Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 8/01/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LIBRA MIS OJOS DE LA MUERTE.

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz, que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva,
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Haz que mi pie vaya ligero.
Da de tu pan y de tu vaso
al que te sigue, paso a paso,
por lo más duro del sendero.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo.
¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto
dame tu mano y ven conmigo. Amén

SALMODIA

Ant 1. El Señor se complace en los justos.

Salmo 10 – EL SEÑOR ESPERANZA DEL JUSTO

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor se complace en los justos.

Ant 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 14 – ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE   Col 1, 9b-11

Llegad a la plenitud en el conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo con alegría.

RESPONSORIO BREVE

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Favorece a tu pueblo, Señor.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos:
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad.

Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan contemplar tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de los que han muerto
y acógelos en el descanso de Cristo.

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó Cristo:

Padre nuestro…

ORACION

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Anuncios

Read Full Post »

Lectio: Lunes, 8 Enero, 2018
Tiempo ordinario
 
1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 1,14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.» Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
 
3) Reflexión
• Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a la provincia de Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. Juan fue tomado preso por el rey Herodes porque denunció el comportamiento inmoral del rey (Lc 3,18-20). ¡La prisión de Juan Bautista no asustó a Jesús! Vio en ella una señal de la llegada del Reino. Y hoy, ¿sabemos leer los hechos de la política y de la violencia urbana para anunciar la Buena Nueva de Dios?

• Jesús proclamaba la Buena Nueva de Dios. La Buena Nueva de Dios no solamente porque viene de Dios, sino que también y sobre todo porque Dios es su contenido. Dios, El mismo, es la mayor Buena Nueva para la vida humana. Responde a la aspiración más profunda de nuestro corazón. En Jesús aparece lo que acontece cuando un ser humano deja que Dios entre y reine. Esta Buena Nueva del Reino de Dios anunciada por Jesús tiene cuatro aspectos:
a) ¡El plazo está vencido! Para los demás judíos el plazo no estaba vencido todavía. Faltaba mucho para la llegada del Reino. Para los fariseos, por ejemplo, el Reino podía llegar sólo cuando fuera perfecta la observancia de la Ley. Jesús tiene otro modo de leer los hechos. Dice que el plazo está vencido.
b) ¡El Reino de Dios se ha acercado! Para los fariseos la llegada del Reino dependía de sus esfuerzos. Llegaría sólo después que ellos hubiesen observado toda la ley. Jesús dice lo contrario: ¡El Reino se ha acercado!” Ya estaba allí, independientemente del esfuerzo hecho. Cuando Jesús dice: “¡El Reino se ha acercado!”, no quiere decir que el Reino estaba llegando en ese momento, sino que ya estaba allí. Aquello que todos esperaban, ya estaba presente en sus vidas, y ellos no lo sabían, no lo percibían (cf. Lc 17,21). ¡Jesús lo percibió! Pues él leía la realidad con una mirada diferente. Jesús revelará a los pobres de su tierra esta presencia escondida del Reino en medio de la gente. Es ésta la semilla del Reino que recibirá la lluvia de su palabra y el calor de su amor.
c) ¡Conviértanse! El sentido exacto es mudar la forma de pensar y de vivir. Para poder percibir la presencia del Reino en la vida, la persona tendrá que empezar a pensar y a vivir de forma distinta. Tendrá que mudar de vida y encontrar otra forma de convivencia. Tendrá que dejar de lado el legalismo de la enseñanza de los fariseos y permitir que la nueva experiencia de Dios invada su vida y le dé ojos nuevos para leer y entender los hechos.
d) ¡Crean en la Buena Nueva! No era fácil aceptar este mensaje. No es fácil empezar a pensar de forma distinta de todo lo que uno ha aprendido, desde pequeño. Esto sólo es posible mediante un acto de fe. Cuando alguien viene a traer una noticia diferente, difícil de ser aceptada, usted la aceptará sólo si la persona que trae la noticia es de confianza. Y usted dirá a los demás: “Pueden ustedes aceptar. Yo conozco a la persona. No engaña. ¡Es de confianza!” ¡Jesús es de confianza!
• El primer objetivo del anuncio de la Buena Nueva es formar comunidad. Jesús pasa, mira y llama. Los cuatro primeros en ser llamados: Simón, Andrés, Juan y Santiago, escuchan, lo dejan todo y siguen a Jesús para formar comunidad con él. ¡Parece amor a primera vista! Según el relato de Marcos, todo aconteció durante el primer encuentro con Jesús. Comparando con otros evangelios, la gente percibe que los cuatro ya conocían a Jesús (Jn 1,39; Lc 5,1-11). Ya tuvieron la oportunidad de convivir con él, de verle cuando ayudaba a la gente y de escucharle en la sinagoga. Sabían como vivía y lo que pensaba. El llamado no fue cosa de un momento, sino más bien de repetidos llamados e invitaciones, de avances y retrocesos. ¡El llamado comienza y vuelve a empezar siempre de nuevo! En la práctica, coincide con la convivencia de los tres años con Jesús, desde el bautismo hasta el momento en que Jesús fue levantado al cielo. (He 1,21-22). Entonces, ¿por qué Marco nos lo presenta como un hecho repentino de amor a primera vista? Marcos piensa en el ideal: el encuentro con Jesús tiene que producir un cambio radical en nuestra vida.
 
