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Archive for 6/01/18

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR. (SOLEMNIDAD)

 

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REYES QUE VENÍS POR ELLAS

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
y si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.

No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Rey de la paz ha sido glorificado por encima de todos los reyes de la tierra.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Rey de la paz ha sido glorificado por encima de todos los reyes de la tierra.

Ant 2. Ha brillado una luz en las tinieblas para los hombres de buena voluntad: el Señor justo, clemente y compasivo.

Salmo 111- FELICIDAD DEL JUSTO

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ha brillado una luz en las tinieblas para los hombres de buena voluntad: el Señor justo, clemente y compasivo.

Ant 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE   Tt 3, 4-5

Dios, nuestro Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Y nos trajo la salud, no en consideración a las buenas obras que hubiésemos practicado nosotros, sino por pura misericordia suya, mediante el baño bautismal de regeneración y renovación que obra el Espíritu Santo.

RESPONSORIO BREVE

V. Será la bendición de todos los pueblos.
R. Será la bendición de todos los pueblos.

V. Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
R. Todos los pueblos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Será la bendición de todos los pueblos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya.

PRECES

Veneremos a nuestro Salvador, adorado hoy por los magos, y digámosle suplicantes:

Salva, Señor, la vida de los pobres.

Rey de los pueblos, tú que llamaste a los magos, primicia de los pueblos gentiles, para que te adoraran,
concédenos también a nosotros el espíritu de adoración.

Rey de la gloria, que riges a tu pueblo con justicia,
concede a los hombres paz abundante.

Rey eterno, que subsistes por los siglos, envíanos tu palabra
y haz que penetre en nosotros como la llovizna que empapa la tierra.

Rey de justicia, que has venido a librar al pobre que no tiene protector,
ten piedad de los indigentes y afligidos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, cuyo nombre es eterno,
da parte a nuestros hermanos difuntos en el reino que preparas a tus elegidos.

Gracias a Jesucristo somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que manifestaste a tu Hijo en este día a todas las naciones por medio de una estrella, concédenos, a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 6 Enero, 2018

Visita de los Reyes de Oriente
Mateo 2,1-12

1. En silencio delante de Dios

La escucha orante de la Palabra exige atención, exige que tu escuchar esté orientado a Dios sólo, con toda la disponibilidad de la que es capaz tu corazón. La calidad de la oración depende mucho de la atención que pongamos. Se ha dicho que la atención es “la esencia de la oración”. Si tu búsqueda de Dios es sincera, honesta, correcta, no podrás menos que encontrar a Dios. Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904)

2. La Palabra se ilumina

a) El contexto del pasaje:

Si en el primer capítulo del evangelio de Mateo el intento del evangelista es mostrar la identidad de Jesús (quién es Jesús), en el segundo, el misterio de la figura de Jesús viene engarzado con algunos lugares que señalan el comienzo de su vida terrestre.
El pasaje litúrgico de este domingo contiene el principio del capítulo 2 de Mateo (2,1-29) al que le siguen otros tres cuadros narrativos: la fuga a Egipto (2,13-15): la matanza de los inocentes (2,16-18) y el regreso a Egipto (2,1923).
Para una mejor comprensión del mensaje en 2,1-13 resulta más provechoso subdividir el relato de los Magos en dos partes siguiendo el criterio de los cambios de lugar: Jerusalén (2,1-6) y Belén (2, 7-12). Debemos aclarar que en el corazón de la historia de los Magos encontramos una cita bíblica que focaliza la importancia de Belén en este período de la infancia de Jesús. “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá: pues de ti, saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo, Israel” (Mt 2,6).
Las dos ciudades constituyen el fondo de esta epopeya de los Magos y están unidas por dos hilos temáticos: la estrella (vv 2.7.9.10) y la adoración del Niño (vv 2.11).

b) El texto:

1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, 2 diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» 3 Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo
que apacentará a mi pueblo Israel.»
7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. 8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, Mateo 2,1-12para ir también yo a adorarle.» 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

3. En silencio delante de Dios

Sitúate con sencillez delante de Dios, inmerso en un profundo silencio interior; deja aparte toda otra consideración curiosa de pensamiento o imaginación; abre tu corazón a la fuerza de la Palabra de Dios.

