Vísperas – Miércoles III de Cuaresma

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: HEME, SEÑOR, A TUS DIVINAS PLANTAS

Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.

Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus pies de hinojos.

Dame licencia ya, Padre adorado,
para mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Ant 2. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   Flp 2, 12b-15a

Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.

RESPONSORIO BREVE

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que practique y enseñe los preceptos del Señor será grande en el reino de los cielos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que practique y enseñe los preceptos del Señor será grande en el reino de los cielos.

PRECES

Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo:

Venga, Señor, tu reino y su justicia.

Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores
ni falte a los pastores la obediencia de su rebaño.

Mueve a los cristianos para que con amor fraternal se interesen por los enfermos
y que en ellos socorran a tu Hijo.

Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio,
y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor.

A nosotros, pecadores, concédenos tu perdón
y la reconciliación con tu Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que murieron concédeles resucitar a la vida eterna
y morar eternamente contigo.

Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, que, purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 7 de marzo

Lectio: Miércoles, 7 Marzo, 2018

Tiempo de Cuaresma

1) ORACIÓN INICIAL

Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 5,17-19

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.»

3) REFLEXIÓN

• El Evangelio de hoy (Mt 5,17-19) enseña como observar la ley de Dios de manera que su práctica muestre en qué consiste el pleno cumplimiento de la ley (Mt 5,17-19). Mateo escribe para ayudar las comunidades de judíos convertidos a superar las críticas de los hermanos de raza que los acusaban diciendo: “Ustedes son infieles a la Ley de Moisés”. Jesús mismo había sido acusado de infidelidad a la ley de Dios. Mateo trae la respuesta esclarecedora de Jesús a los que lo acusaban. Así nos da una luz para ayudar las comunidades a resolver su problema.

• Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús había dicho que la misión de la comunidad, su razón de ser, es ser sal y luz. Había dado algunos consejos respecto de cada una de las imágenes. A continuación vienen los tres breves versículos del Evangelio de hoy.

• Mateo 5,17-18: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente. Había varias tendencias en las comunidades de los primeros cristianos. Unas pensaban que no era necesario observar las leyes del Antiguo Testamento, pues es la fe en Jesús lo que nos salva y no la observancia de la Ley (Rm 3,21-26). Otros aceptaban a Jesús como Mesías, pero no aceptaban la libertad del Espíritu con que algunas comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado. Pensaban que ellos, siendo judíos, debían continuar observando las leyes del AT (Hec 15,1.5). Había además cristianos que vivían tan plenamente en la libertad del Espíritu, que habían dejado de mirar la vida de Jesús de Nazaret o el AT y que llegaban a decir: “¡Anatema Jesús!” (1Cor 12,3). Ante estas tensiones, Mateo procura un equilibrio más allá de los dos extremos. La comunidad ha de ser un espacio, donde este equilibrio pueda ser alcanzado y vivido. La respuesta dada por Jesús a los que lo criticaban seguía bien actual para las comunidades: “¡No he venido a abolir la ley, sino a darle pleno cumplimiento!”. Las comunidades no podían estar contra la Ley, ni podían encerrarse en la observancia de la ley. Al igual que Jesús, debían dar un paso y mostrar, en la práctica, cuál es el objetivo que la ley quiere alcanzar en la vida de las personas, a saber, en la práctica perfecta del amor.

• Mateo 5,17-18: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente Y a los que querían deshacerse de toda la ley, Mateo recuerda otra palabra de Jesús: “Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos”. La gran inquietud del Evangelio de Mateo es mostrar que el AT, Jesús de Nazaret y la vida en el Espíritu Santo, no pueden separarse. Los tres forman parte del mismo y único proyecto de Dios y nos comunican la certeza central de la fe: el Dios de Abrahán y Sara está presente en medio de las comunidades por la fe en Jesús de Nazaret que nos manda su Espíritu.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cómo veo y vivo la ley de Dios: cómo horizonte de libertad creciente o cómo imposición que delimita mi libertad?

• Y ¿qué podemos hacer hoy para los hermanos y las hermanas que consideran toda esta discusión como superada y sin actualidad? ¿Qué podemos aprender de ellos?

