II Vísperas – Domingo de Ramos

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: LLEVABA ROJA LA TÚNICA

Llevaba roja la túnica
y enrojecido el cabello.
¿De dónde, con pies sangrantes,
avanzas tú, Lagarero?
«Del monte de la batalla
y de la victoria vengo;
rojo fue mi atardecer,
blanco será mi lucero.»

Llevaba roja la túnica,
roja de sangre y fuego.

También de blanco le vi
el vestido y el aliento;
bello como las estrellas,
como flor de cardo bello.
Rojo como la amapola
y blanco como un cordero:
carmesíes sus heridas
y blancos sus pensamientos.

Llevaba blanca la túnica,
blanca de amor y fuego.

Por toda la negra tierra
el chorro de sus veneros:
sangre preciosa su sangre
que hace blanco el sufrimiento.
¡Oh Cristo, de sangre roja!
¡Oh Cristo, dolor supremo!
A ti el clamor de los hombres,
en ti nuestros clavos fieros.

Llevaba roja la túnica,
roja de sangre y fuego. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.

Ant 2. La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.

Ant 3. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

Cántico: PASIÓN VOLUNTARIA DE CRISTO, SIERVO DE DIOS 1Pe 2, 21b-24

Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo
para que sigamos sus huellas.

El no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca;
cuando le insultaban,
no devolvía el insulto;
en su pasión no profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga justamente.

Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas nos han curado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

LECTURA BREVE   Hch 13, 26-30a

Hermanos, a vosotros envía Dios este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Y, a pesar de que no encontraron en él causa alguna digna de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir. Una vez que cumplieron todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo depositaron en un sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

RESPONSORIO BREVE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Dice la Escritura: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño»; pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Dice la Escritura: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño»; pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis», dice el Señor.

PRECES

Oremos humildemente al Salvador del género humano, que sube a Jerusalén a sufrir su pasión para entrar así en la gloria, y digámosle:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión,
para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.

Mira con bondad a aquellos a quienes hemos escandalizado con nuestros pecados,
ayúdalos a ellos y corrígenos a nosotros, para que resplandezca en todo tu santidad y tu amor.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
concede a tus fieles obediencia y paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.

Porque la muerte de Cristo nos ha hecho agradables a Dios, nos atrevemos a orar al Padre, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

El llanto de Jesús sobre Jerusalén

Hoy no podemos empezar este encuentro sin dirigirnos directamente a Jesús, y lo vamos a hacer ya: “Jesús, quiero pedirte luz, sentimientos, sensibilidad para comprender lo que pasaste cuando entraste triunfalmente en Jerusalén. Hoy quiero comprender el porqué de lo que hiciste y el porqué de tu llanto. Por eso te pido que sepa estar atenta y no perderme ningún momento de esta escena”. Te invito a escucharla con muchísima atención, como nos lo narra el Evangelio de Lucas, en el capítulo 19, versículo 29-44, y en el capítulo 13, 34-35:

Dicho esto, caminaba delante de ellos subiendo a Jerusalén. Cuando ya estaba cerca de Betfagé y Betania, junto al Monte llamado de los Olivos, envió a dos discípulos diciendo: “Id a la aldea de enfrente. Al entrar, encontraréis un borriquillo atado sobre el que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Si alguno os pregunta por qué lo desatáis, le diréis así: “El Señor lo necesita”. Los enviados fueron y lo encontraron tal como les había dicho. Mientras desataban el borriquillo, sus dueños les dijeron: “¿Por qué desatáis al borriquillo?”. Ellos replicaron: “El Señor lo necesita”. Y lo llevaron a Jesús. Y echando sus mantos sobre el borriquillo, montaron a Jesús. Mientras Él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del Monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todos los prodigios que habían visto, exclamando: “¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: “¡Maestro, reprende a tus discípulos!”. Él respondió: “Os digo que si éstos callan, gritarán las piedras”. Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella diciendo: “Si supieras también tú en este día lo que te lleva a la paz… Pero ahora está oculto a tus ojos, porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de un vallado, te cercarán y te estrecharán por todas partes, y te aplastarán contra el suelo, a ti y a tus hijos que estén dentro de ti. Y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de la visita que se te ha hecho. Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados… ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como el ave a sus polluelos bajo las alas, y no quisisteis! Pues sabed que vuestra casa va a quedar desierta. Pero os digo que no me veréis hasta que llegue el día en que digáis «Bendito el que viene en nombre del Señor»”.

Faltan cinco días para celebrar la Pascua y Jesús, que está en Betania, decide hacer su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén. Prepara toda la comitiva y se dirigen hasta esta ciudad. Y cuando ya ha salido de Betania y se hallan enfrente de Betfagé, entonces ocurre un momento histórico y sorprendente: Jesús le dice a sus discípulos que vayan a la aldea que está enfrente, que cojan allí el pollino que está atado, que lo traigan; y cuando lo han traído ya, Él se monta sobre el pollino y empieza la comitiva hacia Jerusalén. Todo está perfecto. Cuando va entrando, toda la multitud que le ve entrar así, comienza a gritar: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna! ¡Hosanna al hijo de David!”. Pero Jesús, al ver la ciudad, al ver todo lo que ha pasado en ella, todo lo que ha hecho en ella, todo el bien que ha hecho, todo lo que ha querido para ella… lloró. Y ese llanto fue como una espada de dolor en su corazón. Los sacerdotes, los escribas que ven toda esta multitud, critican a los discípulos y les reprenden: “¿Por qué hacen eso? ¿Por qué este tumulto?”. Pero Jesús, una vez más se da cuenta de que no le reciben, de que no le quieren, y se vuelve otra vez a la aldea de Betania.

¡Qué escena tan sentimental y tan conmovedora! En plena oración con Jesús, vamos a sentir lo que Él sentía en estos momentos… En primer lugar, vemos un Jesús deseoso de ya llegar a su Pasión. Y como todos esperan una entrada triunfal, Él les va a manifestar cómo es su triunfo, cómo es su Reino. Y se monta sobre un pollino. Un pollino: este animal que era usado como el símbolo de la paz, de la mansedumbre, de la humildad. ¡Y qué suerte tuvo este borriquillo! —yo me pregunto muchas veces—, ¡qué suerte tuvo este borriquito que tuvo en él y se montó en él Jesús, y lo tuvo por trono! Me recuerda ese salmo 72 que dice: “Como un borriquito soy yo delante de ti, / pero estaré siempre a tu lado / porque Tú me has tomado de tu diestra”. Qué salmo… y qué bonito, ¿no?… ver a Jesús también así. ¡Y qué suerte si yo pudiera llevar a Jesús en mi trono!

