Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

14. “Los que por la fe y el Bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres (cf. Mt 10, 32; Rm 10, 9). Para esto, el catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre, y la fe, por la cual el hombre responde a Dios (primera sección). El Símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los «tres capítulos» de nuestro Bautismo — la fe en un solo Dios: el Padre Todopoderoso, el Creador; y Jesucristo, su Hijo, nuestro Señor y Salvador; y el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia (segunda sección).”

El catecismo tiene cuatro partes, éstas se dividen en secciones y las secciones en capítulos. Los capítulos en artículos y éstos en puntos. Los puntos son 2865.

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p style=»text-align:justify;»>La primera parte es la profesión de fe. El punto 14 dice así:

Los que por la fe y el bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres.”

La fe no es solamente para ser creída en un cierto interiorismo. No podemos decir que la fe se refiere al punto interior del hombre pero no tiene que traducirse al exterior. La fe engloba la totalidad del hombre. Dios nos posee. No es que nosotros tengamos la fe, sino que la fe nos tiene a nosotros. Por tener fe no me considero poseedor de la verdad, sino que es Dios más bien el que te ha poseído a ti y quiere que seas instrumento de Dios para proclamar la fe delante de los demás, pero no porque yo me crea el dueño del mundo, Dios es el dueño y se sirve de nosotros como instrumentos suyos.

Hay dos textos que se nos sugieren Mt 10, 32:

“A quien se declare por mí ante los hombres yo también me declararé por El ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos” .

Cristo también confesará ante el Padre a quien le declare, a quien le confiese, y a quien le negare, Él también le negará. Es un tema muy serio en el que nos habla de la importancia de confesar con nuestras palabras, es verdad, que también nuestra confesión tiene que ser no solo con palabras, sino también con obras, sin oponer una cosa a la otra. ¿De qué me sirve confesar a Dios con mis palabras si luego mis obras están desdiciendo lo que mis palabras han afirmado? Pero ¡ojo!, tampoco es correcto lo contrario, es decir, a Dios quiero confesarlo con mis obras sin necesidad de confesarlo con mis labios, sino que mis obras sugieran, cuestionen o evoquen el amor de Dios a los demás. Esto es sugerente, pero el Evangelio nos enseña que hemos de confesar a Dios no solo con las obras sino también con nuestros labios, porque entre otras cosas, el hombre es ambiguo y es confuso en su capacidad de entender y comprender las cosas y es posible que alguien de testimonios de buenas obras y sea confusamente percibido. Así, hemos de confesar a Dios no solo con obras sino también con palabras.

La fe tiene que ser confesada, tiene que ser proclamada. Podrá haber situaciones, por ejemplo, de cristianos que están en determinados lugares en los que no se les permite hablar y podrán estar llamados a que su testimonio haya de ser con su vida y tengan que tener una profesión explicita de la fe hecha con cuidado porque no se les permita públicamente. Esto puede ocurrir, pero lo ordinario es que nosotros confesemos a Dios con nuestra vida y con nuestras palabras.

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p style=»text-align:justify;»>El otro texto es Romanos 10, 9:
 “Porque si profesas con tus labios que Jesús es Señor y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos serás salvo”.

Esa profesión explícita de la fe que nos pide el catecismo nos hace entender que en el fondo para que la fe llene la totalidad de nuestra vida tiene que ser también expresada. Por ejemplo, cuando se le explica a un niño el catecismo u otro tipo de enseñanzas, cuando ha de confesar la fe para transmitirla, entonces eso hace que el que lo explica se identifica mucho más con la fe que si se quedase en el interior, entre otras cosas, porque cuando confesamos la fe con los labios, te mojas en público, se compromete, se expresa, se manifiesta como cristiano entonces eso es para ti también un compromiso, porque al manifestarte en público eso te pide que seas coherente y que vivas conforme a lo que has dicho, mientras que si por el contrario la fe no se la has manifestado a nadie es más fácil traicionarla. Es como si un sacerdote, aunque sea totalmente distinto, pero bueno, un ejemplo, se manifiesta ante todos como sacerdote por la forma de vestir o porque lo dice explícitamente, eso también lo compromete. Cuando uno profesa su fe está obrando de manera que Cristo ha de ser el que ordene su vida, mi vida está regida por Cristo, de alguna manera me estoy comprometiendo en este camino.

Continua el punto diciendo “Por esto, el catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre y la fe por la cual el hombre responde a Dios”. Esta es la primera sección que tiene dos partes, Dios se revela y el hombre responde a Dios por la fe. Lo primero es una iniciativa de Dios, que no se queda con los brazos cruzados cuando ve que el hombre se pierde y le da la espalda, sino que se ha revelado, ha salido a nuestro encuentro y la única respuesta proporcionada es la acogida por parte del hombre, le agradece su revelación, se adhiere a ella que es una respuesta, esa es la fe, es responder a la llamada de Dios.

Continua “El símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en tres capítulos: la fe en un solo Dios, el Padre Todopoderoso, el Creador y Jesucristo su Hijo nuestro Salvador, y el Espíritu Santo y la Santa Iglesia.”.

Nosotros tenemos fe en el Dios autor de todos los dones. El primer don es el de la creación, el segundo la redención y el tercero la santificación. Esto serán tres capítulos, el primero será “Creo en Dios Padre Creador de todas las cosas” y ahí se habla especialmente del tema de la creación. El segundo “Creo en Jesucristo su único Hijo nuestro Redentor” y ahí se habla de la Redención de Jesucristo. El tercero “Creo en el Espíritu Santo, dador de vida, santificador” y ahí se habla del Espíritu Santo. Son los tres capítulos de esta segunda sección del credo para hablar de los tres dones, la creación, la redención y la santificación.

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