Vísperas – Viernes Santo

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: BRAZOS RÍGIDOS Y YERTOS

Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme clavados.

Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz contigo.

Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo
y muriendo bendecirte.

Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;

que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la vida
como tú estás en la cruz:

de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Escuchad, pueblos todos, y mirad mi dolor.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Escuchad, pueblos todos, y mirad mi dolor.

Ant 2. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.

Salmo 142, 1-11 – LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.

Ant 3. Jesús, después de haber probado el vinagre, exclamó: «Todo está cumplido»; e, inclinando la cabeza, expiró.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, después de haber probado el vinagre, exclamó: «Todo está cumplido»; e, inclinando la cabeza, expiró.

LECTURA BREVE   1Pe 2, 21b-24

Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

RESPONSORIO BREVE

En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Siendo enemigos, hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Siendo enemigos, hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

PRECES

Hoy es laudable usar como preces de Vísperas la oración universal que se propone para este día en el Misal. Pero, si se prefiere, también pueden usarse las preces que se proponen a continuación, o bien puede hacerse un momento de oración en silencio después de anunciar cada una de las intenciones de la oración universal del Misal, antes mencionada.

Al conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo, de la que brotó la vida del mundo, oremos a Dios Padre, diciendo:

Por la muerte de tu Hijo, escúchanos, Señor.

Mantén, Señor, la unidad de la Iglesia.
Protege al papa Francisco.

Santifica por tu Espíritu a los obispos, presbíteros,
diáconos y a todo tu pueblo santo.

Acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos.
Congrega a los cristianos en la unidad.

Haz que Israel llegue a conseguir en plenitud la redención.

Ilumina con tu gracia a los que no creen en Cristo.

Haz que los ateos lleguen a descubrir tu amor a través de las obras de la creación.

Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes.

Concede tu consuelo a los que se sienten tristes.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Da tu perdón pleno a los difuntos.

A continuación se reza el

Padre nuestro…

ORACION

Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 30 de marzo

Lectio: Viernes, 30 Marzo, 2018

JUAN 18,1 – 19,42

 La Pasión de Cristo según Juan

1. Recojámonos en oración – Statio

 

Ven, Tú, refrigerio,
delicia y alimento de nuestras almas.
Ven y quita todo lo que es mío,
e infunde en mí sólo lo que es tuyo.
Ven, Tú que eres el alimento de todo casto pensamiento,
círculo de toda clemencia y cúmulo de toda pureza.
Ven y consuma en mí todo lo que es ocasión
de que yo no pueda ser consumada por ti.
Ven, oh Espíritu,
que siempre estás con el Padre y con el Esposo,
y repósate sobre las esposas del Esposo.
(Sta. María Magdalena de Pazzis, O. Carm, en La Probatione ii, 193-194)

 

2. Lectura orante de la Palabra – Lectio

 

Del evangelio según Juan

1 Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. 2 Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?» 5 Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. 6 Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. 7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno».8 Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.» 9 Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»
10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. 11 Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»

 

Jesús ante Anás y Caifás. Negaciones de Pedro.

 

12 Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron 13 y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año. 14 Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.
15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote, 16 mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. 17 La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.» 18 Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.
19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. 20 Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. 21 ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.» 22 Apenas dijo esto, uno de los guardias, que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» 23 Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
24 Anás entonces le envió atado al sumo sacerdote Caifás.
25 Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?» Él lo negó diciendo: «No lo soy.» 26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con él?» 27 Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.

 

Jesús ante Pilato.

 

28 De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.29 Salió entonces Pilato fuera hacia ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?» 30 Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.» 31 Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.» 32 Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?» 34 Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?» 35 Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» 36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.»
37 Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
38 Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir hacia los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él. 39 Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al rey de los judíos?» 40 Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.
19: 1 Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. 2 Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; 3 y, acercándose a él, le decían: «Salve, rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
4 Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.» 5 Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.» 6 Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo no encuentro en él ningún delito.» 7 Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.»
8 Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. 9 Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta.10 Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?» 11 Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»

 

Condena a muerte.

 

12 Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.» 13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. 14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro rey.» 15 Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.» 16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

 

La crucifixión.

 

Tomaron, pues, a Jesús, 17 y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, 18 y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos.» 20 Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. 21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: `El rey de los judíos’, sino: `Éste ha dicho: Yo soy rey de los judíos’.» 22 Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»

 

Reparto de los vestidos.

 

23 Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. 24 Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.

 

Jesús y su madre.

 

25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

 

Muerte de Jesús.

 

28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice:

«Tengo sed.»

