Vísperas – Jueves Santo

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: EN LA CENA DEL CORDERO

En la Cena del Cordero
y habiendo ya cenado,
acabada la figura,
comenzó lo figurado.

Por mostrar Dios a los suyos
cómo está de amor llagado,
todas las mercedes juntas
en una las ha cifrado.

Pan y vino material
en sus manos ha tomado
y, en lugar de pan y vino,
cuerpo y sangre les ha dado.

Si un bocado nos dio muerte,
la vida se da en bocado;
si el pecado dio el veneno,
el remedio Dios lo ha dado.

Haga fiesta el cielo y tierra
y alégrese lo criado,
pues Dios, no cabiendo en ello,
en mi alma se ha encerrado. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.

Salmo 71 I – PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.

Ant 2. El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.

Ant 3. Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.

LECTURA BREVE   Hb 13, 12-15

Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.

RESPONSORIO BREVE

En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando estaban cenando, Jesús tomó pan, rezó la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando estaban cenando, Jesús tomó pan, rezó la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.

PRECES

Adoremos a nuestro Salvador, que en la última Cena, la noche misma en que iba a ser entregado, confió a su Iglesia la celebración perenne del memorial de su muerte y resurrección; oremos, diciendo:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión,
para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
concede a tus fieles obediencia y paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.

Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que, para tu mayor gloria y para la salvación del género humano, has constituido a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, haz que el pueblo que él conquistó con su sangre reciba plenamente, al participar del memorial de su pasión, los tesoros que dimanan de su muerte y resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 29 de marzo

Lectio: Jueves, 29 Marzo, 2018

Juan 13,1-15

 Lavatorio de los pies
 
1. LECTIO
 
a) Oración inicial:
 
“Cuando tu hablas, Señor, la nada palpita de vida: los huesos secos se convierten en personas vivientes, el desierto florece… Cuando me dispongo a hablarte, me siento árido, no sé qué decir. No estoy, evidentemente, sintonizado con tu voluntad, mis labios no están de acuerdo con mi corazón y mi corazón no hace un esfuerzo por entonarse con el tuyo. Renueva mi corazón, purifica mis labios, para que hable contigo como tú quieres, para que hable con los demás como tú quieres, para que hable conmigo mismo, con mi mundo interior, como tú quieres (L. Renna).
 
b) Lectura del evangelio:
 
1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» 7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» 8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» 9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» 10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.» 11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis `el Maestro’ y `el Señor’, y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.
 
c) Momentos de silencio orante:
 
En una escucha amorosa la palabra no es necesaria, porque también el silencio habla y comunica amor.
 
2. MEDITATIO
 
a) Preámbulo a la Pascua de Jesús:
 
El pasaje del evangelio de este día está inserto en un conjunto literario que comprende los capítulos 13-17. El comienzo está constituido por la narración de la última cena que Jesús comparte con sus discípulos, durante la cuál realiza el gesto del lavatorio de los pies (13,1-10). Después, Jesús pronuncia un largo discurso de despedida con sus discípulos (13, 31-14,31), los capítulos 15 -17 tienen la función de profundizar algo más el precedente discurso del Maestro. Inmediatamente sigue, el hecho del prendimiento de Jesús (18, 1-11). De todos modos, los sucesos narrados en 13-17,26 están conectados desde el 13,1 con la Pascua de Jesús. Es interesante anotar este punto: desde el 12,1 la Pascua no se llama ya la pascua de los judíos, sino la Pascua de Jesús. Es Él, de ahora en adelante, el Cordero de Dios que librará al hombre de su pecado. La Pascua de Jesús es una Pascua que mira a la liberación del hombre: un nuevo éxodo que permite pasar de las tinieblas a la luz (8,12) y que llevará vida y fiesta a la humanidad (7,37).
Jesús es consciente de que está por terminarse su camino hacia el Padre, y por tanto dispuesto a llevar a término su éxodo personal y definitivo. Tal pasaje al Padre se realiza mediante la Cruz, momento nuclear en el que Jesús entregará su vida en provecho del hombre.
Llama la atención del lector el constatar cómo el evangelista Juan sepa representar muy bien la figura de Jesús siendo consciente de los últimos acontecimientos de su vida y, por tanto, de su misión. Y a probar que Jesús no es arrastrado por los acontecimientos que amenazan su existencia, sino que está preparado para dar su vida. Precedentemente el evangelista había anotado que todavía no había llegado su hora; pero ahora en la narración del lavatorio de los pies dice, que Jesús es consciente de que se aproxima su hora. Tal conciencia está a la base de la expresión juanista: “después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (v.1) El amor “por los suyos”, aquéllos que forman la nueva comunidad, ha sido evidente mientras ha estado con ellos, pero resplandecerá de modo eminente en su muerte. Tal amor viene mostrado por Jesús en el gesto del lavatorio de pies que , en su valor simbólico, muestra el amor continuo que se expresa en el servicio.
 
b) Lavatorio de los pies:
 
