Miércoles II de Cuaresma

Hoy es 28 de febrero, miércoles II Semana de Cuaresma.

Nuestros caminos, Dios mío, se vuelven a cruzar. Volvemos a caminar unidos, ahora en la oración. Nos buscamos y nos encontramos. En medio del día a día, a lo largo de la vida. Señor, acoge mi corazón y ábreme el tuyo para que pueda sentir lo que tú sientes, mirar como tú miras, hablar como tú hablas.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 20, 17-28):

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?»

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Los ricos, los poderosos, los que buscan medrar, no entenderán a Jesús y su servicio gratuito. Tal vez, también yo, me expreso como los Zebedeos cuando exijo que me tengan en cuenta, cuando mi opinión es lo más importante, cuando quiero imponer mi vision ignorando la de los demás. ¿Hay algún ámbito en mi vida donde busque el primer puesto?

Jesús sube a Jerusalén, sabiendo que le espera la pasión. Los discípulos no quieren ni saberlo. No entienden que el Señor no persigue el triunfo ni el éxito, sino que está dispuesto a pasar por la cruz y el fracaso. Y yo no lo entiendo tampoco cuando pienso que sólo por seguir a Jesús soy mejor. Cuando creo que los demás son los ciegos y yo quien lo sabe todo de Dios. Enséñame, Señor a comprender en qué consiste beber de tu copa.

Jesús es capaz de hablar sin temor, sin dejar de decir las cosas con suavidad. Como un buen maestro. Siempre responde al mal con el bien. Vuelvo a leer con atención el texto para contemplar como Jesús dialoga con los dscípulos y con la madre de los Zebedeos sabiendo lo que hay en su corazón.

Señor Jesús, mi fuerza y mi fracaso eres tú. Mi herencia y mi pobreza. Tú, mi justicia Jesús. Mi guerra y mi paz, mi libre libertad. Mi muerte y vida, tú, palabra de mis gritos, silencio de mi espera, testigo de mis sueños. Cruz de mi cruz. Causa de mi amargura, perdón de mi egoísmo, crimen de mi proceso, juez de mi pobre llanto, razón de mi esperanza. Tú. Mi tierra prometida eres tú. La pascua de mi pascua. Nuestra gloria por siempre, Señor Jesús.

Señor, al terminar la oración te pido que sea capaz de beber de tu copa, de seguir tus huellas, de aprender de ti. Que no busque los primeros sitios, sino tan sólo tu sitio. Que allá donde tú estás, tras tus pasos, sé que estaré bien.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia 28 de febrero

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de la feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio de Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Jer 18, 18-20. Venga, vamos a hablar mal de él.
  • Sal 30. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
  • Mt 20, 17-28. Lo condenarán a muerte.

Antífona de entrada          Cf. Sal 37, 22-23
No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes lejos; ven a socorrerme, Señor mío, mi fuerza y salvación.

Oración colecta
SEÑOR, guarda a tu familia

instruida en las buenas obras
y, confortada en sus necesidades temporales,
condúcela propicio hacia los bienes eternos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
MIRA con bondad, Señor,

la ofrenda que te presentamos,
y por este santo intercambio
líbranos de las ataduras de nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma.

Antífona de comunión          Mt 20, 28
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.

Oración después de la comunión
SEÑOR, Dios nuestro,

te pedimos que se convierta
en causa de salvación eterna
lo que quisiste fuera para nosotros
prenda de inmortalidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE a tus siervos, Señor,

la abundancia de tu protección y gracia,
dales salud de alma y cuerpo,
concédeles plenitud de amor fraterno
y haz que sean siempre fieles en su entrega a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

San Hilario

SAN HILARIO
PAPA Y CONFESOR

(† 468)

Su nombre latino es ordinariamente Hilarus, a veces Hilarius, Natural de Cerdeña. Siendo diácono de Roma fue enviado en 449 por el papa San León I al concilio [Latrocinio] de Éfeso en calidad de legado pontificio. Aquí se negó a firmar la deposición de San Flaviano, patriarca de Constantinopla. Temiendo las iras de sus adversarios, Hilario partió ocultamente, llevando consigo la apelación que Flaviano dirigía a San León, texto hallado en 1882 por Amelli en la Biblioteca Capitular de Novara. Ya en Italia, el enviado pontificio escribió a la emperatriz Pulqueria, informándole de lo ocurrido. Todavía diácono, despliega otra actividad muy distinta, de carácter litúrgico: encarga a un tal Victorio de Aquitania la composición de un Ciclo Pascual, donde se intenta fijar la verdadera fecha de la Pascua, punto sobre el que aún no estaban de acuerdo griegos y latinos. El mismo Hilario estudió previamente la cuestión; pero, para informarse de los escritos de aquéllos, se valió de traducciones latinas, pues, según parece, conocía bien poco el griego. Por lo demás, el cómputo de Victorio fue ley en la Galia hasta el siglo VIII.

Hilario sucedió a San León en la Sede de San Pedro a fines de 461. Durante sus siete años de pontificado no ocurrieron acontecimientos de gran importancia para la Iglesia universal. El mérito del Santo consiste principalmente en la firme defensa de los derechos de la Iglesia en materia de disciplina y jurisdicción. Ya al año escaso de su consagración, como Pastor Supremo, tuvo que dirigirse a Leoncio, arzobispo de Arles, pidiendo informes sobre la usurpación del episcopado narbonense, llevada a cabo por Hermes: el Papa se extraña de que, siendo el asunto de la incumbencia de Leoncio, éste no le haya escrito antes sobre el conflicto. Poco después, presente «numeroso concurso de obispos» reúne en Roma un concilio donde, por bien de la paz, se consiente dejar a Hermes en la sede narbonense, pero, para prevenir futuros abusos, se le priva del derecho de ordenar obispos, derecho que pasa a Constancio, prelado de Uzés. La resolución conciliar fue enviada el 3 de diciembre, año 462, a los obispos de la Galia meridional en una carta donde también se prescribe que, convocados por Leoncio, se reúnan cada año, a ser posible, todos los titulares de las provincias eclesiásticas a quienes se dirige el documento, o sea de Viena, Lyon, dos de Narbona y la Alpina: en tales asambleas se han de examinar costumbres y ordenaciones de obispos y eclesiásticos; si ocurren causas más importantes que no puedan «terminar», consulten a Roma.

Asimismo tuvo que atender Hilario al asunto del arzobispo de Viena, Mamerto, que había consagrado ilegalmente a Marcelo como obispo de Díe. El Papa, manteniendo los principios legales y renunciando a imponer penas (supuesta la sumisión del acusado), remite la cuestión a Leoncio, a quien pertenecía en este caso el derecho de consagrar.