29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. 30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

 

La lanzada.

 

31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. 32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. 33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, 34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. 35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. 36 Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. 37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

 

La sepultura.

 

38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. 39 Fue también Nicodemo -aquel que anteriormente había ido a verle de noche- con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. 40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. 41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. 42 Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

 

3. Rumiar la Palabra – Meditatio

 

3.1 Clave de lectura:

 

– Jesús dueño de su suerte

Quisiera proponeros el recogernos con el espíritu de María, bajo la cruz de Jesús. Ella, mujer fuerte que ha penetrado todo el significado de este acontecimiento de la pasión y muerte de Señor, nos ayudará a tener una mirada contemplativa sobre el Crucificado (Jn 19,25-27). Nos encontramos en el capítulo 19 del evangelio de Juan, que comienza con la escena de la flagelación y la coronación de espinas. Pilatos presenta a Jesús a los sumos sacerdotes y a los guardias: “Jesús Nazareno, el rey de los Judíos” que gritan su muerte en la cruz (Jn 19,6). Comienza así para Jesús el camino de la cruz hacia el Gólgota, donde será crucificado. En la narración de la pasión según Juan, Jesús se revela dueño de sí mismo, controlando así todo lo que le sucede. El texto juanista abunda en frases que indican esta realidad teológica, de Jesús que ofrece su vida. Los sucesos de la pasión él los sufre activamente no pasivamente. Traemos aquí sólo algunos ejemplos haciendo hincapié sobre algunas frases y palabras. El lector puede encontrar otras:

Entonces Jesús, conociendo todo lo que le iba a suceder se adelanta y les pregunta: “¿A quién buscáis?”. Le contestaron: “A Jesús el Nazareno”. Díceles: “¡Yo soy!”. Judas, el que lo entregaba estaba también con ellos. Cuando les dijo: “Yo soy” retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: “¿A quién buscáis?”. Le contestaron: “A Jesús el Nazareno”. Jesús respondió “Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos. Así se cumpliría lo que había dicho: De los que me has dado, no he perdido a ninguno” (Jn 18, 4-9).

“Entonces Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura” (Jn 19,5).

A Pilatos le dice: “No tendrías ningún poder sobre mí, si no te hubiese sido dado de lo alto” (Jn 19,11).

También sobre la cruz Jesús toma parte activa en su muerte, no se deja matar como los ladrones a los cuáles les son destrozadas las piernas (Jn 19,31-33); al contrario entrega su espíritu (Jn 19,30). Son muy importantes los detalles apuntados por el evangelista: “Jesús entonces, viendo a su Madre y allí junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a la Madre: «¡Mujer, he ahí a tu hijo!”. Luego dice al discípulo: “¡He ahí a tu Madre!” (Jn 19, 26-27). Estas sencillas palabras de Jesús llevan el peso de la revelación, palabras con las cuáles, Él nos revela su voluntad: “ he ahí a tu hijo” (v.26); “he ahí a tu Madre” (v. 27). Palabras que nos envían a aquellas pronunciadas por Pilatos en el litóstrotos: “He ahí el hombre” (Jn 19,5). Aquí Jesús, desde la cruz, su trono, revela su voluntad y su amor por nosotros. Él es el cordero Dios, el pastor que da su vida por las ovejas. En aquel momento, en la cruz Él hace nacer la Iglesia, representada por María, su hermana, María la de Cleofás y María Magdalena con el discípulo amado (Jn 19,25).

 

– Discípulos amados y fieles

El cuarto evangelio especifica que estos discípulos “estaban junto a la cruz” (Jn 25-26). Un detalle éste de profundo significado. Sólo el cuarto evangelio narra que estas cinco personas estaban junto a la cruz. Los otros evangelistas no especifican. Lucas, por ejemplo, narra que todos aquéllos que lo conocieron lo seguían desde lejos (Lc 23,49). También Mateo cuenta que muchas mujeres seguían desde lejos estos sucesos. Estas mujeres, habían seguido a Jesús desde la Galilea y le servían. Pero ahora lo seguían desde lejos (Mt 27,55-56). Marcos, lo mismo que Mateo, no ofrece los nombres de aquéllos que seguían la muerte de Jesús desde lejos (Mc 15,40-41). Sólo el cuarto evangelio especifica que la Madre de Jesús con las otras mujeres y el discípulo amado “estaban junto a la cruz”. Estaban allí, como siervos ante su Señor. Están valerosamente presentes en el momento en el que Jesús declara que ya “todo está cumplido” (Jn 19,30). La Madre de Jesús está presente en la hora que finalmente “ha llegado”. Aquella hora preanunciada en las bodas de Caná (Jn 2,1ss). El cuarto evangelio había anotado también en aquel momento que “la Madre de Jesús estaba allí” (Jn 2,1). Por esto, aquél que permanece fiel al Señor en su suerte es el discípulo amado. El evangelista deja en el anonimato este discípulo de modo que cualquiera de nosotros nos podremos reflejar en él que ha conocido los misterios del Señor, apoyando su cabeza sobre el pecho de Jesús durante la última cena.