Jesús se encuentra en una cena ordinaria con los suyos. Tiene plena conciencia de la misión que el Padre le ha confiado: de Él depende la salvación de la humanidad. Con tal conocimiento quiere mostrar a “los suyos”, mediante el lavatorio de los pies, cómo se lleva a cumplimiento la obra salvífica del Padre e indicar con tal gesto la entrega de su vida para la salvación del hombre. Es voluntad de Jesús que el hombre se salve y un consumidor deseo lo guía a dar su vida y entregarse. Es consciente de que “el Padre había puesto todo en sus manos” (v. 3a); tal expresión deja entrever que el Padre deja a Jesús la completa libertad de acción.
Jesús, además, sabe que su origen y la meta de su itinerario es Dios; sabe que su muerte en la cruz, expresión máxima de su amor, es el último momento de su camino salvador. Su muerte es un “éxodo”: el ápice de su victoria sobre la muerte; en el dar su vida, Jesús nos revela la presencia de Dios como vida plena y ausente de muerte.
Con esta plena conciencia de su identidad y de su completa libertad Jesús se dispone a cumplir el grande y humilde gesto del lavatorio. Tal gesto de amor se describe con un cúmulo de verbos (ocho) que convierten la escena complicada y henchida de significado. El evangelista presentando la última acción de Jesús sobre los suyos, usa esta figura retórica de acumulación de verbos sin repetirse para que tal gesto permanezca impreso en el corazón y en la mente de sus discípulos y de cualquier lector y para que se retenga un mandamiento que no debe olvidarse. El gesto cumplido por Jesús intenta mostrar que el verdadero amor se traduce en acción tangible de servicio. Jesús se despoja de sus vestidos se ciñe un delantal símbolo de servicio. El despojarse de sus vestidos es una expresión que tiene la función de expresar el significado del don de la vida. ¿Qué enseñanza quiere Jesús transmitir a sus discípulos con este gesto? Les muestra que el amor se expresa en el servicio, en dar la vida por los demás como Él lo ha hecho.
En tiempos de Jesús el lavado de los pies era un gesto que expresaba hospitalidad y acogida con los huéspedes. De ordinario era hecho por un esclavo con los huéspedes o por una mujer o hijas a su padre. Además era costumbre que el rito del lavado de pies fuese siempre antes de sentarse a la mesa y no durante la comida. Esta forma de obrar de Jesús intenta subrayar la singularidad de su gesto.
Y así Jesús se pone a lavar los pies a sus discípulos. El reiterado uso del delantal con el que Jesús se ha ceñido subraya que la actitud de servicio es un atributo permanente de la persona de Jesús. De hecho, cuando acaba el lavatorio, Jesús no se quita el paño que hace de delantal. Este particular intenta subrayar que el servicio-amor no termina con la muerte. La minuciosidad de tantos detalles muestra la intención del evangelista de querer poner de relieve la importancia y singularidad del gesto de Jesús. Lavando los pies de sus discípulos Jesús intenta mostrarles su amor, que es un todo con el del Padre (10,30.38). Es realmente impresionante esta imagen que Jesús nos revela de Dios: no es un soberano que reside sólo en el cielo, sino que se presenta como siervo de la humanidad. De este servicio divino brota para la comunidad de los creyentes aquella libertad que nace del amor y que vuelve a todos su miembros “señores” (libres) en tanto que servidores. Es como decir que sólo la libertad crea el verdadero amor. De ahora en adelante el servicio que los creyentes darán al hombre tendrá como finalidad el de instaurar relaciones entre los hombres en el que la igualdad y la libertad sean una consecuencia de la práctica del servicio recíproco. Jesús con su gesto intenta demostrar que cualquier asomo de dominio o prepotencia sobre el hombre no está de acuerdo con el modo de obrar de Dios, quien, por el contrario, sirve al hombre para atraerlo hacia Sí. Además no tienen sentido las pretensiones de superioridad de un hombre sobre otro, porque la comunidad fundada por Jesús no tiene forma piramidal sino horizontal, en la que cada uno está al servicio del otro, siguiendo el ejemplo de Dios y de Jesús.
En síntesis, el gesto que Jesús cumple expresa los siguientes valores: el amor hacia los hermanos exige un cambio en acogida fraterna, hospitalidad, o sea, servicio permanente.
 
c) Resistencia de Pedro:
 
La reacción de Pedro al gesto de Jesús es de estupor y protesta. También hay cambio en el modo de dirigirse a Jesús: Pedro lo llama “Señor” (13,6). Tal título reconoce en Jesús un nivel de superioridad que choca con el “lavar” los pies, una acción que compete, en verdad, a un sujeto inferior. La protesta es enérgicamente expresada por las palabras: “¿Tú lavarme a mí los pies?” A los ojos de Pedro este humillante gesto del lavatorio de los pies parece una inversión de valores que regulan las relaciones entre Jesús y los hombres: el primero es el Mesías, Pedro es un súbdito. Pedro no aprueba la igualdad que Jesús quiere establecer entre los hombres.
A tal incomprensión Jesús responde a Pedro invitándolo a acoger el sentido de lavar los pies como un testimonio de su afecto hacia él. Más precisamente: le quiere ofrecer una prueba concreta de cómo Él y el Padre lo aman.
Pero la reacción de Pedro no cesa: rechaza categóricamente que Jesús se ponga a sus pies. Para Pedro cada uno debe cumplir su papel, no es posible una comunidad o una sociedad basada en la igualdad. No es aceptable que Jesús abandone su posición de superioridad para hacerse igual a sus discípulos. Tal idea del Maestro desorienta a Pedro y lo lleva a protestar. No aceptando el servicio de amor de su Maestro, no acepta ni siquiera que muera en la cruz por él (12,34;13,37). Es como decir, que Pedro está lejos de comprender qué cosa es el verdadero amor y tal obstáculo sirve de impedimento para que Jesús se lo muestre con la acción.
Mientras que Pedro no esté dispuesto a compartir la dinámica del amor que se manifiesta en el servicio recíproco no puede compartir la amistad con Jesús, y se arriesga, realmente, a autoexcluirse.
A continuación de la advertencia de Jesús: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo” (v.8), Pedro consiente a las amenazantes palabras del Maestro, pero sin aceptar el sentido profundo de la acción de Jesús. Se muestra abierto, dispuesto a dejarse lavar, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Parece que Pedro admite mejor el gesto de Jesús como una acción de purificación o ablución, más que como servicio. Pero Jesús responde que los discípulos están purificados (“limpios”) desde el momento en que han aceptado dejarse guiar por la Palabra del Maestro, rechazando la del mundo. Pedro y los discípulos no tienen necesidad del rito judaico de la purificación, sino de dejarse lavar los pies por Jesús; o mejor, de dejarse amar por él , que les da dignidad y libertad.
 