Abusos semejantes, cometidos en España, fueron considerados en un concilio de 48 obispos que congregó el Papa en Santa María la Mayor (nov. del 465). En la carta referente a este sínodo, enviaba a los prelados de la provincia de Tarragona, que previamente habían consultado a Hilario, manda el Pontífice, entre otras cosas: 1.º Sin consentimiento del metropolitano tarraconense, Ascanio, no sea consagrado ningún obispo. 2.º Ningún prelado, dejando su propia iglesia, pase a otra. 3.º En cuanto a Ireneo, sea separado de la iglesia de Barcelona y retorne a la suya. 4.º A los obispos ya ordenados, los confirma el Papa, con tal que no tengan las irregularidades señaladas en el concilio.

Otro mérito de San Hilario fue el haber impedido la propaganda herética en Roma al macedoniano Filoteo, y esto a pesar del apoyo que encontró el hereje en el nuevo emperador de Occidente, Antemio.

Tal rectitud de Hilario en lo tocante a la disciplina y a la fe, brota de lo que podríamos llamar norma de su vida y su gobierno: «En pro de la universal concordia de los sacerdotes del Señor, procuraré que nadie se atreva a buscar su propio interés, sino que todos se esfuercen en promover la causa de Cristo» (epist. Dilectioni meae, a Leoncio, ed. Thiel, 1,139).

En cuanto a lo referente a la piedad personal y fomento del culto, señalemos que Hilario edificó, entre otros, dos oratorios en la basílica constantiniana de Letrán: el de San Juan Bautista y el de San Juan Evangelista. Otro, dedicado a la Santa Cruz, con ocho capillas, se alzaba al noroeste de aquél. El Papa profesaba especial devoción al santo Evangelista, pues a él atribuía el haberse salvado de los peligros que corrió en el Latrocinio de Éfeso: en señal de gratitud hizo grabar a la entrada del oratorio la siguiente inscripción: «A su libertador, el Beato Juan Evangelista, Hilario obispo, siervo de Dios». A este mismo Papa atribuye el Liber Pontificalis la construcción de un servicio de altar completo, destinado a las misas estacionales: un cáliz de oro para el Papa; 25 cálices de plata para los sacerdotes titulares que celebraban con él; 25 grandes vasos para recibir las oblaciones de vino presentadas por los fieles y 50 cálices ministeriales para distribuir la comunión. El servicio se depositaba en la iglesia de Letrán o en Santa María la Mayor, y el día de estación se transportaban los vasos sagrados a la iglesia donde iba a celebrarse la asamblea litúrgica. También levantó Hilario un monasterio dedicado a San Lorenzo, y cerca de él una casa de campo, probablemente residencia o «villa» papal con dos bibliotecas.

Murió el Santo el 9 de febrero de 468. Fue enterrado en San Lorenzo extra muros. Largo tiempo se celebró su aniversario el 10 de septiembre, conforme a ciertos manuscritos jeronimianos; pero ya desde la edición de 1922 del Martirologio Romano, se trasladó su memoria al 28 de febrero.  

AUGUSTO SEGOVIA, S. I

Laudes – Miércoles II de Cuaresma

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Himno: CUANDO VUELTO HACIA TI DE MI PECADO.

Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de haberte abandonado;

cuando pobre volvime a ti humillado,
me ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los ojos, me sentí abrazado.

Sentí mis labios por tu amor sellados
y ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.

Llenóse el alma en luces matutinas,
y, viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Salmo 76 – RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL.

Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Ant 2. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico: ALEGRIA DE LOS HUMILDES EN DIOS 1S 2,1-10

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Ant 3. El Señor reina, la tierra goza.

Salmo 96 – EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA BREVE   Dt 7, 6. 8-9

El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.

RESPONSORIO BREVE

V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a entregar su vida como rescate de una multitud.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a entregar su vida como rescate de una multitud.

PRECES

Demos gracias a Dios Padre, que por el Espíritu Santo ha derramado su amor en nuestros corazones, y supliquémosle, diciendo:

Danos, Señor, tu Espíritu Santo.

Concédenos, Señor, el espíritu de fe y de acción de gracias,
para recibir siempre con gozo lo bueno y soportar con paciencia lo adverso.

Haz que practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes,
sino también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.

Ayúdanos a privarnos de lo superfluo,
para compartir lo nuestro con los hermanos necesitados.

Concédenos llevar en nuestros cuerpos la pasión de tu Hijo,
tú que nos has vivificado en su cuerpo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Recitemos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre siempre del mal:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, haz que tu pueblo persevere siempre en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lectura – Miércoles II de Cuaresma

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: LEVÁNTAME SEÑOR, QUE ESTOY CAÍDO

Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y yo lo impido.

Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo, triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en él metido.

Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.

Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.

SALMODIA

Ant 1. También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38 I – SÚPLICA DE UN ENFERMO

Yo me dije: vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté presente.

Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me requemaba,
hasta que solté la lengua.

Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis años,
para que comprenda lo caduco que soy.

Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como pura sombra,
por un soplo se afana,
atesora sin saber para quién.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Ant 2. Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Salmo 38 II

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los necios.

Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me acaba.

Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.

Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis padres.
Aplaca tu ira, dame respiro,
antes de que pase y no exista.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Ant 3. Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

Salmo 51 – CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES

¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias,
tu lengua es navaja afilada,
autor de fraudes;

prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres las palabras corrosivas,
lengua embustera.

Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.

Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»

Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en su misericordia
por siempre jamás.

Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

PRIMERA LECTURA

Del libro del Éxodo 17, 1-16

BROTA AGUA DE LA ROCA. BATALLA CONTRA AMALEC

En aquellos días, la comunidad de Israel se marchó del desierto de Sin por etapas, según las órdenes del Señor, y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua de beber. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:

«Danos agua de beber.» Él les respondió:

«¿Por qué me reñís a mí y tentáis al Señor?» Pero el pueblo, sediento, murmuró de Moisés, diciendo:

«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?» Moisés clamó al Señor:

«¿Qué hago con este pueblo? Por poco me apedrean.»

El Señor respondió a Moisés:

«Preséntate al pueblo, acompañado de los ancianos de Israel, y empuñando el cayado con el que golpeaste el Nilo; ve, que yo estaré frente a ti junto a la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá agua para que beba el pueblo.»

Así lo hizo Moisés ante los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, por haber reñido allí el pueblo y tentado al Señor, preguntando: «¿Está el Señor entre nosotros o no?»

Después de esto sucedió que vinieron los amalecitas y atacaron a los hijos de Israel en Refidim. Moisés dijo a Josué:

«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré de pie en la cima del monte con el cayado maravilloso de Dios en la mano.»

Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec, mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Y aconteció que mientras Moisés tenía en alto las manos vencía Israel, pero cuando las bajaba vencía Amalec. Y, como se le cansaban las manos, tomaron una piedra e hicieron que se sentase en ella, mientras que Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así pudo Moisés sostener en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa a filo de espada. El Señor dijo a Moisés:

«Escribe esto en un libro de memorias y haz saber a Josué que yo borraré la memoria de Amalec bajo el cielo,» Moisés levantó un altar y lo llamó Yahvéh Nissí, que significa: «El Señor es mi estandarte», pues dijo:

«El estandarte del Señor en la mano, el Señor está en guerra con Amalec de generación en generación.»

