Domingo V de Cuaresma

1. Situación

La Cuaresma es un caminó en que acompañamos a Jesús. Por la fe y en la Eucaristía, participamos de su Misterio Pascual. Se despliega ante nuestros ojos el Acontecimiento definitivo de la historia: Por una parte, la realidad del hombre con toda su ceguera y violencia, crucificando al Hijo; por otro, el amor incomprensible de Dios, entregando a su Hijo en manos de los pecadores y haciendo surgir la vida de la muerte. Jesús, elevado entre la tierra y el cielo.

¿Te parecen reflexiones demasiado elevadas, alejadas de la realidad o, a la inversa, que ese mirar al Hijo crucificado por nosotros es lo que te posibilita dar sentido al sufrimiento y asumir el peso de muerte y de pecado de la existencia humana?

Sin dua, en tu vida te está tocando vivir alguna prueba que te obliga a participar en la agonía de Jesús. Intuyes que en esa situación el Señor te está llamando a una fe y amor nuevos; pero te resistes, como es natural.

2. Contemplación

Haz oración desde esa situación de prueba, primero a la luz del Evangelio. Cada palabra te resuena.

La segunda lectura refuerza la anterior. ¿No te impresiona esa frase: El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer? No tenemos otro camino. El obedecer de Jesús no es sumisión de esclavo, sino amor filial, libertad interior para hacer de la propia vida disponibilidad y misión.

La primera lectura, a primera vista, parece no concordar con las otras. Sin embargo, nos hace ver dónde está el núcleo de la cuestión tanto del corazón humano como de la obediencia de Jesús al Padre: que nosotros no vivimos de la Gracia, endurecidos como estamos por nuestro egocentrismo, y Jesús se siente pertenecer al Padre, gozosamente y para siempre.

¿Por qué sufrió entonces? Por puro amor nuestro, por compartir nuestra condición hasta el final. Tuvo que aprender en carne propia nuestro no a Dios y al hombre. De ahí surgió el sí de la Nueva Alianza.

3. Reflexión

Hay varios modos de asumir el sufrimiento. Uno, aceptarlo como parte esencial de la condición humana. O bien, mediante la lucidez racional que no se empeña en negar lo que es evidente. O bien, mediante la razón religiosa que considera la vida a la luz de la Providencia, que nos educa con los bienes y los males.

Otro, que nos viene sugerido por las lecturas de este domingo: asumir el sufrimiento mirando al Crucificado. El creyente conoce muy bien la diferencia. Reside en el corazón, pues ¡es tan distinto asumir el sufrimiento desde la razón o desde el amor! Este no encuentra razones e, incluso, se presta a heridas más hondas; pero no pretende dominar la situación. Confía y ama. Y porque ama al Crucificado, la lógica del sufrimiento se transforma en esperanza, y la herida se suaviza, y el sin-sentido se hace abandono de fe. En algún momento, incluso el amor transfigura el dolor: «¡Gracias, Señor, por poder participar, aunque sea un poco, en tu Pasión!»

¿Qué parte te toca ahora en la pasión de Jesús?

4. Praxis

La Cuaresma nos adentra en las grandes cuestiones, que ordinariamente evitamos: la muerte y el pecado, el sufrimiento y la finitud, y la cuestión más misteriosa todavía: ¿Por qué Dios no nos ha dado explicaciones, sino que ha vivido con nosotros nuestra realidad hasta el final y, lo más sorprendente, la ha aprovechado para revelarnos su Amor y darnos su propia Vida eterna?

Nos acercamos a la Semana Santa, y convendría, si nos es posible, dedicar más tiempo a contemplar la vida y muerte de Jesús. No te quedes en meros sentimientos piadosos; procura aplicar la contemplación a la realidad personal, familiar y social. Pero no alejes tu mirada de Jesús. Repósala en El una y otra vez, acogiendo su Amor, haciendo tuyas sus actividades ante el Padre y los hombres, diciéndole que quieres seguirle, que te dé su Espíritu.

Si lees Jn 10, te ayudará a consolidar tu adhesión personal a Jesús.

Javier Garrido

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