d) El memorial del amor:
 
Al término del lavatorio de los pies, Jesús intenta dar a su acción una validez permanente para su comunidad y al mismo tiempo dejar en ella un memorial o mandamiento que deberá regular para siempre las relaciones fraternas.
Jesús es el Señor, no en la línea de dominio, sino en cuanto comunica el amor del Padre (su Espíritu) que nos hace hijos de Dios y aptos para imitar a Jesús, que libremente da su amor a los suyos. Esta actitud interior de Jesús lo ha querido comunicar a los suyos, un amor que no excluye a ninguno, ni siquiera a Judas que lo va a traicionar. Por tanto si los discípulos lo llaman Señor, deben imitarlo; si lo consideran Maestro deben escucharlo.
 
e) Algunas preguntas para meditar:
 
– se levantó de la mesa: ¿cómo vives la Eucaristía? ¿De modo sedentario o te dejas llevar por la acción de fuego del amor que recibes? ¿Corres el peligro de que la Eucaristía de la que participas se pierda en el narcisismo contemplativo, sin llevarte al compromiso de solidaridad y deseos de compartir? Tu compromiso por la justicia, por los pobres, ¿viene de la costumbre de encontrarte con Jesús en la Eucaristía, de la familiaridad con Él?
– se quitó los vestidos: Cuando de la Eucaristía pasas a la vida ¿sabes dejar los vestidos del contracambio, del interés personal, para dejarte guiar por un amor auténtico hacia los demás? ¿O después de la Eucaristía no eres capaz de dejar los vestidos del dominio y de la arrogancia para vestir el de de la sencillez, el de la pobreza?
– se puso un delantal: es la imagen de la “iglesia del delantal”. En la vida de tu familia, de tu comunidad eclesial ¿vas por la vía del servicio? ¿Estás comprometido directamente con el servicio a los pobres y marginados? ¿Sabes percibir el rostro de Cristo cuando pide ser servido, amado en los pobres?
 
3. ORATIO
 
a) Salmo 116 (114-115), 12-13;15-16;17-18
 
El salmista que se encuentra en el templo y en presencia de la asamblea litúrgica escoge su sacrificio de acción de gracias. Voltaire, que nutría una particular predilección por el v.12, así se expresaba: “¿Qué cosa puedo ofrecer al Señor por los dones que me ha dado?”
 
¿Cómo pagar a Yahvé
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de salvación
e invocaré el nombre de Yahvé.
 
Mucho le cuesta a Yahvé
la muerte de los que lo aman.
¡Ah, Yahvé, yo soy tu siervo,
tu siervo, hijo de tu esclava,
tú has soltado mis cadenas!
 
Te ofreceré sacrificio de acción de gracias
e invocaré el nombre de Yahvé.
Cumpliré mis votos a Yahvé
en presencia de todo el pueblo,
 
b) Oración final:
 
Fascinado por el modo con que Jesús expresa su amor a los suyos, Orígenes reza así:
 
Jesús, ven, tengo los pies sucios,
Por mí te has hecho siervo,
versa el agua en la jofaina;
Ven, lávame los pies..
Lo sé, es temerario lo que te digo,
pero temo la amenaza de tus palabras:
“Si no te lavo los pies,
no tendrás parte conmigo”
Lávame por tanto los pies,
para que tenga parte contigo.
(Homilía 5ª sobre Isaías)
 
Y San Ambrosio, preso de un deseo ardiente de corresponder al amor de Jesús, así se expresa:
 
¡Oh, mi Señor Jesús!
Déjame lavar tus sagrados pies;
 te los has ensuciado desde que caminas por mi alma…Jueves Santo

 
Lavatorio de los pies

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

16.- La tercera parte del catecismo presenta el fin último del hombre, creado a imagen de Dios: la bienaventuranza, y los caminos para llegar a ella: mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios (Sección primera); mediante un obrar que realiza el doble mandamiento de la caridad, desarrollado en los diez Mandamientos de Dios (Sección segunda)”.

En primer lugar, me llama la atención el título que se le pone a la tercera parte “La vida de fe” o “La vida en Cristo”. Es muy hermoso ese título y sanador de concepciones reductoras de lo que es la vida moral o los mandamientos. El hecho de que se le llame así es muy sanador de esa tendencia moralista que suele ser muy fuerte en nosotros. Nosotros hacemos a veces una distinción entre lo que es nuestra relación con Cristo, lo que es la vida espiritual, la oración, la vida de gracia y el tema de la moral.

La verdad es que esa frontera que hacemos entre una cosa y otra en la vida real no existe.

