Vísperas – Martes III de Cuaresma

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: NO ME PESA, SEÑOR, HABER FALTADO.

No me pesa, Señor, haber faltado
por el eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como pena a mi pecado.

Pésame haber tus voces despreciado
y tus justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón, Señor, por mí llagado.

Llorar quiero mis culpas humillado,
y buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.

Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote cual siempre me has amado
y viviendo contigo arrepentido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor rodea a su pueblo.

Salmo 124 – EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Ant 2. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Salmo 130 – COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE DIOS

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Ant 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA BREVE   St 2, 14. 17. 18b

Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.

RESPONSORIO BREVE

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonais cada uno a vuestro hermano de todo corazón.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonais cada uno a vuestro hermano de todo corazón.

PRECES

A Cristo, el Señor, que nos mandó velar y orar a fin de no sucumbir en la tentación, digámosle confiadamente:

Señor, escucha y ten piedad.

Señor, tú que prometiste estar presente cuando tus discípulos se reúnen en tu nombre para orar,
haz que oremos siempre unidos a ti en el Espíritu Santo, a fin de que tu reino llegue a todos los hombres.

Purifica de todo pecado a la Iglesia penitente
y haz que viva siempre en la esperanza y el gozo del Espíritu Santo.

Amigo del hombre, haz que estemos siempre atentos, como tú nos mandaste, al bien del prójimo,
para que la luz de tu amor brille a través de nosotros ante todos los hombres.

Rey pacífico, haz que tu paz reine en el mundo
y que nosotros trabajemos sin cesar para conseguirla.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has muerto para que nosotros tengamos vida,
da la vida eterna a los que han muerto.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:

Padre nuestro…

ORACION

Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 6 de marzo

Lectio: Martes, 6 Marzo, 2018
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 18,21-19,1
Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: `Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: `Paga lo que debes.’ Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: `Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste.¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
 
3) Reflexión
• En el evangelio de ayer oímos las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna (Mt 18,15-20). En el evangelio de hoy (Mt 18,21-39) el asunto central es el perdón y la reconciliación.
• Mateo 18,21-22: ¡Perdonar setenta veces siete! Ante las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna y la reconciliación, Pedro pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Siete veces?” Siete es un número que indica una perfección y, en el caso de la propuesta de Pedro, siete es sinónimo de siempre. Pero Jesús va más lejos. Elimina todo y cualquier posible límite para el perdón: «¡No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete!” Es como si dijera: “¡Siempre, no! Pedro, sino setenta veces siempre!” Pues no hay proporción entre el amor de Dios para con nosotros y nuestro amor para con el hermano. Aquí se evoca el episodio de Lamec del AT. “Dijo, pues, Lamec a sus mujeres Ada y Selía: ‘Escúchenme ustedes, mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un moratón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta siete veces» (Gén 4,23-24). La tarea de las comunidades es la de invertir el proceso de la espiral de violencia. Para esclarecer su respuesta a Pedro, Jesús cuenta la parábola del perdón sin límite.
• Mateo 18,23-27: La actitud del dueño. Esta parábola es una alegoría, esto es, Jesús habla de un dueño, pero piensa en Dios. Esto explica los contrastes enormes de ésta parábola. Como veremos, a pesar de que se trata de cosas normales y diarias, existe algo en esta historia que no acontece nunca en la vida cotidiana. En la historia que Jesús cuenta, el dueño sigue las normas del derecho de la época. Estaba en su derecho si tomaba a un empleado y a toda su familia y lo ponía en la cárcel hasta que hubiera pagado su deuda por el trabajo como esclavo. Pero ante la petición del empleado endeudado, el dueño perdona la deuda: diez mil talentos. Un talento equivale a 35 kg. Según los cálculos hechos, diez mil talentos equivalen a 350 toneladas de oro. Aunque el deudor junto con su mujer y sus hijos hubiesen trabajado la vida entera, no hubieran sido nunca capaces de reunir 350 toneladas de oro. El cálculo extremo está hecho a propósito. Nuestra deuda ante Dios es incalculable e impagable.
• Mateo 18,28-31: La actitud el empleado. Al salir de allí, el empleado perdonado encuentra a uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Agarrándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. La moneda de cien denarios es el salario de cien días de trabajo. Algunos calculan que era de 30 gramos de oro. ¡No existe medio de comparación entre los dos! Ni tampoco nos hace entender la actitud del empleado: Dios le perdona 350 toneladas de oro y él no quiere perdonarle 30 gramos de oro. En vez de perdonar, hace con el compañero lo que el dueño podía haber hecho, pero no hizo. Mandó a la cárcel al compañero, según las normas de la ley, hasta que pagara toda la deuda. Actitud chocante para cualquier ser humano. Choca a los otros compañeros. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Nosotros también hubiéramos tenido la misma actitud de desaprobación.
• Mateo 18,32-35: La actitud de Dios. “Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.” Ante el amor de Dios que perdona gratuitamente nuestra deuda de 350 toneladas de oro, es nada más que justo que perdonemos al hermano una pequeña deuda de 30 gramos de oro. ¡El perdón de Dios es sin límites. El único limite para la gratuidad de misericordia de Dios viene de nosotros mismos, de nuestra incapacidad de perdonar al hermano! (Mt 18,34). Es lo que decimos y pedimos en el Padre Nuestro: “Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros personamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12-15).
La comunidad como espacio alternativo de solidaridad y fraternidad. La sociedad del Imperio Romano era dura y sin corazón, sin espacio para los pequeños. Estos buscaban un amparo para el corazón y no lo encontraban. Las sinagogas eran exigentes y no ofrecían un lugar para ellos. En la comunidad cristianas, el rigor de algunos en la observancia de la Ley, llevaba a la convivencia los mismos criterios de la sociedad y de la sinagoga. Así, en la comunidad empezaban a haber divisiones que existían en la sociedad y en la sinagoga entre rico y pobre, dominación y sumisión, hombre y mujer, raza y religión. La comunidad, en vez de ser un espacio de acogida, se volvía un lugar de condena. Juntando las palabras de Jesús, Mateo quiere iluminar la caminada de los seguidores y de las seguidoras de Jesús, para que las comunidades sean un espacio alternativo de solidaridad y de fraternidad. Deben ser una Buena Noticia para los pobres.
 
