En el pórtico de la Semana Santa

¿Semana Santa? ¿Semana de Vacaciones?, ¿Vacaciones de Semana Santa?. Con estas y otras expresiones nos referimos al tiempo que discurre entre el Domingo de Ramos, que celebramos hoy, y el Domingo de Resurrección o de Pascua. ¿Con cuál nos quedamos?.

Empiezo por afirmar que la semana ni es santa ni no santa. De nosotros depende que sea una cosa u otra. Ciertamente que en esta semana celebramos los grandes acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Su fuerza, su espíritu están ahí, dentro. Pero para que tengan fuerza transformadora es preciso que nos empapen. Es abiertamente actual la Semana Santa. Por nuestras calles caminan los Pedros, los judíos, los cirineos, los herodes, los Caifás, las Verónicas, los centuriones, las piadosas mujeres, los escribas, los fariseos, los Pilatos, la multitud…¿Acaso no es actual Pilato lavándose las manos? o ¿El Cirineo ayudando a llevar la cruz?. Seguro que encontramos en el espejo del drama de la Pasión alguna persona con la cuál tengamos un parecido sorprendente.

El viernes -Viernes Santo- de ésta semana nos choca cómo Jesús es presentado al pueblo judío, reunido en un lugar dónde se concentraba la ciudadanía, por Poncio Pilato, un hombre cobarde y distante de Jesús. ¡Ecce homo! Grita Pilato. “He aquí al hombre”, exclama el Gobernador Romano mientras muestra a Jesús al gentío. Siguiéndole de cerca estos días le conoceremos con bastante aproximación, aunque nos desborda. Pues si a las personas se las conoce en las ocasiones, éste triduo fue «su hora». Dato de interés. Los evangelios dedican casi las mismas páginas para relatarnos lo que sucedió en éstos tres días, que las que dedican al resto: los treinta y tres años restantes de su vida. Con razón confesó Santo Tomás, una cabeza, un cerebro privilegiado: “He aprendido más orando ante el crucifijo que de los libros.

Sobresale en la cumbre del Calvario la silueta de la cruz misteriosa y presente en la vida de las personas y que rompe el vivir de tantos seres humanos alterando nuestros esquemas y nuestra existencia. Esa cruz que el Viernes Santo besa devotamente la comunidad cristiana. El conocido jesuita Ignacio Ellacuría decía a sus jóvenes universitarios: “¿Qué hemos hecho para que tantos hombres estén crucificados?, “¿Qué hacemos ante sus cruces? “, “¿Qué vamos a hacer para bajarles de la cruz?”. Hay vidas que son un auténtico Vía-Crucis, un calvario permanente. Podemos dedicar ésta semana algún tiempo al ocio, a introducirnos en el mundo folklórico de algunas regiones o a responder a la propuesta de Pilato: “Ecce homo”. Una estampa de Jesús vestido con una túnica ridícula y una corona de espinas. El pueblo, empujado por sus dirigentes, gritando: ¡fuera!, ¡fuera!. Tenemos delante una figura rota.

Afortunadamente los evangelios nos han dejado un dibujo de Jesús. Selecciono algunas pinceladas extraídas de los tres años de su vida pública:

“Pasó por el mundo haciendo el bien y curando a todos los que sufrían bajo el poder del mal”.

Fue (era) profundamente crítico respecto al poder y al dinero: “Nadie puede servir a Dios y a dinero”.

“El que quiera ser vuestro jefe, que sea vuestro servidor”. “Ejemplo os he dado: así como yo os he lavado los pies, vosotros haced lo mismo”.

Recomienda perdonar setenta veces siete. Muere en el Calvario perdonando.

Se define como “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Alaba a los pacíficos, a los misericordiosos, a los justos, a los limpios de corazón.

Reduce todos los mandamientos a uno: Amor a Dios y al prójimo, añadiendo algo muy importante: “como yo os he amado”.

Era fiel a la oración: “Se levantó de madrugada, fue al escampado y se puso a orar“.

También ha manifestado que hay más dicha en dar que en recibir y que “tratemos a los demás como nosotros queremos que nos traten”.

Un Jesús cercano, compasivo, valiente, amable, generoso, amigo de los enfermos y de la gente derrotada. Que nos brinda un mensaje de liberación. Nos insiste en ser audaces, solidarios, creativos y libres.

Nos recuerda que no solo de pan vive el hombre (aunque también de pan) y que “por sus obras le conoceréis”.

De los muchos modelos de vida que se nos ofrece, tenemos que elegir uno. ¿Por qué no el que responde a “Ecce homo”?. Un “He aquí al hombre” que lo podríamos ampliar a “Ecce societas”, “He aquí nuestra sociedad”. Más de uno manifestaría que hecha unos zorros. Expresión que significa estar en un estado deplorable. Quizá conviene recordar que el tomar conciencia de las deficiencias y carencias es un primer paso para transformar la sociedad y sin duda podemos aprender mucho del Maestro.

Josetxu Canibe

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