4. Para una lectura atenta

a) El simbolismo de la estrella:

Los Magos, astrólogos orientales, dedicados a la astrología y a la predicción del destino, a veces interrogaban a los astros. Ahora, llegados a Jerusalén dicen que han “visto su estrella en su levantar”. El término “levantar”, en griego anatolê, significa, sin artículo, el Oriente (el punto cardinal por donde se levanta el sol); pero en el texto griego está el artículo y esto significa el surgir de un verdadero y propio astro. La confirmación de esto nos viene dada por un texto bíblico: “surgirá un astro de Jacob y se levantará un hombre de Israel” (Num 24,17). La estrella se convierte en figura del nuevo rey apenas nacido y les guía al lugar donde ha nacido y se encuentra. Interesante es anotar que esta estrella, no es visible en Jerusalén, sino que vuelve a aparecer a los Magos mientras ellos se alejan de la ciudad. La estrella es, verdaderamente el elemento más significativo del relato.

Primero de todo, los Magos en su largo caminar no han seguido a la estrella, sino más bien la han visto levantarse y enseguida la han asociado con el nacimiento del Mesías. Además el viaje no era hacia lo desconocido, sino que tenía como meta a Jerusalén, la ciudad a la cual acuden en peregrinación todos los pueblos de la tierra según el profeta Isaías.

La ciudad, a esta noticia de los Magos que vienen para adorar al Mesías, se conturba y se agita. Los habitantes de Jerusalén no parecen muy entusiastas y no se preocupan lo más mínimo de rendir homenaje al “nacido rey de los judíos”. Sino que, para colmo, Herodes proyecta matarlo.

Aunque en Is 1-6 la ciudad de Jerusalén está llamada a “levantarse y acoger la gloria del Señor”, ahora en Mateo se asiste a una reacción de rechazo por parte del rey y de Jerusalén con relación al Mesías nacido en Belén. Tal conducta prefigura el comienzo de las hostilidades que llevarán a Jesús a ser condenado precisamente en Jerusalén. No obstante tal reacción, que impide a los Magos acercarse a la salvación precisamente en la ciudad elegida para ser instrumento de comunión de todos los pueblos de la tierra con Dios, los acontecimientos del nacimiento de Jesús se trasladan a Belén. Dios que guía los sucesos de la historia hace que se vayan de Jerusalén los Magos, que se pongan en camino y encuentren al Mesías, en la ciudad que fue patria de David, Belén. En esta ciudad David había recibido la investidura real con la unción dada por Samuel, ahora, por el contrario, el nuevo rey recibe una investidura divina: no con óleo, sino en el Espíritu Santo (1,18.20). A esta ciudad suben ahora los pueblos, representados por los magos, para contemplar el Emmanuel, el Dios con nosotros, y para hacer experiencia de paz y de fe…

b) El simbolismo del camino de los magos:

i) Un camino lleno de dificultades, pero al final termina con éxito

El motor de su itinerario es el aparecer de una estrella, asociada enseguida al nacimiento de un nuevo rey: “ hemos visto su estrella en el Oriente” . La estrella es aquí sólo una señal, un indicio que comunica a los Magos la iniciativa de ponerse en camino. Al principio puede ser que estén movidos por la curiosidad, pero enseguida esta curiosidad se transformará en deseo de búsqueda y descubrimiento. Se da el hecho que aquel indicio de la estrella ha conmovido a los personajes y los ha empujado a buscar para encontrar una respuesta: ¿quizás a un profundo deseo? ¡Quién lo sabe! El texto muestra que los Magos tienen en el corazón una pregunta y que no temen repetirla, haciéndose inoportunos: “¿Dónde está el rey de los Judíos?”

La pregunta se la hacen al rey Herodes e, indirectamente, a la ciudad de Jerusalén. La respuesta viene dada por los expertos, sumos sacerdotes, escribas: es necesario buscar el nuevo rey en Belén de Judá, porque así lo ha profetizado Isaías: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no , la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel” (Mt 2,6). El texto profético sale al encuentro de las dificultades de los Magos: la Palabra de Dios se convierte en luz para su camino.