4) Para la reflexión personal
• Perdonar. Hay gente que dice: “¡Perdono, pero no olvido!” ¿Y yo? ¿Soy capaz de imitar a Dios?
• Jesús nos da el ejemplo. En la hora de su muerte pide perdón pos sus asesinos (Lc 23,34). ¿Soy capaz de imitar a Jesús?
 
5) Oración final
¡De la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre de Yahvé!
¡Excelso sobre los pueblos Yahvé,
más alta que los cielos su gloria! (Sal 113,3-4)

Naturaleza y Dios: ¿Femenina y masculino? Nueva visión

José María Vigil

El núcleo filosófico «antropo-teocósmico»

Tal vez la cuestión filosófica más profunda y decisiva sea la de concebir la entidad de la naturaleza (cosmos), de Dios (theos) y del ser humano (anthropos), y las relaciones correspondientes entre esos tres polos. Es lo que algunos han llamado la cuestión antropo-teocósmica. De cómo concibamos en nuestra mente esas entidades y su relación, depende todo el resto de nuestros pensamientos y acciones. Es el núcleo central de toda filosofía, y de toda espiritualidad y religión. Podemos establecer que Dios existe o que no existe, que es un ser celestial o que es la naturaleza misma; que nosotros existimos, o que no existimos sino que somos sólo «formas» del Absoluto sin dualidad ninguna… Obviamente, la toma de posición que hagamos funcionará como el axioma (o paradigma) de base que determinará todo el edificio de nuestro pensamiento y de nuestra espiritualidad.

Merece la pena preguntarnos por ello.

El axioma antropoteocósmico paleolítico

Durante todo el Paleolítico –del que tenemos documentados al menos los últimos 70.000 años– los humanos hemos exhibido un tipo de espiritualidad que ha tenido como centro el símbolo de la Divinidad Cósmica Materna, una Gran Diosa Madre que da vida desde dentro al universo como un todo orgánico, sagrado y vivo, del que formamos parte –como sus frutos, como sus hijos, como parte integrante de sus procesos– los humanos, la tierra, las plantas, todos los seres vivos. Todos formamos una red cósmica que nos vincula en todos los órdenes y a todos los niveles.