5) ORACIÓN FINAL

¡Celebra a Yahvé, Jerusalén,
 alaba a tu Dios, Sión!,
que refuerza los cerrojos de tus puertas
y bendice en tu interior a tus hijos. (Sal 147,12-13)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 2, 18-22

18Y estaban los discípulos de Juan y los fariseos ayunando; y vienen y le dicen: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, pero tus discípulos no ayunan?”.

19Y les dijo Jesús: “¿Pueden acaso ayunar los invitados del novio mientras el novio está con ellos? Durante el tiempo que tengan al novio con ellos, no pueden ayunar. 20Pero vendrán días en que el novio les será arrebatado, y entonces ayunarán, en aquel día.

21Nadie cose un remiendo de paño sin ablandar en un vestido viejo, porque si lo hace el añadido fuerte tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y el rasgón se hará mayor. 22Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; porque si lo hace el vino reventará los odres, y se perderá el vino y también los odres. Al contrario, el vino nuevo en odres nuevos”.

Habiendo defendido su comunión de mesa con los publicanos y pecadores, Jesús tiene que defender ahora otra práctica alimenticia. Sin embargo, esta vez le piden que explique no «por qué hace algo», sino por qué «sus discípulos no hacen algo», es decir, por qué no ayunan. Colocada estratégicamente en el centro de las cinco historias de controversias de Mc 2, 1-3, 6, esta defensa de Jesús pone de manifiesto la causa de fondo de la tensión creciente entre Jesús, por un lado, y los escribas y fariseos, por otro: la incompatibilidad entre la novedad del ministerio escatológico de Jesús y entre un modo de obrar que, conforme a la visión de Marcos, sigue vinculada a la edad ya pasada.

Tras la cuestión introductoria de 2, 18, el pasaje se dividen en dos secciones: la parábola del ayuno en tiempo de bodas, en 2, 19-20, y las dos parábolas sobre el tema de lo viejo y lo nuevo, en 2, 21-22. Cada una de estas secciones consta de dos sentencias que están íntimamente relacionadas una con la otra, seguidas por una tercera frase en forma de contraste.

El grueso del pasaje se centra en cosas que no pueden (no deben) hacerse: ayunar mientras el novio está presente, coser un remiendo de paño sin ablandar en un vestido viejo, echar vino nuevo en odres viejos. Esta concentración de cosas que no se pueden hacer responde a la fraseología negativa de la cuestión introductoria: «¿Por qué tus discípulos no ayunan?» Sin embargo, el final del pasaje resuelve las cosas de un modo positivo, que resume el tema de 2, 1-3, 6: vino nuevo en odres nuevos.

2, 18-20: El pasaje comienza con una cuestión que algunos discípulos de Juan Bautista y algunos fariseos dirigen a Jesús, queriendo conocer la razón por la que los discípulos de Jesús no ayunan, mientras que aquellos que plantean la pregunta sí lo hacen. En el Antiguo Testamento y en el judaísmo, la mortificación que conllevaba la abstinencia voluntaria de comida se tomaba como un signo de arrepentimiento ante Dios y como un acto de autopurificación, que capacitaba para realizar la oración (cf. Dn 9, 3; 10, 3; Tob 12, 8). Todos los judíos físicamente capaces de hacerlo ayunaban durante el día de la Expiación o Yom Kippur (cf. Lv 16, 29-31; 23, 26-29). Nuestro pasaje no se plantea el tema del rechazo del ayuno anual obligatorio, cosa que habría causado una protesta más fuerte que la que aparecen el texto, sino que trata del hecho de que Jesús no cumple los ayunos voluntarios adicionales, practicados por algunos «virtuosos» de la religión, tales como los fariseos y los discípulos de Juan Bautista.

Estos grupos no cumplían los ayunos solamente por razones invidualistas. Probablemente, ayunaban para preparar e incluso adelantar la redención de Israel y del mundo. Este motivo nos ayuda a entender la transición de 2, 18 a 2, 19. Los interlocutores de Jesús intentan con su ascetismo adelantar la redención mesiánica; pero Jesús insinúa que esa redención ya ha llegado de tal forma que su ayuno ya no es necesario. Jesús, mediante la imagen de las bodas, expresa su convencimiento de que la edad mesiánica ha llegado y de que, por tanto, las prácticas penitenciales ya no son necesarias o apropiadas. En Is 62, 5 la redención futura se compara con una fiesta de bodas en la que Dios se desposará con Israel. Esta imagen está enraizada en profetas anteriores que emplean la metáfora del matrimonio (a menudo, un matrimonio forzado) para indicar las relaciones de Dios con Israel (por ejemplo, Os 2; Ez 16; Jr 2, 2; Is 54, 5).