Y continuamos y vemos a Jesús que, al divisar la ciudad de Jerusalén, y ver toda esa multitud que realmente sale y le aclama y le dice: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene!” —los niños, con palmas, con todo—, vio la falsedad de toda esta multitud. Qué forma de aclamarle: “¡Hosanna!”, cuando a los pocos días: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”. Y me hace pensar muchas veces en mi propia historia, que tan pronto estoy aclamando, como estoy haciendo daño. Y esto le duele a Jesús. Es la historia de mi vida, es la historia de la misericordia de Dios sobre mí. Y cuando Jesús ve y divisa Jerusalén, cuando Jesús divisa mi vida, llora y me dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, Jerusalén… cuántas veces he querido recogerte! ¿Cuántas veces te he querido cubrir como el ave o la gallina cubre a sus hijos debajo de sus alas, y tú no has querido?”. ¡Cuánta rebeldía, Señor! La historia de mi vida se compone de todo esto… ¡Cuántas veces, Jesús, has pasado por mi vida y te has hecho el encontradizo! ¡Cuántas gracias ordinarias y extraordinarias he tenido en mi vida, y no me he dado cuenta! Y Tú, al verme, lloras y me dices: “Si te dieras cuenta… si tuvieras un corazón sensible… si tuvieras unos ojos abiertos para ver cómo Yo estoy actuando en tu vida…”. Pero yo también te digo hoy: “Sé que mi historia, Jesús, es una historia de amor contigo, y que tu misericordia cubre todo…”

Hoy me quedo triste y viendo cómo Jesús llora y se lamenta. Dice el texto del Evangelio que cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró por ella. Y lloró y se lamentó en alta voz. Y vio la desgracia que le ocurría y sollozó: “¡Ay de ti…!”. El llanto tuyo, Jesús, me impacta. ¿Llorarás mucho sobre mi vida actual? ¿Llorarás al verme? ¿Te daré tanta pena?… Pero no, Jesús, yo no me quiero quedar ahí. Quiero saber que Tú me quieres, que entro en tu misericordia, que entro en tu amor. Y quiero ser, como decía antes, ese humilde borriquito. Que sólo sirva para eso, nada más: sólo sirva para llevarte. Y que ahí, con esas características, sencillamente, humildemente, pueda tenerte sobre mí.

Todo el texto de hoy, con un empiece de una semana de Pasión, me lleva a verte a ti, a sentirte, a quererte, a comprenderte. ¡Qué grande eres, Señor! Me figuro la escena, y estoy ahí… y veo la multitud que alaba, que grita, con palmas, los niños… Y te veo a ti, triste, acongojado, lamentándote, sollozando y diciendo: “¡Qué pena! Si se dieran cuenta de lo que está pasando en su vida… ¡Qué pena!”. Y Tú también me miras a mí y me dices lo mismo: “Si te dieras cuenta de algo…, si te dieras cuenta de todo el amor que te tengo, si te dieras cuenta de cómo estoy trabajando tu vida y de cuántas gracias y de cuántos momentos y de cuántas actitudes estoy dándote y regalándote!”.

En este encuentro nos quedamos así, pensando y encontrándonos con la mirada de Jesús: Jesús mira a Jerusalén, Jesús me mira a mí. Y en silencio, ahí, en la profundidad del amor, comprendemos el llanto de Jesús, el amor enorme, y lo que me dice: que me dé cuenta, que me despierte, que no grite “¡Hosanna!” y al rato “¡Crucifícale!”. Y que le puedo crucificar continuamente, con mis palabras, con mis gestos, con mis acciones.

Señor, no quiero verte llorar sobre mi vida, y quiero ser humilde, buena, obediente, fiel. Haz, Señor, que mi vida no sea un llanto para ti, sino que sea una continua alabanza de tu amor y una continua alegría. Y que pueda decir “¡Hosanna, Jesús, porque me quieres! ¡Hosanna, porque me perdonas! ¡Hosanna, porque Tú eres mi Rey!”. Y yo, como humilde borriquito, te llevaré en mi trono, Señor. Gracias.

Francisca Sierra Gómez

 

Domingo de Ramos

En cada uno de los tres años del ciclo litúrgico, leemos el Evangelio de la Pasión según uno de los tres Evangelios Sinópticos. Este año es Marcos quien nos conduce desde la Cena de Jesús en Betania hasta el Calvario, pasando por Getsemaní, la Cena, el proceso y la crucifixión. . No tendría sentido, sería incluso erróneo, el tratar de reconstituir al detalle los sucesos en un intento de completar un Evangelio por otro. Cada uno de ellos ha de ser considerado en si mismo, ya que cada Evangelista nos transmite un mensaje que le es propio y nos lo transmite en la elección que hace de los sucesos y en su manera de interpretarlos. Marcos se muestra al mismo tiempo muy cuidadoso de los detalles históricos concretos y muy atento a los gestos simbólicos.

En esta breve homilía quisiera que nuestra atención se concentrara en uno de estos gestos simbólicos. El de la sepultura de Jesús que queda mencionada al comienzo y al final de la narración. No se da gesto más gratuito que el cuidado que se presta al cuerpo de una persona tras de su muerte. Se trata de un gesto de respeto y de amor a un tiempo – de un amor totalmente desinteresado, toda vez que ya no hay nada que se  pueda esperar en este mundo de dicho gesto.

La narración de Marcos se abre con la comida en Betania. Betania es el lugar en el que vivían los amigos íntimos de Jesús: Marta, María y Lázaro. Pero en esta ocasión Jesús es invitado a una comida, no por ellos sino por otro de sus amigos, un cierto Simón el leproso, que no queda mencionado en ningún otro lugar del Evangelio. No queda nombrada la mujer que unge la cabeza de Jesús. No pronuncia una sola palabra.. Lo único que habla es su gesto. Y habla tan fuerte que Jesús proclama: “Doquiera sea proclamada en el mundo entero la Buena Nueva, se contará en memoria de ella, lo que acaba de realizar” – donde se utiliza al misma expresión que utilizará en la Cena diciendo que se repita la fracción del pan “en memoria mía”.

El gesto de la mujer es un puro despilfarro, como lo dicen los testigos, y no niega Jesús. Viene con un perfume de alta cualidad y de gran valor, y lo trae en un vaso de alabastro. Y no sólo derrama el perfume sino que rompe el vaso en que se halla contenido. Geto excesivo y de gratuidad un tanto loca que sólo el amor puede explicar y justificar.

¿A qué viene ese despilfarro?, dicen quienes tienen un poco más de sentido práctico. ¿A qué viene el ser cristiano? ¿Para qué orar? ¿A qué viene el ayunar? ¿A qué viene el ser monje? ¿Y la Misa de los Domingos? Quienes se ven atormentados por las subidas y bajadas de sus acciones en Bolsa se plantean de continuo este tipo de preguntas. ¿Para qué? ¿A qué viene semejante despilfarro?

Este despilfarro no vale para nada, pero tiene un significado profundo. Al romper su vaso de alabastro y derramar el aceite perfumado sobre la cabeza de Jesús, cosa que hacían los profetas del Antiguo Testamento al instituir a los reyes. esta mujer reconoce a Jesús como Mesías. El mismo Jesús, por su parte da a este gesto un sentido ulterior. Ha dado ya su vida y este gesto es ya su sepultura. En efecto, al final del Evangelio, tras la sepultura de Jesús, menciona Marcos de manera lacónica la presencia de María Magdalena y de la otra María, la madre de José, que contemplan el lugar en que se ha colocado el cadáver. En la mañana de Pascua volverán con sus aromas, pero no les será posible embalsamar el cuerpo de Jesús, porque ya no se encuentra allí. Este gesto de la mujer en Betania es, por consiguiente, propiamente hablando el amortajamiento, ya antes de su muerte. Y este gesto de gratuidad se contrapone al gesto de Judas, que entregará a Jesús por el dinero que lo es a todos los cálculos políticos de los dirigentes del pueblo, así como de Herodes y de Pilato.

Ojalá nos enseñe el ejemplo de esta mujer a ofrecer gestos locos de desapropiación, que para nada sirven, pero cuya fuerza simbólica transforma a quienes los ofrecen así como a quienes son objeto de los mismos.

A. Veilleux

Domingo de Ramos

Jesús llega a Jerusalén. La ciudad y el momento en que esto sucede indican el trágico final que allí le espera. Jesús lo sabe. Pero lo sorprendente es que no se acerca a la derrota final como un derrotado, ni entra en la ciudad como un triunfador victorioso. Con una sencillez, una humildad y una bondad que impresionan, organiza él mismo la entrada para que sea, no la ostentación triunfal de un vencedor, sino una manifestación popular de paz y alegría de las gentes más humildes y sencillas, los que siempre le han acompañado y han estado con él. Ciertamente, un emperador no entraría, en la capital de su reino, montado en un pollino, sino en un caballo.

El borrico en el que monta, los discípulos que le aclaman, los hechos prodigiosos que en ese momento recuerdan (prodigios que han dado vida a los enfermos y alimento a los pobres) y las aclamaciones de paz y gloria en el cielo, todo eso no evoca sino el logro de las aspiraciones de los más débiles y desamparados de este mundo. En Jesús triunfa todo lo que en el orden presente fracasa. Tal es el significado más profundo de la entrada de Jesús en Jerusalén.

El relato -según Lucas- presenta a los fariseos protestando y exigiendo reprensión para los humildes y sencillos. La religión puede endurecer (y endurece) el corazón de no pocas personas. Eso se nota en que solo quieren que triunfe la religión. Y no soportan que sea el pueblo humilde el que cante de alegría.

José María Castillo

Ecclesia en Medio Oriente – Benedicto XVI

3. Por lo que respecta a la fe cristiana, la «comunión es la vida misma de Dios que se comunica en el Espíritu Santo, mediante Jesucristo»[1]. Es un don de Dios que interpela nuestra libertad y espera nuestra respuesta. Precisamente por su origen divino, la comunión tiene una dimensión universal. Aun cuando atañe de manera imperativa a los cristianos, en razón de su fe apostólica común, no deja de estar menos abierta para nuestros hermanos judíos y musulmanes, y para todos aquellos que, de diversas formas, están también ordenados al Pueblo de Dios. La Iglesia católica en Oriente Medio sabe que no puede manifestar plenamente esta comunión en el plano ecuménico e interreligioso si no la reaviva ante todo en ella misma, en el seno de cada una de sus Iglesias, entre todos sus miembros: patriarcas, obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos. La profundización de la vida de fe personal y de renovación espiritual interna de la Iglesia católica permitirá la plenitud de vida de gracia y la teosis (divinización)[2]. Así se dará credibilidad al testimonio.


[1] Homilía en la apertura de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio (10 octubre 2010): AAS 102 (2010), 805.

[2] Cf. Propositio 4.

Lectio Divina – 25 de marzo

Lectio: Domingo, 25 Marzo, 2018

La Pasión y Muerte de Jesús según Marcos
El derrumbe final como nueva llamada
Marcos 14,1 – 15,47

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura de la Pasión y Muerte de Jesús según Marcos (Mc 14,1 a 15,47)

a) Clave de lectura

Generalmente, cuando leemos la historia de la pasión y muerte, miramos a Jesús y el sufrimiento que le infligieron. Pero vale la pena mirar también, por lo menos una vez, a los discípulos y ver cómo reaccionaron ante la cruz y como la cruz tuvo repercusiones en sus vidas; ¡porque la cruz sirve de piedra de comparación!
Marcos escribe para las comunidades de comienzos de los años setenta. Muchas de estas comunidades, tanto de Italia como de Siria, vivían su propia pasión. Se confrontaban con la Cruz de varios modos. Habían sido perseguidas en la época de Nerón, por los años sesenta, y muchos habían muerto, despedazados por feroces bestias. Otros habían traicionado, negado o abandonado su fe en Jesús, como por ejemplo Pedro, Judas y los discípulos. Otros se preguntaban: “¿Resistiré la persecución?”. Otros ya estaban cansados después de haber perseverados durante tantos esfuerzos, casi sin resultados. Entre los que habían abandonado la fe, algunos se preguntaban si fuese posible todavía volver a la comunidad. Querían recomenzar el camino, pero no sabían si el regreso era posible o no. ¡Una rama cortada no tiene raíces! Todos ellos tenían necesidad de motivaciones nuevas y fuertes para poder emprender de nuevo el camino. Tenían necesidad de una experiencia renovada del amor de Dios que superase los errores humanos. Pero, ¿dónde encontrarla?
Tanto para ellos como para todos nosotros, una respuesta se encuentra en los capítulos del 14 al 16 del Evangelio de Marcos, que describen la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. Porque en la pasión de Jesús, momento de la más grande derrota de los discípulos, se encuentra escondida la más grande esperanza. Miramos en el espejo de estos capítulos, para ver cómo los discípulos reaccionaron ante la cruz y como Jesús reacciona a la infidelidad y debilidad de los discípulos. Tratemos de descubrir cómo Marcos anima la fe de las comunidades y cómo describe quién es verdaderamente discípulo de Jesús.

b) Mirando en el espejo de la pasión para saber cómo ser un discípulo fiel

* Marcos 14,1-9: Introducción a la historia de la pasión y muerte de Jesús

Marcos 14,1 - 15,471 Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. 2 Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo.»
3 Estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. 4 Había algunos que se decían entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume? 5 Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres.» Y refunfuñaban contra ella.6 Mas Jesús dijo: «Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. 7 Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre. 8 Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. 9 Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»

Marcos 14,1-2: La conspiración contra Jesús
Al término de su actividad misionera, llegando a Jerusalén, Jesús es esperado por los hombres que detentan el poder: Sacerdotes, Ancianos, Escribas, Fariseos, Saduceos, Herodianos, Romanos. Ellos tienen en sus manos el control de la situación……..no permitirán que Jesús, un carpintero del interior de la Galilea, provoque desórdenes. La muerte de Jesús ya había sido decidida por ellos (Mc 11,18; 12,12). Jesús era un hombre condenado. Ahora se cumplirá lo que Él mismo había anunciado a los discípulos: ”El Hijo del Hombre será entregado y muerto” (cf. Mc 8,31; 9,31; 19,33). Este el fondo de la historia de la pasión que sigue.
La historia de la pasión indicará que el verdadero discípulo que acepta seguir a Jesús, el Mesías Siervo, y hacer de su vida un servicio a los hermanos, debe cargar la cruz y caminar tras las huellas de Jesús. Si la historia de la pasión pone el acento en el abandono y fallo de los discípulos, no es para desanimar a los lectores. ¡Al contrario!, más bien es para resaltar que la acogida y el amor de Jesús superan el abandono y el fallo de los discípulos.

Marcos 14,3-9: Una fiel discípula
Una mujer, cuyo nombre no se da, unge a Jesús con un perfume muy caro (Mc 14,3). Los discípulos critican su gesto. Piensan que es un derroche (Mc 14, 4.5). Pero Jesús la defiende: “¿Por qué la molestáis? Ella ha cumplido conmigo una buena obra. Ha ungido anticipadamente mi cuerpo para la sepultura” (Mc 14,6.8). En aquel tiempo, para quien iba a morir en una cruz, no estaba prevista una sepultura, ni podía ser embalsamado. Sabiendo esto, la mujer se anticipa y unge el cuerpo de Jesús antes de la condena y de la crucifixión. Con este gesto, indica que acepta a Jesús como Mesías Siervo que morirá en cruz. Jesús comprende el gesto de la mujer y lo aprueba. Antes Pedro había rechazado al Mesías Crucificado (Mc 8,32). Esta mujer anónima es la discípula fiel, modelo para sus discípulos que no han entendido nada. El modelo para todos, “ en todo el mundo” (Mc 14,9).

* Marcos 14,10-31: Comportamiento de los discípulos ante la Cruz

10 Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. 11 Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno.
12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?» 13 Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14 y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ 15 Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.» 16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
17 Y al atardecer, llega él con los Doce.18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.» 19 Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?» 20 Él les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. 21 Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
22 Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo.» 23 To – mó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. 24 Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. 25 Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
26 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. 27 Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. 28 Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.» 29 Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no.» 30Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.» 31 Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Lo mismo decían también todos.

Marcos 14,10-11: Judas decide traicionar a Jesús
En contraste total con la mujer, Judas, uno de los doce, decide traicionar a Jesús y conspira con los enemigos que le prometen dinero. Sigue viviendo con Jesús, con el único objetivo de tener una oportunidad para entregar a Jesús. Y, en la época en que Marcos escribía su Evangelio, había discípulos que esperaban la ocasión propicia para abandonar la comunidad que les traía tanta persecución. O, quien sabe, quizás esperaban conseguir cualquier ventaja entregando a sus compañeros. ¿Y hoy?

Marcos 14,12-16: Preparación de la Cena Pascual
Jesús sabe que será entregado, pero a pesar de la traición por parte del amigo, vive en clima de fraternidad la última Cena Pascual con los discípulos. Seguramente se había gastado mucho dinero para la sala, “aquella grande sala en el piso alto, con tapetes” (Mc 14,15). Porque era la noche de Pascua. La ciudad estaba llena de gente a causa de la fiesta. Era difícil encontrar y reservar un lugar.

Marcos 14,17-21: Anuncio de la Traición de Judas
Estando reunidos por última vez, Jesús anuncia que uno de los discípulos lo traicionará, “¡uno de vosotros que come conmigo!” (Mc 14,18). Este modo de hablar de Marcos acentúa el contraste. Para los judíos, comer juntos, la comunión de la mesa, era la máxima expresión de la intimidad y de la confianza. Así, entre líneas, Marcos manda el siguiente mensaje a los lectores: la traición se cumplirá por manos de alguien muy amigo, pero el amor de Jesús ¡es más grande que la traición!

Marcos 14,22-25: La Eucaristía, la celebración de la Cena Pascual
Durante la celebración, Jesús realiza un gesto: compartir. Distribuye el pan y el vino, expresión del don de sí, e invitó a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre. El evangelista coloca este gesto de donación (Mc 14,22-25) entre el anuncio de la traición (Mc 14,17-21) y el de la fuga y negación (Mc 14,26-31). Así, acentuando el contraste entre el gesto de Jesús y el de los discípulos, revela para las comunidades de aquel tiempo y para todos nosotros la inmensa gratuidad del amor de Jesús que supera la traición, la negación y la fuga de los amigos.

Marcos 14,26-28: El anuncio de la huída de todos.
Terminada la cena, mientras se dirigía con sus amigos hacia el Monte de los Olivos, Jesús anuncia que todos lo abandonarán. ¡Huirán y se dispersarán! Pero desde entonces avisa: “¡Pero después de mi resurrección, os precederé en Galilea!” (Mac 14.28). Ellos rompen con Jesús, pero Jesús no rompe con ellos. Él continúa esperando en el mismo lugar, allí en Galilea, donde tres años antes los había llamado por primera vez. ¡La certeza de la presencia de Jesús en la vida del discípulo es más fuerte que el abandono y que la huída! El volver es siempre posible.

Marcos: 14,29-31: El anuncio de la negación de Pedro
Simón, que era llamado Cefas (piedra), es todo menos piedra. Ha sido ya “piedra de escándalo” (Mt 16,23) y Satanás para Jesús (Mc 8,33) y ahora pretende ser el discípulo más fiel de todos. “¡Aunque todos se escandalicen, yo no! (Mc 14,29). Pero Jesús avisa: Pedro, tu serás el primero en negarme, antes de que cante el gallo.

* Marcos 14,32-52: El comportamiento de los discípulos en el Huerto de los olivos

32 Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración.» 33 Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. 34 Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.» 35 Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. 36 Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 37 Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? 38 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» 39 Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. 40 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. 41 Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»
43 Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. 44 El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela.» 45 Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso. 46 Ellos le echaron mano y le prendieron. 47 Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja. 48 Y tomando la palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? 49 Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan las Escrituras.» 50 Y abandonándole huyeron todos. 51 Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. 52 Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.

Marcos 14,32-42: El comportamiento de los discípulos durante la agonía de Jesús
En el Huerto, Jesús entra en agonía y pide a Pedro, a Santiago y Juan que oren por Él. Está triste, comienza a tener miedo, y busca el apoyo de los amigos. Pero ellos duermen. No fueron capaces de vigilar una hora con Él. ¡Y esto hasta por tres veces! De nuevo, ¡el contraste entre la conducta de Jesús y los tres discípulos es inmenso! Es aquí, en el Huerto, en la hora de Jesús, donde se desintegra el ánimo de los discípulos. ¡No queda nada!

Marcos 14,43-52: La conducta de los discípulos durante el arresto de Jesús
Con el caer de la noche, llegan los soldados, guiados por Judas. El beso, señal de amistad y de amor, se convierte en señal de traición. Judas no tiene el valor de asumir su traición. Lo enmascara. Durante el arresto, Jesús permanece tranquilo, señor de la situación. Trata de leer el significado del suceso: “Se cumplirá por tanto las Escrituras” (Mc 14,49). Pero los discípulos todos lo abandonaron y huyeron (Mc 14,5) No queda nadie. ¡Jesús se queda sólo!

* Marcos 14,53-15,20: El proceso: diversas visiones del Mesías en conflicto

53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.54 También Pedro le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los criados, calentándose al fuego. 55 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban.56 Pues muchos daban falso testimonio contra él, pero los testimonios no coincidían. 57 Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: 58 «Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres.» 59 Y tampoco en este caso coincidía su testimonio. 60 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?» 61Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?» 62 Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo.» 63 El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.
65 Algunos se pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina», y los criados le recibieron a golpes.
66 Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote 67 y, al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.» 68 Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un gallo.69 Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Este es uno de ellos.» 70 Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo.» 71 Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!» 72 Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a llorar.
15: 1 Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato.2 Pilato le preguntaba: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Él le respondió: «Sí, tú lo dices.» 3 Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. 4 Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.» 5 Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.
6 Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. 7 Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. 8 Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder. 9 Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?» 10 Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia. 11 Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a Barrabás. 12 Pero Pilato les decía otra vez: «Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el rey de los judíos?» 13 La gente volvió a gritar: «¡Crucifícale!» 14 Pilato les decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaron con más fuerza: «¡Crucifícale!» 15Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
16 Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. 17 Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. 18 Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, rey de los judíos!» 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. 20 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle.

Marcos 14,53-65. Condena de Jesús por parte del Tribunal Supremo
Jesús es conducido ante el tribunal del Sumo Sacerdote, de los Ancianos y de los Escribas, llamado también Sanedrín. Acusado por falsos testigos, Él calla. Sin defensa, es entregado en las manos de sus enemigos. Cumple así, cuanto ha sido anunciado por Isaías respecto al Mesías Siervo, que fue arrestado, juzgado y condenado como una oveja sin abrir la boca (cf. Is 53,6-8). Jesús interrogado asume el hecho de ser el Mesías: “¡Lo soy!”, pero lo asume bajo el título del Hijo del Hombre (Mc 14,62) . Finalmente es abofeteado por alguien que lo ridiculiza llamándolo Mesías Profeta. (Mc 14,65)

Marcos 14,66-72. La negación de Pedro.
Reconocido por la sirvienta como uno de los que estaban en el Huerto, Pedro niega a Jesús. Llegó a negarlo con juramento y maldición. Ni siquiera esta vez es capaz de asumir a Jesús como Mesías Siervo que da la vida por los demás. Pero cuando el gallo canta por segunda vez, él recuerda la palabra de Jesús y comienza a llorar. Es lo que sucede a los que tienen los pies con la gente, pero la cabeza perdida en la ideología de los herodianos y fariseos. Probablemente esta era la situación de muchos en las comunidades del tiempo en el que Marcos escribe su evangelio ¿Y hoy?

Marcos 15,1-20. Condena de Jesús por parte del poder romano
El proceso continúa su camino. Jesús es entregado al poder romano y por ellos condenado, acusado de ser el Mesías Rey (Mc 15,2; cf. Mc 15,25). Otros proponen la alternativa de Barrabás, “en la cárcel junto a los sediciosos” (Mc 15,7). Ellos ven en Jesús un Mesías Guerrero anti-romano. Después de haberlo condenado, le escupen, pero Él no abre la boca. Aquí de nuevo aparece el Mesías Siervo anunciado por Isaías (cf Is 50, 6-8)

* Marcos 15,21-39: Delante de la Cruz de Jesús en el Calvario

21 Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. 22 Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario.
23 Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó. 24 Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno. 25 Era la hora tercia cuando le crucificaron. 26 Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: «El rey de los judíos.» 27 Con él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda[28] .
29 Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, 30 ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!» 31Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. 32 ¡El Cristo, el rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También le injuriaban los que con él estaban crucificados.
33 Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. 34 A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?», -que quiere decir- «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» 35 Al oír esto algunos de los presentes decían: «Mira, llama a Elías.» 36 Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.» 37 Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.38 Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.»

Marcos 15,21-22. Simón carga con la cruz
Cuando Jesús fue conducido al lugar de la crucifixión, Simón de Cirene, un padre de familia, es obligado a cargar con la Cruz. Simón es el discípulo ideal que camina por la senda de Jesús. Él carga la cruz literalmente detrás de Jesús, hasta el Calvario.

Marcos 15,23-32. La crucifixión
Jesús es crucificado como un marginado, en medio de dos ladrones. De nuevo, el evangelio de Marcos evoca la figura del Mesías Siervo, del que Isaías afirma: “Se le dio sepultura junto a los impíos” (Is 53,9). El crimen que se le imputa es “¡Rey de los Judíos!” (Mc 15,25). Las autoridades religiosas ridiculizan e insultan a Jesús, diciendo: “¡Baja de la cruz, para que veamos y creamos!” (Mc 15,32). Soy como Pedro. Aceptaría a Jesús como Mesías, si no colgase de la Cruz. Como dice el canto: “Querían un gran rey que fuese fuerte, dominador y por esto no han creído en él y mataron al Salvador”.

Marcos 15,33-39: La muerte de Jesús
Abandonado por todos, Jesús da un gran grito y expira. El centurión, un pagano, que hacía la guardia, hace una solemne profesión de fe: “¡Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”!. Un pagano descubre y acepta lo que los discípulos no fueron capaces de descubrir y aceptar, a saber, reconocer la presencia del Hijo de Dios en el ser humano torturado, despreciado y crucificado. Como la mujer anónima al principio de estos capítulos (Mc 14,3-9), así, ahora al final, aparece otro discípulo modelo. ¡Es el centurión, un pagano!

* Marcos 15, 40-16,8: Ante el sepulcro de Jesús

40 Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, 41 que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
42 Y ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, 43 vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. 44Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo. 45 Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José, 46 quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto.
16: 1 Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. 2 Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. 3 Se decían unas a otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?» 4 Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. 5 Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. 6 Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. 7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.» 8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo…

Marcos 15,40-47. La sepultura de Jesús
Un grupo de mujeres está esperando desde lejos: María Magdalena, María, madre de Santiago y Salomé. Ellas no huyen. Continúan fieles hasta el fin. Son testigos de la muerte de Jesús. Y sucede que es de este grupo de donde nacerá el nuevo anuncio el domingo de Pascua. Les acompaña José de Arimatea, que ha pedido permiso para poder enterrar a Jesús. Al final, dos de ellas, permanecerán vecinas al sepulcro cerrado. Son también testigos de la sepultura de Jesús.

Marcos 16,1-8. El anuncio de la resurrección
El primer día de la semana, muy de madrugada, las mismas tres mujeres van a embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero encuentran el sepulcro abierto. Son testigos de la resurrección. Un ángel dice que Jesús ha resucitado y les da a ellas esta orden: “Id, decid a sus discípulos y en especial a Pedro que os precederá a Galilea. Allá lo veréis como os ha dicho” (Mc 16,7). En Galilea, sobre las orillas del lago, donde todo había comenzado, les recomendará de nuevo todo. ¡Es Jesús quien invita! Él no desiste, ni siquiera ante el abandono de los discípulos. ¡Llama de nuevo! ¡Llama siempre!

c) El desastre final como nueva llamada para ser discípulo

Esta es la historia de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, vista por parte de los discípulos. La frecuencia con que en ella se habla de la incomprensión y del fallo de los discípulos corresponde, muy probablemente, a un hecho histórico. Pero el interés principal del evangelista no consiste en narrar lo que ha sucedido en el pasado, sino que quiere provocar una conversión en los cristianos de su tiempo y hacer surgir en todos ellos y en todos nosotros una nueva esperanza, capaz de superar el desánimo y la muerte. Tres cosas sobresalen y deben ser consideradas a fondo:

i) El fallo de los elegidos:
Estos doce especialmente llamados y elegidos por Jesús (Mc 3,13-19) y por Él enviados a la misión (Mc 6,7-13), fallan. Fallo completo. Judas traidor, Pedro lo niega, todos huyen, ninguno queda. ¡Dispersión total! Aparentemente, no hay mucha diferencia entre ellos y las autoridades que decretan la muerte de Jesús. Como sucede con Pedro, también ellos quieren eliminar la cruz y quieren un Mesías glorioso, rey, hijo de Dios bendito. ¡Pero hay una profunda y real diferencial! Los discípulos, a pesar de todos sus defectos y debilidades, no tienen malicia. No tienen mala voluntad. Son un retrato casi fiel de todos nosotros que caminamos por el sendero de Jesús, cayendo incesantemente, pero ¡levantándonos siempre!


ii) La fidelidad de los no elegidos:
Como contrapunto del fallo de algunos, aparece la fuerza de la fe de otros, de aquéllos que no formaban parte de los doce elegidos: 1. Una mujer anónima de Betania. Ella aceptó a Jesús como Mesías Siervo y, por esto, lo ungió, anticipándose así a la sepultura. Jesús la elogia. Ella es un modelo para todos. 2. Simón de Cirene, un padre de familia. Obligado por los soldados, hace lo que Jesús les había pedido a los discípulos que han huido. Lleva la cruz detrás de Jesús hasta el Calvario. 3. El centurión, un pagano. En la hora de la muerte, él hace la profesión de fe y reconoce al Hijo de Dios en el hombre torturado y crucificado, maldito según la ley de los judíos. 4. María Magdalena, María, la madre de Santiago y Salomé “y muchas otras mujeres que habían subido con él a Jerusalén (Mc 15,41). Ellas no abandonan a Jesús, sino que continúan con determinación a los pies de la cruz y cerca de la tumba de Jesús. 5. José de Arimatea, miembro del Sanedrín, que arriesgó todo pidiendo el cuerpo de Jesús para sepultarlo. Los Doce fallaron. La continuidad del mensaje del Reino no ha pasado a través de ellos, sino a través de otros, sobre todo mujeres, que recibirán laorden clara de hacer volver a los hombres tambaleantes (Mc 16,7). Y hoy, ¿por dónde pasa la continuidad del mensaje?


iii) El comportamiento de Jesús:
El modo con el que el evangelio de Marcos presenta el comportamiento de Jesús durante la narración de la pasión es para dar esperanza hasta al discípulo más desanimado y miedoso. Porque por grande que haya sido la traición y el abandono de los Doce, ¡el amor de Jesús ha sido siempre más grande! En la hora del anuncio de la huida de los discípulos, ya advierte que le esperen en Galilea. Incluso sabiendo que se daría la traición (Mc 14.18), la negación (Mc 14,30) y la huida (Mc 14,27), cumple el gesto de la Eucaristía…… Y en la mañana de Pascua, el ángel, a través de las mujeres, envía un mensaje a Pedro que lo negó y a todos los que huyeron:¡Deben encontrarse en Galilea! Allí donde todo había comenzado, allí recomienza todo de nuevo. El fallo de los doce no provoca una rotura de la alianza sellada y confirmada en la sangre de Jesús.

d) El modelo del discípulo: Seguir, Servir, Subir

Marcos pone de relieve la presencia de las mujeres que siguen y sirven a Jesús desde el tiempo en que se hallaba en Galilea y que habían subido con Él a Jerusalén (Mc 15,40-41). Marcos usa tres palabras para definir la relación de las mujeres con Jesús: ¡Seguir! ¡Servir! ¡Subir! Ellas “seguían y le servían” a Jesús y junto con otras mujeres “subieron con Él a Jerusalén” Son las tres palabras que definen al discípulo o discípula ideal. Son el modelo para los otros discípulos que habían huido.
* Seguir describe la llamada de Jesús y la decisión de seguirlo (Mc 1,18). Esta decisión supone dejar todo y correr el riego de ser matados (Mc 8,34; 10,28).
* Servir indica que ellas son verdaderas discípulas, porque el servicio es la característica del discipulado y de Jesús mismo (Mc 10,42-45).
* Subir indica que ellas son las testigos fieles de la muerte y de la resurrección de Jesús, porque, como los discípulos, lo acompañarán desde la Galilea hasta Jerusalén (Act 13,31). Testificarán la resurrección de Jesús, darán testimonio también de todo cuanto ellas mismas ven y experimentan. Es la experiencia de nuestro bautismo. “Por medio del bautismo hemos sido sepultados con Él en la muerte, porque como Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rom 6,4). Por medio del bautismo, todos participamos de la muerte y resurrección de Jesús.

3. Para ayudar a reflexionar

i) ¿Qué me ha llamado más la atención en el comportamiento de los doce apóstoles y en la conducta de las mujeres durante la pasión y muerte de Jesús? ¿Qué hubiera hecho tú si hubieras estado presente? ¿Hubieras actuado como los hombres o como las mujeres?
ii) ¿Qué es lo que te ha llamado más la atención en el comportamiento de Jesús con respecto a los discípulos en la narración de su pasión y muerte? ¿Por qué?
iii) ¿Cuál es el mensaje especial de la narración de la pasión y muerte en el evangelio de Marcos? ¿Has conseguido descubrir las diferencias entre la narración del evangelio de Marcos y los otros evangelios? ¿Cuáles?

4. Oración de un Salmo: Salmo 22 (21)

El Salmo que Jesús recitó sobre la Cruz

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Estás lejos de mi queja, de mis gritos y gemidos.
Clamo de día, Dios mío, y no respondes,
también de noche, sin ahorrar palabras.

¡Pero tú eres el Santo, entronizado
en medio de la alabanza de Israel!
En ti confiaron nuestros padres,
confiaron y tú los liberaste;
a ti clamaron y se vieron libres,
en ti confiaron sin tener que arrepentirse.

Yo en cambio soy gusano, no hombre,
soy afrenta del vulgo, asco del pueblo;
todos cuantos me ven de mí se mofan,
tuercen los labios y menean la cabeza:
«Se confió a Yahvé, ¡pues que lo libre,
que lo salve si tanto lo quiere!».

Fuiste tú quien del vientre me sacó,
a salvo me tuviste en los pechos de mi madre;
a ti me confiaron al salir del seno,
desde el vientre materno tú eres mi Dios.
¡No te alejes de mí, que la angustia está cerca,
que no hay quien me socorra!
Novillos sin cuento me rodean,
me acosan los toros de Basán;
me amenazan abriendo sus fauces,
como león que desgarra y ruge.

Como agua me derramo,
mis huesos se dislocan,
mi corazón, como cera,
se funde en mis entrañas.
Mi paladar está seco como teja
y mi lengua pegada a mi garganta:
tú me sumes en el polvo de la muerte.

Perros sin cuento me rodean,
una banda de malvados me acorrala;
mis manos y mis pies vacilan,
puedo contar mis huesos.
Ellos me miran y remiran,
reparten entre sí mi ropa
y se echan a suertes mi túnica.

Pero tú, Yahvé, no te alejes,
corre en mi ayuda, fuerza mía,
libra mi vida de la espada,
mi persona de las garras de los perros;
sálvame de las fauces del león,
mi pobre ser de los cuernos del búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
reunido en asamblea te alabaré:
«Los que estáis por Yahvé, alabadlo,
estirpe de Jacob, respetadlo,
temedlo, estirpe de Israel.

Que no desprecia ni le da asco
la desgracia del desgraciado;
no le oculta su rostro,
le escucha cuando lo invoca».
Tú inspiras mi alabanza en plena asamblea,
cumpliré mis votos ante sus fieles.
Los pobres comerán, hartos quedarán,
los que buscan a Yahvé lo alabarán:
«¡Viva por siempre vuestro corazón!».
Se acordarán, volverán a Yahvé
todos los confines de la tierra;
se postrarán en su presencia
todas las familias de los pueblos.
Porque de Yahvé es el reino,
es quien gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se humillarán los que bajan al polvo.

Y para aquel que ya no viva
su descendencia le servirá:
hablará del Señor a la edad venidera,
contará su justicia al pueblo por nacer:
«Así actuó el Señor».

5. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

La multitud debe restituir a los individuos que tiene prisioneros

…Pero la mujer no lo sabe

Antecedentes. En una esquina del atrio de la iglesia estaba, como cada año, el montón de ramos de olivo. La celebración solemne empieza allí. Dentro de poco saldrá el párroco, revestido de ornamentos rojos, escoltado por un clérigo joven, que en estas ocasiones tiene mucho que hacer para organizar la liturgia y dirigir los cantos.

Distribución y bendición de los ramos de olivo, proclamación del evangelio (que yo llamo del «borriquillo»: finalmente un animal tratado, en el área del templo, con los honores que se merece, lo que desgraciadamente no sucede con el cordero pascual, destinado a nuestras «liturgias gastronómicas»). Después la procesión para recordar «la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén» (pero ese «triunfal» es un adjetivo que suscita muchas perplejidades).

En los alrededores de la iglesia había más gente de la acostumbrada. Esta es una de las ocasiones del año en la que muchos se colocan algún pálido signo de la tradición religiosa.

Recientemente un obispo ha hablado incluso de «travestismo religioso». En mi ánimo surge siempre una pregunta, a la que hasta ahora no he logrado dar una respuesta satisfactoria: ¿residuo de fe o reclamo folclórico? Quizás las dos cosas a la vez.

Se ven personas que quieren dar la impresión de que están allí por casualidad. El domingo, por ejemplo, he divisado a Miguelón, un tipo que tiene más familiaridad con las mesas del bar que con los bancos de la iglesia. La mujer, enferma, después de quién sabe cuántas súplicas, debe haberle convencido para que fuera a coger el ramito de olivo («tenemos necesidad de la bendición del Señor para esta casa desgraciada…», le debe haber dicho).

El, discretamente, se ha acercado al montón y furtivamente ha cogido un ramito. Le he hecho caer en la cuenta de que el olivo todavía no estaba bendecido, pero él, después de un momento de duda, ha levantado los hombros diciendo: «Pero mi mujer no lo sabe…».

Y, empuñando con cierto embarazo el pequeño trofeo arrebatado prematuramente, se ha metido en el bar más cercano. Misión cumplida, sin muchas pérdidas, ni siquiera de tiempo.

He pensado que aquel bocazas ha tenido, al menos una vez, un gesto de delicadeza para su mujer. La bendición fallida quedaría suplida por la fe de la señora.

Elegir la parte

Después de la lectura de la pasión, siguiendo la narración de Marcos, el párroco ha enfocado su breve sermón hablando de la necesidad de «elegir nuestra parte». Y, para facilitarnos la tarea, ha pasado en rápida revista los diversos personajes que aparecen en esa narración: Judas, Pedro, el sumo sacerdote, los soldados, Pilato, Barrabás, el Cirineo, las piadosas mujeres…

Ha insistido en la provocación: «¿En cuál de estos individuos te reconoces? ¿qué papel te gustaría desempeñar?». Y nos ha puesto entre la espada y la pared, bloqueando cualquier escapatoria: «Cuidado, porque no está permitido permanecer neutrales. Hay que tomar postura personalmente en este drama que se repite y compromete a todos, sin que nadie quede excluido.

Después ha hecho alusión al papel de la muchedumbre, pero huyendo de la trampa de esa observación, de la que se ha abusado tanto, acerca de la volubilidad de la muchedumbre que «pasa fácilmente del hosanna al crucifícalo».

Ha preferido hablar de las manifestaciones de masa que caracterizan gran parte del cristianismo de hoy, enfermo de espectacularismo. Ha confesado, abiertamente, que él no se abandona a los fáciles entusiasmos debidos a las cifras que se exhiben y a las coreografías costosas bien orquestadas. Yo me he sentido perfectamente en sintonía con él.

Ha observado que «hay algo que no funciona en esas concentraciones grandiosas… en la base debe existir un equívoco… existe el peligro de adhesiones superficiales… se apunta excesivamente hacia la emotividad y el entusiasmo pasajero… y el crecimiento o quizás sólo el estímulo en la fe quedan por demostrar», y así siguió desconfiando.

Matada la espontaneidad

Por mi parte, creo que he descubierto al menos una cosa que no funciona: la organización. Por favor, no es que falte la organización y que se deje a la improvisación (¡ojalá!): lo malo es que hay demasiada y termina por hacerse sofocante. El peligro está precisamente en el exceso de organización. Todo previsto, calculado, ordenado. Para acceder a ciertas concentraciones, hace falta llevar entrada, como para el fútbol o para los conciertos. Por algo, además de las plazas, se utilizan los estadios, y en ciertos casos se contratan divos del espectáculo, de convicciones religiosas más bien dudosas (dejando aparte la conducta moral).

Hay una dirección que regula todo, y no deja nada a la improvisación. Por el contrario en Jerusalén, aquel día «muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo». Y el celebrante no fue a revestirse en la sacristía: «Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó». En cuanto a los cantos, no había necesidad de que los entonaran los seminaristas: «Los que iban delante y detrás, gritaban…».

Hoy, en la mayor parte de los casos, la multitud, por decirlo de alguna manera, queda secuestrada, tenida como rehén. La gente debe limitarse a asistir, admirar, padecer todo lo ya predispuesto cuidadosamente. Al pueblo se le impide toda acción, todo gesto espontáneo. La única libertad que se le concede es la de aplaudir. No es raro que los cantos sean adjudicados al coro, que hace la parte del león, y al pueblo sólo le deja las migajas de alguna exclamación esporádica.

Falta la naturalidad, el movimiento. La programación excluye la imprevisibilidad. Estas son, al menos, mis impresiones.

El predicador, por su parte, ha declarado que ciertas concentraciones oceánicas de multitudes sólo estarían justificadas en el caso que algún individuo rechazase ser multitud, se arrancase de la masa y comenzase a pensar con su cerebro, tuviese el coraje de tomar decisiones personales, asumiese opciones sin parar mientes en lo que hacen los otros o en lo que quisieran imponerle.

Ha dicho, citando a un autor del que no me he quedado con el nombre, que Jesús afronta las multitudes «para arrancar de ellas unos individuos libres». Así sea.

A. Pronzato

¿Qué significa llevar un ramo?

A menudo utilizamos un ramo en múltiples ocasiones: un enamorado se lo regala a su amada; lo llevamos como regalo para felicitar a alguien por su santo o cumpleaños; lo utilizamos para adornar la mesa en una comida especial; con motivo de algún acto solemne, litúrgico o civil, se adorna el lugar con algunos ramos; también lo llevamos a un enfermo; en los funerales hacemos llegar un ramo para expresar nuestro afecto al difunto; a los vencedores de una competición se les entrega un ramo junto con la medalla o copa; en una entrega de premios, o al finalizar una actuación, también suele entregarse un ramo al artista… Como vemos, a un mismo gesto le damos diferentes significados: amor, amistad, decorativo, esperanza, condolencia, victoria, triunfo…

Hoy es Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa, los días más importantes para nosotros, los días en que Dios, por medio de su Hijo, nos da las mayores pruebas de su amor.

Y hoy, en prácticamente todas las iglesias, antes de la Eucaristía principal, se habrá realizado la bendición de los ramos y posterior procesión. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Como indica la monición propia de este día: Hoy, cercana ya la Noche santa de Pascua, nos disponemos a inaugurar la celebración de los misterios de la pasión y resurrección de Jesucristo. Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, le acompañamos…

Y le acompañamos con nuestros ramos. Y en este comienzo de la Semana Santa, deberíamos preguntarnos qué significa para nosotros llevar esos ramos, qué significado le damos: ¿Es sólo una tradición, igual que estrenar alguna prenda de ropa en este día? ¿Lo hacemos porque es algo bonito ver a la gente con los ramos? ¿Buscamos destacar sobre los demás, con un ramo o una palma muy elaborado? ¿Le damos un sentido supersticioso, creemos que el ramo bendecido tiene alguna propiedad curativa o sirve para protegernos del mal?

Son muchas las personas que dan alguno de estos significados al hecho de llevar un ramo; incluso no participan posteriormente en la Eucaristía: una vez “su ramo” ha recibido la bendición, se van. Sin embargo, tras la bendición de los ramos y la procesión, en la Eucaristía la Palabra de Dios nos va a mostrar, en la 1ª lectura, a Jesús como el Siervo anunciado por Isaías, quien en medio de su sufrimiento siente la cercanía de Dios y exclama: Mi señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido, convirtiéndose en esperanza para todos los que soportan cualquier sufrimiento.

Y en la 2ª lectura, san Pablo nos ha recordado hasta dónde ha llegado Dios por amor hacia nosotros: tomó la condición de esclavo… se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Y en el relato de la Pasión reviviremos esta entrega total de Jesús.

Por eso, si al hecho de llevar un ramo no le damos el sentido correcto, si sólo nos importa el ramo, nos perderemos lo único que da sentido no sólo a este día, sino a toda la Semana Santa: el amor de un Dios que sufre hasta la muerte para darnos vida a todos. 

Los ramos que hoy llevamos significan que queremos seguirle, que también nosotros hemos optado por cargar con la misma cruz de Jesús y entregar nuestra vida al servicio de los demás. No seamos como aquéllos que aclamaron a Jesús al entrar en Jerusalén, pero luego olvidaron lo que decía e incluso pidieron que lo crucificaran.

Vivamos la Semana Santa: tendremos tiempo y ocasiones para la oración, para la celebración, para la contemplación… Y además, no la vivamos “solos”, aislados, hagámoslo en nuestra comunidad parroquial. Así, juntos, celebraremos los tres momentos claves de esta Semana, que marcan toda nuestra existencia: nos reuniremos con Jesús y los hermanos para recibir su Cuerpo y su Sangre; estaremos al pie de la cruz con María y el discípulo amado; y con María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, proclamaremos que ha resucitado, para seguirle después en la vida cotidiana.

Identificado con las víctimas

Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.

No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del imperio y con los olvidados por la religión del templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado de Jesús Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar a Jesús en la Cruz y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras, la miseria…

Dios nos sigue apelando desde los crucificados de nuestros días. No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Nos hemos de rebelar contra esa cultura del olvido, que nos permite aislarnos de los crucificados desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No nos podemos encerrar en nuestra «sociedad del bienestar», ignorando a esa otra «sociedad del malestar» en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido muerte. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro de Jesús Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros,están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 25 de marzo

Del triunfo a la cruz
 
      El Domingo de Ramos es llamado también el Domingo de Pasión. Dos nombres diferentes para una misma realidad. Porque este domingo comienza con un ambiente de fiesta. Recordamos, haciendo incluso una procesión, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Por una vez, Jesús es aclamado por su pueblo. Se le reconoce como el nuevo David, el rey que todos esperaban. Claro que su entrada no es como la de un rey de los de la época. Su montura es un borrico, que no era exactamente la montura de los reyes. Los que le aclamaban formaban parte del pueblo bajo. Seguro que no había muchos sacerdotes ni escribas entre ellos. Los sacerdotes y los escribas estarían más bien pensando en como librarse de él. Así que el triunfo y la cruz se comienzan ya a mezclar. Del mismo modo que la liturgia une esas dos realidades en este día. 
      Porque de la procesión pasamos a la misa y, en ésta, las lecturas nos sitúan frente a la muerte de Jesús y su significado. Jesús es el que se entrega a sí mismo a la muerte para cumplir la voluntad de Dios, su Padre, y confía totalmente en él a la hora de su entrega final, como dice el profeta Isaías en la primera lectura. Jesús, es el mismo Dios que entrega su vida por nosotros, que no hace alarde su categoría de Dios, que se somete incluso a la muerte. Y es a través de esa entrega como se va a convertir en signo de salvación para todos. “Ante él se doblará toda rodilla”, como dice san Pablo en la segunda lectura. 
      Comenzamos así la Semana Santa. Éste es el pórtico grande en que nos situamos: en Jesús el triunfo mayor es el momento de su muerte. Lo que para nosotros es el máximo dolor, el mayor sin-sentido, para Dios es la oportunidad de proclamar su amor por todos los hombres de la forma más solemne posible. Ya no sabemos qué parte es la más triunfal, si su entrada sobre un borrico en Jerusalén mientras que unos pobres gritan y agitan ramas de olivo, o el momento de la cruz, en el que sólo, abandonado de todos los suyos, firma con su propia sangre que toda su vida ha querido estar al servicio del reino de Dios, ha querido ser un testimonio viviente de su amor por los hombres y mujeres y que su entrega es para que todos tengamos vida y vida en abundancia. 
      Sólo queda una pregunta pendiente: ¿Dónde estamos nosotros en toda esta historia? Porque Jesús está entregándose por nosotros, por cada uno de nosotros. Cuando levantamos la mirada y lo vemos, en el borrico o en la cruz, encontramos lo mismo: sus ojos nos miran y nos dicen que lo da todo para que seamos felices, para que vivamos, para que nos amemos. Al menos que durante esta semana, sepamos permanecer cerca de Jesús. No es necesario decir muchas palabras. En silencio pero cerca de Él. Sin distraernos en los detalles superficiales. Simplemente, dejando que llegue a nuestro corazón la hondura de su amor, de su entrega por nosotros. Para que tengamos vida y vida en abundancia. 
Fernando Torres, cmf