Vivir los mandamientos no es sino hacer realidad lo que dice San Pablo “Ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”. El ideal del cristiano es que se deje habitar por Cristo, que se deje habitar por el Espíritu Santo de manera que su obrar sea una prolongación del obrar de Cristo en el mundo. Esa es la mejor de las presentaciones en los mandamientos. Hay dos maneras de presentar los mandamientos, una de una forma extrínseca a nosotros, como que alguien desde fuera pone una especie de prescripciones, según una voluntad más o menos caprichosa del legislador y a nosotros nos toca obedecer. Esa es una concepción verdaderamente corta, no únicamente corta sino incorrecta. Los mandamientos no únicamente han venido de lo alto, desde la Revelación de Dios, que obviamente han venido de ahí, pero es que también permiten plenificar al hombre, los mandamientos coinciden con la plenitud personal, con ser felices. Luego no es “No tengo más remedio que obedecer porque al que manda se le ha ocurrido esto”, no, es que lo que Dios nos manda, ese vivir en Cristo, es nuestra felicidad porque Cristo es la plenitud del hombre.

Esto lo entendemos de alguna manera poniendo la referencia de la familia, cuando un padre a su hijo le pide una cosa el error del hijo consiste en pensar “Ya está mi padre aquí con sus caprichos”. El padre que le dice a su hijo “A tal hora tienes que retirarte y volver a casa” y el hijo no lo entiende, pero lo que el padre le dice coincide con su felicidad y con su bien, aunque el hijo en un momento no lo perciba así, pero eso es lo importante, que la vida moral cristiana es vivir en Cristo, dejar que Cristo viva en nosotros y dejarnos mover por su gracia. Por eso este punto del catecismo, el 16, que hace esta breve explicación de lo que se va a explicar en la tercera parte del catecismo dice que la moral tiene como fin último en el hombre su bienaventuranza. ¿Cuál es el fin de la vida en Cristo, de la moral, de los mandamientos? La bienaventuranza, la felicidad. Y esto es muy importante porque es verdad que nosotros hablamos de que tenemos que procurar agradar a Dios, cumplir la voluntad de Dios, y esos términos no hemos de avergonzarnos de ellos, pero hay que entenderlos bien, porque si uno piensa que agradar y cumplir la voluntad de Dios es fastidiarme yo para poner a Dios contento, pues esto sería ridículo, no es que el hombre no sea feliz para que a Dios le demos gloria, no, es que la gloria de Dios es tu felicidad. Por tanto, buscar el agrado de Dios y ser obedientes a la voluntad de Dios coincide tu felicidad, esto es lo importante, y es de lo que tenemos que convencernos porque si alguien piensa que buscar la voluntad de Dios entra en competición con tu felicidad está totalmente equivocado. Ese fue precisamente el gol, con perdón, que Satanás les metió Adán y Eva en el pecado original, el pensar que la obediencia a Dios estaba en contraste con su libertad y su felicidad. “Claro, Dios sabe que si coméis de aquí seréis como dioses y competiréis con él”. Es decir, el fin de la moral es que el hombre sea bienaventurado, que sea feliz. Dios no tiene ningún otro interés con nosotros sino nuestra felicidad.

Cuando entendemos que tenemos que buscar la gloria de Dios, ese término hay que purificarlo bastante, porque ¿qué entendemos por gloria de Dios? Porque inevitablemente nosotros proyectamos en Dios nuestra concepción humana, y pensamos “Es que la gloria de los reyes o gobernantes consiste en que se hagan famosos y en que todo el mundo les sirva a ellos, o la gloria de un deportista es que todo el mundo les aplauda y sea famoso…” La gloria de los hombres no suele ser el bien para los demás, sino que yo voy a ensalzarme teniéndote a ti como pedestal, te piso a ti para que yo triunfe. Lógicamente eso de la gloria de Dios hay que purificarlo de lo que los hombres entienden por vivir la gloria. “La gloria de Dios es la felicidad del hombre” San Ireneo. Dios no tiene ningún otro interés, no busca nada más. Y al mismo tiempo el bien del hombre es la gloria de Dios. ¿Cuál es la felicidad de un padre? El bien de su hijo. ¿Y cuál es la felicidad de un hijo? La felicidad de su hijo ¿Y cuál es el gozo de un hijo? La felicidad de su padre. Y esa es la pescadilla que se muerde la cola, y así es también en nuestra relación con Dios. Por eso, el fin último del hombre es, en la moral, que sea feliz.

Ahora bien, muchas veces, la dificultad está en lo que viene ahora, “y los caminos para llegar a ella”, porque incluso, aunque tengamos confianza en que Dios quiere nuestra felicidad es muy importante que confiemos en el cómo, en los caminos. Porque muchas personas están de acuerdo en que Dios quiere nuestra felicidad, pero luego viene el problema de confiar en sus caminos. “Confía en los caminos que él ha trazado para que seamos felices”. Es como el hijo que ya sabe que su padre quiere el bien para él, pero, cree que su padre se equivoca en las normas que le pone. No, confía en tu padre, confía en Dios, y aunque tu padre de la tierra pudiera equivocarse, Dios no se equivoca, Dios es Dios. La cuestión está en que no confundamos, podemos estar de acuerdo en que nuestra meta es la felicidad, pero la cuestión está en no confundir felicidad con comodidad, o felicidad con facilidad, porque a veces nos parece que para ser felices hay que seguir el camino fácil, y eso no es así. Es muy recurrente confundir felicidad con lo placentero y no es así. Luego no únicamente recibimos este mensaje a través del catecismo de que Dios nos quiere felices, sino que Él viene a iluminar qué caminos son los que conducen a la felicidad y cuáles son los que conducen a la frustración.