Las decenas de miles de estatuillas femeninas de la Gran Diosa Madre halladas por los arqueólogos, correspondientes a este período, expresan una visión de la vida en la tierra en la que la fuente transcendente y creativa de la vida se concibe como una madre divina, de la que todos los seres vivos nacemos y a la que volvemos con la muerte.

La separación de la Naturaleza

Hacia mediados de la edad del Bronce la diosa madre comienza a perder relevancia y capacidad de inspiración, y pasa a ser colocada en último plano, mientras los dioses masculinos ascienden a primer plano. Aparecen nuevos mitos de creación, en los que ahora es un dios padre quien juega el papel fundamental. Sumer y Egipto aportan la primera evidencia escrita del mito de la separación entre el cielo y la tierra. El cielo es la morada divina; la tierra deja de ser divina, pasa a ser mera naturaleza, material, informe, caótica. Comienza a abandonarse la imagen de la naturaleza como divinidad materna y comienza a ser pensada la naturaleza como «fabricada» por el poder de una «palabra» que otorga el ser a todas las cosas al nombrarlas.

La naturaleza deja de ser divina y holística. Su divinidad ahora es extraída y separada de ella. La nueva concepción de la divinidad pasa a ser reconocida aparte, puramente espiritual, inmaterial, supremamente inteligente y racional, plenamente masculino, todopoderoso, que pone orden en el caos femenino impredecible de la naturaleza. Son los mitos de la «creación», que despojan a la naturaleza del carácter divino que hasta entonces tenía: la realidad ante la que se encuentra el ser humano (su interlocutor existencial) queda escindido en un dualismo tierra/cielo, naturaleza/Dios.

Los mitos de la creación introducen una ruptura profunda en la unidad antropoteocósmica (cosmos, divinidad, humanidad): cielo y tierra son separados como dos pisos diferentes habitados uno por el Dios masculino y otro por la naturaleza femenina caótica que la divinidad debe dominar. La humanidad misma queda separada de la naturaleza: ya no somos parte de la naturaleza, sino hijos de Dios, ciudadanos del cielo, caídos temporalmente en la materia, de la que debemos liberarnos. La antigua unidad antropo-teocósmica ha quedado totalmente fragmentada: la naturaleza reducida a cosas y recursos naturales, y nosotros despojados de nosotros mismos en favor del todopoderoso espíritu Señor-Kyrios patriarcal.

Los analistas subrayan el gran influjo que ejerció la religiosidad de los pueblos invasores kurgans, arios y semitas, que adoraban a dioses masculinos guerreros montados a caballo, que les habían elegido para conquistar tierras nuevas y dominar o pasar a cuchillo a sus moradores, dioses solares del rayo y de la tormenta. Por todo el Próximo Oriente se dio un proceso de sustitución de las antiguas divinidades por este nuevo tipo de dios masculino y guerrero.

Al darse esta metamorfosis en el concepto de Dios, no sólo cambió el estatus ontológico de la naturaleza (que como decimos pasó de ser divinidad a ser creatura), sino también el del ser humano, que de haber vivido en simbiótica unión con la naturaleza como fuente creativa de la vida, pasa a menospreciar la naturaleza, a darle la espalda, a considerarse sobre-natural, ciudadano del cielo, peregrino sólo de paso por la tierra, viviendo sólo para el espíritu inmaterial. Y cambió también, concomitantemente, el estatus de la mujer: en la antigua Sumer, como en el antiguo Egipto y en Creta, las mujeres eran propietarias, sus intereses estaban protegidos por los tribunales, hermanas y hermanos heredaban en igualdad, y tenían funciones públicas en la sociedad, especialmente las sacerdotisas. Con este cambio religioso se deterioró la posición de las mujeres, a la par que perdían su posición las deidades femeninas del panteón sumerio. Los invasores kurgans, arios y semitas veían a la mujer como posesión del varón, padres y maridos reclamaban la potestad sobre ellas, heredaban sólo los hijos varones, mientras las hijas podían ser vendidas como esclavas por padres y hermanos… El nacimiento de un varón se veía como una bendición, mientras una hija podría ser abandonada a su suerte.