En fuerza de aquella información, sacada de la profecía isaiana, y confortados por el reaparecer de la estrella los Magos emprenden de nuevo el camino teniendo como meta, Belén. La estrella que los guía se para sobre la casa en la que se encuentra Jesús. Es extraño que los que viven en Belén o en los alrededores de la casa en la que se encuentra Jesús no vean aquella señal. Además, aquellos que poseen la ciencia de las Escrituras conocen la noticia del nacimiento del nuevo rey de Israel, pero no se mueven para ir a buscarlo. Al contrario, la pregunta de los Magos había, más bien, provocado en sus corazones miedo y turbación. En definitiva, aquellos que están cerca del acontecimiento del nacimiento de Jesús no se dan cuenta de los acaecido, mientras los lejanos, después de haber recorrido un accidentado camino, al final encuentran lo que buscaban. Pero, en realidad, ¿qué es lo que ven los ojos de los Magos? Un niño con su madre, dentro de una pobre casa. El astro que los acompañaba era aquel sencillo y pobre niño, en el cual reconocen al rey de los Judíos.

Se postran delante de Él y le ofrecen dones simbólicos: oro ( porque se trata de un rey); el incienso ( porque detrás de la humanidad del niño está presente la divinidad); mirra ( aquel astro es un hombre auténtico destinado a morir).

ii) El camino de los Magos: un camino de fe:

No es errado pensar, que lo realizado por los Magos haya sido un auténtico camino de fe, mucho más, ha sido el itinerario de aquéllos que, aunque no pertenecen al pueblo elegido, han encontrado a Cristo. Al comienzo de un camino hay siempre una señal que pide ser vista allí donde todo hombre vive y trabaja. Los Magos han escrutado el cielo, para la Biblia sede de la divinidad, y de allí han tenido una señal: una estrella. Pero para comenzar el recorrido de fe no basta escrutar los signos de la presencia de lo divino. Un signo tiene la función de suscitar el deseo, que necesita para realizarse un arco de tiempo, un camino de búsqueda, una espera. Es significativa la expresión con la que Edith Stein describe su camino de fe: “Dios es la verdad. Quien busca la verdad, busca a Dios, conscientemente o no”.

Un verdadero deseo provoca preguntas. Los Magos, por su parte, encuentran a Jesús porque tienen en su corazón fuertes interrogantes. Tal experiencia del encuentro con Jesús es, verdaderamente, una provocación para la pastoral: se impone la necesidad de no privilegiar una catequesis hecha de certezas o preocupada por ofrecer respuestas prefabricadas, cuanto de despertar en el hombre de hoy preguntas significativas sobre cuestiones cruciales de la humanidad. Es lo que sugiere un obispo del centro de Italia en una carta pastoral: “Presentar a Cristo y al Evangelio en conexión con los problemas fundamentales de la existencia humana (vida-muerte, pecado–mal; justicia-pobreza, esperanza-desilusión, amor–odio, relaciones interpersonales familiares, sociales, internacionales…), donde se evita lo desfasado entre las preguntas de la humanidad y nuestras respuestas”. (Mons. Lucio María Renna, O.Carm.)

La respuesta, como nos enseña la experiencia de los Magos, se encuentra en la Biblia. Y no se trata sólo de un conocimiento intelectual o de un saber acerca del contenido de las Escrituras, como en el caso de los escribas, sino en un acercarse a ella guiado por el deseo, por la pregunta. Para los Magos aquella indicación contenida en las S. Escrituras fue iluminadora para cumplir la última etapa de su camino: Belén. Además la Palabra de Dios les permitió ver en los sencillos y humildes signos de una casa, del niño con María, su madre, al rey de los judíos, el esperado de Israel.

Los Magos adoran y descubren en Jesús a aquel que habían con tanta ansia buscado. El lector, por un lado se sorprenderá por la desproporción existente entre los gestos y dones de los Magos y la humilde realidad que se presenta a sus ojos; pero, por otra parte, está seguro que aquel niño, que los Magos adoran es precisamente el Hijo de Dios, el esperado Salvador del mundo. Y así el itinerario se convierte en itinerario de todo lector que lee esta significativa historia de los Magos: quien busca, aunque parezca que Dios está lejos, puede encontrarlo. Aquéllos que, por el contrario, presumen de saber todo de Dios y creen tener asegurada la salvación, corren nel riesgo de privarse del encuentro con Él. En una catequesis habida en Colonia con ocasión de la XX Jornada de la Juventud así se expresaba el arzobispo Bruno Forte: “los Magos representan a todos los buscadores de la verdad, listos a vivir la existencia como un éxodo, en camino hacia el encuentro con la luz que viene de lo alto”

Además la experiencia de los Magos nos enseña que en toda cultura, en todo hombre hay esperanzas profundas que necesitan ser saciadas. De aquí la responsabilidad de leer los signos de Dios presentes en la historia de los hombres.