Varios pasajes del Nuevo Testamento reaplican la metáfora del matrimonio o de las bodas a la relación entre Cristo y la Iglesia (Mt 25, 1-3; Ef 5, 23-33; Ap 19, 7-9; 21, 2.9). Para Marcos, Jesús es ciertamente un novio, aunque un novio trágico. Porque, repentina y sorprendentemente, la referencia a la alegría de los invitados a la boda, en presencia del novio, da paso a la llegada de unos días en los que él será a arrebatado de ellos «y entonces ayunarán, en aquel día».

Las dos expresiones («llegarán días», «en aquel día») sitúan la muerte de Jesús en un contexto escatológico. Para la comunidad de Marcos, el tiempo presente es un tiempo de ausencia de Jesús: a partir de su muerte, Jesús está físicamente ausente, pero su ausencia es paradójicamente el medio por el cual se consigue su presencia. Porque, a través de los acontecimientos escatológicos de su muerte y de su exaltación a la derecha de Dios, él ha conseguido el poder de encontrarse dinámicamente presente con la Iglesia, en todas partes.

2, 21-22: Después de la digresión en la que profetiza el ayuno futuro de los discípulos, Jesús vuelve al tema principal, es decir, a la razón por la que los discípulos no pueden ayunar en el presente. En este momento, su defensa pasa del plano psicológico al metafísico: nadie necesitará ayunar durante el tiempo del cumplimiento escatológico; más aún, el hacerlo hubiera ido en contra de la naturaleza de ese cumplimiento. Jesús utiliza aquí por dos veces un tipo característico de «dicho de sabiduría», donde se indica que la conducta a la que Jesús se opone va en contra de la estructura más íntima del universo (redimido), porque «nadie» haría una cosa de ese tipo en la vida diaria.

Las dos parábolas hablan de las consecuencias destructoras que provienen de intentar mezclar lo viejo con lo nuevo –un remiendo hecho con tejido nuevo rasgaría el vestido viejo, y un vino nuevo haría que se rompieran los odres-. De un modo semejante, la novedad escatológica de la misión de Jesús no puede ser contenida dentro de las estructuras antiguas del judaísmo: si uno intenta hacerlo las consecuencias serán desastrosas, tanto para el judaísmo como para la misión de Jesús.

El lenguaje de estas parábolas recoge referencias marcanas anteriores vinculadas al cambio apocalíptico violento que implica la llegada de Jesús. Así, por ejemplo, la palabra «rasgón» (schisma) recoge el tema de los cielos que se rasgaron (schizomenous) cuando el Espíritu de la nueva edad descensión sobre Jesús (1, 10); y el verbo empleado para «echar vino en» (ballei) es el mismo que se usa en la escena que sigue al bautismo, cuando se dice que el Espíritu «lanza/expulsa» a Jesús al desierto (1, 12) y cuando se habla de los exorcismos de Jesús (1, 34.39, etc.) Esta «violencia divina» produce inevitablemente una «contraviolencia» por parte humana, como lo sugiere la vinculación entre airei (tirará), que se emplea en 2, 21 para aludir al efecto destructor del remiendo nuevo en el vestido viejo, y la forma compuesta del mismo verbo, aparthê, que se emplea en 2, 20 para hablar del novio «que les será arrebatado»- Según eso, el orden antiguo arrebatará antes o después la vida de Jesús, porque él ha perturbado violentamente aquel orden antiguo con su nueva enseñanza, que rasga la misma estructura de ese orden antiguo.

