Comentario Domingo IV de Cuaresma

Oración

Somos ciegos, Señor. Nos cuesta reconocer nuestra propia realidad, la realidad de los demás, hallar nuestro camino en la vida.

Abre los ojos de nuestro corazón:

  • para conocerte como luz de todo corazón y de toda vida;
  • para saber que nos quieres abiertos a la verdad de tu amor, a las personas que nos rodean, al misterio que nos habita por dentro;
    Y muéstranos lo que hay de verdad y de mentira, de autenticidad y de falsedad en nuestro corazón, para que andemos en tu verdad y en tu amor.

 

Jn 3, 14-21

«14Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

17Porque Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

19Y el juicio es éste: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron la tiniebla antes que la luz, porque sus obras eran malas.

20Porque todo el que obra el mal odia la luz y no va hacia la luz, para que no sea acusado por sus obras.

21Pero el que hace la verdad va hacia la luz, para que se manifieste que sus obras están obradas en Dios».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Casi continuando el evangelio del domingo anterior, el de hoy forma parte de la conversación de Jesús con Nicodemo (Jn 3,1-21), más en concreto, la segunda parte de dicha conversación. El motivo central de toda la conversación es el nacer de nuevo, es decir, creer en Jesús para alcanzar vida eterna. Una vida eterna que puede comenzarse a vivir en esta historia gracias a la fe. Después de este evangelio, seguirá una extraña mención al ministerio de Jesús como bautista: cf. 3,22, pero también 4,2 (!) y el último testimonio de Juan Bautista sobre Jesús (3,23-36), que retoma la temática del evangelio de hoy (cf. 3,27.31.36) y cede definitivamente el “protagonismo” a Jesús.

 

TEXTO

Este evangelio no es unidad textual propia (perícopa). Pese a ello, podemos distinguir una estructura en dos partes, con tres subdivisiones en cada parte. La primera parte (vv. 14- 18) está centrada en la fe en Jesús, que fue enviado por Dios para salvar al mundo y por medio del cual se alcanza la vida eterna. Todo tiene su origen en el amor de Dios al mundo. La segunda parte (vv. 19-21) está centrada en el juicio que la venida de Jesús provoca: la contraposición entre la luz y la tiniebla, las obras malas y las obras en (según) Dios. El texto está repleto de términos teológicos fundamentales en el evangelio de Juan, y sobresalen las causas (“porque”) y las finalidades (“para/para que”). La fe en Jesús, la luz, nos impulsa hacia el futuro (la vida eterna) y hacia un presente transformado por unas obras hechas “según Dios”.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La referencia a Moisés y la serpiente del v. 14 remite a Nm 21,4-9, donde se narra un episodio de la historia de Israel, donde el instrumento de muerte del que Dios se había valido para castigar las murmuraciones y la ingratitud de su pueblo (la serpiente) se convierte en instrumento de salvación. La cruz de Jesús, instrumento de muerte, será salvación para todo el que crea. Jesús, en continuidad con la historia de la salvación de Israel, es el definitivo instrumento de salvación para todo el mundo. Y, en concreto, su modo de morir: la cruz. Es todo un reto para nuestra fe: en medio de la debilidad más total, se abre paso la salvación ofrecida por Dios.

• Todo nace de una experiencia fundante: el amor de Dios hacia el mundo. El amor de Dios Padre pasa al Hijo: “Como el Padre me amó, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). Es un amor que le lleva a entregar la vida: “Nadie tiene un amor mayor que éste: entregar la vida por sus amigos” (Jn 15,13). El amor del Padre consiste en dar a su Hijo único; el amor del Hijo consiste en dar su vida por nosotros; el amor nuestro consiste en…

• La respuesta humana a esos amores consiste en creer, es decir, en confiar y abandonarse en manos de Dios, dispuestos siempre a recorrer los caminos que nos señala (= caminar hacia la luz). Así, hay acciones que debemos evitar, porque son tinieblas (¿cuáles?) y hay acciones que tenemos que asumir, porque son “en/según Dios” (¿cuáles?). ¿Qué aspectos de nuestra vida iluminan y transparentan a Dios entre nosotros? ¿Qué aspectos opacan y oscurecen esa presencia de Dios?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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