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Archive for 10/01/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HORA DE LA TARDE.

Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos
de tus viñadores.

Al romper el día
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.

Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al de la tarde
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.

A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Ant 2. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:

Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia: guárdala de todo mal
y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero,
y a Jesucristo como al Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes
y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades
y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto
y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Miércoles, 10 Enero, 2018
Tiempo ordinario
 
1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 1,29-39
Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.» Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
3) Reflexión
• Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura a la suegra de éste. La curación hace que la mujer se ponga de pie y atienda a los demás. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, empieza a servir a las personas. Jesús no solamente sana a la persona, sino que sana para que la persona se ponga al servicio de la vida.
• Jesús acoge a los marginados. Al caer de la tarde, terminado el sábado en la hora en que aparece la primera estrella en el cielo, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente le trae. Los enfermos y los poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No sabían a quién acudir. Estaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión los consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y excluyera. Jesús las acoge. Así, aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere alcanzar en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos, y reintegrarlos en la convivencia de la comunidad.
• Permanecer unido al Padre por la oración. Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente apropiado para rezar. Se levanta antes que los otros, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios, nos hablan de la oración de Jesús en silencio (Mt 14,22-23; Mc 1,35; Lc 5,15-16; 3,21-22). A través de la oración, él mantiene viva en sí la conciencia de su misión.
• Mantener viva la conciencia de la misión y no encerrarse en el resultado obtenido. Jesús se volvió conocido. Todos iban detrás de él. Esta publicidad gustó a los discípulos. Fueron a buscar a Jesús para llevarlo de nuevo junto con la gente que lo buscaba, y le dicen: Todos te buscan. Pensaban que Jesús iba a participar en el banquete. ¡Se engañaban! Jesús no acudió y dijo: Vamos para otros lugares. ¡He salido para esto precisamente! Seguramente se extrañaron. Jesús no era como se lo imaginaban. Tenía una conciencia mucho más clara de su misión y quería transmitirla a los discípulos. No quiere que se encierren en el resultado ya obtenido. No deben mirar atrás. Al igual que Jesús, deben mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre la que debe orientarlos en la toma de decisiones.
• He salido para esto, precisamente. Este fue el primer malentendido entre Jesús y los discípulos. De momento, no es que una pequeña divergencia. Mas adelante, en el evangelio de Marcos, este malentendido, a pesar de las muchas advertencias de Jesús, crece y llega casi a una ruptura entre Jesús y los discípulos (cf. Mc 8,14-21.32-33; 9,32;14,27). Hoy también existen malentendidos de cara al rumbo del anuncio de la Buena Nueva. Marcos ayuda a prestar atención a las divergencias, para no permitir que crezcan hasta llegar a una ruptura.
4) Para la reflexión personal
• Jesús no ha venido para ser servido, sino para servir. La suegra de Pedro empieza a servir. Yo, ¿hago de mi vida un servicio a Dios y a los hermanos y hermanas?
• Jesús mantenía viva la conciencia de su misión mediante la oración. ¿Y mi oración?
5) Oración final
Cantad a Yahvé, bendecid su nombre!
Anunciad su salvación día a día,
contad su gloria a las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos. (Sal 96,2-3)

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Marcos 1, 14-15

«14 Pero, después de ser Juan entregado, Jesús vino a Galilea, proclamando el evangelio de Dios 15 y diciendo: “El tiempo ha sido cumplido y el reino de Dios se ha acercado. Convertíos y creed en el evangelio”.