5. Para meditar

– Después de la lectura de este pasaje del evangelio ¿estoy disponible a revivir el camino de los Magos?
– ¿Qué dificultades encuentras en el profundo conocimiento de Jesucristo? ¿Cómo puedes superarlas?
– En tu búsqueda de la verdad ¿sabes confiarte, ponerte en camino y a la escucha de Dios?
– A la luz de la Palabra, ¿qué cosa puede cambiar en tu vida?

6. Salmo 72,1-11

Es un salmo real, compuesto para festejar al rey en el día de su subida al trono. La primitiva comunidad cristiana no ha tenido ninguna clase de dudas en ver en estas imágenes el retrato del Mesías.

Confía, oh Dios, tu juicio al rey,
al hijo de rey tu justicia:
que gobierne rectamente a tu pueblo,
a tus humildes con equidad.

Produzcan los montes abundancia,
justicia para el pueblo los collados.
Defenderá a los humildes del pueblo,
salvará a la gente pobre
y aplastará al opresor.

Durará tanto como el sol,
como la luna de edad en edad;
caerá como lluvia en los retoños,
como rocío que humedece la tierra.

Florecerá en sus días la justicia,
prosperidad hasta que no haya luna;
dominará de mar a mar,
desde el Río al confín de la tierra.
Ante él se doblará la Bestia,
sus enemigos morderán el polvo;
los reyes de Tarsis y las islas
traerán consigo tributo.
Los reyes de Sabá y de Seba
todos pagarán impuestos;
ante él se postrarán los reyes,
le servirán todas las naciones.

Doxología

También nosotros te damos gracias
Padre Santo cuyo nombre es sublime;
con el Hijo y el Espíritu Santo
siempre gloria por los siglos eternos.

7. Oración final

Sí, ¡Amén!
Te lo decimos ¡oh, Padre!
con todo el corazón
sintonizados con el corazón de tu Hijo
y de la Virgen María.
Te lo decimos con toda la Iglesia
y por todo el género humano.
Haz que, reunidos en el amor,
después del “sí” en la hora de la cruz
podamos con voz unánime,
en potente coro,
en silencioso esplendor,
cantarlo eternamente
en el santuario del cielo.
¡Amén! ¡Aleluya!
(Ana María Canopi)

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Bautismo de Jesús

1. Situación
La pregunta va directa: ¿En qué te sientes implicado, qué es lo que te importa, de tal modo que da sentido a tu vida?

Algunos creyentes, la mayoría tal vez, se implican en algo humano (los hijos, la pareja, la empresa, la ayuda al prójimo, la justicia social…) y le dan sentido desde la fe.

Otros se sienten implicados directamente desde la fe en Dios y en su proyecto (¡el Reino!), y desde aquí están dispuestos a lo que Dios quiera y van viviendo su realidad cotidiana (familia, trabajo, parroquia, lucha social…).

A muchos la fe no les implica y, lo que quizá es peor, tampoco la vida humana. Cumplen más o menos bien con sus deberes; pero van a lo suyo, a sus intereses egoístas.

2. Contemplación

Jesús se implicó del todo. Escuchó la voz del Bautista que anunciaba la llegada próxima del Reino, creyó y se hizo bautizar. Se implicó tanto, que quiso bautizarse como todos, como un pecador más. El, el Mesías Salvador. No lo entendía el Bautista; no será entendido cuando se manifieste en público; llegará a escandalizar cuando muera como un maldito. Es el Padre el que saldrá garante de la misión de Jesús, su Hijo, el amado, el predilecto (lectura evangélica).

La primera lectura trata la figura de este Mesías, la misteriosa figura del Siervo, descrita por el profeta Isaías en los cuatro famosos «cánticos del Siervo (42,1-7; 49,1-7; 50,4-9; 52,13-53,12).