RESPONSORIO    Is 12, 3-4a; cf. Jn 4, 14

R. Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación, * y aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»
V. El agua que yo os daré se convertirá en vosotros en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
R. Y aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 14, 2-3; 15, 1: SC 100, 542. 548)

A TRAVÉS DE FIGURAS, ISRAEL APRENDÍA A TEMER AL SEÑOR Y A PERSEVERAR EN SU SERVICIO

En el principio, Dios modeló al hombre, movido por su munificencia; a los patriarcas los eligió con miras a su salvación; iba formando a su pueblo, enseñándole a seguir a Dios, a pesar de su rebeldía; preparaba a los profetas, haciendo que el hombre se fuera acostumbrando, aquí en la tierra, a ser portador de su Espíritu y a gozar de la comunión con Dios; él, que de nadie necesita, hacía entrar en su comunión a los que de él necesitan. Y, a la manera de un arquitecto, iba esbozando, en favor de los que lo complacían, el edificio de la salvación: él mismo se constituyó en guía de los que en Egipto no veían, dio una ley perfectamente ajustada a los que en el desierto estaban inquietos, otorgó en herencia la tierra prometida a los que llegaron a entrar en ella, mata el novillo cebado para los que vuelven al Padre y los viste con la túnica más rica. Haciendo así que el género humano, de diversas maneras, vaya sintonizando con la salvación futura.

Por esto Juan, en el Apocalipsis, dice: Su voz era como el estruendo de muchas aguas. Realmente, son muchas las aguas del Espíritu de Dios, ya que es mucha la riqueza y grandeza del Padre. Y, con su acción sobre todos los hombres, el Verbo comunicaba con liberalidad sus favores a los que se le sometían, dictando una ley apta y adecuada a cualquier condición.

Mediante esta ley, ordenaba al pueblo la construcción del tabernáculo, la edificación del templo, la designación de los levitas, los sacrificios y oblaciones, las abluciones y todo el servicio cultual.

Él, ciertamente, no tenía necesidad de ninguna de estas cosas, ya que goza de la plenitud de todo bien y, aun antes de que Moisés existiera, contenía en sí mismo todo olor de suavidad y toda exhalación de agradable aroma; pero todo aquello era una constante llamada al pueblo, inclinado siempre a la idolatría, para exhortarlo a la perseverancia y al servicio de Dios; por las cosas secundarias lo llamaba a las cosas principales, es decir: por las cosas figuradas lo conducía a las verdaderas, por las cosas temporales lo conducía a las eternas, por las cosas carnales lo conducía a las espirituales, por las cosas terrenales lo conducía a las celestiales; como le fue dicho a Moisés: Te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.

Durante cuarenta días, en efecto, aprendió a retener las palabras de Dios, los caracteres celestiales, las imágenes espirituales y las figuras proféticas del futuro, como dice el apóstol san Pablo: Bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Y añade también, refiriéndose a las antedichas prescripciones de la ley: Todas estas cosas les acontecían en figura y fueron escritas para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades.

Así, pues, a través de estas figuras, aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio. De este modo, la ley era para ellos norma de vida y, al mismo tiempo, profecía de las cosas venideras.

RESPONSORIO    Ga 3, 24-25. 23

R. La ley fue nuestro ayo para llevarnos a Cristo, a fin de ser justificados por la fe. * Pero, una vez llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo.
V. Antes de venir la economía de la fe, estábamos encerrados bajo la custodia de la ley, en espera de la fe que había de revelarse.
R. Pero, una vez llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Vísperas – Martes II de Cuaresma

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: NO ME PESA, SEÑOR, HABER FALTADO.

No me pesa, Señor, haber faltado
por el eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como pena a mi pecado.

Pésame haber tus voces despreciado
y tus justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón, Señor, por mí llagado.

Llorar quiero mis culpas humillado,
y buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.

Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote cual siempre me has amado
y viviendo contigo arrepentido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48 I – VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Ant 2. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48 II

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE   St 2, 14. 17. 18b

Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.

RESPONSORIO BREVE

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Todos vosotros sois hermanos; no déis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os proclaméis maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todos vosotros sois hermanos; no déis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os proclaméis maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

PRECES

Oremos a Jesús, el Señor, que levantado en la cruz atrae a todos hacia él, y digámosle:

Atrae, Señor, a todos hacia ti.

Señor, que la luz con que resplandece el misterio de la cruz atraiga a todos los hombres,
para que te reconozcan como camino, verdad y vida.

Da tu agua viva a todos los sedientos de verdad,
para que su sed quede eternamente saciada.

Ilumina a los científicos y a los artistas,
para que el progreso sea también camino de salvación.

Mueve los corazones de los que se apartaron de ti a causa del pecado o del escándalo,
para que se conviertan a ti y permanezcan en tu amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Admite en tu reino a todos los difuntos,
para que se alegren eternamente con la Virgen María y con todos los santos.

Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edificada en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu Protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 27 de febrero

Lectio: Martes, 27 Febrero, 2018

Tiempo de Cuaresma

1) ORACIÓN INICIAL

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia; y pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 23,1-12

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Instructores’, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy trae una crítica de Jesús en contra de los escribas y de los fariseos de su tiempo. Al comienzo de la actividad misionera de Jesús, los doctores de Jerusalén habían ido hasta Galilea para observarlo (Mc 3,22; 7,1). Incomodados por la predicación de Jesús, habían esparcido la calumnia según la cual era un endemoniado (Mc 3,22). A lo largo de tres años la popularidad de Jesús fue creciendo. Creció también el conflicto entre él y las autoridades religiosas. La raíz de este conflicto estaba en la manera en que ellos se pusieron ante Dios. Los fariseos buscaban su seguridad no tanto en el amor de Dios para con él, sino más bien en la observancia rigurosa de la Ley. Confrontado con esta mentalidad, Jesús acentúa la práctica del amor que relativiza la observancia de la ley y le da su verdadero sentido.

• Mateo 23,1-3: La raíz de la critica: “Ellos dicen, pero no hacen”. Jesús reconoce la autoridad de los escribas y fariseos. Ellos ocupan la cátedra de Moisés y enseñan la ley de Dios, pero ellos mismos no observan lo que enseñan. De ahí la advertencia a la gente: “Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.” ¡Es una crítica que arrasa! Enseguida, como en un espejo, Jesús hace ver algunos aspectos de incoherencia de las autoridades religiosas.

