Camina con luz

DOMINGO IV DE CUARESMA

Esta etapa es un tanto especial pues para recorrerla se necesita luz. Hay muchas veces en el camino de nuestra vida que caminamos “a oscuras”, situaciones de dolor, de sufrimiento, de duda, de incer dumbre. Son etapas en las que la densidad de la oscuridad por la que caminamos se hace tan pesada que nos impide avanzar. Cuando tomamos conciencia de esto, es cuando necesitamos parar, por un momento, y buscar la luz que nos ayude a seguir adelante. No nos conformemos con el resplandor de una luz vacilante sino que aceptemos la invitación de Cristo, de caminar esta etapa y toda nuestra vida iluminados con su luz imperecedera.

 

La guía de la Palabra de Dios

2Cro 36, 14-16.19-23: “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la erra” Ef 2, 4-10: “Estáis salvados por su gracia y mediante la fe”

Evangelio: Jn 3, 14-21

En aquel empo, dijo Jesús a Nicodemo:

-«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así ene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres pre rieron la niebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

 

Luz o tinieblas

La Biblia u liza, en muchas ocasiones, la imagen de la luz para describirnos a Dios. Precisamente el hecho de que Dios es luz, establece un contraste natural con la oscuridad. Si la luz la u lizamos para hablar de la bondad y la jus cia de Dios, entonces la

oscuridad simboliza el mal y el pecado, el empeño de caminar sin Dios. “Dios es luz y en Él no hay niebla alguna” (1Jn 1, 5). En este versículo no se nos dice que Dios es una luz, sino que Él es la luz verdadera, capaz de dar sen do a toda nuestra vida. “Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible dis nguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección ja” (Lumen Fidei, 3).

En el Nuevo Testamento la luz se atribuye a Jesús, Dios encarnado, capaz de iluminar nuestras vidas y dispersar las nieblas de nuestros corazones. Y no sólo a nosotros, porque lo que Jesús a rmó es que Él es la luz del mundo, indicando con esto la misión universal de su ministerio. Cristo es luz para todos los hombres, en todo momento y lugar. Él es la luz en el sen do absoluto. “Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino (de la vida), porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso” (Lumen Fidei, 1).

Nosotros estamos llamados a vivir par cipando de su luz, no dejándonos llevar por las nieblas en las que fácilmente podemos vernos envueltos. Seguir a Cristo es preferir caminar bajo su luz, pues sólo Él es “la luz que vino al mundo”, en vez de caminar en nieblas. Es caminar por los caminos de la san dad, desprendiéndonos de todo aquello que nos ata y no nos hace libres para seguirlo y para anunciarlo.

Dice san Juan en el Evangelio que leímos hoy: «En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la niebla, y la niebla no lo recibió… El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (1, 4- 5.9). Los hombres hablan mucho de la luz, pero a menudo pre eren la tranquilidad engañadora de la oscuridad. Nosotros hablamos mucho de la paz, pero con frecuencia recurrimos a la guerra o elegimos el silencio cómplice, o bien no hacemos nada en concreto para construir la paz. En efecto, dice san Juan que «vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11); porque «este es el juicio: que la luz —Jesús— vino al mundo, y los hombres pre rieron la niebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras» (Jn 3, 19-20). Así dice san Juan en el Evangelio. El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las nieblas, porque la luz revela sus obras malvadas. Quien obra el mal, odia la luz. Quien obra el mal, odia la paz.

 

Diario del peregrino

VER

• Hay muchas situaciones en nuestra sociedad y nuestro mundo en las que se nos muestra claramente su “caminar en tinieblas”. Pon ejemplos.

• Muchas de esos caminos están recorridos por cristianos, ¿a qué piensas que se debe?

• Piensa en un hecho de vida en el que hayas identificado claramente “vivir en tinieblas en tu vida”.

JUZGAR

«Un cris ano no debe andar entre nieblas, porque allí no está la verdad de Dios, pero si cae, puede contar con el perdón y la dulzura de Dios, que lo devuelve a la vida de la luz… Si dices que estás en comunión con el Señor, entonces camino en la luz. ¡Pero, una doble vida no! ¡Eso no! Esa men ra que estamos tan acostumbrados a ver, e incluso a caer en ella ¿no? Decir una cosa y hacer otra ¿no? Siempre la tentación… Nosotros sabemos de dónde viene la men ra: en la Biblia, Jesús llama al diablo “el padre de la men ra”, el men roso… Tú estás en comunión con Dios, camina en la luz. Haz obras de luz, no decir una cosa y hacer otra, no tener una doble vida y todo eso.

Caminemos en la luz, porque Dios es Luz. No vayamos con un pie en la luz y el otro en las nieblas. No hay que ser men rosos. Y, otra cosa: todos hemos pecado. Nadie puede decir: “Este es un pecador, ésta es una pecadora. Yo, gracias a Dios, soy justo”. No, sólo uno es Justo, Aquel que ha pagado por nosotros. Y si alguien peca, Él nos espera, nos perdona, porque es misericordioso y sabe muy bien de qué somos plasmados y recuerda que somos polvo.» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta del 29-04-2016)

A la luz de las lecturas de este Domingo:

¿Sientes la necesidad de que Jesús ilumine alguna tiniebla en tu vida?

“Caminar en la luz” ¿Cómo? ¿Qué necesitas en tu vida para poder vivir en la luz de Cristo?

 

ACTUAR

• Ponte un compromiso a través de cual seas capaz de testimoniar la Luz de Cristo en tu vida.

• ¿Qué podemos hacer los cristianos para ayudar a caminar iluminados por la Luz de Jesús?

• ¿Qué podemos hacer en nuestra parroquia?

 

Recursos para el camino

Canto: Extiende tu mano (Juan Luís Guerra)

Extiende tu mano, Señor
pues todo lo puede tu amor
hoy te con eso, mi Dios, mi Señor, salvador
Ya no hay nieblas en mi, sólo hay luz
ahora extiende tu mano Jesús

Escucha Señor mi oración
hoy te entrego mi corazón
borra mis faltas, Dios salvador
hoy te confieso, Señor.

Oración

Guíame, Señor, mi luz,
en las nieblas que me rodean,
¡guíame hacia delante!
La noche es oscura y estoy lejos de casa:
¡Guíame tú!

¡Dirige Tú mis pasos!
No te pido ver claramente el horizonte lejano:
me basta con avanzar un poco…
No siempre he sido así,
no siempre Te pedí que me guiases Tú.
Me gustaba elegir yo mismo y organizar mi vida…
pero ahora, ¡guíame Tú!

Me gustaban las luces deslumbrantes
y, despreciando todo temor,
el orgullo guiaba mi voluntad:
Señor, no recuerdes los años pasados…

Durante mucho empo tu paciencia me ha esperado:
sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,
por montes y torrentes
hasta que la noche dé paso al amanecer
y me sonría al alba el rostro de Dios: ¡tu Rostro, Señor!

John Henry Newmann