La afirmación básica sobre la incompatibilidad entre el orden nuevo y el antiguo, y la necesidad de preservar el poder escatológico que ha irrumpido en el mundo a través de la venida de Jesús (sin diluirlo por el compromiso con las estructuras de la edad anterior), se resume en el eslogan con que concluye el pasaje: «Vino nuevo en odres nuevos». Sin embargo, en un contexto influido mayoritariamente por el Antiguo Testamento y por el judaísmo, este eslogan suscita la cuestión de si las estructuras del orden antiguo, superadas por el eschaton, incluyen no solo algunas reglas fariseas de pureza y algunas prácticas de ayuno, sino también la misma Ley de Moisés. En la siguiente perícopa, Jesús se enfrentará con esta urgente cuestión.

¿Qué hacer en la Cuaresma?

Desde luego las cosas han cambiado. Las abstinencias de los viernes, por ejemplo, resultan a menudo poco significativas. Y los pequeños o grandes sacrificios no tienen muy buena prensa, y además no se sabe exactamente para qué sirven y si tienen suficiente sentido. 

Pero a pesar de que las cosas hayan cambiado, las palabras que se nos dirán durante los días de Cuaresma seguirán siendo llamadas a hacer de este tiempo un tiempo «especial», un tiempo con entidad propia. Un tiempo para consolidar la fe y la vida cristiana, un tiempo para que la celebración central de la Pascua nos encuentre un poco más cristianos. 

Habrá que plantearse, por tanto, qué debemos hacer en este tiempo de Cuaresma, cómo debemos vivirlo. 

 

– El sentido de este tiempo LIMOSNA ORACIÓN AYUNO 

La Cuaresma es el tiempo de preparación de la Pascua. En su origen, lo que lo caracterizaba de modo peculiar era el hecho de ser el tiempo de preparación más directa e inmediata de los que querían recibir el bautismo, que se celebraba en la Vigilia pascual. 

Asimismo, era el tiempo en que los pecadores -los que habían actuado rompiendo de forma decisiva la comunión con Dios y la Iglesia- hacían penitencia para ser reconciliados el Jueves Santo y poder celebrar de nuevo la Pascua con toda la comunidad. Nosotros, ni tenemos que bautizarnos ni -probablemente- somos pecadores que hayamos roto decisivamente la comunión con Dios y la Iglesia. Pero sin embargo el sentido de nuestra Cuaresma no debería estar muy lejos del que tenía para los que se preparaban para el bautismo o la reconciliación. 

Porque sin duda es importante que, durante un tiempo concreto del año, nos digamos a nosotros mismos: «Yo fui bautizado, yo llevo en mí la marca de Jesús, yo estoy sumergido en su vida nueva. Todo eso, ¿se nota realmente? ¿no debería notarse más? ¿en qué podría notarse más?». Y decirnos también: «Desde luego mi vida no está exenta de infidelidades. ¿Soy consciente de ello? ¿Soy capaz de ponerme ante Dios y pedir perdón?» La Cuaresma es el tiempo de preparación para la Pascua. Durante los días de la muerte y la resurrección de Jesús, y durante la cincuentena que les sigue, fijaremos nuestros ojos en el camino nuevo que Jesús nos ha abierto con su fidelidad, y daremos gracias. Pero para que ello sea auténtico y verdadero, por nuestra parte, por parte de nuestro modo de vivir, deberemos llegar a la celebración pascual habiendo reforzado el seguimiento de este camino nuevo: habiendo renovado la fe y el compromiso de nuestro bautismo, y habiendo caminado hacia la reconciliación con Dios. A eso nos invita la Cuaresma. Sin pretender en la mayoría de los casos grandes cambios espectaculares en nuestra vida -¡bastante conocemos nuestras limitaciones!-, pero sí esforzándonos para que este tiempo no pase como si nada. 

– ¿Cómo hacerlo? 

Se trata de consolidar la fe y la vida cristiana, de darle impulso. Eso puede parecer quizá muy general pero conviene recordarlo. Debemos decirnos a nosotros mismos que somos cristianos, que queremos serlo más, y que creemos firmemente que Jesucristo ha abierto en medio de nuestra historia el único camino que es absolutamente valioso. Y debemos mirar nuestra vida, hacer examen de conciencia, descubrir con limpieza de corazón qué nuevos pasos podríamos quizá dar. 