Juan el Bautista dejó hacer a Jesús, creyó sin entender. Es Pedro, el discípulo, y con él cada uno de los cristianos, el que da testimonio de que, efectivamente, Jesús de Nazaret, el que pasó haciendo el bien y anunció la llegada del Reino, es el Ungido de Dios con la fuerza del Espíritu Santo, el Señor de todos (lectura de los Hechos).
 

3. Reflexión y praxis

Teóricamente, por el bautismo hemos sido incorporados a Jesucristo, creemos en su muerte salvadora y en la fuerza de su resurrección y, en consecuencia, estamos implicados en su causa, la de Dios (¡el Reino!).

En realidad, el bautismo se nos queda en la primera infancia. Nuestro proceso de maduración de la fe consiste en recuperarlo en su sentido más hondo: personalizar, llegar a hacer mío lo que se me dio por pura gracia. ¿Hubiera sido mejor que yo lo eligiese de adulto? Es una pregunta cada vez más acuciante; pero yo fui bautizado, y es el momento de hacerme consciente de lo que eso implica.

El camino que vamos a seguir es el mismo que siguieron los discípulos de Jesús: encontrarse con El de manera imprevista, sentirse atraídos, acompañarle, ver cómo actúa, escuchar su mensaje, sorprendernos, quedar desconcertados, fiarnos de El, a pesar de todo, implicarnos en el proyecto del Reino, aprender sus actitudes, ser fieles a su estilo de vida…

No va a ser fácil, porque todo lo tenemos montado y bien montado. Estamos relativamente comprometidos a profundizar en el Evangelio, a vivir mejor la Eucaristía del domingo e incluso a ser mejores con los demás; pero, ¿estamos dispuestos a ser sus discípulos, a implicarnos en lo que Jesús va a poner en marcha a partir de su bautismo en el Jordán?

La reflexión anterior fácilmente suscita esta pregunta: ¿Es que tendré que dejar mis comodidades y dedicarme a una vida distinta, entregada a la evangelización y/o a los pobres?

Al contrario, estas reflexiones quieren ayudar a suscitar verdaderos discípulos de Jesús en la vida ordinaria. No se trata de cambiar de estado ni de forma de vida, sino de algo más sencillo y más radical (¿por qué nos cuesta tanto entenderlo?): estar dispuesto a implicarnos en la aventura de Jesús, tal como nos la presenta el Evangelio.

¿En qué consiste? Nos lo irá diciendo Jesús mismo. Está claro que cambiarán muchas cosas en nuestra vida, pero no serán probablemente las que imaginamos desde nuestros miedos.

Esta reflexión caerá, sin duda, en manos de personas a las que efectivamente Jesús llama a una «dedicación especial» al Reino. No se trata de vocación mejor ni peor; es un modo de ser discípulo de Jesús. Lo que estos comentarios desean es devolver a cualquier forma de existencia su talante vocacional. Hay pocas vocaciones «especiales» porque no se vive la existencia creyente normal como seguimiento de Jesús y entrega al Reino.

Javier Garrido

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El Bautismo de Jesús nos ofrece, al menos, dos ideas  de máxima importancia   para nosotros:  

A).- La primera: La “identificación” de Jesús  como “el enviado por el Padre”

B).- La segunda: La “misión”  de ese envío.  

 

A).- La primera idea sería: La “identificación” de Jesús  como “el enviado por el Padre”

La finalidad  del bautismo de Jesús no puede  ser librarle de los pecados cometidos puesto que no los tenía.  Por consiguiente su encuentro con el Bautista tiene que tener estas otras dos  razones:  

1).- Se trata de una escenificación  en la que Jesús aparece empalmado con el Antiguo Testamento, a través de su encuentro con el Bautista, ultimo personaje en el proceso de la espera del Salvador

2).- Su ratificación como enviado por el Padre al reconocerle como su hijo  predilecto.

Esto es, en esquema,  el contenido de las lecturas. El profeta Isaías  (1ª lectura 42, 1-4, 6-7) habla proféticamente de uno que será considerado el hijo predilecto.  En el Evangelio  (3ª lectura, Mc. 1, 7-11) se narra el cumplimiento de  esa profecía y San Pablo (2ª lectura 10, 34-38) se muestra conocedor y proclamador de ese hijo predilecto del Padre. 

