Déjate sembrar

Sentido de esta etapa

Esta es la última etapa de nuestra peregrinación. Han sido muchas vivencias durante estas semanas, muchos pensamientos, muchos propósitos. Ahora es el momento de la opción. ¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús con autenticidad? ¿Estamos dispuestos a vivir en serio la vida que nos propone? ¿Estamos dispuestos a cogernos de su mano y caminar con Él? La respuesta parece sencilla, seguro que pronto nos sale el Sí, pero no perdamos de vista la cruz como el horizonte de nuestro seguimiento, pues solamente desde ella podremos arraigar nuestro corazón en el corazón de Cristo. No huyamos del proceso de la siembra en nosotros, pues solamente así lograremos dar el fruto que Él desea.

Guía de la Palabra de Dios

Jr 31, 31-34: “… escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”

Hb 5, 7-9: “Y aun siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer”

Evangelio: Jn 12, 20-33

Entre los que habían venido a celebrar la esta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glori cado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en erra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?:

«Padre, líbrame de esta hora». Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glori ca tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Comienza a dar fruto de esperanza

Estamos llegando al final de esta peregrinación. Durante todo este tiempo hemos hecho un viaje, sobre todo, al interior de nosotros mismos. Hemos descubierto ataduras que nos impiden caminar con libertad, tentaciones que nos invitaban a la comodidad de pensar en nuestro bienestar, algunas cosas con las que llenábamos nuestro corazón y ocupaban el lugar que solamente corresponde a Jesús, Luz verdadera que nos ayuda a caminar. En esta última etapa debemos recorrerla con la mirada puesta en la meta: Cristo Resucitado, pero siendo conscientes de la cruz, camino que conduce a la Vida.

Jesús ha de morir si quiere “dar fruto”. Su muerte es la muerte de la que procede todo “fruto”. Una muerte salvadora, de la que brota la vida eterna. Para poder comprender esto, Jesús nos presenta una sencilla parábola pero con un gran significado, la rutina de una semilla. Más que grandes discursos utiliza una sencilla imagen, la del trigo que da mucho más fruto después que muere. La semilla se pudre y muere en los recovecos del suelo, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y de convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos.

Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. No se trata con conformarnos en vivir una vida a medias, sino en tener una actitud de confianza plena y sin reservas a la salvación. Y para aprender esta actitud fundamental en el camino del seguimiento Jesús nos la enseña no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. “Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama”. El que entrega su vida por los demás ama de verás, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos.

El grano que quiera seguir como grano, que le tenga miedo a la humedad, que no esté dispuesto a desaparecer como grano, ¿cómo ha de dar fruto? Si el grano muere, nacerá una nueva planta, dará abundante fruto. Todos nosotros tenemos semillas de vida que pueden germinar solo cuando se enfrentan a la posibilidad de ser enterradas, para que en el proceso de muerte y descomposición la semilla se convierta en una mul plicación de vida. Pero este proceso solo será posible si lo fundamentamos en la confianza en la vida eterna prometida.

«Jesús ha llevado al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho como la semilla: se ha hecho pequeño pequeño, como un grano de trigo; ha dejado su gloria celeste para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”. Pero todavía no era suficiente. Para dar fruto Jesús ha vivido el amor hasta el fondo, dejándose romper por la muerte como una semilla se deja romper bajo tierra. Precisamente allí, en el punto extremo de su abajamiento —que es también el punto más alto del amor— ha germinado la esperanza. Si alguno de vosotros pregunta: “¿Cómo nace la esperanza?”. “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna”. Y esta esperanza ha germinado precisamente por la fuerza del amor: porque es el amor que «todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Corin os 13, 7), el amor que es la vida de Dios ha renovado todo lo que ha alcanzado. Así, en Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo sobre sí, nuestro pecado en perdón. Pero escuchad bien cómo es la transformación que hace la Pascua: Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto porque allí, en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda. La esperanza supera todo, porque nace del amor de Jesús que se ha hecho como el grano de trigo en la tierra y ha muerto para dar vida y de esa vida plena de amor viene la esperanza.

Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que la forma de vivir vencedora es la de la semilla, la del amor humilde. No hay otro camino para vencer el mal y dar esperanza al mundo. Pero vosotros podéis decirme: “¡No, es una lógica perdedora!”. Parecería así, que sea una lógica perdedora, porque quien ama pierde poder. ¿Habéis pensando en esto? Quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo y amar es un don. En realidad la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es el camino de Dios, y solo esta da fruto. Lo vemos también en nosotros: poseer empuja siempre a querer otra cosa. He obtenido una cosa para mí y enseguida quiero una más grande, y así sucesivamente, y no estoy nunca satisfecho. ¡Esa es una sed fea! Cuando más enes, más quieres. Quien es voraz no está nunca saciado. Y Jesús lo dice de forma clara: «El que ama su vida, la pierde» (Juan 12, 25). Tú eres voraz, buscas tener muchas cosas pero… perderás todo, también tu vida, es decir: quien ama lo propio y vive por sus intereses se hincha solo de sí mismo y pierde. Quien acepta, sin embargo, está disponible y sirve, vive a la forma de Dios: entonces es vencedor, se salva a sí mismo y a los otros: se convierte en semilla de esperanza para el mundo. Pero es bonito ayudar a los otros, servir a los otros… ¡Quizá nos cansaremos! Pero la vida es así y el corazón se llena de alegría y de esperanza. Esto es amor y esperanza juntos: servir y dar.» (Papa Francisco, Audiencia del 12-04-2017)