Después de haberse mantenido firme, con el poder de Dios, en su lucha personal contra Satán y después de haberse opuesto a su vana pretensión de dominio universal, Jesús viene ahora a Galilea, el hogar de origen de la salvación, proclamando la buena noticia de que Dios mismo está pronto para reafirmar su dominio sobre el mundo: «El reino de Dios se ha acercado». De los dos versículos de 1, 14-15 el primero parece de origen marcano, porque su vocabulario es típico de Marcos (entregado, Jesús vino, Galilea, proclamando, evangelio). Pero el resumen del mensaje de Jesús en 1, 15 incorpora probablemente una tradición premarcana, puesto que es similar a otros pasajes del Nuevo Testamento que han sido identificados como «fórmulas bautismales». El paralelismo es más sorprendente con Rom 13, 12, donde se encuentran exactamente los cuatro elementos de Mc 1, 15 en el mismo orden, a saber: 1. El anuncio de la finalización de la edad antigua; 2. El anuncio del comienzo de una nueva edad; 3. La llamada a convertirse y dejar la edad antigua; 4. La llamada a dirigirse a la nueva edad. Por otro lado, en el Nuevo Testamento los motivos de la conversión, la fe y el reino de Dios suelen aparecer asociados con el bautismo (cf. Hch 2, 38; Jn 3; 1Cor 6, 7-11; Col 1, 13; Heb 6, 1-2). A pesar de sus distintos orígenes, los dos versículos se vinculan como una unidad bien marcada. Las palabras finales de 1, 14 (el evangelio de Dios) aparecen en 1, 15 en orden invertido (el reino de Dios, creed en el evangelio).

1, 14-15: En Marcos, el ministerio público de Jesús no empieza hasta después de que Herodes haya encarcelado a Juan. De hecho, históricamente, el ministerio de Jesús parece haberse solapado con el de Juan Bautista durante algún tiempo (cf. Jn 3, 22-30). Si Marcos conocía este hecho, lo ha velado, probablemente por su idea de que la función de Juan había sido la de actuar como precursor de Jesús, tanto en su proclamación del tiempo final, como en el hecho de que ambos han sido arrestados, han sufrido y han padecido una muerte injusta.

La primera acción que Marcos recoge en el ministerio público de Jesús es su proclamación de la «buena noticia de Dios» (1, 15), siguiendo en la línea de lo que era el comienzo del evangelio («la buena noticia de Jesús Cristo», 1, 1). La correspondencia no es accidental.

El contenido del evangelio viene especificado en un par de sentencias, cuidadosamente vinculadas por su estructura. La primera consta de dos oraciones principales conectadas por un «y», y cada una de ellas tiene un verbo en perfecto de indicativo («el tiempo ha sido cumplido y el reino de Dios se ha acercado»). La segunda consta de dos imperativos, también conectados por un «y» («convertíos y creed en el evangelio»). Las dos frases son estructuralmente paralelas, tanto horizontal como verticalmente. La antigua edad mala del dominio de Satán se ha cumplido, esto es, se encuentra en su fin; la nueva edad del reino de Dios va a comenzar. El primer imperativo (convertíos) corresponde al primer indicativo: los oyentes reciben la llamada para convertirse y salir de la edad antigua, que ahora se encuentra en el lecho de muerte. El segundo imperativo (creed) corresponde al segundo indicativo: los oyentes están llamados a volverse en fe hacia la nueva edad que está empezando una edad en la que Dios reinará como rey. Este anuncio incorpora probablemente una antigua fórmula bautismal. Si eso es así, Marcos está haciendo que sus lectores recuerden, de esta formal, el momento en que ellos mismos se aproximaron a las aguas bautismales, es decir, Mc 1, 15 les recordaría el momento en que ellos mismos vinieron a convertirse en discípulos de Jesús.

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Además de los tiempos que tienen un carácter  propio, quedan 33 ó 34 semanas en el curso del año en las cuales no se celebra algún  aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino más bien se recuerda el mismo misterio de  Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este período de tiempo recibe el nombre  de tiempo ordinario.

Cuaresma y Pascua han sido tres meses fuertes. Ahora, desde el lunes siguiente a  Pentecostés y hasta el Adviento, tenemos por delante seis meses de tiempo ordinario: 25  domingos “verdes”.

Ordinario no significa ciertamente vulgar o anodino, sino que se contrapone a los  tiempos fuertes. Los domingos no son tampoco “grises” sino “verdes”. Y son la mayoría del  año: 33 ó 34, frente a los 18 ó 19 del ciclo pascual y navideño.

No puedo ocultar que le tengo simpatía al Tiempo Ordinario. Cuando después de las  fiestas de Navidad desembocamos en las primeras semanas de tiempo normal, me parece  que de algún modo llegamos a un respiro psicológico. Cuando termina la Cuaresma y la  Pascua, con su tensión y su insistente énfasis, resulta pedagógico reanudar la serie de los  domingos más tranquilos del Tiempo Ordinario.