 

3.1.1. Preguntas y sugerencias para orientar la meditación y la actualización

 

• Lee otra vez el texto del evangelio, y busca en la Biblia todos los textos citados en la clave de lectura. Intenta encontrar otros textos paralelos que te ayuden a penetrar a fondo el texto de la meditación.
• Con tu espíritu, ayudado por la lectura orante del relato de Juan, visita los lugares de la Pasión, párate en el Calvario para aprovechar con María y el discípulo amado el acontecimiento de la Pasión.
• ¿Qué es lo que más llama tu atención?
• ¿Qué sentimientos suscita en ti el relato de la Pasión?
• ¿Qué significa para ti el hecho de que Jesús padece activamente su Pasión?

 

4. Oratio

 

¡Oh Sabiduría Eterna!. ¡Oh Bondad Infinita! ¡Verdad Infalible! ¡Escrutador de los corazones, Dios Eterno! Haznos entender, Tú que puedes, sabes y quieres! Oh Amoroso Cordero, Cristo Crucificado, que haces que se cumpla en nosotros lo que tú dijiste: “Quien me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). ¡ Oh luz indeficiente, de la que proceden todas las luces! ¡Oh luz, por la que se hizo la luz, sin la cuál todo es tinieblas, con la cuál todo es luz. ¡Ilumina, ilumina e ilumina una y otra vez! Y haz penetrar la voluntad de todos los cooperadores que has elegido en tal obra de renovación. ¡Jesús, Jesús Amor, transfórmanos y confórmanos según tu Corazón! ¡Sabiduría Increada, Verbo Eterno, dulce Verdad, tranquilo Amor, Jesús, Jesús Amor!
(Santa María Magdalena de Pazzis, O. Carm., en La Renovación de la Iglesia, 90-91)

 

5. Contemplatio

 

Repite con frecuencia, con calma, esta palabras de Jesús, asociado a Jesús en el ofrecimiento de si mismo:

 

“Padre en tus manos entrego mi Espíritu”

Oración Buenos días

Oración para la mañana en la semana del 2 al 6 de abril, con los materiales publicados por los salesianos.

Buenos días 7-11 septiembre. Infantil

Buenos días 2 al 6 de abril. Ed Infantil

 

Buenos días 7-11 septiembre. Ed. Primaria

Buenos días 2 al 6 de abril. Ed. Primaria

 

Historia del Corpus Christi

Buenos días 2 al 6 de abril. Ed. Secundaria

 

Descargar

Buenos días 2 al 6 de abril. Bachiller

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

El contexto

8. Recuerdo con emoción mis viajes a Oriente Medio. Tierra elegida por Dios de una manera especial, fue hollada por los patriarcas y los profetas. Ella hizo de escriño para la encarnación del Mesías, vio alzarse la cruz del Salvador y fue testigo de la resurrección del Redentor y de la efusión del Espíritu Santo. La recorrieron los Apóstoles, los santos y muchos Padres de la Iglesia, siendo el crisol de las primeras formulaciones dogmáticas. Sin embargo, esta tierra bendita, y los pueblos que la habitan, experimenta de forma dramática las convulsiones humanas. ¡Cuántas muertes, cuántas vidas destrozadas por la ceguera humana, cuántos miedos y humillaciones! Parece como si, entre los hijos de Adán y Eva, creados a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), el crimen de Caín no hubiera acabado (cf. Gn 4,6-10; 1 Jn 3,8-15). El pecado de Adán, consolidado por la culpa de Caín, no cesa de producir todavía hoy cardos y espinas (cf. Gn 3,18). ¡Qué triste es ver a esta tierra bendita sufrir en sus hijos, que se desgarran con saña y mueren! Los cristianos sabemos que sólo Jesús, habiendo pasado por la tribulación y la muerte para resucitar, puede traer la salvación y la paz a todos los habitantes de esta región del mundo (cf. Hch 2,23-24; 32-33). Y es a él sólo, a Cristo, el Hijo de Dios, a quien proclamamos. Arrepintámonos, pues, y convirtámonos «para que se borren nuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios» (Hch 3,19-20a).