• Mateo 23,4-7: Mirarse en el espejo para hacer una revisión de vida. Jesús llama la atención de los discípulos sobre el comportamiento incoherente de algunos doctores de la ley. Al meditar estas incoherencias, conviene pensar no en los fariseos y en los escribas de aquel pasado lejano, sino más bien en nosotros mismos y en nuestras incoherencias: atar cargas pesadas y echarlas a las espaldas de la gente, pero ni con el dedo queremos moverlas. Todas nuestras obras las hacemos para ser vistos por los hombres; queremos el primer puesto en lugares destacados y que la gente nos llame ‘doctor’. ¡A los escribas les gustaba entrar en las casas de las viudas y hacer largas preces en cambio de dinero! (Mc 12,40)

• Mateo 23,8-10: Ustedes todos son hermanos. Jesús manda tener la actitud contraria. En vez de usar la religión y la comunidad como medio de autopromoción para parecer más importante ante los demás, pide que no se use el título de Maestro, Padre o Guía, pues uno sólo es el guía: Cristo; sólo Dios en el cielo es Padre, y Jesús es el maestro. Todos los demás somos hermanos. Esta es la base de la fraternidad que nace de la certeza de que Dios es nuestro Padre.

• Mateo 23,11-12: El resumen final: el mayor es el menor. Esta frase final es lo que caracteriza tanto la enseñanza como el comportamiento de Jesús: “El más grande de ustedes, será servidor de ustedes. Quien se exalta será humillado, y quien se humilla será exaltado” (cf. Mc 10,43; Lc 14,11; 18,14).

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Qué es lo que Jesús criticó en los doctores de la Ley, y en qué los elogió? ¿Qué es lo que él critica en mí y qué elogiaría en mí?

• ¿Te has mirado al espejo?

5) ORACIÓN FINAL

«Me honra quien sacrifica dándome gracias,
al que es recto le haré ver la salvación de Dios.» (Sal 50,23)

Patriarcado y machismo: patologías emparentadas

David Molineaux

Orígenes humanos

Los primeros humanos, los de la era paleolítica, se desplazaban durante incontables milenios en pequeños clanes nómadas. Los varones cazaban y las mujeres recolectaban semillas, tubérculos, frutas, y nueces. Sus posesiones eran casi nulas, la distribución de alimentos era estrictamente igualitaria, y las personas que ejercían el liderazgo influían no por imposición sino por medio de la persuasión y la elocuencia.

Hace unos 12.000 años, a finales de la edad de hielo más reciente, se inició un cambio fundamental: aparecieron los primeros asentamientos neolíticos. En Eurasia, algunos grupos empezaron a establecerse en aldeas. Practicaban la horticultura a pequeña escala, sembrando granos y legumbres, y domesticaron algunos animales. La acumulación de posesiones era modesta: un pequeño rebaño, herramientas rudimentarias, una vivienda sencilla…

El estudio de sitios arqueológicos neolíticos, y sobre todo el hallazgo de una gran cantidad de figurinas femeninas, sugiere que en extensas regiones se practicaban cultos a la fertilidad y a deidades femeninas.

Tanto en el paleolítico como en el neolítico, el aporte económico de las mujeres solía ser igual o más importante que el de los varones. Su status social era alto, más que el de las mujeres de muchas sociedades actuales. Las diferencias económicas y sociales eran mínimas, y el conflicto armado era infrecuente.

Sociedades patriarcales: apropiación y control

Hacia finales de la era neolítica fueron surgiendo nuevas tecnologías, como el riego masivo y arados tirados por animales, las cuales dieron lugar a la acumulación de importantes excedentes de granos. La privatización de grandes extensiones de terreno permitió a grupos minoritarios, típicamente entre el 1 y el 2 por ciento de la población, apropiarse de hasta el 70% de las tierras productivas. La gran mayoría de los excluidos fueron obligados a aceptar una forma u otra de servidumbre; apareció la esclavitud como institución formal.

A partir del cuarto milenio a.C., fueron apareciendo centros urbanos con miles o incluso decenas de miles de habitantes. Para reglamentarlos surgió una institución novedosa: el estado, con el rey a la cabeza. Se inventaron los primeros sistemas de escritura; aparecieron códigos legales escritos y los primeros textos de historia.

Emergió una nueva casta social, la de los militares, encargada de proteger los intereses de las élites político-económicas y de aumentar sus fortunas por medio de guerras de conquista. Su tarea fue facilitada por nuevas tecnologías de metales, que producían no sólo mejores herramientas sino espadas y carros de guerra. Los registros históricos de la antigua Mesopotamia -cuna de las primeras civilizaciones urbanas- relatan que apenas aparecieron los primeros reyes, éstos iniciaron campañas de conquista en territorios aledaños y empezaron a construir imperios. La guerra se volvió no sólo frecuente, sino crónica.

Estos regímenes, ya decididamente patriarcales, se centraban en la apropiación y el control. Instalaron rígidos sistemas jerárquicos: en la cúspide de la pirámide se encontraba una pequeña élite de varones que monopolizaban los recursos y el poder. Luego venían los mandos medios: militares, sacerdotes, administradores, y algunos artesanos urbanos. En la base estaba la gran masa de la población, proveedora de alimentos básicos y mano de obra.

El control jerárquico fue, en primer lugar, económico. En segundo lugar estaba la dominación política y militar. Las mujeres, privadas del destacado papel económico y social que habían jugado en las sociedades humanas anteriores, fueron asignadas a roles domésticos, subordinadas en todo a los varones y a menudo consideradas como posesiones. Su comportamiento sexual estaba bajo el más estricto control: para la herencia patrilineal de bienes, era esencial que el varón pudiera identificar a sus hijos «legítimos».

Juicios de superioridad e inferioridad

Las sociedades patriarcales funcionan jerárquicamente en múltiples aspectos. Todo se compara, todo se califica en base a criterios de superioridad e inferioridad. Se establecen rangos sociales, «niveles culturales», y categorías raciales. Hay jerarquías del éxito, de fuerza y capacidad, de inteligencia y mérito, y de belleza femenina.

La obsesión patriarcal con el control otorga un lugar central a la autoridad y la obediencia, impuestas por medio del dolor y el temor al castigo. Algunos comentaristas hablan de un «complejo de autoridad sagrada»: el control vertical se justifica en nombre de conceptos religiosos.

Bajo el patriarcado las múltiples diosas del período neolítico, asociadas con fertilidad y tierra, fueron dando lugar a figuras masculinas con rasgos guerreros, residentes en el cielo. En la literatura, y también en la escultura y otras expresiones artísticas públicas, se glorificaba a la guerra y las armas: la espada a menudo se volvió símbolo sagrado, y las guerras de conquista obedecían a mandatos divinos.

En las sociedades patriarcales se da más valor a las emociones «duras» como la ira y el desprecio, por encima de sentimientos considerados «blandos», tales como la empatía y la compasión. Se fomentan actitudes de competitividad agresiva: se acostumbra a criar a los varones en la lógica de la guerra.

En muchos casos se justifica el control y la do- minación en nombre de la apropiación de la verdad. Se enseña que hay un solo camino «correcto» en política, en economía, y en religión: «el error no tiene derechos». Históricamente, esto ha llevado a cruzadas, inquisiciones, e incluso genocidios.

Las religiones patriarcales tienden a sacralizar el dolor. Se desconfía del placer, y en general de las espontaneidades instintivas, tan poco controlables. La sexualidad se suele asociar con la transgresión: a menudo se reprime la expresión de la sensualidad y ternura.