4) Para la reflexión personal
• Un hecho político, la prisión de Juan, llevó a Jesús a que iniciara el anuncio de la Buena Nueva de Dios. Hoy, los hechos políticos y sociales ¿influyen en el anuncio que hacemos de la Buena Nueva a la gente?

• “¡Conviértanse! ¡Crean en la Buena Nueva!” ¿Cómo está aconteciendo esto en mi vida?
 
5) Oración final
Porque tú eres Yahvé,

Altísimo sobre toda la tierra,
por encima de todos los dioses. (Sal 97,9)

Read Full Post »

“Bajó con ellos y vino a Nazaret y les estaba sujeto y su madre guardaba todo esto en  su corazón. Jesús crecía en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres”.

Así, de una tacada y en 4 líneas, describe san Lucas, el único evangelista que los menciona, los 18 años que van desde el episodio en el templo hasta la vida pública de Jesús. Fueron 30, en total, los transcurridos en Nazaret durante su llamada vida oculta, o sea, corriente, ordinaria y normal; idéntica, al menos en apariencia, a la de  cualquier hijo de vecino. Así transcurrieron el 90% de los días en los que el  Hijo de Dios compartió con nosotros en la tierra la condición humana.

Esta condición reviste, en todos los continentes y culturas, las más variadas expresiones, pero en todas partes la vida se distribuye entre las jornadas ordinarias, repetidas día tras  día e iguales entre sí, que ocupan más fechas en el calendario, y aquellas otras, de carácter festivo, de ocio, o al menos, de actividades bien distintas de la ocupación habitual.

Baste pensar en la muchedumbre silenciosa de las amas de casa; en el colectivo  inabarcable de los alumnos y profesores de todos los centros de enseñanza del país, desde el materno infantil hasta el doctorado; en el ejército de los funcionarios del estado, de la sanidad, de la industria, del comercio en todos sus niveles.

Asomándonos a ese enjambre de la gran colmena humana, salta a la vista que, para la inmensa mayoría de nuestros semejantes el trabajo, junto a la familia, es el gran eje de su vida y un camino indispensable de su autorrealización. Si aciertas en esos dos capítulos de  tu existencia, no sólo tu vida ordinaria, sino tu vida como tal, está prácticamente asegurada.

 

La noria de los días

Vida ordinaria son también los otros mundos de la persona; el descanso y el ocio, con  programas bien conocidos para el fin de semana: como el traslado al campo o las  actividades religiosas, culturales, deportivas; o el consumo frenético de las ofertas de  televisión. Así los días laborables y los paréntesis festivos, estos cada vez más dilatados, se van articulando como engranajes de una noria en la que se implican como autómatas  miles y miles de seres humanos de la sociedad de consumo.

Es innegable, repito, que el entramado personal, familiar, profesional y social del propio régimen de vida es el que desarrolla nuestra personalidad y que, sumado nuestro empeño al de millares y millones de otros hombres y mujeres, hace avanzar la historia hacia horizontes de progreso integral.