Esta profunda transformación religiosa que se dio por la confluencia de la revolución agraria, la revolución urbana y las invasiones indoeuropeas, que desde el «panel de control» del «núcleo cosmoteándrico» reconfiguró inconscientemente el paradigma profundo de nuestra cosmovisión global, se consolidó rápidamente, y al final de la era de Bronce ya no quedaba rastro de la cosmovisión antigua. Desapareció la Diosa Madre, la naturaleza quedó definitivamente degradada a la categoría de fabricación divina y asociada negativamente al caos y a la feminidad, y dios quedó solitario en el cielo empíreo, puramente espiritual, sin contaminación femenina ni natural, masculino, supremamente inteligente y todopoderoso. No quedó rastro de la cosmovisión antigua.

La Biblia, puesta por escrito a partir sólo del siglo VII a.C., surge pues ya dentro de lleno en la época del nuevo paradigma teoantropocósmico. Es éste un condicionamiento muy profundo del que sólo hoy nos hacemos conscientes, gracias a la ciencia arqueológica y antropológica que nos lo han permitido saber. Así como sabemos que el geocentrismo de la Biblia es simplemente efecto de la ignorancia precientífica de la época en que fue redactada y podemos prescindir de él, igualmente hoy podemos asumir que el carácter meramente material y caótico de la ‘creación’, el despojo de sacralidad divina llevado a cabo contra la naturaleza, la separación del segundo piso celestial, el carácter masculino y absolutamente transcendente de Dios, la misoginia de las religiones, o nuestro vivir expatriados de espaldas a nuestra divina madre Naturaleza… son también avatares de la historia de nuestro imaginario bioevolutivo, cuyo fundamento o pertinencia para hoy estamos en capacidad de juzgar. Podemos aceptarlos y confirmarlos, o revertirlos para recuperar el hogar espiritual cosmoteándrico del que nos desviamos.

Se impone la necesidad de un análisis más profundo de este núcleo antropoteocósmico, de sus transformaciones a lo largo de nuestra historia evolutiva, de la libertad omnímoda en que estamos frente a todo condicionamiento filosófico anterior, y de la necesidad de una nueva visión que nos libere de los desastres que nos ha causado a nosotros y al planeta la forma disfuncional actual en que nos relacionamos con la naturaleza. Urge «volver a casa», volver a la visión que fue nuestro hogar espiritual, una visión cosmoteándrica que nos permitió vivir durante milenios como hijos cariñosos de la Hermana Madre Tierra, hoy Gaia, cuerpo encarnado de la divinidad. Como dijo la EATWOT: sólo dejaremos de depredar la naturaleza cuando comprendamos su carácter divino y nuestro auténtico carácter natural.

Los paradigmas y axiomas son primeros principios, indeducibles, ante los que tenemos que optar, no tanto por razones teóricas, cuanto sobre todo prácticas: aquellos que nos han hecho y nos siguen haciendo tanto daño han de ser sustituidos. Y no va a ser muy difícil porque, a pesar de todo, están aquí mismo, ahí debajo, en el subconsciente colectivo, como bien obervara Jung. La Gran Diosa Hermana Madre Tierra posteísta nos está esperando.

Subimos a Jerusalén

Iniciamos la Cuaresma, que nos prepara para la celebración jubilosa de la Pascua. La Cuaresma empieza con la ceniza y se acabará con el fuego, la luz y el agua de la vigilia pascual. Eso significa que algo tiene que ser quemado y destruido en nosotros con el fin de dar paso a la novedad de la vida pascual con Cristo.

Mientras el celebrante impone la ceniza pronuncia una de estas dos fórmulas: «Convertíos y creed en el evangelio», o bien «Recuerda, hombre, que eres polvo, y que al polvo volverás,». Si la segunda fórmula expresa la caducidad de la vida y nos invita implícitamente a hacer un buen uso de ella, la primera nos estimula a la conversión y a la aceptación del evangelio.

Durante la Cuaresma «subimos a Jerusalén». Este camino hacia Jerusalén, que los evangelistas presentan cómo el coronamiento del itinerario de Jesús sobre la tierra, constituye el modelo de la vida cristiana, comprometido en el seguimiento del Maestro en el camino de la cruz.

Jesús dirige a los hombres y mujeres de hoy esta invitación de «subir a Jerusalén», cómo lo hizo a los apóstoles. Y lo hace especialmente por la Cuaresma, tiempo favorable para convertirse y para reencontrar la plena comunión con Él participando íntimamente del misterio de su muerte y de su resurrección.