Algunos investigadores han hecho notar, sobre todo en los varones de estas sociedades, una especie de «armadura psicológica»: patrones de rigidez muscular y neuronal que obstaculizan el movimiento corporal fluido y que se asocian frecuentemente a patologías físicas y psicológicas.

La modernidad: desafíos al patriarcado

Los imperios de la antigüedad, y también las civilizaciones del mundo clásico, fueron estrictamente patriarcales. La Europa medieval heredó el mismo sistema, al igual que la época moderna que surgió a partir del siglo XV.

En la modernidad más reciente, sobre todo a partir de la Ilustración del siglo XVII, ha crecido una fuerte resistencia a diversos aspectos del patriarcado: las monarquías han ido cediendo a sistemas políticos más democráticos, y en los siglos XIX y XX el marxismo y la socialdemocracia cuestionaron la explotación económica de sectores mayoritarios de la población. Se han formado movimientos por los derechos humanos; por el respeto a las minorías raciales, nacionales, y sexuales; y por la abolición de la esclavitud. Y como todos sabemos, en muchos países han surgido luchas por la igualdad política, económica, y social de las mujeres.

Patriarcado y machismo

Sin embargo, las estructuras patriarcales persisten. Y bajo su alero, con diversos matices, está el machismo. Pero patriarcado y machismo son dos realidades muy distintas: el patriarcado es todo un sistema social, político y económico, mientras que el machismo es una subcultura (o una variedad de ellas) que estimula a los varones a exhibir comportamientos considerados hiper-masculinos. Deben mantener el control riguroso sobre el comportamiento de la mujer y los hijos y exagerar rasgos personales como la agresividad, la impasibilidad, y la violencia bajo cualquier pretexto, sobre todo en contra de la mujer. El machismo se asocia muy a menudo con el comportamiento masculino irresponsable: la promiscuidad desenfrenada y el abandono de la prole.

El machismo sigue causando incalculable sufrimiento y tragedia: basta tomar conciencia, por ejemplo, del drama del feminicidio en los diferentes países de nuestra región. Pero el machismo no es patriarcado: es su patético hijo bastardo.

En resumen, el patriarcado sigue siendo la patología central de la civilización occidental. Las luchas en contra de sus múltiples expresiones abordan, necesariamente, temas económicos, políticos, sociales, y ecológicos. Entre ellas, no puede estar ausente la exigencia de poner fin al machismo.

Cuaresma, mistagogía de la Pascua

LA PASCUA DE CRISTO SIGUE CRECIENDO

El sentido de la Cuaresma cristiana se puede resumir así: la Cuaresma nos introduce en la celebración, cada año más intensa, del Misterio Pascual de Cristo. 

Se habla mucho, desde hace algunos años, del Misterio Pascual. La expresión existía ya en la liturgia: «Jesucristo, tu Hijo, en favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual » (Viernes Santo, 1ª oración); «para celebrar dignamente el Misterio Pascual» (jueves 3º de Cuaresma). 

Puede existir el peligro de que para algunos la frase se convierta en un slogan bonito, pero vacío de sentido y de vivencia. 

«Misterio Pascual» viene a expresar lo mismo que «misterio de la Redención», pero de una manera: 

– más concreta: porque centra la atención, no en un concepto, sino en el gran acontecimiento que constituye la muerte y la resurrección de Cristo; 

– más completa: porque no considera sólo la muerte de Cristo, sino también su resurrección, ambas como única intervención salvadora del poder de Dios; 

– más dinámica: porque hace resaltar el paso poderoso de la muerte a la vida en Cristo.

Para Cristo, el Misterio Pascual es su PASO triunfal de la muerte a la Vida. El misterio total de la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión. Es el PASO=PASCUA, el gran suceso de la historia, el acontecimiento salvador por excelencia. Acto vital, dinámico, del Dios poderoso, 
que nos salva de la muerte por la Muerte de su Hijo, y nos introduce en la vida por la Vida nueva de Cristo. 

Para nosotros, el Misterio Pascual es la participación en la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Se trata de que también nosotros PASEMOS, que nos incorporemos al tránsito pascual de Cristo. Cada año más profundamente.

Este es el eje de toda la historia de la salvación: que lo que se ha cumplido en Cristo-Cabeza se cumpla en todos sus miembros.

Cristo dio el gran Paso. Cumplió en Sí la Pascua.

Ahora el Cristo total, la Iglesia, prolonga y perfecciona esta Pascua del Cristo físico a lo largo de la Historia, pasando continuamente de la muerte del pecado a la vida nueva y fructífera de la gracia, camino de la salvación total y definitiva:

para que la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales sea, por tu gracia, prenda de vida eterna (Noche de Pascua).

UN TIEMPO FUERTE DE NOVENTA DIAS

Todo el Año Litúrgico tiene como finalidad esta asimilación del Misterio de Cristo. Pero con mayor intensidad la Cuaresma y la Pascua:

– la Cuaresma nos inicia en la Pascua, nos entrena en el paso de la muerte a la vida;

– el TriduoPascual (Viernes, Sábado y Domingo de Resurrección) culmina la celebración del Tránsito del Señor (de la muerte y del sepulcro a la Vida) y del nuestro (del pecado, por el Bautismo, a la gracia);

– y el Tiempo Pascual prolonga la solemnidad a lo largo de cincuenta días -la «pentecostés»- que se celebran como uno solo.

La Cuaresma no es, pues, fin en si misma, sino que culmina y se perfecciona en la Pascua. El proceso pascual decisivo para cada cristiano se realiza en tres tiempos: morir al pecado y al mundo; morir al egoísmo, que ya es estrenar nueva existencia; celebrar con Cristo el nacimiento a la nueva vida; y vivir con nueva energía y entusiasmo: como niños recién nacidos.

No se trata de «instruirnos» sobre la Pascua, sino de «iniciarnos» en su Misterio.

La atención y las fuerzas nos deben acompañar «in crescendo» a lo largo de los noventa días: los cuarenta de preparación y los cincuenta de celebración. Con la cumbre de la Noche Pascual, meta y fuente de nuestra reforma de resucitados con Cristo, y la plenitud del Espíritu en Pentecostés.

No vaya a ser que lleguemos con esfuerzo, a lo largo de la Cuaresma, hasta la puerta, y no tengamos ya las fuerzas o la tensión necesaria para entrar en la Pascua y vivirla hasta su final.

Noventa días de «tiempo fuerte». Primavera espiritual de la Iglesia y de cada cristiano, que se renueva en su vida de gracia, en su «historia de la salvación», en su incorporación al Cristo que muere y resucita.

Con la suficiente energía como para aprovechar el impulso durante el resto del año.

CRISTlANOS QUE SE CONVIERTEN

La incorporación creciente al misterio de la Pascua de Cristo la expresa la liturgia cuaresmal en una palabra: conversión.

La palabra griega «metánoia» significa «cambio de mentalidad».