Es necesario, asimismo, que los sacerdotes y demás responsables de las comunidades sepan ofrecer elementos que ayuden a esa consolidación e impulso. Por ahí debe andar la predicación de los domingos, por ahí deben ir los actos extraordinarios que acostumbran a organizarse en este tiempo (sea de forma global o acercándose a algún aspecto concreto). 

Pero puede haber también algo más: algunas actuaciones peculiares que nos indiquen que nos encontramos en un tiempo peculiar. Lo que antes era la abstinencia o la no asistencia a espectáculos. 

Tradicionalmente, y en el mismo evangelio, se señalan tres actuaciones concretas: la limosna, la oración y el ayuno. El Miércoles de Ceniza leemos precisamente el fragmento del evangelio de Mateo (6,1-18) en el que Jesús habla de las tres. Valora esas prácticas, pero señala también el sentido que deben tener para que sean valiosas: no debe ser algo que se hace porque toca o para quedar tranquilo, sino que tiene que salir de dentro, tiene que ser la expresión del deseo de renovar la fe y la vida cristiana. 

¿Qué significa, ahora, la limosna, la oración y el ayuno? ¿Cómo pueden vivirse cuando está para terminar el siglo XX? 

 

– La limosna 

La limosna es dar dinero a los que pasan necesidad. 

Lo cual sigue teniendo actualmente -y más aún en momentos de crisis económica- todo su valor. Si bien la mendicidad de la calle provoca normalmente desconfianza, en cambio sí que hay que plantearse seriamente, con motivo de la Cuaresma, nuestra propia aportación a las acciones de servicio a los necesitados: Cáritas, Tercer mundo, o cualquier otra. Teniendo en cuenta que, si es verdad que todos sufrimos las consecuencias de la crisis, también lo es que unos las sufren mucho más que otros… 

La limosna tiene también otro nivel: la limosna de tiempo. Es decir, el dar una parte del propio tiempo como servicio para alguien que lo necesite: sea ayudando a una persona que vive sola, o visitando a un enfermo o a través de alguna institución que pida voluntariado. Y también, ayudando en campañas de sensibilización y otras actividades semejantes. Finalmente, está también un tercer nivel: el que se refiere a las causas de la pobreza y de la desigualdad social. Limosna será también trabajar para que esta sociedad y este sistema cambien, de modo que no aumente cada vez más la separación entre los que tienen y los que no tienen. Lo que significa plantearse y actuar en la organización económica, social, política. Por lo menos, si no hay otras posibilidades, permaneciendo atentos, informados, sensibilizados ante el tema. 

– La oración 

La oración, el espacio de silencio ante Dios, es un elemento decisivo para reforzar por dentro la fe y la vida cristiana. Habría que buscar, en esta Cuaresma, momentos para hacer presente ante el Señor nuestras ansias y esperanzas de cada día, nuestra petición de ayuda y de perdón, nuestro deseo de fidelidad al Evangelio. Dependerá de las posibilidades de tiempo y de tranquilidad de cada uno, pero en cualquier caso habría que esforzarse por encontrar esos espacios. 

Otra forma muy útil de oración consiste en la lectura de los evangelios, o de los salmos. Eso también dependerá, claro está, de las posibilidades de cada uno. Pero, por ejemplo, uno podría proponerse leer durante esta Cuaresma el evangelio de Marcos: se trata de un texto fácil de leer, ágil y vivo, y constituye un buen acercamiento a la persona de Jesús. 

Finalmente, otro buen propósito para este tiempo sería la participación en la Eucaristía diaria (todos los días o algunos). 

 

– El ayuno 

Este apartado es sin duda el más complicado de los tres. Para muchos, resulta difícil encontrar qué sentido tiene privarse de cosas -de comida, de ir al cine, o de lo que sea- simplemente por motivos religiosos, «para agradar a Dios» o para pedir su benevolencia hacia nosotros. 

Sin embargo, no sería ningún progreso, ni humanamente ni cristianamente, abandonar sin más la práctica de la privación voluntaria. Porque vivimos en una civilización que funciona teniendo como ídolo el consumo, la facilidad y el confort, y que como consecuencia anula la capacidad humana de esfuerzo, de creatividad, de búsqueda. De modo que resulta especialmente importante combatir ese ídolo, para que los hombre podamos seguir siendo hombres, y para que los cristianos podamos seguir siendo cristianos. Es decir, para que podamos seguir afirmando que los valores más importantes no son el tener y el ir tirando, sino el caminar, el ser persona, el amar. Para que podamos seguir diciendo, en definitiva, que el valor más importante es Dios. 