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO de PASCUA de RESURRECCIÓN
“Resucitó”

1 de abril de 2018

(La celebración de esta gran fiesta, la fiesta de Pascua, ha de destacar en sus signos de fiesta y alegría: cuidar la vestimenta de los sacerdotes y monaguillos, los manteles nuevos, el color blanco, las flores, las luces, la dignidad del cirio pascual, que representa a Cristo Resucitado, el incienso para incensar el cirio al comenzar la celebración o antes de la lectura del evangelio, un recipiente con el agua bendecida en la vigilia o con agua bendita, algún cartel o proyección con frases de “resucitó” “aleluya”… todo ello son signos que hacen relación a la solemnidad de lo que se está celebrando.

.Convendría transmitir en la celebración que la resurrección de Jesús no es algo que sucedió hace 2018 años y ahora lo “recordamos” o “celebramos”, sino que es algo “actual”, presente, de lo que podemos participar.

  • A partir de esta fuerte convicción la vida del cristiano, también la del joven o el niño, tiene un sentido distinto y feliz.
  • Un signo para la celebración: El cirio pascual, colocado en pedestal o soporte digno y adornado con flores.
  • Se puede hacer una procesión de entrada, y abriendo la procesión el cirio pascual que es colocado en lugar destacado.
  • Canciones para la celebración: El “Aleluya” de Haendel. Se puede escuchar por megafonía al final de la celebración, en la Acción de Gracias o en la salida. Otros cantos: “La fiesta del Señor” (Erdozain); “Resucitó” (Kilo A.); “Jesús es Señor” (Kairoi). “Mensajero de tu paz”.

1. MOTIVACIÓN

Amigos: “El Señor resucitó” es la gran noticia que hoy celebramos como algo “actual”, no es sólo un “recuerdo” sino que verdaderamente sucede “ahora” y en cada uno de nosotros.

Durante varias semanas nos hemos ido preparando para este día y esta fiesta de Pascua. Con Jesús a nuestro lado, y para siempre, todo tiene otro sentido. La imagen del cirio pascual nos recuerda esta presencia y compañía de Jesús. Amigos, vamos a celebrar. Vamos a participar.

2. PROCESIÓN de ENTRADA (Abre la procesión el cirio pascual, que se puede incensar cuando es colocado en su sitio. Mientras se canta).

3. CANTO “La fiesta del Señor” (Erdozain). Aleluya, aleluya, es la fiesta del Señor.

Aleluya, aleluya, el Señor resucitó (bis).

Ya no hay miedo, ya no hay muerte;
ya no hay penas que llorar;

porque Cristo sigue vivo,
la esperanza abierta está.

Cuando un hombre a tu lado
ya no sabe caminar.

No le dejes de la mano,
dale tu felicidad.

4. SALUDO DEL SACERDOTE Y MOTIVA EL GESTO PENITENCIAL

5. ASPERSIÓN CON EL AGUA BENDECIDA

(En continuidad con el gesto realizado en la celebración de la “Vigilia”, se podría renovar las “Promesas del Bautismo”. Ver misal. Mientras se procede a la aspersión se puede cantar este canto u otro)

Jesús es, Jesús es Señor.
Jesús es, Jesús es Señor.
Jesús es, Jesús es Señor.

Aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya.

Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.
Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.
Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.

6. GLORIA (Cantado o recitado, con sonar de campanas o campanilla)

7. PRIMERA LECTURA (Hechos de los Apóstoles 10, 34.37-43) Lectura de los Hechos de los Apóstoles:

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

– Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.

8. SECUENCIA (Se lee la “Secuencia” del día. Leccionario)

9. CANTO: Un canto de aleluya (“Alelu-yah” quiere decir “Alabad a Dios”)

10. EVANGELIO (Juan 20, 1-9)
Lectura del santo evangelio según San Juan

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro de madrugada, cuando aún estaba oscuro: ¡la piedra había sido removida! Fue corriendo adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: “Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro: se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino doblado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

11. COMENTARIO

  • El comentario se presta a expresar la felicitación de Pascua. Es el día más apropiado para decir “felices pascuas”.
  • Se puede comentar algo sobre el símbolo del cirio pascual: presencia de Jesús Resucitado, hoy y aquí.
  • Por un momento podemos pensar qué sería de nuestra vida sin Jesús Resucitado…
  • Pero Él resucitó y esta celebración nos asegura su presencia en nuestras vidas.
  • Estamos llamados a ser “testigos de la resurrección”. Actualizar esto en nuestra vida

