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Archive for 13/01/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE VIENE?

¿Quién es éste que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al oír las palabras de Juan Bautista, dos de los discípulos siguieron al Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al oír las palabras de Juan Bautista, dos de los discípulos siguieron al Señor.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 13 Enero, 2018

Tiempo ordinario

1) Oración inicial

Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 2,13-17
Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?» Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

3) Reflexión

• En el evangelio de ayer, vimos el primer conflicto que surgió entorno al perdón de los pecados (Mc 2,1-12). En el evangelio de hoy meditamos sobre el segundo conflicto que surgió cuando Jesús se sentó a la mesa con los pecadores (Mc 2,13-17). En los años 70, época en que Marcos escribe, había en las comunidades un conflicto entre cristianos venidos del paganismo y los cristianos venidos del judaísmo. Los que venían del judaísmo tenían dificultad en entrar en la casa de los paganos convertidos y sentarse con ellos en la misma mesa (cf. He 10,28; 11,3). Al describir como Jesús se enfrenta con este conflicto, Marcos orientaba las comunidades en la solución del problema.
Jesús enseñaba, y a la gente le gustaba escucharle. Jesús vuelve a irse a orillas del mar. Llega la gente y él empieza a enseñar. Transmite la Palabra de Dios. En el evangelio de Marcos, el inicio de la actividad de Jesús está marcado por su enseñanza y por la aceptación de parte del pueblo (Mc 1,14.21.38-39; 2,2.13), a pesar de los conflictos con las autoridades religiosas. ¿Qué es lo que Jesús enseñaba? Jesús anunciaba la Buena Nueva de Dios (Mc 1,14). Hablaba de Dios, pero hablaba de él de forma nueva, diferente. Hablaba a partir de la experiencia que él mismo tenía de Dios y de la vida. Jesús vivía en Dios. Debe haber tocado el corazón de la gente a quienes les gustaba oírle (Mc 1,22.27). Dios, en vez de ser un Juez severo que de lejos amenazaba con castigo e infierno, volvía a ser, de nuevo, una presencia amiga, una Buena Nueva para el pueblo.
Jesús llama a un pecador a ser discípulo y le invita a comer a su casa. Jesús llama a Leví un publicano, y éste, inmediatamente, lo deja todo para seguir a Jesús. Empieza a formar parte del grupo de los discípulos. En seguida, el texto dice literalmente: Estando sentado a la mesa en su casa. Algunos piensan que su casa, se refiere a la casa de Leví. MPero la traducción más probable es que se trata de la casa de Jesús. Es Jesús que invita a todo el mundo a que coma en su casa: pecadores y publicanos, junto con los discípulos.
Jesús no vino para los justos, sino para los pecadores. Este gesto de Jesús provocó la rabia de las autoridades religiosas. Estaba prohibido sentarse a la mesa con publicanos y pecadores, ¡ya que sentarse a la mesa con alguien era lo mismo que tratarlo como hermano! En vez de hablar directamente con Jesús, los escribas de los fariseos hablaban con los discípulos: ¿Qué es eso? ¿Come con publicanos y pecadores? Jesús responde: No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores! Como anteriormente con los discípulos (Mc 1,38), también ahora es la conciencia de su misión lo que ayuda a Jesús a que encuentre una respuesta y a indicar el rumbo para el anuncio de la Buena Nueva de Dios.

4) Para la reflexión personal

• Jesús llama a un pecador, a un publicano, persona odiada por el pueblo, para que sea su discípulo. ¿Qué mensaje existe en este gesto de Jesús para nosotros de la Iglesia católica?
• Jesús dice que vino a llamar a los pecadores. Existen leyes y costumbres en nuestra iglesia que impiden a los pecadores el acceso a Jesús. ¿Qué podemos hacer para cambiar estas leyes y costumbres?

5) Oración final

Guarda a tu siervo también del orgullo,
no sea que me domine;
entonces seré irreprochable,
libre de delito grave. (Sal 19,14)

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1. Palabra

Recién bautizado, Jesús comienza a llamar a los discípulos. Los dos relatos del Evangelio de hoy, en su densidad, nos hablan del misterio del encuentro con la persona de Jesús. El primero parece el recuerdo de un conocimiento casual; pero cada una de sus palabras concentra la vivencia de lo definitivo. Aquella tarde se definió el destino de Andrés.

Fíjate en la importancia que adquiere la mirada de Jesús, la insistencia del evangelista en esa mirada que penetra el corazón del hombre, lo transforma, lo vincula a Jesús y le hace participar de su misión. Antes Simón era un israelita en búsqueda; ahora ha sido encontrado por el Mesías, y ya no se pertenece.

La primera lectura nos habla del requisito básico para esa experiencia del Encuentro: la disponibilidad. Somos niños, al estilo de Samuel, que tenemos que aprender a distinguir la voz de Dios de nuestros propios sueños y de otras voces. Con frecuencia, la experiencia del Encuentro presupone un proceso lento.

2. Vida

¿Qué significa la persona de Jesús para ti?