Esta primera parte    garantiza  que nuestra fe en Jesús  está plenamente justificada

B).- La segunda idea sería: La “misión”  de ese Hijo Predilecto

Una enseñanza,  poco tenida en cuenta,   nos la ofrece el hecho de que Jesús dedicó mucho más tiempo a prepararse que a predicar. Importante dato a la hora de ejercer  nosotros el apostolado: prepararnos concienzudamente para que, como dice San Pedro, en uno de sus primeros discursos como sucesor de Jesús, sepamos dar razón de nuestra fe.

Sin embargo la gran enseñanza en este punto sería la de su total entrega a dar a conocer el Reino de Dios.

Jesús con su actividad apostólica nos ofrece la posibilidad de diferenciar claramente evangelizar de moralizar.

Moralizar es ofrecer un código de comportamiento que favorezca el desarrollo de la persona en su dimensión individual  y social. Tal código convierte a la gente en honesta, en socialmente aceptable. El menosprecio al orden moral engendra comportamientos nocivos para la convivencia social. El inmoral es un peligro social.

Evangelizar es “otra cosa” completamente diferente. Es ofrecer una visión del hombre y la naturaleza  desde el plano de Dios Creador.  Su desconocimiento, de suyo, no engendra perturbaciones sociales: hay ateos perfectamente  encajados y luchadores por una sociedad justa y progresista.  La carencia de evangelización   engendra  “solo” ateísmo, es decir, falta de visión transcendente de la vida  y de la naturaleza en su conjunto.

Jesús no nos invita a moralizar la sociedad sino a evangelizarla, a descubrirle  su dimensión sobrenatural. Evidentemente esa visión transcendente de “todo”, comporta un código de actuación coherente con esa visión transcendente.  Ese sería el aspecto “moralizador” de la evangelización.

Lo propio de la evangelización es transmitirnos la visión de todo, desde Dios. Eso es la Revelación. La Revelación la hace Dios y nos comunica su propio punto de vista sobre todo cuanto existe.

Por eso la evangelización nos instala  ante el mismísimo plan de Dios, ofreciéndosenos como carta de navegación por la tierra. (aspecto moralizador)

Es más importante de lo que parece esta distinción porque uno de los grandes peligros que corre una verdadera evangelización es reducirla a una moralización. Es un defecto más que generalizado y, muy dañoso para una verdadera religiosidad,  ya que convierte las relaciones con Dios en contactos de tipo jurídico-contractual, carentes totalmente de la afectividad que Dios pide a las relaciones entre Él y nosotros.  Buena prueba de ello es la oración del Padrenuestro que Jesús nos enseñó.

Dios, en la Evangelización, se ofrece como Padre que nos ama, que nos orienta, que nos circunda con su afecto. Nos dice que cuando recemos olvidemos los protocolos y le llamemos padre. Cuando nos arrepintamos que no le temamos sino que nos duela haberle ofendido y que su perdón está garantizado.  Que cuando nos relaciones con los demás no olvidemos que son, como nosotros, hijos de Él y que en consecuencia lo que les hagamos será considerado como hecho a Él mismo.

Nada de esto tiene que ver con un código frio de comportamiento preceptivo,  sin alma, desangelado propio de una mera “moralización”

Las enseñanzas de la festividad del Bautismo de Jesús iluminen nuestro comportamiento en favor de una religión evangelizadora  que comporte  una visión transcendente del mundo en su totalidad. AMÉN.

Pedro Sáez

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263. Es sano acordarse de los primeros cristianos y de tantos hermanos a lo largo de la historia que estuvieron cargados de alegría, llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia activa. Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, reconozcamos que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana. En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades propias de su época. Para ello, os propongo que nos detengamos a recuperar algunas motivaciones que nos ayuden a imitarlos hoy[207].


[207] Cf. V. M. Fernández, «Espiritualidad para la esperanza activa». Acto de apertura del I Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia, Rosario (Argentina), 2011: UCActualidad 142 (2011), 16.