El combate contra ese ídolo se realiza por medio de la privación voluntaria: diciendo que me niego a consumir todo lo que esta civilización me ofrece y para ello me privo, por ejemplo, de un rato fácil ante el televisor, o me privo de comprarme ese vestido, o me privo de aquella comida. 

Y ello, en primer lugar, como signo y recuerdo del valor más alto que me sostiene, que es Dios (y por eso, el ayuno que tradicionalmente la Iglesia observó con mayor fuerza y que ahora convendría recuperar, es el que se celebra en expectación de la mayor revelación de Dios, la Pascua de Jesucristo: el ayuno que va desde la celebración del Viernes a la Vigilia pascual). Luego, como protesta personal contra la absolutización del consumo y de la facilidad. Finalmente, como forma de cultivar los valores que deben fundamentar mi vida, sea teniendo más tiempo para orar o para leer o para hablar con los de casa, sea dedicando el dinero que no gasto a alguna causa de servicio a los demás. 

J. LLIGADAS

Spe Salvi – Benedicto XVI

II. El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza

35. Toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acto. Lo es ante todo en el sentido de que así tratamos de llevar adelante nuestras esperanzas, más grandes o más pequeñas; solucionar éste o aquel otro cometido importante para el porvenir de nuestra vida: colaborar con nuestro esfuerzo para que el mundo llegue a ser un poco más luminoso y humano, y se abran así también las puertas hacia el futuro. Pero el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica. Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas y económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve abocada muy pronto a quedar sin esperanza. Es importante sin embargo saber que yo todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar para mi vida o para el momento histórico que estoy viviendo. Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar. Ciertamente, no « podemos construir » el reino de Dios con nuestras fuerzas, lo que construimos es siempre reino del hombre con todos los límites propios de la naturaleza humana. El reino de Dios es un don, y precisamente por eso es grande y hermoso, y constituye la respuesta a la esperanza. Y no podemos –por usar la terminología clásica– « merecer » el cielo con nuestras obras. Éste es siempre más de lo que merecemos, del mismo modo que ser amados nunca es algo « merecido », sino siempre un don. No obstante, aun siendo plenamente conscientes de la « plusvalía » del cielo, sigue siendo siempre verdad que nuestro obrar no es indiferente ante Dios y, por tanto, tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia. Podemos abrirnos nosotros mismos y abrir el mundo para que entre Dios: la verdad, el amor y el bien. Es lo que han hecho los santos que, como « colaboradores de Dios », han contribuido a la salvación del mundo (cf. 1 Co 3,9; 1 Ts 3,2). Podemos liberar nuestra vida y el mundo de las intoxicaciones y contaminaciones que podrían destruir el presente y el futuro. Podemos descubrir y tener limpias las fuentes de la creación y así, junto con la creación que nos precede como don, hacer lo que es justo, teniendo en cuenta sus propias exigencias y su finalidad. Eso sigue teniendo sentido aunque en apariencia no tengamos éxito o nos veamos impotentes ante la superioridad de fuerzas hostiles. Así, por un lado, de nuestro obrar brota esperanza para nosotros y para los demás; pero al mismo tiempo, lo que nos da ánimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios.

Comentario Domingo IV de Cuaresma

Oración

Somos ciegos, Señor. Nos cuesta reconocer nuestra propia realidad, la realidad de los demás, hallar nuestro camino en la vida.

Abre los ojos de nuestro corazón:

  • para conocerte como luz de todo corazón y de toda vida;
  • para saber que nos quieres abiertos a la verdad de tu amor, a las personas que nos rodean, al misterio que nos habita por dentro;
    Y muéstranos lo que hay de verdad y de mentira, de autenticidad y de falsedad en nuestro corazón, para que andemos en tu verdad y en tu amor.

 

Jn 3, 14-21

«14Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

17Porque Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

19Y el juicio es éste: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron la tiniebla antes que la luz, porque sus obras eran malas.