Haz oración imaginativa y cordialmente. También tú quieres conocer a Jesús. Vas detrás de El, a tientas, pero apoyado en el testimonio de otros creyentes que te han dicho que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Mírale. Cuando menos esperes, El se volverá a ti y te preguntará: «¿Qué buscas?» O pronunciará tu nombre y te sentirás estrenando vida.

Cuando Jesús deje de ser una idea o un símbolo de nuestras aspiraciones más hondas, cuando comience a ser Alguien viviente, que nos mira y pronuncia nuestro nombre personal, es que el Evangelio ha llegado a nosotros y nos ha alcanzado en lo más íntimo.
Se cree en El, se confía en El, se Le ama, por encima de todo. ¿No lo notas dentro de ti?

Javier Garrido

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Los domingos anteriores al tiempo del Adviento observamos con un cierto detalle la situación del mundo y la nuestra dentro de él. En la metodología de la Revisión de Vida correspondería este momento al “VER”

Durante el adviento nos dejamos juzgar por la palabra de Dios y fuimos comprometiéndonos a “allanar el camino” para que Él pudiera albergarse en nuestro corazón.

Al final de ese tiempo litúrgico celebramos la venida de ese Salvador, así considerado, porque entendíamos que era quien venía a salvarnos de los desaguisados hechos por el hombre en sus relaciones con los demás e incluso con la naturaleza.

Con esa venida surgió la pregunta de, si la alegría que ella nos había producido respondía a un comportamiento adulto, que nos comprometía seriamente en acciones concretas, o, si más bien, respondía a una cierta inmadurez, consecuencia de haber quedado fijados en la etapa infantil, en la que la Navidad era solamente una fiesta de turrones y regalos.

La fiesta de la Epifanía, mostraba el carácter universal de la oferta de Jesús y, el domingo pasado, la “Fiesta del Bautismo de Jesús”, nos hizo “revivir” nuestro compromiso cristiano bautismal.

Todo esto correspondería, dentro del esquema de la Revisión de Vida, al “JUZGAR”

Hoy comenzamos un nuevo ciclo litúrgico, el denominado Tiempo Ordinario que durará hasta el 14 de febrero en el que se iniciará otro: el de LA CUARESMA.

El que comenzamos hoy, siguiendo la terminología que venimos utilizando, correspondería al “ACTUAR”.

Las lecturas de esta Eucaristía, en cuanto que nos describen posturas positivas de compromiso, las contemplaremos como una formidable ayuda en este momento inicial que nosotros queremos fijar como el del pistoletazo de salida de ese ACTUAR.

La primera lectura, tomada del profeta Samuel, (3, 3b-10, 19) nos muestra un acertado comportamiento ante la llamada de Dios. Nosotros no como él, a través de un encuentro espectacular, pero sí de acontecimientos ordinarios de la vida, como pudieron ser, la fe de nuestros padres, alguna lectura espiritual, el contacto con alguien que nos habló de Él, un vacío interior, etc. etc. nos hemos sentido emplazados ante Dios. Ante aquel mismo Dios que habló al profeta y que ahora espera de nosotros una respuesta positiva.

En nosotros está decirle: Habla, Padre, que tu hijo te escucha, o dejarlo para otro momento, como luego nos recordará el poeta.

En la segunda lectura San Pablo (1ª Cor. 6, 13c-15a, 17-20) nos recuerda la invitación de Jesús a sentirnos miembros de su cuerpo y por consiguiente involucrados en su misma acción salvadora. Hoy Jesús necesita de nosotros para seguir haciendo presente el Reino de Dios en el mundo. Como a los Apóstoles nos invita a ser pescadores de hombres; hoy nos diría: constructores de una nueva humanidad.

En el Evangelio (3ª lectura, Jn. 1,35-42) escuchamos la acertada respuesta de los apóstoles a la llamada de Jesús: “le siguieron y se quedaron con Él”. Ellos lo hicieron.

A lo largo de estos domingos nos vamos a ir encontrando con Él. Nos hará los mismos ofrecimientos que a ellos esperando nuestra respuesta.

Podemos “revivir” aquellas acertadas posturas del profeta y los Apóstoles y darle un sí generoso y rotundo o dejarlo para otra ocasión, pensando que lo que se nos pide es excesivamente costoso, o que nos va a robar los mejores años de la vida.

Hay una célebre zarzuela de nuestra tierra, “El Caserío”, en la que Chiquito de Arrigorri expresa esta forma de pensar: “tiempo habrá en lo porvenir que ofrecer a la virtud, ahora que soy joven y fuerte, déjame que derroche la juventud”.

No lo hagamos, porque esta vez no será el tío Santi quien se enfade, pudiera ser que diéramos motivos para que fuera el mismo Dios quien se cansara de esperarnos. Es verdad que su misericordia es infinita pero eso no puede justificar que nosotros abusemos de ella.

Ese comportamiento desleal con Dios, retardador de nuestra entrega a Él, supo reflejarlo con gran belleza literaria y espiritual Lope de Vega en unos famosos versos.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

No pospongamos una respuesta generosa;

no seamos también nosotros duros de oído dejando “para mañana”,

lo que Dios nos pide hoy.