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El bautismo de Jesús

1. El bautismo que Jesús recibe de Juan no lo recibe para «darnos ejemplo» ni es mero gesto de humildad o de solidaridad con los pecadores. Estamos ante una escena de investidura o de consagración mesiánica: Jesús es el Hijo, el Señor; así nos lo dice Dios. El pueblo esperaba y espera que los cielos se abran (con nueva justicia), que Dios aparezca como Padre (estamos hartos de tantas paternidades falsas) y que se presente el Mesías, el Salvador (siguen pululando los falsos salvadores). «Tú eres mi Hijo» es una fórmula de adopción real y mesiánica.

2. El Mesías del profeta Isaías está ungido de Espíritu (fuerza, sabiduría, amor), sale de las aguas (nueva creación) y es servidor del pueblo (justicia, liberación). Jesús interpreta su propio bautismo como bautismo de sangre y de espíritu: es el acto pascual. Jesucristo se humilla con un gesto de pecador. Este gesto de humillación es la condición de su exaltación.

3. El bautismo cristiano, derivado del de Cristo, es nueva creación por el agua viva, nuevo nacimiento por el Espíritu, filiación con respecto a Dios, reconocido como Padre y Madre, y entrada en la Iglesia, pueblo de Dios y comunidad de creyentes.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Qué nos evoca realmente el acto del bautismo?

Casiano Floristán

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Promover el derecho

El bautismo del Señor en los evangelios es algo más que un gesto ritual. Es el inicio de la vida pública de Jesús.

El Hijo amado

Marcos es siempre conciso. El texto comienza hablándonos de la austeridad de Juan; describe el vestido del Bautista con términos similares a los que el segundo libro de Reyes emplea para referirse a Elías, el gran profeta de Israel (1, 8). Juan bautiza en el mismo lugar en que Elías fue arrebatado por un carro de fuego (2 Re 2, 11). Nos habla también de su humildad, no se considera digno de «desatar las sandalias» de aquel que viene detrás de él (v. 7). No es una expresión servil, es la expresión de la conciencia clara de quien sabe que debe preparar el camino para otro. Los bautismos son diferentes también, una cosa es hacerlo «con agua», otra «con el Espíritu Santo» (v. 8), y la fuerza de Dios. El Espíritu Santo es el don de los últimos tiempos; él pondrá un corazón nuevo dentro de cada creyente (Jer 31, 33; Ez 36, 25).

Se nos da a continuación el nombre del personaje al que Juan aludía: Jesús que vino «desde Nazaret de Galilea a que Juan le bautizara» (v. 9). La finalidad del viaje de Jesús está menos acentuada que en Mateo; pero la afirmación fundamental es la misma: Jesús acepta ser bautizado por el hombre a quien acudían muchos miembros de su pueblo. Tampoco hay un diálogo entre Jesús y Juan, como en Mateo, pero sí la expresión de la complacencia del Padre en «el Hijo amado»(v. 11), venido a este mundo para anunciar el reino de Dios.

Luz de las naciones

El misterioso personaje (individual o corporativo) que es el siervo de Yahvé prefigura al Mesías, así lo ha entendido una antigua y persistente interpretación. Sobre él, «mi elegido», ha sido «puesto mi espíritu», dice Yahvé. Su tarea es promover «el derecho en las naciones» (Is 42, 1). Unos versículos más abajo se dirá que el siervo ha sido «llamado para la justicia» (v. 6). Establecer la justicia y el derecho es un gran tema profético. Con ello se manifiesta la voluntad de Dios para su pueblo y para «las naciones». El segundo Isaías tiene una clara vocación universal; es necesario traer «el derecho a las naciones» (v. 3). La práctica de la justicia puede acarrear sufrimientos semejantes a los del siervo de Yahvé; pero es el precio a pagar, no el objetivo. Dicha práctica apunta a la liberación de todo tipo de cautividad.

La perspectiva universalista es retomada por Pedro, que pudo percibirla también en Jesús. Entiende que Dios no rechaza a nadie, sino que «acepta al que le teme y practica la justicia sea de la nación que sea» (Hech 10, 35). Lo que importa es hacer la voluntad de Dios, eso es lo que significa temer a Dios. Una expresión mayor de esto es «practicar la justicia». Quien lo hace, no importa el pueblo al que pertenezca, es grato a Dios. Vivir ante el Dios de nuestra fe es caminar en solidaridad con los hermanos, especialmente con aquellos a los que no se reconoce sus derechos más elementales.

Gustavo Gutiérrez

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