No quisiera creer que mi subconsciente me juega una mala pasada, y que lo que pasa es  que no quiero tiempos exigentes que me obliguen a vivir intensamente. Me parece que,  aparte de la necesaria sucesión psicológica de tiempos fuertes y normales, el Tiempo  Ordinario tiene una riqueza propia y unos valores interesantes que también cuentan en la  vida espiritual.

El Tiempo Ordinario responde sencillamente a la vida normal. Es bueno que después  de un espacio de fiesta sigan otros más sencillo. No todo el año puede ser Pascua ni  ejercicios espirituales. La vida cotidiana también tiene sus ventajas (estos meses se  llaman en la liturgia hispánica “de cotidiano”). En los tiempos fuertes se puede decir que  nos vemos obligados a celebrar y hay el deber de ser felices (feliz Navidad… feliz  Pascua). Ahora celebramos nada más (y nada menos) que eso: que somos cristianos, que  formamos la comunidad de los salvados y vivimos la vida como continua historia de  salvación. Los domingos verdes son los días en que sólo pasa eso: que es domingo.

El Tiempo normal es también el tiempo de la maduración. Acabamos de celebrar el  misterio central: la Pascua. Y seguramente lo hemos hecho con intensidad y acentos de  fiesta. Pero ahora se nos ofrece un espacio sosegado para ir asimilando ese misterio de  Cristo. No es un tiempo estéril: la semilla fructifica en la tranquilidad. Una cosa es celebrar  festivamente la Pascua y otra vivir la Pascua (que es lo mismo que vivir el Evangelio) en la  vida de cada día, interiorizando, madurando en el misterio de Cristo.

Estos meses de Tiempo Ordinario nos invitan a vivir el misterio de Cristo en su  totalidad. La Navidad nos hizo celebrar la Encarnación y sus primeras manifestaciones. La  Pascua, el misterio de la Muerte y de la Glorificación del Señor. El Tiempo Ordinario nos va  presentando pausadamente la vida, las palabras, los gestos, la persona de Cristo, y así va  iluminando nuestra existencia e interpelando nuestra vida cristiana.

Eso sucede sobre todo siguiendo al evangelista del año. En concreto, en el  Ciclo C, a san Lucas. Lucas, con su estilo de buen narrador, nos ofrece en los evangelios  dominicales de este año una figura de Jesús muy propia de él:

  1. a) un Jesús lleno de sentimientos de misericordia y acogida para con los pecadores;
  2. b) un Jesús preocupado de los que, por una razón u otra, estaban marginados en la  sociedad de su tiempo (mujeres, niños, publicanos, enfermos, pobres);
  3. c) un Jesús que anuncia claramente una salvación universal: Lucas es el que más  protagonismo da a los no judíos (samaritanos, centurión romano);
  4. d) un Jesús cuyo mensaje y persona se interpretan en clave de Jerusalén; para Lucas la  historia tiene estos tres momentos:

– Jesús sube (geográfica y simbólicamente) a Jerusalén, en un movimiento que abarca del cap. 9 al 19 de su evangelio;

– en Jerusalén  se desarrolla el Misterio Pascual, culminando con la Ascensión y el envío del Espíritu sobre  la comunidad eclesial;

– y desde Jerusalén arranca la gran misión de la Iglesia: la  comunidad baja a Samaria y a todo el mundo: hasta Roma, que será como la meta  simbólica de la apertura.

Son aspectos del misterio de Cristo y de la Iglesia que este año, el año de Lucas,  podremos ir asimilando en el Tiempo Ordinario, guiados por esa eficaz pedagogía de la  palabra evangélica.

Finalmente, el Tiempo Ordinario es la mejor ocasión para celebrar y  saborear lo que es el domingo. Estos domingos no tienen color particular de Adviento o  Pascua, ni de un santo o festividad concreta. Son sencillamente eso: el día de la  Resurrección del Señor, el día de la fiesta semanal de la comunidad, el día de la reunión, de  la liberación, de la Eucaristía…

Están de por medio las grandes realidades de la vida cristiana:

– el pueblo del Señor (comunidad),

– celebra la Cena del Señor (sacramento),

– en el día del Señor (tiempo).