Con espíritu abierto digámosle:

Qué esperas de nosotros porque,

como el profeta y los Apóstoles,

también nosotros estamos dispuestos a seguirte.

¡Cuenta con nosotros! Que así sea.

Pedro Sáez

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270. A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo.

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Encontrar a Jesús

1. «Discípulo» es el creyente que reconoce a Jesucristo, porque lo busca de veras y se queda con él. El encuentro de los primeros discípulos —y de los discípulos de todos los tiempos—se compone de tres momentos: una búsqueda, una morada y una permanencia.

2. Hay personas que buscan superficialmente y que, además, rechazan todo lo que encuentran. Otros ni siquiera buscan, porque están de vuelta de todo, decepcionados. Pero hay quienes buscan y encuentran: son los discípulos del Señor.

3. Desde pequeños nos enseñaron que Jesús está en los cielos y en el sagrario, y que Dios está en todas partes. El evangelio nos dice que Jesús está donde dos o tres se reúnen en su nombre y donde hay caridad efectiva con el hermano pobre y necesitado.Discípulo es quien sabe encontrar de verdad al Maestro allí donde está.

4. Quedarse es permanecer, compartir, participar, comprometerse. No vale quedarse lejos o quedarse pasivamente. Quedarse con Jesús es aceptar su causa con todas sus consecuencias. Naturalmente, sabemos que permanecer es difícil. Hay momentos de incertidumbre, de duda, de cansancio. Dios nos conoce y reconoce cómo somos. Él nunca falla: es fiel; pero exige de nosotros un mínimo de seriedad, de fidelidad. El evangelio de Mateo termina con el mandato de Jesús de «hacer discípulos» de todas las gentes.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Qué buscamos y encontramos a lo largo de la vida?

¿Qué buscamos y encontramos en la celebración dominical?

Casiano Floristán

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Era la hora décima

La vida cristiana comienza siempre con la llamada de Dios, la Biblia está llena de relatos de vocación.

Una experiencia

Juan Bautista cede el paso e invita a sus discípulos a seguir a quien él había preparado el camino. Los primeros discípulos vienen de la escuela del Bautista (cf. Jn 1, 35-37). Juan reconoce en Jesús al «cordero de Dios» (v. 36). El marco del Exodo tan presente en este evangelio sugiere el tema de la liberación a través de la muerte. La imagen del cordero es expresión de esto, pero también se trata de un cordero victorioso, según nos es presentado en el Apocalipsis. Los dos discípulos que siguen a Jesús están, por consiguiente, advertidos de las dificultades y riesgos de esa opción (cf. v. 37).

Jesús les pregunta: «¿Qué buscáis?» (v. 38). Interpelación que intenta precisar la calidad de la adhesión de los recién llegados. Ellos le responden llamándole «Rabí—que significa maestro—, ¿dónde vives?» (v. 38). La interrogante parece expresar un deseo de compartir la vida de Jesús. La respuesta de Jesús se mueve también en un nivel muy concreto: «venid y lo veréis» (v. 39). Todo se sitúa en el terreno de la experiencia directa.

Aquel que inspira este relato, el evangelista Juan, nunca olvidó la hora de su encuentro con Jesús: «Serían las cuatro de la tarde, (la hora décima)» (v. 39). Como todo hecho que marca nuestra vida, el recuerdo de ese encuentro permanece con los detalles que lo rodeaban y deja huellas indelebles en nuestra memoria. La indicación de una hora precisa no parece tener significado para nosotros; nos sería igual si el texto dijese diez de la mañana o dos de la tarde; pero no es así para quien vivió el hecho. De ello da testimonio el texto y pone en él una impronta personal. En su aparente insignificancia ese dato se halla cargado de mensaje. Todos tenemos en nuestras vidas esas «cuatro de la tarde», momentos fuertes de encuentros con el Señor. Ellos nos sostienen en los momentos difíciles.

Habla, Señor

El encuentro con el Señor no queda en estos primeros discípulos, la naturaleza misma de ese acontecimiento lleva a la comunicación. Se trata de una experiencia que debe ser compartida. El seguimiento de Jesús no es una cuestión individual, es algo que se hace en comunidad. El itinerario del pueblo mesiánico tiene como punto de arranque el encuentro directo con el Señor. Encuentro hecho en comunidad: «Hemos encontrado al Mesías» (v. 41).

El libro de Samuel nos trae un bello relato de vocación. La llamada no es comprendida en un comienzo, el joven Samuel se confunde, cree que lo llama Elí. Finalmente, siguiendo el consejo del sacerdote, reconoce la voz del Señor y se pone a su disposición: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (3, 10). Esa disponibilidad nos debe tomar de cuerpo entero, nada de nosotros queda fuera de la llamada del Señor (cf. 1 Cor 6, 13-15). Nuestros cuerpos son santuarios del Espíritu Santo (cf. v. 19).

Gustavo Gutiérrez

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