Diario del peregrino

Ver

• Sin duda la esperanza va muy asociada a la felicidad. La mayor esperanza de alguien es tener una vida feliz.

¿En qué basas tu esperanza? ¿cómo nace en ti?

• En nuestra sociedad hay valores y contravalores que ayudan a vivir la Esperanza. Si tuvieras que abrir un debate sobre dónde cada uno fundamenta su anhelo de esperanza cuáles piensas que serían sus respuestas.

Juzgar

• «Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza. Para nosotros, que vivimos desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemos acostumbrado a él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios, resulta ya casi imperceptible». (Spe Salvi, 3)

• Solo puede ser una buena semilla aquel que espera convertirse en espiga.

• Busca un momento de oración personal con el Evangelio de este Domingo y descubre las llamadas que Jesús te hace:

El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Actuar

• La Esperanza en Cristo supone un estilo de vida concreta. ¿Qué puedo cambiar para vivirla con mayor profundidad y autenticidad?

• Y a nivel comunitario, ¿cómo podemos hacer que nuestras parroquias sean transmisoras de esta Esperanza, sobre todo a las personas que no se acercan a ella?

Recursos para el camino

Canto: Bienaventuranzas (Kairoi)

Felices somos en la pobreza,
si en nuestras manos hay amor de Dios,
si nos abrimos a la esperanza,
si trabajamos en hacer el bien.
Felices somos en la humildad si,
como niños, sabemos vivir,
será nuestra heredad la erra, la tierra.

SI EL GRANO DE TRIGO
NO MUERE EN LA TIERRA
ES IMPOSIBLE QUE NAZCA FRUTO.
AQUEL QUE DA

SU VIDA PARA LOS DEMAS
TENDRÁ SIEMPRE AL SEÑOR

Felices somos si compar mos,
si nuestro tiempo es para los demás:
para quien vive en la tristeza
y para quien camina en soledad.
Felices somos si damos amor,
si en nuestras manos hay sinceridad,
podremos siempre mira
y ver a Dios, y ver a Dios.

 

Película: Cartas al Padre Jacob

Año: 2009.
Duración: 74 min.
Género: Drama.
Interpretación: Kaarina Hazard (Leila), Heikki Nousiainen (padre Jacob), Jukka Keinonen (cartero), Esko Roine (Vankilan).
Guión: Klaus Härö y Jaana Makkonen.
Producción: Lasse Saarinen y Ristro Salomaaa.
Música: Dani Strömback.

Sinopsis

Leila es una mujer que, después de haber sido condenada a cadena perpetua, es indultada, y le ofrecen trabajo como ayudante de Jacob, un anciano cura rural ciego. Su trabajo consiste básicamente en responder a las cartas que los eles le escriben al sacerdote pidiéndole ayuda y consejo. Esta labor que para el cura es vital, a Leila, en cambio, le parece una tarea estéril; en consecuencia, la relación entre ambos personajes es bastante tensa. Pero llega un momento en que Jacob deja de recibir cartas y, entonces, siente que su vida ha perdido todo sen do, un hecho que no pasará indiferente para el desenlace de la película.

• Será un camino par cularmente difícil para Leila, una persona endurecida por la vida. ¿Hay cambios?

• La oración ene una fuerza insospechada, y no deja de cuestionar el alcance que puede tener la plegaria de un corazón lleno del amor de Dios.

• Resulta impactante observar cómo el egoísmo y la desconfianza le cierran a una persona sicamente sana cualquier posibilidad de encuentro, mientras que, ciego y limitado por la vejez, el Padre Jacob no deja de abrir las puertas a las almas que reclaman su consejo y oración.

• El final de la vida del sacerdote ¿una noche o oscura o más bien un resituarse en su carta más importante, la misma Leila?

Para reflexionar y compartir en grupo

• ¿Cuál es el sentido de la vida para ambos personajes?

• ¿Qué significa para la oración? ¿Rezas? ¿Cómo lo haces? ¿Rezas por los demás?

• ¿En qué momentos de tu vida has sentido la mano protectora de Dios?

• ¿Qué recuerdos de tu historia personal te hacen sufrir? ¿Cómo podrías curar estas heridas?

• ¿Qué buscas cuando llevas a cabo alguna acción servicial o carita va? ¿Por qué lo haces?

Anuncio publicitario