El domingo es un gesto profético que los cristianos realizamos cada semana en medio de  la sociedad: dejamos el trabajo, nos reunimos, hacemos fiesta, escuchamos la Palabra de  Dios, celebramos el Memorial de Cristo, participamos de su Cuerpo y de su Sangre… ¿Qué celebramos cuando sólo es Tiempo Ordinario? Con sencillez y a la vez con  variedad e imaginación pastoral, ahí tenemos unos meses para ir penetrando en el misterio  de Cristo, según Lucas, y para celebrar nuestra reunión festiva del domingo, como centro  de toda nuestra vida cristiana.

JOSÉ ALDAZABAL

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267. Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actuamos «para alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1,6). Si queremos entregarnos a fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier otra motivación. Éste es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás. Se trata de la gloria del Padre que Jesús buscó durante toda su existencia. Él es el Hijo eternamente feliz con todo su ser «hacia el seno del Padre» (Jn 1,18). Si somos misioneros, es ante todo porque Jesús nos ha dicho: «La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante» (Jn 15,8). Más allá de que nos convenga o no, nos interese o no, nos sirva o no, más allá de los límites pequeños de nuestros deseos, nuestra comprensión y nuestras motivaciones, evangelizamos para la mayor gloria del Padre que nos ama.

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Oración de Mons. Pedro Casaldáliga

¡Señor Jesús!
Mi Fuerza y mi Fracaso eres Tú.
Mi Herencia y mi Pobreza. Tú, mi Justicia, Jesús.
Mi Guerra
y mi Paz.
¡Mi libre Libertad!
Mi Muerte y Vida,
Tú,
Palabra de mis gritos, Silencio de mi espera, Testigo de mis sueños. ¡Cruz de mi cruz! Causa de mi Amargura, Perdón de mi egoísmo, Crimen de mi proceso, Juez de mi pobre llanto, Razón de mi esperanza, ¡Tú!
Mi Tierra Prometida eres Tú…
La Pascua de mi Pascua. ¡Nuestra Gloria por siempre Señor Jesús!

 

Jn 1, 35-42

«35Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos 36y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el cordero de Dios”. 37Y los dos discípulos oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

38Y volviéndose Jesús, viéndolos seguirle, les dice: “¿Qué buscáis?”. Ellos le dijeron: “Rabbí -que significa Maestro-, ¿dónde vives (lit. “permaneces”)?”. 39Les dice: “Venid y veréis”. Así que fueron, y vieron dónde vivía (“permanecía”), y se quedaron (“permanecieron”) con él aquel día; era como la hora décima [las cuatro de la tarde].

40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41Éste encuentra primero a su propio hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)”. 42Lo condujo a Jesús. Fijándose en él, Jesús le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que significa Pedro)”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Volvemos al evangelio de Juan, del que ya habíamos leído el prólogo (Jn 1,1-18, Navidad) y la primera parte de lo que se conoce como “la semana inaugural” (1,19-28, III Adviento). Hoy leemos “el tercer día”, el comienzo del discipulado con Jesús (1,35-42). El texto pertenece a la unidad 1,19-2,12, que está estructurado en una semana. El primer día presenta el testimonio de Juan Bautista ante los sacerdotes y levitas (1,19-28). El segundo día (cf. “al día siguiente”, v. 29) aparece en escena Jesús, al que Juan califica de “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y es bautizado (1,29-34). El tercer día (cf. “al día siguiente”, v. 35) comienza el seguimiento a Jesús, el discipulado, a iniciativa de Andrés (1,35-42). El cuarto día (cf. “al día siguiente”, v. 43) es el mismo Jesús el que llama a Felipe y habla con Natanael (1,43-51). El séptimo día (cf. “tres días después”, 2,1) se celebra la boda de Caná, donde Jesús dio comienzo a “los signos” y “manifestó su gloria” (2,1-12).