20Porque todo el que obra el mal odia la luz y no va hacia la luz, para que no sea acusado por sus obras.

21Pero el que hace la verdad va hacia la luz, para que se manifieste que sus obras están obradas en Dios».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Casi continuando el evangelio del domingo anterior, el de hoy forma parte de la conversación de Jesús con Nicodemo (Jn 3,1-21), más en concreto, la segunda parte de dicha conversación. El motivo central de toda la conversación es el nacer de nuevo, es decir, creer en Jesús para alcanzar vida eterna. Una vida eterna que puede comenzarse a vivir en esta historia gracias a la fe. Después de este evangelio, seguirá una extraña mención al ministerio de Jesús como bautista: cf. 3,22, pero también 4,2 (!) y el último testimonio de Juan Bautista sobre Jesús (3,23-36), que retoma la temática del evangelio de hoy (cf. 3,27.31.36) y cede definitivamente el “protagonismo” a Jesús.

 

TEXTO

Este evangelio no es unidad textual propia (perícopa). Pese a ello, podemos distinguir una estructura en dos partes, con tres subdivisiones en cada parte. La primera parte (vv. 14- 18) está centrada en la fe en Jesús, que fue enviado por Dios para salvar al mundo y por medio del cual se alcanza la vida eterna. Todo tiene su origen en el amor de Dios al mundo. La segunda parte (vv. 19-21) está centrada en el juicio que la venida de Jesús provoca: la contraposición entre la luz y la tiniebla, las obras malas y las obras en (según) Dios. El texto está repleto de términos teológicos fundamentales en el evangelio de Juan, y sobresalen las causas (“porque”) y las finalidades (“para/para que”). La fe en Jesús, la luz, nos impulsa hacia el futuro (la vida eterna) y hacia un presente transformado por unas obras hechas “según Dios”.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La referencia a Moisés y la serpiente del v. 14 remite a Nm 21,4-9, donde se narra un episodio de la historia de Israel, donde el instrumento de muerte del que Dios se había valido para castigar las murmuraciones y la ingratitud de su pueblo (la serpiente) se convierte en instrumento de salvación. La cruz de Jesús, instrumento de muerte, será salvación para todo el que crea. Jesús, en continuidad con la historia de la salvación de Israel, es el definitivo instrumento de salvación para todo el mundo. Y, en concreto, su modo de morir: la cruz. Es todo un reto para nuestra fe: en medio de la debilidad más total, se abre paso la salvación ofrecida por Dios.

• Todo nace de una experiencia fundante: el amor de Dios hacia el mundo. El amor de Dios Padre pasa al Hijo: “Como el Padre me amó, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). Es un amor que le lleva a entregar la vida: “Nadie tiene un amor mayor que éste: entregar la vida por sus amigos” (Jn 15,13). El amor del Padre consiste en dar a su Hijo único; el amor del Hijo consiste en dar su vida por nosotros; el amor nuestro consiste en…

• La respuesta humana a esos amores consiste en creer, es decir, en confiar y abandonarse en manos de Dios, dispuestos siempre a recorrer los caminos que nos señala (= caminar hacia la luz). Así, hay acciones que debemos evitar, porque son tinieblas (¿cuáles?) y hay acciones que tenemos que asumir, porque son “en/según Dios” (¿cuáles?). ¿Qué aspectos de nuestra vida iluminan y transparentan a Dios entre nosotros? ¿Qué aspectos opacan y oscurecen esa presencia de Dios?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo IV de Cuaresma

IV Domingo de Cuaresma
11 de Marzo, 2015

2 crónicas 36:14-16.19-23; Salmo 136: 1-2.3.4-5.6; Efesios 2: 4-10; Juan 3: 14-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el hijo del hombre, para que todo el que crea en el tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su hijo único, para que todo el que crea en el no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en el no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el hijo único de Dios. La causa de la condenación es esta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios “.

 

Reflexión

Dios siempre tuvo compasión de su Pueblo a pesar de todas sus infidelidades. Resuman la historia de Moisés y las serpientes (Números 21:5-9) ¿Qué deseas preguntarle a Jesús sobre Moisés, la serpiente, y la gente que estaba enferma? En las oficinas de doctores y en farmacias se ve el símbolo de una serpiente enrollada en una estaca. Recuerda como Dios curó a los Israelitas con la serpiente en la estaca. Dios elevó a Cristo en la cruz para curar nuestras almas del pecado y obtenernos la salvación. Jesús nos dice que mirarle a Él nos da fuerza para los problemas y cosas difíciles de la vida. ¿Qué problemas quieren contar a Jesús?