Dios nos ilumina los caminos, porque además de querer a Dios hay que quererse bien, y muchas veces nosotros no nos queremos bien, y elegimos caminos que a veces van en contra de nosotros, que nos hacen daño. Es muy fácil que el hombre buscando lo cómodo, lo fácil, no se quiera bien a sí mismo, por ir a la ley del mínimo esfuerzo, por la puerta ancha en lugar de la puerta estrecha, al final no me quiero bien. A veces en los anuncios publicitarios cuando están incitando a que alguien compre algo, por ejemplo, un coche, se dice “Tú te lo mereces, cómpralo”, y hace gracia, para desinhibirle a alguien para que compre algo porque quizá tiene un reparo en gastar ese dinero, porque quizá piensa, no hay proporción entre lo que me cuesta y el servicio que me va a hacer porque si me compro un coche más pequeño me va a hacer el mismo servicio, pues el resorte publicitarlo para desinhibirle e intentar que no haga esos juicios racionales entre comprar o no le dicen “Tú te lo mereces”, es confundir la felicidad con lo placentero, con lo cómodo. En realidad, es no quererse bien porque al hombre quererse a sí mismo es también actuar con racionalidad, qué me va a hacer bien, de qué se deriva un mal, etc. etc. Es decir que la moral persigue la felicidad del hombre y como nosotros tendemos a auto engañarnos con bastante facilidad entonces también Dios nos ha marcado los caminos, qué caminos conducen al bien del hombre y que caminos conducen a la frustración.

La moral indica qué caminos llegan a la felicidad, y después dice que esos caminos nos llevan a la felicidad mediante un obrar recto y libre. Es decir que la moral discierne que el obrar sea recto y que sea libre. Recto, justo, sin contraponer lo práctico y lo justo, obra rectamente, busca el bien, aunque te parezca que en un momento te va a traer complicaciones y aunque te parezca que hay un atajo que es que, en lugar de obrar rectamente, hago aquí un cambalache y salgo del apuro sin dar la cara… Hay un refrán que dice “Más vale ponerse una vez rojo que veinte veces amarillo”, la verdad es que este refrán lo he repetido mucho porque me ha hecho mucho bien, obra rectamente, se justo y no busques atajos que al final son larguísimos, parece que te vas a evitar un problema, pero a medio y largo plazo surgen más problemas por no haber sido justo. Luego dice obrar libremente, es decir, la moral cristiana no se limita, no es suficiente el que las cosas sean hechas materialmente bien, además han de ser hechas conscientemente, humanamente, disfrutándolas, llevando las riendas de la vida moral y no actuando de una manera mecánica porque puede ser que hay personas que hagan muchas cosas bien hechas materialmente hablando, y las hacen meramente por costumbre, porque está mandado, porque pierdes el puesto del trabajo… Es posible que el hombre haga materialmente muchas cosas bien pero no las haga libremente, no las haga conscientemente, no sea protagonista de su vida moral. El bien no solo hay que hacerlo, hay que gozarlo. Yo no solo me tengo que limitar a ser un padre de familia que haga bien las cosas con mi hijo, sino que además he de disfrutarlo, he disfrutar que hoy por la gracia de Dios o ayer hice bien las cosas. De eso hemos de disfrutar porque la mayor tentación de Satanás consiste en hacernos pensar que para poder disfrutar de la vida tengo que hacer otras cosas que son inmorales. No, es que la equivocación está en no haberte dado cuenta de que puedes ser inmensamente feliz disfrutando del bien que haces y no tener la tentación de hacer el mal porque ahí voy a tener un disfrute.

En la parábola del hijo de pródigo, la tentación comenzó cuando él vivía en la casa del padre y no disfrutaba, en vez de haber disfrutado de vivir en la casa del padre, miro por las cortinillas y veo a otros que llevan una vida de pecado y en el fondo les tengo envidia, y yo estoy haciendo lo que el padre me dice y estoy aquí amargado, en plan obediente. Esa es la tentación, que hacer el bien no nos llene el corazón. Si es que yo para ser feliz lo que tengo que hacer es disfrutar de las cosas buenas que Dios me permite hacer, y no pensar en tubos de escape, es que si yo tuviese una vía de escape por aquí o tuviese una compensación por allá… el problema está en que el hijo pródigo estaba en casa de su padre y no disfrutaba de eso. Por eso el ideal cristiano no es sólo obrar rectamente y hacer el bien como un esclavo, sino hacer el bien disfrutándolo como un hijo. He puesto el ejemplo del esclavo, pongamos el ejemplo de un agricultor, que disfrutará mucho más de su trabajo cuando es el propietario de la tierra no cuando es un asalariado. Pues el bien no solo hay que hacerlo, sino que hay que disfrutarlo.

Mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios. Este es un binomio que es muy importante que esté en la vida bien integrado. Existen dos peligros, el de oponerlos, oponer ley y gracia. Hoy en día es muy frecuente tener una concepción bastante romántica en el sentido negativo de la palabra, desconocedora de la realidad antropológica del hombre, que el hombre es débil y está herido por el pecado, entonces a veces con esa concepción se suele decir, bueno lo importante es la gracia y no la ley, ya lo dijo San Agustín “Ama y haz lo que quieras”, lo importante es el amor y entonces nada de estarse sujeto a leyes y prescripciones. Esta concepción de oponer gracia y ley es un engaño, no conocer al hombre concreto, no conocer al hombre real. Esa expresión de San Agustín de “Ama y haz lo que quieras” es de las expresiones más manipuladas de la historia, precisamente porque somos débiles es importante amar en lo concreto, el hombre necesita que nos aten corto, necesitamos que nos aten corto, porque si oponemos la gracia de Dios a la ley “Bueno si, lo importante es la gracia, la buena voluntad…” pero luego hay que traducirlo en formas concretas al respeto de tus padres, a la obediencia y ya vamos mandamiento por mandamiento.