     

12. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Por los niños, jóvenes y adultos que en estos días han recibido o van a recibir el Bautismo o la Confirmación Roguemos al Señor.
  2. Por los nuevos matrimonios que durante esta Pascua celebrarán el sacramento del matrimonio. Roguemos al Señor.
  3. Por nuevas vocaciones de especial consagración y dedicación a la Iglesia y a Jesucristo en este año del Sínodo sobre los jóvenes. Roguemos al Señor.
  4. Por los cristianos que son perseguidos en algunas naciones y por la paz en el mundo. Roguemos al Señor.

13. ACCIÓN DE GRACIAS. (Canto: “Mensajero de la paz”. Mientras se canta se puede ir llevando unas flores junto al cirio pascual).

Señor, Señor, haz de mí
un mensajero de tu paz (bis).

Allí donde haya odio,
que yo ponga el amor,
allí donde hay tristeza
ponga alegría yo.

Allí donde haya odio,
que yo ponga la paz,
allí donde hay tristeza,
ponga alegría yo…

14. PARA LA VIDA

(Se despide la celebración con la Bendición solemne de Pascua – ver Misal – y la felicitación de Pascua. Se escucha en música ambiental el “Aleluya” de Haendel). ¡Felices Pascuas de Resurrección!

La misa del Domingo

DOMINGO DE PASCUA

1 de Abril de 2018

• Hechos 10- “Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos”.

• Salmo 117- “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

• Colosenses (3,1-4): “Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él”.

• Juan (20,1-9)- “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó”.

PROPUESTA DE HOMILÍA

Hoy es Pascua de Resurrección

¡Aleluya! Jesús ha resucitado.

Este es el anuncio que hoy llega cargado de gozo y alegría desde todos los rincones del mundo. Nosotros como el salmista volvemos a proclamar:

“Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.
En efecto, hoy los cristianos estamos alegres porque en la Resurrección del Señor, el mundo recupera la esperanza, sabedor de que Dios ha vencido al odio, a la muerte y al pecado para siempre. Esta es la victoria sin precedentes, absoluta, que vivimos y disfrutamos.

El texto del evangelio de Juan nos describe la escena tantas veces escuchada. Era al amanecer del primer día de la semana, cuando María Magdalena llegó al sepulcro y no vio el cuerpo del Señor. Enseguida va a decírselo a los apóstoles, que corren veloces. La escena se detiene en la experiencia primera: miran y ven las vendas con el sudario que había envuelto el cuerpo de Jesús, pero a El no lo ven. Pero eso basta. Solo eso. Y justo después, el evangelista acierta a decir lo más importante de aquélla experiencia fundante: “Vio y creyó”.

Y a nosotros nos parece que este ver no basta para tener garantías. Este ver no es un ver evidente, sólo ven el lugar vacío. A Jesús no le ven. Sin embargo el detalle es importante. La fe no consiste en tener evidencias (tocar, oír, ver). La fe es una condición del corazón creyente, que sin ver sabe de la presencia del “amado”. La fe intuye, descubre lo que no es evidente ni claro; pero sabe que es cierto. No sé si esta fe es la nuestra. Solo quien ama puede tener fe. Como la madre que ama sin ver; como el enamorado, que ama aun estando lejos. Nosotros hoy creemos en la resurrección del Señor porque nuestro corazón nos dice que así es.

El día de la Nueva Creación

El salmo nos ha recordado que este día es el día en que Dios actúa, creando todo de nuevo. Es la nueva creación; el primer día de la semana. Hoy Dios crea al nuevo Adán, al nuevo hombre, en Jesús. En efecto, Dios actúa dando vida a su Hijo Jesús, para rubricar que lo único que crea y hace resucitar es el Amor hasta el extremo. Jesús ha amado hasta el final, y por eso el Padre le ha concedido una vida eterna, inmortal. Es tiempo, pues, de emocionarnos y de agradecer esta maravilla de amor, que Dios nos ha demostrado en su hijo Jesús. Gracias a El nosotros estamos llamados a resucitar con él y a tener vida inmortal. La única tarea que tenemos es la misma que nos dejó Jesús en aquella última tarde: “Amad como yo he amado”. En esto reconocerán que somos sus discípulos.

