del que es «más fuerte». No obstante, lo importante no es el bautismo, sino quien lo realiza, aquel que viene para llevar a cabo la obra de Dios, salvación para toda la humanidad.

La entrada de Jesús en la escena supone el eclipse de Juan Bautista. Jesús baja desde Nazaret, en Galilea, hasta el Jordán, para ser bautizado. Este momento servirá para dar a conocer la identidad de Jesús, su relación más auténtica con el Padre, su misión en la historia de la salvación.

El hecho del bautismo de Jesús no se describe en Marcos. Unas pocas palabras sirven para constatarlo: «fue bautizado por Juan en el Jordán». No se dan más detalles; más que el hecho en sí, lo relevante es lo que sucederá a continuación. Jesús acude al Jordán como uno más entre los que buscaban el bautismo de agua para el perdón de los pecados, pero la dimensión que alcanza este hecho desborda por completo esta pretensión.

La intervención de Dios cuando Jesús sale del agua se narra como una teofanía en dos momentos: una visión y una audición. El destinatario de ambas es Jesús: «Cuando salió del agua vio los cielos rasgados… y una voz decía: Tú eres mi hijo…». Ni Juan, ni la gente que acudía a ser bautizada son testigos de esta manifestación de Dios.

El objeto de la visión es doble. En primer lugar, «vio los cielos rasgados», señal de la intervención de Dios en la historia. A partir de Jesús, el hombre tiene acceso directo a Dios, los cielos se abren y cae el muro de división entre Dios y la humanidad. La señal de esta apertura total es la llegada del Espíritu Santo. La imagen de la paloma no es más que un recurso simbólico para “certificar” la presencia del don escatológico del Espíritu que desciende sobre Jesús. En él se manifiesta y se hace visible la presencia definitiva del don de Dios.

Las palabras que escucha Jesús venidas de lo alto constituyen el elemento central de la teofanía. Dios da a conocer la identidad más íntima de Jesús: «Tú eres mi hijo, el amado». La filiación divina es la señal de identidad de Jesús, su ser más íntimo; la relación con el Padre es el elemento constitutivo de su ser. El adjetivo «el amado» refuerza la especial relación entre Dios y su hijo.

La segunda parte de esta audición; «en ti me complazco», se presenta como una especie de investidura para una misión. El predilecto, en quien Dios pone su complacencia, es, en diversos pasajes del Antiguo Testamento, el que ha sido elegido para realizar una misión (cfr. Is 42,1). Ésta se revelará a lo largo de todo el evangelio. El hijo amado, el predilecto, desvelará su identidad más profunda cuando entregue su vida en la cruz, culmen del amor que Dios tiene a la humanidad. Dios ha revelado la identidad de su hijo amado; el discípulo tendrá que aprender qué significa eso en su vida.

Óscar de la Fuente de la Fuente

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