No se puede ignorar, sin embargo, el impacto que, por exceso o defecto, por fasto o por nefasto, produce en nuestra persona ese rodaje monótono de las horas y los días. Por ejemplo, cuando el género de vida de incontables individuos (da lo mismo varones que  mujeres) adolece de monotonía y no despierta interés en sus protagonistas, suele desembocar a menudo en el aburrimiento y merma la autorrealización de la persona. Allí  donde no hay más compensación que las quinielas y bonolotos, cuando no el aturdimiento  fini-semanal de la diversión a tope, están al acecho la amenaza del alcohol o de cosas peores.

No sé si es más o menos frecuente esta otra desviación típica o tópica. La de quienes  trabajan febrilmente exprimiendo el propio sujeto hasta las fronteras del estrés: mujeres  madres de familia, amas de casa y con trabajo fuera del hogar; esposos en parecidas  circunstancias, que, sin pluriempleo u horas extras hasta la extenuación, no pueden hacer  frente al presupuesto familiar, al que previamente le fijaron un listón bastante alto, para  sostener un cierto standing de vivienda, colegios de hijos, marca de automóviles y  relaciones sociales. ¿Qué ocurre? Pues, lo de siempre. Esto exprime a las personas y les conduce a un progresivo empobrecimiento espiritual, cultural y cívico.

 

No envilecer lo ordinario

Jugando un poco con las palabras, bueno es barajar un manojo de vocablos, adjetivos casi todos, que iluminan el significado y el sentido de la vida cotidiana. Ordinario viene de  orden. ¿Y quién puede cuestionar la bondad de un régimen de vida sometido a un  ordenamiento sabio y razonable? Ordinario también, dicho sin reticencia alguna, es lo  usual, lo acostumbrado, lo normal, lo comúnmente aceptado y realizado por los miembros  de la comunidad. En el lenguaje institucional de la Iglesia, se llama ordinario, como nombre, no como adjetivo, al obispo diocesano, a su vicario general y a los superiores mayores de  las congregaciones religiosas con sacerdotes. En Alemania, los obispados se llaman  ordinariatos. Pero, en el polo opuesto, y con uso muy frecuente en nuestro idioma, se califica de ordinario a un sujeto de malos modales y, a los productos que segrega, ordinarieces.

Cuando hablamos de días ordinarios y días grises, es claro que no vamos por ahí. Pero sí registramos una realidad, más o menos patológica, que prolifera lo mismo en las  personas que en las instituciones, siempre que se repiten a diario y a veces durante años y años, determinados clichés de la conducta personal o la gestión de asuntos. “Assueta  vilescunt” decían los romanos. Las cosas se envilecen por su repetición. Y, en un plano  más hondo, apuntando a la conciencia y a la sensibilidad de las personas, que estamos  detrás de esos fenómenos, no cabe la menor duda de que la rutina nos desgasta, merma nuestra atención, achata nuestra escala de valores y debilita, incluso hasta la alerta roja, el  sentido de la responsabilidad.

Revisiones periódicas

No esperemos a ocasiones solemnes, a terribles sacudidas, a conversiones llamativas, para revisar los engranajes de nuestro funcionamiento rutinario y para prestar oídos a la crítica o el malestar difuso que originan nuestros comportamientos. Todos nos dormimos  sobre los laureles y, en ocasiones, por nuestro vuelo corto, nuestra estrechez de  horizontes, nuestra pereza mental o nuestra frialdad de corazón, ni siquiera tenemos  laureles sobre los que apoyar la cabeza.

¡Nada, empero, ni de arredrarse, ni de amilanarse por esto! El tono gris de la existencia no siempre ni las más de las veces obedece a la ausencia de motivaciones recias o de capacidad de entrega. Con la mayoría de las personas, se ha demostrado eso con creces en ocasiones precedentes. Urge entonces la revisión periódica, lo mismo de los  automóviles que de sus conductores. ¿Y por qué no también de las instituciones: diócesis,  parroquia, movimiento, comunidad, grupo? En las restauraciones de monumentos se operan hoy en día auténticos prodigios. Todos somos manifiestamente mejorables.

¡Ven Espíritu Santo!

ANTONIO MONTERO

Read Full Post »

La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 16 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte.

De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 14 de febrero. La Ascensión del Señor, que este año será el 13 de mayo. El Domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 20 de mayo. El primer Domingo de Adviento, que celebraremos el día 2 de diciembre. También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor.