La latina «con-versio» viene a indicar lo mismo: «vuelta, cambio de dirección». Que es lo que se ha traducido en latín «paenitere, paenitentia», pero entendida en su sentido pleno de conversión total que es el que le viene dado en los textos cuaresmales:

– que nuestra mentalidad mundana, lejana al evangelio, se convierta en mentalidad cristiana;

– que nuestros caminos de pecado, nuestra vida carnal y materialista se dirijan ahora por los caminos de la gracia, una vida según el espíritu;

– que donde reinaba el egoísmo, cerrando las puertas a Dios y al prójimo, se inaugure una apertura de docilidad para con Dios y de amor práctico para con el prójimo:

Convertíos a mi de todo corazón, convertíos al Señor Dios vuestro (miércoles de ceniza);
y Leví, dejándolo todo, se levantó y lo siguió

He venido a llamar a los pecadores para que se conviertan (sábado ceniza).

Un cambio, una nueva dirección en la vida. Empezando por la mentalidad, que es la raíz de toda conducta.

EL DEDO EN LA LLAGA

Una conversión auténtica hace «daño».

Porque nuestra Cuaresma y nuestra Pascua no debe dedicarse a jugar con las ideas. Ni contentarse con agua de rosas. Debe llegar al fondo.

Este «convertirse», que es «morir con Cristo para resucitar con El», debe entrar con decisión hasta lo más profundo de nuestro ser. Y reformar. Cortar. Cambiar.

Y nos dolerá. Como cuando el dentista nos toca el nervio enfermo.

Si no le hacemos «daño» al hombre viejo en Cuaresma, es que no le hemos puesto el dedo en la llaga.

A lo mejor nos hemos contentado con dar una limosna o abstenernos de unos caramelos o cigarrillos.

Si no nos hemos abstenido del pecado y del egoísmo, no ha entrado la Cuaresma en la raíz de nuestra personalidad. Y tampoco entrará la Pascua.

Si entendemos la «penitencia cuaresmal» como un pequeño ayuno, que no nos cuesta gran cosa, y no nos transforma interiormente, poco habremos conseguido de la Cuaresma.

Y mal podremos tocar las campanas de Pascua: rasgad los corazones, no las vestiduras,
convertíos al Señor Dios vuestro (miércoles de ceniza).

Es adentro donde tiene que bajar la conversión, y no quedarse en la superficie. Celebrar la Cuaresma es mirarse sin ningún miedo al espejo de Cristo. Encararse en sus exigencias. Comparar su programa y su ideología con la nuestra: ¿qué nos falta?, ¿qué nos sobra? Y emprender con decisión la reforma:

Seréis santos porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo (lunes primera semana).

UN RITMO SIEMPRE MODERNO

Esta conversión se predicaba en un tiempo de modo especial para los catecúmenos, que en Cuaresma se preparaban a su bautismo, y para los penitentes públicos, que recorrían el camino de su reconciliación.

Pero entonces y ahora se dirigía y se dirige con mayor fuerza a los ya bautizados. Porque aunque estamos ya incorporados a Cristo, nuestro hombre viejo nos crece cada año. Y de nuestro flamante vestido nuevo («revestíos de Cristo») nos hemos ido despojando poco a poco por el camino.

Por eso cada año somos convocados a un nuevo catecumenado y a una nueva reconciliación. Somos invitados insistentemente a un «paso», a una conversión siempre necesaria.

Hay un ritmo dialéctico en el rico formulario de la liturgia cuaresmal que puede ilustrar este «paso» del hombre viejo al nuevo:

– de la enfermedad a la salud: paralítico (4º martes), el hijo del centurión (lunes 4º);

– de la lucha y los peligros, al triunfo: historia de José (viernes 2º), de Susana (lunes 5º), de Jeremías (miércoles 2º y viernes 5º), persecución del justo (viernes 4º), de Ester (jueves 1º), Cristo tentado y transfigurado (domingos 1º y 2º);

– de la sed, al agua viva: el agua de Moisés al pueblo y de Cristo a la Samaritana (domingo 3º, A);

– de las tinieblas a la luz: el ciego de nacimiento (domingo 4º A);

– de la muerte a la vida: Lázaro (domingo 5º A);

– del pecado a la conversión: historia de Jonás y Nínive (miércoles 1º), el hijo pródigo (sábado 2º y domingo 4º C);

– del fermento viejo a la nueva levadura (domingo de Pascua);

– pero sobre todo con el gran ritmo, anunciado repetidas veces y cumplido gloriosamente, de la Muerte a la Resurrección de Cristo.

Es el «estilo» de Dios, el «ritmo pascual», de «paso», de tránsito dinámico y poderoso. Que se ha hecho esencia de la historia de la salvación y que nosotros asimilamos en nuestro proceso cuaresmal-pascual.

Una pauta sustanciosa, ésta, para la catequesis y para la vivencia de la Cuaresma como ejercicio del Misterio Pascual.

«De muerte a vida», es un ritmo fácil de entender para los jóvenes y los mayores. Todos tenemos algo que «matar» en nosotros: el orgullo, la pereza, la ira, el egoísmo. Todos tenemos algo que renovar. Hacernos «hombres nuevos», dejando al «hombre viejo».

CUARESMA CON CRISTO

No tenemos que perder de vista esta compañía: nosotros no hacemos una Cuaresma nuestra. No estamos solos en la subida a la Pascua.

Cristo, que una vez y para siempre subió a la muerte para merecer la vida, sigue con nosotros y en nosotros el mismo camino. Hoy, con una actualidad misteriosa pero realísima, se nos hace compañero de viaje, para realizar en nosotros su Cuaresma y su Pascua, la obediencia y el triunfo, la muerte y la vida.

El, perseguido por sus adversarios,

incomprendido por sus discípulos,
lleno de miedo y repugnancia ante la muerte,
derramando su vida en una muerte trágica,
para resucitar glorioso a su nueva vida de Kyrios, de Señor,
triunfador ya para siempre de la muerte.

Nosotros, perseguidos por la tentación y el pecado,
en choque abierto y doloroso con el mundo, la carne y el demonio,
llenos de miedo ante la renuncia y el sacrificio,
pero crucificados al mundo y a su mentalidad,
cara a la resurrección a una vida más fuerte y vigorosa
por los caminos de Dios, injertados en la vida pascual de Cristo.

Tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad (Dom. de Ramos).

LA CUARESMA, SACRAMENTO

Todo lo demás tiene categoría de medio.

Lo importante en Cuaresma es incorporarse a esa carrera del Cristo que muere y se levanta a una existencia nueva de resucitado. Lo importante es realizar con la ayuda de Dios en lo más hondo de nuestra persona esta «conversión», paso pascual de las sombras en que siempre andamos metidos, a la plena luz.

Los medios exteriores de la «observancia cuaresmal» son útiles, tienen importancia. Pero siempre como expresión de la postura interior, del empeño personal, y sobre todo, como expresión de la acción interior de Dios, que obra con nosotros la gran renovación pascual.

