Lunes III de Cuaresma

Hoy es 5 de marzo, lunes de la tercera semana de Cuaresma.

Seguimos en este itinerario de Cuaresma, acompañando a Jesús en su camino. Puedes pedirle en esta oración que te ayude, en cada paso, a configurarte cada vez más con él. A entender su modo de ser y hacer las cosas y su modo de estar en el mundo, para que conociéndole cada vez más, más le ames y le sigas. Es este Jesús que amas, que viene a nuestro mundo, a su casa, a nuestra casa exterior, donde no siempre es bien acogido.

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p style=»text-align:justify;»>Estoy a la puerta y llamo,
esperando a que me abras,
ábreme que quiero entrar;
que estoy a la puerta y llamo. 



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p style=»text-align:justify;»>El corazón que te he dado,
es morada que yo anhelo,
pero es tan digno y sagrado;
que estoy a la puerta y llamo. 



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p style=»text-align:justify;»>Si me abres entrare
y yo cenare contigo
sino me abres seguiré
afuera como un mendigo.

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p style=»text-align:justify;»>Estoy a la puerta y llamo,
esperando a que me abras,
ábreme que quiero entrar;
que estoy a la puerta y llamo. 



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p style=»text-align:justify;»>El corazón que te he dado,
es morada que yo anhelo,
pero es tan digno y sagrado;
que estoy a la puerta y llamo. 



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p style=»text-align:justify;»>Si me abres entrare
y yo cenare contigo
sino me abres seguiré
afuera como un mendigo
llamando, llamando,
llamando, llama.

         Estoy a la puerta y llamo (Jesed, CD «Yo nací para la Cruz»)

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 4, 24-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Ningún profeta es bien mirado en su tierra. Pero a pesar de la incomprensión, Jesús sigue convencido de su misión. Dar la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos y regalar a todos la gracia de Dios. Contempla a Jesús en esta escena. Recorre con tu imaginación la sinagoga, las personas que hay en ella, los que le escuchan a corazón abierto y los que lo hacen con reservas. Contémplale a él, de pie, con el deseo de anunciar esa buena noticia, aún a riesgo de ser rechazado.

A Jesús, ese hombre bueno que busca la libertad de los oprimidos, que da respiro a quien está con él, que hace revivir al abatido, unos cuantos, presentes en la sinagoga, lo agarran y lo empujan fuera del pueblo, hasta un barranco con intención de despeñarlo. ¿Puedes imaginar lo que sentiría Jesús en ese momento? Trata de conectar con su sentimientos.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó. Ya sabes cómo se siente Jesús. Seguramente cualquiera de nosotros nos habríamos vuelto en contra, habríamos tratado de dar mil explicaciones o justificaciones, para librarnos de caer por el barranco. Incluso puede ser que nos hubiera brotado la violencia. Sin embargo, párate a observar lo que hizo Jesús. Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó. Deja resonar en ti las palabras con que el evangelista Lucas lo describe.

Vuelve a leer el texto situándote en el interior de la sinagoga, entre la gente. Deja resonar en ti el deseo de Jesús, de comunicar a todos la buena noticia. La esperanza para todos y trata de identificarte con su modo de ser y estar.

Gracias, Señor, por tu modo de ser.
Por tu ser humilde y sencillo:
vencedor dócil ante el rencor que no entiende,
caminante libre ante el paso torcido,
promesa clara para días oscuros,
calma frente a la furia y abrazo en cada golpe.
Gracias, Señor, por tu modo de ser.
Dame tu Gracia para conocerte más y más.
Y para transformar en manantial de Vida
lo que se vuelve árido, seco, agostado…
como Tú lo haces, sin ahorrarte nada.

         (Gloria Díaz Lleonart)

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p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

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