A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Read Full Post »

265. Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida. Cada vez que uno vuelve a descubrirlo, se convence de que eso mismo es lo que los demás necesitan, aunque no lo reconozcan: «Lo que vosotros adoráis sin conocer es lo que os vengo a anunciar» (Hch 17,23). A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones: «El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza»[208].


[208] Juan Pablo II, Carta enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 45: AAS 83 (1991), 292.

Read Full Post »

Creer para poder ver

Se trata de una curiosa perspectiva paradójica de la fe: es preciso “creer para ver” y no al revés, como tantas veces exige nuestra sociedad y nuestra civilización “experimentalista, pragmática, utilitarista” (ver para creer…). Hay que fiarse antes, con ar en el Dios que se ofrece, que se da al que le busca, se intuye. Jesús algunas veces, en los sinópticos (Mt 13, 58), afirma que los signos del reino no son visibles —ni su persona, “significativa”, Lc 4, 16—, “porque no tenían fe”. Sólo reaccionan ante los “milagros” espectaculares y mágicos.

Tal vez nuestra cultura esté amenazada también por la sospecha y la descon anza ante los demás, vecinos y las propias instituciones, que siempre son diferentes, y ha adoptado esa forma de vida como forma de autodefensa, de protección y prevención (miedo, “xenofobia”?).

La llamada (vocación)

La “llamada” de Jesús a sus discípulos no es excluyente, para formar un grupo a parte o una secta. La “llamada” es una invitación personalizada: “Si quieres, si puedes…” (aunque sea aparentemente imperativa; no coercitiva ni forzada). Su tarea-mi- sión evangelizadora consistirá en presentar la persona de Jesús y su evangelio de Dios como razón y estilo de vida en libertad.

Estos discípulos (Andrés “y otro”, probablemente Juan) que van a seguir a Jesús, son discípulos del Bautista; es decir, son personas iniciadas en la conversión, en al ascetismo riguroso y en el descubrimiento de la voluntad de Dios. El Bautista realiza su humilde función de “precursor” e identificador del “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29).

Con Jesús aprenderán otra pedagogía. Dos criterios fundamentales para orientarse en la vida: la libertad (Jesús acepta libremente la voluntad del Padre; nuestra “decisión personal libre”, en la medida en que podemos) y el amor (Jesús entrega libremente su vida por amor de la humanidad).

La “mística” de la escucha de la llamada de Dios supone atención a nuestra realidad personal vital y la escucha de los clamores de la humanidad en la que formamos parte. Necesitamos “estar con Jesús”: la experiencia de convivir “para ver”, “acompañar” (“Venid y ved”, experiencia previa). Para “ir” es preciso “querer salir” de los propios intereses, de los propios proyectos y “ponerse en camino”. Para “ver” es necesario “abrir los ojos del corazón” (Saint Exupery: “… lo esencial es invisible a los ojos”, El Principito”)

La experiencia del encuentro con Jesús “ese día” sirvió a Andrés para invitar a Pedro y la invitación a que otros (Felipe, Natanael ) se sumaran a la misión. ¿Y yo, qué puedo hacer? ¿Qué puedo aportar al proyecto de Dios sobre nuestra humanidad? (“Maestro” Ignacio de Loyola decía: “dejarnos afectar por la acción de Dios”). “Nada de lo que suceda en nuestro mundo, nos es ajeno”. No es nuevo el dicho: “Nadie es imprescindible; todos somos necesarios….” y en nuestra comunidad cristiana y en nuestra Iglesia debería ser así. Nadie “sobra”. La llamada a Samuel es insistente, como un eco que se repite y que Samuel no acierta a saber de dónde viene, y pregunta a alguien experimentado (Elí) buscando orientación.

El seguimiento de Jesús y su estilo de vida

Pablo aclara a la comunidad de Corinto la visión cristiana de la dignidad de toda persona frente a la prostitución y la explotación de las personas, hombres y mujeres. “Ser personas nuevas”, llamadas, exige un estilo de vida de respeto y de reconocimiento del valor de la propia vida porque Jesús, ha “pagado con su vida” por nosotros y formamos parte de la comunidad cristiana: “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros.” Con esa comprensión integral de la persona cristiana, Pablo supera el dualismo ambiental griego (“materia y forma”) y el espiritualismo “desencarnado” que desprecia el cuerpo.