En este sentido se llama la Cuaresma «sacramento»: porque es signo exterior de una realidad interior de conversión y de gracia de Dios que nos renueva para la Pascua: «celebrado el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba» (domingo 1º); «para que las penitencias exteriores transformen nuestro espíritu» (jueves 2º).

EL PAN DE LA PALABRA

¿Cuáles son estos medios que la Cuaresma nos ofrece?

Ante todo, y para subrayar que la iniciativa parte siempre de Dios, la Palabra divina.

La Iglesia se hace catecúmena. Nos sentamos de nuevo en la escuela de la Palabra, para aprender. Para entrar más a fondo en el conocimiento de los planes de Dios y su misterio de salvación. Para conocer mejor el dinamismo del Cristo que nos redime en un nuevo Éxodo Pascual.

Cuaresma, tiempo de meditación en la Escritura. Contemplación de la historia de la salvación: «el que medita la ley del Señor día y noche, da fruto a su debido tiempo» (miércoles de ceniza).

La verdadera imagen de la Iglesia en Cuaresma no es solamente la de un pueblo que ayuna y llora, vestido de saco y cilicio, sino sobre todo la de una comunidad que se recoge en escucha orante de la Palabra de su Señor.

Cada día tiene su formulario de lecturas propio. Tenemos que valorar estas lecturas, su proclamación, la trasmisión de su mensaje: así será mi palabra: no volverá a mi vacía (martes 1º).

Qué bien estaría que cada día hubiera una pequeña homilía, recalcando precisamente este progreso hacia la Pascua. En estas lecturas se encuentra una pedagogía estupenda que prepara gradualmente a la Pascua. No hace falta ir a buscar temas peregrinos para la catequesis o la meditación.

CUARENTA DIAS DE RODILLAS

La lectura de la Palabra de Dios nos lleva a una más intensa oración.

La reforma que hay que cumplir en la Cuaresma no se puede realizar sin la ayuda de Dios. Es El el que purifica nuestro ser, el que nos renueva, el que convertirá nuestro viejo Adán en el nuevo Cristo.

Y por eso nos postramos en oración: pedid y se os dará, buscad y encontraréis (jueves 1º).

La Iglesia en oración. Sobre todo en Cuaresma. Para que no nos creamos que con el ayuno y los demás ejercicios ascéticos que podemos emprender en este tiempo, somos nosotros los que merecemos la nueva vida. La Iglesia, consciente de que la Pascua es obra de Dios, se pone en actitud de oración, pidiendo la salvación pascual para la comunidad entera y para cada uno de sus miembros.

«Encarézcase la oración por los pecadores «, recomienda la Constitución de Liturgia (SC 109) en el tiempo de Cuaresma. En esta categoría entramos todos, necesitados de renovada conversión. Toda la comunidad se reconoce pecadora y se hace penitente, implorando de Dios el perdón y los dones de su gracia para la conversión. Oración personal y oración litúrgica, colectiva. En unión de toda la Iglesia. O de la comunidad a que pertenecemos.

EL PAN PARA EL CAMINO

La oración, sobre todo, de la Eucaristía, donde en torno al nuevo Cordero Pascual, Cristo, e identificados con El, dirigimos al Padre nuestro sacrificio de acción de gracias para nuestra salvación pascual y participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

Aquí está el centro de nuestra jornada cuaresmal:

«concédenos avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en plenitud» (dom. 1º)

La Eucaristía como fuente de nuestra reforma y como motor de nuestra inserción en el misterio pascual.

La Eucaristía acelera en nosotros el proceso de la resurrección a la vida de Cristo: «purifícanos por la acción de este sacrificio» (domingo 50).

La Eucaristía concentra y actualiza la Entrega (el Paso) de Cristo al Padre en su sacrificio pascual. Participar en ella es participar de la Pascua del Señor.

UN AYUNO TREMENDAMENTE ACTUAL

Con la Palabra y la Oración, la Cuaresma estimula en nosotros un trabajo personal y colectivo de Ayuno.

Un ayuno con dimensiones profundas y personales. No el ayuno reducido a la abstinencia de alimentos, medido por una casuística sobre el peso de sus onzas. Eso seria tergiversar el sentido de la «paenitentia», que debe ser una vuelta de toda la personalidad a Dios.

El ayuno cuaresmal tiene un contexto mucho más radical que la simple abstinencia de alimento. Es el ayuno del hombre viejo. El ayuno del pecado. La renuncia a los propios caminos para abrazar los de Cristo.

Este es el ayuno principal. La lucha contra el pecado en nosotros mismos. Si uno se priva de un plato de carne, pero no de su rencor y de su deseo de venganza, se ha quedado meramente en la superficie de su ayuno.

Si sacamos dinero de la cartera para dar una limosna, pero no sacamos del corazón el odio al hermano, o la soberbia, no hemos progresado gran cosa.

En este contexto se entiende la observancia cuaresmal, en la cual ha tenido siempre un papel preponderante el ayuno.

La renovación interior va así acompañada y favorecida por una austeridad exterior que en la práctica puede adoptar muchas modalidades. Son muchas las apetencias, no necesarias a nuestra salud, que podemos negarnos en la Cuaresma. La «muerte al pecado» se puede avivar pedagógicamente con esos sacrificios que a la vez dan una agilidad mayor para correr por los caminos del espíritu.

El que no quiere renunciar a nada, el que se concede a si mismo todo en la comida, en la diversión, en el placer, es señal de que no se ha puesto en clima de conversión pascual. El privarse de algo es signo de nuestra vuelta a lo esencial en la vida: Dios y sus caminos. Lo demás es todo relativo. El ayuno subraya esta relatividad de las criaturas, mientras rinde homenaje a Dios.

Tal vez hoy día lo que más nos estorba a un sano recogimiento y a una agilidad espiritual no son tanto los alimentos, cuando las imágenes y la palabrería. Una discreta renuncia a espectáculos, a lecturas, a tantas cosas que nos ofrece la sociedad de consumo, pueden ser todavía más útiles que los sacrificios en la comida, en el tabaco o en los dulces.

«Foméntese la práctica penitencial de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles» (SC 110). Se puede, pues, adaptar el «ayuno», pero valorando siempre más esta base radical de renuncia a lo que no es Cristo en nosotros para convertirnos a Dios.

CUARESMA DE CARIDAD

Una de las señales de la recta inteligencia del ayuno es que termine en la caridad. Ayunar, para dar al prójimo.

«Lo que cada uno sustrae a sus placeres, lo dé a favor de los débiles y pobres» (S. León, en un sermón cuaresmal). «Lo que tomamos en estas cosas de menos, aproveche para alimentar a los necesitados»(Sacrament. Veronense 929).

Este es el sentido de las campañas que en varias naciones y comunidades se llevan a cabo durante la Cuaresma para ayudar a países o instituciones pobres. El ayuno cuaresmal no es meramente negativo, sino que es renuncia a nuestras apetencias, para abrir las puertas a Dios (oración, lectura) y al prójimo-(caridad). Las dimensiones del más auténtico cristianismo:

dejar libres a los oprimidos,
partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo…
el ayuno que yo quiero es éste (viernes de ceniza);
misericordia quiero y no sacrificios (sábado 3°).

