Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo de Resurrección

• Este evangelio nos presenta dos escenas: la primera (1-2), con «María Magdalena» como protagonista, conduce a la segunda (3-9), con «Simón Pedro» y «el otro discípulo».

• En la primera se destaca que estamos en «el primer día de la semana» o «el domingo» (1). La expresión sugiere comienzo, nueva creación.

• También se destaca que «aún estaba oscuro» (1), es decir, simbólicamente, que todavía no brilla la luz de la fe.

• María Magdalena «vio la losa quitada del sepulcro» (1) e intuye alguna novedad. Con sólo ese «ver», «echó a correr» (2) para avisar a «Simón Pedro y el otro discípulo» (2). María quiere encontrar al Señor.

• Sobre el «otro discípulo» (2), dice el texto que es aquel «a quien tanto quería Jesús» (2). En Jn 13, 23 se habla por primera vez del discípulo a «quien quería Jesús» (otros lugares: Jn 19, 25-27; 21, 7.20-24). No se dice en ningún momento que sea uno de los Doce, aunque la tradición muchas veces lo ha identificado con Juan. Es probable que sea la misma persona designada como el otro discípulo en el relato de la pasión (Jn 18, 15-16). En todo caso, es una figura capital del evangelio y sirve de modelo para los creyentes. El capítulo 21 de Juan, que es un apéndice añadido (se nota que está escrito por una mano distinta de la del conjunto de la obra), lo presenta como el autor del evangelio (Jn 21, 24).

• En lo que sigue (vv. 3ss) hay un contraste entre Pedro y ese «discípulo amado». Pero el texto respeta los datos de la tradición cristiana primitiva, que recuerda a Pedro como el primero de los testigos de la resurrección, y no se decanta por ninguno de los dos sino que pone en un lugar de privilegio a una mujer: «María Magdalena» (Jn 20, 11-18).

• En la segunda escena, ambos discípulos, motivados por el aviso de María, salen «corriendo» (3-4). También quieren «ver» lo que ha pasado.

• Pedro y el otro discípulo «vieron» (5-6) las mismas señales de la resurrección de Lázaro (Jn 11, 44), pero allí Lázaro sale atado, es decir, vuelve a la vida para morir; en cambio aquí «el sudario» está «enrollado» (6), lo que significa que Jesús se ha desatado de los vínculos de la muerte.

• Ni María ni Simón Pedro ni el otro discípulo han visto a Jesús. Sólo ven el sepulcro vacío. En ese mismo momento, uno de ellos, «el otro discípulo» (8) «vio y creyó». Son los ojos de la fe y la luz de la Palabra de Dios (9) los que permiten «ver» la resu- rrección de Jesús en el sepulcro vacío. María se acerca con amor, pero «aún estaba oscuro». Más adelante podrá decir que lo ha visto (v. 18), como también los apóstoles: hemos visto al Señor (Jn 20,25).

• «Jesús había de resucitar de entre los muertos» (9). Sólo después de la glorificación de Jesús se puede hablar de creencia. Es una enseñanza compartida por todo el NT. El evangelio según Juan lo subraya de varias formas (Jn 12, 16; 13, 7.19; 14, 29; 20, 9). Pero, por encima de todo, lo enseña mediante la promesa del Espíritu (Jn 7, 39; 14, 16.26; 15, 26-27; 16, 7-15): sólo después de la venida del Espíritu será posible creer en Jesús, porque sólo entonces se podrá conocer su misterio. Creer y conocer van unidos (Jn 4, 42; 6,69; 10, 30; 17, 7-8).