 

Actividad

Prepare una gran cruz en cartulina. Tenga listos unos papelitos para que los niños escriban en ellos las enfermedades o problemas que necesitan curación. Coloque en la gran cruz los papelitos. Al terminar todos de colocar los papelitos se dice la siguiente oración: Jesús. Tu eres nuestra salud.

 

Oración

Señor, entra en mi corazón. Tu presencia nos sana. Dame amor, dame luz, quiero ser como Tu. Jesús entra en mi corazón. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo IV de Cuaresma

Donde hay luz, no hay obscuridad. Así es la fe (el don de creer en Dios y en su palabra): donde la hay, se nota, porque cambia a la persona así como a sus actitudes.

Y como la luz, que a donde llega irradia e ilumina, así una persona de fe, a donde llega ilumina con su buen ejemplo a los que le rodean.

Por eso, los que hemos sido afortunados con el don de la luz d ella fe, tenemos que sentir la responsabilidad de conservarla encendida y propagarla.

Dios nos envía, —como a Jesús—, a que inspiremos a los demás a buscarlo y amarlo, con nuestras palabras y ejemplo.

Pero cuidado, no nos sintamos superiores y andemos señalando a los que «se portan mal». Porque nadie está libre de pecado para andar juzgando a otros, y no es juzgándolos como lograremos que crean en el amor de Dios.

Dios nos ama tanto que no envía a su hijo a juzgarnos y condenarnos, sino a iluminarnos y salvarnos, aun sabiendo que para hacerlo tendrá que morir.

¿Muestro mi fe con mi buen trato a los demás, o los critico cuando se equivocan o hacen algo contra Dios?

Cuando veo un crucifijo, ¿pienso en todo lo que me ama Dios para exponer a su hijo a esos sufrimientos con tal de venir a mostrarme su amor y el camino de la salvación?

Comentario al evangelio (7 de marzo)

Las enseñanzas de Jesús no pretenden abolir la ley. Lo fariseos enseñan que el creyente judío debe practicar las obras buenas que le hacen justo ante Dios. Sin embargo la Ley había caído en casuística y Jesús la interpreta desde el amor al prójimo: «vosotros sois la sal y la luz del mundo»; «el no matarás incluye no enfadarte, ni insultar»; «no cometerás adulterio», incluye no mirar con malos deseos a una mujer; «no jurarás en falso sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento «. Y la ley o del talión: ojo por ojo y diente por diente…Jesús propone el amor a los enemigos»

Los capítulos 5 y 6 de Mateo sirven a Jesús para explicar la Nueva Alianza recogida en el Sermón del Monte: las Bienaventuranzas, Jesús abre nuevos horizontes a.la humanidad, revelando plenamente la lógica de Dios. El contenido fundamental del Nuevo Testamento es Jesús, vivo para siempre, Leer la Biblia es buscar a aquel que vive, conocerlo más en profundidad. La Biblia, los evangelios, no son fundamentalmente un libro, tampoco un mensaje, sino el acceso a una persona, el Resucitado.

La autoridad de Jesús nace para nosotros porque confesamos que ha resucita . La alegría de los discípulos de Emaús mientras caminan es porque Jesús ha resucitado,, Contemplemos la vida de Jesús para saber lo que significa ser fieles a la Ley de Dios.

No valen para Dios templos de piedra; ven, Señor, a mi casa, tu morada, aunque no soy digno. Límpiala, Señor, con el agua viva y el aliento de tu Espíritu. Háblame al corazón y llena sus paredes con los dones de tu Espíritu. Ven Señor a mi templo, tu morada: Quédate en ella y explícame las Sagradas Escrituras

«¡Qué deseables son tus moradas. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor…dichosos los que viven en tu casa!» (Salmo 83)

«¡Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de , el Dios de mi alegría. (Salmo 42)

Jaime Aceña Cuadrado, cmf