En la larga tradición de la Iglesia los cristianos han vivido la Cuaresma como un tiempo de plegaria. La oración es absolutamente necesaria para la vida de fe, esperanza y caridad en medio de nuestro mundo. La plegaria nos abre a Dios y nos introduce en el trato con Él y en su experiencia. Los hombres y las mujeres de hoy necesitamos disfrutar de la experiencia de Dios a fin de que nuestra vida tenga sentido y alcancemos la felicidad. La plegaria personal y comunitaria más generosa durante este tiempo cuaresmal predispone a alcanzar aquella experiencia en nuestra vida.

También es muy tradicional durante la Cuaresma la práctica del ayuno. El ayuno no es una práctica que implique desprecio del propio cuerpo o de los alimentos. Frente a las cosas creadas, el hombre tiene que adoptar la actitud de gerente y tiene que hacer uso de esos bienes de acuerdo con la voluntad del Creador. El ayuno tendríamos que practicarlo, hoy como nunca, porque en medio de la sociedad de consumo tendríamos que llevar una vida mucho más sobria y austera.

La tercera práctica cuaresmal es el amor. Los conflictos innumerables que desgarran a la humanidad han cavado fosos de odio y violencia entre los pueblos. Eso también se produce a veces entre grupos de un mismo país. Y las promesas de paz, formuladas por todo el mundo, a menudo se revelan ineficaces.

Juan Pablo II nos recuerda que «la única vía de paz es el perdón». Aceptar y otorgar el perdón hace posible una nueva calidad de relaciones entre los hombres, interrumpe la espiral del odio y de la venganza y rompe las cadenas del mal que cierran el corazón de los enemigos. Para las naciones en búsqueda de reconciliación y para todas las personas que desean una convivencia pacífica entre los individuos y los pueblos, no hay ninguna otra vía que ésta: el perdón recibido y ofrecido.

Un corazón reconciliado con Dios y con el prójimo es un corazón generoso. La limosna es una práctica cuaresmal, que no consiste sólo en dar lo que es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino en hacerse cargo de la miseria presente en el mundo. Conviene recordar las palabras del apóstol Juan: «Si alguien que posee bienes en este mundo ve a su hermano que pasa necesidad y le cierra las entrañas, como puede habitar el amor de Dios en su interior?»

Lluís Martínez Sistach,
arzobispo metropolitano de Tarragona

Spe Salvi – Benedicto XVI

34. Para que la oración produzca esta fuerza purificadora debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente. El Cardenal Nguyen Van Thuan cuenta en su libro de Ejercicios espirituales cómo en su vida hubo largos períodos de incapacidad de rezar y cómo él se aferró a las palabras de la oración de la Iglesia: el Padrenuestro, el Ave María y las oraciones de la Liturgia[27]. En la oración tiene que haber siempre esta interrelación entre oración pública y oración personal. Así podemos hablar a Dios, y así Dios nos habla a nosotros. De este modo se realizan en nosotros las purificaciones, a través de las cuales llegamos a ser capaces de Dios e idóneos para servir a los hombres. Así nos hacemos capaces de la gran esperanza y nos convertimos en ministros de la esperanza para los demás: la esperanza en sentido cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un « final perverso ». Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana.


[27] Cf. Testigos de esperanza, Ciudad Nueva 2000, 135s.

Música – Domingo IV de Cuaresma

Entrada: CANTA, JERUSALÉN – José Miguel Cubeles / Kairoi
Nueva Creación – Cesáreo Gabaráin

Penitencial: SEÑOR, TEN PIEDAD (19) – Alfonso Luna

Del salmo 136: TU RECUERDO, SEÑOR, ES MI ALEGRÍA – E. Estrella

Aclamación: HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS – B. Carrillo

Ofrendas: CON AMOR TE PRESENTO, SEÑOR – Carmelo Erdozáin

Himno: SANTO, SANTO, SANTO (16) – Alfonso Luna

Paz: CORDERO DE DIOS (20) – Autor desconocido

Comunión: ALEGRES TOMAMOS EL VINO Y EL PAN – Autor desconocido
Fiesta del Banquete – Carmelo Erdozáin

Meditación: NO HAY CRISTO SIN CRUZ – Pedro Joaquín Madurga
La Nueva Humanidad – Emilio Vicente Mateu

