Para entender el evangelio del V Domingo de Cuaresma

Los “gentiles” probablemente son no judíos que simpatizan con el judaísmo y que han subido a Jerusalén para celebrar la Pascua.

“Betsaida” estaba situada al norte del lago de Galilea. Tenía una población formada por judíos y no judíos. “Felipe” no sólo es de un lugar como éste, de mezcla, sino que lleva un nombre griego, como “Andrés”. Son, interlocutores aptos para los “gentiles”.

“La hora” no es un momento cronológico. Todo el evangelio de Juan se mueve entre la hora de Jesús que tiene que llegar [Jn 2, 4; 7, 30; 8, 20] y la llegada de dicha hora [Jn 12, 23; 13, 1; 17, 1]. En este caso, un signo de su gloria futura, como es la venida de los “gentiles” a la comunidad de Jesús, marca que ya “ha llegado la hora”.

Con la imagen del grano que muere para poder dar fruto, Jesús dice a los discípulos que tendrá que sufrir la pasión y muerte. Pero la pasión conducirá a una resurrección fecunda. Es importante el contraste entre “queda infecundo” y “da mucho fruto”.

El mensaje sobre la pasión-muerte-resurrección de Jesús se acompaña de un mensaje sobre la “vida” del discípulo. Equivale a “el que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará” [Mt 10, 39].

Con la expresión “donde esté yo, allí también estará mi servidor” no se indica un espacio físico, sino una relación personal [Jn 8, 29] con Jesús [Jn 14, 3; 17, 24].

“Glorifica tu nombre”. El nombre, en la Biblia, expresa y manifiesta la persona. Jesús pide que Dios acabe su obra de amor entre los hombres mediante la muerte y la resurrección que él mismo experimentará. La expresión nos recuerda al “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre” [Mt 6, 9].

“Mundo” se tiene que entender como lugar donde se manifiestan los poderes hostiles a la soberanía de Dios: el diablo [Jn 6, 70; 8, 44; 13, 2], Satanás [Jn 13, 27].

“Elevado” aparece como opuesto a “caído”. Jesús “elevado” -crucificado y glorificado- hace posible el reconocimiento, la fe [Jn 2, 22; 8, 28; 19, 35-37]. Muerte y resurrección son indisociables.

Los “gentiles” representan a todos los pueblos que se abren al Evangelio. Quieren ver a Jesús. “Ver” es la mirada de la fe: creer.

Los apóstoles son “enviados” a los pueblos para que puedan “ver” (creer) a Jesús. El Jesús a quien podrán “ver” es el de la Pascua, muerto y resucitado (”cae en tierra y muere” para dar “mucho fruto”). No podemos creer (“ver”) si no es en el misterio de la cruz, donde se manifiesta la gloria de Dios (”elevado”).

La venida a Jesús de los “gentiles”, es presentada como un objetivo importante de la misión de Jesús: marca su “hora”. La muerte y la resurrección “da mucho fruto”, “atrae a todos”. Este “atrae a todos” se opone al “queda infecundo”. El fruto de la Pascua de Jesús es éste: la reunión de “todos” en la unidad.

Lo que se dice de Jesús con la parábola del grano de trigo se aplica del mismo modo al creyente: el desprendimiento de sí mismo, el dar la vida, fructificará en vida eterna. Seguir a Jesús para “ver” es seguirlo hasta la cruz-glorificación. Sólo desde ahí podemos creer: Dichosos los que crean sin haber visto [Jn 20, 29].

ASÍ ES MI VIDA

Como copo de nieve
que se derrite en el cuenco de otras manos,
así es mi vida cuando Tú la alientas.

Como grano de trigo sembrado en tierra
que revienta al amparo de la humedad y el calor,
así es mi vida cuando Tú la acunas.

Como levadura insignificante a la vista
que se mezcla con la masa y toda ella fermenta,
así es mi vida cuando Tú la amasas.

Cómo árbol seco tras el invierno
que florece en primavera dando vida,
así es mi vida cuando tu savia me renueva.

Como libro de estantería olvidado
que se convierte en buena noticia cuando se usa,
así es mi vida cuando Tú la tomas.

Como arcilla en manos de alfarero que adquiere forma,
figura y belleza, así es mi vida cuando Tú la trabajas.

F. Uribarri; Al viento del Espíritu; p. 158.