La gracia de Dios no queda violentada por el hecho de que la traduzcamos en unas leyes concretas, la gracia no está contrapuesta con la ley, lo lógico es que nosotros por el camino de la ley vivamos el espíritu de la gracia. Ahora, sin la ley de Dios, sería imposible vivir el espíritu de la gracia que quiere mover nuestros corazones.

También al contrario puede ocurrir otro peligro de signo opuesto y es que no le demos a la gracia la primacía que tiene que tener y seamos demasiado voluntaristas y rigoristas y vivir la ley desligada de la gracia, en puro voluntarismo, y es obvio, que, en la vida de gracia, en la vida cristiana más se percibe la ley no como un yugo sino como todo lo contrario. Cuando se tiene un tipo de educación muy voluntarista que hay un planteamiento en el que lo central de la vida cristiana son las normas y el vigilar por el cumplimiento y no se le da la primacía que tiene que darse a la gracia de Cristo, a la relación con él, a la vida de oración, fácilmente ocurre que la Ley se hace odiosa, porque no hemos comprendido que ella es la liberación del hombre. Hay personas que han sido educadas en esta primacía de la gracia y según va avanzando la experiencia de su vida, si ha habido un momento en el que han sentido como que la ley era para ellos costosa, conforme va a avanzando, en lugar de ser un hueso duro es sabrosa. Por ejemplo, la petición de que santifiquemos las fiestas, de que vivamos la Eucaristía dominical, cuando a uno le falta amor ha de hacer un sacrificio, un esfuerzo para ir a la Eucaristía, pero cuando la gracia va adquiriendo protagonismo, la ley pasa de ser un yugo pesado a ser una brisa y un alivio en el camino. Por eso es importante que le demos siempre la primacía a la gracia.

En resumen, el catecismo dice que tenemos que estar ayudados por la ley y por la gracia, porque es muy importante en la vida cristiana que seamos fieles a la ley, pero bajo el influjo de la gracia, dándole la primacía a la gracia que le da a la ley todo su sentido y su posibilidad de ser cumplida.

Aprender a servir

Jesucristo vino al mundo para “servir” a la humanidad. Lo dijo en numerosas ocasiones. Y lo hizo durante toda su vida en la tierra.

Es precisamente sirviendo, “siendo siervo”, como Jesucristo quiso mostrar a la humanidad lo grande que es el amor de Dios.
Servir consiste en buscar siempre la felicidad del otro. Consiste en compartirlo todo. Servir es tan importante que nos lleva a perderlo todo, ¡incluso la vida!
Servir es el único medio de hacer felices a los demás, de cambiar el mundo y de devolverle la capacidad de amar. Es el único medio de hacer comprender a la humanidad hasta qué punto Dios sirve, ofrece, reparte, distribuye su amor a todos.
Es una tarea difícil. Algunos dicen que es imposible. Jesús nos demuestra que no lo es tanto, Él lo consiguió y nos invita a que nosotros también lo intentemos. Pero… ¿cómo? Jesús nos da las pistas: mirando más allá de las apariencias; sirviendo y ofreciendo nuestra paciencia, nuestra alegría, nuestro perdón; caminando hasta el final, sin cansarnos y tirar la toalla a mitad de camino. Con Jesucristo los cristianos logran que la vida triunfe sobre el mal y la muerte.
La Cuaresma es el tiempo en que nosotros, los cristianos, siguiendo al Señor Jesús, aprendemos a servir, a ofrecer lo mejor que tenemos para que el otro sea feliz. Estamos en Cuaresma, un tiempo para aprender a servir.
Aprender a servir, explicando a un compañero el problema que no entiende. Aprender a servir, no criticando a los demás, sino ayudándoles a mejorar. Aprender a servir, cumpliendo con nuestras obligaciones. Aprender a servir, perdonando de corazón a aquellos que nos molestan. Aprender a servir, pensando siempre en la felicidad de los que están a mi alrededor.

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

PRIMERA PARTE

«En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros
y os tenemos presentes en nuestras oraciones
» (1 Ts 1,2)

7. Con esta acción de gracias de san Pablo, deseo saludar a los cristianos que viven en Oriente Medio, asegurándoles mi oración ferviente y constante. La Iglesia católica, y con ella toda la comunidad cristiana, no los olvida y reconoce con gratitud su noble y antigua contribución a la edificación del Cuerpo de Cristo. Les agradece su fidelidad y les renueva su afecto.

Gracias por la vida nueva

1. – ¡Dios lo resucitó!. Los discípulos entendieron la Escritura y se dieron cuenta de que aquel Jesús crucificado había vencido la muerte. Por eso hoy los discípulos del siglo XXI podemos también decir que Jesús nos ha dado nueva vida. Porque El es El Viviente que nos vivifica. Jesucristo ha roto las cadenas de la muerte. No hay que temer, no hay que temer nunca más. Es cierto, es verdad….Señor Jesús has resucitado, ya no tengo miedo porque Tú eres mi luz y mi salvación.

2. – ¡Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia! A pesar de los pesares, del dolor, del fracaso de las tentaciones, de la soledad y de la agonía de Getsemaní, a pesar de la droga y el sida, de la guerra y de los atentados terroristas, a pesar de la crisis económica y del paro confío en Ti, Señor. Gritemos todos: ¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia! La muerte es la puerta de la vida. Es lo más grande que nos ha podido pasar. ¡Qué difícil es entender esto! ¡Oh Jesús, la vida es misterio, la muerte es misterio! No entiendo muchas cosas, me desbordan los acontecimientos, me ahoga el no saber, el no poder, la impotencia ante tanta injusticia y tanta sinrazón, tu silencio muchas veces….Pero yo Señor confío en Ti, pues Tú eres mi salvación.