Tiempo de Pascua

Hoy, pues, se abre para nosotros un tiempo hermoso, el tiempo pascual. Cincuenta días, hasta la Ascensión, para encontrarnos con Jesús, tal como les sucedió a los discípulos. En cada uno de esos encuentros, ellos también encontraron la esperanza necesaria para fortalecer y cultivar su corazón creyente. En cada encuentro con el Resucitado, los discípulos tuvieron la certeza de que Jesús no se había ido. Es más, estaba más presente que nunca: en cualquier lugar y en cada momento, Jesús podía llegar y dar la paz al corazón.

Nosotros, también podemos encontrarnos con Jesús en nuestro día a día. Cada vez que nuestros labios rezan, allí está Jesús. Cada vez que hacemos algo por alguien, de corazón, allí está Jesús. Cada vez que compartimos la Eucaristía con la comunidad, ahí está Jesús. En todo Él se hace presente. En cada aliento y desaliento; en cada espera, en cada encuentro…Dios está en todo porque vive resucitado.

Tenemos cincuenta días para vivir una inmensa alegría en compañía del Resucitado. Feliz Pascua de Resurrección.

José Luis Villota, sdb

Oración: Si no te lavo los pies

En el tiempo de Semana Santa, os proponemos una oración centrada en la escena del lavatorio de los pies. Un buen marco para contemplar la entrega total de Jesús.
En este pasaje vemos reflejadas dos de las actitudes que conducen a Jesús durante toda su vida: el amor profundo y el servicio. El servicio es una actitud existencial que compromete toda la vida. No se reduce a algunos actos aislados, es signo y expresión de un amor total, generoso, desinteresado, vivido hasta el final. Servir es descubrir y acoger la grandeza de ser personas en el servicio preferente a los más pequeños, a los que son víctimas en una sociedad de privilegios y exclusiones.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido

 
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Si no te lavo los pies

Comentario al evangelio – 30 de marzo

Hoy es Viernes Santo. Un día «santo» porque en él se trasluce el misterio último del amor de Cristo. No se trata de un amor cualquiera: es el amor del que lo ha dado todo, confiando del todo, por salvar a todos.

Por más esperanza que albergue nuestra mirada, cuando nos llega la hora de la prueba, es difícil ver en el dolor, la injusticia y la muerte algo más que muerte, injusticia y dolor. En este sentido, el relato de la Pasión del Señor, aun cuando recoge palabras y gestos en los que asoma la luz de la Vida, constituye un catálogo abrumador de vejaciones, mezquindades, heridas y sombras de muerte en el que resulta casi imposible encontrar algo más. Todo parece perdido, al menos desde fuera. Sin embargo, si miramos más adentro en la espesura, al interior de esta vía dolorosa, emergen la conciencia, la libertad y la caridad del Hijo de Dios, que la transita. Así, para quien es capaz de «mantener la confesión de la fe», la andadura final de Cristo hacia la cruz está misteriosamente transida del humano amor de Dios.

Hay más amor allí donde el amor sufre su condena. Por paradójico que parezca, cuanto más se acerca Jesús a la vileza del mundo, más se eleva su oración confiada al Padre, más se ensancha su entraña misericordiosa. De ahí que la humillación de la cruz se haya convertido para nosotros en cauce de salvación; la cicatriz, en bálsamo medicinal. Salva el amor del que lo da todo: su cuerpo, su vida, su corazón entregado hasta el extremo. Salva el amor del que confía del todo: con su silencio, su súplica, su piedad sostenida hasta el final. Salva el amor del que busca a todos: por su intercesión, su perdón, su compasión extendida hasta el último lugar. No hay ninguna situación humana, por débil o empecatada que resulte, que quede lejos o fuera de las lágrimas y la oración de Jesucristo. Él ha descendido amorosamente al rincón más perdido de nuestra historia para, cargando sobre sí con toda crudeza nuestro pecado, abrirnos de una vez para siempre las puertas del Reino de su Padre. Sin excepción. «Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de su conocimiento»; por los trabajos de su cuerpo traerá el perdón, el injusto se saciará de su amor. Para bienaventuranza de todos –desde el discípulo amado al soldado insidioso- se derrama por siempre la sangre enamorada del Crucificado.

Dejemos hoy que el amor de Cristo llegue hasta nosotros en todo su misterio, que Jesús nos diga a cada uno: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Y al cerrarse sus ojos hacia la muerte, ¿se abrirán los nuestros hacia la Vida?

Adrián de Prado Postigo, cmf.