Salida: MARÍA, ENSÉÑANOS – Edgar López
No fue fácil, María – Cesáreo Gabaráin

Letras y partituras de los cantos

Recursos Domingo IV de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE LA LUZ

(Sería interesante que lo pudiera ofrecer algún miembro de la Pastoral de los Bautismos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de cuantos estamos reunidos, yo te ofrezco hoy esta luz, que la queremos unir a las que lucen sobre la mesa del altar. Ella es el símbolo del efecto del bautismo en nosotros y de nuestro compromiso. La ha prendido tu Hijo Resucitado, que es quien ilumina nuestro corazón, y quiere que nosotros, con nuestras palabras y nuestra vida, seamos luz que alumbra las tinieblas del mundo. No permitas nunca, Señor, que seamos opacos para los demás.

PRESENTACIÓN DE UN CORAZÓN

(Esta ofrenda debiera haber sido preparada previamente por alguno de los grupos de catequesis de la comunidad. Consistiría en la elaboración de un gran corazón de cartulina, en el que se han pegado multitud de rostros humanos de todo tipo, raza y condición. Lo puede llevar todo el grupo, aunque uno solo es quien hace la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros nos hemos reunido y elaborado este gran corazón, repleto de rostros humanos, rostros a los que Tú amas porque son tus hijos e hijas. Hoy te lo queremos ofrecer como signo de nuestra apertura al amor universal. Que no se nos escape ninguno, por muy lejos que se encuentre de nosotros, tanto en la distancia, como ideológica y culturalmente. Comprometemos en esta ofrenda nuestra capacidad de tolerancia y optamos por actitudes de misericordia, como Tú mismo lo haces. Y te pedimos nos des fuerzas para amar a todos y todas, incluso a los poco amables.

UN MATRIMONIO PRESENTA A SU HIJO PEQUEÑO

(Marido y mujer se levantan con su hijo pequeño y se acercan hasta el presbiterio para hacer la ofrenda. Intervienen los dos, uno después de otro. Concluidas sus intervenciones, permanecen con el niño en el mismo presbiterio durante el resto de la celebración. Dicen:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN:

MARIDO: Señor, aquí nos tienes con este nuestro(a) hijo(a), regalo tuyo y fruto de nuestro amor. Te lo queremos ofrecer en respuesta a tu misericordia. Tuyo(a) es y traza sobre él (ella) el plan de salvación.

MUJER: Te queremos ofrecer también nuestros deseos de proseguir y mantener el amor que nos hizo engendrarle, mediante nuestros cuidados y la educación. Educación, que pensamos, no sólo en orden a darle la oportunidad de que llegue a ser adulto(a), sino también que logre ser una persona en plenitud.

LA PAREJA: Sin embargo, Señor, somos conscientes de las muchas dificultades que engendra esta tarea y, principalmente, aquellas que nos vienen de un ambiente y una sociedad interesada en personas débiles y fácilmente manipulables. Por eso, Señor, danos tu gracia para poderlo realizar.

PRESENTACIÓN DE UN MEDICAMENTO

(Con el envoltorio sería suficiente, para tener el valor de símbolo. Y lo puede presentar alguien relacionado con la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo un medicamento, porque pensamos que es un buen signo de la misericordia, que tú mismo tienes para con nosotros y que podemos tener en nuestra vida de cada día. Queremos ser eso: medicina para los otros. Bálsamo y aceite que curen las heridas de los demás. Mera capacidad de escucha, que alivie y aligere los problemas de los otros. Y lo queremos hacer a imagen de tu Hijo Jesucristo, tal como Él lo hizo antes y lo hace ahora con nosotros.

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(Una persona adulta de la comunidad muestra sus manos, en forma de cuenco, pero vacías, mientras dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo, por mi parte, quiero añadir que a pesar de los dones que hemos recibido de tu misma bondad, nosotros, a cambio, no tenemos nada que darte, como la higuera que no da frutos. Sólo nuestra disponibilidad para acoger de nuevo tu gracia. Eso es lo que yo hoy te ofrezco, con estas manos vacías, que esperan ser llenadas por Ti.