3. – Nuestra vida tiene un nuevo sentido. San Pablo nos invita a aspirar a los bienes de arriba. Hoy hemos visto y hemos creído y por eso damos testimonio como Pedro. Se hacen realidad las promesas mesiánicas: «Hoy empieza una nueva era, las lanzas se convierten en podaderas, de las armas nacen arados y los oprimidos son liberados». Todo este será posible si resucitamos contigo, si andamos en una vida nueva y buscamos los bienes de arriba. Yo proclamo mi fe en el Dios de la vida que ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Jesús es el «Viviente», luz de luz, vida de la vida, primogénito de la nueva creación. Serviría de poco tu resurrección si yo no resucito contigo y vivo «mi Pascua», el paso de la muerte a la vida, del pecado y el desamor a la gracia y al amor. Tú has dado un nuevo sentido a la vida, ya no temo a la muerte.

4.- Colaborar con el «Dios de la vida»: Esta es la oración que escribió la Madre Teresa de Calcuta hace más de 50 años en una noche de lluvia. Ella, que entregó su vida a los necesitados, sabía muy bien lo que significa el regalo de la vida y la actitud que debemos tener ante las diferentes circunstancias, felices o adversas, que se nos presenten.

La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, arróstrala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la VIDA, defiéndela

José María Martín OSA

¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado

Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a embalsamarlo. El primer día de la semana, muy de madrugada, al salir el sol, fueron al sepulcro. Iban diciéndose: «¿Quién nos rodará la losa de la puerta del sepulcro?». Levantaron los ojos, y vieron que la losa había sido removida; era muy grande. Entraron en el sepulcro y, al ver a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, se asustaron. Pero él les dijo: «No os asustéis. Buscáis a Jesús nazareno, el crucificado. Ha resucitado. No está aquí. Ved el sitio donde lo pusieron. Id, decid a sus discípulos y a Pedro que él irá delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como él os dijo».

Marcos 16, 1-8

Comentario del Evangelio

Hoy es un día gran día para todos. Jesús ha resucitado!!!! Es un día de fiesta, es nuestra esperanza y nuestra fe. La resurrección de Jesús es el sentido de nuestras vidas.

Jesús es la gran esperanza; para todos. Para las personas que tienen grandes problemas, que pasan hambre, no tienen trabajo o se sienten solas…

En un día como hoy debemos recordar que por muy mal que nos vayan las cosas, que aunque tengamos muchos problemas, Jesús está siempre con nosotros. Es nuestro gran amigo.

Que seamos nosotros pequeñas luces de esperanza para los demás, y que aprendamos todas las cosas buenas que Jesús nos enseña.

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe lo que piensan las personas de la Resurrección de Jesús.

• ¿Qué es para nosotros la Resurrección? ¿Cómo debemos vivir los cristianos en nuestras vidas que Jesús venció a la muerte?

• Escribe un compromiso para vivir todos los días la resurrección de Jesús.

Oración

Gracias, Padre, porque nos has regalado tu presencia en nuestras vidas. Desde niños nos elegiste y nos hiciste de los tuyos, más tarde te elegimos y decidimos seguirte. Resucítanos, Padre, alégranos el corazón, quítanos este gesto serio de cristianos tibios y píntanos un gesto de felicidad; la que nos da el sabernos cuidados por Ti ya que tienes nuestro nombre tatuado en la palma de tu mano.

Cristianos de resurrección

Gracias, Padre, porque nos has regalado
tu presencia en nuestras vidas.
Desde niños nos elegiste
y nos hiciste de los tuyos,
más tarde te elegimos y decidimos seguirte.

Nos vamos manteniendo con tu amistad al lado,
ignorándote a veces, disfrutándote

en muchas ocasiones y recurriendo a Ti
siempre en los malos momentos.

Necesitamos vivir más el Jueves Santo,
comportándonos en el mundo como en un gran banquete,

intentando que todos nos sentemos
a la mesa
y lavando los pies de los más desvalidos.

Tenemos que vivir de lleno el Viernes Santo,
el dolor de la vida, el sufrimiento del hermano,
compartir el camino del que le cuesta andar,
y en los malos momentos abandonarnos en Ti.

Pero, sobre todo, Padre, hace falta que seamos
cristianos resucitados, alegres, confiados,
armónicos y relajados,

pues descansamos en Ti.

Resucítanos, Padre, alégranos el corazón,
quítanos este gesto serio de cristianos tibios
y píntanos un gesto de felicidad;

la que nos da el sabernos cuidados por Ti
ya que tienes nuestro nombre tatuado
en la palma de tu mano.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo de Resurrección

• Este evangelio nos presenta dos escenas: la primera (1-2), con «María Magdalena» como protagonista, conduce a la segunda (3-9), con «Simón Pedro» y «el otro discípulo».

• En la primera se destaca que estamos en «el primer día de la semana» o «el domingo» (1). La expresión sugiere comienzo, nueva creación.

• También se destaca que «aún estaba oscuro» (1), es decir, simbólicamente, que todavía no brilla la luz de la fe.

• María Magdalena «vio la losa quitada del sepulcro» (1) e intuye alguna novedad. Con sólo ese «ver», «echó a correr» (2) para avisar a «Simón Pedro y el otro discípulo» (2). María quiere encontrar al Señor.

