Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Entre los que habían ido a Jerusalén para dar culto a Dios en la fiesta había algunos griegos. Éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe se lo fue a decir a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la perderá; y el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna. El que quiera ponerse a mi servicio, que me siga, y donde esté yo allí estará también mi servidor. A quien me sirva, mi Padre lo honrará. Ahora estoy profundamente angustiado. ¿Y qué voy a decir? ¿Pediré al Padre que me libre de esta hora? No, pues para esto precisamente he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre». Entonces dijo una voz del cielo: «Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo».

La gente que estaba allí y lo oyó, dijeron que había sido un trueno. Otros decían que le había hablado un ángel. Jesús replicó: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora es cuando va a ser juzgado este mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos los atraeré hacia mí». Decía esto indicando de qué muerte iba a morir.

Juan 3, 14-21

Comentario del Evangelio

Jesús les habla a los discípulos de que pronto va a morir, va a sacrificarse por todos nosotros. Pero Jesús les habla con claridad, sin tener miedo a la muerte, sin esconderla… No les dice: “No va a pasar nada, todo va a ir bien”, sino que les dice claramente las cosas.

En el mundo en el que vivimos no se suele hablar de estas cosas. Solemos hablar solo de las cosas buenas. Si hay muerte es porque hay vida. Cuando se muere una persona a la que quere- mos, apreciamos o admiramos, nos preguntamos por qué muere, pero nunca nos preguntamos por qué vivimos. ¿Qué sentido tiene nuestra vida? ¿Por qué he nacido? Si encontramos el sentido a nuestra vida, seguro que veremos la muerte de otra manera…

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe tres cosas que te gustaría hacer al menos una vez en tu vida.

• ¿Cómo debemos ver la vida los cristianos? ¿Y cómo debemos vivir la muerte de personas que queremos mucho?

• Escribe un compromiso para vivir con la alegría de Jesús en tu vida.

Oración

Quiero seguirte, Señor,
quiero perder la vida, el poder, el prestigio,
la imagen, las mil cosas que acaparo.
Quiero renacer a la sencillez,

a la escucha atenta a la vida del otro,
a que me importe tanto lo suyo como lo mío,
a que me duela todo dolor de mis hermanos,
a mostrarme pequeño y frágil, como soy,

a compartir mis dudas,
mis miedos y fracasos,
a triunfar todos juntos,
a lograr en común,
a regalarme hasta el último rincón de mi ser.
Ayúdame, Señor, a dar mi vida,
mi tiempo, mis cosas y mi yo.
En tus manos me pongo,
haz de mí lo que quieras…
Contigo a mi lado… ya no necesito ganar.

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