El “seguimiento” de Jesús es el trabajo y disposición “de la propia persona” para el reinado de Dios (la misión) que tiene “todo que ver” con una humanidad más justa y más fraterna (voluntad “creadora” de Dios; proyecto de humanidad). Un forma de vivir la vida liberadora del propio egoísmo “para el bien común, para los demás”. Un estilo de vida cristiano que plantea una alternativa a otras formas de pensar y otras formas de vivir la vida distintas a las que ofrecen nuestras “sociedades ensimismadas y narcisistas”, centradas exclusivamente en el propio “yo” y mis intereses.

Miguel Ángel Tocino Mangas, sj

Read Full Post »

Después del Prólogo y de la presentación de Juan el Bautista y su función dentro del plan de salvación, el evangelio de Juan relata la vocación de los primeros discípulos. A diferencia de los Sinópticos, aquí son dos discípulos de Juan quienes, tras las palabras de su maestro, deciden seguir a Jesús. No media llamada alguna; son las palabras del Bautista las que provocan el deseo de caminar detrás de Jesús. No obstante, el diálogo posterior que mantendrá con ellos pondrá de mani esto el auténtico sentido de este deseo de «caminar detrás de él».

Por segunda vez el Bautista señala a Jesús como «el cordero de Dios» (Jn 1,29. 36), aludiendo al carácter sacrificial de su vida y entrega. Recuerda al “siervo sufriente” en el que se manifestará la gloria de Dios («como cordero llevado al matadero…»). La presentación joanea destaca la dimensión soteriológica de la muerte de Jesús: anteriormente se ha dicho que es «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

Tras estas palabras, los dos discípulos de Juan siguen a Jesús. La radicalidad del seguimiento, que los Sinópticos destacan con el «dejándolo todo lo siguieron», aparece aquí bajo la forma de «caminar detrás de Jesús» sin que haya habido llamada alguna. La acción de seguirle expresa algo más que el mero hecho de ir con él, caminar a su lado. La expresión que se utiliza implica adhesión vital, dejarse guiar, obedecer, abrazar su propia vida. En esto consiste el auténtico seguimiento de Jesús.

El diálogo que se establece a continua- ción, breve, pero denso en signi cado, pone de manifiesto el verdadero sentido de la decisión de caminar detrás de Jesús. El encuentro con el Maestro, así le reconocerán a continuación, implica algo más que abrazar una enseñanza de escuela. La búsqueda de aquellos dos discípulos apela a la fe en quien han decidido seguir. Así lo expresa la pregunta que dirigen al Maestro: «¿Dónde vives?». La traducción literal «¿Dónde permaneces?» utiliza un verbo habitual en Juan que expresa, más que un lugar concreto, un nuevo estilo de vida de comunión con él.

La invitación de Jesús, «Venid y lo veréis», es una llamada a experimentar el encuentro con Él, con su persona y su estilo de vida. El «ver» implica comunión de vida, adhesión profunda, compartir su destino: cordero que se entrega para la salvación de todos. Los discípulos están decididos a aceptar esta propuesta de vida, por eso «vieron dónde vivía y se quedaron aquel día con él».

Es llamativa la presentación de los dos discípulos: uno es Andrés, a quien se conoce por los Sinópticos, y otro del que no se sabe el nombre. No son las dos parejas de hermanos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan) los primeros en ser llamados. El discípulo “desconocido”, que aquí tiene preeminencia sobre Pedro, es cualquiera de los lectores del Evangelio, invitados a seguir a Jesús, conocerle, aceptar su vida y permanecer con él.

El encuentro con Jesús, el descubrimiento de su vida, entrar en comunión con él, implica la necesidad de dar testimonio de lo sucedido: «Hemos encontrado al Mesías». El seguimiento no es una experiencia intimista que se encierra en la relación personal con Jesús. Encontrarse con él, seguirle, permanecer a su lado, transforma la vida y hace del discípulo testigo valiente de esta buena noticia.

La llamada a los primeros discípulos es una invitación a experimentar el encuentro con Jesús, con su vida y misión. Permanecer con Él es entrar en comunión con su destino: la pasión-gloria de Jesús lo será también del discípulo.

Óscar de la Fuente de la Fuente

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: