Vísperas – Miércoles Santo

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: VENGO, SEÑOR, CABE LAS IGNEAS HUELLAS

Vengo, Señor, cabe las ígneas huellas
de tus sacras heridas luminosas:
quíntuple abrir de inmarcesibles rosas,
suma constelación de cinco estrellas.

Vengo a poblar sus oquedades bellas,
a estudiar en sus aulas silenciosas,
y a beber, con ternuras dolorosas,
la miel de acíbar que pusiste en ellas.

Cuando zozobre mi valor, inerme,
y vaya en turbias ansias a abismarme
y llagado también llegue yo a verme,

deja a tus dulces llagas allegarme,
y en sus íntimos claustros esconderme,
y en su divina suavidad curarme. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dijeron los impíos: «Oprimamos al justo, porque se enfrenta a nuestro modo de obrar.»

Salmo 61 – DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dijeron los impíos: «Oprimamos al justo, porque se enfrenta a nuestro modo de obrar.»

Ant 2. Él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.

Salmo 66 – QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.

Ant 3. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

LECTURA BREVE   Ef 4, 32–5, 2

Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo. Sed en una palabra, imitadores de Dios, como hijos amados que sois. Y vivid en el amor a ejemplo de Cristo, que os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia.

RESPONSORIO BREVE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Maestro dice: «Mi hora se acerca; en tu casa quiero celebrar yo la Pascua con mis discípulos.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Maestro dice: «Mi hora se acerca; en tu casa quiero celebrar yo la Pascua con mis discípulos.»

PRECES

Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión,
para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
concede a tus fieles obediencia y paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.

Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 28 de marzo

Lectio: Miércoles, 28 Marzo, 2018
Tiempo de Cuaresma
 
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 26,14-25
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?» Él les dijo: «Id a la ciudad, a un tal, y decidle: `El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.’» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. A atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.» Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Tú lo has dicho.»
 
3) Reflexión
• Ayer el evangelio habló de la traición de Judas y de la negación de Pedro. Hoy nos habla de nuevo de la traición de Judas. En la descripción de la pasión de Jesús de los evangelios de Mateo se acentúa fuertemente el fracaso de los discípulos. A pesar de la convivencia de los tres, nadie de entre ellos se queda para tomar la defensa de Jesús. Judas lo traiciona, Pedro lo niega, todos huyen. Mateo cuenta esto, no para criticar o condenar, ni para causar desaliento en los lectores y lectoras, sino para indicar que la acogida y el amor de Jesús superan la derrota y el fracaso de los discípulos. Esta forma de describir la actitud de Jesús era una ayuda para describir la actitud de Jesús hacia las comunidades en la época de Mateo. A causa de las frecuentes persecuciones, muchos se sentían desanimados y habían abandonado la comunidad, preguntándose: «¿Será posible volver? ¿Será posible que Dios nos acoge y perdona?» Mateo responde sugiriendo que nosotros podemos romper con Jesús, pero que Jesús nunca rompe con nosotros. Su amor es mayor que nuestra infidelidad. Este es un mensaje muy importante que recibimos del evangelio durante la Semana Santa.
• Mateo 26,14-16: La decisión de traicionar a Jesús. Judas toma la decisión, después que Jesús no acepta la critica de los discípulos respecto de la mujer que gastó un perfume muy caro solamente para ungir a Jesús (Mt 26,6-13). El fue hasta los sacerdotes y preguntó: “¿Cuánto me vais a dar si os lo entrego?” Combinaron treinta monedas de plata. Mateo evoca las palabras del profeta Zacarías para describir el precio combinado (Zc 11,12). Al mismo tiempo, la traición de Jesús por treinta monedas evoca la venta de José por sus propios hermanos, valorado por los compradores en veinte monedas (Gn 37,28). Evoca asimismo el precio de treinta monedas que hay que pagar si se hiere a un esclavo (Ex 21,32).
• Mateo 26,17-19: La preparación de la Pascua. Jesús era de Galilea. No tenía casa en Jerusalén. Pasaba la noche en el Monte de los Olivos (cf. Jn 8,1). En los días de fiesta de pascua, la población de Jerusalén se triplicaba por la cantidad de peregrinos que venían de todas partes. No era fácil para Jesús encontrar una sala grande para poder celebrar la pascua junto con los peregrinos que habían llegado con él desde Galilea. Manda a los discípulos para que se encuentre con una persona en cuya casa decidió celebrar la Pascua. El evangelio no ofrece ulteriores informaciones y deja que la imaginación complete las informaciones. ¿Era una persona conocida por Jesús? ¿Era un pariente? ¿Un discípulo? A lo largo de los siglos, la imaginación de los apócrifos completó la falta de información, pero con poca credibilidad.
• Mateo 26,20-25: Anuncio de la traición por Judas. Jesús sabe que va a ser traicionado. A pesar de que Judas está haciendo las cosas en secreto, Jesús está sabiendo. Sin embargo, trata de confraternizar con el círculo de amigos del que Judas forma parte. Estando todos reunidos por última vez, Jesús anuncia quién es el traidor. Es «aquel que ha metido conmigo la mano en el plato». Esta manera de anunciar la traición acentúa el contraste. Para los judíos la comunión en la mesa, colocar juntos la mano en el mismo plato, era la máxima expresión de amistad, de intimidad y de confianza. Mateo sugiere así que, a pesar de que la traición esté llevada a cabo por alguien muy amigo, ¡el amor de Jesús es mayor que la traición!
• Lo que llama la atención es la manera en que Mateo describe estos hechos. Entre la traición y la negación coloca la institución de la Eucaristía (Mt 26,26-29): la traición de Judas, antes (Mt 25,20-25); la negación de Pedro y la huida de los discípulos, luego (Mt 25,30-35). De este modo, destaca para todos nosotros la increíble gratuidad del amor de Jesús, que supera la traición, la negación y la huida de los amigos. Su amor no depende de lo que los demás hacen por él.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Soy capaz de ser como Judas y de negar y traicionar a Dios, a Jesús, a los amigos y amigas?
• En semana santa es importante reservar algún momento para darme cuenta de la increíble gratuidad del amor de Dios para mí.
 
5) Oración final
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor,
y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 68)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 7-12

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p style=»text-align:justify;»>«7Y Jesús se retiró con sus discípulos junto al mar; y siguió mucha multitud [proveniente] de Galilea y de Judea 8y de Jerusalén y de Idumea y de la zona del Jordán y de Tiro y Sidón; mucha multitud, oyendo todo lo que hacía, vino a él.
 9Y dijo a sus discípulos que le preparasen una barca, a causa de la muchedumbre, para que no le estrujaran. 10Porque había curado a muchos, de modo que caían sobre él para que los tocara todos cuantos tenían aflicciones.

11Y los espíritus inmundos, cuando lo veían, caían ante él y gritaban diciendo: “Tú eres el Hijo de Dios”. 12Y les abroncaba mucho para que no lo hiciesen manifiesto».

 

A la controversia sobre la curación realizada por Jesús en sábado y el pacto consiguiente entre los fariseos y los herodianos para liquidarle (3, 1-6), sigue ahora un pasaje que pone de relieve la otra parte de la respuesta que ofrecen a Jesús: así, aparecen multitudes que corren hacia él, desde todos los ángulos del mapa, personas que le piden que les cure y demonios que reconocen su soberanía (3, 7-12). Las reacciones de hombres y demonios ante Jesús están vinculadas por el uso de verbos semejantes: los hombres que sufren caen sobre él, agitados, queriendo tocarlo; y los espíritus inmundos caen ante él, confesando su identidad divina. La rápida y dramática sucesión de estos dos grupos que «caen» (sobre o ante Jesús) contribuye a destacar la sensación de la soberanía y del poder de Jesús en medio de una situación caótica (cf. Flp 2, 10-11).

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

6. Los participantes en la Asamblea sinodal han experimentado la unidad en el seno de la Iglesia católica, dentro de la gran variedad de factores geográficos, religiosos, culturales y sociopolíticos. La fe común se vive y se despliega de forma admirable en la diversidad de sus expresiones teológicas, espirituales, litúrgicas y canónicas. Al igual que mis predecesores en la Sede de Pedro, renuevo aquí mi voluntad de que «se conserven religiosamente y se promuevan los ritos de las Iglesias orientales, cual patrimonio de la Iglesia universal de Cristo, patrimonio en el que resplandece la tradición que proviene de los Apóstoles a través de los Padres y que afirma la unidad divina de la fe católica en la variedad»[3], asegurando a mis hermanos latinos mi afecto, atento a sus necesidades y requerimientos, según el mandamiento de la caridad que lo preside todo, y de acuerdo con las normas del derecho.


[3] Código de los cánones de las Iglesias orientales, c. 39; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas, 1; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Una esperanza nueva para el Líbano (10 mayo 1997), 40: AAS 89 (1997), 346-347, donde se desarrolla el tema de la unidad entre la Tradición apostólica común y las tradiciones eclesiales nacidas de ella en Oriente.

Comentario Domingo de Resurrección

ORACIÓN

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma.
Divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus 
siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.

 

Jn 20, 1-9

«1El primer día de la semana María Magdalena va de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, al sepulcro, y ve la losa quitada del sepulcro. 2Entonces echa a correr y va a donde Simón Pedro y el otro discípulo al que quería Jesús, y les dice: ‘Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto’.

3Así que salieron Pedro y el otro discípulo, e iban al sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5E, inclinándose, ve en el suelo los lienzos; pero no entró.

6Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y contempla los lienzos en el suelo, 7y el sudario que cubrió su cabeza, no con los lienzos en el suelo, sino plegado en un lugar aparte.
8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; y vio y creyó, 9pues hasta entonces no habían comprendido la Escritura, que él [Jesús] debía resucitar de entre los muertos.

[10Así que fueron de nuevo los discípulos a donde los suyos]».


¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Con el capítulo 20 comienza un nuevo día, el día de la Resurrección. La escena anterior corresponde a la sepultura de Jesús (Jn 19, 38-42), momento final de la Pasión y Muerte de Jesús, que en Juan tiene unas características muy particulares. El primer relato para tratar la Resurrección es éste que consideramos hoy, el relato del sepulcro vacío (20, 1-10). Después, vendrán dos relatos de apariciones: a María Magdalena (20, 11-18) y a los discípulos (20, 19-29). En ningún evangelio se nos narra la Resurrección en cuanto tal, pero cuentan con dos tradiciones (la del sepulcro vacío y la de apariciones) para expresar un hecho tan absolutamente nuevo y trascendental.

 

TEXTO

El evangelio pascual recoge prácticamente toda la perícopa (deja el v. 10), que tiene una parte introductoria (vv. 1-2), el cuerpo del texto, su parte central (vv. 3-9) y el versículo final (v. 10). En el cuerpo central podemos advertir tres movimientos: el que culmina con la llegada al sepulcro de Juan, sin entrar (vv. 3-5); la llegada y entrada al sepulcro de Pedro (vv. 6-7); la entrada de Juan, que termina el proceso ver-creer (vv. 8-9). La comunidad joánica reconoce la primacía de la petrina (aunque Juan llega primero, espera a que “entre” Pedro), pero se reserva para sí el paso primero a la fe pascual. La “cámara” del narrador se centra en el sepulcro (vv. 1.2.3.4.6.8), en los lienzos por el suelo (vv. 5.6.7), para que comprendamos que la historia de la pasión ha quedado definitivamente atrás y del ver pasemos al creer (vv. 1.5.6.8).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

  • María Magdalena había visto la losa quitada pero no sabe interpretar: en vez de anunciar que estaba quitada la losa, anuncia que han quitado al Señor. Lo que era señal de vida lo interpreta como signo de muerte. Por otra parte, el texto fija nuestra mirada en el sepulcro y en las señales de muerte (lienzos y sudario). Pedro las contempla pero no interpreta. Sólo “el otro discípulo” ve e interpreta bien, cree. Tenemos que ser conscientes del proceso de fe, de nuestras (posibles) falsas interpretaciones para comprender la Resurrección y las nuevas huellas del Resucitado entre nosotros, de nuestra (posible) superficialidad a la hora de “leer” los acontecimientos. ¿Eres consciente de esto? ¿Eres un creyente pasivo o superficial, o te preocupas por entender bien el misterio de la fe y sus consecuencias para tu vida?
  • El texto insiste en la premura, en el correr (todos los personajes corren). ¿Qué te sugiere esto? ¿Vives una fe y un compromiso “amodorrados”? ¿En qué aspectos has de poner más prisa para llegar a Jesús?
  • Entrar/no entrar: el discípulo que llega primero no entra hasta que llega el segundo, Simón Pedro. Es muestra de deferencia y educación, pero, conocidas las negaciones de Pedro (18,15- 17.25), es también un gesto de aceptación y reconciliación. La verdadera finura espiritual no presume ni se engríe, sino que sabe esperar al que va por detrás; es más un apoyo que un rival. Pero no se conforma “a la baja”: Juan pone en contraste a los dos discípulos al señalar solamente la fe del discípulo amado, que siempre había “precedido” a Pedro (13,23.25; 21,7).
  • La perícopa concluye en el versículo 10. Los discípulos vuelven a los suyos (a su casa). No anuncian lo sucedido. Para dar testimonio no basta saber que Jesús está vivo, hay que experimentarlo presente.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo de Resurrección

Domingo de Resurrección
01 de Abril 2018

hechos 10, 34a. 37-43; Salmo 117; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9

La Resurrección de Jesús

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro; y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Entonces se fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho y les dijo: ¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto! Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos; pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó a mirar, y vio allí las vendas, pero no entró. Detrás de él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro; él también vio allí las vendas; y además vio que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús, no estaba junto a la vendas, sino enrollada y puesto aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó. Pues todavía no había entendido lo que dice la escritura, que él tenía que resucitar.

Reflexión

La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones que Él había realizado antes de Pascua (la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naím, Lázaro). Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas volvían a tener una vida ordinaria. En cierto momento volverán a morir. La Resurrección de Jesús es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado él pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 646).

Actividad

Los discípulos de Jesús no habían comprendido lo que tenía que suceder según la Escritura.

¿Qué actitudes tienen tu familia sobre la muerte? ¿Creen que es el fin del mundo?

¿Ha muerto alguien de tu familia recientemente?

¿Piensan que de alguna manera esa persona está presente con vosotros?

Oración

Señor, hoy celebramos con alegría tu resurrección. Que nuestras reuniones estén siempre llenas de alegría porque tenemos fe y esperanza en que, así como tú has vencido a la muerte, nosotros también resucitaremos contigo. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

María Magdalena, Juan y Pedro, todavía con gran tristeza en su corazón, descubren que Jesús ya no está en el sepulcro. Encuentran los lienzos que cubrían su cuerpo y su cabeza, perfectamente doblados, concluyendo que el cuerpo no fue robado. Es entonces, cuando a la luz de las palabras que el propio Jesús les había dicho, terminan por entenderlo todo: ¡Jesús ha resucitado! Es la Pascua: la gran fiesta, ¡porque Jesús sigue y seguirá con nosotros!

Cuando perdemos a un ser querido, quisiéramos volver a verlo y hablar con él. Imagina la gran alegría que los amigos de Jesús sintieron cuando entendieron y creyeron en la gran promesa de Cristo. Imagina todas las ideas que pasaron por su mente: una vez más poder hablar y aprender de Él; escucharle, mirarle, demostrarle su cariño; sentir su apoyo en momentos difíciles, compartir con Él alegrías…

Jesús sigue con nosotros, y aunque no lo vemos, podemos hablarle, compartirle nuestras tristezas y alegrías, nuestros miedos, pedirle su ayuda y demostrarle nuestro amor a través del amor que damos a los que nos rodean. Incluso podemos mitigar su hambre dando de comer al hambriento; podemos enseñarle, enseñando al que no sabe, ayudarle, ayudando al necesitado…

la oración, la Biblia y los sacramentos, son medios para hablar, escuchar y convivir con Jesús. Las obras de amor a nuestros hermanos, son formas de demostrarle nuestro amor.

Aprovechemos la muerte y resurrección de Cristo por nosotros, y resucitemos cada día a través de los sacramentos y las obras de amor.

Comentario al evangelio – 28 de marzo

Hoy es Miércoles Santo. Un día «santo» porque en él se trasluce el misterio último de la libertad del hombre. No se trata de una libertad cualquiera: es la libertad del ser humano que ha sido hecho capaz de pronunciar su palabra y ofrecer su servicio delante de Dios. Dios se nos ha hecho tan cercano en Jesús –somos tan libres a su lado- que a veces dejamos de ser conscientes de que dicha libertad es nuestra condición más propia. Vemos al Señor yendo y viniendo entre los hombres, lo vemos hablándolos y dejándose preguntar por ellos, tocándolos, esperándolos, corrigiéndolos, entrando en sus casas, sentándose a sus mesas. Y nos parece que su cercanía es una obviedad, algo que es así y no puede ser de otra manera: quizá a veces nos sintamos lejos del querer de Dios pero no solemos dudar de que Él tiene que estar al alcance de nuestro querer.

Sin embargo, la libertad de que gozamos no es una prerrogativa del hombre, sino un fruto de la liberalidad de Dios. Un Dios que pudo haber permanecido oculto en la esfera de su gloria, alejado de toda volubilidad humana. Pero Él nos habló y nos dio la libertad de hablarle; se entregó a nosotros y nos dio la libertad de entregarnos a Él. Lo dice Isaías, en una imagen que bien puede aplicarse al mismo Cristo: «Yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda, (…) las mejillas, (…) el rostro». En Jesús, Dios hizo posible que nos relacionásemos con él por nuestra propia voluntad, incluso hasta el extremo de poder pleitear contra él y hasta condenarle en un juicio sumarísimo.

El evangelio muestra con claridad esta libertad mayúscula de que gozamos. Tenemos, en primer lugar, una palabra libre ante Dios: «¿Soy yo acaso, Maestro?», pregunta Judas. «Tú lo has dicho», dice Jesús. Nuestra palabra tiene consistencia delante de Cristo, incluso cuando es una palabra blasfema, envenenada. Tenemos también, en segundo lugar, una misión libre ante Dios: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?», dicen los discípulos. «Id a la ciudad», dice Jesús. Nuestro servicio tiene consistencia delante de Cristo, incluso si es un servicio torpe o ingenuo. Podemos inquirir a Cristo y obedecerle, podemos hablarle y servirle… Ahora bien, nuestra palabra y ofrenda, que son libres ante Dios, acabarán corrompiéndose si no se convierten poco a poco en lo que están llamadas a ser: palabra y ofrenda libres con y para Dios.

Dejemos hoy que la libertad del hombre llegue hasta nosotros en todo su misterio, que Cristo nos diga a cada uno: «Tú lo has dicho». Y al hablarle, ¿será nuestro diálogo el culmen de la amistad o el comienzo del desencuentro?

Adrián de Prado Postigo, cmf.