PRESENTACIÓN DE LA CARTA DE UN MISIONERO/A A LA COMUNIDAD

(Con antelación, será necesario contactar con la persona, sea Sacerdote, Religioso/a o Seglar; mejor si es conocida por la comunidad cristiana concreta. No sería cuestión de leer toda la carta; acaso alguna frase, o presentarla de manera que luego pueda quedar en un lugar accesible donde la gente pueda leerla; por eso, colocarla con letra grande, fijada en una cartulina amplia, etc.)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, al presentarte hoy la CARTA de un miembro de esta Comunidad, trabajando en una acción misionera y lejos de los suyos y de nosotros, te ofrecemos lo mejor de tantos hombres y mujeres, entregados a favor de los más pobres y necesitados, amando a sus semejantes como Tú mismo los amas. Acepta esta ofrenda agradable y conviértenos, también a nosotros, en testigos de tu amor, aquí, en medio de nuestra cultura y de nuestra sociedad.

Oración de los fieles (Domingo IV de Cuaresma)

Tu infinita compasión y misericordia que hemos proclamado en el salmo, promueven en nuestras almas una especial sensación de cercanía. A ese Dios cercano le pedimos:

R.- ESCÚCHANOS, SEÑOR, DIOS NUESTRO.

1.- Por el Papa Francisco, para que siga hablando al corazón del hombre y llevando su Palabra a todo el mundo. OREMOS

2.- Por los gobernantes para que el Señor les asista en la búsqueda de nuevas soluciones para los nuevos problemas que se plantean. OREMOS

3.- Por los matrimonios cristianos, para que tengan en la perpetuidad del sacramento la fuerza que les asista en los momentos de dificultad. OREMOS

4.- Por todas aquellas que se han alejado de la Iglesia, para que en su desierto, descubran que Dios les está hablando al corazón y respondan a dicha llamada. OREMOS

5.- Por todos los que creemos en un Dios único, para que sea esto motivo de unión y no de separación. OREMOS

6.- Por la paz en el mundo y por la desaparición del terrorismo en España y en todos los países. OREMOS

7.- Por todos nosotros para que sintiéndonos perdonados por Cristo, llevemos este perdón al resto de los que nos rodean. OREMOS

Señor, ante la próxima llegada de la cuaresma, torna nuestra alma hacia ti para que en el desierto de la vida escuchemos tu voz en nuestros corazones. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

Comentario al evangelio (6 de marzo)

En nuestra convivencia hay situaciones extremas, desde el «tú por tu camino y yo por el mío, no quiero saber más de ti, ni quiero relacionarme contigo» hasta el «perdono, pero no olvido»; entremedias está la cortesía que es lo más superficial de la caridad porque la relación fraterna no ha sido sanada a fondo.

¿Qué hacer con los pecadores?; ¿qué hacer con los que ofenden a otros?; ¿qué hacer con quien me ofende?. La parábola de hoy expresa la raíz más honda de la vida comunitaria. El rey de la parábola representa a Dios y en ella se comparan dos deudas, dos agravios muy desiguales.

El primer siervo tiene una deuda enorme con el rey; este se la perdona. Pero el siervo no perdona a un compañero una deuda mucho menor.

«El Señor indignado, lo entregó a los verdugos…lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Las tensiones entre nosotros surgen porque olvidamos el perdón que el Padre siempre nos da y que convierte en una fiesta cuando volvemos a casa. Si experimento la misericordia de Dios no puedo andar calculando si debo perdonar y acoger al hermano que me ha ofendido. Si he pedido perdón desde lo profundo de mi ofensa, consciente del agravio que he causado al proyecto de Dios, a mis hermanos y a mí mismo, brota la alegría de volver a empezar de cero y puedo llegar a ser «Padre Pródigo» del que me ha ofendido (Noween).

Perdono al hermano porque antes me ha perdonado el Padre. Este manantial de perdón llega a mi horizonte cada día y hace posible mi regreso porque bebo en la certeza de que el Padre me espera…Y cuando nos alcanzamos a ver, corre, me abraza, me viste con ropa nueva y hace una fiesta porque estoy vivo. Siempre es así mi regreso.

Es tal la liberación que experimento con el beso del Padre que su abrazo hace posible que yo perdone siempre: «perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». El perdón que el Padre me da engloba mi perdón al hermano. Y así es siempre: «setenta veces siete».

Jaime Aceña Cuadrado, cmf