 

TEXTO

Podemos estructurar el texto en tres partes: a) la presentación de Juan y Jesús y la transición de los discípulos de Juan a Jesús (vv. 35-37); b) el diálogo entre Jesús y los que habían sido discípulos de Juan (vv. 38-39); c) Andrés lleva a Simón donde Jesús (vv. 40-42). Es un texto de transiciones y movimientos: los discípulos de Juan pasan a ser de Jesús; ellos van a donde vivía Jesús; Andrés conduce a Simón a Jesús. Además, hay miradas en dos direcciones (a Jesús y de Jesús. Por otro lado, tres veces se da traducción de nombres, caso único en los evangelios. Movimientos, miradas, “traducciones”, aspectos relevantes de nuestra vida cristiana.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Sobresalen verbos (acciones) muy significativos, verbos de “mirada”: el texto se abre y se cierra con el verbo fijarse (vv. 36.42): Juan se fija en Jesús y le llama “Cordero de Dios”. Jesús se fija en Pedro y le llama “Piedra”. Además, Jesús invita a “venir y ver”, y los discípulos fueron y “vieron”, y se quedaron con él. Nada referido a la visión queda igual. Pero ¿cuántas cosas de nuestra vida siguen igual después de ver a Jesús, su enseñanza y sus obras?

• Otra secuencia elocuente es “oír-seguir”: los discípulos de Juan oyen sus palabras y siguen a Jesús (vv. 37.40). Las palabras de Juan encaminan a Jesús. ¿Nuestras palabras, nuestro testimonio, encaminan a los demás a Jesús? ¿Transparentamos a Jesús con nuestra vida?

• Y todavía una tercera secuencia destacada: “buscar- encontrar”: las búsquedas de aquellos discípulos orientan las nuestras para que sean una búsqueda de Dios. Desde la perspectiva profética, donde es tan importante el “buscar”, dicha búsqueda tiene que estar acompañada de la justicia y el amor. Si no, no podremos “encontrar” a Jesús (cf. Jn 7,34; 8,31).

• El verbo “permanecer”, que en el texto se traduce por “vivir” y “quedarse”, es muy importante en la teología del 4o evangelio: es discípulo el que permanece en Jesús (15,4-5), en su palabra (8,31; 15,7) y en su amor (15,10). “Permanecer en Jesús” supone aprender de él y vivir de él y como él. Y así, el discípulo puede convertirse en apóstol, como Andrés en el evangelio de hoy. De modo que ya no son sólo las palabras las que conducen a Jesús (como comenzaba el evangelio), sino toda la persona, todos los aspectos de una persona.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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II Domingo del tiempo ordinario
Enero 14 de 2018

1 de Samuel 3:3b-10, 19; Salmo 40(39); 1 Corintios 6: 13c-15c, 17-20; Juan 1: 35-42

Los Primeros Discípulos de Jesús

Al día siguiente, Juan estaba allí otra vez con dos de sus seguidores. Cuando vio pasar a Jesús Juan dijo: ¡Miren, ese es el cordero de Dios! Los dos seguidores de Juan le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que lo seguían les preguntó: ¿Qué están buscando? Ellos dijeron: Maestro, ¿Dónde vives? Jesús les contesto: Vengan a verlo. Fueron, pues y vieron donde vivía, y pasaron con él, el resto del día, porque ya eran como las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Andrés, antes que nada, fue a buscar a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (que significa: Cristo.) Luego Andrés llevo a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio le dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan, pero serás llamado Cefas (que significa: Pedro).

Reflexión

Dios nos puede llamar a cualquier edad. Lo importante es la actitud: “Aquí estoy Señor”. Los discípulos quieren ver donde vive Jesús. ¿Dónde vive Cristo hoy en nuestras familias, compañeros de estudios, vecinos, etc.?

Actividad

Coloreen la cara de un cordero y péguenle algodones en el cuerpo. Coloreen la cruz y peguen el cordero en la cruz. Hablen de como son los corderos: sociales, sin malicia, siguen al pastor. Jesús es sin pecado y siempre sigue a su Padre en el Cielo. Los corderos eran sacrificio por los pecados en el templo en el Antigua Testamento. Jesús vino para sacrificarse por nuestros pecados.

Oración

Gracias, Señor por venir a salvarnos. Gracias por tu gran amor a nosotros. Ayúdanos a seguirte como tu seguías a tu Padre. Danos un corazón atento a ti y a los demás, para construir el mundo de amor y vida que tú quieres. Amén.

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