Una Cuaresma de caridad. Optima iniciativa en cualquier comunidad cristiana que marcha hacia la Pascua.

BAUTIZADOS EN LA MUERTE

El ambiente bautismal que desde los primeros siglos impregna la Cuaresma entra totalmente dentro del proceso de tránsito de la Iglesia y de cada cristiano a la vida pascual de Cristo:

– los catecúmenos dejan las costumbres viejas, pasan de la tiniebla del pecado a la Luz y la Vida de Cristo.

– los ya bautizados renuevan cada año su experiencia de catecúmenos y bautizados, profundizando así en la raíz misma de su existencia cristiana.

Los temas bautismales se desarrollan, sobre todo, a partir de la tercera semana. En la reforma del Leccionario han pasado al 3º, 4º y 5º domingos de Cuaresma los tres evangelios más típicamente bautismales: el de la samaritana (Cristo, Agua viva), el del ciego de nacimiento (Cristo, Luz) y el de Lázaro (Cristo, Vida), que antes se encontraban en las ferias de la tercera y cuarta semanas.

Otros textos que ilustran en este período la transformación bautismal son la curación del leproso Naamán (lunes 3º), las aguas que brotan del templo (martes 3º), etcétera.

Con razón se llama a estas semanas “retiro bautismal de la Iglesia”. Retiro que culmina en la Noche Pascual, alrededor del Agua, con las lecturas y los ritos del bautismo.

Los nuevos textos de la bendición del agua, del bautizo y de la renovación de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual, pueden muy bien ser aprovechados para la catequesis a lo largo de la Cuaresma.

La fuerza pascual del Bautismo la descubrió sobre todo San Pablo, que entendió este sacramento como la mejor participación en el Misterio Pascual de Cristo: sumergidos en el agua para dar muerte al hombre viejo, y saliendo del agua resucitados a una nueva vida, en Cristo Jesús:

Por el bautismo fuimos sepultados con El en la muerte,
para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos
en una vida nueva (lectura de la Noche Pascual).

Este es nuestro Bautismo y ésta nuestra Cuaresma: bautizados a la muerte, para resucitar con Cristo a nueva vida.

Revalorizar estos textos y su catequesis es vital para la pastoral de la Cuaresma.

LA CONFESION PASCUAL

La Eucaristía, cada día. El Bautismo, la Noche Pascual.

Un tercer Sacramento da el tono a la Cuaresma como preparación a la Pascua: el de la Penitencia, que viene a recoger y valorar los elementos «conversionales» de nuestra Cuaresma.

En la lucha contra el pecado, en el juicio contra todo lo viejo y anticristiano que hay en nosotros, la Reconciliación nos orienta, nos da la fuerza, nos proporciona una ocasión magnífica para someter nuestra existencia de pecadores al juicio y a la misericordia de Dios, que es el que en definitiva nos tiene que transformar. El leccionario de Cuaresma nos recuerda insistentemente la Alianza entre Dios y su Pueblo, Alianza que nos compromete a cumplir sus mandamientos, a vivir conforme al Evangelio de Cristo.

Este sacramento renueva la vida bautismal en nosotros y nos introduce en la Eucaristía, que es la renovación de la Alianza. Por tanto, nos inicia óptimamente en la Pascua. Nos ayuda a dar el paso definitivo.

La preparación cuidadosa de la confesión en este tiempo, ya desde su inicio, debe ser uno de los puntos de la catequesis cuaresmal.

Y mucho mejor si se realiza comunitariamente. Con un tono eclesial que se va por fortuna redescubriendo en el sacramento de la Penitencia. No faltan subsidios y directivas para la realización de Celebraciones de la Palabra como expresión de la penitencia de una parroquia, de un colegio, de una familia.

«Incúlquese a los fieles las consecuencias sociales del pecado… No se olvide la participación de la Iglesia en la acción penitencial (SC 109).

LA IGLESIA HACE EJERCICIOS

La dimensión comunitaria de la penitencia cuaresmal ha sido resaltada en el Concilio y seguramente está destinada a producir mucho fruto en la renovación postconciliar. La Iglesia entera se pone en camino a la resurrección y entra en el esfuerzo doloroso de la reforma y la conversión.

La Iglesia entra en Ejercicios: los Ejercicios cuaresmales de la Pascua. Junto al Esposo, unida a El en su lucha y en su muerte lenta: camino de la salvación.

Una comunidad que camina a la Pascua, que celebra la Cuaresma y trata de hacerla suya: todos unidos en el empeño común de renovación, todos unidos alrededor de la Palabra de Dios, en oración humilde y fervorosa, hermanados por los vínculos bautismales y alimentados por el mismo Pan eucarístico.

Una comunidad que lucha contra el mal, para asimilar siempre mejor la vida que nos trae Cristo.

CADA AÑO VUELVE LA PRIMAVERA

Nuestra inserción en Cristo es difícil. Y conoce ya una historia muy movida de conquistas y pérdidas.

Cada Cuaresma nos empeña en la misma tarea. Pero sin repetirse, porque es siempre distinta. Como son nuevos cada año los ecos del Aleluya Pascual. La lucha se va abriendo a nuevos campos. El hombre nuevo cristiano asimila nuevas formas vitales en nuestra personalidad. Y nos tenemos que ir haciendo más maduros en Cristo.

La ley de lavida cósmica, con el retorno de la primavera, se convierte en ley de la historia de la salvación, con el progresivo crecimiento y revitalización del Cuerpo Eclesial de Cristo, que desde el día de la Ascensión hasta el del retorno de Cristo, tiene un programa de maduración que se va haciendo historia en cada uno de sus miembros.

Y la Cuaresma, con la Pascua, es nuestra primavera en Cristo: mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis? (dom. 5° C). Está bien que cada año emprendamos con ilusión nuestra incorporación más decidida a Cristo y a su vida pascual.

Porque de Pascua en Pascua vamos caminando con confianza y seriedad hacia el Paso último, que nos debe introducir para siempre en Cristo.

La vida habrá sido una gran Cuaresma para una gran Pascua.

Un entrenamiento decisivo, una mistagogía de iniciación para la Pascua que nunca acabará:

cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con El, en gloria (2ª lectura del día de Pascua);

«de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba» (pref. 1er. domingo de Cuar.).

  1. ALDAZABAL

Spe Salvi – Benedicto XVI

27. En este sentido, es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando « hasta el extremo », « hasta el total cumplimiento » (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente « vida ». Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo: de la fe se espera la « vida eterna », la vida verdadera que, totalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en toda su plenitud. Jesús que dijo de sí mismo que había venido para que nosotros tengamos la vida y la tengamos en plenitud, en abundancia (cf. Jn 10,10), nos explicó también qué significa « vida »: « Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo » (Jn 17,3). La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces « vivimos ».