• Sobre el «otro discípulo» (2), dice el texto que es aquel «a quien tanto quería Jesús» (2). En Jn 13, 23 se habla por primera vez del discípulo a «quien quería Jesús» (otros lugares: Jn 19, 25-27; 21, 7.20-24). No se dice en ningún momento que sea uno de los Doce, aunque la tradición muchas veces lo ha identificado con Juan. Es probable que sea la misma persona designada como el otro discípulo en el relato de la pasión (Jn 18, 15-16). En todo caso, es una figura capital del evangelio y sirve de modelo para los creyentes. El capítulo 21 de Juan, que es un apéndice añadido (se nota que está escrito por una mano distinta de la del conjunto de la obra), lo presenta como el autor del evangelio (Jn 21, 24).

• En lo que sigue (vv. 3ss) hay un contraste entre Pedro y ese «discípulo amado». Pero el texto respeta los datos de la tradición cristiana primitiva, que recuerda a Pedro como el primero de los testigos de la resurrección, y no se decanta por ninguno de los dos sino que pone en un lugar de privilegio a una mujer: «María Magdalena» (Jn 20, 11-18).

• En la segunda escena, ambos discípulos, motivados por el aviso de María, salen «corriendo» (3-4). También quieren «ver» lo que ha pasado.

• Pedro y el otro discípulo «vieron» (5-6) las mismas señales de la resurrección de Lázaro (Jn 11, 44), pero allí Lázaro sale atado, es decir, vuelve a la vida para morir; en cambio aquí «el sudario» está «enrollado» (6), lo que significa que Jesús se ha desatado de los vínculos de la muerte.

• Ni María ni Simón Pedro ni el otro discípulo han visto a Jesús. Sólo ven el sepulcro vacío. En ese mismo momento, uno de ellos, «el otro discípulo» (8) «vio y creyó». Son los ojos de la fe y la luz de la Palabra de Dios (9) los que permiten «ver» la resu- rrección de Jesús en el sepulcro vacío. María se acerca con amor, pero «aún estaba oscuro». Más adelante podrá decir que lo ha visto (v. 18), como también los apóstoles: hemos visto al Señor (Jn 20,25).

• «Jesús había de resucitar de entre los muertos» (9). Sólo después de la glorificación de Jesús se puede hablar de creencia. Es una enseñanza compartida por todo el NT. El evangelio según Juan lo subraya de varias formas (Jn 12, 16; 13, 7.19; 14, 29; 20, 9). Pero, por encima de todo, lo enseña mediante la promesa del Espíritu (Jn 7, 39; 14, 16.26; 15, 26-27; 16, 7-15): sólo después de la venida del Espíritu será posible creer en Jesús, porque sólo entonces se podrá conocer su misterio. Creer y conocer van unidos (Jn 4, 42; 6,69; 10, 30; 17, 7-8).

Comentario al evangelio – 29 de marzo

Hoy es Jueves Santo. Un día «santo» porque en él se trasluce el misterio último del amor del hombre. No se trata de un amor cualquiera: es el amor de los hermanos que se entregan la vida mutuamente.

No fue exactamente la fraternidad lo que rescató al pueblo de Israel de la esclavitud, sino la mano poderosa y protectora de YHWH, que escuchó la súplica de su pueblo y tuvo misericordia de sus hijos. No obstante, aquella acción liberadora de YHWH hizo posible la vida común entre los que caminaban en el desierto: el amor salvífico de Dios posibilitó el amor fraterno entre los hombres. Tampoco fue la fraternidad de los discípulos lo que se condensó en aquella «primera eucaristía» del cenáculo, sino la ofrenda radical que Jesús hizo de su vida y su persona bajo los signos sacramentales del pan y el vino. No obstante, aquel ofrecimiento irrestricto del Hijo hizo posible el servicio mutuo entre los hermanos: el amor salvífico de Dios volvió a posibilitar –entonces ya de un modo insuperable- el amor fraterno entre los hombres.

Donde el amor de Dios se hace más radical, allí hay que buscar la forma más lograda del amor del hombre. ¿Puede un ser humano amar más y mejor de lo que amó el Hijo de Dios a los pies de Pedro? Al arrodillarse Cristo delante de Pedro, Pedro quedó arrodillado delante de Juan y de Santiago y de Andrés y de Felipe… y hasta del Iscariote. La dádiva de Jesús instauró la fraternidad de sus discípulos. Y lo sigue haciendo cada día en su Iglesia: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

Ahora bien, la lógica que hay detrás del misterio del amor humano no es la del ejemplo o la imitación. No se trata de intentar parecerse a Cristo en su mucho amor, sino de consentir que Él sitúe nuestros afectos en el plano de su propia entrega. En una palabra: tomar su pan y su cáliz y su toalla ha de transformarnos, de su suerte que en las venas de nuestro amor humano corra la sangre de su amor divino. Esa es la lógica del que ha ofrecido su sangre para que la nuestra vuelva a fluir. Fue la sangre de un cordero lo que salvó a los israelitas, mostrándoles que podían ser un solo rebaño en brazos del Buen Pastor. Ahora es la sangre del Pastor, que se hace cordero, la que nos salva. Ya no hay que temer que alguna oveja se pierda: todas pueden amarse y servirse con la fuerza del Cordero de Dios.

Dejemos hoy que el amor del hombre llegue hasta nosotros en todo su misterio, que Cristo nos diga a cada uno: «Si no te lavo los pies, no tienes nada que ver conmigo». Y al ver cómo vuelca la jofaina, ¿entraremos en la corriente viva de su pascua fraterna?

Adrián de Prado Postigo, cmf